CAPITULO 6: LAS COSAS CAMBIAN.

P.V.B.

La vida en Sand Rock no había sido un camino de rosas para mi y no todos los días habían sido buenos, como no lo fue el día del accidente de Jasper.

El día había empezado como otro cualquiera. Habíamos estado haciendo recados y después habíamos estado trabajando en el jardín con Alice y Rose. Yo me había caído, gracias a mis dotes de patosa, lo que hizo que nos riéramos un buen rato. Había descubierto que, a pesar del dolor y la traición que había recibido por parte de Edward Masen, aún podía ser feliz gracias a mis maravillosas amigas. Sin contar claro, que también estaba feliz por la respuesta que había recibido de Jacob, el estaba, por supuesto, preocupado por mi y quería saber con mas detalles, qué había pasado para que hubiera cambiado mis planes. Me había ordenado a su manera, que le escribiera inmediatamente y se lo explicara y debía hacerlo pronto antes de que se presentara él mismo y me pidiera que le dijera quien era le tipo al que tenia que matar. El bueno de Jacob.

Pero mi buen humor no tardó mucho en desaparecer cuando Jasper Whitlock cayó literalmente en nuestras vidas. Parecía que aquel día estaba destinado a estar lleno de sorpresas. Me sorprendía al ver que un simple evento podía cambiar mi opinión a cerca de una persona a la que me había prometido odiar de por vida.

Había pasado las semanas después de mi llegada a Nuevo México, intentando evitar a Edward Masen, como si fuera una plaga. Lo había ignorado e incluso lo había mirado mal cada vez que intentaba acercarse a mi. Incluso me había encontrado a mi misma, mirándolo y planeando mi venganza hacia él mientras él caminaba tan tranquilamente por la calle, pero ahora me sentía disgustada por mis pensamientos. Nunca antes me había comportado así. Siempre había sido amable y educada con los demás. Pero también había sido siempre una cabezota que no cambiaba de opinión con facilidad.

Me había quedado horrorizada al ver como el caballo de Jasper lo había tirado de la montura. En aquel momento estaba tan centrada en averiguar si Jasper estaba herido, que mi odio hacia Edward, había desaparecido de mi mente por completo.

Con mi resentimiento fuera de juego, fui capaz de verlo como jamás antes lo había hecho. Pude ver como se preocupaba por su amigo, lo muy asustado que estaba y como intentaba averiguar si su amigo iba a ponerse bien. Fue entonces cuando me di cuenta, de que quizás lo había juzgado con demasiada rapidez. Quizás en alguna parte bajo aquella dura fachada de arrogancia, había un hombre amable con un corazón bondadoso. Quizá estaba viendo un poco del hombre que me había escrito todas aquellas cartas. Quizás ese era el verdadero Edward Masen.

Me quedé sorprendida al ver como brotaba vulnerabilidad de cada uno de los poros de su cuerpo. Delante de mi se encontraba un hombre que no parecía muy seguro de si mismo y de lo que tenia que hacer en esa situación. Sentí como se me ablandaba el corazón mientras lo veía interactuar con Alice, Esme y Carlisle.

Sabia que tenia que dejar de ser tan arisca con él. Era hora de ver de que estaba echo Edward Masen y si de verdad se merecía mi negatividad hacia él o no. La conversación que habíamos tenido aquel día antes de que se marchara, fue muy difícil para mi. Estaba nerviosa por ver cual seria su reacción hacia mi, ya que no habíamos hablado civilizadamente desde que yo había llegado. Pero supongo que eso había sido culpa mía de alguna manera.

Él había intentado hablar conmigo en muchas ocasiones y en todas esas ocasiones había oído la palabra "lo siento" salir de sus labios. Yo simplemente, había decidido ignorarlo, sin darle oportunidad de explicarse o defenderse a sí mismo. Sabia que aquello no había sido muy justo y ahora esperaba el momento en el que pudiéramos ser amigos. Lo había visto muchas veces desde el día del accidente ya que iba a visitar a Jasper con frecuencia para ver como evolucionaba.

Habíamos intercambiado saludos formales, pero parecía que no éramos capaces de traspasar la barrera de nuestra historia anterior para comenzar una conversación. Estar en presencia del otro nos resultaba extraño y ya esperaba que aquella situación acabara pronto.

-Bella?- me llamó Alice sacándome de mis pensamientos.

-Estoy en el salón, Alice.

