CAPITULO 12: DESENLACE
Elsa se encontraba en el suelo, abrazando su pierna derecha, que estaba herida, atravesada por un carámbano. Sangraba profusamente. Elsa se sacó el trozo de hielo y, rompiendo un pedazo de su vestido, usó a tela para vendarse. Miró fijamente a la otra Elsa, quien la miraba riendo.
-Vaya, que débil eres, Elsa- dijo la otra Elsa- no podía creerlo hasta ahora. ¡Le tienes miedo a tus propios poderes! Tienes miedo de lo que te hace fuerte-
-Mis poderes han lastimado a Anna- dijo Elsa, poniéndose de pie con seguridad- no les tengo miedo. Solo tengo cuidado-
-Les tienes miedo, Elsa- dijo la otra Elsa- no los usas ni para defenderte a ti misma. No los usas en todo su potencial. ¿No lo entiendes? Cuando éramos niñas, el troll que curó a Anna nos dijo que nuestro poder era hermoso. Los otros cuatro poderes solo pueden destruir. Nuestro poder puede crear cosas increíbles, como este hermoso castillo-
-Este castillo lo construí cuando me liberé de mi miedo- dijo Elsa.
-El miedo a tus poderes- dijo la otra Elsa.
-No, el miedo en sí- dijo Elsa-el miedo a lastimar a alguien con mis poderes…-
-Oh, ya no tendrás miedo de eso nunca más- dijo la otra Elsa- podemos arreglarlo. Podemos matarlos a todos. Así no tendrás que preocuparte por volverlos a lastimar-
Elsa la miró, horrorizada.
-No, no- dijo Elsa, sacudiendo la cabeza- jamás-
La otra Elsa siguió sonriendo, y se encogió sus hombros. Caminó lentamente hacia ella. Elsa la miró, asustada, y dio un par de pasos atrás, arrastrando su pierna lastimada.
-¡Aléjate!- dijo Elsa, disparando hielo hacia la otra Elsa- por favor-
La otra Elsa la ignoró, saltó el hielo que le había sido lanzado, y siguió caminando hacia delante, hasta que detuvo a Elsa contra la pared. La Elsa morena estiró sus manos y tomó el cuello de Elsa y comenzó a apretarlo.
-No…- murmuró Elsa, tratando de quitar las manos de la otra Elsa de su cuello- suelta…me…-
-No, Elsa- dijo la Elsa morena- ¿no crees que sería todo mejor si tu murieras?-
-No…- dijo Elsa con dificultad, tratando de liberar su cuello de las manos de su enemigo.
-Piénsalo- dijo la otra Elsa- si tu murieras, Anna podría ser reina. Si tu murieras, Anna jamás volvería a estar en peligro por tu culpa. Si tu no hubieras existido, quizá Leo hubiera sido feliz con Edvard desde el principio, porque él solo murió como parte de un experimento para llegar a tus poderes…-
-No- dijo Elsa- no es verdad…-
-Lo es- dijo la otra Elsa, apretando más el cuello de la joven- si tu no existieras, Hans habría sufrido ningún daño en su corazón, ¿verdad? Solo trataba de protegerte-
-¡No, no es cierto!- exclamó Elsa- no es así-
-Si no existieras, tus padres hubieran vivido sus vidas felices- continuó la otra Elsa- no hubieran vivido temerosos de tus poderes. No habrían vivido sus cortas vidas solos en el palacio, cuidando que no mataras a tu hermana-
-¡No, cállate!- gritó Elsa, desesperada.
-¡Hiciste que tu hermana menor, a los 15 años, enterrara sola a tus padres!- exclamó la otra Elsa, apretando aún más el cuello de Elsa- ¿cómo pudiste hacerle eso?-
¡Elsa! ¡Te estamos esperando!
El eco de la voz de Anna. Elsa empujó a la Elsa morena con su pierna lastimada, apretando los dientes de dolor. Eso liberó su cuello de la presión de las manos de su lado oscuro. Elsa caminó unos pasos hacia un lado y miró a su alrededor. Su pierna sangraba aún profusamente, y ya había empapado el vendaje.
