CAPITULO 8: PLAN

El barco proveniente de las Islas del Sur tomó una ruta imprevista, y llegó a puerto por el límite norte de Arendelle, cerca de la tienda de Oaken y de la montaña norte. El rey de las Islas del Sur les había enviado también caballos para que pudieran completar su misión.

-Hemos llegado- dijo Anna mientras bajaban del barco, viendo a la distancia el castillo de hielo de Elsa con una sonrisa- lo logramos-

-No tan rápido- dijo Kristoff- primero tenemos que ir al palacio de hielo y encontrar a la princesa-

-Si es que Jorgen y Violeta lograron convencerla de que venga- añadió Georg.

-Vendrá- dijo Leo con seguridad- no dejaría de venir por nada, estoy segura-

Aún estaban hablando, cuando escucharon los cascos de un caballo aproximarse. Todos se pusieron en guardia, pero se relajaron al ver que se trataba de una pequeña joven de 16 años, pelirroja, de cara redonda y ojos azules. Miró detenidamente a todos, hasta fijar su vista en Leo.

-Por fin te encuentro, Leo- dijo la recién llegada con su extraño acento, sacando su arco que llevaba colgado en la espalda- Jorgen me contó de que se trata. Cuenta conmigo para la misión-

Leo sonrió y, una vez que se bajó de su caballo, abrazó a la recién llegada. Se volvió a los demás.

-Ella es Merida, princesa de Escocia- dijo Leo, dirigiéndose a los demás- ellos son Georg y Hans, príncipes de las Islas del Sur, y la princesa Anna de Arendelle y su prometido sir Kristoff-

Anna miró dudosa a la pequeña recién llegada, pero su mirada de confianza la dejó tranquila. Además, si Leo y Jorgen habían dicho que era la mejor y que nunca fallaba…

-Entonces, el plan es…- comenzó Hans- crear una distracción para que los dos príncipes se expongan a salir, para darle la oportunidad a Merida de dispararles una de las flechas en el corazón-

Todos asintieron. Merida tomó las flechas de manos de Anna y sonrió.

-No fallaré- dijo la pelirroja con una sonrisa.

-Los príncipes son gemelos- le dijo Leo, quien los había visto, y les dio una breve descripción de ellos- uno de ellos tiene poderes de fuego parecidos a los de hielo de Elsa, y el otro puede producir relámpagos con sus manos. Esos últimos son particularmente malos, y tienen que evitarlos a toda costa-

Asintieron.

-Espero que Elsa aún conserve sus poderes- dijo Anna- nos ayudaría mucho si así fuera-

Leo asintió. Hizo un pequeño movimiento con su mano, y algunas piedras se movieron. La reina de Oeste sacudió la cabeza.

-Aún no regresan del todo- dijo Leo- es probable que mis poderes no puedan ayudar en la pelea-

-Entonces usaremos lo que tenemos a la mano- dijo Georg con una sonrisa tranquilizadora- somos más inteligentes, y conocemos una manera de detenerlos…-

-Entonces vamos- dijo Hans, montando a Sitron- démonos prisa-

x-x-x

Estaba amaneciendo en Arendelle. Elsa parpadeó un par de veces para despertar, y se sorprendió de encontrarse en su cama, con sus mantas encima. Lo último que recordaba es que había dejado a Ferdinand dormido ahí, mientras ella se había ido a acomodar a un sillón. Se había quedado pensando en como librarse de esas pulseras endemoniadas. Al parecer se había quedado dormida y había sido llevaba a su cama.

Elsa sonrió levemente. Lo ocurrido la noche anterior con Ferdinand era algo prometedor. El mayor de los gemelos al menos no deseaba lastimarla, y al parecer tenía buen corazón, a diferencia de Franz. Quizá Elsa podría convencer a Ferdinand de ayudarla a liberar a su reino de la amenaza que representaba Franz. Tragó saliva. Tendría que tener mucho cuidado.

Llamaron a la puerta, y entraron precipitadamente Gerda y Kai, éste último llevando la bandeja con el desayuno. Elsa sonrió. Ya tenía tiempo sin que le permitieran verlos.

