Disclaimer: Crepúsculo y Harvey Girls no nos pertenecen, pero las ideas originales de este fic son todas de la autora, así que no al plagio!
Hola! No sé a ciencia cierta cuantos de vosotros seguís aun ahí, pero aquí está un nuevo capi! La autora se ha puesto las pilas y ha terminado el fic Y yo lo he traducido lo antes posible.
Gracias de parte de la autora y mía ( la traductora) por seguir ahí!
A leer!
PVBDespertarme al lado de mi marido era un poco surrealista y maravilloso a la vez. Me desperté antes que él la mañana después de nuestra noche de bodas y me quedé mirándolo mientras dormía, sin moverme de su lado. Mientras lo continuaba mirando no pude resistir el impulso de tocarlo. Acaricié su mejilla con la yema de mis dedos y continué por su nariz y sus perfectos labios. Seguí así hasta que empezó a despertarse.
-Mmmm buenos días, mi amor- dijo con la voz ronca de dormir, que hizo que mi corazón se acelerara y despertara mi pasión.
-Buenos días, mi esposo- contesté besándolo con rapidez.
Me rodeó fuertemente con los brazos, acercándome a él. De repente me di cuenta de que su "pasión" también se había despertado.
-Me encanta como suena eso, esposa- me dijo con una oscura y apasionada mirada.
-Bésame, esposo.
No tardó en cumplir mi deseo. Besar a Edward, siempre había sido placentero, pero besarlo ahora era como nada que hubiera experimentado antes con él. No había limites. Estábamos casados y podíamos hacer lo que quisiéramos.
Mientras nos besábamos, mis dedos se enredaron en su pelo a la vez que una de sus manos enmarcaba mi cara mientras la otra exploraba.
Nunca me cansaría de sus caricias. Por todos lados por donde pasaban, dejaban un rastro de fuego que iniciaba pasiones que nunca hubiera imaginado tener dentro de mi. Parecía saber exactamente como tenia que tocarme.
Mientras continuamos acariciándonos y besándonos, me sentí muy decidida de repente y quise devolverle el placer que él me estaba dando a mi. Liberé mi mano de su pelo y empecé mi propia exploración. Acaricié su musculoso brazo, pasé mis dedos por su pecho, hacia su estomago y el vello que aparecía justo debajo de su ombligo hasta que finalmente llegué a mi destino. Mientras lo agarraba en mi mano él separó su boca de la mía con un jadeo.
-Bella!- jadeó con sorpresa- no hace falta...
-Shhh- le dije- quiero hacerlo. Déjame amarte.
Continué frotándolo suavemente mientras escondía su cara en mi cuello, jadeando y mordisqueándolo. Los sonidos que hacía me iban animando. Estaba sumamente feliz de poder dar placer a este hombre tan maravilloso al que quería tanto.
-Oh Angel, mmm...p...pa...para ahora. Quiero estar dentro de ti. Lo necesito.
No necesitó decírmelo dos veces. Moví la mano y me dio la vuelta gentilmente hasta que estuve de espaldas mientras él se ponía encima de mi. Se colocó en mi entrada y me acarició con su miembro unas cuantas veces antes de avanzar y poner mi cuerpo en llamas de pasión.
-Estás bien, amor? Estas dolorida? No tenemos por que...
La verdad es que estaba un poco dolorida de la noche anterior pero lo quería, lo necesitaba.
-Estoy mas que bien, Edward. Por favor, te necesito tanto. Por favor.
Sin mediar mas palabras entró gentilmente pero más rápido que antes.
-Angel- jadeó parando un momento para dejar que me ajustara antes de retroceder un poco.
-Oh!-dije. Esta vez se sentía diferente. Si, podía sentir aquel redolor, pero esta vez el placer era tan intenso que el dolor era algo del pasado. El sentirlo a él dentro de mi, encima de mi era casi abrumador. En aquel momento me sentía tan plena, tan complacida tan adorada.
-Edward!- grité a la vez que se movía con mas rapidez
-Cariño, oh Bella- gruñó- Estás bi...bien?
-Si! Oh Edward, por favor, no pares.
-Nunca amor, nunca.
Las palabras se perdieron con rapidez y los únicos sonidos que se escuchaban eran los de nuestra piel, nuestros jadeos. Nos movíamos a la par en perfecta harmonía. Nuestros cuerpos llegaron pronto a la cumbre y terminamos juntos, saciados y felices.
-Mmmm, creo que podré acostumbrarme a esto.
Edward se rió mientras se hacia a un lado y me acercaba a él.
-Yo también Angel, eres mi mundo
-Te quiero Edward.
-Como yo te quiero a ti, mi dulce Bella.
