Hola de nuevo! espero que les guste este capitulo! Debo decir que este es uno de mis favoritos, espero que disfruten leyendo tanto como yo escribiendo. Es además un poco más largo que los anteriores como disculpas por la espera.

Advertencias: sexo drogas y alcohol. Bueno, no en realidad, solo alcohol, los otros dos son más bien insinuaciones o simple mención.

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Arthur estaba tan sumido en sus pensamientos –que como ya hemos visto, sucede bastante a menudo- que no reparó durante los diez minutos de caminata en el mensaje que Alfred le envió.

Subió las escaleras hasta el tercer piso, y se plantó frente la puerta del departamento del otro. Tras dos minutos de vacilación, tocó la puerta firmemente. Pasaron varios segundos en los que nadie contestó y volvió a tocar. De nuevo nada. ¿Quizás no estuviera en casa? Gritó su nombre y apoyó la oreja contra la madera para escuchar. En ese mismo momento -como le solía pasar- la puerta se abrió de par en par, y con la visión que lo recibió su boca también.

Alfred estaba desnudo de la cintura para arriba, con los pantalones a medio abrochar y con el cabello absolutamente desordenado. Adentro, un hombre estaba sentado en el sofá en la misma condición. Arthur sintió una presión horrible en el pecho y sintió que toda la sangre huía de su cuerpo.

Decidió que detestaba los sofás.

Entonces, algo aún más jodido sucedió.

-¡Artie!- alguien lo llamaba a sus espaldas. Al girarse, vio a Alfred caminando hacia el con bolsas de supermercado.

Pero que…

Miró rápidamente al primer Alfred y luego al segundo. Su cerebro dio una voltereta. Que mierda. Volvió a mirar al primero y repitió esto un par de veces, sin lograr entender.

-¡Artie, veo que conociste a Matthew!- dijo el segundo Alfred con una gran sonrisa, claro, como a él no se le estaba viniendo el mundo encim…¿Matthew?

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-No sé por qué reaccionas así, ya te había dicho que tenía un hermano.

-Sí, un hermano, no un gemelo idéntico, idiota.- Le respondió Arthur, mirando a Alfred con cansancio desde la otra esquina de la mesa.

Mirando al gemelo con mayor detención y sin el factor de la sorpresa, se daba cuenta que tenían diferencias innegables. Matthew era menos fornido, no tenía el tatuaje en el brazo ni expansión en las orejas – aunque sí tenía un arete- y su cabello era ligeramente más claro.

Matthew volvió silenciosamente y le depositó una taza de té frente suyo. ¿En qué momento fue a la cocina? Joder, ya no juzgaría a Alfred cuando le mencionaba lo desapercibido que podía pasar su hermano.

-No es mi culpa que no hayas visto el mensaje que te envié.-dijo Alfred en un puchero infantil.

Revisando su celular, Arthur vio el mensaje de Alfred, donde, efectivamente, le avisaba que había salido a comprar y su hermano lo recibiría. Frunció el ceño.

-…No me llegó.

-¿Enserio?- Alfred miró su celular- Acá aparece que sí lo recibiste.

-Bueno, pero no me llegó.

-Pero…

-¡Alfred!- ambos se giraron a ver Matthew, que en algún momento se había sentado junto a ellos. Al parecer llevaba un buen rato tratando de captar su atención.-Me tengo que ir, mi cita debe estar aburrida de esperarme en su auto. ¿Nos vemos el próximo miércoles?

-¡Claro! Adiós, hermanito.- Matthew abrazó lo abrazó.

-Hasta otra, Arthur- dijo con una sonrisa, saliendo del departamento.

-Chao, Marvin.- Cuando la puerta se cerró, Alfred se puso a reír.

-Matthew.

-¿Qué?

-Mi hermano se llama Matthew, no Marvin.- Arthur se puso rojo de vergüenza- No te preocupes, a mí siempre me pasa, y a mis padres. En realidad todo el mundo olvida su nombre.

-Mierda, ahora me siento peor. ¿Y cómo puede ser que tu gemelo también sea gay? Eso no es posible.

-Oh, Matthie no es gay.

-Pero…

-Sale con gente sin importar su género. ¿Cómo se llama eso? Me dijo pero lo olvide. Pero da lo mismo, no creo que hayas venido para hablar de la orientación sexual de mi hermano.- Alfred se puso serio, algo increíblemente inusual en él. Se había dado cuenta del cambio de actitud de Arthur –no era tan distraido… siempre- y suponía que esta visita tenía algo que ver con ello.

¿Para qué había venido? Oh, claro.

