La Leyenda de Zelda
El libro del destino
Con los ojos abiertos
Se observó en el espejo. Su reflejo le traía recuerdos, pero no sabía de qué. Se sentó en el tocador, y empezó a meditar. Todo lo que había ocurrido hasta ese día parecía un sueño del que no podía despertar. Repentinamente recordó a Impa, con quien quiso hablar ese día y sin embargo no pudo, ya que se notaba ocupada y le dijo que por el momento no tendría tiempo. Recordó que mencionó vagamente que debía discutir con Gloich y Hyer acerca de algo.
Impa le había enseñado la nueva geografía de Hyrule. Eran nueve los poblados que se habían unido al territorio de Hyrule: tres se encontraban en el norte, en el territorio montañoso que había a un lado del Castillo de Hyrule y Kakariko; otros tres se ubicaban más allá del Lago Hylia; dos se ubicaban en un territorio más lejano a los Dominios Zora; y uno se ubicaba escondido más allá de los bosques. Habían designado un representante de cada sector: para el norte, el pueblo de Sanet, especialista en metalurgia; para el oeste, la Aldea Mondes, una aldea costera que basaba su subsistencia en la pesca y en el hallazgo de tesoros; y para el este, el Fuerte Taval, una población que se había establecido en el interior de un fuerte creado por ésta misma. El sur no necesitaba un representante, ya que la 'Villa del Despertar' era la única que se encontraba en este lugar. Hasta donde ella sabía, las cosas estaban perfectamente bien en aquellos lugares.
Se levantó y empezó a mirar su habitación. Tenía una sensación de faltarle algo, pero ignoraba qué era. Empezó a sentirse extraña. Miró por la ventana, la fuente de luz que iluminaba su habitación, aun cuando se trataba de la luz de la luna llena. El cielo estaba completamente despejado, sin embargo unas nubes empezaban a formarse en él.
-Mal clima… tal como éstos últimos años – susurró –. ¿Cuándo acabará esta tormenta?
Desde que su padre dejó de estar consciente hace algo más de dos años tuvo que tomar las riendas del reino, lo que a su corta edad resultó ser algo complicado y cansador para ella. Lo más complejo para ella era el manejo de las aldeas y la toma de decisiones respecto a ellas. Debía pensar qué era lo mejor para cada una, dependiendo de sus cualidades. Además cada aldea exigía ciertas cosas que debía cumplir si esperaba su lealtad, y le complicaba decidir qué debía darles y qué debía negarles. En algunos momentos eran caprichos, pero tomar la decisión de negarles aquel capricho la espantaba cuando era pequeña, por la mera posibilidad de que el pueblo se enfadara por este rechazo.
Cuando tomó el mandato notó que los pueblos le mostraban cierto rechazo, negando la llegada de suministros y de carrozas de comercio, sin embargo con el tiempo esta actitud cambió, reaccionando de manera más pasiva respecto a la administración del reino. Zelda creía que se debía a un rechazo por parte de los pueblos a la idea de que una niña los estuviera dirigiendo, mas al notar que todo seguía bien, lograron aceptarla tal como era.
Un problema recurrente en el reino respecto a los pueblos era la creencia en las diosas. Zelda entendía lo complicado que era hacer que alguien cambiara su creencia religiosa, pero algo que la desconcertaba era la base que usaban los pueblos para no aceptar su creencia. En general, los pueblos respondían algo muy parecido: no querían aceptar a unas diosas cuyos creyentes se comportaban de manera tan agresiva, bajo un disfraz pacífico. Desde donde ella lo veía, eran ellos quienes se habían comportado agresivamente con los enviados del reinado.
Empezó a sentir el frío. Hyrule se encontraba en pleno invierno, pasando por la época más helada y tormentosa. Zelda estaba sin ánimos de encender la chimenea. No tenía ánimo para cosa alguna desde hacía mucho tiempo, y le empezaba a preocupar. Algunas veces al despertar no sentía ánimos ni de levantarse, y lo único que la motivaba a hacerlo eran las labores que debía cumplir reemplazando a su postrado padre. Creía que esto último la desmotivaba.