La Elsa morena se echó a reír su risa cruel nuevamente, mirándola arrastrar su pierna lastimada.
-¿A dónde crees que vas, Elsa?- dijo sin dejar de reír- no puedes correr de esto-
-Aléjate de mí- dijo Elsa, lanzándose una bola de nieve para mantenerla alejada.
La otra Elsa detuvo la bola de nieve a la mitad del aire.
-¿Eso es todo lo que tienes, querida Elsa?- dijo la Elsa morena. La bola de nieve se dividió en diez pequeñas bolitas, y cada una de ellas cayó al suelo y se convirtió en un hombre de nieve animado, igual a Marshmellow.
-¿Qué es…?- comenzó Elsa.
-Te lo dije, Elsa, subestimas tu propio poder, y desconoces hasta donde podría llegar si así lo desearas…- dijo la otra Elsa- atáquenla- ordenó a los hombres de nieve.
Elsa dio un paso atrás, arrastrando su pierna lastimada, y lanzó un ataque hacia los hombres de nieve. Marshmellow, con su corona puesta, apareció junto a Elsa, cojeando. Elsa le puso una mano en la pierna herida de Marshmellow e intentó sonreír.
-Confío en ti, mi fiel guardián- dijo Elsa- ayúdame a vencerlos, Marshmellow-
Marshmellow sonrió, asintió, y se lanzó contra los otros hombres de nieve.
En ese momento, Elsa escuchó la voz de Hans resonando por el palacio de hielo, como un eco lejano.
¡Elsa!¡No te atrevas a rendirte!
Elsa miró a Marshmellow pelear, y sonrió.
-No lo haré, no me rendiré- dijo Elsa.
x-x-x
-¡Elsa!¡No te atrevas a rendirte!- dijo Hans en voz baja.
Elsa apretó sus ojos y murmuró un "mmm", por unos segundos. Hans observó que, aunque la mitad del cabello de Elsa ya se había vuelto negro, el progreso del cambio de color se detuvo repentinamente. Algo había sucedido. Elsa se había recuperado en la batalla.
Todos los presentes se encontraban mirando a Elsa con ansiedad, esperando a que lograra ganar su batalla interna.
-Debería llevarte a descansar, Leo- dijo Georg, mirando a Leo tan fatigada desde que había recuperado la consciencia, pero ella se había negado. No quería dejar sola a Elsa. Ya la habían puesto al corriente de lo que significaba el espejo del diablo, y sabía exactamente lo que Elsa estaba pasando.
Leo estaba llena de preguntas, y le extrañaba que Anna no estuviera preguntando también. Nuevamente, quizá estaba preocupada por Elsa y por eso no lo hacía.
Tras un momento de calma, en el que Hans creyó que Elsa estaría bien, de pronto, el vestido de hielo de Elsa se derritió por completo, dejando ver su camisón y su bata de dormir en su lugar. Sus zapatos de hielo ya habían desaparecido, y sido reemplazados por sus zapatos negros. Y el cabello de Elsa, que había estado formado en una trenza, se soltó, alborotado, y se volvió completamente negro.
-¡No!¡Elsa!- exclamó Hans, mientras que Anna se llevó las manos a la boca con horror. Hans extendió las manos para abrazarla, pero Kristoff lo detuvo antes de que lo hiciera, dirigiéndole una mirada de advertencia.
Kai y Gerda miraron con pena a la joven reina. Eugene y Merida, sin embargo, miraron la escena con algo de reserva, y murmuraron entre sí.
-¿Qué sucede?- preguntó Rapunzel, extrañada de la actitud de ellos dos.
-Si Elsa no gana, quien despertará será la reina de las nieves- dijo Eugene- ¿cómo es? ¿una mujer malvada?-
Ante lo que acabó de decir todos lo miraron, y Merida sacó su arco y una de las flechas de metal. Cargó su arco con la flecha y apuntó al corazón de Elsa.
-¡Merida!- exclamó Leo, horrorizada- ¡no! ¿qué pretendes…?-
-Yo sé que nadie quiere decirlo, pero todos lo están pensando, Leo- dijo Merida con seriedad- me duele mucho decirlo, pero si Elsa pierde, en su lugar quedará la malvada reina de las nieves. No podemos permitir que viva con sus poderes. Tendremos que…-
Y se interrumpió.
