CAPITULO 5: QUIZÁS...ALGÚN DÍA.

PVE

Ya habían pasado tres semanas desde que Isabella Swan había llegado a Sand Rock y yo era completamente miserable. La observaba todo el tiempo desde lejos y desde lejos era la única manera en la que podía estar cerca de ella. Había intentado acercarme a ella unos días después de su llegada, pero ella tan solo me miró mal y se alejó tan deprisa como sus pequeños pies se lo permitieron.

La verdad es que me sentía culpable, increíblemente culpable y era una emoción con la que no tenia ninguna experiencia. Nunca había sido un hombre considerado y no había experimentado con muchos sentimientos en mis 24 años de vida. Nunca había sentido tal arrepentimiento, tanta desesperación por haberle hecho daño a alguien como sentía ahora mientras vivía observando a Isabella Swan adaptándose a su nueva vida.

Quería tan desesperadamente acercarme a ella, pero sabia que ella tenia todo el derecho del mundo a negarme ese privilegio. Le había mentido y herido profundamente. Me merecía su desprecio y que ni siquiera volviera a respirar en mi dirección. Pero yo no quería eso. Quería que me prestara atención. Quería que hablara conmigo. Que se preocupara por mi. Quería que viera al hombre que se escondía tras la dura coraza que yo mismo me había puesto para protegerme del mundo. Quería que me mirara que me viera.

Pero como ella ni siquiera estaba dispuesta a darme la hora, había tomado posición casi permanente en la ventana del salón, esperando verla aunque fuera un instante. Me sentía como un acosador, pero no podía evitarlo. Tanya me había dicho que estaba loco y que no entendía mi obsesión con Isabella. Me había dicho, en mas de una ocasión, que ella pensaba que "esa chica" era simple y poco interesante. La verdad es que era Tanya la que era simple y poco interesante, para mi por lo menos. Si, había disfrutado de su compañía muchas veces, pero no había sido capaz de satisfacerme.

No había sido capaz de llenar el vacío que había en mi vida y que sentía desde que soy capaz de recordar. La única persona que seria capaz de aquello, pensaba de mí que era peor que la basura y no me decía ni hola al verme. A aquellas alturas me hubiera conformado con que me dijera que me fuera al infierno, si con ello hacia que me dirigiera la palabra.

Podía verla ahora mientras la observaba tras el cristal del ventanal del salón. Estaba ayudando a sus dos amigas, que siempre estaban con ella, a plantar un jardín. La mire mientras se reía con ellas, mientras deseaba ser yo quien la hiciera tan feliz. Enviada a la luz del sol que se reflejaba en su pelo color caoba haciendo surgir destellos rojizos. Lo que daría por estar tan cerca de ella, para acariciarla, para susurrarle al oído. Nunca había tenido sentimientos tan tiernos hacia una mujer, pero esta mujer era diferente, había despertado mi congelado corazón.

Ella había hecho despertar emociones en mi que ya creía perdidas para siempre. Había planeado caminar por este mundo solo, sin necesidad de sentir amor o consuelo por parte de nadie, excepto de la mujer que estaba mirando en este momento. Ella había cambiado todo eso en el momento en que entró en mi vida.

Miré alrededor del salón y la verdadera realidad de mi situación que cayó encima. Ella era una mujer pura y buena. Que podría ofrecerle un propietario de un salón como yo, ofrecerle a una mujer como ella?

Volví a mirar por la ventana en el mismo momento en el que ella perdía el equilibrio, moviendo los brazos con rapidez, intentando mantenerme de pié, pero cayéndose al duelo al final. Estaba casi a punto de salir corriendo por la puerta para asegurarme de que estaba bien cuando la vi reír. No pude evitar la sonrisa que se dibujo en mis labios. Era única. Sus amigas la ayudaron a ponerse de pie y la ayudaban a quitarse el polvo del vestido. Cuando hubieron terminado, Isabella se colocó un mechón de cabello que se había movido de su sitio, dejando una mancha de barro en su cara, lo que hizo reír a sus amigas.

