Disclaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare. Todo lo demás, es fruto de mi mente traviesa.


Cuando Alec, Isabelle y Magnus entraron de nuevo en Ironworks, se encontraron con que todo el mundo se había levantado de sus asientos, las mesas se habían hecho a un lado, se había bajado la intensidad de la luz y todo el mundo estaba desperdigado por la sala bailando.

–Vaya –observó Magnus con una sonrisa–, parece que esto se va animando. ¿Alec –Tomó de la mano a su novio–, me concederías este baile?

Alec, que se había quedado quieto, balbuceó:

–¿Este baile?

–Sí, amor. Aunque sería inmensamente feliz si no sólo fuera éste, sino que el siguiente, y el de después, y el que viene después del siguiente…

–Magnus, yo no sé bailar –A Alec le salió un gallo al decirlo.

Isabelle y Magnus rieron.

–Luchas contra demonios, llevas un entrenamiento constante, patrullas las oscuras calles de Nueva York por las noches… ¿pero no sabes bailar?

Alec negó con la cabeza. Un ligero sonrojo le subía por las mejillas.

–Parece ser entonces, que tendré que enseñarte algo más –le dijo mostrándole una sonrisa pícara–. Pero no pasa nada, sé por experiencia que aprendes rápido y bien todo lo que te enseño.

–Magnus… ¿a qué te estás refiriendo?

El sonrojo de Alec ya alcanzaba el nivel de un tomate maduro.

–Vamos, ahora no te hagas el inocente. Que por otra parte –le tomó del rostro–, sé que lo eres y mucho.

Magnus le dio un beso lento y dulce, que Alec correspondió.

Isabelle miró hacia otra parte. Los besos no eran algo que la importunaran o la pusieran nerviosa, pero prefería no mirar. Sabía que su hermano se pondría más nervioso aún.

–Quiero que sepas que no pienso bailar.

–Alexander, ¿quieres que emplee la magia o lo harás por gusto? Porque realmente me apetece bailar con el chico más sexy de la fiesta.

Magnus le miró suplicante.

–Magnus, no me mires con cara de cachorrito que no lo conseguirás. Por el contrario, si quieres bailar con el chico más sexy de la fiesta, ve y pídeselo. Seguro que bailará contigo –dijo con tono indignado y herido.

–En primer lugar, nunca te miraré con ojos de cachorrito, en todo caso te miraré con ojos de gatito. Y en segundo lugar, te voy a tomar la palabra.

Magnus se apartó de ellos y se fue hacia un extremo de la sala. Isabelle vio la expresión de chasco que recorrió el rostro de su hermano. Se rió.

–¡No es gracioso, Izzy! Se ha ido a buscar a el-ángel-sabe-quién-será-el-chico-más-sexy-de-la-f iesta.

–Ay, Alec, te falta tanto por aprender…

–¿Qué es lo que me he perdido?

Alec miró a los ojos a su hermana para intentar encontrar en ellos la respuesta. Isabelle apartó la mirada y observó hacia la multitud. De pronto, su mirada se encontró con otra mirada conocida. Bueno, en realidad no era muy conocida. Sólo la había visto una vez antes. Era el hombre lobo que le había pedido ayuda anteriormente –que me estaba tirando los trastos– se dijo para sí.

–Créeme, dentro de nada lo comprenderás.

Isabelle le ofreció una sonrisa a su hermano y fue en busca del chico lobo que se había mezclado entre el gentío.

Alec se fue a una mesa en el rincón de la sala de fiesta y se sentó en una silla. Apoyó los hombros sobre la mesa, no podía sentirse más chafado. Se había reconciliado con su novio por el hecho de que éste había tenido centenares de amantes (Alec se estremecía cada vez que pensaba en ello) y al momento éste se iba a por otro ligue.

–Y bien –escuchó la voz del mago que le susurraba a su oreja izquierda–, chico más sexy de la fiesta, ¿me haría el favor de concederme este baile?

–Estúpido brujo –dijo Alec, no lo suficientemente alto como para que sonara como un insulto–, ¿es que el chico más sexy ya estaba pillado?

–Grandioso y mayor idiota, estúpido, bobalicón, necio y mil apelativos más… nefilim. ¿Es que no te das cuenta de que eres el chico más sexy de la fiesta… que para mí eres el chico más sexy del mundo?

Alec se giró y lo miró. Vio en sus ojos de gato sinceridad. ¡Sí! ¡Magnus realmente pensaba aquello! Le miró con los ojos más amorosos que había visto Magnus en toda su larga vida. Alec se le echó a los brazos y le besó con pasión.

