CAPITULO 23: Propósito de EnmiendaPVE

Llevábamos en casa de mi familia unos días y habíamos pasado un tiempo maravilloso. Bella, la abuela y Carmen se llevaban como uña y carne. Había encajado estupendamente. Incluso antiguos amigos a los que nos habíamos encontrado mientras paseábamos por la ciudad, la adoraban. Mi dulce esposa. Estaría por siempre agradecido de que esta preciosa y encantadora mujer hubiera aceptado casarse conmigo. Era una autentica bendición.

El sonido de una garganta aclarándose desde la entrada de la habitación donde estábamos llamó la atención de todos los que allí nos encontrábamos haciéndonos girar para mirar a mi padre que se encontraba allí de pie. Justo la persona que esperaba no ver.

-Edward! Por fin te has cansado del desierto y has vuelto arrastrándote a casa?

Suspiré conteniéndome las ganas de hacerle una mueca.

-No padre, simplemente he venido a ver a la abuela

-Ah bien, y cuánto tiempo vas a quedarte?

-Nos marcharemos en unos días.

-Nos?

-Si, nos- le contesté girándome para mirar a Bella, la cuál se acercó rápidamente a mi. La rodeé con uno de mis brazos y sonreí.

-Padre, esta es mi esposa, Isabella. Bella, él es mi padre, Anthony.

-Hola Sr. Masen. He oído hablar mucho de usted- dijo Bella con voz firme.

-Esposa?!- dijo como en shock

-Si padre, mi esposa.

Su mirada se movía de uno a otro de nosotros en silencio, haciendo que la situación se volviera aun más incomoda.

-Querida- dijo volviéndose a mirar a Bella. Rompiendo por fin su silencio-así que has encontrado un hombre rico al que clavarle las garras, eh?

-Espera un momento!-exclamé

-No Edward- dijo Bella agarrándome el brazo- no pasa nada.

-No ángel. No voy a permitir que te hable de esa manera.

-No es encantador?- dijo mi padre con maldad.

-Sr. Masen, sé que no me conoce y que usted y Edward no mantienen la mejor de las relaciones, pero puedo asegurarle que quiero a Edward. Accedí a casarme con él por amor, no porque fuera a ganar nada, monetariamente hablando. Me gustaría que viera lo maravilloso que es su hijo. Él lo es todo para mi.

Mi padre pareció quedarse pensativo durante un momento y luego respondió.

-Ha sido un discurso conmovedor, pero solo son palabras, chiquilla.

-Anthony Charles Masen!-dijo la abuela- es la esposa de tu hijo! Ella es amable, honorable y genuina. Todas las cosas que no puedo decir sobre ti en este momento. Tu padre y yo te criamos para que fueras un hombre mejor del que muestras ser ahora. Me avergüenzas.

-Madre- suspiró mi padre pareciendo genuinamente avergonzado.

-No, a menos que te disculpes con Bella y Edward no te quiero oír decir ni una palabra mas.

Él nos miró a todos, se dio la vuelta y salió de la habitación.

-Lo siento, amor- dije una vez que mi padre hubo desaparecido.

-Edward, estoy bien. No te disculpes conmigo, porque no tienes por que hacerlo.

Los siguientes dos días fueron muy parecidos al primero. Mi padre seguía en la casa, aunque básicamente nos ignoraba a no ser que tuviera un mal comentario que soltar. Honestamente, no me molestaba mucho hasta que una tarde me encontré a mi padre que tenia a mi pobre Bella arrinconada.

-Cuánto me costaría que dejaras a mi hijo y que nunca volvieras? Sé que solo es por dinero por lo que estás aquí.

-Sr. Masen, está equivocado. No aceptaré ni un centavo de su parte. Amo a Edward, es por eso y solo eso por lo que estoy aquí.

-No me creo ni una de tus palabras. Eres una caza fortunas, una zo...

-Para!-grité cuando al final estuve mas cerca de ellos. Ya había tenido suficiente. Una cosa era que me tratara a mi como lo había hecho, pero no iba a permitir que hablara a mi mujer, una de las personas mas dulces del mundo, de esa manera.

-Vas a acabar con esto ahora mismo, padre! No puedo creer que trates a la gente y mucho menos a tu hija política de este modo! Ella es una de las personas mas dulces y maravillosas con la que te puedes cruzar y tú la tratas como a una vulgar ladrona!

-Crees que te quiere? Es mentira! Ella solo va detrás del dinero de esta familia!

-No sabes de lo que estás hablando. El dinero es tuyo y de la abuela, yo renuncié a todo hace tiempo. Bella está conmigo porque me quiere y yo la quiero a ella.

