CAPITULO 7: CONSEJO

El rey de las Islas del Sur era un hombre alto, de larga barba y cabello blancos, con ojos verdes y una sonrisa benévola. A Anna le parecía como un abuelo, un rey salido de una rima de cuna.

-Bienvenidos- dijo el rey, con una gran sonrisa- los estaba esperando-

Todos se inclinaron ante él. La inclinación de Hans, sin embargo fue más breve y rápida que la de los demás.

-Princesa Anna, es un honor tenerte aquí- continuó el rey, observando que la joven estaba presente. Anna sonrió. De seguro el rey estaba enterado del pequeño incidente con Hans hacía ya casi un año, así que no dijo nada.

-Gracias, su majestad- dijo Anna- yo también deseaba venir a conocerlo-

Al salón del trono entró Leo, quien se aferraba al brazo de Georg, y después la siguieron Jorgen y Violeta, quienes al parecer acababan de enterarse de lo sucedido, y estaban algo alarmados por las noticias que recibieron.

-¡Leo!- dijo Anna al verla llegar- ¡menos mal que estás bien!-

Leo sonrió levemente, abrazando contra su cuerpo su mano izquierda quemada. No pasó desapercibido para los recién llegados que Leo, quien siempre utilizaba vestidos morados o violetas, usaba esta vez un vestido negro. Aunque tampoco le sorprendía. A Leo aún le incomodaba su falta de poderes, pero lo cierto es que estaba agradecida de que Jorgen y Violeta no hubieran estado presentes durante su encuentro con los intrusos. Quien sabe, quizá ellos hubieran sufrido la misma suerte.

Violeta y Jorgen estaban juntos, de pie junto a Leo, ambos mirándolos con una mezcla de compasión y tristeza. Ellos también iban vestidos de negro. Violeta no pudo evitar tomar la mano de su cuñada en un gesto de consuelo.

-Bueno, ya están tres de los cuatro- dijo el rey, mirando alternadamente a Anna, Leo y Jorgen- solo falta Elsa. En fin, espero que ustedes le den el mensaje con mis palabras-

-Por supuesto- dijo Anna. El rey comenzó a contarles.

-Ya sé porqué están aquí- dijo el rey- Georg me contó lo que ocurrió en Oeste. Anna, quisiera que nos cuentes que es lo que ha pasado en Arendelle…-

El rey había notado la cara de sufrimiento de Hans y la preocupación de Anna y de Kristoff, y sabía que tenía que ver con Elsa. Anna narró brevemente lo que sabía y sus conclusiones.

-Gracias, Anna- dijo el rey- y ahora que ya sabemos lo que está pasando, yo tengo que contarles una historia aún más vieja…-

Hizo una seña, y sus sirvientes trajeron sillas para todos. Una vez que tomaron asiento, el rey continuó su historia.

-Hace más de cien años, los reinos de Troms, Oeste y Arendelle eran uno solo. El rey, quien tenía poderes como los de Leo o Elsa, tuvo tres hijos varones, así que decidió dividir su reino en tres provincias, y crear tres reinos más pequeños. Para repartirlos, no se fijó en el orden de nacimiento de sus hijos, sino en las habilidades de cada uno-

-Tu padre, Anna, era el más joven, pero era el que más era amado por los súbditos del rey- continuó- así que tu abuelo le concedió el reino de Arendelle, que era el más habitado. Tu padre, Leo, era el más práctico, a pesar de ser siempre enfermizo, así que le dio el reino de Oeste, que era el que tenía más potencial, para que lo explotara. Y finalmente, el reino de Troms, más frío y menos habitado, aunque más rico en tesoros, se lo concedió a su hijo mayor, el rey Hardrada-

Todos escucharon con atención la historia del padre de Hans.

