Sorpresa

Para tratarse de la casa de la familia Osakada todo estaba relativamente tranquilo, pensó Sakuno, quien se encontraba parada frente a una ventana abierta, en la habitación de su mejor amiga.

Si cerraba los ojos incluso podía imaginar, gracias a la ocasional ráfaga de viento, que se encontraba en un parque al aire libre, sentada bajo la sombra de un árbol mientras varios niños pequeños jugaban cerca sin molestarla, a pesar de que le insistían a su hermana mayor que jugase con ellos casi que a gritos...

—¡Dije que no! —La voz de Tomoka la sacó de su ensoñación.

Sakuno giró su cabeza en su dirección y abrió los ojos justo a tiempo para ver cómo Tomoka cerraba la puerta tras ella con una velocidad que, sin duda alguna, había adquirido gracias a la costumbre.

—Esos niños —se quejó Tomoka al tiempo que dejaba una bandeja sobre su escritorio—. ¿Cuándo van a entender que no puedo estar todo el día cuidándolos?

—Ellos simplemente te quieren —aseguró Sakuno con una sonrisa, alejándose al fin de la ventana.

—Querrán matarme —bufó Tomoka, y sin más le alcanzó unos de los platos que había llevado consigo, el cual contenía dos pedazos de sandia.

Agradeciendo en voz baja, Sakuno tomó el plato y se sentó en la cama de Tomoka, siendo imitada momentos después por su amiga.

—Son sólo niños —insistió Sakuno a pesar de que normalmente no defendía tanto a los hermanos de Tomoka. Ella, al fin de cuentas, también había sido victima de la energía ilimitada que los pequeños parecían tener.

—Estás de muy buen humor —señaló Tomoka en lugar de seguir con el tema de sus hermanos. Sakuno, quien acababa de darle un pequeño mordisco a la fruta, le dedicó una mirada confusa; ella estaba como siempre—. ¿Pasó algo bueno? —preguntó Tomoka, ignorando la expresión de Sakuno.

—No realmente.

—Eso sonó sospechoso. —Tomoka entrecerró sus ojos y se quedó mirando a su mejor amiga fijamente, causando que Sakuno comenzase a sentirse incómoda.

Conocía a Tomoka lo suficiente como para saber lo persistente que podía ser cuando su curiosidad despertaba, especialmente si se trataba de algo referente a alguno sus ídolos o de su mejor amiga, y ese era el puesto que Sakuno ocupaba.

—En serio no ha pasado nada... —murmuró con esperanzas de que eso bastase para frenar a Tomoka, cosa que no sucedió.

—¿Ryoma-sama escribió? —preguntó Tomoka, dejando a un lado su plato. Sakuno negó con su cabeza, por lo que Tomoka siguió tratando de averiguar adivinando—. ¿Alguien se te declaró? ¿Ganaste algo? ¿Te dieron un regalo? —Tomoka se detuvo a tomar aire y pensar. Sakuno sabía que debía aprovechar esa pausa para interrumpirla, pero antes de que pudiese abrir la boca, Tomoka continuó—: ¿Pasó algo ayer, en los partidos? —Sakuno parpadeó.

—¡Eso es! ¡Ayer! —exclamó Tomoka—. ¿Qué pasó ayer, Sakuno?

A Sakuno le tomó varios segundos recordar el día anterior y a duras penas pudo contenerse de gritar un «¡Eh!» al comprender. Era un misterio cómo su amiga sabía, a pesar de que no le había dicho nada, mas conciente de que ahora que tenía pruebas de que sí había sucedido algo, Tomoka no la dejaría hasta saber todo, decidió contarle de su encuentro con Kintarou.

—¿Ves? —dijo Sakuno al terminar su relato, en un intento por restarle importancia al asunto—. No es nada especial... —Pero Tomoka ignoró su comentario.

—Debí haberme escapado e ido —murmuró Tomoka para sí misma antes de volver a poner su atención en Sakuno—. Ese "Tooyama" suena como alguien interesante, pero no tengo idea de quién es —diciendo esto, ella estiró sus brazos y dejó caer su espalda sobre la cama.

—Esto... ¿recuerdas los videos de Shitenhouji? —trató Sakuno, recordando vagamente que Tomoka le había pedido las grabaciones de todos los juegos de Seigaku a los que no había podido asistir.

—¿Los partidos de hace dos años que no pude ir a ver?

—Sí. ¿Recuerdas al oponente de Ryoma-kun? —El silencio que llenó repentinamente la habitación fue toda la respuesta que necesitaba. Sakuno no sabía si sentirse aliviada o no de esto. Si su amiga no lo recordaba, no tardaría en llenarla de preguntas y si lo hacía...

