CAPITULO 14

PVB

Los días pasaban despacio. Estar sin Edward era una pura tortura y mis emociones estaban disparadas. Algunas veces estaba tan enfadada con él que prometía que nunca lo perdonaría ni lo admitiría de vuelta. Otras veces quería tanto tenerlo de vuelta que creía que podría perdonarle cualquier cosa y casarme con él tan pronto como regresara y por supuesto, también estaban esas veces en que se mezclaban los dos sentimientos. La verdad es que no sabia como iba a reaccionar a su regreso. Lo amaba desesperadamente. Podría vivir mi vida sin él? Querría hacerlo?

No, absolutamente no.

-Estás bien, Bella?- me preguntó Rosalie haciéndome salir de mis pensamientos

-No lo sé, Rose. Tengo la cabeza hecha un lío ahora mismo. No sé lo que pensar. Que es lo que voy a hacer si vuelve?

-Cuándo- dijo Rose

-Qué?

-Has dicho "si". Deberías haber dicho "cuando" vuelva. Ese hombre te quiere, Bella. Va a volver.

-No puedo creer que estas palabras vengan de ti. Nunca has sido una gran fan de Edward.

-Si, lo sé, pero lo he estado observando contigo. Ha cambiado, bella, es un buen hombre y se que te tratara bien.

-Entonces tengo que actuar como si no se hubiera ido a hacer Dios sabe que? Se supone que debo de perdonarle y darle la bienvenida con los brazos abiertos? Sin pensar una explicación sobre lo que ha estado haciendo y por qué ha tenido que irse tan deprisa sin siquiera venir a decirme adiós?

-No, absolutamente no. No digo que debas hacer eso. Por supuesto que le debes reclamar una explicación. No lo dejes volver tan fácilmente, que te diga que lo siente y que lo dejes entrar de nuevo en tu vida. Te mereces saber qué pasó y por qué se comportó de la manera en que lo hizo. Le vas a perdonar cariño, sé que lo harás y seréis felices para siempre juntos.

-Gracias Rose. Necesitaba a alguien para hablar de esto.

-Cuando quieras cariño, ahora muévete, tenemos trabajo que hacer!

Trabajamos diligentemente todo el día para asegurarnos de que la Harvey House estaba lista y limpia para mas tarde. Sin embargo, Esme terminó por mandarme a la cocina a fregar los platos después de que me equivocara con los pedidos de los clientes y me quedara embobada mirando al vacío mientras los clientes trataban de llamar mi atención. Lo buenos es que no estaba enfadada, sabia por que me comportaba así y estaba muy agradecida de que fuera tan comprensiva. Otra persona en su lugar, me habría echado a patadas por la forma en la que había estad actuando todo el día.

-Querida- me susurró Esme. La miré con preocupación y al suelo al segundo siguiente, al darme cuenta de que había estado fregando el mismo plato durante la ultima hora.

-lo siento, Esme- suspiré mientras se me amontonaban las lagrimas en los ojos.

-Oh cariño, está bien. ¿Por qué no te tomas un tiempo para ti mañana? No tendrás que madrugar, puedes ir a dar un paseo o pasar algún tiempo con Angela.

-Oh no, Esme! No puedo dejaros todo el trabajo a ti y a las chicas.

-Tonterías- dijo moviendo la mano- somos mas que capaces de encargarnos de todo esto. Necesitas tomarte un descanso, te hará bien tomarte un tiempo para pensar, no lo has hecho desde que se fue. Por favor, tomate el día libre, vale?

-Vale Esme, pero solo un día!

-Bien- me contestó con una suave sonrisa- y ahora vamos a terminar con estos platos para que puedas irte a la cama.

Sonreí ante su bondad, Esme se había convertido en mi segunda madres y eso es lo que necesitaba en aquel momento.

Cuando terminamos con los platos y con otras tareas, todas subimos a dormimos, pero yo no podía quedarme dormida. No hacia mas que dar vueltas en la cama mientras pensaba en la situación en la que me encontraba. La verdad es que estaba agradecida de que Esme me hubiera sugerido tomarme el día libre mañana. Desde que Edward se marchó había estado rodeada por mis amigos, la gente de la ciudad y los extraños que se bajaban del tren. No era una cosa mala, pero no había tenido ni un solo momento para simplemente reflexionar sobre mi situación sin el revuelo de los quehaceres diarios. Mientras estaba allí tumbada pensando en lo que hacer con mi día libre, decidí exactamente donde lo haría. Iría al lugar que significaba tanto para nosotros, al lugar donde nos declaramos nuestro amor, el lugar que era fondo de nuestros mejores recuerdos. Iría a nuestro valle.

