–Let me die.
''Hacer mi mente razonar, que para esto no hay remedio''
Al día siguiente, cuando despertó sintió un dolor en el pecho. Miró al acolchado, y vio unas gotas de sangre, sus cortaduras volvieron a abrirse.
Mierda.
Se volvió a acostar. Se sentía fatal, tenía dolor de cabeza, y un peso en el pecho le molestaba, no sabía que era. Al cabo de unos diez minutos, se levantó y fue al baño. Agradeció que hayan construido uno en su pieza, se lavó la cara, y vio las bolsas que se formaron debajo de sus ojos.
Sus ojos celestes brillaban más de lo normal, giró la cabeza y vio –por la ventanita del baño– que los árboles se movían de un lado para otro con fuerza, supo que el viento había aumentado. Debía prepararse para ir a la escuela, a sufrir de nuevo.
Buscó entre los cajones de su ropera, una remera con la frase "Fuck the world", un buzo de lana rojo, tomó unos jeans azules, sus converse negras y bajó las escaleras.
El pelo lo tenía atado en una coleta alta con algunos mechones en su cara. No iba a desayunar, no tenía hambre, tampoco deseaba salir de la casa.
{…}
Llegó a la escuela, de esta entraban y salían alumnos con carpetas, mochilas, y útiles en las manos. Muchos autos estaban estacionados en el aparcamiento, y de ahí salía Beck con sus dos mejores amigos, quienes siempre le acompañaban en todo.
Tori emprendió camino hacia la entrada y llegó a su taquilla. Buscó el libro de biología, y el de física. Alguien cerró el locker de un segundo, asustándola, y le dio media vuelta. Tiró de sus libros, y los pateó lejos... Beck agarró la mochila de Tori, y la arrojó al patio de enfrente a ellas, el celular salió volando del bolsillo delantero, vio como este se rompía.
—Lo siento, no fue mi intención. —Dijo, y chasqueó la lengua sonriendo.
Tori se quedó callada.
—Así me gusta, que estés callada, que no hables. —Le dio unas palmaditas en la mejilla. —No le dirás a nadie esto ¿O no, Tori?
—No hablaré. —Logró susurrar, y Beck la empujó contra los casilleros. Tori chocó la cabeza contra los mismos.
«¡Di algo!»
«Cierto, eres tan cobarde que nunca hablarás»
Cerró los ojos, y obligó a su cabeza que se callara. Sus ojos empezaron a nublarse, quería llorar, necesitaba hacerlo, sacar todo pero, no lo haría frente a ellos. No merecían que la vieran en esa posición, así de frágil, se aprovecharían más de lo que ya lo hacían.
Beck empezó a reír, y sus amigos, lo acompañaron. Los llamó, y se pusieron a los costados de Tori.
— ¿Vas a llorar, nena? —Beck hizo un puchero, y le pegó una cachetada. — No derrames una lágrima.
Tori sintió un escalofrío bajando por todo su cuerpo. Se estremeció.
— ¿Por qué me hacen esto? —Preguntó en un susurro, y cerró los ojos.
—Es divertido. Te hacemos llorar, te lastimamos, es genial.
Tori no entendió cómo había gente que era así, no había razón para que la hirieran de esa manera. Era una persona, tenía sentimientos, y emociones. Se lamentó la existencia, quería morirse. Sus ojos ardían, quería llorar pero, no iba a hacerlo. No quería que la siguieran lastimando, se mordió el labio, y cerró los ojos negándose mentalmente a ser vulnerable frente a Beck y sus cómplices. Le miró directamente a los ojos a ella, y se lamentó, en ese mismo momento se lamentó. Volvió a pegarle en la cara,Tori reprimió un grito.
No había nadie en los pasillos, las cuatro deberían estar en clases, y el supervisor no pasó por ahí ese día. Tori no entendía porque tenía tanta mala suerte, siempre le pillaban cuando llegaba tarde a clases pero, cuando necesitaba ayuda nadie estaba; era una costumbre siempre estar sola, permanecer sola.
Al escuchar pasos, los tres se separaron, y empezaron a juntar las cosas de Tori. Era el supervisor, Beck hablaba con Tori como si fueran los mejores amigos, pero ella no respondía.
— ¿Estás bien? ¿No te hicieron daño?
El supervisor llegó a su lado, y preguntó que pasó. Beck respondió que la encontraron así, con todas sus cosas en el piso,y que le ayudaron.
Este se fue después de ofrecerle ayuda a Tori, ella negó diciendo que estaba bien.
No podía creer como Beck hacia que todo saliera como el quería. Volvieron a tirar sus cosas, y trajeron su celular.
—Ten, cuídalo. —Se lo tiró en la mano. Después de golpearle de nuevo, se fue con sus amigas.
