CAPITULO 11: FRAGMENTOS
Hans estaba bajo un sueño intranquilo. Había pasado toda la tarde limpiando y acicalando a Sitron, después de haber salido a cabalgar con Elsa, que había terminado completamente agotado. Y, sin embargo, no pudo conciliar el sueño por más de diez minutos.
Pum… pum…
Otra vez esos ruidos. Ya los había escuchado antes, pero no tan fuerte, ni tan cerca. No tenía ni idea de que significaban. Tal vez era una rama golpeando la ventana.
Pum… pum…
No eran golpes. Eran fuertes pasos. Hans se levantó de golpe, alarmado.
-¿Elsa?- dijo de repente, más para sí.
Tomó su bata y bajó corriendo a las habitaciones de Elsa, poniéndosela en el camino. Llamó a la puerta de la habitación de la reina un par de veces, pero no hubo ninguna respuesta respuesta a sus llamados. "Debe estar dormida. Sí, eso debe ser", pensó. Abrió la puerta, pero la habitación estaba vacía. Sintió un vacío en el estómago. "¿Dónde estará?" pensó.
Hans miró por el pasillo, y vio que la puerta de la habitación de al lado, donde solía dormir Leo cuando iba de visita a Arendelle, estaba abierta. Se apresuró hacia esa habitación, y solo se encontró a Georg dormido en un sillón junto a la cama. La cama de la habitación estaba deshecha, alguien había estado durmiendo ahí, pero ahora estaba vacía. Se acercó a su hermano mayor y lo despertó.
-Georg… ¡Georg!- insistió Hans. El quinto príncipe de las Islas del Sur se levanto precipitadamente ante el violento movimiento.
-Yo no fui…- comenzó Georg, y Hans sonrió.
-¿Qué haces aquí, Georg?- dijo Hans, alzando las cejas sospechosamente- justo en la habitación de la reina de Oeste…-
-Yo… me quedé dormido, solo la estaba acompañando… estábamos charlando, quiero decir- dijo Georg, aclarándose la garganta- ¿dónde está Leo?-
-Creo que debe estar con Elsa, porque ella tampoco está en su habitación- dijo Hans, cruzando los brazos.
Pum… pum… clash…
Antes de que Georg pudiera decir algo, los extraños ruidos llamaron la atención de los dos príncipes. El patrón en el ruido cambió, y comenzó a bajar la temperatura de la habitación y del pasillo. De todo el castillo en general. Los cristales tiritaban. Los hermanos se miraron entre sí, sabiendo que significaba todo eso.
-Son ellas dos- dijo Hans, alarmado- y ese ruido proviene de la sala de bailes-
No tuvo que decir mas, pronto ambos corrieron hacia donde habían mencionado.
x-x-x
Elsa y Leo no podían creer lo que escuchaban. ¿El rey Hardrada también tenía poderes?
-Como lo oyen, queridas sobrinas- dijo el rey Hardrada- mi poder es la fuerza sobrehumana. Pero no quiero que me vean como una persona malvada, sino que quiero darles una última oportunidad. Únanse a mí, y ayúdenme a reunir los tres reinos, o les prometo que morirán aquí esta noche-
Elsa y Leo sacudieron la cabeza.
-Nunca haremos nada parecido- dijo Elsa.
-Puedes tener poderes también, pero con ellos no nos vas a obligar a unirnos a ti- dijo Leo con seguridad.
El rey Hardrada sonrió.
-Bien, chicas, eso pensé que iban a decir, y por eso vine preparado en caso de que esa fuera la respuesta que me dieran- dijo el rey, haciendo sonar los dedos. Franz obedeció al sonido, por lo que levantó la caja nuevamente y se la ofreció a su padre. Éste sacó de la caja dos pequeños fragmentos de espejo.
-¿Qué es eso?¿Un espejo roto?- preguntó Elsa, sin comprender porque el rey traía eso. Ferdinand palideció al ver los fragmentos que llevaba en la mano su padre. Tantos años escuchando las leyendas de ese espejo, y ahora estaban frente a ellos.
-Elsa, Leo, tienen que irse de aquí lo mas pronto posible- dijo Ferdinand con urgencia, alarmado, tomando a ambas chicas de los brazos y jalándolas hacia atrás para obligarlas a irse.
-Ferdinand tiene razón, Elsa- dijo una voz masculina. Elsa se volvió y se dio cuenta de que era Kai, que junto con Gerda llegaron a la sala de baile. A Elsa no le hizo mucha gracia verlos ahí.
-Kai, Gerda- dijo Elsa un tanto preocupada- ustedes deberían irse, es peligroso, ese rey tiene poderes, y…-
-Lo sabemos, Elsa, no te preocupes- dijo Gerda. Los dos sirvientes sacudieron la cabeza y caminaron hacia ella, colocándose productivamente entre las dos reinas y el rey de Troms. Hardrada se echó a reír.