-Estoy buscando mi cheque.-Alfred pestañeó- Creo que se cayó cuando vine la última vez.

-Uh… no lo he visto. Quizás esté bajo mi cama, porque tengo mucha mierda que se acumula allí. Espera, lo voy a buscar.

Arthur se sentó en el sofá y, observando detenidamente una mancha rara en el techo, tomó una decisión. Impulsiva, claro, pero decisión al fin y al cabo.

-¡Hey Artie, encontré tu papel!

Arthur se levantó de golpe.- ¿Dónde estaba?- preguntó mientras lo recibía, tratando de pasar por desinteresado, como si no hubiese estado a punto de llorar por el cheque momentos atrás.

-Bajo la caja de la pizza que compré anteayer.-dijo con una sonrisa aliviada. Qué raro, pero si era Arthur quien encontró lo que buscaba, no Alfred.- ¿Eso es todo? Por un momento pensé que venías por…-Arthur lo cortó.

-No. Ya no nos podemos seguir viendo.- a Alfred se le cayó el rostro por un segundo, pero volvió a la normalidad enseguida. Arthur continuó.

-Ya sé que no es como si tuviéramos una cosa seria. E-es decir, ¡por supuesto que no era nada serio, jamás pensé que sí! Pero quería dejarlo claro.

Pasaron unos momentos en completo silencio, en los que Arthur observó con intensidad la pared blanca, rehusándose a ver al otro a los ojos directamente, de pronto asaltado por una timidez impropia en él y tratando de pasar desapercibido. Entonces, Alfred rió con tranquilidad.

-Está bien, hombre. No hay problema. ¿Te pusiste nervioso? Joder, ¡eres adorable! Ah, disculpa, ya no te puedo decir eso. Nunca me has dejado en realidad. Aunque debo admitir que extrañaré lo que tuvimos, nuestras noches apasionadas- dijo, lo último con voz de burla y un guiño de ojo. A Arthur se le trabaron las palabras. No sabía que esperar, pero no era esto.

-¿Arthie? ¿Estás bien?-preguntó agitando su mano frente la cara de Arthur- Um, ¿pero vamos a vernos alguna vez?- y luego agregó rápidamente- Porque creo que te has llevado un par de camisetas mías.

Arthur cerró los ojos por un segundo, tratando de ignorar todo lo que sentía para salir de ese lugar con dignidad –o la que le quedara, que no era mucha-

-No tengo ropa tuya. ¿Y no escuchaste lo que acabo de decir? No nos podemos seguir viendo.

-Oh, pensé que era solo en cuanto a…

-En cuanto a todo, Alfred.- Arthur suspiró y se dio media vuelta- Tengo que irme.

-Espera, te abro la puerta.- fue a la entrada, pero el otro se le adelantó.

-No es necesario, puedo abrirla yo- dijo cortante, pero cuando intentó hacerlo, la manilla no giró. Mierda, había olvidado que esa puerta se abría a llave. Alfred introdujo la llave, afortunadamente sin comentar nada, y lo miró algo incómodo.

-Uh, entonces, ¿adiós?

Arthur lo miró por unos segundos.

-Adiós, Alfred.

Y salió del departamento.

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Arthur no despegó los ojos del suelo de camino a su departamento. Era todo muy confuso. En primer lugar, ¿por qué reaccionaba de esa manera cuando era él quien tuvo la iniciativa de terminar? Ya no se reconocía.

La actitud de Alfred también lo dejó boquiabierto. En lo que se conocieron, Arthur se dio cuenta rápidamente que el otro distaba mucho de ser frio, de ser desconsiderado en cuanto a las demás personas. Claro, era bastante despistado y muchas veces no se daba cuenta de lo que sucedía a su alrededor ni lo que sentían los demás, pero tenía un corazón como de los que Arthur jamás había conocido, por cursi que sonara –y vaya que sí lo era- Por lo que su reacción era, por decirlo de alguna manera, desconcertante.

¿Quizás él ya tenía pensado en terminar? Alfred no parecía de los que se guardaran algo para sí mismos, pero todo tendría sentido si ese fuese el caso. Jamás pensó en Arthur como este pensaba en él y ya se había aburrido. Un hombre como él podría tener a cualquiera, ¿por qué estaría con alguien que no puede mantener un empleo ni a su propio hermano menor? El autoestima inquebrantable de Arthur Kirkland parecía estar tambaleándose, y eso no le gustó en lo más mínimo.

O quizás simplemente ni siquiera estaba considerando terminar. Quizás lo que tenía con Arthur ni siquiera le importaba lo suficiente como para detenerse a pensar en eso.