-¡Su majestad!- exclamó Gerda, a punto de echarse a llorar- ¡estábamos tan preocupados por usted!-

-Tranquila, Gerda, estoy bien- dijo Elsa, tratando de tranquilizar a la mujer- yo estaba preocupada por ustedes. Como ven, estoy bien. ¿Qué sucedió?-

-Su majestad- dijo Gerda- los príncipes me ordenaron venir a ayudarla a prepararse. ¿Es cierto que hoy se va a casar con uno de ellos?-

Elsa hizo una mueca. Lo había olvidado. Ya era el día. Tragó saliva.

-Se… se supone- dijo Elsa- la verdad, estaba esperando a que Anna…-

-Su majestad- dijo Kai, interrumpiéndola y mirándola significativamente- hay un rumor que un barco de Arendelle que habíamos enviado a las Islas del Sur y un barco con banderas escocesas hicieron puerto cerca de la montaña norte, muy temprano en la madrugada-

Elsa sonrió.

-Kai, tienes que salir del castillo y averiguarlo- dijo Elsa- si son ellos, diles que los príncipes me han estado amenazando para que los obedezca, diles que no puedo ayudarles con mi hielo- le mostró las pulseras en sus manos- pero que me hagan saber a través de ti como puedo ayudar-

Kai asintió. Elsa se volvió a Gerda, quien al parecer no entendía lo que estaba sucediendo.

-No se preocupe, Gerda- dijo Elsa.

Antes de que Elsa dijera más, entraron los dos príncipes.

-Bueno, bueno, hoy es el gran día, Elsa- dijo Franz- que lástima que no esté tu hermana aquí para ver lo feliz que vas a ser con mi hermano…-

Elsa lo miró con fastidio, y Ferdinand no dijo nada, solo estaba de pie cabizbajo detrás de su hermano.

-Esperamos que estés lista a su debido tiempo- continuó Franz- y no queremos que hagas ninguna escena, ya sabes, por el bien de tus súbditos que irán a admirarte- añadió con una sonrisa macabra.

-Estaré lista- dijo Elsa.

Franz acentuó su sonrisa. Hizo sonar los dedos, y apareció el duque de Weselton llevando con él un vestido blanco, que depositó en la cama de la habitación.

-Es una lástima que no vayamos a poder admirar un vestido de hielo que fueras capaz de confeccionar- dijo Franz- pero ante las circunstancias, creo que un vestido normal es más… apropiado-

Elsa volvió a asentir, mirando con fastidio el vestido.

-Estaré lista- repitió la reina.

Los príncipes y el duque de Weselton salieron. Elsa se volvió a Kai y Gerda.

-Kai, por favor, date prisa- dijo Elsa, y Kai se inclinó y salió rápidamente- Gerda, por favor, ayúdeme con… esto- añadió señalando su cabello.

x-x-x

Los cinco caballos y Sven se dirigían a la ciudad real de Arendelle a toda velocidad. A la cabeza del grupo iban Hans y Sitron. El menor de los príncipes de las Islas del Sur estaba ansioso por llegar a rescatar a Elsa. Seguro la estaba pasando muy mal con esos sujetos.

Cuando se estaban acercando a los límites del bosque con la ciudad, se detuvieron al ver un caballo con su jinete que se aproximaba a ellos. Todos sacaron una espada, y Merida tomo su arco y flecha. Kristoff y Georg se acomodaron defensivamente delante de Anna y Leo, respectivamente. Finalmente pudieron reconocer al jinete, y se relajaron.

-¡Kai!- exclamó Anna detrás de Kristoff.

-¡Princesa Anna, está bien!- exclamó Kai con una gran sonrisa- estábamos muy preocupados-

-Yo estaba preocupada por Elsa- dijo Anna- ¿cómo está?-

Hans se puso alerta al escuchar el nombre de Elsa, al igual que todos.

-Su majestad ha pasado todo este tiempo confinada a su habitación- dijo Kai- la reina Elsa está bien, y a salvo. Me pidió que les avisara que está siendo amenazada por los dos príncipes para obligarla a obedecerlos, y le pusieron en las manos una especie de pulseras que le impide usar sus poderes-

Hans apretó los puños con fuerza, visiblemente furioso. Esos dos… de seguro Weselton les había pasado el dato a esos dos príncipes, para que hayan usado el mismo truco.