-¿Kai y Gerda?- dijo el rey Hardrada, echándose a reír- vaya, sí que ha sido un tiempo sin verlos. Debí haberme imaginado que servirían al inútil de mi hermano menor, y ahora a su tonta hija.-
Los dos sirvientes permanecieron en su sitio, bloqueando a Elsa y a Leo de su vista, sin responder al rey.
-Elsa, querida, por favor haga lo que le pedimos- le dijo Gerda con dulzura- Leo y usted son las personas que más están en peligro si se quedan aquí. Por favor, váyanse a un lugar seguro-
-Ellas no irán a ningún lado, Gerda- dijo Hardrada- y no creas que esta vez una lagrima o un acto de amor verdadero podrán derretir estos fragmentos del espejo del diablo…-
Elsa se quedó sorprendida de aquellas palabras. ¿Kai, Gerda y el rey Hardrada se conocían?¿De dónde? ¿Porqué justo ellas dos estaban en peligro, si eran las únicas que tenían poderes?
-¿De qué…?- comenzó Elsa, pero Ferdinand seguía jalándola junto con Leo hacia la salida.
-Elsa, Leo- insistió Ferdinand, aún tomando a las dos chicas de los brazos, quienes miraban la escena intentando entender que estaba sucediendo- por favor, tienen que irse pronto-
En ese momento llegaron Hans y Georg, y miraron sorprendidos la escena. Hielo por todos lados, Franz, otro hombre y sus soldados, Kai y Gerda bloqueándolos de Elsa y Leo, que eran tiradas por Ferdinand para alejarlas de donde se encontraban.
-¡Suéltala en este instante!- dijo Hans, furioso de ver a Ferdinand tocando a Elsa, alejándolo de ella de un empujón- ¿quién te crees?¡No te atrevas a volver a tocarla!-
-¡No seas tonto Hans!- dijo Ferdinand a su vez, su voz quebrándose de desesperación- tienes que sacarla de aquí… ni Elsa ni Leo están a salvo si mi padre tiene esos fragmentos…-
Hans no entendió nada, pero el tono alarmado del otro chico lo ayudó a decidir que debía hacer lo que le dijo Ferdinand. Al final y, por mucho que le disgustara, Ferdinand amaba también a Elsa y quería solo su bien. Hans la tomó de los hombros y la tiró hacia la salida.
-No, Hans, no me puedo ir- insistió Elsa- Kai y Gerda están…-
-Elsa, ¡corre!- exclamó Kai en un tono fuerte que jamás había usado con ella, dándole la espalda a Hardrada y mirando a la reina. Se abrió la camisa y le mostró una cicatriz en el pecho- esos cristales están malditos. Gerda me salvó de uno una vez, cuando éramos niños. Envenenan tu corazón, y eso quiere Hardrada para ustedes dos. ¡Tienen que correr!-
Elsa comprendió la urgencia. Se dispuso a obedecer, pero era demasiado tarde. El rey Hardrada lanzó los dos fragmentos de espejo hacia adelante, y parecieron desaparecer en el aire. Todos se miraron entre sí.
Por unos segundos había solo silencio absoluto. Lo único que parecía moverse era la horrible sonrisa deforme del rey.
De pronto, Leo dejó escapar un grito de dolor. Se llevó ambas manos, la sana y la que aún llevaba vendada, al pecho y apretó con fuerza los ojos, con su boca entreabierta en un mudo grito de dolor que continuaba. Un par de segundos después, cayó al suelo de rodillas, y posteriormente sobre su lado derecho. No se movió más.
-¡Leo!- exclamó Georg, preocupado, corriendo hacia ella.
"Oh, no", pensó Kai, mirando a la reina de Oeste, y volviendo su mirada hacia Elsa.
Elsa miró con horror lo que había ocurrido. De pronto, ella misma sintió un horrible dolor agudo en su pecho, como si una fina aguja se clavara directamente en su corazón, atravesándolo de lado a lado. Gritó de dolor, pero sintió como si la voz no le saliera de la garganta. Se llevó las manos al pecho, tratando de arrancarse lo que sea que tuviera, pero no podía sentir nada con sus manos. La vista se le nubló, y cayó al suelo, deslizándose suavemente sobre Hans. No creyó perder la conciencia, sino entrar por un túnel negro a otro sitio distante.
Para los demás presentes, Elsa había perdido la conciencia. Hardrada rió maléficamente. Franz miró a las dos jóvenes con algo de lástima, pero no dijo nada. Al haber escuchado, igual que Georg y Hans, los ruidos provenientes de ese lugar, habían bajado Anna, Kristoff, Jorgen, Violeta, Eugene, Rapunzel y Merida a ver de que se trataba, y se pararon en seco al ver lo que había sucedido. Eugene se plantó protectoramente frente a Rapunzel, preocupado de lo que estaba sucediendo.