Escuché sus suaves pisadas acercándose a mi. Levanté la cabeza en el mismo momento en el que ella entraba en la habitación y vi que prácticamente resplandecía. Jasper se había despertado por fin después de pasar dos días fuera de juego y desde entonces, Alice y él habían sido inseparables. Ella había insistido en cuidar de él y Jasper había accedido encantado. Aparentemente, el día que se cayó del caballo, estaba tan embobado mirándola, que no iba mirando por donde iba, lo que causó el accidente. Alice, por supuesto, se había sentido fatal, pero Jasper le había asegurado que había valido la pena. Le había explicado que de no ser por el accidente, no habría encontrado el coraje de acercarse y presentarse, así que estaba feliz de que el destino hubiera hecho las presentaciones. Alice se había reído y le había golpeado suavemente el brazo mientras él le sonreía con una sonrisa de bobo enamorado.

-Hola Alice, qué tal está nuestro paciente hoy?- le pregunté.

-Está genial. Carlisle dice que podrá irse a casa mañana.

Me dí cuenta, por la expresión de su cara, que se pondría triste cuando lo viera marchar. Si por ella fuera, probablemente lo mantendría encerrado en la habitación donde estaba, secuestrado para siempre, aunque pensándolo mejor, creo que no tendría problemas por parte de Jasper en salirse con la suya. Jasper era, después de todo, el representante de la ley en la ciudad, así que no le pasaría nada. También estaba muy segura de que no le importaría nada que la pequeña Alice le secuestrara.

-No te pongas triste, Alice. No es que vaya a irse muy lejos de aquí, además, con lo ensimismado que está contigo, estoy muy segura de que seremos incapaces de librarnos de él.

-De verdad lo crees?- dijo sentándose a mi lado, o mejor dicho, desplomándose a mi lado- bueno, sé que solo lo conozco desde hace un par de días, pero parece que hubiera pasado una eternidad, es como si él fuera lo que he estado esperando toda la vida.

-Seguro que si- le dije dándole unas palmaditas en la mano- no he visto a dos personas mas adecuadas la una para la otra como vosotros dos.

-Gracias Bella, siempre sabes que decir para hacerme sentir bien.

Me abrazó fuertemente, riendo alegremente. Estaba feliz por ella. Jasper era un hombre bueno y honorable y se merecía toda la felicidad posible. Pero aún así, no podía evitar sentir celos al verla tan feliz. Parecía como si todo el mundo estuviera encontrando el amor, todos menos yo.

-Bueno- dije separándome de ella y poniéndome de pie arreglándome la falda- creo que voy a ir a dar un paseo, necesito tomar un poco de aire fresco.

-De acuerdo, Bella. Lleva cuidado, le diré a Esme que te has ido.

-Gracias Alice, Volveré pronto, hasta luego.

Me despedí de Alice con la mano y salí por la puerta con rapidez. Caminé por la calle principal camino al bosque. Una de las cosas que adoraba de Sand Rock era que no estaba rodeada por el desierto. Tenia valles verdes y bosques donde podías ver pájaros, ciervos y otros animales. Era maravilloso.

Seguí caminando hasta que llegue a un lugar que no había visto antes. Estaba cerca del valle y estaba rodeado por árboles, hierba, preciosas flores e incluso un par de cactus. El sol estaba a punto de ponerse y el cielo estaba lleno de colores rosas, naranjas y violetas. Era absolutamente precioso. No había visto nada tan bonito en mi vida.

Llegué hasta un pequeño remonte lleno de hierba, estaba a punto de sentarme allí, cuando me di cuenta de que no estaba sola. Habrían reconocido aquel pelo color bronce en cualquier sitio. Estaba allí, reclinado contra el remonte, mirando el valle en silencio. De repente me di cuenta de que aquel era el valle del que me había hablado en sus cartas. Parecía estar tan en paz, que no quería molestarlo, así que me di la vuelta lista para marcharme cuando el ruido de mi falta contra la hierba lo alertó de mi presencia.

-Srta. Swan?

Me giré para mirarlo a la vez que él se ponía de pié y mis ojos se posaron en los suyos sin remedio. Sentí que me fallaban las rodillas y empecé a caer. Estuve a punto de dar con mis huesos en el suelo, pero él me cogió en sus fuertes brazos.

-Se encuentra bien?

La preocupación que se dibujó en su rostro no hizo nada por mi compostura. La confusión me consumía. No entendía por qué él tenia ese efecto en mi. No lo odiaba, pero aun así, no era mi persona favorita.

-S...si, estoy bien, gracias. Soy un poco patosa.