—¡Ah! —exclamó Tomoka de repente, sentándose de nuevo en un impulso, tomando por sorpresa a Sakuno con ello—. El niño mono.

—¿Mono? —preguntó, sin entender de qué hablaba.

—Sí, ya sé quien es —dijo con impaciencia Tomoka—. ¿Y? —Sakuno sentía que, de alguna forma, habían cambiado de tema y ella no se había dado cuenta de cuándo había sucedido tal cosa. Como si hubiese notado la confusión de su amiga, Tomoka inquirió usando el mismo tono impaciente que usaba con sus hermanos menores—: ¿Cuándo se van a volver a ver?

—No lo sé... —susurró Sakuno tras de varios segundos, sintiéndose avergonzada y sorprendida por partes iguales. Antes de que Tomoka le preguntase al respecto, no había caído en cuenta de que, a pesar de la promesa, no habían definido nada.

—Entonces —tanteó Tomoka con un tono de voz más suave—, ¿sabes en qué hotel se está quedando? —Apartando su mirada, Sakuno negó con su cabeza—. Tienes... ¿su número de celular? —Esta vez Sakuno ni siquiera intentó contestar.

Sus ocasionales despistes eran cosa de todos los días, mas estar conciente de ello no la ayudaba a evitarlos. Sakuno bajó su cabeza, esperando un regaño de parte su mejor amiga por su descuido; pero este nunca llegó.

—No te preocupes, Sakuno —fue lo que dijo Tomoka luego de un rato, consiguiendo que Sakuno alzase su rostro nuevamente—. ¡Te ayudaré a encontrarlo!

Esas no eran las palabras que Sakuno esperaba, por lo que el asombro le impidió reaccionar de inmediato y en silencio vio como su amiga se levantó, aparentemente sumida en sus pensamientos.

Sakuno estaba agradecida de que Tomoka se preocupase por ella, mas no quería darle más problemas de los usuales; al fin de cuentas, estaba segura de que Tomoka no dudaría en llamar a todos los hoteles de Tokio si era necesario.

—To-Tomo-chan... —consiguió decir, rogando que sus palabras consiguiesen atraer la atención de Tomoka. Al ver que así fue, continuó—: Sólo tengo que averiguar cuándo es el próximo partido de Shitenhouji.

—Es cierto, pero... —Tomoka no parecía muy convencida, por lo que Sakuno añadió:

—Esta noche le preguntaré a mi abuela.

Esto pareció funcionar, ya que Tomoka se sentó de nuevo, suspirando. Aun así Sakuno conocía a su amiga lo suficiente como para saber que tarde o temprano volvería a insistir, por lo que en un intento por cambiar de tema le preguntó por Horio.


Ya era de noche cuando Sakuno se despidió de Tomoka, no sin antes prometerle que lo primero que haría al llegar a casa sería averiguar sobre los próximos partidos.

Eso había conseguido que Tomoka se tranquilizara e incluso que ella misma se alentase después del decepcionante descubrimiento de que, a pesar del regocijo que le había causado la idea de volver a ver a Kintarou, no había hecho nada para realmente encontrarse con él de nuevo.

Al menos en esta ocasión el error no era tan grande, se consoló a sí misma. Esta vez podía corregirlo antes de que fuese demasiado tarde y esforzarse, como siempre, para no repetirlo.

Con esto en mente, Sakuno llegó a su hogar y en cuanto entró se dio cuenta, debido a las luces prendidas, de que se abuela ya se encontraba allí.

—Estoy en casa —anunció, cerrando la puerta tras ella con una mano al tiempo que guardaba nuevamente sus llaves.

—Oh, Sakuno. Llegas tarde —saludó Sumire desde alguna parte del primer piso—. Tu visita ha estado esperándote.

—¿Visita? —expresó Sakuno con confusión. Distraídamente notó que junto a los zapatos tenis de su abuela había un par más, confirmando las palabras de la profesora de Seigaku.

No tuvo tiempo para preguntar de quién se trataba, ya que mientras se ponía sus pantuflas, una despeinada cabeza pelirroja se asomó por la puerta de la sala.

—¡Tooyama-kun! —exclamó.

Continuará...


Notas: ¡Hola de nuevo!
Muchas gracias a todos por los reviews en el capítulo pasado, me alegraron mucho, cosa que me ayudó a obligarme a salir del pequeño bloqueo que tuve y así terminar este capítulo antes de que pasaran dos años. Por cierto ¿qué les pareció? Como siempre estaré esperando sus comentarios.

Hasta el próximo capítulo.
-Nakuru Tsukishiro.