Ella se miró la mano, se tocó la cara con la otra y fue cuando se dio cuenta se lo que había pasado. En aquel mismo momento desee estar frente a ella, pañuelo en mano, para poderle quitar la mancha de la cara y besarla suavemente en los labios después.

Vi como bufaba con frustración ante la alegría de sus amigas, pero pude observar la sonrisa de su cara mientras les decía que volvieran al trabajo.

-Todavía obsesionado con ella Plane Jane?- dijo Tanya.

-Tanya, qué te he dicho sobre llamarla así? No quiero oír otra mala palabra dirigida a Isabella Swan, lo entiendes? Eres mi empleada, yo soy tu jefe y ya es hora de que me respetes y que hagas lo que te digo por una vez en tu vida!

-Vale!- dijo antes de volver a las habitaciones dando pisotones.

El problema de Tanya era que le encantaba ser el centro de atención y sobre todo odiaba cuando ella consideraba que la persona que le estaba quitando el protagonismo, era inferior a ella. Iba a tener que tenerla vigilada, porque sabia que no tenia ningún problema en atacar a cualquier persona que considerara, aunque fuera en lo mas mínimo, peligrosa para ella.

Miré de nuevo por la ventana y vi que un joven estaba hablando con Isabella. Sus palabras la estaban haciendo sonreír y sentó como los celos recorrían mi cuerpo con cada minuto que pasaba. Vi como Isabella le daba las gracias y al muchacho hacer una reverencia con el sombrero antes de marcharse. Salí al porche para ver mejor a aquel muchacho y me sorprendí al ver que era Ben Cheney, el nieto de Silas Cheney.

Ben era un buen muchacho y era una de las pocas personas con las que podía hablar sin sentir que estaba siendo juzgado por cada una de las palabras que salían de mi boca.

-Ben!- grité agitando los brazos en señal de saludo.

Él sonrió y aceleró el paso acercándose a mí extendiendo su brazo para estrecharme la mano.

-Hey, Edward! Cómo estás?

Le sonreí con brevedad y miré de soslayo hacia Isabella que nos estaba observando. Cuando se dio cuenta de que la estaba mirando, se sonrojó profundamente y volvió su atención hacia las plantas con las que estaba trabajando.

-estoy bien, intentando que todo esté en orden- le dije señalando con el pulgar hacia el salón.

Él sonrió y afirmo con la cabeza.

-Cuánto tiempo de vas a quedar en la ciudad?

-Permanentemente.

-De verdad?

-Si- dijo encogiéndose de hombros- el abuelo quiere jubilarse y me preguntó si quería hacerme cargo del telégrafo. Estaba listo para un cambio, así que decidí darle una oportunidad. Además, estará bien pasar mas tiempo con el abuelo.

-Eso está bien. Será genial tenerte en la ciudad y verte mas a menudo.

Estaba a punto de contestarme cuando el ruido de pisadas de un caballo nos llamó la atención. Miré en dirección a la iglesia y vi a Jasper entrar cabalgando en la ciudad.

Jasper Whitlock había sido nombrado Sheriff de esta pequeña ciudad de Nuevo México un año antes de que yo llegara y a pesar de mi ocupación, nos hicimos muy buenos amigos.

Estaba a punto de ponerme en su línea de visión para llamar su atención y saludarlo cuando me di cuenta de que estaba mirando a Isabella y sus amigas. Sentí una nueva ola de celos al pensar que podía estar mirando a mi Isabella. Mi corazón se revolvió de agonía. Jasper era un nombre bueno y honorable. Y si se acercaba y hablaba con ella? Y lo peor! Y si ella se enamoraba de él y se casaban?

Sabría que no podría aguantar la agonía y desolación que eso causaría a mi corazón.

Continuó mirando a las muchachas, sin prestarle atención al camino y cabalgando demasiado rápido. Un perro salió de uno de los porches ladrando y asustó al caballo de Jasper que lo tiró de la montura aterrizando en el suelo con un golpe fuerte.