-Estoy agradecido de estar aquí entonces. Se podría haber hecho daño- me dijo separándose de mi.

Se sentó de nuevo en el suelo y me miró con una sonrisa que le ilumino la cara.

-Venga- dijo señalando el espacio a su lado- siéntese un rato.

-Oh! No quisiera interrumpirlo, además, debería volver ya a casa.

-Tonterías, no me molesta en absoluto. La estoy invitando a que se siente conmigo y disfrute del paisaje- me dijo señalando de nuevo al área cerca suya. Cómo podía negarme?

-De acuerdo. Creo que no estaría mal disfrutar del paisaje.

Me acerqué a él, pero siendo lo torpe que era, prácticamente me caí y terminé sentándome de golpe y chocando contra su brazo, haciendo que se riera. Me debería haber enfadado, pero el maravilloso sonido de su risa, hizo que cualquier atisbo de enfado desapareciera de mi mente y me encontré a mi misma sonriendo. También me di cuenta de lo cerca que estábamos. Podía sentir el calor que radiaba de su cuerpo y su aroma me rodeaba. Él continuó riendo mientras yo hacia como si lo mirara mal.

-Lo siento Srta. Swan, perdóneme, pero es que se ve muy linda cuando está frustrada consigo misma. Las caras que pone son encantadoras.

-Me encanta saber que le divierte mi actitud a la hora de autolesionarme.

Paró de reír y volvió la miraba hacia el valle, sonriendo con serenidad

-Es un lugar maravilloso Sr. Masen, lo describía tan vividamente en sus cartas, que era una de las cosas que mas ganas tenia de ver cuando llegué.

En aquel momento noté que se puso tenso de repente y se pasó una mano por el pelo antes de responderme.

-Um...si, definitivamente es un gran sitio para venir, relajarse y olvidarse de la vida real. Probablemente me volvería loco si no tuviera un sitio así.

No pude evitar soltar una risita.

-De verdad? Y por qué?

-Bueno, todo el mundo piensa que ser el dueño del salón es todo diversión, pero no lo es. Tengo tantas cosas con las que enfrentarme cada día, que casi no tengo tiempo para mi. Esto se ha convertido en mi lugar de descanso. Nadie conoce este sitio, excepto ahora usted- me dijo sonriendo con tristeza.

-Bueno, le dije que no me importaba marcharme y todavía puedo hacerlo si quiere estás solo. Prometo no hablarle a nadie de este lugar.

Me sentí súbitamente triste al pensar que no me quería allí y estaba a punto de ponerme en pié cuando me tomo la mano haciendo que una descarga eléctrica me recorriera las venas.

-No, espere. Eso no es lo que quería decir. Dios, siempre digo las cosas mal cuando estoy cerca de usted. No me importa que conozca este lugar. Usted es la única persona con la que me gustaría compartirlo. No se vaya, quédese aquí con migo, por favor.

Me sorprendió oír la convicción con la que dijo aquellas palabras. Estábamos entre la ira y la amistad. Me resultaba muy difícil dejar pasar lo que me había hecho, pero no podía evitar sentirme culpable por hacerle sufrir. Podía ver la tristeza en sus ojos, como me suplicaban que me quedara. Era como si me apretaran el corazón y no pudiera decirle que no.

-De acuerdo, me quedaré y prometo no hablarle a nadie de este lugar. Además, por qué querría compartirlo con todo el mundo?

-Exacto!- dijo en voz alta y riendo.

Nos quedamos sentados en silencio mientras que el sol se iba poniendo despacio. Cuando la oscuridad se empezó a extender por el valle, supimos que ya era hora de marcharse. Él se puso primero de pié y me ofreció su mano, la cogí y me levanté pero con tan mala suerte que tropecé con el bajo de mi falda y caí contra él. Él me rodeó con sus brazos para evitar mi caída, haciendo que nuestras caras quedaran a escasos centímetros la una de la otra. Se me aceleró la respiración y vi como movía sus ojos hacia mis labios y estaba segura que iba a besarme. Sorprendentemente, tenia ganas de que lo hiciera.

-Está bien? Parece que esa falda es bastante peligrosa- me dijo mientras me soltaba, dejándome en el suelo y quedándose a una distancia respetable.

Hice un ruidito nervioso y agaché la cabeza al sentir mi cara arder de vergüenza.

-Si, eso parece. Gracias Sr. Masen, es la tercera vez que me ha salvado hoy, creo que le debo un favor.

