Disclaimer: Ooops se me olvido ponerlo antes! Vale...ni Twilight ni The Harvey Girls nos pertenecen ni a mi ni a la autora original...ojalá! lo único que es mío en este momento es el ordenador en el que escribo...

Espero que os guste este capi y preparadas! Porque Eddie va a hacer su aparición estelar!

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Capítulo 3: Y llegó la tormenta.

PVB

La furia me corría por las venas fuertemente con cada paso que daba en la dirección del lugar en el que se encontraba Edward Masen, sentado y completamente ignorante de lo que estaba a punto de venírsele encima.

-Bella por favor, tomate un minuto para calmarte. De verdad que no deberías entrar ahí sola, o mejor aún, no deberías entrar, simplemente. No es un lugar seguro para una dama como tú- le pidió Carlisle.

Carlisle me estaba empezando a poner de los nervios mientras continuaba andando detrás de mi, rogando que mantuviera la distancia entre Edward Masen, su "encantador" establecimiento y yo.

Me di la vuelta, casi haciendo que me chocara con él, al pararme tan bruscamente.

-Cállate Carlisle!- le dije poniendo las manos en las caderas y acercando mi cara a la suya intentando intimidarle- soy una mujer adulta que ha sido terriblemente estafada por esa asquerosa excusa de hombre. Soy mas que capaz de cuidar de mi misma. Si quieres venir conmigo, de acuerdo, pero deja que haga esto yo sola. No puedo dejar que piense que puede seguir haciendo cosas tan detestables como esta. Me entiendes?

-Si señora!- dijo Carlisle con voz temerosa mientras dejaba mi baúl en el suelo y me miraba- no quiero que te pase nada. Edward puede parecer que sea de una determinada manera por como usa las palabras, pero déjame decirte que no es el hombre con mejor genio de estos lares. Además, yo tengo la misma culpa que él. Nunca debí acceder a esto.

-Carlisle, estoy de acuerdo de que te equivocaste a la hora de dejar que alguien escribiera esas cartas por ti, pero tus intenciones eran buenas. No te puedo reprochar eso. El Sr. Masen debería haberte dejado en paz en el mismo momento en el que no estuviste seguro de continuar con todo esto. Pero no, él continuo usando sus artimañas para convencerte de que era lo mejor que podías hacer. Es él el culpable de todo. Es él el que está detrás de todo esto. Tu eres tan victima de sus actos como lo soy yo. Ahora, déjame hacer esto!

-De acuerdo Bella, pero voy contigo de todas maneras. No me lo perdonaré en la vida si alguien te hiciera algo y yo me hubiera quedado aquí.

No pude evitar sonreír ante su determinación de intentar mantenerme a salvo. Estaba empezando a recordarme a mi padre, el cual siempre había vivido con la fuerte determinación de protegernos a mi madre y a mi. Se sentía bien volver a tener al alguien que se preocupara así por mí. Aquello era algo que me había incomodado cuando mi padre estaba vivo pero ahora que se había ido, era algo que echaba muchísimo de menos.

-Gracias Carlisle, aprecio mucho lo que haces. Y ahora vamos antes de que se me pase el enfado y me vuelva una cobardica- le dije poniendo los ojos en blanco.

Él soltó una risita y echó a andar a mi lado para unos pasos después plantarnos frente a las puertas del Saloon. Cogí aire profundamente y abrí las puertas de aquel sitio de un golpe y entrando dentro. Miré a mi alrededor hasta que encontré al barman y eché a andar hacia donde estaba.

-Discúlpeme. Estoy buscando al Sr. Edward Masen.

-Allí- dijo señalando a la otra parte de aquel sitio.

Estiré el cuello y pudo ver la parte de atrás de la cabeza de un hombre de pelo color bronce, sentado a una mesa y rodeado de un grupo de hombres soltando grades risotadas.

-Es él, Carlisle?

Carlisle miró a la dirección en la que estaba señalando y movió la cabeza de manera afirmativa, confirmando que aquél era el hombre al que estaba buscando. Me giré hacia el barman para darle las gracias antes de empezar a abrirme paso a empujones entre la multitud hacia mi destino. Cuando me empecé a acercar, sentí como aumentaba mi rabia y el pequeño trazo de calma que Carlisle me había hecho sentir antes, se había evaporado. No me llevó nada de tiempo verme de pié detrás del Sr. Cullen, escuchando como se reía con los hombres con los que estaba jugando a las cartas. De di un toque firme en el hombro pero me ignoró por completo.