-Cuando murió el gran rey y los reinos se repartieron, el rey Hardrada trató de tomar por la fuerza los reinos de sus hermanos, sin éxito. Los reyes de Oeste y de Arendelle se aliaron para protegerse, y ganaron la guerra-

Anna no se imaginaba a su padre yendo a la guerra. Aunque pensándolo bien, nunca le había preguntado de donde había sacado todas esas medallas que solía lucir. Quizá eso lo explicaba.

-Una vez que perdió, el rey Hardrada volvió a Troms tuvo dos hijos gemelos- continuó el rey- y se dio cuenta que sus hijos tenían poderes. Acudió a una bruja en su reino, quien le dijo que dos de sus sobrinas también los tendrían, y que si llegaba a poseer al menos tres de los cuatro poderes, podría volver a unir los reinos-

-Entonces esos son Ferdinand y Franz- dijo Anna- y quieren unir los reinos otra vez-

El rey asintió.

-Sus padres decidieron ocultar los poderes de Leo y de Elsa del rey de Troms para evitar que se hiciera con ellos- dijo él- desgraciadamente, al parecer por culpa del duque de Weselton, ahora sabían que Leo y Elsa tenían poderes también, y por eso las están siguiendo. Querían robar sus poderes y usarlos para volver a dominar los reinos en uno solo-

-No entiendo- dijo Leo, interrumpiendo un poco al rey- si solo necesitaban a una de las dos, ¿porqué no intentaron conmigo? Es decir, ya me tenían…-

El rey sacudió la cabeza.

-El poder de Elsa les parecía más atractivo- dijo el rey- porque es el más parecido a los que tienen ellos. Es una teoría, pero creo que cuando te atacaron, era solo un experimento para ver como funcionaban sus poderes y como podían robarlos o manipularlas para que los usen a su favor- explicó el rey- cuando vieron como podías transferir tu poder a la primera persona que tocaras cuando te empujaban al límite, pensaron en usar esa información para robar los poderes de Elsa-

Anna frunció el entrecejo.

-¿Y porqué no fueron directamente a robar los poderes de Elsa, si ya sabían como?- preguntó Anna.

-Eso no me lo explico- la apoyó Leo- tenían a Anna y a Hans a la mano para presionarla como lo hicieron con…- se interrumpió y bajó la mirada- pudieron haber robado los poderes de Elsa fácilmente y no lo hicieron. ¿Porqué…?-

Todos los presentes se quedaron pensativos unos minutos

-A ella- dijo Georg finalmente- la quieren a ella-

Todos los presentes la miraron.

-Vamos- dijo Georg- en todos los reinos a los que hemos viajado se ha comentado no solo el terrible poder de la reina de las nieves, sino también su belleza sobrenatural. Los príncipes no solo quieren sus poderes, deben quererla a ella también-

Hans no sabía porqué, pero sintió un verdadero odio hacia esos dos príncipes. Más les valía no ponerle encima un dedo a Elsa, o si no…

-¿Cómo podemos detenerlos?- preguntó Kristoff, interrumpiendo los pensamientos de Hans.

-Si nos acercamos, obligarán a Elsa a obedecerlos, por miedo a que nos hagan daño- dijo Anna.

-Madame Hilda hace mucho encontró la respuesta- dijo el rey de las Islas del Sur- buscó, en secreto y bajo órdenes del rey de Oeste, una "cura" para los poderes de Leo, aunque el verdadero objetivo del rey era que encontrara una manera de detener a los otros príncipes que también tuvieran poderes, si es que éstos llegaban a atacar alguna vez-

Leo hizo una mueca.

-¿Habla de esas esposas horribles que nos pusieron los secuaces de Weselton?- preguntó la reina de Oeste, frotándose las muñecas sin pensar. El solo recuerdo del miedo que sintió en esa ocasión, habiendo sido atrapada junto con Elsa, la hizo estremecerse.