-Bien, está hecho- dijo el rey Hardrada, alzando su mazo, sonriendo cruelmente- cuando despierten la reina de la tierra y la reina de las nieves, comenzará nuestro verdadero trabajo para unir los tres reinos… aunque no será nada complicado- les dio la espalda- los estaremos esperando en el fiordo. Y traigan con ustedes a Ferdinand. Debe morir por su traición…-
El rey, Franz y los soldados se retiraron, dejando a los demás presentas atónitos y preocupados.
Georg se inclinó al suelo, donde estaba Leo, en una parte de la sala sobre la alfombra que usaban en las noches para cubrir el suelo de madera, y extendió su mano derecha hacia ella.
-¡No la toques!- exclamaron Kai, Gerda y Ferdinand al mismo tiempo. El príncipe los miró, sorprendido, y detuvo su mano.
-¿De qué se trata todo esto?- dijo Hans, furioso, tomando al príncipe Ferdinand del cuello de su camisa y estampándolo contra la pared- ¿qué hacía tu padre aquí? ¿qué le hizo a Elsa? Tú causaste todo esto, ¿verdad?-
-¡Hans!- exclamó Anna- no sirve de nada acusar a Ferdinand, su padre quiere ejecutarlo, ¿recuerdas?-
-Tú sabes demasiado sobre esta asunto como para no estar enterado que tu padre iba a venir- dijo Hans, aún apretando el cuello de Ferdinand- ¡Habla!-
-¡Hans!- lo reprendió Rapunzel.
-Ferdinand no parecía estar apoyando a su padre, Hans- dijo Eugene, obligando a Hans a abrir un poco la mano alrededor del cuello de Ferdinand.
-Sí, además, si no recuerda mal, su alteza, Ferdinand desde el principio estaba intentando alejar a las reinas del rey Hardrada- dijo Gerda.
Georg se llevó una mano a la boca, con preocupación mirando a Leo. Hans soltó a Ferdinand y se inclinó hacia Elsa, quien estaba inconsciente a sus pies, sin tocarla.
-¿Qué es esto?- preguntó Georg- ¿qué debemos hacer? Llevarlas con…-
-Nada- dijo firmemente Kai- no deben hacer nada…-
-Absolutamente nada- dijo Gerda, de acuerdo con Kai.
-Pero…- comenzó a quejarse Georg, mientras Jorgen y Violeta se acercaban a él, el primero poniendo una mano sobre el hombro del príncipe de las Islas del Sur.
-Pero nada, su alteza- dijo Kai con firmeza- cuando Gerda y yo nos dimos cuenta que el rey Hardrada estaba aquí con dos fragmentos del espejo del diablo, supusimos de inmediato que estaban destinados para ellas dos, pero no logramos alejarlas a tiempo. Ahora, ellas solas necesitan despertar por su cuenta-
-Kai, ¿cómo saben ustedes eso?- preguntó Anna, quien se había perdido de ver la cicatriz de Kai- ¿cómo saben que eran esos fragmentos?-
Kai suspiró, y Gerda se abrazó, frotándose los brazos. Notaron que los vidrios de la sala estaban tiritando, y que una brisa fría recorrió toda la sala. Gerda le dio una mirada significativa a Kai, y éste asintió.
-Primero lo primero- dijo Gerda- parte de los poderes de las dos se podrán fugar mientras estén incoscientes, así que hay que proteger a cada una del poder de la otra. Necesitamos cubrir a Leo del frío que pueda llegar a producir Elsa, y a Elsa de cualquier cosa que pueda caerle encima por los poderes de Leo…-
-Y no olviden que al hacerlo, no deben tocarlas- insistió Kai- una vez que hagamos eso, les explicaré todo. Ferdinand- añadió, mirando al príncipe- creo que Elsa, y todos entenderemos si quieres huir para que tu padre no te encuentre y… ya sabes-
Pero Ferdinand sacudió la cabeza.
-Me quedaré a ayudar en lo que pueda- dijo Ferdinand- yo también sé algo de este espejo que quizá pueda ayudarlos. Si no fuera por Elsa, estaría muerto o pudriéndome en una prisión, porque lo merezco. Se lo debo por confiar en mi…-
Hans lo miró sin impresionarse. Como odiaba que alguien más también amara a Elsa. Pero ese no era momento de discutir. Tenían que concentrarse en como ayudarla. Y, le gustara o no, si Ferdinand podía ayudar, necesitaba que se quedara ahí.