Le volví a dar otro toque, con mas fuerza que antes, pero siguió ignorándome, cosa que hizo que me enfureciera todavía mas. Me aclaré la garganta y dije su nombre, dándole así otra oportunidad para que se diera cuenta de que estaba allí, pero actuó como si no hubiera nadie allí.

Lo que el no sabia es que yo siempre había sido muy persistente y no me iba a dar por vencida hasta que no me hiciera caso. Todos los hombres de la mesa ya se habían dado cuenta de mi presencia y le habían dicho que había alguien tras de él intentado llamar su atención. Lo único que hizo fue encogerse de hombros y continuó jugando. Mi furia había alcanzado ya niveles peligrosos que nunca había alcanzado antes. Ya me había cansado de ser ignorada por el idiota que tenia delante. Iba a hacer que se diera cuenta de mi presentía aunque tuviera que estar allí de pie toda la noche.

-Sr. Masen!- le grité mientras le daba una colleja (o zape) en la cabeza.

Al parecer, mi golpe no le había sentado muy bien y de un salto se puso de pié girándose hacia mi. Me estaba mirando una rabia que podía competir con la mia. Admito que me quedé momentáneamente paralizada al ver su rostro tan atractivo e hipnotizantes ojos, pero encontré la compostura rápidamente y le devolví la mirada con cada gramo de resentimiento y hostilidad de la que era capaz.

Sus ojos viajaron por mi cuerpo y la expresión de su cara cambio de una de rabia a una desconocida para mi. Una vez que terminó de "reconocerme", volvió su mirada hacia mi cara y el mal gesto de su boca cambió a una sonrisa de satisfacción que me hizo querer pegarle una bofetada en toda la cara.

-Es usted el Sr. Masen?

-Eso depende. Quién eres tú ricura?- dijo pasándome uno de sus dedos por la mejilla.

Aparté su mano de un manotazo y tuve que contenerme para no reírme de la sorpresa que se dibujo en sus ojos.

-Eso se lo diré en un momento. Ahora, quiero que conteste a mi pregunta antes. Es usted el Sr. Masen?

Se le volvió a dibujar la sonrisa arrogante en la boca de nuevo, pero siguió sin contestar a mi pregunta. Me acerqué mas a él y adopté la misma postura que había utilizado antes para intentar intimidar a Carlisle esperando que tuviera el mismo efecto en él.

-Me va a contestar. No me resulta un problema quedarme aquí haciendo de sus días y noches una pesadilla hasta que me dé la respuesta que estoy buscando.

-De acuerdo, si, soy el Sr. Masen, pero tú cariño, puedes llamarme Edward- me dijo cogiendome la mano intentando besarla.

-Gracias, pero no- le dije apartando mi mano de las suyas, dándole la bofetada que no le había dado antes.

Sus amigos se levantaron deprisa de sus asientos, pero Carlisle fue mas rápido y se puso frente a mi, haciendo que se quedaran donde estaban. Ahora me daba cuenta del por qué tanta insistencia en acompañarme y estaba agradecida de haberle dejado venir. Aquellos hombres eran de los que parecian no tener ningún inconveniente en atacar a una mujer o hacerle daño de alguna manera. Volví a mirar al Sr. Masen y vi que la rabia había vuelto a sus ojos otra vez. Pero yo no le tenia miedo. Podía aguantar lo que me echaran y estaba preparada para enseñarle a aquel tipo una lección que tardaría en olvidar.

PVE

Me toqué con la mano la mejilla intentando calmar el escozor de su bofetada. La dama tenia una buena pegada a pesar de ser tan pequeña.

-Quién demonios se cree que es viniendo a mi establecimiento y agrediéndome así?- le dije en tono de mofa.

-Soy alguien a la que no lo que cae bien, Sr. Masen. Creo que tenemos un amigo en común, Carlisle Cullen- me dijo señalando con el pulgar hacia él.

-Si, conozco a Carlisle. Y eso que tiene que ver con migo y con la bofetada que me ha dado?

-Creo que ahora seria un buen momento para decirle mi nombre, así podrá comprender por qué de mi poco aprecio hacia usted.

-Eso seria de mucha ayuda- le dije interrumpiéndola.

-Bueno, si dejara de ser tan mal educado y no me interrumpiera, podría ser capaz de iluminarle- me dijo mirándome con los ojos entrecerrados- ahora, va a ser un niño bueno y dejarme hablar?

Su tono tan condescendiente no estaba haciendo nada para calmar mi rabia pero agité la cabeza para darle a entender de que iba a escucharla porque tenia ganas de saber con quien estaba tratando.