-No- dijo Hans- Elsa lo logrará. ¡Elsa! Te estamos esperando. No te rindas-
x-x-x
Elsa se encontraba de rodillas, rendida de dolor y de fatiga. Marshmellow y todos los otros monos de nieve habían sido destruidos. El último hombre de nieve de pie era Marshmellow. El gran hombre de nieve se inclinó y le devolvió la corona a Elsa.
-Gra… gracias amigo- dijo Elsa tristemente, haciendo un esfuerzo por levantarse, y poniéndose la corona en su cabeza- has peleado bien. Nos veremos pronto, en el mundo real, cuando despierte…-
Mashmellow dejó escapar un gruñido de alegría, y desapareció, dejando a Elsa sola con su otro yo oscuro.
-No puedes ganarme, reina de las nieves- dijo Elsa con seguridad, volviéndose a la desconocida pelinegra- ¿no los escuchas? Ellos están ahí afuera, esperándome-
La otra Elsa sonrió maléficamente.
-Oh, no, Elsa- dijo la otra Elsa- ellos están ahí, temerosos de quien es la que va a despertar. Temen que despierte una mujer loca fuera de control, que los congele a todos-
-No es verdad- dijo Elsa.
-Bueno, Elsa, se acabó- dijo la otra Elsa- ahora sí pelearé contigo en serio. Quiero quedarme con tu cuerpo para hacer lo que me plazca-
-No te lo voy a permitir- dijo Elsa.
La otra Elsa sonrió maléficamente.
-No tienes opción, Elsa, vas a morir aquí- dijo la otra Elsa, mientras un torbellino de nieve y de copos de hielo la rodeaba con fuerza- yo soy los fractales de la desesperación. Yo soy la reina de las nieves…-
"Yo soy Elsa. Hija mayor de los reyes de Arendelle. Princesa de Arendelle. Reina de Arendelle. Reina de las nieves…", pensó Elsa. "no voy a perder".
La Elsa morena lanzó un ataque de hielo contra ella, que Elsa fácilmente hubiera esquivado, de no ser por su pierna herida. La joven se dejó caer al suelo hacia un lado y rodó sobre él para alejarse del ataque. Se levantó tan pronto pudo y, extendiendo su mano derecha, lanzó otro ataque hacia la otra Elsa. Ésta lo detuvo fácilmente con su mano.
-Oh, Elsa, eres débil- dijo la otra Elsa- déjame enseñarte como se hace-
La otra Elsa conjuró un torbellino de hielo, y Elsa palideció. Dio un par de pasos hacia atrás e hizo aparecer un muro de hielo, contra el que chocó el torbellino y se detuvo. Elsa respiró, pero tanto el torbellino como la pared desaparecieron, para revelar a la otra Elsa nuevamente caminando hacia ella. Elsa volvió a echarse para atrás. Cada vez que la otra Elsa se acercaba a ella, no eran buenas noticias. Tenía que detenerla.
Elsa dio una patada en el piso, congelándolo, y congelando los pies de la otra Elsa para inmovilizarla. Ésta se echó a reír.
-¿Eso es todo?- dijo la otra Elsa, levantando las piernas con facilidad para librarse del hielo. La Elsa morena se inclinó al suelo y lo golpeó con sus manos. Elsa dio un paso atrás al ver que una gran ráfaga de hielo se acercaba a ella a toda velocidad. Trató de detenerla, pero le fue imposible. Una vez que se encontraba frente a Elsa, la ráfaga se convirtió en siete u ocho gruesos carámbanos que surgieron diagonalmente del piso en dirección a donde estaba Elsa, clavándose dolorosamente en su cuerpo.
-Aah…- fue el único grito ahogado que escapó de labios de Elsa al sentir el dolor agudo en su cuerpo. Un carámbano le atravesó el hombro izquierdo, otro el abdomen en el costado derecho, otro su pierna derecha, justo abajo de donde ya había estado herida, y la punta de otro rasgaba la delicada piel de su cuello debido a su cercanía. Elsa estaba clavada y atravesada. Un par de hilos de sangre fluyeron de las comisuras de la boca de Elsa, mientras las lágrimas de dolor escapaban de sus ojos y se volvía más difícil respirar.