-Gracias…- dijo Hans entre dientes. Vaya que sí era difícil.
Una ventana, en una esquina alejada del salón, se quebró haciendo un fuerte estruendo. Estaba demasiado lejos de todos para que les cayera encima algún fragmento. Fue entonces cuando notaron que el borde de esa ventana justamente comenzaba a congelarse un poco.
-Vaya, eso va a mortificar mucho a Leo cuando se entere- dijo Violeta en voz baja para intentar calmar a Jorgen, haciendo alusión a lo mucho que la reina se preocupaba cuando rompía algo sin querer con sus poderes. Jorgen hizo un esfuerzo por sonreír y abrazó a su esposa.
Georg y Jorgen cubrieron a Leo con sus capas para protegerla del frío, mientras que Hans hizo una pequeña tienda sobre Elsa con una de las cortinas de la sala, para evitar que los vidrios de las ventanas le cayeran encima si llegaban a quebrarse. Se sentó junto a ella, decidido a detener cualquier cosa que pudiera lastimarla.
-Bueno, ya está- dijo Kai, aprobando lo que veía- ahora permítanme contarles la historia del espejo del diablo, para que entiendan a que se están enfrentando Elsa y Leo, y porqué deben hacerlo ellas solas…-
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El rey Hardrada y Franz volvieron a su embarcación. Franz se encontraba un poco desanimado. A pesar de que odiaba a la reina Elsa por haberlo vencido, no pudo evitar sentir lástima por ella. Y por su hermano también. El rey ya había pronunciado la sentencia de muerte de Ferdinand. Y sabía que su hermano estaba demasiado enamorado de Elsa como para huir por su vida, así que ya sabía que desenlace tendría esa historia.
-Tienes la cara más patética que he visto en mi vida, Franz- le dijo el rey, burlándose de él- espero que no hagas que me decepcione de haberte elegido como mi nuevo heredero-
Franz hizo un esfuerzo para cambiar si expresión a uno de despreocupación.
-Para nada, padre- dijo Franz- por fin estoy libre de mi hermano mayor y yo soy el legítimo heredero al trono de Troms. ¿Qué más puedo desear?-
El rey Hardrada sonrió.
-Muy bien, Franz- dijo el rey, mirando el castillo de Arendelle- solo es cuestión de tiempo…-
-¿Cómo sabremos cuando sea el momento?- preguntó Franz.
-Un gran terremoto sacudirá la tierra, y Arendelle volverá a congelarse, una vez que el proceso esté completo- dijo el rey Hardrada- ambas mujeres son débiles, y perderán. Estoy seguro-
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Los presentes se sentaron en el suelo de la sala de bailes para escuchar la historia de Kai y de Gerda, mientras que vigilaban a las dos jóvenes reinas inconscientes.
-Cuando Gerda y yo éramos niños, trabajábamos en la corte del gran rey, el padre de los reyes de Troms, Oeste y Arendelle- explicó Kai- en esos días, yo era un ayudante de cocina, y Gerda trabajaba ayudando a su madre y otra chica en los aposentos de la gran reina. Esa otra chica, un poco más grande que Gerda, era madame Hilda-
Jorgen se sorprendió.
-¿La misma madame Hilda que…?- comenzó a preguntar Jorgen, y Kai asintió.
-Como éramos niños, nos permitían a veces jugar con los príncipes, que eran un poco más pequeños que nosotros- continuó explicando Kai- el rey Hardrada siempre se metía en problemas y golpeaba a otros niños sirvientes más pequeños que él. El rey de Oeste prefería no jugar, ya que siempre tenía problemas de salud, y se sentaba en la hierva del patio del castillo mientras que Gerda se sentaba junto a él a leerle historias para mantenerlo entretenido. Y el rey de Arendelle, tu padre, Anna, era el más pequeño pero el más bondadoso de los príncipes. Tenía un pequeño perro llamado Bae, y era amable con todos, incluso con los sirvientes-
Anna sonrió levemente.
-Una vez Gerda nos contó una historia de uno de sus libros- continuó narrando Kai- la historia contaba de un espejo que había forjado un malvado troll, llamado "el espejo del diablo". Este espejo tenía el poder de distorsionar la realidad, evitaba reflejar las cosas buenas de la persona que se miraba y magnificaba las cosas malas. El malvado troll llevó el espejo por todo el mundo, divirtiéndose con él, haciendo que los paisajes más hermosos parecieran espinacas hervidas, y los hombres que se miraban en él lloraban en desesperación-
Los presentes escuchaban la historia con atención.
-Según la historia, un día, al troll se le cayó el espejo y se quebró en cientos de fragmentos. Y cada fragmento, si era insertado en el corazón de alguien, lo congelaba y hacía que sus ojos se convirtieran en el mismo espejo, viendo solo lo malo y horrible de los demás- dijo Kai.