-El amor es una mentira!-gritó- no perdura, no es real!- gritó aun mas fuerte con lagrimas en los ojos y resbalándole por las mejillas- Se va! Se...se muere- la ultima palabra la dijo casi en un susurro.

Decir que todo aquello me pillo de sorpresa, era decir poco. Nunca me hubiera esperado oír esas palabras de labios de mi padre.

-Oh Sr. Masen-suspiró Bella acercándose a aquel hombre que se había mostrado tan cruel con ella y rodeándolo con los brazos- no muere- murmuró- solo por que perdamos a aquellos a los que amamos no significa que el amor se vaya con ellos. Sigue aquí, solo lo encontramos de diferente manera, en la familia, amigos y otras personas que vamos encontrando por el camino.

-Y tu que sabes?- dijo apartándola de él de forma brusca.

Bella sonrió tristemente y se volvió a acercar a él, le cogió las manos y le contó lo que le había pasado a sus padres y que había pensado que se quedaría sola el resto de su vida, como se había encerrado en si misma al principio pero que había encontrado la oportunidad de ser feliz de nuevo, de amar de diferente manera, otra vez.

-No se puede rendir, Sr. Masen. Aun tiene a su madre y a su hijo que aun lo quieren y ahora también me tiene a mi- dijo con suavidad.

-Qué?- pregunto sorprendido.

-Ahora yo también soy su familia. Por usted o tengo a Edward y por el amor que él y yo nos profesamos, tengo una nueva familia. Usted es parte de esta familia, otro padre al que querer.

-Co...como puedes ser tan amable conmigo después de todo lo que te he dicho?

-Porque sé que no era usted quien lo decía. Lleva triste, amargado y descorazonado mucho tiempo. Sé que dentro de usted sigue el buen hombre que era. Tienen que dejarlo vivir de nuevo.

Por primera vez en mi vida vi a mi padre sollozar al oír sus palabras. La abuela vino corriendo al oír todo ese jaleo.

-Qué ha pasado? – dijo al ver a su hijo apartar sus manos de las de Bella y escondiendo la cara en ellas mientras sollozaba desconsolado.

-Mamá- dijo llorando y mirándola mientras se acercaba a ella.

-Oh, hijo mío.

Cuando mi padre estuvo cerca la agarro con fuerza abrazándola hacia él.

-Lo siento mamá, lo siento mucho.

-Shhh calla hijo, no pasa nada.

Sentí como se me humedecían los ojos al ver aquella escena. Nunca me imaginé que ocurriría algo como aquello. Bella era verdaderamente un ángel. Estaba cambiando mi vida y la de mi familia.

-Hijo- dijo mi padre dirigiéndose a mi- perdóname.

Me quedé allí de pie sorprendo ante aquel extraño que tenia frente a mí. Me quedé helado y no pude articular palabras para decirle en ese momento. Me había herido tan profundamente tratándome como un estorbo durante toda mi vida, como si no importara nada para él. Cómo podría perdonarlo tan rápidamente? Cómo íbamos a avanzar desde ese punto?

-Sé que no serás capaz de hacerlo ahora mismo- dijo dejando a la abuela y acercándose a mi- pero espero que lo hagas algún día. Isabella tenia razón sobre muchas cosas. No he estado ahí para ti y lo siento tanto...

-Yo...yo no sé lo que decir.

-Lo sé hijo, sé que te llevará tiempo y espero que me des una oportunidad. Sé que no me lo merezco.

Sonreí al oír sus palabras y tuve esperanza en el hombre que tenia ante mí por primera vez en la vida.

-Si padre, creo que podré hacerlo. Puedo darte una oportunidad para que demuestres que puedes cambiar.

-Maravilloso- dijo dándome una palmadita en el hombro antes de girarse hacia Bella.

-Isabella, podrás perdonarme? No debí decir las cosas que dije, no las sentía de verdad. Eres verdaderamente una mujer maravillosa. Espero que tu también puedas darme otra oportunidad.

-Claro que sí, Sr. Masen!- dijo Bella mientras se echaba hacia delante para darle un rápido abrazo.

Nunca imagine que mi viaje a Chicago seria así. Bella me había curado de muchas maneras y ahora me había empezado a ayudar a curar las heridas de una parte de mi vida que creí que se mantendría otra para siempre. Con ella parecía que todo tenia solución y sabia que mi vida seria mejor ahora que estaba conmigo.

-Gracias, ángel- susurré en su oído.

-Te quiero- me contestó- haría lo que fuera para hacerte la vida mas feliz.

Mi padre sonrió al oír nuestras palabras, mirándonos con melancolía.

-No la des como algo hecho, Edward. Quiérela como si cada día fuera el último.

-Lo haré padre, lo haré- dije mientras miraba a los hermosos ojos de mi esposa.