-Eso es todo, Elsa- dijo la otra Elsa, tomándola de la barbilla y obligándola a alzar la mirada- ¿eso duele? El dolor es mi regalo para ti… para que recuerdes lo débil que eres antes de morir-
Elsa no respondió. No podía pensar por el dolor. Solo sentir. Aún podía mover su pierna izquierda, que colgaba de su cuerpo casi sin fuerzas. Sus brazos estaban libres, pero no sentía suficiente fuerza para levantarlos. Su trenza deshecha y la capa de su vestido hecha jirones por los carámbanos que la atravesaron sin piedad.
Elsa recordó a Hans. A Anna. A Leo. A Kai y a Gerda. A todos en Arendelle. No volvería a verlos jamás. Ahora lo sabía. No podía sobrevivir eso.
-Adiós, Elsa- le dijo la otra Elsa con una sonrisa malvada- muere en paz. No te preocupes, me encargaré que tus… amigos te acompañen muy pronto-
Elsa iba a decir "no", pero las palabras no salieron de su boca. No podía moverse. Su vista se nubló tanto que cerró los ojos. Y fue entonces cuando lo escuchó.
Elsa, te estoy esperando…
"Hans…"
Elsa, no te rindas, creemos en ti…
"Anna"
Majestad, sabemos que puede hacerlo… mi niña, todo tu pueblo te está esperando…
"Kai… Gerda"
Elsa estiró las manos, apenas levantándolas lo suficiente para ponerlas justo bajo sus ojos. Abrió los ojos y vio a la otra Elsa, mirándola con curiosidad.
-No… te… dejaré…- dijo Elsa. La otra Elsa rió y volvió frente a ella, plantando su rostro justo frente a las palmas de Elsa.
-¿Y qué planeas hacer?- dijo la otra Elsa- en estas condiciones, lo único que puedes hacer es morir-
-Ellos me quieren- dijo Elsa- y yo los quiero a ellos…-
Dicho esto, un gran carámbano surgió de las manos de Elsa, atravesando la cabeza de la otra Elsa casi inmediatamente, quien cayó al suelo y desapareció. Una vez que pasó eso, los carámbanos que la atravesaban también desaparecieron, y Elsa cayó al suelo suavemente. Sonrió, aún con los ojos cerrados. Había ganado.
x-x-x
Elsa despertó igual que Leo, tomando una fuerte respiración, como si hubiera pasado mucho tiempo debajo del agua. Todos se sorprendieron al ver a Elsa mirándolos con curiosidad, mientras el cabello de la joven reina volvía a ser de su color original, y su vestido y sus zapatos regresaban a la manera que habían estado antes. Elsa, por su parte, los miró a todos, algo incómoda de que la estuvieran mirando mientras estaba ahí tirada en el suelo. Le llamó la atención que Merida le estuviera apuntando con su arco, pero Hans hizo que se olvidara de ella.
-¡Elsa!- exclamó Hans, rodeándola con sus brazos. Elsa se dejó abrazar, algo alarmada, pero sonrió, entendiendo lo que pasaba por la mente de Hans, y le regresó el abrazo. La había estado esperando, y lo necesitaba después de lo que acababa de pasar. Una vez que Hans dejó de abrazarla, la besó. La besó como si no fuera a volver a besarla nunca más. Elsa recibió contenta el beso. Lo había estado esperando y deseando desde que supo que tenía que pelear con la otra Elsa.
-Todo esta bien, Hans- dijo Elsa, apoyando su cabeza contra el pecho de Hans- aquí estoy contigo…-
-Oye, no la acapares, Hans, es mi hermana- dijo Anna, empujando a Hans para poder abrazar a Elsa también. Elsa sonrió y abrazó a Anna, para inmediatamente volver a tomar el brazo de Hans. Todos estaban a salvo.
Kai y Gerda sonrieron. Su peor temor se resolvió. Ferdinand se acercó y se inclinó ante ella.