Hans miró a Elsa con angustia. La joven estaba sumida en un extraño sueño intranquilo. Aún tenía ambas manos sobre su pecho, pero las había cerrado en dos puños, y apretaba los ojos de cuando en cuando. Hans se abrazó, sintiendo la temperatura bajar.
-Desgraciadamente, la historia del espejo del diablo no era solo un cuento- continuó Gerda- un brujo, enemigo del gran rey, consiguió cuatro fragmentos del mismo. Tomó dos de los fragmentos y los escondió en la cajita de joyas de la gran reina, sabiendo que esa era la manera más rápida de llegar al gran rey-
-Ese día, Gerda no pudo entrar a los aposentos de la reina por estar cuidando al príncipe enfermo- dijo Kai, continuando con la historia- así que su madre me pidió que fuera por el alhajero de la reina y se lo llevara, y obedecí. Cuando iba de camino, la curiosidad me venció y decidí abrir la tapa del alhajero, y los dos pedazos del espejo salieron volando, y llegaron al corazón de las dos primeras personas que se encontraron. Una de ellas fui yo. La otra fue la reina de las nieves-
Esto último hizo que Hans levantara la vista y mirara fijamente a Kai. ¿La reina de las nieves? Se refería a… ¿Elsa? Pero si ella aún no había nacido, él mismo había dicho que su padre, el antiguo rey de Arendelle, aún era un niño en esa historia.
-¿A quien te refieres con la reina de las nieves?- preguntó Anna, diciendo en voz alta la pregunta que todos tenían en mente- si Elsa…-
-No, no, no me refiero a la reina Elsa- dijo Kai- me refiero a la primera reina de las nieves. A la gran reina-
Todos miraron a Kai, sorprendidos.
-Anna, Jorgen, Ferdinand- dijo Gerda- la primera reina de las nieves fue la abuela que los tres comparten, la esposa del gran rey-
-No puede ser- dijo Anna- ¿mi padre sabía eso? ¿Que nuestra abuela tenía los mismos poderes que Elsa?-
-Por supuesto- dijo Gerda- ¿no crees que, de no haber sido así, no hubiera tratado de controlar los poderes de tu hermana?-
Anna tragó saliva, y se acomodó junto a Kristoff.
-Gerda hizo un largo viaje, junto con el gran rey, a la montaña norte, a donde había huido con la reina, para tratar de descongelar los corazones de ambos y sacar ese fragmento del espejo- continuó Kai- ya que Gerda había leído que un acto de amor verdadero iba a derretir el corazón congelado y evitar el daño del espejo-
-Pero no pude hacer nada por Kai, más que llorar- explicó Gerda- verán, el fragmento del espejo, cuando se inserta en el corazón, escinde el alma. Se divide en una parte buena y una parte mala. Y ambas partes pelean hasta que una gana y regresa-
Ni una lagrima ni un acto de amor verdadero, había dicho el rey Hardrada.
-Tanto la reina de las nieves como yo pudimos volver gracias a que nuestra parte buena ganó la pelea- dijo Kai- no hay nada que nadie pudiera haber hecho para ayudarme, salvo Gerda que estuvo a mi lado, yo podía escuchar su voz mientras peleaba con mi lado oscuro, y me animaba a ganar-
-Y el gran rey no se separó de la reina- dijo Gerda, con una sonrisa- hasta que ambos despertaron-
Todos habían estado conteniendo la respiración.
-Dijiste que había dos fragmentos en el alhajero de la reina- dijo Merida, interviniendo en la conversación por primera vez- pero también dijiste que el brujo tenía cuatro fragmentos-
-Así es- dijo Kai- muchos años después, cuando el gran rey murió, Hardrada robó el alhajero de la reina, encontró al brujo y le exigió los dos fragmentos restantes-
-Mi padre siempre los ha tenido- dijo Ferdinand, continuando con la historia- siempre ha amenazado con usarlos cuando damos alguna muestra de debilidad, porque cree que solo el lado malvado de una persona lo hace poderosa-
-Entonces, lo que quiere con Elsa…- comenzó Hans.
-Hardrada espera que los lados bondadosos de Elsa y Leo pierdan- dijo Kai- que se conviertan en seres malvados que causen destrucción y muerte para lograr sus objetivos-
-¿Y no podemos ayudarlas?- preguntó Georg.
-No deben tocarlas, porque las distraerán y eso podría ser fatal para su lado bueno- dijo Gerda- pueden hablarles, ellas sentirán que no están solas-
Todos los presentes suspiraron.
-¿Ni siquiera mis poderes les podrán ayudar?- preguntó Rapunzel, abrazando el brazo de Eugene con tristeza.
