Disclaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare. Todo lo demás, es fruto de mi mente traviesa.
Lo que Maia jamás se habría esperado era que, nada más cerrar la puerta del piso de Ian, vería dos caras conocidas. Conocidas e indeseadas en aquel momento.
-¡¿Maia?!-Simon fue el primero en preguntar, mostrando su sorpresa.
Jordan también parecía muy sorprendido, pero se quedó callado.
-¿Qué hacéis aquí?-preguntó con un enfado patente. En realidad, se habría marchado corriendo de no ser porque los dos ocupaban todo el hueco de la escalera.
-También te podríamos preguntar eso a ti.
Maia miró hacia la pared sin decir nada. Trataba de controlar su ira. ¿La estaban siguiendo? ¿Por qué Simon se hacía amigo de una de las pocas personas a las que Maia odiaba sobre la faz de la Tierra?
-Vivimos aquí-dijo Simon, que parecía ser el único dispuesto a hablar.
-¿Vivís?-a Maia se le desencajó la mandíbula-¿Sois compañeros de piso?
-Sí, vivimos justo arriba de…-comenzó a decir Simon, pero Jordan le interrumpió.
-No sé qué hacías en casa de ese tipo, Maia-dijo mirándola a los ojos. Ella apartó la mirada, pero en lo poco que vio pudo apreciar culpa, miedo y preocupación-pero es un mal tipo. No te acerques a él…
-¿O qué? ¿Me convertirá en licántropo? Gracias por la advertencia, pero parece que ya he sufrido ese mal.
-Maia, lo siento tanto, pero si me dejaras explicarte…
-No quiero oírte, no quiero verte-dijo ella en tono firme. Las lágrimas ya asomaban por sus ojos. Realmente se arrepentía de haber cerrado la puerta, de no haberlo hecho podría volver a entrar-¡Dejadme pasar!
Al ver la primera lágrima saliendo por su rostro, ambos se apartaron. Ella bajó las escaleras rápidamente y salió a la calle.
-¡Maia!-era Simon, que estaba detrás de ella-Maia, de verdad, tienes que saber muchas cosas…
Se giró hacia él.
-¿Cómo has podido hacerte amigo de… él? ¿Cómo?-preguntó entre un mar de lágrimas.
-Maia, siento hacerte daño por segunda vez, pero realmente…-se acercó hasta ella, estaba a punto de tocarla.
-Necesito estar sola, Simon. Adiós.
Se giró y echó a correr por las calles de Nueva York.
Por la tarde, Isabelle decidió llamar a Maia para quedar para ir de compras al siguiente día:
-Hola chica lobo, ¿cómo vas?
-Podría estar mejor.
Isabelle se miró las uñas. Debía hacerse la manicura para la fiesta del día siguiente.
-¿Ha pasado algo?-preguntó en tono despreocupado.
-¿Cómo he podido ver en tres días seguidos tres veces a Jordan?
-Algunas personas nacen con mala pata.
-Pues yo creo que nací con las dos patas malas.
-O las cuatro. Eres una chica lobo, ¿recuerdas?
-Muy aguda, Isabelle. ¿Y bueno, para qué me llamabas?
-Mañana. Compras. Urgentemente. ¡La fiesta es por la noche!
-Es cierto. Y tú… ¿sabes algún sitio adonde ir?
-¡Absolutamente! Lo tengo todo pensado.
Isabelle le dio la dirección de la tienda y le dijo que estuviera allí a las nueve en punto.
-Y oye, Maia…
-¿Sí?
-Mantente fuerte. Mañana, por desgracia, verás a Jordan de nuevo.
-¿Por q…?-comenzó a preguntar Maia, pero Isabelle le cortó.
-Te lo explicaré mañana por la mañana, ahora no tengo tiempo. No te imaginas la de cosas que debo hacer para tener mañana un aspecto perfecto.
Maia iba a despedirse, pero Isabelle acababa de cortar. Cazadores de sombras, se dijo para sí, siempre tienen que tener la última palabra.
A las nueve de la mañana del lunes, Maia, con su vestimenta habitual, llegó a la puerta de la tienda. Sorprendentemente, Isabelle había llegado antes de la hora. Estaba claro que la moda era un tema capital para la cazadora.
-Le he echado un vistazo a la tienda-dijo tomándola del brazo-hay varios que creo que te quedarán francamente bien.
Entraron en la tienda. La dependienta les saludó y les ofreció ayuda, pero Isabelle la rechazó.
-¿Tu color favorito?
-El naranja.
-Gran elección-Isabelle le sonrió.
-¿Por qué?
-Te queda fenómeno con tu piel. Y además, hay un vestido IN-CRE-Í-BLE de ese color. Ven, por aquí, los he seleccionado en aquel probador.
Maia caminó junto a ella, y vio que en el probador había seis vestidos con sus respectivas seis perchas.
-Lo tienes todo muy bien pensado, ¿no?
-Claro. Aunque bueno, si quieres echarle un vistazo a la tienda y te apetece probarte otro…
Lo dijo en tono de sugerencia, pero se notaba que no le haría gracia.
-No, me fío de tu criterio.