-Soy Isabella Swan. Ese nombre le resulta familiar?

Alcé las cejas y abrí mas los ojos en el momento en que reconocí ese nombre. Así que esta era la mujer a la que le había estado escribiendo de parte de Carlisle. Era más hermosa de lo que me había imaginado. Sabia que se le daban muy bien las palabras, pero no sabia que detrás de aquellas fuertes y apasionadas cartas se escondía una belleza como nunca había visto. Carlisle debía de estar complacido.

Pero yo estaba completamente confundido mientras continuaba allí de pié mirándola. No podía entender por qué estaba tan enfadada y se mostraba tan hostil contra mi. No había venido casarse y a formar un hogar y una familia con Carlisle? No era lo que todas aquellas chicas querían? No era lo que yo le había dado a ella?

-Puedo ver por la expresión de su cara que sí me reconoce aunque no lo diga.

-Si, la he reconocido, pero aun sigo sin entender por qué me ha abofeteado.

-Le he abofeteado porque no es mas que una mísera excusa de hombre de corazón frío y sin sentimientos. Un hombre que convence a otro, que se supone que es su amigo, para engañar a una mujer y hacerla creer que ha encontrado el amor verdadero, para después convencerla de que haga el equipaje y se traslade aquí para empezar una nueva vida con él. Sabe qué? Eso no ha pasado. No, en cambio, llego aquí y me encuentro a un hombre que no se parece en nada a lo que me esperaba, sin animo de ofender Carlisle, creo que entiendes lo que digo- dijo con una sonrisa triste.

-No te preocupes Bella. No me ofendo. Continua por favor.

No podía creer que Carlisle formara parte de todo esto y no quería mas que poner fin a aquel espectáculo.

-Espere un momento. Carlisle era el que quería mi ayuda, yo no hice nada...

-Cállese!- me dijo cortantemente- no quiero oírle justificar nada de lo que ha hecho. Cómo ha podido usar a gente así solo para entretenerse? Es que no tiene corazón? Es que no pensó en las repercusiones que podría causar cuando me escribía aquellas palabras? Se rió mientras leía mis cartas y mis palabras de amor? Le pareció divertido crear a un hombre imaginario por el cual estaba dispuesta a dejarlo todo?

-Oh, vamos ricura. No es tan malo. Lo que ha pasado aquí es que una buena chica ha vivido una aventura. Tome- le dije sacando dinero de mi bolsillo- tenga esto y vuelva a casa. No ha pasado nada. Ya puede volver con papi y mami y contarles todo a cerca de su viaje al incivilizado oeste mientras le preparan una taza de cacao caliente mientras le dicen lo especial que es.

Me sorprendió ver cuando la volví a mirar, que toda la rabia que tenia antes se había desvanecido y los ojos se le habían llenado de tristeza y de lagrimas. Ella me dio la espalda y dejó escapar un ahogado sollozo. Dios, las mujeres son tan emocionales. Supuse que ella creía que un par de lagrimas harían que me sintiera culpable y que me disculpara. Estaba equivocada. Edward Masen no pedía disculpas por nada.

Carlisle se acercó a ella rápidamente y la abrazó.

-Estás bien? Qué ha pasado?- le preguntó mientras me lanzaba una mirada de reproche por encima de su cabeza.

Cómo se atrevía a mirarme de esa manera? Él había estado de acuerdo! No le retorcí el brazo para que dijera que si. Fue él el que quiso que ella viniera hasta aquí aunque no había sido él quien le había escrito ni una carta. Él había sido el que la había sacado de sus raíces, no yo.

-Hey- le dijo Carlisle con tranquilidad mientras seguía calmándola- estás bien, Bella?

Bella, el nombre realmente iba con ella. Y aunque parecía comportarse de manera irracional, era extremadamente hermosa y tenia un cuerpo increíble que no me importaría tener en mi cama alguna vez.

-Estoy bien, Carlisle. Gracias- le contestó secándose los ojos.

-Mire, de verdad, coja el dinero. El próximo tren sale por la mañana y podrá regresar con su familia.

Ella se dio la vuelta, encontré una renovada fiereza en sus ojos y me quitó el dinero de la mano de un manotazo, tirandolo al suelo, haciendo que se acercara mas a mi.

-No sabe nada, bastardo sin sentimientos. Cómo se atreve a asumir que sabe algo de mi? Hay muchas cosas de las que no he escrito en esas cartas. Muchas cosas que no sabe, como que mi mami y mi papi están muertos.