–Oh, Magnus…

–Nada de "Oh, Magnus…" dime lo que quiero que me digas –dijo Magnus, apartándose del beso, cosa que no le resultó fácil.

–Bailaré contigo. Pero necesito que me enseñes.

Magnus abrió los ojos y sonrió feliz.

–Esperaba una disculpa por tus celos constantes, pero por hoy, te los perdonaré. Realmente creía que necesitaría la magia para poder sacar a tu perfecto culo metido en un maravilloso traje (y no en unos sucios vaqueros, para variar) a bailar y poder presumir de novio.

–No creo que, con mis nefastas dotes de bailarín, puedas presumir de nada.

–Alexander, yo siempre presumiré de ti. Eres el ser del que estoy más orgulloso en el mundo.

Finalmente, y después de ir esquivando parejas de baile por todo Ironworks, Isabelle vio al chico lobo abrir una puerta lateral y entrar a través de ella, dejándola ligeramente entreabierta. La cazadora se hizo esperar unos minutos y entró, cerrando la puerta tras de sí.

–¿Ya es "luego", cazadora? –preguntó el chico, que estaba apoyado contra una de las paredes del trastero que era la estancia.

La luz era casi inexistente, pero ellos no la necesitaban. Él, por su condición de lobo; ella, por la runa que se había marcado en el interior del brazo antes de la fiesta.

–Así es, lobo.

Se acercó hasta él, y sin ningún preámbulo, comenzó a besarle violentamente, a lo que él no se opuso, sino que continuó. Las manos de él ya estaban, una en su trasero y la otra en su muslo sin ella apenas haberse dado cuenta.

Y entonces, la puerta fue golpeada por unos puños feroces.

–¿Qué demonios…? –maldijo el licántropo y se apartó de ella.

Isabelle se recolocó el vestido, en vista de que alguien iba a aparecer.

La puerta se abrió, y apareció un chico que a Isabelle le resultaba ligeramente familiar.

–¿Qué coño haces, Morgan? Tu novia te estaba buscando por la fiesta, y va y resulta que entras en un trastero con una cazadora de sombras. No creas que no le voy a decir que le has sido infiel pero, quería que al menos la chica se largara antes. Seguro que la nefilim no sabía nada de que estabas siendo infiel, como muchas otras antes.

–¿Qué insinúas? –preguntó el lobo, que Isabelle acababa de descubrir que se llamaba Morgan.

–No insinúo nada. Maia me lo ha contado, te vio el otro día con Cheryl.

La mención de Maia le puso alerta a Isabelle. No le gustaba nada aquella situación, pero menos que alguien conocido supiera de ella.

–Tú a Martha no le vas a decir nada, ¿has oído, Bat?

En un segundo, Morgan cogió Bat y le pegó un puñetazo en el estómago. Maia entró echa una furia para detener la pelea, Isabelle echó mano de su látigo y rodeó a Morgan con él. Lo estiró y lo hizo chocar contra la pared.

–¿De qué vas, cazadora de sombras? –preguntó Morgan.

–Voy de lo que van los cazadores de sombras. Controlar a todo aquel que se exceda, mantener el orden.

–¿De verdad te crees todas esas paparruchadas? –volvió a preguntar Morgan, esta vez conteniéndose la risa. Se estaba burlando de ella y a Isabelle no le hizo ninguna gracia.

Bat, que se acababa de incorporar con la ayuda de Maia, se dirigió a Isabelle.

–Gracias, cazadora de sombras, pero esto es algo que podemos solucionar los subterráneos.

Isabelle miró a Bat y sonrió. Después, se marchó con aire digno.

–No me des las gracias. Estamos para eso.

Antes de marcharse no se pudo librar de la mirada de Maia. Sí, por un segundo la loba la había mirado como si fuera un monstruo. A Isabelle, que había comenzado a tener simpatía por la chica, le dolió de una manera inusitada.

Isabelle había llegado a su límite aquella noche. Últimamente todo le iba mal, y era algo a lo que ella no estaba acostumbrada. Salió por un gran ventanal y se sentó contra la pared trasera del edificio. No pensaba volver a entrar a la fiesta. Se esperaría a que esta terminara y entonces, aparecería triunfal por la puerta y diría que se lo había pasado genial. Después volvería al Instituto y… a la rutina otra vez: intentar averiguar qué le pasaba a Jace, conseguir hablar más de cinco minutos seguidos con su madre de algo que no fuera asuntos referidos a la Clave, seguir odiando a Simon, aguantarse las lágrimas cada vez que recordaba a Max, aconsejar a su hermano (el único que le quedaba) para que le fuera bien con Magnus y no lo echara todo al traste y… matar a algún demonio que apareciera. Esto último era lo único que le alegraba el día últimamente.