Isabelle volvió a sonreír.
-Sabio criterio. Bueno, ¿piensas probarte ya alguno? Tengo entendido que tenéis que organizar mil cosas para esta noche.
-Todo está ya organizado, pero hay que hacer muchas cosas, sí.
Isabelle la miraba impaciente.
-Vale…-dijo Maia metiéndose en el probador-pero Isabelle, ¿estás segura que no me veré ridícula? Son tan largos… tienen tanta tela de esa…
-Uno. Se llama tul. Dos. Quítate ya de la cabeza la idea de que los vestidos te quedan mal. Tres, y el más importante. Nunca dudes de Isabelle Lightwood en lo que a moda se refiere. Y ahora… ¡pruébatelos!-acabó diciendo esto mientras corría la cortina del probador.
Estaba claro que de aquella no podía salir. Así que Maia se quitó las botas, los pantalones y la sudadera y se quedó en ropa interior.
-¿Cuál vas a probarte primero?-le preguntó Isabelle desde fuera.
-¿El naranja?
-¡No! ¡Ese el último!
-¿Por qué?
-Tengo la corazonada de que será el que mejor te siente. Así que hay que dejarlo para el final.
-No lo entiendo. Si crees que me sentará tan bien, ¿no puedo probármelo y, si me queda bien, quedármelo?
-Eso no funciona así, Maia. Hazme caso, pruébatelos en el orden en el que los he puesto en la percha.
-A sus órdenes, señora.
Maia cogió el primero, que era de un tono púrpura, similar al que le había dado Isabelle. Tenía unos tirantes gruesos, el pecho ceñido y la falda caía en cascada.
-¿Cómo se supone que me lo debo poner?-preguntó desde dentro de las telas de la falda.
Isabelle no le contestó, simplemente entró en el probador y comenzó a arreglarle las telas.
-Así-dijo mientras la miraba-¿este te gusta?
-Uhm…
-Quítatelo. Tienes demasiado pecho, ¿no te estás asfixiando?
-Casi. Creía que era lo normal.
-Para nada. Vestir bien no significa sufrir. Venga, que te ayudo.
Gracias a Isabelle, se pudo sacar el vestido rápidamente. Puso el vestido en la percha y cogió el siguiente, uno de un color rosa fresa.
-Este no me lo pruebo ni loca. Qué color…
Isabelle rió.
-Ya me lo imaginaba…
Maia fue a coger el siguiente, que era amarillo.
-¿Eso es un tatuaje?-dijo Isabelle, señalando hacia el bajo de la espalda de Maia.
-Sí.
-Es muy bonito.
Maia le sonrió.
-Gracias. ¿Tú tienes alguno?
Isabelle se quitó la cazadora de cuero y dejó ver sus brazos llenos de marcas.
-Creo que con esto tengo más que suficiente.
El vestido amarillo fue descartado porque no le enmarcaba de forma correcta la figura. Los siguientes eran uno rojo y otro dorado, y se quedaron en posibles. Y por último se probó el naranja.
-¿Qué te parece?-preguntó Isabelle.
-Parezco…-dijo Maia girándose y mirándose la espalda-bonita.
-No pareces, lo eres. Pero con el vestido estás increíble. No deberíamos ir tan guapas por respeto a Jocelyn, ¿sabes?
-¿Deberíamos?
-¿Es que te crees que serás la única que se vea increíble esta noche?
Maia sonrió. Isabelle tenía mucho amor propio.
-Entonces, ¿te ha gustado mi elección?
-Sí. Está muy bien. Gracias, Isabelle, si no fuera por ti… habría ido con el primero que hubiese visto.
-Jordan se quedará muerto al verte.
-Tienes que contarme por qué va a venir, ¿recuerdas?
-Claro. ¿Qué te parece si pagas el vestido y vamos a tomar un café y allí te lo cuento?
-Está bien.
Isabelle le ayudó a quitarse el vestido, pero antes de salir del probador, preguntó:
-¿Es que te has quitado el sujetador con las garras sacadas, Maia?
-¿Por qué dices eso?
Maia vio que lo que había advertido Isabelle era que lo tenía rasgado. Isabelle sonrió de forma pícara.
-Parece que te has divertido últimamente, ¿no?
Y salió del probador.
Maia se vistió, pagó el vestido y fueron a Taki's. Como era lunes, Ian no estaba. Pidieron café. Isabelle le contó todo lo que le había contado Simon, sin añadir ninguna opinión personal acerca de Jordan. Maia se quedó de piedra al descubrir que aquellos celos y la razón por la que la atacó aquella noche eran fruto de su primera conversión en hombre lobo.
-¿Debería sentirme mal por cómo le ataqué la otra noche?
-En absoluto. Tenías todo el derecho. Además, yo te paré, y vosotros los licántropos sois de curación rápida. Bueno, ya te lo he contado todo y he cumplido con mi misión. Puedes estar tranquila, advertiré a Simon y a Jordan de que no se te acerquen. Y ahora, me voy.
Dejó el importe del café sobre la mesa y se marchó, con aquellos andares altivos que hacía que todo el local se girase para mirarla.
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