-Reina Elsa, le aseguro que yo no tuve nada que ver en esto, al contrario, lamento que haya tenido que pasar por eso- dijo Ferdinand con tono mortificado- aún así, si cree que es lo mejor volverme a encerrar o entregarme a mi padre, lo aceptaré…-
Elsa sacudió la cabeza, y Leo le puso una mano en el hombro.
-Tranquilo, ya sabemos lo que hay que hacer…- dijo Elsa. Solo quedaba una cosa pendiente, y las dos jóvenes reinas sabían de que se trataba. Se miraron entre sí y sonrieron.
-Darle su merecido- dijo Leo.
-Por atreverse a meterse con nosotras- añadió Elsa.
Las dos chicas se levantaron. Elsa se arregló su trenza, y Leo se ciñó bien la bata a la cintura. Y entonces ambas se dirigieron a la entrada del castillo, seguidas por el resto. Eso sería, cuando menos, interesante de ver.
x-x-x
-Ya se han tardado- dijo Franz, con su atención enfocada en el castillo de Arendelle, esperando alguna señal de victoria- las reinas deben estar oponiendo resistencia-
-Es un retraso mínimo, Franz- dijo el rey Hardrada con seguridad, caminando en círculos en la cubierta del barco- ninguna de las dos será capaz de vencer a su lado oscuro, porque son demasiado débiles-
Franz no estaba tan seguro de ello. Había visto pelear a Elsa fieramente para salvar a su pueblo y ayudar a Hans. Y había visto a Leo proteger a Georg de sus ataques. No eran cualquier mujer débil. Pero su padre se refería a su incapacidad de lastimar a alguien o tener ambición haciendo sufrir a los demás.
Antes de que continuaran hablando, el fiordo se congeló alrededor del barco. El rey Hardrada miró aquello y se echó a reír.
-¡Está hecho!- dijo el rey Hardrada con una sonrisa malvada- la reina Elsa perdió, y en su lugar quedó la malvada reina de las nieves-
Dicho esto, comenzaron a temblar y crujir algunas vigas del barco del rey Hardrada.
-Y la reina Leo también perdió…- añadió el rey- hemos ganado. Arendelle y Oeste son nuestros…-
-Yo no estaría tan segura- dijo Elsa, presentándose sobre el barco frente al rey y a Franz, con copos de nieve surgiendo de sus manos. Junto a ella estaba Leo, con los brazos cruzados y una mirada amenazante, y detrás estaban Hans, Georg, Ferdinand, Anna, Kristoff, Rapunzel, Eugene y Merida, la última con su arco cargado con una flecha de metal.
El rey Hardrada las miró sospechosamente.
-¿No perdieron?¿ninguna de las dos?- dijo el rey, mirándolas alternadamente con incredulidad- ¡eso es imposible! Ambas son débiles…-
-Somos más fuertes que tú, Hardrada- dijo Leo.
Hardrada tomó su mazo.
-Eso lo veremos, niñas malcriadas- dijo el rey. Con un movimiento de su mano, Leo hizo que el enorme mazo saliera volando de sus manos y cayera del barco a la superficie del fiordo congelado. Elsa después congeló al rey de la cintura hacia abajo, incluyendo sus manos. Hizo lo mismo con el resto de la tripulación y con Franz.
-Seré bastante clara con usted, su majestad- dijo Elsa en tono sarcástico, acercándose al rey y amenazándolo con la mirada- inmediatamente tomará a su pequeña tripulación y se irá de regreso a su país de Troms. Y nunca ni usted ni Franz podrán volver a poner pie en Arendelle, bajo pena de muerte…-
-Tampoco en Oeste, bajo pena de muerte- añadió Leo.
-En caso de desobedecer nuestras órdenes, habrá consecuencias terribles para ustedes- añadió Elsa.
Tras esto, todos bajaron del barco, dejando al rey Hardrada, a Franz y a toda la tripulación congelada hasta la cintura. Elsa descongeló el fiordo, y creó una fuerte ventisca helada para sacar el barco del fiordo para que llegara mar adentro. Leo también usó sus poderes para sacar el barco del fiordo y dejarlo lo más lejos posible.