«No llores»
«Te han pasado cosas peores, Victoria. No seas estúpida»
Recogió sus cosas, y cuando se dio media vuelta se encontró con Jade. Se preguntó qué le diría esta, pero sólo le miró con las cejas fruncidas. Tori se sentía incómoda pero, trataba de ignorarle. Cuando terminó de juntar todo lo que los amigos de Beck habían esparcido por el patio delante de ella, volvió a caminar hacia su taquilla pasando por al lado de Jade. Cerró los ojos, intentando alejar su mente de ahí.
Estaba esperando algún insulto, alguna frase sarcástica, algo que la lastimara pero no fue así.
— ¿Estás bien?
Cuando escuchó esa pregunta, salir de la boca de Jade, el vello del cuello se le erizó.
— ¿Importa? —Ella abrió el casillero, y dejó tirado su celular hecho pesados.
—Realmente no. —Escuchó su risa detrás de su oreja como si estuviera pegado a ella. —No le importas a nadie, Vega. Ella bufó.
—Lo sé, gracias.
Cerró de un golpe la taquilla, y salió caminando con el libro de la siguiente hora en manos, iría hacia algún lugar a pasar esta hora, no era necesario ir a clase, y tampoco quería llegar de esa manera, tenía un moretón en su mejilla derecha.
Estaba a punto de entrar al baño cuando una mano se apoderó de su brazo. Dio media vuelta, y se encontró con Jade, quien tenía unos auriculares en la mano, Tori le miró, y luego a los auriculares. Estaba segura de que eran los de ellas.
—Se te han caído.
Ella los tomó, y entró al baño.
¿Desde cuándo Jade, la novia de Beck, le habla bien? Tranquilamente, la Jade que anda con Beck hubiera pisado sus auriculares hasta dejarlos echo trizas como el celular.
¡Su padre le mataría! Debía inventar una excusa, pensó en qué diría que le robaron el celular cuando volvía para casa.
Se la pasó la hora y media en el baño, en uno de estos leyendo un libro. No sabía que lo traía, le había salvado porque, no podía ir a la Biblioteca en horas de clases a menos que estuviera acompañado por otros alumnos o que el profesor le hubiera mandado a buscar un libro {…}
El salón estaba en completo silencio. Se escuchaba la manera en que el Profesor golpeaba el pie contra el piso intentando mantener el ritmo. No había dejado actividades en la pizarra pero, por alguna razón nadie quería hablar.
El profesor se paro con la planilla de los nombres y empezó a nombrar grupos de a dos.
« Tori, Beck »
—Alguien máteme. —Pidió en un susurro que solo ella podía escuchar.
Al finalizar con los grupos, explicó el por qué de los mismos. En vez de tomar un examen, decidió que haría un trabajo de veinte páginas. Tori, se golpeó la cabeza con la mano, y deseo que un rayo atravesara el techo y le matara.
Después de desear tal cosa pensó en su padre, y en todo lo que tuvieron que pasar juntos, no iba a dejarle, nunca. Era la única persona que quedaba cerca, sus otros familiares estaban lejos, demasiado.
—La nota se promediará con otras anteriores. —Dijo, y se sentó en su escritorio. —Deben entregarlo en dos semanas.
El profesor empezó a dictar actividades, Tori copió de mala gana. Con Beck, la han puesto en un grupo con Beck.
Mierda.
Mierda.
Triple mierda.
Al finalizar la hora, Beck se acercó al pupitre de Tori seguida por sus dos amigos, siempre tan juntos ellos. Le sonrió, y acomodó su bolso. Señaló a la castaña con el dedo, y le dijo:
—El trabajo lo harás todo tú, sola.
Tori asintió con la cabeza. Parecía su robot, su peluche, no tenía vida en esa Institución. Llegó Jade, y Beckle dio un beso en la mejilla a su novia.
—Ya lo tenía planeado. —Dijo Tori.
—Muy bien, me gusta saber que te controlo, nena. —Dio una palmadita en su hombro, y le señaló la mejilla. —Deberías ponerte maquillaje, no querrás que te pregunten que te pasó.
Tori llevó la mano a la misma, y agachó la cabeza.
No podía dejar que esto siguiera pasando. Iba a decirle algo a Beck para que se detuviera pero, no pudo. Se quedó callada, se quedó sin palabras. Tori tenía claro que si la enfrentaba, podría llegar a tener un ojo violeta.
Beck siempre actuaba como un principe, pero no lo era. Tori se abrió paso entre ellos, y salió del Salón sin antes volver a mirarles. Jade se le había quedado observándole. Volvió la vista al frente, y salió. Antes de que suene el timbre de salida, Tori estaba fuera, necesitaba irse, no podía seguir en ese lugar.
Con quince años había tenido pensamientos suicidas, con dieciseis años se había lastimado a si misma dejando marcas permanentes, con diecisiete años estuvo… a punto de la muerte.