-No necesariamente- dijo el rey con paciencia- ese metal puede neutralizar sus poderes, incluso para siempre, si se inserta en el corazón de la persona que los tiene. Como sabes, Leo, sus poderes vienen del corazón, porque los controlas con las emociones. Las esposas bloqueaban tus manos. Un dardo a la altura del corazón bloqueará sus poderes para siempre-

Todos se miraron entre sí.

-Podríamos forjar un artefacto para llegar al corazón de los príncipes… quizá unas flechas de metal- dijo Kristoff de pronto, pensativo- y podríamos atacarlos con ellas. Podemos ir a Arendelle, crear una distracción, y dispararles mientras…-

-Sí, pero ¿quién las podría disparar sin fallar?- preguntó Anna, interrumpiendo a Kristoff.

Jorgen, quien había estado escuchando en silencio todo ese tiempo, por fin intervino en la conversación, con una sonrisa satisfecha.

-Creo que yo sé quien puede hacerlo…-

x-x-x

Elsa estaba muy exasperada. Era una prisionera en su propio castillo. Después de haber sido obligada a anunciar su "boda" en los próximos días con el príncipe Ferdinand de Troms, éste la hizo despedir a todos los trabajadores del castillo de Arendelle. Elsa estaba completamente sola en su hogar.

Suspiró. Moría de ganas de huir de ahí. No era tan difícil, solo podía crear una escalera de hielo desde su ventana al suelo, y perderse entre la multitud. Pero no se quería arriesgar a que los príncipes lastimaran a su gente en el intento por encontrarla. No. Se estaría quieta y esperaría a que Anna volviera con la respuesta. Su hermana era muy lista, sabía que lo lograría.

-Vaya, si que estamos esperanzados hoy- dijo Ferdinand, nuevamente interrumpiendo los pensamientos de Elsa.

-Creí haberte dicho que me dejaras en paz- dijo Elsa, frunciendo el entrecejo- no se saldrán con la suya…-

-Por eso nunca fuiste buena en controlar tus poderes, Elsa- dijo Ferdinand- no puedes controlar ni siquiera tus emociones- la señaló- tus emociones se reflejan con mucha facilidad en tu rostro-

Elsa frunció el entrecejo.

-¿Se le ofrece algo, príncipe Ferdinand?- dijo Elsa con sarcasmo.

-Nada en especial, Elsa querida- dijo el joven príncipe, tomando a Elsa por la barbilla- solo admirar un rato a mi futura esposa-

-Suéltame- dijo Elsa, muy enfadada, y retirando su rostro de la mano del príncipe. Un poco de nieve cayó en la habitación alrededor de ellos.

-Deberías ser un poco más agradecida, Elsa- dijo Ferdinand, dejando de sonreír y mirándola fijamente- estoy tratando de calmar a mi hermano, él quiere volver al plan anterior. Yo quiero dejarte conservar tus poderes… y a tu hermana con vida…-

Esta vez Elsa no se dejó intimidar.

-Los dos deberían irse de aquí, no tienen nada que hacer en Arendelle- dijo Elsa- sabes que están equivocados- miró al príncipe- podrás amenazarme y obligarme a casarme contigo, pero no puedes obligarme a quererte como quiero a Hans- lo desafió con la mirada- podrán haberme obligado a alejarlo de mí pero no lo olvido ni he dejado de amarlo-

Ferdinand suspiró.

-No quería llegar a esto, Elsa, pero no me dejas opción- dijo Ferdinand. Elsa lo miró, interrogante, mientras el príncipe tomaba sus muñecas. Se escuchó un sonido metálico, y Elsa se dio cuenta que Ferdinand le había colocado un par de pulseras de metal, una en cada mano. Un metal que ella ya había visto antes.