El Rey llevaba dos años sin despertar. La mueca que vio en el rostro de su padre esa noche, un poco más de dos años atrás, seguía marcada, sin variar ni un poco en su aspecto. No comía, no bebía, no necesitaba ir al baño; algunos decían que el rey ni siquiera necesitaba respirar. Se hallaba en un estado que parecía atemporal, básicamente porque con estas características daba la impresión de estar suspendido en un momento del tiempo. Zelda lo visitaba casi todos los días, para ver si cambiaba en algo, y por esto mismo creía que había perdido el ánimo: el nulo cambio de su padre. Ni más ni menos esperanza; las cosas seguían tal como aquella noche en que Impa y ella hablaban sobre su estado.
Pero no le importaba. Estaba casi segura de que le estaba afectando, pero no dejaba de ir a verlo siempre que podía. Las esperanzas se mantenían firmes en ella, pero ya habían empezado a sucumbir, sin que ella lo notara.
El primer día de entrenamiento, días atrás, había sido duro, aun cuando Link estaba acostumbrado al ejercicio intenso. Gloich había intentado enseñarle algunas técnicas básicas con la espada, pero Link ya conocía la gran mayoría de las mismas. Impresionaba a Gloich, pues las más simples eran las menos conocidas para Link. Se tornaba aburrido aprender técnicas con Gloich, hasta que empezó a enseñarle técnicas más complejas, que requerían mayor habilidad corporal.
Previo al entrenamiento, Gloich y Hyer habían hecho que ambos jóvenes realizaran un calentamiento, al que decidieron incorporarse en cuanto empezaron a trotar. Los animaban a seguir adelante, aunque quien realmente necesitaba apoyo era Ne'hrild y no Link. Él se encontraba en una condición física tan buena como la de Gloich y Hyer, lo que los impresionaba mucho, y no se explicaban cómo había conseguido tan buen condicionamiento fuera del ejército. Ne'hrild, por otro lado, no se había preparado tan bien como Link, por lo que el trote a través del Campo de Hyrule resultó un martirio, y aprovechó el momento en el que pasaron junto al Río Zora para hundir su cabeza en aquella agua tan refrescante. Riendo, Link se limitó a sacar agua con ambas manos beber de ellas. Sus mentores siguieron el recorrido, por lo que tuvieron que ir más rápido para alcanzarlos.
Quien más aprendía era, obviamente, Ne'hrild. Lo que más le costaba por el momento era el entrenamiento físico, pero las técnicas de lanza eran su fuerte: aprendía muy rápidamente, impresionando a Hyer.
A pesar de todo, Link demostró que aún tenía mucho que aprender al batirse en duelo contra Gloich. Hyer y Ne'hrild quedaron maravillados ante la lucha de espadas que vieron llevarse a cabo.
Link tenía la orden de Gloich de lanzar golpes letales contra él, mientras que él sólo se defendería y contraatacaría con golpes no letales. Link inició intentando confundir a Gloich, corriendo hacia él y atacando desde abajo hacia arriba en diagonal con ambas manos; cuando Gloich empezó a moverse para bloquear el golpe, Link cambió la posición de sus manos, forzando para que el golpe diagonal se transformara en un ataque vertical de arriba hacia abajo. Se espantó al ver que Gloich no pretendía bloquear en ningún momento: había clavado su espada en el piso con fuerza, y estando agachado se había empujado a su derecha, deslizándose alrededor de la espada y quedando a centímetros de Link. En aquel momento tomó su espada y se levantó, poniéndola en una posición tal que Link ya no podía moverse si no quería ser dañado: había tomado su espada con ambas manos, y la colocó a la altura de su hombro, con la hoja hacia abajo, paralela a su brazo derecho y cubriendo diagonalmente su pecho; una vez se levantó, la punta de su espada quedó a la altura del cuello de Link, quien no había sido capaz de anular su ataque, por lo que se había agachado y golpeado con fuerza el suelo con su espada, permitiendo que Gloich lo venciera fácilmente.
-De nuevo – ordenó Gloich con una sonrisa en su rostro, aunque Link entendía que aquella sonrisa tenía algo de reproche.
Gloich quitó su espada del cuello de Link y dio un paso atrás, permitiendo que Link tuviera una gran facilidad de ataque. Éste acomodó sus manos en su espada, e hizo un ataque giratorio manteniéndose en su misma posición, intentando atacar los pies de Gloich; con un cuarto de circunferencia ya habría chocado contra sus botas. Gloich, sin embargo, se acercó a Link apenas empezó a moverse, y apoyando su mano derecha sobre el casco de Link saltó por sobre él, dando vuelta su cuerpo por completo, y al tocar el suelo su espada ya estaba a centímetros del cuello de Link, a quien miró inquisitivamente, sugiriendo que no se confiara de lo que sabía.