-No ha sido nada Srta. Swan, no me debe nada, pero quizás podría pedirle algo para dejar las cosas iguales entre nosotros.

Lo miré con cuidado y con cara de incertidumbre y él abrió los ojos horrorizado.

-Se da cuenta? Siempre digo las cosas mal cuando está cerca. Le prometo que lo que le voy a pedir es completamente honorable.

Le sonreí y afirme con la cabeza para que viera que aceptaba su petición.

-Eso es un si?

-Si, cuál es su petición?

-Mi petición es muy simple y es que por favor, me llame Edgard. Sé que no nos conocemos muy bien, pero siento que estas formalidades de llamarnos el uno al otro Sr. Masen y Srta. Swan son lo que nos impide movernos hacia delante. Quisiera que se sintiera mas cómoda a mí alrededor u que se dirija a mí de la misma manera a como lo hacen los amigos. Me haría el gran honor?

Me mordí el labio y mire al suelo pensando un poco antes de darle una respuesta. Cuando levanté la vista, vi que me miraba con ansiedad. Parecía como si siempre estuviera temeroso de hacer algo que pudiera ofenderme y sabia que aquello tenia que acabar.

Quizá si cambiábamos esa pequeña dinámica en nuestra relación, nos sentiríamos mas cómodos el uno con el otro y dejaríamos de sentirnos como si estuviéramos andando de puntillas mirando lo que hacíamos o decíamos en la presencia del otro.

-De acuerdo

-De acuerdo?

-Si, creo que podré hacerlo… Edward

La sonrisa que se le dibujo en la cara prácticamente iluminó el oscuro valle.

-Gracias, significa mucho para mi…

Sabia que aun se mostraba aprensivo al usar mi nombre, así que le sonreí asegurándole que estaba bien y cogí su mano entre las mías.

-Bella por favor, llámeme Bella.

-Bella- suspiró.

Me sorprendió darme cuenta que mi nombre nunca había sonado mas bello que cuando salió de sus labios.

-Espero que esto sea el comienzo de una bonita y larga amistad- dijo estrechándome la mano.

-Si, creo que lo será.

-y ahora- dijo soltando mi mano y dando una palmada con las suyas- creo que es hora de devolverla sana y salva a casa. Mylady- dijo ofreciéndome su brazo, que cogí enseguida.

-Edward Masen, todo un gentleman? Quién lo habría dicho?- dije en forma de broma.

Él echo la cabeza hacia atrás y rió mientras me guió por el sendero.

-Créeme Bella, estoy tan sorprendida como tu.

El camino de vuelta a casa lo hicimos en un confortable silencio. No sentí que tuviera que hablar. Aun teníamos un largo camino por recorrer pero, desde la primera vez que llegué aquí, estaba deseando conocer mas a fondo a Edward Masen y pasar tiempo con él.

Aunque caminamos despacio hacia la ciudad, enseguida nos encontramos frente a la Harvey House y me separé con pocas ganas de él para abrir la puerta.

-Gracias por acompañarme a casa.

-Gracias por pasar conmigo un rato maravilloso. Tenemos que volver al valle otra vez, pronto. Parece que es un buen sitio para nosotros.

-Si lo es. Debemos llevar un picnic la próxima vez. Todavía no has probado nuestra Fine Cuisine, verdad?

-No, la verdad es que no.

-Bien- dije sonriendo ampliamente- debemos solucionar eso lo antes posible.

-SI, lo antes posible- me contestó devolviéndome la sonrisa.

-Gracias de nuevo, lo he pasado muy bien.

-Como yo.

-Buenas noches, Edward.

-Buenas noches, Bella- me cogió la mano y la besó.

Esperó hasta que estuve dentro de casa para marcharse. Yo miré por la ventanita que hay al lado de la puerta y vi como caminaba con paso firme hacia el salón, saludando a todo el que se cruzaba en su camino, con un exagerado movimiento del sombrero.

Nunca había visto a Edward tan contento.

Subí las escaleras con una sonrisa en la cara y con el corazón henchido de alegría. Quizás, solo quizás, las cosas se estaban volviendo en mi favor. De repente, mi futuro en Sand Rock parecía mucho mas brillante y contaba a Edward como parte de él.

-Qué ha hecho que tengas esa enorme sonrisa en la cara, Isabella Swan?- dijo Alice cuando entre en el cuarto.

Me eché sobre la cama y dejé escapar un suspiro de alegría antes de mirarla.

-Pensar en el futuro, Alice. De repente no me parece tan malo.