-No, esto no…- dijo Elsa, asustada, apartándose del príncipe y tratando de sacarse las pulseras, en vano. Esos horribles artefactos le traían recuerdos que no quería tener- no puedes hacer esto… quítamelos…-

-Veo que las reconociste- dijo el príncipe acercándose a ella y susurrándole en el oído- nuestra boda será en dos días, y espero que estés preparada para hacerme el rey de Arendelle. Te quedarás encerrada en esta habitación hasta que yo te permita salir. Y si eres buena chica, quizá considere quitarte eso…-

Elsa lo miró con horror. Sus poderes estaban bloqueados. No se podría defender con ellos. Ahora sí estaba completamente atrapada.

-Ya tendremos tiempo, querida- dijo Ferdinand, tras una breve pausa, nuevamente dejándola sola, cerrando la puerta tras de sí.

x-x-x

Hans había vuelto a su vieja habitación en el castillo de las Islas del Sur. De regreso a ese sitio donde solo era un hermano más. Donde siempre era ignorado.

A pesar de todo lo hablado, seguía sin poder creer que lo que ocurrió con Elsa fuera un malentendido, aunque todos los demás parecían bastante convencidos de ello. Por otra parte, la sola idea de que alguno de esos príncipes quisiera ponerle un dedo encima a Elsa lo hacía ponerse tan…

-¿Hans?- dijo una voz. El príncipe levantó la vista, y se dio cuenta que se trataba de su quinto hermano. Hizo un gesto de fastidio.

-Déjame en paz, Georg- dijo Hans, molesto- no me apetece hablar contigo-

-No estés así- dijo Georg- Anna ya nos contó lo que pasó. Eso obvio que tiene que haber sido un error. Esos príncipes deben haber forzado a Elsa a decirte eso, estoy seguro. Vamos, que Elsa no te ame es tan ridículo como que Kristoff hubiera hecho eso de lo que se le acusó-

-Vete de aquí, Georg- insistió Hans, mirándolo con odio- ya vi que tienes tu trofeo. Por fin pudiste conquistar a una reina y vas a ser rey, ¿verdad?-

Georg frunció el entrecejo. No le gustó para nada lo que dijo Hans. Tomó a su hermano de la solapa de la camisa.

-Escúchame bien, Hans. Leo no es un trofeo ni mucho menos- dijo Georg, molesto- lo que siento por ella es sincero, y si ella devolviera mis sentimientos sería el hombre más feliz del mundo. Incluso si me dijera que no puedo ser rey nunca si quiero estar con ella, la elegiría a ella mil veces. Pero no me ama y quiere estar sola, así que me conformo con solo intentar ayudarla y hacerla feliz-

Georg lo soltó. Hans suspiró ante la sincera declaración de su hermano, y se dejó caer sobre su cama.

-Eso yo sentía por Elsa, hasta que…- comenzó Hans.

-Hans- interrumpió Georg, tomando a su hermano de los hombros y sacudiéndolo levemente- Elsa te ama. Yo lo vi con mis propios ojos. Todos lo vimos y estamos seguros de ello. Lo que pasó debe ser lo que Anna cree. Elsa se vio obligada a romperte el corazón para salvarte. No puede haber otra explicación-

Hans lo escuchó, y sonrió.

-Creo que tienes razón- dijo Hans.

-Claro que la tengo, niño tonto- dijo Georg, ofreciéndole la mano a Hans para ayudarlo a levantarse- ahora vamos, a trabajar para que vuelvas a salvar a la mujer que amas-

x-x-x

Las flechas estarían fabricadas la siguiente tarde. Jorgen y Violeta se habían marchado tan pronto se hubo acabado la reunión con el rey de las Islas del Sur, dirigiéndose a Escocia donde encontrarían a la persona que dispararía las flechas.

-¿Quién es ella?- quiso saber Anna.

-Es mi prima, la princesa de Escocia- le dijo Leo- es la mejor arquera del mundo. Una vez que dispara una flecha, nunca falla. Esa es la idea-

-Y…¿las fechas matarán a los príncipes?- preguntó Anna, y Leo sacudió la cabeza.