-Jasper!- grité echando a correr hacia él- Oh dios! Que alguien llame al doctor!

-El doctor está fuera de la ciudad Sr. Masen. No volverá en una semana- oí decir a alguien que estaba entre la multitud que se había formado a nuestro alrededor.

-Entonces buscad a Carlisle, ha trabajado con el doctor, él nos puede ayudar.

-Enseguida.

-Oh! Se encuentra bien?- alcé la cabeza y vi a Isabella y a sus amigas.

-No lo sé. Está inconsciente, pero aún respira. No quiero moverlo por si esta herido

-Claro que no, debe dejarlo donde está- dijo Isabella mostrándose de acuerdo conmigo- pero todos los demás deben apartarse y dejarle sitio para que respire aire fresco- dijo haciendo señas para que los que estaban mirando se apartaran.

-Qué podemos hacer? No podemos dejarlo ahí tirado- dijo la muchacha que parecía un duendecillo.

-El doctor está fuera de la ciudad, pero han ido a avisar a Carlisle

-Carlisle? Pero él no es medico- dijo Isabella arrugando el ceño.

Le sonreí cálidamente y noté un ligero sonrojo en sus mejillas

-No es un medico, pero sabe lo suficiente para podernos ayudar. Si necesita mas cuidados médicos de los que Carlisle pueda proporcionarle, le aseguro que los tendrá.

Carlisle llegó enseguida y se puso a examinar a Jasper.

-Creo que se pondrá bien. Deberíamos llevarlo a un lugar mas confortable. Puede que esté inconsciente un buen rato.

-Tenemos muchas habitaciones libres en casa, seguro que a Esme no le importará.

-Gracias Bella- le dijo Carlisle.

-Edward, te importaría ayudarme a llevarlo?

Tarde en darle a Carlisle una respuesta. No es que no quisiera ayudarlo, pero no sabia si mi ayuda seria bien recibida. No podía estar seguro de que alguna vez fuera a ser bien recibido en aquella casa.

-Yo...claro que me gustaría ayudar, pero no quisiera importunar a nadie- dije atropellando las palabras y mirando a mis pies.

-Oh vamos! Nos vendría bien la ayuda y te prometemos que no te vamos a echar. Es tu amigo después de todo, no?- dijo la muchacha con aspecto de duendecillo sonriéndome mientras me ponía una mano en el hombro.

-Bien entonces, gracias...- me callé, quería agradecérselo directamente a ella, pero me di cuenta de que no sabia su nombre.

-Oh! No nos han presentado. Soy Alice Brandon, pero me puede llamar Alice.

-Edward Masen, un placer, pero por favor, llámeme Edward- le dije inclinando la cabeza.

-Si, si y yo soy Rosalie Hale, pero no creen que deberíamos preocuparnos mas por el hombre inconsciente que está en el cuelo?

-Lleva razón- dije- lo siento muchísimo, Carlisle estoy listo.

-Bien Edward, levántale las piernas, yo le levantaré los hombros, así me aseguraré de que no mueva la cabeza.

Lo levantamos con cuidado y lo llevamos hacia la Harvey House. Una vez dentro, Alice llamó a Esme que bajó corriendo las escaleras sorprendida de vernos.

-Qué le ha pasado? Se encuentra bien?

-Se pondrá bien, Esme- le contestó Carlisle- solo necesitamos un lugar para que se reponga y vuelva a estar consciencia y bien hasta que pueda volver a su casa.

-Oh, gracias a Dios, Carlisle, creí que estaba muerto. Será un placer proporcionarle una cama. Seguidme.

No nos contó mucho instalar a Jasper y dejarlo descansar confortablemente, aunque continuaba inconsciente. Yo tan solo esperaba que se pusiera bien pronto. No tenia muy buenos amigos en la ciudad y no quería perder a uno de ellos.

Observé a Carlisle y Esme trabajar juntos, haciendo todo lo posible para que Jasper estuviera cómodo. Fue entonces cuando vi claramente la razón por la que no había querido casarse con Isabella. Carlisle quería a otra persona y al parecer, esa persona le correspondía, aunque n lo demostrara todavía, pero la manera en la que se miraban los delataba y hacia que me doliera el corazón.