-Tus poderes son rebeldes, Rapunzel- dijo Kai- desde que perdiste tu cabello rubio solo responden en algunas ocasiones… y no creo que sea prudente arriesgarse, no con una situación tan delicado como esta-
-Esta lucha es dentro de ellas mismas- dijo Gerda- no están heridas. Tienen que vencer a su parte malvada-
x-x-x
Tras ese horrible dolor agudo en su corazón, Leo parpadeó y se encontró en un sitio lejano, perdida a la mitad del bosque. Ya no estaba en el castillo de Arendelle.
-¿Qué demo…?- comenzó a decir, mirando a su alrededor- ¿dónde estoy?-
Se llevó la mano al corazón. Le dolía. No podía describir como. Solo le dolía, tenía una sensación extraña, como si se hubiera partido en dos. Como lo que sintió cuando vio a Edvard morir delante de ella. Cerró los ojos y sacudió la cabeza. Aún seguía doliendo ese recuerdo, pero no era momento. Necesitaba entender que había pasado, y donde estaba.
Lo ultimo que recordaba era como todos le decían a ella y a Elsa que corrieran, y que el rey Hardrada había lanzado dos fragmentos de un espejo, que desaparecieron en el aire. Y después ese dolor agudo en su corazón. Un dolor que no la dejó respirar, que la hizo caer de rodillas. Y cuando parpadeó, ya no estaba en el castillo de Arendelle, sino en aquel extraño bosque que se le hacía algo familiar.
Caminó entre los árboles, mirando a su alrededor, y encontró algo conocido. Una cabaña.
"No es posible", pensó Leo "es la cabaña que…"
Leo…
La joven reina escuchó una voz lejana, y miró a su alrededor. Parecía el eco de la voz de su hermano Jorgen llamándola. Sacudió la cabeza, confundida, y caminó hacia la cabaña. Tenía que averiguar donde estaba y como salir de ahí.
Entró a la cabaña y utilizó sus poderes para encender las luces. Respiró hondo antes de ponerse a buscar algo, algún indicio de donde se encontraba, si era la misma cabaña que ella creía, cuando dio un pequeño grito ahogado al darse cuenta de que no estaba sola.
-Buenas noches, Leo- dijo una voz femenina entre las sombras, en una esquina de la cabaña- te había estado esperando…-
Leo tragó saliva. La voz le parecía al mismo tiempo conocida y extraña.
-¿Quién eres?- preguntó la reina de Oeste.
-Soy Leo, la reina de Oeste- dijo la voz desde las sombras.
-Yo soy Leo- dijo la joven reina, comenzando a molestarse- deja de jugar conmigo, revélate y dime quien eres y donde estamos-
La oscura sombra dio unos pasos hacia delante, hacia la luz, y Leo se cubrió la boca con las manos para ahogar un grito de sorpresa. La desconocida tenía la misma cara que ella, sus mismos ojos. Tenía puesto el mismo vestido negro que usó cuando murió Edvard y, para terminarla de sorprender, la mujer movió su mano y la silla que estaba junto a ella flotó en el aire.
"Tiene los mismos poderes"
-¿Cómo es posible?- dijo Leo, pero no tuvo tiempo de razonarlo, pues la silla flotante fue lanzada justo contra ella. La esquivó con dificultad.
-No lo entiendes, ¿verdad, Leo?- dijo la desconocida- yo soy tu. Yo soy tu dolor, tu miedo, tu odio, y tu poder. Tu lado oscuro. Tú eres la mitad débil de Leo. Yo soy la parte que te hace fuerte y poderosa-
Leo frunció el entrecejo.
-¿Dónde estamos?- quiso saber ella- ¿y qué quieres conmigo?-
-Oh, estamos dentro de tu corazón, Leo- dijo su lado oscuro- y te voy a eliminar, para tomar el control de ti y ser la reina más poderosa del mundo-
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En la sala de baile del castillo de Arendelle, uno de los ventanales se quebró por completo, y Leo hizo una extraña expresión en su sueño.
-Leo…- susurró Georg, combatiendo la urgencia de reconfortarla. Violeta puso una mano en el hombro de su esposo y otra en el de Georg, intentando calmarlos.
-Tranquilos, Leo es más fuerte que su lado oscuro- dijo Violeta- ustedes lo saben. No hay de que preocuparse, va a estar bien…-
Hans había desviado la mirada de Elsa para ver a su hermano, un tanto inquieto por Leo. Suspiró. Sabía exactamente que estaba sintiendo: lo mismo que él. Miró a Anna y a Kristoff, que estaban sentados junto a él, observando a Elsa e intentando permanecer en calma.
Elsa apretó los ojos en su sueño, y su cuerpo se sacudió levemente.
-Elsa…- susurró Hans.