-Una vez más – ordenó.
Dio tres pasos hacia atrás y envainó su espada en su cintura. Esperaba el ataque de Link con paciencia. Mientras Link se levantaba, cerró los ojos. Al notar esto, Link le llamó la atención, diciéndole que no lo atacaría si no se iba a defender.
-¿Quién dijo que no me defenderé? – preguntó, frunciendo el ceño y dándose vuelta, sin abrir los ojos – Aún de espaldas a ti me puedo defender perfectamente. Que no te de vergüenza que no me puedas derrotar – añadió para incentivar que lo atacara.
Link arremetió contra Gloich, planeando atacarlo con una estocada que podría variar rápidamente. Cuando estaba cerca de él, éste se dio vuelta, desenvainando su espada a medida que giraba, la cual soltó a continuación y tomó nuevamente en otra posición, haciendo que gire rápidamente en contra de la espada de Link, quien creyendo que intentaba desequilibrarlo sostuvo su espada con más fuerza, lo que le permitió a Gloich mantener su espada por sobre la de Link, deslizándola y acercándola hacia él. Ante esto, Link inclinó su espada hacia abajo, deteniendo el ataque de Gloich. Él deseaba que Link reaccionara de esta manera, mas por otro lado no esperaba que lo hiciera, por lo que tuvo que pensar rápidamente. Tomó la mano izquierda de Link con la suya, apretándola contra la espada mientras quitaba su espada del camino interrumpido por la de Link, e impidiéndole moverse, lo golpeó en la espalda con la cabeza de la empuñadura.
-Entiendes que no basta con conocer todas las habilidades, ¿no? – le preguntó Gloich – Debes entenderlas; conocer cada ventaja y desventaja, evaluar de qué manera te podría servir, y considerar cómo le podría ser de utilidad a tu enemigo. Aprender los modos en los que puedes continuar tus ataques, ya sea para continuar atacando o reaccionar ante la defensa o evasión enemiga. E incluso, si lo notaste, debes aprender que la espada no sólo sirve para el combate, sino que también para el movimiento.
» Una de las razones por las que soy reconocido es por mi talento en la espada, pero no tendría ese reconocimiento si me hubiera dedicado a asumir que ya "conocía bien las técnicas y no era necesario practicarlas" como tú. Quiero que las sigas practicando hasta el cansancio; hasta que sea tal tu memoria de cada técnica que comiences a combinarlas por la mera entretención.
» Te darás cuenta con el tiempo, Larnoa, de que lo mejor es esperar que el enemigo se encuentre siempre un paso más adelante. Debes luchar siempre con los ojos abiertos, tratando de averiguar cuál va a ser la siguiente jugada de tu enemigo. Pero, como te lo acabo de decir, de eso te darás cuenta con el tiempo. Primero tendrás que aprender cuál será tu sucesión de movimientos en la batalla, dependiendo de cada situación, y luego te tomará un largo tiempo aprender a desarrollar esa predicción del enemigo. Por ahora solo te queda creerlo. El enemigo estará siempre un paso más adelante, y tienes que estar preparado para ello.
Link lo miraba con cierto desprecio. No sabía lo que había hecho mucho tiempo atrás. No estaba enterado de que había salvado la tierra de Hyrule con esa actitud que descalificaba. Pero, después de todo, sabía que se encontraba en lo cierto. Estaba sobrevalorando sus propios conocimientos, creyendo que con eso podría derrotar a cualquiera que se le enfrentase, y gracias a Gloich se dio cuenta de lo equivocado que estaba.
-Superación personal – pensó Link en voz alta.
-Exactamente. Es lo que debes buscar. Debes ser mejor que ti mismo – concedió Gloich.
Ambas parejas de mentores y aprendices habían empezado a formar una relación fuerte de amistad, así como también la habían comenzado ambos aprendices entre ellos. Hyer empezó a ayudar a Ne'hrild en cuanto a la búsqueda de aquel ladrón que le arrebató su brazalete años atrás, y también a recordar su nombre, del cual sólo recordaba el comienzo. En cuanto a Gloich y Link, el primero se esmeraba en enseñarle las cosas de una manera muy similar a como lo hacía su mentor cuando él era un aprendiz. En cierta forma, sentía que de esta manera podía hacer vivir en sí mismo la memoria de su mentor, a quien su corazón lo único que quería era volver a verlo una vez más. Gloich debió explicarle a Link que los lazos que lo unían a él y a su mentor se transformaron de una amistad a algo con una fuerza similar a la de una relación de padre e hijo.
