Velada
Cenar con la familia Tooyama resultó ser una experiencia entretenida, en la que Sakuno pasó más tiempo sonriendo que comiendo y no porque hubiese poca comida.
Como si no le importase que hubiesen regresado casi a las nueve, la señora Tooyama los recibió con un banquete que hizo que los ojos de Kintarou brillasen tanto por la cantidad como por lo apetitoso que se veía todo. Sakuno misma se sintió tentada a probar todo lo que su estómago le permitiese y así lo hizo, entusiasta a pesar de servirse porciones pequeñas, especialmente comparadas con las que Kintarou se sirvió.
La conversación giró alrededor de Sakuno y aunque eso la llevó a sentirse cohibida en un comienzo, la sincera curiosidad tras las corteses preguntas de la señora Tooyama y la tranquilidad permanente del señor Tooyama logró que ella incluso pudiese disfrutar la charla y apreciar al máximo las intervenciones de Kintarou, quien escuchó con más atención que nadie las respuestas de Sakuno y que cada vez que comentó algo lo hizo en voz alta, con gestos y ejemplos que no dejaron de hacerla reír.
—Solo hay una cosa que todavía no tengo claro —pronunció la señora Tooyama cuando la comida ya había desaparecido en su mayoría— y es cómo se conocieron.
¿Kintarou no les había contado?
Eso sorprendió a Sakuno, mas se dispuso a explicar el curioso suceso que había llevado a que Kintarou apareciese —literalmente— frente a ella de un momento a otro.
—Bueno —comenzó Kintarou antes de que ella pudiese hablar—, yo estaba en el árbol y un ladrón estaba huyendo...
—Ya nos dijiste eso, pero sigo sin entenderlo —interrumpió la señora Tooyama con suavidad. Kintarou hizo un puchero molesto.
—Pero eso fue lo que pasó. —Sakuno sonrió ligeramente avergonzada—. Tooyama-kun cayó del árbol y ayudó a atrapar al ladrón.
—Y luego probé las mejores omusubi que he comido —finalizó Kintarou con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Y esto fue...? —cuestionó el señor Tooyama, inclinando un poco su cabeza hacia ella.
—Durante el torneo nacional —aclaró Sakuno—. Hace dos años.
—Así que fue el tenis y no un ladrón el que los hizo reunirse. Tiene más sentido. —A la mención del tenis el señor Tooyama asintió como quien acababa de entender todo a la perfección, pero la expresión de la señora Tooyama todavía parecía dudosa, como si considerase que aún faltaba algo en la historia; a pesar de eso, no insistió con el tema.
¿Realmente había sido solo el tenis?
Sakuno sentía que la comida había jugado un papel mayor y también Ryoma, aunque de una forma más indirecta si pensaba en el reciente reencuentro con Kintarou. ¿Y eso era todo? Poco convencida, Sakuno observó a Kintarou de reojo.
Él le sonrió al darse cuenta, gesto que Sakuno le respondió de reflejo de igual manera, olvidando de inmediato lo que estaba pensando.
—Bueno, es hora de levantar la mesa —dijo la señora Tooyama de repente, poniéndose de pie. El señor Tooyama la imitó, haciendo evidente que pensaba colaborar en ello.
—Yo también ayudaré —ofreció Sakuno, mas el señor Tooyama la detuvo con un gesto.
—Claro que no, tú eres la invitada especial.
Sonrojada e incapaz de insistir, Sakuno observó cómo los padres de Kintarou se llevaron todos los platos y vasos en un santiamén. Kintarou, mientras tanto, permaneció inusualmente silencioso y en cuanto sus padres desaparecieron en la cocina, él abandonó su silla para agacharse en el suelo.
—¿Tooyama-kun?
Kintarou miró en su dirección y le guiñó un ojo al tiempo que puso un dedo sobre sus labios para indicarle que no dijese nada y mantuvo su otra mano en el suelo, curvada y llena de algo que parecía arroz y carne.
Tricky había pasado toda la cena sentado entre las sillas que Kintarou y Sakuno ocupaban, mirándolos en intervalos con sus grandes ojos marrones y aunque nunca intentó hacer nada más para pedir o robar comida, ahora estaba comiendo con entusiasmo de la mano de Kintarou.