Los primeros rayos del sol se empezaron a filtrar en mi habitación. No estaba muy segura de si había dormido algo o no, pero sabia que aunque lo intentara, no iba a poder dormir ahora. Me dirigí al armario sin hacer ruido para prepararme ya que había decidido salir temprano. Sabia que Esme y las chicas comprenderían mi necesidad de irme lo antes posible.

Cogí una bolsa, la llené con las cosas que necesitaba llevar conmigo y salí silenciosamente por la puerta. El camino hacia nuestro valle no me llevó mucho tiempo y tomé una gran bocanada de aire fresco cuando llegué. Por fin...extendí la manta que había cogido y la puse en el sitio donde siempre nos sentábamos. Miré hacia el horizonte mientras que el sol continuaba su ascenso al cielo. Las lagrimas se me volvieron a acumular en los ojos al pensar en lo mucho que me gustaría tener a Edward conmigo en este momento, sus brazos rodeándome mientras me susurraba dulces palabras al oído.

Rebusqué en la bolsa y saque el montón de cartas que una vez creí eran de Carlisle. No las había vuelto a leer desde que me había ido de Ohio. Había pensado que habían sido una mentira, pero ahora sabia que el hombre que había escrito esas cartas existía en Edward. Abrí la primera lentamente y me di cuenta de lo dulces que se iban volviendo.

"Mi querida Srta. Swan,

¿Cómo es que a capturado mi corazón si nunca he visto su cara o tocado su mano ni una sola vez? Me ha enseñado que existe la belleza en este mundo tan feo y cruel. Su alma llama a la mía y su corazón está atado al mío. Nunca que hubiera imaginado sentir esto ni que habría una mujer como usted en este mundo.

Mientras estoy sentado en mi valle, observando al sol regalándonos con su presencia, deseo que pudiera ver lo majestuoso de los colores explotando en el cielo a medida que amanece el día. Espero que algún día este sueño se haga realidad. Querrá ver el amanecer conmigo, mi ángel? Podrías amar a un hombre como yo? Espero que tu respuesta sea si, porque me temo que un no me rompería el corazón. Por favor, escríbame pronto, porque no puedo esperar a tener noticias suyas. Sueña conmigo, porque te aseguro que yo lo haré contigo."

Aquella había sido la ultima carta que había recibido justo antes de la que me mandó pidiéndome que me fuera a Sand Rock para casarme con Carlisle. Y que lío había resultado todo aquello. No me había imaginado que las cosas iban a salir así cuando hice mis maletas y me vine para acá. Debería de estar casada a estas alturas y teniendo una vida tranquila con mi esposo, pero las cosas eran muy diferentes. Al principio me había sentido muy desilusionada, pero ahora que ya conocia al verdadero Edward, no podía evitar sentirme bendecida por como las cosas habían salido. Mi corazón dolía por su culpa, lo echaba de menos. No quería volver a estar lejos de él nunca.

Lloré durante un buen rato hasta que me quedé dormida. Soñé con él y cuando desperté, supe lo que iba a hacer cuando él volviera. Oiría sus explicaciones y juntos decidiríamos lo que hacer.

Recogí todo lo que había llevado hasta allí y volví a paso lento a casa. Cuando estaba muy cerca de la Harvey House, me di cuenta que Ben Cheney caminaba hacia mi.

-Srta. Bella! Venia a verla!

-Oh buenas tardes, Sr Cheney.

-Buenas tardes- dijo saludándome con el sombrero- tengo un telegrama urgente para usted, creo que le hará sonreír un poco.

Prácticamente le arranqué el telegrama de las manos y comencé a leer con el corazón acelerado y las manos temblorosas.

"Mi dulce Bella. Siento mucho haberme ido tan de repente. Te explicaré todo a mi regreso. Recuerda que te quiero y que volveré pronto. Perdóname? Te amaré siempre

Edward"

Dejé escapar un sonoro sollozo mientras leía sus palabras una y otra vez. Ben me miró con los ojos muy abiertos y asustados. Me hubiera echado a reír si hubiera podido parar de llorar.

-Está bien, Srta. Swan? Creí que este telegrama la alegraría.

Claro que me alegraba, pero también estaba triste al mismo tiempo auque me resultaba imposible decirle nada ya que los sollozos no cesaban. El ruido que hacia alertó a Esme que salió corriendo de la casa.

-Bella? ¿Qué pasa, cariño?

Continué llorando mientras le tendía el telegrama. Vi sus ojos recorrer el papel y con una pequeña sonrisa apareció en su cara.

-Oh, mi dulce niña, vamos dentro y tomaremos una taza de té. Lo siento muchos señor Cheney, lo he ignorado por completo- dijo Esme.

-Sin problema señora, Estará bien?

-Oh si, si, si. Estará mejor que bien, estoy segura de ello.

Y no sabia que ella tenia razón. Edward volvería pronto y yo le estaría esperando.