Las campanas de Arendelle comenzaron a sonar.

-Las campanas- dijo Anna- ¿qué significa eso?-

-Tenemos que darnos prisa, sus altezas- los apuró Kai, respondiendo a la pregunta de Anna- quieren obligar a la reina Elsa a casarse con uno de los príncipes, y todo ya está preparado-

-Entonces tenemos que ir a detener una boda- dijo Hans, pateando el costado de Sitron para hacerlo avanzar de nuevo.

x-x-x

Tras un rato, Gerda terminó de hacer el peinado de Elsa, cuando llamaron a la puerta. Aún no tenía puesto el vestido, así que la joven se puso una bata sobre su camisón y abrió. Era Ferdinand.

-¿Qué hace aquí, su alteza?- preguntó Elsa, poniendo los ojos en blanco con sarcasmo- ¿no sabía que es de mala suerte ver a la novia el día de la boda?-

Ferdinand tragó saliva, nervioso. Tenía la mano cerrada en un puño, escondiendo algo en su interior.

Después de colocarle las pulseras que anularían sus poderes, Ferdinand miró a Elsa y la vio completamente asustada. Sabía que la joven ya había experimentado perder sus poderes bajo el embrujo de ese metal, y se imaginaba que se sentiría aterrorizada de volverlo a tener.

-Ya tendremos tiempo, querida- le había dicho Ferdiand antes de salir y dejarla encerrada en su habitación.

El príncipe heredero, caminó por los pasillos del palacio de Arendelle con más preocupación de la habitual. Si bien deseaba que la reina Elsa le perteneciera, de igual manera quería que los planes de su padre salieran a la perfección. Pero retumbaba en su cabeza las palabras de la chica, que nunca lo iba a amar como amaba a Hans.

"Ya lo veremos", dijo el príncipe, furioso.

Entró precipitadamente a la biblioteca de Elsa. Había muchísimos volúmenes. Tomó algunos, pensando en hacer una búsqueda. Su padre le había contado que su tío, el difunto rey de Arendelle, tenía un libro sobre los poderes que compartían en la familia.

Al fin lo encontró. Sin saberlo, Ferdinand tomó el mismo libro que ayudó al rey de Arendelle a encontrar a los trolls y salvar la vida de Anna cuando Elsa la congeló por accidente. Pero el joven príncipe deseaba encontrar otra cosa: una manera de controlar el corazón de hielo de la reina.

Ferdinand hojeó el libro con atención, y realmente no encontró nada que llamara su atención para su propósito. La últimas hojas del libro decían "otros datos curiosos acerca de los trolls de Arendelle" y sonrió. Había encontrado algo que le iba a ser útil.

Tomó un caballo y salió precipitadamente del castillo, diciendo a su hermano que tenía que verificar una cosa importante. Cabalgó a través del bosque de Arendelle y llegó pronto al valle de las rocas, donde vivían los trolls. Estos lo miraron con curiosidad.

-Soy el príncipe heredero de Troms- dijo Ferdinand- deseo hablar con Grand Pabbie-

El mayor de los trolls llegó y se inclinó.

-¿Qué lo trae por aquí, su alteza?- dijo Gran Pabbie- acabamos de ver hace unos días a una víctima de sus poderes de fuego….-

Ferdinand puso los ojos en blanco.

-Ya está bien, Elsa rompió su corazón, y ahora no se quemó- dijo Ferdinand, minimizando el asunto- no es eso por lo que vine. Quiero que me ayuden-

-¿Ayuda para qué?- quiso saber el troll.

-Ayuda para elaborar una poción…- dijo el príncipe Ferdinand- deseo que la reina Elsa la beba y caiga profundamente enamorada de mí…-

Ferdinand miró de reojo el vaso de agua que estaba junto al peinador de la reina, y después vio el vial que traía en su mano. Podría hacerlo. Era cuestión de distraerla.