-Quizás algún día lleguemos a eso – comentó Gloich –. Aunque no creo que sea pronto – bromeó.
Los cuatro se devolvieron al cuartel, al notar que ya comenzaba el atardecer. En unas horas se escondería el sol, y todos debían hacer sus propias cosas en el castillo.
Al llegar, Gloich y Hyer dejaron a los aprendices solos mientras se iban comentando sobre el lento cese de las rebeliones y el rechazo de los pueblos, como quien cuenta un chisme. A Link y Ne'hrild les llamó la atención aquella información, mas sus mentores no les permitieron saber nada, entrando a una de las oficinas del cuartel a las que no tenían permitido entrar los jóvenes aprendices.
Mientras los mentores charlaban y se encargaban de temas algunos temas oficiales del reino, los jóvenes debían dirigirse a otro entrenamiento: el de los novatos. Después de todo ellos aún no recibían su título de Cabo Mayor, por lo que los entrenamientos de novatos estaban aún en su horario. Siendo los más destacados, terminaron como unos de los peores en el entrenamiento, ya que se hallaban ambos muy cansados al momento de iniciarlo. Esto sólo provocaba un mayor rechazo por parte del resto de los novatos hacia ellos, ya que, además de la envidia que les tenían por el hecho de ser los mejores y llegar tan pronto a ser Cabos Mayores, a la hora de los entrenamientos estaban desempeñándose como novatos comunes, lo cual era interpretado por unos como un acto pedante de que no necesitaban aquel entrenamiento, y por otros como algo escandaloso, ya que unos soldados promedio serían promovidos al rango de Cabo Mayor en unos días o semanas. Tuvieron que dar muchas explicaciones a una gran cantidad de novatos envidiosos, soportar las miradas respetuosas que no deseaban de sus compañeros, y aguantar el ambiente hostil que se formaba en vestuarios y duchas estando cualquiera de los dos ahí, y que se intensificaba al estar ambos al mismo tiempo. Nacían burlas respecto al desempeño en los entrenamientos, chistes donde se reían de lo mismo y donde inventaban cosas que habrían hecho ambos para conseguir el rango, y comentarios burlescos por la relación amistosa y apegada que se formaba entre ellos. No se hicieron esperar tampoco las burlas respecto a la masculinidad de ambos tras cada ducha, aun cuando muchos de ellos no se encontraban en posición de reírse.
Ellos querían que pasaran rápidamente los días para no tener que seguir soportando aquella situación. Un día de aquellos, mientras se retiraban del vestuario, se les acercó Impa. Quería saber cómo estaba resultando el entrenamiento que les estaban dando a ambos, pero además estaba enterada del trato que les estaban dando los demás soldados, y, de hecho, suponía que ocurriría, y quería ver cómo se encontraban ambos jóvenes emocionalmente.
-Sé que esto del ejército es algo fuerte y cansador, algo que no se ve desde fuera del mismo. Por eso, quise venir a ver cómo se encontraban ustedes. Sé también que no están teniendo una muy buena convivencia con sus compañeros...
Link, quien aún no le revelaba que su nombre no era Larnoa, le explicó que a pesar de la situación, ambos tenían algunos amigos en común entre los soldados, sin embargo no tenían mucho tiempo para cultivar aquellas amistades. Luego le habló del entrenamiento y cómo habían estado progresando, lo que le produjo satisfacción a Impa, evidenciándose por la expresión de su rostro.
En ese momento Impa los dejó, pues debía encargarse de cosas importantes. Mientras se retiraba la oyeron murmurar que debía hablar con Gloich y Hyer, y que no los encontraba. Preguntó a varios soldados por su ubicación, mas nadie parecía saber dónde se encontraban. Estaba apurada y necesitaba hablar con ellos, y no quería perder la oportunidad ya que por ello no tuvo tiempo de hablar con la princesa por la mañana. Un soldado, a quien le habían comentado del apuro de la edecán, se le acercó para decirle que había oído que los Tenientes Generales se habían retirado repentinamente hacia Kakariko, por una carta que les llegó, y que se notaban preocupados.