-No, solo destruirán permanentemente sus poderes- dijo la reina de Oeste, y frunció el entrecejo- aunque se lo merecen, después de lo que esos dos hicieron con…-

Un vaso de cristal se rompió en pedazos. Anna miró a Leo.

-¿Qué fue eso?- preguntó la princesa de Arendelle.

-No sé- dijo Leo- no pude ser yo. Ya no tengo poderes, ¿recuerdas? Están perdidos para siempre…-

Y la joven reina movió nuevamente la mano. Los libros en el estante frente a ellas cayeron pesadamente al suelo. Las dos dieron un paso atrás y dejaron escapar una exclamación de asombro.

-No puede ser- susurró Leo- mis poderes… ¿están volviendo…?-

-Eso es genial, Leo- dijo Anna- nos ayudará mucho, y ellos no se esperan que tú tengas tus poderes de vuelta-

-No del todo- dijo Leo, mirando sus manos- son apenas nada…-

-¿Cómo los pudiste usar?- preguntó Anna- usaste tus sentimientos, ¿no? Pensaste en lo que pasó con Edvard, y pudiste usarlos…-

Leo asintió, y sonrió. Al menos ya no estaría tan indefensa. Podría usarlos para ayudarlos a detener a los asesinos de Edvard, para hacerlos pagar por lo que hicieron.

Anna sonrió y miró hacia el horizonte. Ya faltaba tan poco para volver a casa. La joven princesa de Arendelle se dejó abrazar por Kristoff.

-Espero que Elsa esté bien- dijo Anna.

-Lo estará- dijo el rubio- y la ayudaremos, solo necesitamos darnos prisa-

x-x-x

Mientras esperaban que las flechas estuvieran listas, Anna decidió pasearse por el castillo del padre de Hans. Era mucho más grande e irónicamente más frío que el de Arendelle. Quiso darse un paseo por la cocina y ver si podía robar un poco de chocolate. Iba pasando por una de las grandes salas de estar, en las que el rey o los príncipes reciben a los visitantes de manera más informal que la sala del trono, como cuando toman un café o una taza de té, cuando vio a Hans y a Kristoff juntos.

"¿Juntos esos dos?", pensó Anna, alarmada. Y no, no estaban peleando. Los vio dándole la espalda, espiando una de las pequeñas salas de té.

-¿Kristoff?¿Hans?¿Qué es lo que…mmm…?- comenzó a decir Anna, pero Kristoff rápidamente cubrió su boca.

-Shhh, no lo arruines todo, Anna- dijo Hans en voz baja.

-¿Qué están haciendo?- quiso saber Anna, susurrando.

Como respuesta, Kristoff señaló la pequeña sala. Dentro, sobre uno de los sillones, estaba Leo sentada, algo solemne y tristemente, tomando una taza de té y leyendo un libro que había tomado de la biblioteca del castillo. Su vestido negro estaba recogido hacia un lado del sillón, y sus piernas descansaban en el descansabrazos. Al parecer esa posición le agradaba para leer. En el sillón del lado contrario estaba sentado Georg, también con un libro y, sin embargo, parecía que cada cinco a diez segundos lo bajaba para mirar a la chica que tenía enfrente.

-Tontos…- dijo Anna.

-Shhh- dijeron Kristoff y Hans casi inmediatamente. Anna bufó. No creía que le fuera tan chocante que esos dos se llevaran bien.

-¿Leo?- dijo Georg después de unos minutos, rompiendo el silencio.

-¿Mmm?- dijo ella, para hacerle entender que lo escuchaba, a pesar de que no separó su vista del libro.

-¿Cómo te has sentido… aquí en mi hogar?- preguntó el príncipe, algo dudoso.

Leo sonrió levemente y bajó el libro.

-Tu padre es un hombre muy amable y muy generoso- dijo Leo sinceramente- y todos tus hermanos son tan… diferentes-

Georg asintió, algo nervioso, al ver que Leo volvía a su libro. Georg hizo lo mismo.