–¿Isabelle? –la voz de Maia le tomó por sorpresa.

La cazadora se giró, y vio cómo Maia salía por la ventana y se ponía de frente a ella, pero de pie. La miró desde arriba lo que a Isabelle le pareció una eternidad.

–Venga, chica lobo, suéltalo ya –dijo Isabelle con algo de rabia.

–No pensaba decirte nada, la verdad.

–¿Ah, no? Entonces, ¿por qué diablos me estás mirando desde arriba de esa forma?

–Vaya, lo siento. No me acordaba cómo os molestaba a los cazadores de sombras que os mire un subterráneo desde arriba.

No es que me "moleste" –pensó Isabelle –, es más bien que, estando yo abajo y tú arriba, me siento indefensa. He sido criada para atacar a gente como tú. A licántropos como tú.

Pero claro, Isabelle no lo dijo. Maia se sentó en el suelo a su lado.

–Aunque la verdad, ahora que empiezo a conocerte me pregunto ¿lo de ser tan arrogante es sólo de ser cazadora de sombras, o también hay que añadirle ser una Lightwood?

Maia le mostró una sonrisa.

–Los Lightwood tenemos una gran reputación en el mundo, ¿lo sabías, chica lobo?

Maia no dijo nada. La sonrisa desapareció de su rostro.

–No deberías haber echo eso, tu vestido… –comenzó a decir Isabelle.

–Me da igual el vestido. Además… tú también te lo estás estropeando.

–¿Por qué has venido aquí? –preguntó inquisitiva Isabelle.

–Quería saber si estabas bien. Parecías afectada.

–Pues no tienes por qué ofrecerme ayuda –Isabelle dejó de mirar los ojos color de miel de Maia y se puso a mirar hacia el frente, hacia la oscuridad.

–Tú me ayudaste hace poco, ¿recuerdas? Pensé que estaría bien devolverte el favor.

–No hay favor que devolver. Simplemente, era mi deber ofrecerte mi ayuda. Soy una cazadora de sombras. Es lo que hacemos. Así que no te sientas en deuda conmigo.

Isabelle se giró hacia Maia y la miró con gesto duro.

–¿Siempre eres así de dura? –Maia parecía dolida– ¿Así que por eso me dejaste dormir en tu cuarto, me regalaste un vestido, quedamos en Taki's, me ayudaste a elegir mi vestido? –Sin quererlo, poco a poco, Maia fue elevando la voz hasta el punto de gritar–. ¿Es eso lo que ha significado para ti estar todo este tiempo conmigo?

Maia se levantó, y la miró con ojos enfurecidos.

–Pues vaya, lo siento mucho, porque has debido de pasarlo realmente mal.

–Yo no quería que pensaras eso… –Isabelle se levantó y cogió a Maia del brazo–. Yo…

Isabelle no sabía qué decirle. Había sido dura, como ella solía ser. Podía llegar a ser verdaderamente mordaz cuando estaba de mal humor. Pero no quería que Maia creyera aquello, porque no era cierto. Sin saber qué hacer, Isabelle se lanzó a los labios de Maia y la besó.

Maia se apartó al instante.

–¿Qué se supone que ha sido eso? ¿Qué pasa, que como has estado con dos tíos seguidos que te han engañado, te has decidido a probar a ser lesbiana, como me dijiste? ¿Y qué es lo que te ha hecho pensar en mí como una opción? Porque no entiendo cómo te has decantado por alguien tan bajo como yo… ¿Acaso es porque hoy me has visto mona y has pensado que podíamos pegar? ¿O es que has visto que necesitaba un beso y era tu deber hacerlo?

Maia hacía cada pregunta con más furia en sus palabras. Las lágrimas amenazaban con salir por sus ojos.

–Maia –Isabelle le apretó más el brazo –, por favor, no pienses eso de mí, estás equivocada.

–¿Pero qué estoy escuchando? ¿Una disculpa? No, por favor, Isabelle, no te rebajes de ese modo por alguien como yo. Y suéltame ya –sacudió su brazo y se deshizo de ella–. Sinceramente, no sé cómo un tío como Simon pudo estar contigo. Debió de sufrir mucho por ello.

Ella se volvió a meter en Ironworks por la ventana por la que había salido, dejando a una Isabelle todavía más destrozada.


Tenía que incluir una escena de Malec, ¡Me gustan tanto! Espero que os haya gustado el capítulo. Si alguien quiere dar su opinión sobre algo, yo leeré todos los reviews o mensajes privados con todo el interés del mundo :)