-¿Cómo lo sabes? – preguntó Impa, interrogando seriamente.
-Disculpe, señora. Estaba frente a ellos cuando ocurrió, le ruego no crea que estaba husmeando – respondió el soldado, alarmado.
-Lo que me faltaba – murmuró Impa, pensando en la preocupación que según el soldado tenían Gloich y Hyer –, más problemas.
Buscó su caballo, a quien había dejado fuera del cuartel, producto de la urgencia, y salió del mercado lo más rápido que pudo, abriéndose paso entre la gente. Una vez fuera del mercado hizo galopar a su caballo a su mayor capacidad, mientras notaba cómo el campo de Hyrule se teñía de color anaranjado con el atardecer. Esperaba que se encontraran en condiciones de charlar con ella, y que su preocupación no se debiera a algo mayor.
Al llegar a Kakariko, se encontró con el pueblo en completo silencio, y sin alma alguna fuera de los hogares. Empezó a andar lento por el pueblo, y notó una carroza junto a la salida hacia la montaña, lo que le dio a entender que alguien había llegado desde las aldeas del norte.
Entró a la primera casa a su izquierda, que era donde usualmente se recibía a los extranjeros. Acertó, ya que dentro de la casa estaban Gloich y Hyer, y un hombre de edad avanzada, sentados a ambos lados de una mesa, mientras una dama preparaba algo en lo que era la cocina, junto a ellos. El hombre estaba abrigado, y se notaba de cara amistosa. Su piel morena confirmaba sus sospechas de que se trataba de un aldeano del norte, mas no creía que fuera un aldeano común y corriente. Como era usual, su intuición no le falló.
-Buenas tardes – la saludó el hombre, levantándose esforzadamente de su asiento.
Impa se acercó a él y le dio la mano, saludándolo. Se presentó y el anciano hizo lo mismo.
-Así que usted es la edecán. Creo haberla visto unas cuantas veces en Sanet – comentó el hombre –. Mi nombre es Shalev, Gran Jefe de Sanet.
Gloich y Hyer, entre tanto, se levantaron de sus asientos y saludaron a Impa.
-Estos jóvenes vinieron a recibirme, ante una carta que envié al cuartel para conversar con uno de los altos cargos.
-No fui informada de esto – contestó Impa, mirando con reproche a ambos Tenientes Generales.
-No, fue intencional que usted no se enterara. Me dijeron que usted se encontraba muy ocupada el día de hoy.
-¿Y qué hay del General del Ejército? Después de mí, él es el siguiente Oficial General.
Shalev observó a los Tenientes Generales y luego a Impa, sin estar enterado de por qué motivo no habían contactado a Reiht. Gloich y Hyer observaban con naturalidad y algo de asombro a Impa.
-¿No se ha enterado? – preguntó Gloich.
-Ah, ¿más cosas de las que no he sido informada? ¿De qué se trata esta vez? – contestó molesta.
-El General del Ejército no se encuentra en el Castillo desde ayer. Se dirigió a la Villa del Despertar, con un pequeño grupo de soldados que seleccionó, entre ellos el Teniente General Marcus – explicó Hyer, con un tono extraño en su voz. Gloich comprendía perfectamente la razón de aquel tono.
-Ya veo – respondió Impa –. Bueno, eso deja las cosas más claras. Yo también venía a hablar algo con urgencia con los Tenientes. ¿Qué vino a hacer usted, Gran Jefe?
-Es un tema bastante ligero de tratar, pero prefiero que usted discuta con sus subordinados antes, ya que se le ve tan preocupada. Para que pueda escucharme sin distraerse, ¿no? – contestó Shalev con calma –. Además, no pensaba regresar a Sanet el día de hoy. Planeaba quedarme aquí, y, es más, el hospedaje se ve muy prometedor.
-Me parece bien. Necesito informar a los Tenientes sobre ciertos asuntos, espero no le moleste.
-Para nada, esperaré aquí.
Los tres Oficiales Generales salieron de la casa, y se dirigieron a la entrada de Kakariko, para hablar a solas. Todos se miraban con preocupación; las cosas claramente no estaban bien.
-¿De qué se trata la visita del Gran Jefe?