"Tontos", insistió Anna en su pensamiento.

Era obvio que a Georg le gustaba Leo, pero ella lo estaba ignorando sistemáticamente. Era culpa de ese estúpido libro. Ese libro estaba bloqueando todo. Entonces fue cuando Anna se decidió a actuar. Cuando Elsa tomaba un libro y la ignoraba, Anna lograba que su hermana volviera a prestarle atención. Hizo a un lado a Hans y a Kristoff, que en vano intentaron detenerla, y entró a la salita.

-¡Leo!- exclamó Anna, sobresaltando a Georg que creía que estaban solos, y Leo solo miró de reojo sobre el borde de su libro- ¡que casualidad! Es justo el libro que quería mostrarle a Kristoff. ¿Me lo prestas un segundo? ¡Gracias!- añadió arrebatando el libro de manos de la reina, antes de que ésta pudiera dar alguna respuesta, y salió corriendo.

Kristoff y Hans no lo podían creer. Leo al parecer tampoco, pues se enderezó sobre el sillón y bebió un sorbo de su té, para después cruzar los brazos algo molesta.

-No te enojes tanto, Leo- dijo Georg sonriendo- seguro que Anna tenía buenas intenciones, y es un poco… inquieta, es todo-

Leo sonrió.

-Bueno, era solo un libro- dijo ella. Miró a Georg a los ojos- no había tenido oportunidad de agradecerte-

-Es solo té- dijo el príncipe, encogiéndose de hombros.

-Por todo- dijo la joven- no sé porque te hiciste cargo de mis cosas cuando… ya sabes- parpadeó un poco- jamás se me hubiera ocurrido pedirle ayuda a tu padre o hacer que Jorgen y Violeta se mantuvieran alejados de Oeste-

-Tal vez sí- dijo Georg en tono consolador- solo que en ese momento no estabas de humor para pensar en tantas cosas-

-Pero debería, soy la reina- dijo Leo.

Georg no dijo nada. Se levantó de su asiento y caminó hacia la joven, optando por sentare en uno de los descansabrazos de su sillón. Leo se encogió de hombros y decidió apoyar su cabeza sobre el costado del príncipe, quien no se movió para que estuviera cómoda y comenzó a acariciar sus cabellos. Leo sonrió tristemente.

-A veces lo extraño- susurró ella.

-Lo sé- susurró Georg de regreso- pero no tienes porqué, él siempre va a vivir en ti- El príncipe se inclinó para besar la frente de la reina, y continuó acariciando su cabello.

Anna miró triunfal a Kristoff y a Hans, y se fue contenta de lo que había hecho.

-Tu mujer es peligrosa- dijo Hans a Kristoff- mi nariz lo recuerda también. Si yo fuera tú, no la haría enojar-

x-x-x

Una vez que las flechas estuvieron terminadas, todos abordaron el barco de regreso a Arendelle. Agradecieron al viejo rey por haberlos ayudado.

-Espero verlos pronto- dijo el rey, con una sonrisa- sus padres estarían orgullosos de ustedes-

Anna, Kristoff, Hans, Leo y Georg se embarcaron rumbo a Arendelle. Sabían que la princesa arquera los iba a encontrar allá, afuera del palacio de hielo de Elsa en la montaña norte. Esa fue la indicación que Kristoff le había dado a Jorgen. Era el mejor punto para planear su estrategia.

-Con el viento a favor llegaremos en menos de dos días- dijo Georg, observando como Sven, Sitron y otros tres caballos abordaban el barco que los llevaría a Arendelle.

-Entonces esperemos que así sea- dijo Hans. Ya estaba deseando estar ahí y hacer pedazos a esos dos príncipes que trataron de separarlo de Elsa.

x-x-x

Toc… toc…

El ruido en la puerta sacó a Elsa de sus pensamientos. Odiaba esas pulseras de metal que estaban conteniendo sus poderes. Ahora ni siquiera podría escapar usando sus poderes. ¿Podría proteger a Anna cuando volviera?