Yo nunca tendría algo como aquello, o al menos no con Isabella. Pero a quien quería engañar? Si no era con ella, no seria con nadie, ella era la única con la que quería tener una vida así.

-Edward, se encuentra bien?- me preguntó Alice, haciendo que volviera en sí.

-Oh, si. Solo estoy preocupado por Jasper- le dije sonriendo, pero algo en su sonrisa me dijo que creía del todo, pero que lo dejaría estar por el momento.

-Creo que va siendo hora de que me marche. Srta. Platt?- dije haciendo que se girara hacia mi- por favor, hágame saber si necesita algo para Jasper. Estaré encantado de conseguirlo para usted. Estaría bien si viniera mas tarde? Ya sabe, para ver como sigue.

Esme me sonrió con amabilidad acercándose a mi. Me quedé sorprendido cuando vi que me cogía la mano gentilmente entre las suyas, casi en un gesto maternal.

-Edward, llámeme Esme por favor. Siempre será bienvenido aquí. Puede venir cuando quiera. Sé que es su amigo y que significa mucho para usted, así que también será bienvenido si quiere pasar la noche en la otra cama si lo desea.

-Oh no, no podria hacer eso

-Tonterías, claro que puede, por qué piensa eso?

-Bueno...yo...-tartamudeé mirando a Isabella- no quiero ser una molestia. Además, vivo al otro lado de la calle. Gracias por la oferta de todos modos, es una dama muy generosa.

-Gracias Edward, además nunca seria una molestia, se lo prometo.

-Gracias Esme, debo marcharme ya, pero vendré antes de que se ponga el sol.

Me giré para despedirme de los demás ocupantes de la habitación y me dirigí con rapidez hacia la puerta. Estaba desesperado por salir de aquella casa. Era un tormento estar tan cerca de ella y no ser capaz ni de hablarle.

Estaba a punto de llegar a la puerta cuando una suave y dulce voz llegó a mis oídos.

-Sr. Masen?

Me giré y vi a Isabella. Parecía estar nerviosa, ya que retorcía las manos y se mordía el labio. Quería cogerla en mis brazos en aquel momento, llevármela conmigo y no dejarla jamás, la quería solo para mi, para adorarla, para protegerla, pero ella me despreciaba.

-Si, Srta. Swan? Y por favor, llámeme Edward.

Ella suspiró profundamente y negó con la cabeza.

-Ha sido muy amable por su parte lo que ha hecho por Jasper.

-Oh bueno, es mi amigo. Realmente es mi único amigo- admití mirando al suelo

-Seguro que eso no es verdad.

No le contesté, tan solo me limité a encogerme de hombros y a hacer una pequeña mueca con los labios.

-Bueno, usted parece tener un corazón amable y parece muy leal. Creo que si pone esas dos cualidades en buen uso, verá como encuentra mas amigos. Además creo que ya es amigo de Esme y Alice.

No podía creer que estuviera allí de pie hablando conmigo sin gritarme, llorando o golpeándome. No me estaba mirando con la mirada de odio de las ultimas semanas. Su cara era tan tranquila y angelical. Quería acercarme y tocarla, sentir esa piel tan suave bajo mis dedos.

-Bueno, entonces creo que ha sido un buen día, a parte del accidente de Jasper. Esme y Alice son muy, muy amables. Me consideraré muy afortunado si puedo considerarlas mis amigas.

-Si, son muy buenas y no se preocupe por Rose, le lleva un tiempo amoldarse a los demás.

-Bueno, creo que no servirá de ayuda que probablemente crea que soy un bicho sin corazón.. Estoy seguro de que me merezco su desprecio.

Bella se sonrojó ante mis palabras y supe que llevaba razón. No era del agrado de Rose por lo que había pasado entre Isabella y yo.

-Es solo que es muy protectora en lo que se refiere a sus amigos, solo eso.

-Eso es bueno. Usted se merece tener amigas tan leales.