-Es irrelevante, edecán. O, bueno, eso creemos – respondió Hyer con cierta duda en su voz. Gloich lo miró, dándole a entender con su mirada que debió haberlo dicho con otras palabras.
-Explíquenmelo más tarde. Antes de empezar con lo que vine a decirles, quiero saber qué es eso de que Reiht se dirigió a la Villa del Despertar.
Gloich pensó que, después de todo, quizás ya era hora de decirle a Impa lo de Reiht, y le dijo:
-Bueno, señora Impa, verá… Creemos que la razón por la que vino el Gran Jefe de Sanet tiene que ver con lo del General del Ejército.
-¿Y cuál sería la razón? – preguntó Impa, intentando sacar la mayor cantidad posible de información de la boca de Gloich – Y basta de formalidades, Gloich. Entiendan que a ustedes les permito llamarme por mi nombre estando solos, y no los recriminaré por llamar a los demás por sus títulos.
-Esto, Impa… – contestó Gloich – Te explicaré lo esencial. Reiht se retiró repentinamente del Castillo. Nosotros preguntamos qué era lo que ocurría, pero no nos explicó fuera de que "surgió un tema importante en el sur de Hyrule", del cual debía encargarse personalmente. Por lo mismo entendimos que no estábamos calificados para saber de qué se trataba, pudiendo ser un tema muy importante, sin embargo se llevó a Marcus con él, además de dos Generales de División y un General de Brigada, con un pequeño grupo de distintos rangos de Suboficiales. Impa – continuó tras una breve pausa –, tenemos muchos motivos para creer que Reiht no se trae algo bueno entre manos. Lamentablemente no teníamos cómo detenerlo y tampoco podíamos seguirlo, pues si no nos permitió saber el motivo de la urgencia, hacerlo habría sido una falta a su orden, lo que podría haber traído problemas.
-¿Muchos motivos? – preguntó Impa, más preocupada que antes – Gloich, ¿qué está ocurriendo?
-No lo puedo explicar ahora, pues tomará mucho tiempo, y nos está esperando el Gran Jefe de Sanet. Te lo explicaré una vez terminemos con ese tema. ¿De qué venías a hablarnos tú?
Impa estaba digiriendo la información que le estaba dando Gloich; trataba de pensar cómo podría Reiht estar tramando algo malo. Confiaba en ellos lo suficiente para creer que sus motivos debían ser válidos como para creer aquello. Tardó un poco en responderle.
-Verán, en cierta forma venía a pedirles su ayuda. Están ocurriendo cosas extrañas en todos lados, por lo que necesito que estén atentos a todo lo que ocurre; espero que lo de Reiht no sea lo que creen ustedes, y en realidad esté notando estas ocurrencias-
-O quizás sea quien las está causando – interrumpió Hyer.
Impa lo miró de reojo, y continuó hablando, ignorando aquel comentario.
-Se preguntarán de qué cosas extrañas hablo. Primero están los "avistamientos": ha llegado información, por parte de los carteros, de que en distintos lugares de Hyrule se ha visto personas encapuchadas en lugares extraños. Por ejemplo, en la Aldea Mondes, varios aldeanos le comentaron a uno de los carteros haber visto a una persona encapuchada, de pie sobre la copa de un árbol, sin moverse en lo más mínimo, y notaron que su capucha no se movía con el viento. Situaciones similares en Hazra y Afeldi. También me informaron que en Basae se han alterado por estos avistamientos, y no están permitiendo entrar a ningún forastero. Incluso se han rebelado contra los soldados de Hyrule que estaban encargados de la aldea, expulsándolos y destruyendo sus pertenencias. Pensábamos, con la princesa, que esta actitud se trataba de una reacción ante el inicio de su gobierno, por ser tan joven, sin embargo si esto vuelve a comenzar ahora, debe haber otro motivo.
-Si lo que le han contado es cierto, podría coincidir con lo que creemos nosotros respecto a Reiht. Tendremos que enviar a unas cuantas personas a que investiguen estos lugares, y que descubran quiénes son estas personas que han visto en los pueblos.
-Ustedes encárguense de organizar eso en el cuartel. Yo me quedaré con el Gran Jefe, para enterarme de lo que vino a hacer. Dijeron que era irrelevante, ¿no? No puede tomar mucho tiempo. Me juntaré con ustedes lo más pronto posible, para que me expliquen lo que creen de Reiht.