-Vengo a suplicarte tu perdón, Elsa- dijo Ferdinand, apenado- esto es mi culpa… no debí haber dejado que mi hermano llegara tan lejos…-

-Tú también participaste activamente en esto- le recordó Elsa- y no creo que te arrepientas de lo que le hicieron a Leo-

Grand Pabbie miró al príncipe.

-Me temo que no podemos ayudarte- dijo el mayor de los trolls- nosotros somos aliados del soberano de Arendelle. Jamás haremos algo que lo pueda contrariar-

Ferdinand frunció el entrecejo.

-No es necesario que me ayuden- dijo Ferdinand, encendiendo llamaradas de fuego con ambas manos- yo tomaré lo que necesito de ustedes-

Lanzó una bola de fuego al suelo y, mientras los trolls huían, el príncipe tomó el cuarzo de uno de ellos y se lo guardó, para volver a montar su caballo y regresar al palacio. Ahí estaba el libro sobre como preparar la poción que pondría a la reina Elsa enamorada a sus pies, y ya tenía en su bolsillo el ingrediente que faltaba.

-Solo fue porque deseaba que fueras mía- dijo Ferdinand con cierta ansiedad, y Elsa dio un paso atrás, instintivamente, alejándose de él. La mano del príncipe que traía el vial estaba peligrosamente cerca del agua de Elsa. Ferdinand volvió a mirarla.

"Pero es tan hermosa, y está tan enamorada…", pensó "no puedo, no sería real…"

-Perdona, no sé porqué vine…- dijo Ferdinand finalmente, guardando el vial, aún intacto, en su bolsillo. No se atrevió a administrar la poción que la obligaría a amarlo. Un amor ciego pero falso. Ferdinand suspiró.

Elsa lo miró. No sabía si era prudente arriesgarse a pedirle ayuda, o seguir fingiendo que no sucedía nada. Al final, se decidió por la primera opción.

-Aún puedes cambiar lo que hiciste- le dijo Elsa, poniendo la mano en el hombro del príncipe- yo… yo aún creo que eres una buena persona. Por favor, ayúdame a liberar a mi pueblo de tu hermano-

Ferdinand la miró y sacudió la cabeza con tristeza.

"Es tan hermosa, y no la puedo tener", pensó Ferdinand "pero si la ayudo, mi padre…". El príncipe heredero tragó saliva. "Si mi padre se entera de lo que estuve a punto de hacer, y no hice…"

-Lo siento, Elsa- susurró el príncipe, cruzando los brazos- no sabes lo que está en juego. Y no sabes lo que acabo de hacer por ti-

-Yo también lo siento- dijo ella, perdiendo la esperanza de que pudiera ser de ayuda, ignorante del diálogo interno que tenía el príncipe. Miró como Ferdinand se dirigió a la puerta cabizbajo, con un aire triste y decepcionado.

Tenía que seguir con el plan. Casarse con ella, aunque sin que ella lo ame, era mejor opción a que Elsa se quedara sin poderes y fuera esclavizada junto con su pueblo, cargando en su conciencia muchas vidas.

-Te veré en el altar, supongo- dijo Ferdinand antes de salir.

-Claro, yo seré la de blanco- dijo Elsa sin ganas. Se volvió a Gerda y le sonrió para que le ayudara a quitarse la bata y el camisón y a ponerse el vestido. Antes de hacerlo, Gerda le ofreció un poco de agua, la cual la reina bebió con calma.

Ferdinand la vio beber desde la puerta. Adiós a su última oportunidad.

x-x-x

A fiordo junto al palacio de Arendelle llegaron una docena de barcos, portando velas negras, y cada uno transportaba un puñado de soldados con uniformes del mismo color y miradas agresivas.

-Ese símbolo es de esos príncipes- dijo Leo, señalando la insignia que portaban los soldados recién llegados, mientras cabalgaban acercándose al palacio- deben estar aquí para vigilar la boda, o alguna otra cosa…-

-Esto lo complica un poco más- dijo Kristoff.