Entendiendo que seguramente eso no era algo que los padres de Kintarou aprobaban, Sakuno observó en dirección a la cocina, sintiéndose parcialmente culpable pero a la vez deseosa de mantener su complicidad y ayudarlo montando guardia.
Sin embargo, no pudo hacerlo por mucho tiempo, ya que el súbito sonido del timbre sorprendió a todos y Tricky corrió directamente hacia la puerta, batiendo su cola.
—¿Uh? —Kintarou se levantó, limpiando su mano izquierda en su pantalón descuidadamente, con el ceño fruncido.
—Debe ser Osamu-chan. —La señora Tooyama salió de la cocina y se dirigió hacia la entrada con esas palabras.
—Oh —murmuró Sakuno, recordando una de las condiciones que sus padres y su abuela habían puesto.
Podía viajar sola, podía pasar su tiempo como eligiera, pero pasaría la noche en los dormitorios de Shitenhouji, cosa que había sido posible gracias al entrenador de Shitenhouji y al hecho de que muchas de las estudiantes que ocupaban el dormitorio femenino estaban con sus familias durante las vacaciones de verano.
Resignada, Sakuno siguió a la señora Tooyama hacia la puerta, aceptando que su primer día en Osaka, con Kintarou, había llegado a su fin.
—Buenas —saludó el hombre, quitándose su sombrero y haciendo una ligera inclinación de cabeza hacia la señora Tooyama, quien lo saludó con cortesía—. Veo que aquí esta la invitada de Kin-chan —comentó al verla.
—Soy Ryuuzaki Sakuno —se presentó ella, sintiendo que había omitido tal cosa las pocas veces en las que lo había visto.
—Yup, eso escuché de tu abuela y de Kin-chan —dijo Watanabe, luciendo divertido—. Y ahora llegó mi turno de ser chaperón.
—Traeré mi maleta.
—¿No puedes hacerlo más tarde? —intervino Kintarou, apareciendo junto a ella todavía con el ceño fruncido e impidiendo que ella hiciese junto lo que había dicho que haría.
—Kin-chan... —suspiró la señora Tooyama. El entrenador de Shitenhouji parecía estar considerando cómo reprender a Kintarou.
—Nos podemos ver temprano —prometió Sakuno rápidamente, sonriente pese a que también sentía que el día había llegado a su fin demasiado pronto. Al notar que su intervención llevó a que los dos adultos la mirasen sorprendidos, ella bajó su mirada—. S-si no hay problema...
—Ninguno —rió el profesor—, aunque te recomiendo que definas la hora o te irá buscar al amanecer.
Kintarou hizo una mueca irritada, mas no lo negó, y a pesar de su obvio descontento, ayudó a Sakuno llevando la maleta hasta el auto de Watanabe.
—Mañana —reiteró Kintarou la promesa, mirándola esperanzado tal como Tricky había estado observando la mesa del comedor.
Sakuno tuvo que esforzarse a no sonreír al pensar en esa comparación y se limitó a asentir con seriedad.
—¿A las ocho? —sugirió—. ¿En la estación?
Kintarou negó con su cabeza ante la última sugerencia.
—Yo iré a buscarte —prometió y permaneció en la acera, despidiéndose con un gesto de mano, cuando el auto comenzó a moverse.
El contraste de la animada cena con el silencio en el auto de Watanabe Osamu fue suficiente para que Sakuno desease estar todavía en la casa de los Tooyama, disfrutando de las ocurrencias del pelirrojo y de la conversación que siempre fluía fácilmente.
Pero sabía que no era lo correcto y además, tampoco podía seguir aprovechándose de la cordialidad de los Tooyama.
No que fuese mejor obligar al entrenador de Shitenhouji a encargarse de ella y llevarla a los dormitorios de Shitenhouji. Y tampoco era bueno depender de las instalaciones del colegio mismo...
Sakuno bajó su vista y la fijó en su regazo, incapaz de prestar atención a lo que se veía a través de las ventanas del auto. Ahora entendía que debería haber insistido más en que ella podía usar sus ahorros para una habitación en algún hotel pequeño...