-Ya ha empezado a pelear- dijo Kai.
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Elsa había sentido ese dolor agudo en su corazón, igual que Leo, y había caído de rodillas, deslizándose hacia abajo intentando aferrarse a Hans, pero al final lo soltó para oprimir su pecho. Al parpadear, se había encontrado en un extraño túnel oscuro, con una luz a lo lejos. Elsa, confundida, se dirigió a ese sitio, y se paró en seco cuando vio donde se encontraba.
-Es imposible- murmuró Elsa.
Elsa estaba nuevamente en su hermoso castillo de hielo. La joven reina tembló. Esto se parecía mucho a una pesadilla que había tenido.
-No es una pesadilla, Elsa- dijo una voz, su voz, desde las sombras del castillo- aquí estoy yo, la verdadera Elsa-
Elsa la miró y sacudió la cabeza. Recordaba de su pesadilla a esa mujer alta, de cabellos cortos color azabache, alborotados, con una tiara de hielo en la frente, su vestido azul oscuro y su larga capa con tocado negros. Y sus ojos azules. Los mismos que ella.
Elsa miró a la reina de las nieves.
-Te equivocas- dijo Elsa- yo soy la verdadera Elsa-
-Yo también soy Elsa- dijo la morena- yo soy tu lado oscuro, tu miedo, tu odio y tus poderes. Yo soy la que nos hace fuertes. Tú solo nos debilitas, y por eso tienes que hacerte a un lado dejarme tomar el control-
-¿Control de mi cuerpo? ¡Nunca!- dijo Elsa.
La Elsa morena sonrió. Conjuró en sus manos una bola de nieve, la estiró y la convirtió en una gran espada de hielo.
-Entonces te haré a un lado y tomaré el control, Elsa débil- dijo la morena- te enseñaré lo poderosa que podíamos llegar a ser si me dejabas…-
La otra Elsa tomó la espada y la atacó con ella. Elsa no atinó más que a crear una pared de hielo para protegerse, haciendo que la espada se rompiera.
-Bien, sabes jugar- dijo la Elsa morena- no creas que vas a ser tu la que vas a regresar-
Elsa frunció el entrecejo.
-¿De que hablas?- preguntó.
-Estamos dentro de tu corazón. Después de esto, solo una de nosotras puede regresar al mundo real- explicó la Elsa oscura- y esa voy a ser yo…-
-Te equivocas- dijo Elsa.
Elsa…
Las dos miraron hacia arriba. Parecía un eco que venía desde muy lejos, con la voz de Hans. Elsa sonrió. Hans estaba ahí afuera, esperándola. Miró a la otra Elsa, y formó varios copos de nieve con sus manos.
-No te lo permitiré- dijo Elsa.
-Dame lo mejor que tengas, no será suficiente- dijo la Elsa oscura.
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Mientras tanto, Leo se encontraba enfrascada en su propia pelea. Su otro yo intentaba por todos los medios eliminarla, lanzándole muebles y objetos que tenía a la mano con sus poderes, mientras que Leo solo se defendía usando sus poderes para desviar lo que se le lanzaba.
-Vamos, vamos, ¿es todo lo que tienes?- se burló la otra Leo- con razón eres tan débil. Con razón te caíste del caballo esa vez. Con razón fue tan fácil para Serge envenenarte. Con razón fue tan sencillo para el duque de Weselton engañarte y atraparte, ¿no?-
-¡Cállate!- dijo Leo, rechazando un atizador de fuego que le había lanzado con sus poderes.
-Con razón los gemelos de Troms te atraparon tan fácilmente- continuó la otra Leo- ¡con razón Edvard murió en frente de ti!-
-¡Dije que te calles!- exclamó Leo, llevándose las manos a la cabeza. La cabaña tembló. La otra Leo se echó a reír.
-Edvard murió por tu culpa, y lo sabes, Leo- dijo la otra Leo- nosotras pudimos haberlo evitado. Pudimos haber acabado con esos príncipes antes de que se hiciera tanto alboroto. Pero tú "no querías lastimar a nadie", y la persona que salió lastimada fue él. Fue tu culpa y lo sabes…-
Leo cerró los ojos, aún con sus manos sobre su cabeza, y cayó de rodillas. Los vidrios de la cabaña se rompieron, y la otra Leo se acercó a ella. La tomó de la barbilla y la obligó a mirar hacia arriba.
-Oh, Leo, todo esto es por culpa de tu debilidad- dijo la otra Leo- quizá sería mejor para todos si solo… murieras…- añadió, apretando el cuello de Leo.
-¿Muriera?- dijo ella.