Separaron sus caminos; Impa volvió a aquella casa, mientras que los Tenientes Generales se encaminaron hacia el Castillo. Estaban llegando los últimos rayos de sol, por lo que deberían apresurarse.
Impa entró en la casa. Pudo ver a Shalev degustando una infusión que le habían preparado, y por su expresión pudo adivinar que no lo impresionó, pero le agradaba.
-Gran Jefe, ¿me explicará ahora qué lo trajo por aquí? Y, ¿por qué no fue al castillo?
-Verá, edecán, es simple. Vengo meramente a agradecer la buena actitud que ha tenido el Ejército de Hyrule con nuestro pueblo. La verdad es que no teníamos tanta confianza en la Princesa Zelda, pero resultó que nos ha dado un trato mucho mejor que aquel trato desastroso que nos dio el Rey mientras gobernaba.
Impa no entendía por qué hablaba de esa manera respecto al gobierno del Rey, pero ignoró esto para continuar oyendo lo que le decía.
-La razón por la que no fui al castillo fue por la simpleza. Además, si me dirigía hacia allá me harían esperar unos cuantos días antes de poder contactarme con algún Oficial General. Enviar una carta con urgencia los haría venir de inmediato.
-Pero, ciertamente, esto no es urgente, ¿o sí?
-Eso depende de cómo usted lo mire. Le tengo cierta información, edecán. Puede que le interese; no le conté a los Tenientes Generales, más que nada porque se trata de un rumor no confirmado, aunque existe una gran posibilidad de que sea cierto.
-¿De qué se trata? – preguntó interesada.
-Verá usted, un habitante de Sanet dice haber oído una conversación entre dos de sus soldados, durante el gobierno del Rey, un poco más de dos años atrás. Se atrevió a contarlo ahora que las cosas ya se han calmado en casi todos lados.
»Se trata una conversación que se notaba secreta. El habitante de quien hablamos dice haber estado caminando fuera de una de las minas de Sanet mientras anochecía, y oyó charlar a dos soldados, tratando de que no se les oyera. Uno le pedía ayuda al otro, diciendo que unos sujetos le exigieron que consiguiera información respecto a tres objetos de los que no tenía idea. Si no se cumplía aquella petición en dos días, se encargarían de asesinarlo a sangre fría, y harían parecer que fue un accidente. Le habían mencionado que era un objeto cerca de Sanet, otro en el este de Hyrule y el último cerca del sector sur de Hyrule, pero no parecían saber de qué se trataban.
»Lo triste de esta historia es que, haciendo cálculos, alrededor de la fecha en que este joven supuestamente oyó a los soldados, ocurrió un accidente en el que falleció otro habitante de Sanet, junto con un soldado de Hyrule, pero no solo eso: el habitante de quien hablábamos en un inicio se quitó la vida unas dos semanas atrás. Por lo mismo, el resto de Sanet empezó a dudar de su cordura y, por lo mismo, de su historia.
-Pero ya que me está contando todo esto, imagino que usted no.
-Es usted brillante, señora edecán. Correcto, yo creo que aquel habitante pudo haber estado diciendo la verdad. Pero, lamentablemente, no puedo luchar contra la corriente. Solo una pequeña minoría le cree a este joven, y nadie quiere un jefe supersticioso y que cree en otras cosas que creen ellos, por lo que públicamente tampoco le creo. Por mi parte – continuó tras un suspiro – yo no haré un mayor esfuerzo en hacerla creer en esta historia; eso dependerá solamente de usted.
-Es más complejo de lo que usted cree, Gran Jefe – comentó Impa, riendo –. Con haberme contado aquello me da usted una responsabilidad, ya que depende de mí si creo aquello o no. Para mí, ahora que usted me ha confiado esta historia, yo tengo una sola posibilidad, y es creerlo. Le explico: creyéndolo me encargaré de hacer que se aumente la protección de los sectores que usted menciona. Si ocurre algo peligroso, la seguridad que le brindé al sector podría evitarlo o detenerlo, y si nada ocurre, nada se habrá perdido. Por el otro lado, si no lo creo, no haré nada al respecto, por lo que poniéndonos en el caso de que ocurra aquello que se relaciona con lo que yo no creí, se llevará a cabo, y seré responsable de no haber hecho nada por evitarlo.
-¿Qué cree usted que pudiera ocurrir, edecán?