-LOF-
Antes de lo que hubiéramos querido salimos a que nos diera el aire fresco. Me hubiera encantado pasar días y días en la cama con Edward, explorando aquella nueva faceta de nuestra relación pero teníamos una boda a la que asistir y luego un viaje de vuelta a casa pasando por Chicago para visitar a su abuela. Si, los dos habíamos hablado sobre aquello durante el tiempo que habíamos pasado tumbados en la cama. Él llevaba sin verla mucho tiempo y quería que conociera a su esposa. No se lo podía negar y además yo también quería conocer a la mujer a la que quería tanto, la mujer que había criado a este remarcablemente maravilloso hombre, así que mando recado de que le haría una visita y que llevaría con él a un...invitado. Admito que estaba nerviosa. Solo quería que a ella le gustara yo.
La boda de Nessie y Jake llegó pronto y fue un día maravilloso. Estaba tan feliz por mi amigo, por que hubiera encontrado a alguien que lo hiciera feliz. Habían cambiado tantas cosas en tan corto periodo de tiempo...quien hubiera imaginado que nuestras vidas cogerían el camino que habían escogido. Aunque aun me dolía el corazón por la muerte de mis padres, también estaba lleno de alegría por mi nueva familia y por todos sus miembros. Mi corazón estaba pleno y sabia que las cosas solo podían ir a mejor a partir de aquí para mi y para todos aquellos a los que apreciaba.
-Estás lista, amor?- me preguntó Edward sacándome de mis pensamientos mientras que el carruaje se paraba.
-Si- le dije con una sonrisa- vamos a visitar a tu abuela.
Chicago era como nada que hubiera visto anteriormente en mi vida. Había crecido en un pequeño pueblo de Ohio antes de mudarme a Nuevo México, así que esta gran ciudad presentaba una intimidante pero excitante experiencia para mi.
-Esta es la casa familiar- me dijo mientras me ayudaba a bajar del carruaje
-Vaya!- dije sorprendida mientras miraba a la gran casa que se levantaba delante mía- es encantadora
-Mi abuela se alegrará de oírte decir eso. Mi abuelo la mandó construir para ella. Está muy orgullosa y apegada a ella.
Le sonreí al oír la suavidad de su tono al hablar de las personas a las que quería.
-Um, está tu padre aquí?- le pregunté con cierta vacilación
Arrugó un poco el ceño y se encogió de hombros
-No estoy seguro. Él pasa mucho tiempo fuera a causa de sus negocios así que quizá no esté. Si está en la casa debes decirme y dice o hace algo grosero. Prométemelo Bella.
-Lo prometo! De verdad es tan malo?- pregunté con nerviosismo.
Edward suspiró y vi como dejaba caer los hombros.
-lo siento. No debí preguntar.
-No- dijo cogiéndome las manos y acercándolas a sus labios para besarlas mientras se ponía frente a mi- Eres mi esposa. Debes conocer estas cosas. No tengo nada que ocultarte. Mi padre fue un hombre muy amable una vez o eso es lo que me han dicho. Cambió después de la muerte de mi madre, se alejó del mundo.
-Eso es terriblemente triste. Es como si tuviera miedo a amar.
-Quizás- dijo Edward encogiendo los hombros de nuevo- pero necesita recordar que él no fue el único que perdió a alguien que amaba. Yo perdí a mis padres aquel día, uno que se fue sin quererlo y otro que se marchó queriendo. Él nunca pensó en su hijo y en como podría necesitarlo al crecer sin una madre. Fui afortunado de tener a mi abuela. A mi abuelo también aunque muriera cuando yo aún era muy joven. Tuvo un gran impacto en mi vida durante el tiempo que pasamos juntos.
Me acerqué a él para darle un rápido beso en los labios.
-Vamos, estoy deseando que me presentes a la dama que te crió.
Andamos rápidamente hasta la puerta y fuimos acompañados dentro por una criada que casi tira a Edward al suelo cuando le abrazó.
-Mi querido muchacho! Pasa, pasa! Te hemos echado tanto de menos!
-Yo también os he echado de menos, Carmen. A todos.
Se alejó un poco de él y fue entonces cuando me vio.
-Y quien te acompaña?
Edward sonrió avergonzado y se sonrojó, algo que no era nada característico de él. Era tan adorable! Acababa de abrir la boca para contestar cuando otra voz flotó en la habitación.
-Si, dinos quien es esta encantadora señorita que está contigo- dijo una señora mayor mientras entraba en la habitación.
-Abuela- dijo Edward con un suspiro mientras cruzaba la habitación rápidamente para darle un abrazo.
-Edward, mi pequeño, te he echado tanto de menos...- dijo con suavidad
-Oh abuela, siento no haber venido antes. Yo también te he echado mucho de menos
Se separaron el uno del otro rompiendo así el abrazo y se miraron el uno al otro por un instante.
-Pero ya estás aquí- dijo acariciándole suavemente la mejilla- ahora, creo que debes contestar a la pregunta que te ha hecho Carmen. ¿Quién es esta señorita que has traído contigo?
