Nuevo capitulo! espero que puedan perdonar el atraso! Ojalá que les guste!

:D

Gracias a las personitas que me dejaron review en el ultimo capitulo y que me dieron el animo para seguir escribiendo :)


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No fue sino hasta dos meses después de conocer a Alfred F. Jones que las cosas para Arthur comenzaron a ponerse realmente raras.

Lo había comenzado a sospechar cuando Robert Turner, un colega de Francis, lo invitó a su casa después de una fiesta. Arthur aceptó con una vacilación inusual, pero estaba lo suficientemente ebrio como para no detenerse a reflexionar la razón. Ahora, lo realmente extraño sucedió cuando dos horas más tarde gimió el nombre de Alfred mientras follaban. Robert Turner lo consideró divertido, y prosiguió a hacer lo mismo, con el nombre de otro tipo.

A la mañana siguiente, Arthur se recostó en el sofá de su departamento mortificándose y destruyéndose la mente tratando de descubrir por qué mierda no pudo sacarse a Alfred de la mente mientras se lo tiraban.

El hecho de que su hermano folló en ese mismo sofá pocos días atrás no lo ayudaba en absoluto.

Agotado y con una resaca que mataba, decidió retomar la lectura de la ridícula novela de romance barato que Francis le había regalado a modo de broma.

Curiosamente esto tampoco ayudó.

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-Necesito un favor.

Su querido hermano Peter lo miraba con ojos falsamente desinteresados mientras dejaba caer una caja de cereal al carrito de compra. Esa frase nunca era buena cuando se trataba de alguno de los hermanos Kirkland. Arthur siguió empujando el carrito hacía el siguiente corredor, revisando su lista e ignorando a su hermano.

-Falta el atún. ¿Dónde está la sección de enlatados?

-¿Me escuchaste?

-Joder, este lugar es un laberinto.

-¡Arthur!- gritó finalmente su hermano, parándose frente al carro e impidiéndole moverlo.

-Oh, ¿quieres un favor? ¿Qué tal el favor de ir a comprarle la píldora a tu novia, eh? ¿Por tercera vez? ¿Qué tal eso como favor, Peter?

Peter ni siquiera se dignó a mostrarse avergonzado. Arthur había dejado pasar de lado el incidente del sofá, pero descubrirlos dos veces más en la semana siguiente, ambas sin usar protección era cruzar un límite en la fina paciencia del mayor.

-¿No vas a escucharme?

Arthur siguió ignorándole y soltó un frustrado gruñido de alivio cuando encontró la sección de enlatados. Lanzó tres latas de atún y se encaminó a sacar la leche.

-Vale, te lo diré de todas formas. La directora de mi escuela te citó mañana a las nueve para discutir de mi aparente ´´falta de respeto al personal docente´´- dijo con una voz tonta al final, como si la razón de su castigo fuese una absoluta estupidez. Además, Arthur no iba a molestarse por algo como eso, ¿verdad?

Oh, cuan equivocado estaba.

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-Vamos, mon ami, que tú a su edad eras mucho peor.

Enfurecido, Arthur había ido a la plaza del centro después de escuchar las noticias de Peter y se había encontrado de pura casualidad con sus tres colegas que jugaban distraídamente a las cartas tirados en el césped.

-Si ¿no recuerdas cuando te suspendieron una semana entera por dejar a ese chico en el hospital?- Dijo Antonio con humor, recordando los viejos tiempos en los que los cuatro infundían el terror en el liceo. Arthur era tranquilo cuando se le dejaba solo y se contentaba con poco, no hacía falta más que un libro y algo de vodka que tomaba discretamente de una botella de agua -estúpidamente, como si los profesores no se diesen cuenta- para que no hiciera problemas. Pero provocado, o simplemente cuando se dejaba llevar por el ánimo de Antonio, Gilbert y Francis –o el Mal Trio, como los apodaron infantilmente sus compañeros- era capaz de joderse a la secundaria entera.

-Jimmy Shumway era un completo imbécil y nadie puede culparme por ello. Además, vale, no seré el mejor ejemplo de buen comportamiento, ¿pero está mal querer algo mejor para mi hermano? A este paso será padre a los dieciséis. Yo jamás corrí ese riesgo.

-Por supuesto que no. Eres gay.

-No es el punto, Gilbert, gracias. El punto es que mi hermano es un idiota y no me deja ayudarle. Mañana tengo reunión con su directora y no tengo tiempo para esa mierda.

-Vaaale, señor Ocupado. No tienes tiempo. Ok. No recordaba que estuvieras la agenda tan copada, con eso de no tener empleo y literalmente vagar todo el día.

Francis sonrió crípticamente

-Toño, mi querido amigo, ¿no ves que nuestro pequeño Arthur no está ocupado con algo, sino con alguien?

Antonio y Gilbert abrieron mucho los ojos y observaron a Arthur.

-Ahora que lo dices…

-¡…Tienes razón!

-¿De qué mierda hablan?- dijo Arthur molesto, frunciendo el ceño.

-Si, si, lo veo absolutamente. ¡Ahora todo tiene sentido!- Dijo animadamente Antonio y Gilbert le siguió, riéndose con su risa extraña.

-Alguien llegó al corazón del cejón, ¡quien se lo hubiera imaginado!

