Disclaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare. Todo lo demás, es fruto de mi mente traviesa.
Espero que os guste.
A las seis de la mañana, Isabelle se despertó sobresaltada. Al instante tomó su látigo, y luego, miró alrededor. Se rió para sus adentros. Sólo era Maia, que se había girado hacia su lado. Isabelle no estaba acostumbrada a dormir con nadie, de hecho, jamás lo había hecho. Su sueño era ligero, y notaba cualquier movimiento o sonido extraño, como una buena cazadora de sombras.
Observó a Maia. Parecía mucho más feliz y relajada. Estaba más hermosa que la noche anterior, con la melena revuelta y una sonrisa en los labios. La observó detenidamente, realmente era muy hermosa. Después, volvió a tumbarse y de nuevo se durmió.
Una hora después, Maia se despertó. Al principio, no sabía dónde estaba, pero al poco se dio cuenta. La cabellera negra que tenía delante era la de Isabelle Lightwood, que la había acogido por una piedad inusitada en una cazadora de sombras. Se levantó y se desperezó. Decidió marcharse, pero antes de eso tomó un papel y un bolígrafo y escribió: Gracias. Lo dejó en el sitio donde había estado durmiendo. Después, se puso las botas que había dejado en la entrada de la habitación, se las puso y se marchó.
No parecía haber nadie por allí, mejor, pensó.
Recorrió el camino del Instituto al hogar de la manada a pie. Dos hombres, por el camino, le silbaron. Se acordó de la ropa que llevaba. Genial, no me he acordado de cambiarme.
Horas más tarde, el teléfono móvil de Isabelle comenzó a vibrar. Lo cogió al quinto tono.
-¿No te he dicho que no quería saber nada de ti?-preguntó cortante.
-¿Me lo dijiste?-preguntó Maia-No lo recuerdo.
-Ah, Maia, eres tú. Creía que eras Simon, acaba de llamarme hará cosa de un minuto.
-Qué curioso, a mí también me ha llamado hace muy poco… quería saber…
-¿Si estabas bien?
-Exacto.
-Qué tipo más extraño, quizás sea cosas de vampiros diurnos. Bueno-sonó aburrida-¿qué querías?
-Ah-dijo Maia, que parecía haberlo olvidado-quería devolverte el vestido.
-Oh, no, quédatelo. Habiendo visto cómo te quedaba sería incapaz de ponérmelo yo después.
-Bueno, pero es que no creo que me lo vuelva a poner…
-Pues deberías. Acéptalo, como cortesía de una Lightwood. Y tú, ¿quieres… tus cosas?
-Sí. ¿Cuándo te viene bien que las recoja?
-A las siete. En Taki's, ¿te parece bien?
-Está bien.
-Ponte el vestido. Verás que no soy la única que piensa que te queda bien.
Y después de esto, Isabelle colgó.
A las siete en punto, Maia llegó a Taki's. No sabía por qué, pero le había hecho caso a Isabelle. Se había puesto el vestido de nuevo, pero esta vez además se había arreglado el pelo con unos pasadores de los cuales desconocía su existencia. Cuando apareció la camarera para tomarle nota, no pareció reconocerla. Se pidió un café, y esperó a Isabelle, que llegó diez minutos más tarde. También tardó en reconocerla, cosa que no sucedió al revés. Maia supo que Isabelle había entrado en el local porque varios seres de sexo masculino se habían girado para comentar sobre el aspecto de la morena. Esta vez, ella había optado por un vestido escotado muy, muy corto (cualquier chica lo habría utilizado a modo de camiseta), cazadora de cuero, medias de rejilla y botas de tacón altas. Al fin, vio a Maia. Se acercó con un paso decidido muy elegante.
-Aquí tienes tu ropa-le dio una bolsa de papel-aunque, no te ofendas, te habría hecho un favor tirándola.
En ese momento, llegó un camarero que en seguida miró a Isabelle.
-¿Cómo estás, hermosa Isabelle?
-Hambrienta. Tráeme una macedonia de frutas y un batido de vainilla-respondió secamente.
-¿No vas a presentarme a tu amiga, Isabelle?
-Si quiere que le conozcas, se presentará ella misma. Y si no, pues le tomarás nota y nos traerás la comida con la mayor rapidez posible, y con un poco de suerte, te daremos propina.
El camarero, que se había quedado un poco pálido, se giró hacia Maia, pero antes de decir nada, ella respondió:
-Café y una hamburguesa. Muy poco hecha.
Anotó en la libretita y se marchó.