-Si- dijo haciendo un gesto para que me acercara a él.
-Esta- dijo acercándome a su lado- es mi encantadora esposa, Isabella Masen.
-Esposa?!- exclamaron las dos mujeres.
-Si- contestó Edward sonrojándose de nuevo- mi esposa. Nos acabamos de casar.
-Y no me has incluido en los festejos?- preguntó su abuela con una ceja alzada y los brazos en jarras.
De repente me sentí muy mal conmigo misma y me preocupó que se pudiera sentir enfadada por no haber sido invitada a un evento tan importante en la vida de su nieto.
-Lo siento muchísimo Sra. Masen. Todo ha pasado tan deprisa. No queríamos ofenderla, de verdad. Espero que no se enfade con nosotros.
-Oh querida- dijo haciendo que parara de hablar- solo quiero que Edward pase un mal rato, pero por supuesto que no estoy enfadada. Estoy encantada!. Bienvenida a la familia, preciosa- exclamó antes de acercarse para darme un fuerte abrazo.
-Gracias, señora.
-Nada de eso, Isabella! Debes de llamarme abuela!
-Gracias...abuela!- dije con una sonrisa- Por favor, llámeme Bella.
Asintió rápidamente con la cabeza y se dio la vuelta.
-Carmen, puedes llevarnos el té en la sala, para que podamos hablar antes de la cena? Y querida- dijo cogiendo la mano de Carmen- debes de unirte a nosotros- Sé que a Edward le encantará pasar tiempo contigo también.
-Si, me encantaría pasar un rato con todas las preciosas mujeres que quiero.
-Oh calla!- le regañó Carmen- no queremos que tu nueva esposa se ponga celosa- dijo con una risa al mismo tiempo que salía de la habitación.
-Pero Carmen! Te quiero!- gritó Edward haciéndola reír mas fuerte antes de desaparecer por completo.
-Oh por Dios!- dijo la abuela con una risita- esta casa no ha visto tantas risas desde hace mucho. ¿Cuánto tiempo pensáis quedaros, cariño?
-Solo nos podemos quedar unos días, abuela- dijo Edward calladamente- deberíamos regresar pronto.
La abuela pareció tan decepcionada que se me rompió el corazón.
-Abuela- dije dándole una palmadita a Edward en la pierna- creo que podremos quedarnos al menos una semana.
-Pero Bella- Edward intentó protestar, pero yo negué con la cabeza y se quedó callado.
-Edward, eso puede esperar. Todo saldrá bien. Vamos a pasar tiempo con tu familia.
Me sonrió y se inclinó para darme un beso en la mejilla.
-Nuestra familia- susurró- gracias amor.
-OH, no sois adorables?- exclamó la abuela dando una palmadita- me recordáis tanto a mi Ed y a mi misma- dijo con lagrimas en los ojos.
-Era un buen hombre- dijo Edward con la voz apagada. Él y su abuela compartieron una sonrisa al recordar a su abuelo.
-Estaría tan orgulloso de ti, Edward. Muy orgulloso.
-Gracias Abuela. Espero vivir una vida que pueda hacer que las dos os sintáis orgullosas.
-Hora del té!- dijo Carmen al entrar en la sala rompiendo así ese tierno momento.
Hablamos lo que a mi me parecieron horas hasta la hora de la cena y el reloj nos avisó e lo tarde que era.
-Oh queridos- exclamó la abuela- debéis de estar cansados de vuestro viaje. Os acompañaré a vuestra habitación.
Le dimos a la abuela las buenas noches y nos instalamos en la habitación. Una vez que estuvimos listos para irnos a la cama nos acurrucamos juntos bajo las sabanas calientes. Edward estaba tumbado detrás mía con su brazo sobre mi y empezó a besar y acariciar mi cuello.
-Edward!- le regañé- estamos en la casa de tu abuela!
-Lo sé- dijo antes de continuar besándome y seguir su viaje mas hacia el sur.
-Edward- dije con una risita- no podemos.
¿-Por qué no?- me preguntó mientras sentía su sonrisa contra mi piel.
-Estamos en casa de tu abuela
-Bella- suspiró, girándome un poco para mirarme- estamos recién casados. Estoy seguro de que espera que disfrutemos el uno del otro esta noche. Además su habitación está muy muy lejos, no oirá nada a no ser que grites como una banshee- la sonrisilla de su cara era traviesa mientras yo lo miraba sorprendida.
-Qu...que? Edward!
-Estoy bromeando mi dulce Bella. Te quiero. Quiero estar contigo. Por favor, déjame tenerte- dijo acercándose a besarme apasionadamente.
-Bueno, cuando me lo planeas de esa manera, quién soy yo para resistirme?
No hubo mas resistencia aquella noche. Hicimos el amor hasta que no pudimos mantenernos despiertos y nos dormimos a la vez para soñar con la vida que teníamos por delante.