Volvió su atención hacia la puerta, encontrándose con la sorpresa de que no se trataba de los príncipes, sino del duque de Weselton.

-Tú…- dijo Elsa, levantándose y alejándose de él, molesta- tú has vuelto a causar todos estos problemas…¿cómo te atreves a mostrar tu rostro aquí?-

Weselton no tenía el mismo aire de superioridad que solía tener, y Elsa notó eso casi de inmediato. El hombre se veía sumiso y temeroso.

-Perdone, perdone que la moleste, su majestad- dijo el duque, sin mirarla a los ojos- su majestad tiene que ayudarme… tiene que usar sus poderes para ayudarme a escapar…-

Elsa frunció el entrecejo y le mostró sus pulseras.

-Bueno, los dos estamos aquí atrapados por tu culpa, Weselton- dijo Elsa, entrecerrando los ojos- supongo que tú les diste esta maravillosa idea de hacer otras pulseras que restrinjan mis poderes… que buenos amigos deben ser, ¿no?-

Weselton tembló.

-No, claro que no fue así, reina Elsa- dijo Weselton, temeroso- ellos me obligaron… me amenazaron… yo no quería, lo juro…-

-Entonces, asuma las consecuencias de sus acciones, excelencia- dijo Elsa con sarcasmo. Realmente detestaba a Weselton, sobre todo desde su ultimo atrevimiento. No pasó mucho tiempo cuando llegaron los príncipes a la habitación de la reina. Se enfurecieron de ver al duque ahí.

-¿Weselton?¿qué rayos estás haciendo aquí?- gritó Franz. El duque dio unos pasos atrás y salió corriendo de la habitación. Elsa casi sintió lástima por él. Casi. Franz se volvió a Elsa- espero que no haya molestado a su majestad…-

Elsa no respondió.

-Esta es tu última oportunidad, Elsa- dijo Franz, señalando las pulseras que tenía Elsa- dinos donde está tu hermana-

-Ya les dije que no lo sé- dijo Elsa- y que si lo supiera, no te lo diría jamás-

-¿Crees que logró adivinar que lo de Kristoff fue una farsa?- preguntó Franz, ignorando el desafío, y Elsa no respondió- ¿qué es lo que realmente sabes sobre donde está Anna, Elsa? No estarías tan tranquila sin saber donde está tu hermana-

-Está lejos de ustedes dos, por eso sé que está a salvo y no me preocupo- dijo Elsa en tono desafiante.

Franz tuvo suficiente. Tomó a Elsa de los hombros y comenzó a crear algunas chispas eléctricas, sin lastimarla. Elsa mantuvo su rostro sin mostrar nada de miedo.

-Ya estoy cansado de toda esa basura de no lastimarte, Elsa- dijo Franz en tono amenazante- quizá un poco de dolor te ponga en tu lugar y te ayude a contarnos donde pueda estar tu hermana-

-Franz…- dijo Ferdinand, pero el príncipe lo ignoró.

Franz le dio una pequeña descarga que sacudió todo el cuerpo de Elsa. Una vez que ésta pasó, Elsa quedó temblando. Había sentido un terrible dolor agudo en todo su cuerpo de manera repentina. Sintió que sus rodillas se iban a doblar ante el peso de su cuerpo. Donde el príncipe había puesto los dedos, la joven reina sentía un agudo ardor, como si se hubiera escaldado con agua hirviente. Miró a Franz con sus enormes ojos azules llenos de temor.