—Te pediría que seas una buena influencia para Kin-chan —comentó Watanabe de repente, sacándola de sus pensamientos—, pero es obvio que ya lo estás siendo.
Al verlo de reojo, Sakuno notó que el entrenador estaba sonriendo, luciendo divertido ante la situación.
—N-no —balbuceó, confundida de a qué se refería Watanabe exactamente—, yo solo...
—No tienes que negarlo —le aseguró el entrenador de buen humor—. Pero no te metas en problemas —continuó en un tono que no era verdaderamente serio—, ni hagas nada de lo que tu abuela pueda culparme y... ¿eso?
Sakuno tuvo que esforzarse en contener una pequeña carcajada, consciente de que Watanabe estaba aconsejándola como el profesor que era, a pesar de que la forma en que lo estaba haciendo daba la impresión de que no estaba muy interesado e incluso que le daba pereza hacer su trabajo, cosa que no era cierta por lo que ella había visto.
Él siempre parecía pendiente de sus alumnos y no solo en Tokio se había tomado el trabajo de ir a buscar personalmente a Kin-chan, sino que ahora estaba haciendo lo mismo por ella, aun cuando no tenía ninguna obligación de hacerlo.
—Sí, señor —respondió Sakuno con una ligera inclinación de cabeza, queriendo demostrar que no solo entendía, sino que realmente se portaría bien.
Un semáforo en rojo obligó a que Watanabe detuviese el auto temporalmente en un cruce y él aprovechó ese momento para girar su cabeza hacia a ella, luciendo pensativo.
Verse siendo examinada por el entrenador renovó los nervios de Sakuno, mas decidida a no demostrarlo, aguardó con paciencia hasta que el semáforo cambió y Watanabe volvió a poner su atención en el camino.
—Si tan solo Kin-chan y los otros chicos fuesen tan educados como tú —dijo Watanabe con un sonoro suspiro al tiempo que puso de nuevo el auto en marcha—. Me ahorraría muchos problemas.
No hubo mucha conversación tras eso y debido al poco tráfico a esa hora, en cuestión de minutos estuvieron en los dormitorios femeninos de Shitenhouji. Allí Watanabe la dejó con una de las encargadas del lugar, quien se limitó a comentarle, mientras ocultaba bostezos tras sus manos, que la cafetería estaba cerrada por vacaciones, dónde estaban los baños y que la habitación en la que se quedaría estaba disponible, así que podía usar el armario si así quería.
Sakuno le agradeció, no sin preguntarse a sí misma qué habían dicho de ella para conseguir que le permitieran quedarse tan fácilmente a pesar de no ser una estudiante del colegio, y una vez estuvo a solas en una habitación con dos camas en lados opuestos, solo pudo abandonar su maleta en el suelo y dejarse caer en una de las camas, sintiéndose súbitamente cansada.
Darle un vistazo a su celular y descubrir qué horas eran le explicó el porqué: eran ya más de las once, hora en la que solía acostarse incluso en días menos ajetreados que este.
Era demasiado tarde para llamar a su abuela y a su mejor amiga, aunque había prometido hacerlo, por lo que al final les escribió a ambas cortos mensajes que, esperaba, serían suficientes por ahora.
A su abuela le informó que había llegado bien y que el entrenador de Shitenhouji la había ayudado a llegar a los dormitorios de Shitenhouji, donde estaba ahora y pasaría la noche.
A Tomoka le contó que no había ocurrido nada malo y le reiteró su promesa de contarle sobre su viaje, pero que lo haría una vez regresara.
Sin duda eso tomaría mucho tiempo, al fin de cuentas, y todavía quedaban dos días más que sin duda traerían más sucesos dignos no solo de contar, sino de recordar por mucho tiempo.
Sakuno sonrió al pensarlo mientras, distraída, desempacó su pijama y varios artículos de tocador, decidida a tomar una ducha rápida e irse a dormir una vez secase su cabello y así lo hizo y en cuanto su cabeza tocó la almohada, poco antes de la media noche, cayó profundamente dormida todavía sonriente.
Continuará...