-Sí, todo sería mejor- dijo la otra Leo- Jorge y Violeta serían los reyes de Oeste, tal y como siempre debió ser. No arriesgarías la vida de Georg como hiciste con la de Edvard. Mérida no estaría en este momento en Arendelle, corriendo peligro, sino en casa. Todo estaría mejor si tu no estuvieras…-
-Todo estaría mejor…- dijo Leo en voz baja.
La otra Leo sonrió. Estiró su mano y con sus poderes atrajo un cuchillo hacia su mano y lo puso sobre el cuello de Leo. Sonrió victoriosamente.
-Adiós, Leo- dijo la otra Leo- saluda a Edvard de mi parte…-
Leo cerró los ojos, esperando el golpe. Vería nuevamente a Edvard.
¡Leo!
La joven escuchaba insistentemente la voz de Georg resonando por la cabaña. Abrió los ojos y sus ojos miraron todo su alrededor. No había nadie más que ella y su lado oscuro.
Leo, Edvard vivirá siempre dentro de ti.
Eso fue lo que Georg le había dicho. Edvard se había jugado la vida para protegerla. Y ella estaba ahí, de rodillas, derrotada sin siquiera haber peleado, lista para renunciar a su vida, solo por sentirse culpable.
-¡No!- dijo Leo. Con sus poderes expulsó a la otra Leo, arrojándola contra la pared de la cabaña- no me engañas. Tú eres mi culpa también. No me controlarás más. Yo soy más fuerte que antes-
-Ya veremos- dijo la otra Leo.
Ambas lanzaron su poder una contra la otra. Una gran esfera de poder se formó entre las dos, que se quedó justo en el centro por algunos segundos que parecían eternos. Finalmente, la de Leo empujó a la otra contra la pared, rompió la cabaña y finalmente la hizo desaparecer.
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Leo abrió los ojos de golpe y tomó aire, como si hubiera estado sumergida en el agua durante un largo tiempo. Respiraba agitadamente. Su visión era muy borrosa. Parpadeó un par de veces, y se encontró que estaba en el suelo de la sala de bailes de Arendelle, rodeada de Georg, su hermano Jorgen y su cuñada Violeta.
-¡Leo!¡Despertaste!- exclamó Georg, inclinándose hacia ella y abrazándola. Ella se dejó abrazar, un poco asustada. Su respiración se normalizó poco a poco. Una vez que Georg la soltó, Jorgen y Violeta hicieron lo mismo.
-Estaba muy asustado, Leo, no vuelvas a hacer eso- le confesó Jorgen- recuerda que me prometiste que te ibas a cuidar para que yo nunca tuviera que ser rey-
Leo sonrió.
-Sí, estoy bien, fue algo raro- dijo Leo- ¿Elsa está…?-
-Aún no despierta- le dijo Georg, señalando el sitio donde Elsa estaba, rodeada por Hans y los otros. Se levantó con ayuda de Georg, y se llevó las manos a la boca sorprendida por el desastre que estaba a su alrededor. Todos los ventanales de la sala de baile estaban hechos pedazos, y los marcos de los mismos comenzando a congelarse. Georg la cubrió con su capa una vez que se hubo levantado, y la ayudó a caminar hacia donde estaba Elsa.
-Elsa lo logrará, estoy segura- dijo Leo con seguridad.
Hans miró a Elsa con aprehensión. Deseaba que ya hubiera despertado. Deseaba encontrar algo que la pudiera ayudar.
-Elsa…- dijo en voz baja Hans, queriendo tomar su mano y luchando contra sí mismo para no hacerlo.
-Habla- dijo Leo. Los otros la miraron- habla, yo podía escuchar a Georg y a Jorgen intentando hablar conmigo. Habla-
Hans la miró, y después a Elsa. Antes de que pudiera decir nada, Anna ahogó un grito de horror.
-¡Elsa!- exclamó la joven princesa de Arendelle. A diferencia de Leo, un mechón de los cabellos de Elsa comenzó a tornarse color negro. Los hermosos zapatos de hielo de Elsa se derritieron, dejando paso a sus zapatos negros que solía usar antes.
-¿Qué está pasando?- dijo Hans, comenzando a desesperar.
Kai y Gerda la miraron, y sacudieron la cabeza.
-Está teniendo dificultades, su lado oscuro es muy fuerte- dijo Kai simplemente- no queda más que esperar y confiar-
-Elsa…te estoy esperando- susurró Hans.
x-x-x
Hola! No me odien! Ya se que no es exactamente lo que tenían en mente, pero fue mi version retorcida imaginativa. Denisa Miller ya había adivinado hace tiempo que la version mala de Elsa haría un cameo en este fic, pero no dije nada para no arruinar la sorpresa. ¿Merida y Ferdinand? No! Solo estaban platicando. No me atrevería a emparejar a Merida con nadie (ella sí me da miedo). Nos seguimos leyendo!
Abby L.