Una vez que éste se perdió de vista, sonrieron y se dieron la mano.
-Lo logramos- dijo Leo con una sonrisa.
x-x-x
Una vez que regresaron al castillo, Elsa se encontró todo el tiempo tomando el brazo de Hans, quien no permitió que la separaran de él ni un segundo, más que cuando abrazó a Kai y a Gerda.
-Anna me contó todo sobre como eran amigos de mi padre- dijo Elsa, pensativa- ¿porqué decidieron quedarse aquí en Arendelle?¿Porqué no en Oeste?-
Kai sonrió.
-Tu padre fue nuestro mejor amigo de la infancia- dijo Kai- y cuando tú naciste y comenzaste a manifestar tus poderes, nos quiso tener cerca para apoyarte por si ocurría algo similar que con la reina de las nieves-
Elsa sonrió y volvió a abrazarlos a ambos.
-Se los agradezco, no podría ser la reina que soy sin ustedes dos- dijo Elsa.
-Es un honor servirla como servimos a su padre, su majestad- dijo Gerda, y Kai asintió.
x-x-x
Habían pasado 8 meses desde los incidentes en Arendelle y en Oeste. Aquella mañana, las campanas de Arendelle sonaban con más fuerza que nunca. La gente se amontonaba para intentar entrar a la explanada del palacio, donde los sirvientes se apresuraban a colocar las banderas reales, y ya habían puesto largas mesas con pasteles y postres. Los músicos comenzaban a afinar sus instrumentos. Adornos se colocaban por todas partes, pétalos de flores blancas volaban de aquí para allá.
-Rápido, rápido, rápido…- decía Anna, jalando de la mano a Kristoff, para arrastrarlo de la entrada del palacio entre la gente hasta la entrada de la iglesia. Una vez que llegaron ahí, Anna le lanzó una mirada reprobatoria-¡Kristoff! Así no se usa esa corbata- sonrió- déjame ayudarte-
-Gracias- dijo Kristoff, apenado- aún no me acostumbro a vestirme como príncipe…-
Anna sonrió mientras le acomodaba la corbata. Una vez que quedó en su sitio, Kristoff se agachó para besar a su esposa en los labios y luego acariciar su crecido abdomen con una sonrisa. Pronto fueron alcanzados por Hans.
-Listo, llegué a tiempo- dijo el príncipe de las Islas del Sur-¿no ha llegado Elsa?-
Los dos sacudieron la cabeza.
-Cuando empiece a hacer frío sabrás que ya llegó- dijo Anna con una enorme sonrisa, después de lo cual miró fijamente a Hans, entrecerrando los ojos- y aprovecharé este momento para advertirte, Hans, que más te vale que…-
-Lo sé, lo sé, Anna- dijo Hans con una sonrisa. La abrazó, y después a Kristoff- lo haré. Gracias por todo, hermanos…-
Anna y Kristoff sonrieron, y Hans entró a la iglesia. No pasó mucho tiempo después cuando llegó Elsa, seguida de Kai y Gerda, así como un pequeño grupo de guardias. Elsa traía puesto un hermoso vestido blanco de hielo y nieve, y Gerda le había recogido el cabello hacia arriba, aunque dejó sueltos algunos mechones que enmarcaban su rostro. Como un toque final, tenía puesta su corona de reina de Arendelle.
-¿Lista, Elsa?- dijo Anna, ofreciéndole el brazo a su hermana.
-Lista, Anna- dijo Elsa con una sonrisa tranquila. Tomó el brazo de Anna y el de Kristoff, y los tres entraron a la iglesia. Finalmente había llegado el día en el que se iba a casar con Hans.
x-x-x
Al terminar la ceremonia, Elsa sonrió y tomó la mano de su esposo. Hans estaba muy nervioso, no estaba acostumbrado a ser el centro de atención. Nuevamente, tras ser el menor de 13 hermanos, la gente no solía fijarse. Los hermanos de Hans estaban presentes, todos sentados en una línea de la iglesia. Su hermano mayor, el príncipe heredero, que estaba sentado junto a su esposa, le mostró los pulgares con una sonrisa. Georg estaba sentado junto a Leo, Violeta y Jorgen en otra fila, y le dirigió a su hermano menor un guiño y una sonrisa tranquilizadora. Hans tragó saliva y se volvió a Elsa.