-Gracias Sr. Masen- me contestó sonrojándose mas que antes.

Le sonreí una vez mas, pero mi corazón se encogió al oír con la formalidad que se dirigía a mi. Seria ella capaz alguna vez de ser amiga mía? Y aunque me tratara así, podía sentirme reconfortado al oír al menos su dulce voz, que se volvía mas cándida cuando no estaba llena de odio y resentimiento.

-No hace falta que me dé las gracias, Srta. Swan. Ahora debo marcharme.

Necesitaba alejarme de ella. Necesitaba aclarar mi cabeza antes de que hiciera algo inapropiado como acortar la distancia que nos separaba, acercarla a mi y besarla hasta que nos quedáramos sin aliento.

Podía ver toda la escena en mi cabeza. Podía ver como se coloreaba su pálida y dulce piel y como sus labios se ponían mas rojos después de nuestro beso.

-Oh- dijo ella sonando disgustada?- bueno, creo que nos veremos pronto y por favor, no se sienta obligado a mantenerse alejado por mi culpa. Jasper es su amigo y puede venir a visitarlo cuando quiera.

-Si, gracias de nuevo Srta. Swan. Adios- le dije con brusquedad.

-Adios.

Abrí la puerta y estaba a punto de poner un pie en el porche cuando volvió a decir mi nombre.

-Sr. Masen?

-Si?- le dije girándome para mirarla.

Se acercó mas a mi y yo sentí como si el corazón se me fuera a salir del pecho.

-Sé que no he sido muy amable con usted y quisiera disculparme por mi mal comportamiento. Es solo que...necesito tiempo para encontrarme a mi misma. Para recuperarme.

-Lo comprendo Srta. Swan y quiero que sepa lo mucho que siento todo esto. Nunca había sido mi intención hacerles daño a usted o a Carlisle, aunque hubiera dado esa impresión por como me he comportado antes.

-Gracias por decirme eso. Significa mas para mi de lo que pueda creer. Pero yo...yo aun no estoy lista para perdonarle- dijo nerviosamente jugueteando con los dedos y mirando al suelo.

Me sentía como si alguien me hubiera clavado un cuchillo en el corazón. Aunque sabia que ella no pretendía hacerme daño con sus palabras, habían hecho añicos mi vulnerable corazón.

-Lo entiendo- le contesté intentando camuflar mis emociones.

Levantó su mirada hacia mi con rapidez y con los ojos muy abiertos, aparentemente había oído el dolor en mi voz.

-No quiero decir que no lo haga alguna vez, pero todavía no. Intentaré mostrarme mas civil con usted, se lo puedo prometer. No quiero que se sienta raro al venir a ver a Jasper porque crea que lo odio. No lo odio- dijo curando con eso un poco mi corazón con esas palabras.

-Puede que me haya engañado, pero no se merece que tenga ese desagradable sentimiento hacia usted.

-Gracias Srta. Swan, lo único que espero es que pueda considerarme un amigo algún día.

-Quizás- me dijo sonriéndome con amabilidad- algún día.

Estaba mas que contento al verla sonreír verdaderamente en mi presencia por primera vez.

-Que tenga un buen día Srta. Swan- le dije haciéndole una reverencia con el sombrero y saliendo rápidamente.

-Adiós Sr. Masen- la oí decir tras de mi.

No pude evitar sonreír para mi. Quizás las cosas iban a empezar a ir mejor. A lo mejor mi vida no era una causa tan perdida como yo creía. Pensé mientras cruzaba la calle.

No me había perdonado, pero me había dicho que quizás lo haría algún día. Me habría dado la esperanza de que tendríamos algo en un futuro, aunque solo fuera una amistad. Si podía ganarme su amistad, quizás podría tener la oportunidad de demostrarle que podía ser un hombre al que podía llegar a querer, un hombre que la adoraría y que cuidaría de ella.

Por primera vez en mucho tiempo, tenia la ilusión de ver que me traería el día e incluso mi vida, así que anduve hacia el salón con la cabeza bien alta.