-No sé que están diciendo, pero no tengo tiempo para esta idiotez- dijo Arthur, levantándose.

-Si, ya sabemos, estás ocupado con el hombre misterioso. ¿Cuál es su nombre? –Arthur pateó a Francis en el costado de su torso y luego se puso a caminar, de pronto sumido en pensamientos confusos.

¿Que alguien había llegado a su corazón? ¿Pero qué estupidez estaban hablando? Sin embargo, a pesar de su confusión, la imagen de Alfred le llegó de inmediato a la mente, como no había dejado de hacerlo en los últimos días. ¿Qué podía significar? ¿Estaba cayendo por Alfred? En realidad, eso era lo lógico que debía pensar, pero como jamás había experimentado algo parecido casi había llegado a aceptar que quizas nunca le pasaría. Que nunca estaría atraído a alguien de manera que no fuera únicamente sexual, sino también romántica. Eso sucedía con algunas personas, por lo que no encontraría extraño que fuera también su caso. ¿Pero entonces por qué no podía dejar de pensar en Alfred? ¿Por qué no podía dejar de pensar en el sonido de su risa, en lo honesto de su mirada y en lo cálido de sus manos? ¿Por qué no dejaba de pensar en la manera despreocupada como caminaba, y en como siempre expresaba al máximo sus sentimientos?

Arthur ya sabía que le había llegado a tener cariño a Alfred, pero jamás pensó que llegaría a este punto y eso, esta nueva perspectiva, lo aterraba.

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Arthur Kirkland estaba desesperado. Había comenzado a trabajar un mes atrás, pocos días después de la terrible reunión con la directora de Peter, en un restaurante de comida mexicana como mesero. Le había llegado la primera paga, pero ahora no podía encontrar el cheque por ningún lado y ya no les quedaba casi nada de comida ni papel higiénico. Revisó frenéticamente debajo de los cojines del estúpido sofá y luego debajo de este, pero no estaba.

-¡Peter!

Peter Salió despreocupadamente de la cocina comiéndose un pan solo.

-No hay comida. Solo hay pan.

-Lo sé, lo tengo bastante claro, pero no puedo encontrar el maldito cheque. ¿Lo has visto? Ayúdame a buscarlo, enano.

-Que idiota eres. ¿Cuándo te lo entregaron?- preguntó Peter, con la boca llena de pan y mirando bajo la horrible alfombra azul.

-¿Yo soy el idiota? ¡Al menos hago algo para conseguir dinero!

-¡Si, y luego lo pierdes! ¡Y tú eres el que me obliga a ir a la escuela!

-¡Al menos así haces algo productivo con tu vida, imbécil! Y podrías aprovecharlo, vendiendo golosinas en tu liceo o alguna mierda así, que puedes ganar dinero igu…- de pronto un pensamiento horrible le vino a la mente, cortándole la palabra a medio camino. Pensando en la pregunta de Peter, el cheque se lo habían entregado hace cuatro días. El mismo día en que había visitado a Alfred por primera vez en un mes.

-Mierda, estúpido, te quedaste pegado. ¿Finalmente enloqueciste por completo?

-Cállate, imbécil. Ve a hacer tus deberes o algo, ya sé dónde está el cheque- dijo Arthur con un hilito de voz, para luego sentarse en el sofá.

Luego de su revelación, un mes atrás, había decidido dejar de ver a Alfred por un tiempo, a ver si se le pasaban estos nuevos sentimientos, pero cuando puso en práctica su teoría, acordando verse cuatro días atrás, se dio cuenta que era aún peor que antes. Un sentimiento cálido se apodero de su pecho todo el tiempo que estuvieron junto, y Arthur se reconoció feliz. Luego de ese día, había decidido no volver a verlo jamás.

La explicación de esto era muy clara para él: Habiendo vivido toda su vida de una manera, cambiarla tan repentinamente era aterrador. Tampoco le gustaba el sentimiento de vulnerabilidad que venía con depender sentimentalmente de una persona. ¿Y si Alfred no sentía lo mismo? ¿Y si comenzaban a salir y todo era horrible? ¿Y si terminaban de una manera terrible? La gente se jodía por cosas así, y él no estaba dispuesto a pasar por lo mismo.

Y ahora resultaba que tenía que volver a verlo.

Pero es que como podía ser tan imbécil. De seguro que el cheque se le había caído cuando se sacó los pantalones o algo así. Mierda. ¿Seguirá allí? Alfred no lo había llamado, quizás se lo quedó. Aunque no parecía el tipo. De seguro que, siendo tan despistado como era, ni siquiera lo había visto.

Arthur le envió un mensaje sin detenerse a pensar, pues de otra manera se arrepentiría y realmente necesitaba ese dinero, avisándole que iría en ese mismo momento. Alfred era de estas personas que no se despegan del celular, por lo que consideró el mensaje como recibido y visto.

Agarro una sudadera grande que no recordaba de adonde había salido, y se encaminó a casa de Alfred.

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Espero que les haya gustado!

Siempre digo esto, pero esta vez es enserio, tengo tantas ideas que el nuevo capitulo lo tendré listo pronto, pasé por momentos de bloqueo y además he estado muy ocupada, pero ahora tengo tiempo!

Me gusta mucho escuchar de ustedes, así que si pueden dejar reviews seria absolutamente genial!

Los quiero, Gracias por leer, cuidense! :DDD