-No tiene porqué ser así. Los soldados de Arendelle están de nuestro lado- dijo Anna, y se volvió a Kai- Kai, por favor, haga que la gente abandone la iglesia discretamente y evacúe el área alrededor. No queremos que nadie salga lastimado…-

Kai asintió y se retiró.

-Crearemos una distracción y haremos que los príncipes salgan de la iglesia para que estén a la vista de Merida- dijo Hans- los demás debemos protegerla para que nadie la lastime o distraiga de su objetivo, y eso incluye esos soldados negros…-

Merida asintió, de acuerdo con el plan de Hans.

-Anna y yo nos mantendremos cerca de Merida y la mantendremos a salvo- dijo Leo, pensando en mantener a Anna a salvo para que los hombres pudieran pelear sin miedo a que alguna de ellas dos saliera lastimada. Anna no se negó.

-Bien- dijo Anna- solo nos falta pensar en qué distracción crear-

Todos se miraron entre sí, hasta que Georg se echó a reír.

-La respuesta es bastante obvia, ahora que ya han regresado los poderes de Leo- dijo Georg.

-¿Qué tienen mis poderes que ver en esto?- dijo Leo.

-Un pequeño terremoto confinado solo a la iglesia los atraerá- dijo Georg- se imaginarán que eres tu y saldrán corriendo a intentar enfrentarte-

Leo sacudió la cabeza.

-No puedo- dijo ella- mis poderes no han vuelto por completo. Necesitaría… una emoción muy fuerte para causar algo que llame la atención-

Georg suspiró. Ya sabía que tenía que hacer. Se acercó a la reina de Oeste y se inclinó sin borrar su sonrisa

-Le suplico que me perdone por lo que estoy a punto de hacer, su majestad- dijo el quinto príncipe de las Islas del Sur.

Leo, igual que el resto, lo miró alarmada e interrogante. Georg se incorporó, tomó a la joven reina de la cintura y la besó.

Inmediatamente un pequeño temblor se hizo sentir en Arendelle.

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Elsa se encontraba dentro de la iglesia, junto con los dos príncipes, mirando hacia atrás con la esperanza de que llegaran los otros. ¿Porqué estaban tardando tanto?

-No te miras muy feliz, Elsa, a pesar de que luces muy hermosa el día de hoy… que casi me da envidia mi hermano- dijo Franz en tono burlón- y pensar que después de hoy no solo serás la reina de Arendelle, sino la esposa del heredero a la corona de Troms-

Elsa frunció el entrecejo, sin impresionarse. Ferdinand miraba nervioso a la joven. Franz tenía razón. A pesar de que no usaba un vestido de hielo, y el que traía no era el estilo de la joven reina, no por ello se veía menos hermosa que quitaba el aliento el verla.

Elsa volvió a mirar hacia atrás y notó como Kai había entrado a la iglesia, y poco a poco se iba acercando a los presentes. Toda persona con la que hablaba Kai se levantaba y salía. Sonrió. Algo estaba pasando.

-¿Qué te parece tan gracioso, querida?- dijo Franz, alzando una ceja. Esa sonrisa en el rostro de Elsa no le gustó para nada.

-Nada- dijo Elsa. La joven reina pensó rápidamente. Tenía que mantener ocupado a Franz mientras Kai sacaba a los invitados de la iglesia y los otros llevaban a cabo su plan. Estaba segura de que eso estaban haciendo- me parece gracioso que quieras que esté agradecida de ser una prisionera en dos países- añadió mostrándole las pulseras.

-Eso depende completamente de ti, querida- dijo Franz- demuéstranos que eres nuestra aliada, y esas cosas se van…-

Elsa acentuó su sonrisa. Estaba logrando distraerlo.

-Si vas a esperar a que pase eso, yo te recomiendo que esperes sentado y que traigas un libro- dijo Elsa- porque va a tomar tiempo…-

Franz volvió a sonreír.

-Serás la esposa de mi hermano, no tendrás opción- dijo Franz- y tendremos todo el tiempo del mundo, querida…-

Ferdinand, que había estado en silencio todo ese tiempo, tragó saliva al ver a Elsa tan calmada y decidida.

-Franz, creo que esto esta mal- dijo finalmente Ferdinand.