Quiso odiarlo. También quiso tener alguna experiencia previa que le ayudase en esto, pero estaba absolutamente perdido.

También se dio cuenta que no dejaba de decir la palabra ´´terminar´´´, cuando en realidad no habían tenido nada oficial. Joder, que complicadas son las cosas cuando quieres a alguien.

Introdujo la llave en la cerradura, pero no la giró. Observó la puerta de su departamento por unos momentos, para luego darse media vuelta y salir del edificio.

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En esta vida, existen las decisiones malas, las decisiones peores y esas decisiones terribles que lamentarás por el resto de tu vida. Y por sobre estas, están aquellas que haces cuando estas despechado y con el corazón roto.

Arthur se miró en el espejo del baño y se palmeó la cara con fuerza, sonriendo distraídamente al no sentir nada. Apagó las luces y se sentó en la tapa del inodoro, maldiciéndose instantáneamente. Ahora no veía en absoluto. Que idiota. ¿Por qué hizo eso? Se dijo a sí mismo en voz alta –o eso le pareció- es porque estás ebrio, imbécil. Se levantó con dificultad y tanteó la pared buscando la puerta. ¡No estaba por ningún lado! Espera, ¿seguía tocando la pared? No, eso era el lavamanos. Se echó a reír. ¿Dónde había dejado la botella? Mierda, estaba afuera. Junto con la hierba de Francis. ¿O ya se había acabado? ¿Había fumado siquiera? Umm no. Francis compró una cantidad patética y se la había fumado antes de llegar. ¿Y la de Antonio? Si no, de seguro que alguien más tendría. Aunque la fiesta ya llevaba tres horas… quizás a nadie le quedaba. Joder, ¿Dónde estaba la puerta? Eso le pasa por no comprar la suya, y eso que le había sobrado algo de dinero. ¿Dónde estaba su celular? Se pasó la mano por el bolsillo, y luego casi un minuto de procesarlo, se dio cuenta que no estaba. Mierda. ¿Se lo habrán robado? ¿Quién habrá sido el imbécil? Tenía que salir ahora mismo. Entonces sintió el cambio de la pared a la puerta. ¡Por fin!

Abrió la puerta y dio un paso para salir, pero cayó. Al mirarse las piernas se dio cuenta que tenía lo pantalones abajo. ¿En qué momento se los bajó? Los subió rápidamente, deseando haber pasado desapercibido, y por suerte, por primera vez en su vida, no hubo nadie para presenciar su humillación ebria. No porque la habitación estuviera vacía, que estaba lejos de estarlo, sino porque todos estaban muy concentrados en sus asuntos y a diferente nivel de lucidez.

Estaban en el departamento de Antonio, que vivía a varios minutos de su departamento –y por ende, de quien quería olvidar- y aunque no era muy grande nunca los había detenido para meter una gran cantidad de personas dentro. Era un buen lugar para hacer fiestas, por lo que fue la primera opción de Arthur cuando decidió que necesitaba una distracción y que quedarse en su departamento después de haber terminado las cosas con Alfred no sería la mejor opción.

Arthur buscó con la mirada a Francis, para demandarle su botella de vodka. Y tu celular, recordó de pronto. Mierda, ahora estaba enfurecido. Iba a matar a alguien.

-¡Francis!- gritó, y unas cuantas personas miraron en su dirección con lentitud, claramente sin estar en el mismo lugar mental y físico que él. A pesar de que la única luz que había era diminuta –porque Antonio compraba unas bombillas económicas que parecen de hospital- Arthur pudo ver que tenían los ojos completamente rojos y encogidos. ¡Malditos! De seguro ya no les quedaba.

-¡Hey, Arthur!- Escuchó que gritaban a su lado, y tras unos segundos intentando focalizar la vista, vio a Gilbert sin camisa -¿Por qué no tenía camisa? Le arrojaste un vaso de ron con coca cola, imbécil. Ooh, cierto. Se echó a reír- que caminaba tambaleándose en su dirección desde un sillón en la otra esquina del departamento.

-¡Gilburt! Hassh visto a Francsi? No encuetro mi vodkah.

-Herrmano mio. Tu vokah essta murto.

¿Su vodka estaba muerto? ¿Qué mierda? Pero si estaba vivo justo antes de que entrara al baño. Ya ni siquiera se acordaba de su celular perdido, ahora solo quería su botella.

-No tie creo, latdrón. Devulvemelo.

-Essta muertro, cejonas. Aceptalo.- Y se largó a reír de una manera estrepitosa. Arthur lo miró con ira y desesperación.

-¡Revivelo, imbacil!