La miré, estupefacto ante la revelación del fallecimiento de sus padres.

-Eso es, no tengo una vida cómoda con unos padres a los que regresar. Pero por supuesto eso que le iba a importar? No, su única preocupación es la de mandarme fuera de su vista para así no tener que actuar contra mi rabia y dolor. Eso le encantaría, verdad? Le encantaría, que si yo y todas las muchachas encantadoras con las que he venido hoy, nos marcháramos y le dejáramos dirigir este pueblo como si fuera un burdel de corrupción, no? Bien, pues siento decirle que eso no va a poder ser. No voy a marcharme a ningún sitio, me voy a quedar con mis amigas y a ser una Harvey Girl. Espero que sus acciones lo atormenten todos y cada uno de los días de su vida y que cada vez que me vea, la culpa pueda con usted. Es usted el mas vil y rastrero monstruo que he conocido nunca y no sé como puede soportarse a sí mismo. Buenas noches. Sr. Masen.

La miré mientras corría hacia la puerta. Carlisle me miró de forma triste, como si le hubiera fallado, antes de seguirla. Admito que me sentía algo culpable por lo que había dicho sobre sus padres, pero no me sentía culpable por las cartas. Carlisle estaba desesperado por encontrar esposa y sabia que los anuncios matrimoniales podrían ayudarle en eso, considerando que en la zona en la que vivimos, las mujeres, al menos del tipo de las de casarse, escaseaban.

Había estado seguro de que ella seria perfecta para Carlisle. Los dos habíamos leído las cartas que había recibido de diferentes mujeres y ella había sido la que más había llamado la atención. La verdad es que había disfrutado leyendo sus cartas y respondiéndolas. Para ser sincero, había puesto mucho de mi verdadero ser, el ser que escondía de los demás, en aquellas cartas y casi nada de Carlisle. Quizás debería haber dejado que las escribiera él. Quizás debería haberle dejado dar su opinión de cómo le hubiera gustado contestar a cada una de ellas en vez de hacerlo yo por mi cuenta.

-Dios mío, Edward. Quién era esa loca?

-Silencio, Tanya, no está loca. Solo estaba enfadada. Es la mujer que ha venido a casarse con Carlisle.

-Oh y entonces que hacia aquí gritándote a ti?

-Porque no va a casarse con Carlisle y sabe que fui yo el que escribí todas esas cartas

-Le has dicho que es hora de que madure? Eso es una tontería por la que enfadarse. Seguro que es una bruja mimada.

-Hey, no la llames así! Solo estaba enfadada. Vuelve al trabajo, Tanya.

-Qué te pasa, Edward? Por qué defiendes a esa cosa después de cómo te ha tratado? Y delante de tus clientes y amigos!

-Tanya, si sabes lo que te conviene, volverás a tu trabajo y te quitaras de mi vista.

-Vale!- refunfuñó dejándome solo al fin.

La verdad es que no sabia por qué sentía el impulso de defenderla delante de Tanya, pero no era correcto que alguien como Tanya se refiera de esa manera a alguien como Isabella Swan. Sabia que era una persona amable y solo había actuado de aquella forma porque estaba herida y posiblemente asustada ante la perspectiva de tenerse que acostumbrar a una nueva vida. Me molestaba que tuviera una opinión tan pobre sobre mi. Me había llamado monstruo y llevaba razón. Era un monstruo por varias razones, pero no por hacer que viniera aquí. No, tenia un presentimiento de que solo la posibilidad de verla se convertiría en el único rayo de esperanza en mi oscura y peligrosa vida.

Estaba encantado de ser yo de quien se hubiera enamorado por medio de las cartas. Lo único que Isabella no sabia es que yo también me había enamorado de ella por sus cartas. Sabia que ella era demasiado perfecta para mi y que se merecía a alguien mejor que yo. No tenia nada que ofrecerle y si lo tuviera, ella ya no me querría. Tenía que mantenerme alejado de ella y seguir haciendo que creyera que yo no era mas que un maldito egoísta que no se merecía ni que mirara en mi dirección. Continuaría viviendo mi vida como antes y la dejaría que encontrara la felicidad con un hombre que de verdad la mereciera y que la amara del mismo modo.

Edward Masen estaba condenado a caminar solo y a observar a la mujer que amaba desde lejos mientras que ella construía una vida sin él.

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Por Dios! Menudo final! Si dan ganas de darle un achuchón a Edward!

El capitulo 4 a mitad de la semana que viene si mis exámenes de inglés me lo permiten!