Elsa se veía hermosa, y le dirigió una sonrisa tranquilizadora, al tiempo que apretaba su mano para ayudarlo a calmarse. La reina hizo una seña a Kai, quien se acercó con la corona en un almohadón. Elsa sonrió y se acercó aún más a Hans.
-Sigue el momento que siempre has soñado, Hans- le dijo Elsa al oído en un susurro- estás a punto de ser rey-
-No, Elsa- le dijo Hans a su vez- el momento que siempre he soñado acaba de pasar, es el momento en que puse un anillo en tu dedo y convertiste en mi esposa-
Elsa lo besó y tomó la corona de oro en sus manos, indicándole a Hans que se arrodille. Así lo hizo, y Elsa le colocó la corona en la frente. Le dio la mano para ayudarlo a levantarse, y salió de mano de Hans de la iglesia, donde el pueblo los estaba esperando.
-Gente de Arendelle- dijo Elsa- les presento a mi esposo, el rey Hans de Arendelle-
Un fuerte aplauso, acompañado de gritos, hurras y fuegos artificiales se dejó escuchar. La gente amaba a su reina, y ahora amarían a su nuevo rey.
x-x-x
Después del festival en la ciudad, donde todo el pueblo tuvo oportunidad de mirar a la reina y al nuevo rey, los invitados especiales pasaron a la sala de bailes dentro del palacio. Entre los invitados más distinguidos estaba Merida, que estaba intentando enseñarles a algunos de los príncipes de las Islas del Sur como ensartar 7 manzanas con la misma flecha con un solo tiro de su arco, y por supuesto dejándolos asombrados. Anna había hecho que Leo se sonrojara cuando le preguntó que cuando se decidiría a casarse con Georg. Éste solo rió, y Kristoff miró la escena divertido. Violeta y Jorgen bailaban muy a gusto, lejos de la mirada aún reprobatoria que les dirigía madame Hilda.
Desde que aquella aventura había terminado y Georg había vuelto con Leo a Oeste, la joven reina se convirtió en la favorita de madame Hilda, a diferencia de Jorgen a quien ahora trataba con desdén por haberse casado con una plebeya. A ninguno le parecía muy importante de todas maneras.
A Leo le llamó la atención ver a varios de los hermanos de Hans y Georg rodeando a Merida, y se dirigió al último.
-Georg, ¿porqué tus hermanos están poniendo tanta atención a Merida?- preguntó la reina de Oeste.
-Oh, por nada, solo escucharon que era la princesa mayor de Escocia, y que no estaba casada- dijo Georg con una sonrisa. Leo lo miró, alarmada.
-Sí sabes que Merida no desea casarse, ¿verdad?- dijo Leo.
-Yo sí- dijo Georg- pero ellos no lo saben- y se echó a reír, haciéndola reír también.
También habían asistido Eugene, Rapunzel y sus padres, los reyes de Corona. La reina de Corona era la única familiar viva de Elsa y Anna. Bueno la única familiar no-malvada que tenía. Y la reina de Corona parecía encantada de ver a su sobrina tan feliz.
Ferdinand también estaba como invitado en la fiesta. Miraba a su alrededor con nerviosismo que iba en aumento, como si esperaba que alguien lo juzgara o le dijera algo negativo. Leo se acercó a él.
-Su majestad- se inclinó Ferdinand.
-Su alteza- dijo la reina Leo, inclinándose también.
-Me temo que ya no ostento ese título, su majestad- dijo Ferdinand con tristeza- he sido desheredado por mi padre, y aquí soy solo un hombre que fue un enemigo, del que todos esperan que vuelva a tropezar-
Leo sacudió la cabeza.