Franz miró a su hermano como si quisiera fulminarlo con la mirada.

-¿Qué estás diciendo?- dijo Franz.

- Que estamos haciendo las cosas mal. No me puedo casar con ella, no a la fuerza, y no podemos tomar su reino…- dijo Ferdinand, y se volvió a Elsa- lo siento, Elsa. Tenías razón-

Franz tomó a Ferdinand del cuello.

-No es una pregunta, Ferdinand- dijo Franz, esta vez furioso- hicimos todo esto para satisfacerte. Ahora te casarás con ella, o…-

Pero antes de que terminara su frase, sintieron lo que acababa de ocurrir. Un pequeño temblor a las afueras de la iglesia.

-¿Leo…?- susurró Elsa, sorprendida. Ella creía que no tenía ya poderes.

-¡Es imposible!- exclamó Ferdinand.

-No puede ser- dijo Franz- nosotros vimos como perdió sus poderes. Debe ser su guardia ese…-

Franz se volvió a uno de los soldados negros.

-Tú, quédate con ella, que no se mueva de este sitio- dijo Franz señalando a Elsa. Después se volvió a su hermano y a los demás soldados- síganme, hay una rata que necesita ser eliminada antes de continuar…-

Todos siguieron a Franz, excepto el guardia negro que se quedó deteniendo a Elsa por los hombros. La joven reina lo miró con fastidio. Sus ojos pasaron rápidamente por todo el lugar, buscando alguna idea visual para escaparse.

Clang…

Un fuerte golpe hizo que el soldado negro soltara a Elsa. La joven se volvió. Kai, que ya había vaciado la iglesia de civiles, había golpeado al guardia con una pala, y éste había caído al suelo inconsciente.

-¡Kai!- sonrió Elsa- ¡gracias!-

-Su hermana y los demás están peleando afuera, su majestad- le explicó Kai rápidamente- confeccionaron unas flechas con el mismo metal que este- señaló las esposas de Elsa- para neutralizar los poderes de los príncipes…-

Elsa asintió. Se quitó los zapatos, se rasgó la parte del vestido que no la dejaba moverse con libertad. Dio una patada al suelo y vio que se formó un poco de hielo. Sonrió. Igual que la última vez, las pulseras solo inhibían los poderes que surgían de sus manos, no en sus pies. Weselton había olvidado decirles eso. Elsa tomó la pala de manos de Kai.

-Kai, por favor vaya al establo y busque unas pinzas lo bastante grandes para romper estas cosas- dijo Elsa, señalando sus pulseras- estoy segura que podrán romperlas un poco de fuerza. Corra y véame afuera, donde están los demás-

Kai asintió y salió por la puerta trasera de la iglesia. Elsa se dirigió a la entrada, pala en mano. Ya se las pagaría ese Franz una por una.

x-x-x

-¡Basta, Leo, basta!- gritó la voz de Georg.

Leo abrió los ojos de golpe, asustada. Notó que algunas rocas a su alrededor se partieron, incluido el techo de uno de los edificios vecinos.

-Ya fue suficiente para llamar su atención, bonita- dijo Georg, sonriendo ampliamente- no hagas temblar más, por favor-

-¡Tú!- exclamó furiosa la reina de Oeste, roja de vergüenza, comprendiendo lo que acababa de ocurrir.- ¿cómo te atreviste?-

Georg se echó a reír.

-Le pedí disculpas por adelantado, su majestad. Pero querías algo que te sobresaltara, una emoción muy fuerte- dijo Georg- te pido disculpas nuevamente. Además, el plan funcionó. Aquí vienen nuestros invitados- añadió señalando la entrada de la iglesia- Y también- añadió en voz baja, solo para sus oídos- tenía mucho tiempo queriendo hacerlo-

-No es hora de pelear- dijo Anna- todos a sus posiciones. Prepara las flechas, Merida-

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Hola! Bueno, ahora que se calmaron los ánimos ya pensaré en salir de mi escondite, aunque todavía falta un largo rato para que las cosas vuelvan a su rumbo. Agradezco sus reviews (y ya casi no recibir amenazas). Nos leemos pronto.

Abby L.