-Veo que ya te diste cuenta que no estoy bromeando, querida- continuó Franz, sin sonreír y sin soltarla, con el mismo aire amenazante- y eso no es ni la milésima parte del dolor que te puedo causar. Ahora dime, que sabes de Anna…-

-No sé nada, ya te lo dije- dijo Elsa con dificultad, aún temblando- y si lo supiera no les diría nada-

-Entonces espero que estés lista, porque esto te dejará sin poder moverte por varias horas- dijo Franz, volviendo a encender el voltaje- lo bueno es que te recuperarás para la boda y nadie lo notará-

-Franz, basta- dijo Ferdinand, poniendo la mano en el hombro de su hermano para detenerlo- quedamos en que no la ibas a lastimar-

-Todo esto es tu culpa, Ferdinand- dijo Franz- debimos seguir el plan original…-

Elsa aprovechó la discusión para alejarse de Franz caminando hacia atrás, hasta que su espalda chocó con la pared. El príncipe volvió a lanzarle una fuerte descarga, y Elsa cerró los ojos, esperándola. No llegó. Elsa abrió los ojos y vio que Ferdinand había caído a sus pies, resultado del ataque de Franz que él había recibido por ella.

-Eres un idiota, Ferdinand- dijo Franz, dándose la vuelta y saliendo de la habitación- espero que duela, por imbécil. Te veo luego-

Elsa miró al príncipe caído a sus pies, y francamente no sabía que hacer. No entendía lo que acababa de pasar. ¿Ferdinand la había defendido de su hermano y había recibido su ataque? ¿Porqué? La joven se acercó al príncipe, lo hizo girarse boca arriba, y con dificultad lo subió a la cama. Ferdinand hizo una mueca de dolor.

-Lo siento, lo siento…- susurró Elsa mientras lo acomodaba en la cama y el príncipe apretaba los dientes de dolor. No le hacía gracia ayudar a su enemigo, pero no lo podía dejar así nada más después de que tomó ese ataque por ella- déjame ayudarte-

-¿Sabes? Ahora me vendría bien que me congelaras un poco- dijo Ferdinand, apretando los dientes de dolor.

-No puedo, y eso es tu culpa- dijo Elsa en voz baja, enseñándole las pulseras- ahora no te muevas, estoy tratando de ayudarte…-

-Lo sé- dijo el príncipe.

-¿Porqué lo hiciste?- le preguntó Elsa, alzando las cejas. No tenía sentido que la hubiera defendido de su hermano- no tenías que…-

-Sí tenía- dijo Ferdinand, mirando a la joven reina a los ojos- yo no… no quería que te lastimara. Desde que dijiste todas esas cosas me has dejado pensando. Tienes razón, no puedo obligarte a cambiar tu corazón. Creo… que quizá estaba equivocado-

Elsa lo escuchó en silencio, sentada al borde de la cama. Se levantó y tomó un pañuelo y lo mojó en agua, para después colocarlo en la frente del príncipe.

-Gracias, Elsa- dijo Ferdinand, algo sorprendido de la bondad de la reina, a pesar de lo que estaba conspirando contra ella- está mejor así-

-Trata de descansar- le dijo Elsa- si hay algo que pueda hacer para que pase el dolor…-

Ferdinand sacudió la cabeza.

-Elsa, seré un villano, pero sí tengo sentimientos muy fuertes hacia ti- dijo Ferdinand- perdóname-

Elsa no respondió. Se levantó nuevamente, cruzó su habitación y sentó en un sillón cerca de la ventana. Cerró los ojos, dejando que su mente elaborara y tratara de razonar lo que estaba pasando.

x-x-x

Hola! Estoy valorando salir de mi trinchera ahora, agitando una bandera blanca, aunque no estoy muy segura si servirá de algo. Espero que les esté gustando hasta ahora. Muchas gracias por sus reviews! Nos leemos pronto!

Abby L.

PD: dato curioso, el nombre de los villanos está inspirado en la banda favorita de mi hermana (Franz Ferdinand). Como ya me tiene harta, decidí nombrar a mis villanos así. Cabe mencionar que mi hermana está en protesta por ello en este momento y no leerá el fic. Saludos!