-Jamás podré pedirle perdón de manera suficiente por haberla lastimado, su majestad- dijo Ferdinand, señalando la cicatriz de quemadura que tenía Leo en su mano izquierda- jamás podré pedirle suficiente perdón por haber ayudado a… contribuido en lo que…- y se interrumpió varias veces, hasta que lo pudo decir- la muerte de Edvard fue mi culpa también, y sé que jamás seré perdonado por eso-
Leo le puso una mano en el hombro.
-Te perdono- le dijo en voz baja- y creo que deberías perdonarte tú también, para que disfrutes lo que tienes gracias a tu cambio de corazón. Mira- señaló a una chica rubia con su cabello corto alborotado, recogido hacia atrás con una diadema. Ferdinand le puso atención. La chica lo había estado mirando, pero se sonrojó y desvió su mirada al fondue de chocolate- creo que ella te quiere conocer- y guiñó un ojo.
-Gracias, Leo- dijo Ferdinand. Ella sonrió y volvió a tomar el brazo de Georg.
Sonaron las trompetas.
-Atención- anunció Kai- la reina Elsa y el rey Hans de Arendelle-
Elsa y Hans entraron de la mano, riendo. No pasó desapercibido que algunos de los hermanos de Hans lo miraron con envidia, no solo por haber alcanzado a ser rey, sino por haber conseguido estar con una mujer tan hermosa como Elsa.
Elsa sonrió y apretó la mano de Hans para invitarlo a bailar, y solo se interrumpieron cuando Elsa vio a su hermana un poco cansada.
-Anna, deberías descansar- dijo Elsa- pronto vas a ser madre, y no deberías…-
-Ya, ya, Elsa- dijo Anna- ya me voy a sentar…- la joven princesa se arrastró a una silla, seguida de Kristoff, Elsa y Hans. Una vez que llegó, Anna se dejó caer en la silla y se acarició el abdomen- vaya, pequeño, tienes una tía muy mandona y regañona…-
-Por algo es la reina- dijo Hans, besándola en la mejilla muy cerca de la comisura de sus labios. Elsa cerró un ojo y sonrió.
-Nuestra familia ya está feliz y completa- dijo Anna, sonriendo al ver a los otros tres.
-Por ahora- dijo Elsa, sonriendo.
x-x-x
Una vez que terminó la fiesta y todos los invitados se fueron a dormir, por fin los nuevos esposos se quedaron solos en la habitación principal del castillo. Hans se quitó la camisa y se dejó caer sobre la cama. Elsa se había metido al cambiador a quitarse el vestido, y salió de él con su cabello hecho una larga trenza en su espalda y traía puesto un hermoso camisón azul.
-Mi reina…- dijo Hans, sentándose sobre la cama, alzando las cejas con una sonrisa al verla. Vaya que se veía hermosa.
-Mi rey- dijo ella con la misma sonrisa, acercándose a él.
Hans la sentó sobre su regazo y, apenas se hubo acomodado, comenzó a besar sus labios lleno de amor y de pasión, que su nueva esposa recibió y devolvió de la misma manera. Mientras se besaban, Hans se dejó caer hacia atrás, boca arriba, atrayendo a Elsa hacia sí, quien quedó encima de él. Cuando separaron sus labios, los dos se miraron a los ojos y sonrieron.
-¿Ahora podemos?- preguntó Elsa, con una sonrisa traviesa.
-Ahora podemos- dijo Hans, devolviéndole la sonrisa. Vaya que se veía hermosa y adorable con esa particular sonrisa traviesa. Elsa se giró y apagó la vela en la mesita de noche del lado derecho, y Hans hizo lo mismo con la del izquierdo. Una vez que quedaron a oscuras, se dejaron llevar y tuvieron la mejor noche de sus vidas hasta ese momento. Y las siguientes noches prometían ser mucho mejores.
x-x-x
FIN
x-x-x
Hola! Listo! Espero que quienes esperaban un final feliz y empalagoso, se hayan visto satisfechos. Tengo un par de ideas para una continuación (si se fijan, quedaron unos temas pendientes) pero tendría que consultarlo con la almohada. Si se me ocurre algo bueno ya se darán cuenta. Muchas gracias a todos por sus reviews! Espero que lo hayan disfrutado (eso es lo importante) y nos leemos pronto.
Abby L.