-Lo mismo que ocurrió con aquel soldado. Accidentes premeditados, que involucran a gente inocente.
Shalev la miraba, sonriendo.
-¡No cabe duda por qué la eligieron de edecán! Es usted maravillosamente astuta e inteligente. Usted sólo me acaba de dar más confianza en la gran capacidad que posee el reinado de Hyrule.
Impa sonrió, sonrojándose mínimamente.
-Siempre habrá alguien mejor que uno, Gran Jefe, por lo que uno debe estar siempre con los ojos abiertos. Si me disculpa, debo regresar al castillo. Aún quedan muchas cosas por hacer.
-Adelante, y que las diosas la protejan – le dijo Shalev.
A Impa le llamó la atención aquella expresión.
-¿Cree usted en las diosas? – le preguntó a Shalev.
-Cuando noté que sus creencias no los hacían agresivos, empecé a creer en ellas. Y me tranquiliza mucho saber que están ahí, cuidándonos.
Impa sonrió, y se despidió. Salió rápidamente de la casa, y subió a su caballo para regresar al castillo. La luna se estaba asomando, por lo que entendió que tendría que llamarle la atención a uno de los guardias para poder entrar. Se maravilló ante la luz que expelía la luna llena, a pesar de las nubes algo oscuras que se empezaban a formar.
Quería tomar un baño para relajarse, por lo que salió de su habitación. Una sirvienta pasó corriendo frente a ella, aparentemente sin llamarle la atención su presencia en el pasillo. Empezó a caminar lentamente a través del castillo, recordando el corto camino hacia un gran baño muy ostentoso. Cuando estaba llegando al mismo, otra sirvienta pasó corriendo pero se detuvo ante la presencia de la princesa, y se le acercó
-¡Princesa! – le llamó la atención con una reverencia – Debe usted saber que algo le ocurre a su padre. Empezó a estremecerse en su lecho. ¡Acompáñeme usted a verlo, por favor!
Zelda abrió sus ojos y corrió siguiendo a la sirvienta, subiendo unas cuantas escaleras y corriendo por pasillos, hasta llegar a la habitación del Rey. Zelda se detuvo un momento antes de entrar, asustada por lo que podía ver. Buscó tranquilidad en la posibilidad de ver los ojos de su padre abiertos nuevamente, y entró.
Apenas dio el primer paso adentro, el Rey dejó de estremecerse. Luego las sirvientas dejaron escapar un grito que ahogaron rápidamente. Zelda ahogó un grito, de igual manera. Su padre se encontraba con los ojos abiertos, y la miraba fijamente. Ella comenzó a caminar lentamente, bordeando la cama de su padre, y deteniéndose al estar de su lado; el Rey no le quitaba los ojos de encima, e incluso había girado su cabeza para verla mejor.
Zelda dejó escapar las lágrimas de sus ojos.
-Padre, ¿me oyes? – preguntó.
El Rey asintió lentamente.
-¿Puedes hablar?
Se quedó mirándola un momento, antes de abrir su boca. Parecía asustado.
-E… – musitó el Rey – Es-to-toy… B-bien, Zel-da.
Ella comenzó a llorar. Su alegría era inmensa: por fin tenía a su padre nuevamente. La emoción no la dejaba hablar, y la alegría de la situación se transmitió a las sirvientas, quienes empezaron a llorar de igual manera. Una de las sirvientas corrió fuera de la habitación, para informar de la buena noticia a todo el castillo.
Zelda se enjugó las lágrimas, mirando por la ventana. Las nubes habían ocultado a la hermosa luna llena que decoraba la noche, pero para ella no importaba. Era la noche más feliz que había tenido en los últimos años, y el mal clima no la deprimirían.
Luego, el rey volvió a hablar.
-Zel-da, prince-sa. No sabes cu-cuánto moría por vol-ver a v-verte.
El puente comenzó a bajar. Impa se detuvo frente a él, expectante; no había razón para que lo bajaran, ya que ella no lo había llamado. Cuando terminaba de bajar, notó a Gloich y Hyer deteniéndose al otro lado del puente, mirando hacia todos lados. Dejaron de hacerlo al ver a Impa del otro lado del puente.
-¿Qué es esto? ¿Están buscando algo? – preguntó Impa, extrañada.
-Perseguíamos a una persona. Fue un avistamiento; frente al castillo.