-Supongo que os conoceréis de antes…
-Por desgracia. Es un duendecillo baboso. No te acerques a él. Lo conocí en una fiesta, y no hemos vuelto a tener nada desde aquella noche, pero aun así, lo intenta cada vez que vengo. Por suerte, sólo viene en fines de semana. Aunque… si lo que quieres es rollo seguro, es una opción.
El camarero llegó con el pedido en un instante. Debía estar asustado de verdad.
-Su pedido, señoritas. Si deseáis algo más, sólo llamadme.
-Qué hambre que tengo-dijo Isabelle pinchando la primera pieza de fruta y llevándosela a la boca-Clary me ha llamado para pedirme ayuda, estaba en un sitio muy raro, y he acabado matando a un demonio Hydra.
-Isabelle, ¿pretendes ser mi amiga?-preguntó Maia mirándola.
-No diría que tanto. No sé si tú y yo podríamos llegar a ser grandes amigas. Ayer lo pasaste mal, te ofrecí ayuda, y como querías la ropa, he pensado que podríamos comer y charlar, no sé, tampoco nos llevamos tan mal como para que yo te diera el paquete y saliese corriendo, ¿no?
Isabelle volvió a comer, y Maia también se puso a hacerlo.
-¿Ya te has comprado el vestido para la fiesta de Jocelyn y Luke?-preguntó Isabelle.
-Ehm… no, no todavía. La verdad es que lo he estado posponiendo porque no es algo me apetezca mucho. ¿Y tú?
-Por supuesto. Pero no pienso decirte cómo voy a ir. Oye, si quieres, aunque bueno, pensarás que esto sigue en el plan de "voy a hacerme amiga de Maia" pero podría ayudarte a encontrar el vestido.
-Me parece bien. Creo que me servirás de ayuda.
-¡Estupendo! Ir de compras es mi segunda cosa favorita después de cazar demonios. Bueno, ¿y qué día te viene bien? Porque la fiesta está a la vuelta de la esquina…
-¿El lunes?
-¿El lunes? Me parece bien.
Continuaron comiendo, pero una voz les interrumpió.
-¿Qué hacéis aquí las dos… juntas?
Era Simon. Estaba de pie delante de la mesa de las chicas. Parecía un poco aterrado.
-En realidad-replicó Isabelle, molesta-sería más apropiado que te lo preguntásemos nosotras a ti, pues estás en una cafetería y tú no comes.
Qué aguda, pensó Maia. Y se rió.
-De acuerdo, ya veo que os habéis hecho amigas. Esto parece la típica película…
-¿Estás con Jace y Jordan?-preguntó Isabelle-¿es que habéis formado un tipo de liga?
Maia dejó de comer en el acto. Miró hacia donde señalaba Isabelle. En efecto, allí estaban los dos.
-Ehm… sí, estamos los dos viviendo con Jordan así que decidimos venir a comer…
Maia se levantó.
-Maia, ¿qué haces?-preguntó Isabelle-siéntate. Se irán ellos. ¿Verdad, Simon?
-Ehm… claro.
En ese momento, Jace habló. Se encontraba al lado de Simon.
-En realidad, nosotros tres debemos irnos. Izzy, tu madre nos ha llamado al Instituto. Al parecer, van a interrogar a Camille, y ella sólo accede al interrogatorio si se lo hace Magnus. Lo que significa que…
-Vuelve Alec-a Isabelle se le iluminaron los ojos oscuros.
-Maia, perdóname, debo irme-se levantó y se puso a buscar en su bolso.
-Tranquila, ve, ya pago yo. El lunes nos vemos.
Isabelle echó una mirada a Jordan. No se pudo resistir y se puso en frente de él.
-Esto,-dijo Isabelle señalando su brazalete- aunque no lo parezca, es un látigo. Si te acercas a molestar a Maia, lo emplearé para arrancarte los testículos. ¿Has comprendido?
-Creo que lo ha captado, Isabelle-dijo Jace-ahora debemos irnos.
Se fueron los tres. Maia llamó al camarero.
-¿Deseas algo?
-Sí, la cuenta.
-¿Algo más?-le preguntó mirándola de forma seductora.
-La verdad es que sí-le hizo un gesto para que se agachara y le susurró al oído-me llamo Maia, ¿te apetecería que nos viéramos… algún día?
-Sería todo un gusto para mí estar contigo, Maia-dijo relamiéndose-termino mi turno a las diez. ¿Quieres que quedemos entonces?
-Está bien-escribió en una servilleta-este es mi número y…-se levantó y le dio un beso, fugaz pero fogoso-esto es un adelanto.
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