-Estha muerto. No hay vulta atrás.- dijo el germano crípticamente para luego apuntar a la cocina, que estaba en la misma habitación pero separada por un semi-muro. Arthur caminó hacia donde le indicaba y vio que en el suelo, destrozado, yacía el cadáver de su botella, que se hallaba rota y con el poco vodka que le quedaba desparramado por la loseta.

-¡Nooo!- gritó, casi llorando, arrodillándose e intentando recoger los pedazos de vidrio.

-Oye genio, te corthaste.-dijo Antonio a sus espaldas -¿en qué momento llegó?- Arthur vio su mano y la sangre corría de uno de la yema de dos dedos. Ups.

-¡Merdia!

-Thanquiloo, toma el paño.- Arthur presionó los dedos con fuerza contra el paño, hasta que ya no sangraban con la misma intensidad que antes.

-¿Q-quien fue?- tartamudeó.

-Franci lo dejó caerr. Está en mi habitason- Antonio ebrio evidentemente no era el mejor para guardar secretos, ni es la persona más leal del mundo.

-Hijo de putaa.- dijo para luego tambalearse hacia la puerta del dormitorio, abriéndola de golpe.

-¡Francs hijo de la gran merdaa!- y luego se dio cuenta que Francis estaba desnudo en la cama con otras tres personas. Que asco.

- Me vale una mierda quie esthes follando, ¡te voe a matar!- pero Francis lo detuvo con sabias palabras.

-Arthur, Artie, Art. El vodka te debo y el vodka te pagaré, y a modo de compensación, te invito a que te nos unas en cálido abrazo en este lecho acogedor.- para luego retomar en lo que había quedado antes que Arthur lo interrumpiese.

Y este debía estar muy jodido y ebrio, porque su respuesta a esta ´´tentadora´´ oferta fue un rápidamente farfullado…

-Vale.- para luego desabrocharse los pantalones y caminar hacia la cama.

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Cuando Arthur despertó a las ocho de la mañana estaba acostado sobre la mesa del comedor. Lentamente se incorporó y miró la habitación. Habían aproximadamente veinte cuerpos inconscientes en las posiciones más incomodas en las que uno se puede quedar dormido.

Entonces se miró a sí mismo. No tenía zapatos pero fuera de eso estaba completamente vestido, lo que sería aliviador si no fuera porque los últimos recuerdos que tenía eran de la mierda de la habitación de Antonio – el cual, por cierto, no se veía por ningún lado- y eso significaba que había un lapso de tiempo del cual no tenía memoria alguna. Pero no importaba, estaba acostumbrado y al menos no estaba en una condición más degradante que cualquiera de las personas del departamento.

Francis emergió del dormitorio luciendo radiante.

-Ah… Arthur, me alegro que estés despierto, así podemos robarle comida a Antonio entre los dos y compartir la culpa.- dijo sonriente y despreocupado. Arthur lo siguió a la cocina y se dio cuenta que los pedazos de vidrio –entonces recordó que se había cortado y las heridas le comenzaron a doler- seguían en el mismo lugar, pero se lo recriminaría luego, ahora habían asuntos más importantes. Miró rápidamente alrededor para cerciorarse que todos seguían dormidos.

-Rana, si le dices a alguien lo que pasó anoche te saco los ojos.- susurró, y Francis lo miró confundido.

-¿A qué te refieres exactamente? ¿A tu penoso desempeño en el póker? Porque todos vieron eso.

-No, idiota, lo otro. Lo del dormitorio.

-Lo del… aah. ¿Te refieres a cuando nos abandonaste porque viste tu celular en el suelo?

Que mierda. Se tocó el bolsillo y efectivamente ahí estaba.

Entonces recordó todo de golpe. Cuando caminaba hacia la cama miró a la ropa desparramada en el suelo y entremedio de esta se hallaba su estúpido celular viejo. Emocionado, lo recogió del suelo, asaltado de pronto por una nueva idea y abandonó la habitación con rapidez.

Arthur palideció cuando recordó la idea que había tenido. Se le fue toda la sangre del rostro y sintió que la temperatura descendió varios grados.

Nonononononono Se dijo mientras buscaba con desesperación la bandeja de mensajes y horrorizado, vio que allí estaba, el último mensaje que había mandado.

Le mandó un mensaje a Alfred estando ebrio.

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Arthur esta fuera de control xd espero que les haya gustado.

Ojala si pueden comentar, me gusta muchisimo escuchar de ustedes y me motiva a seguir escribiendo :)

Solo quedan 2 capitulos!

Nos leemos, chaooo! xoxo