Eirian Malfoy apenas contaba con tres años de edad, pero tenía un talento innato para la construcción. Su juguete favorito era una caja llena de bloques de madera con los que levantaba castillos llenos de fantásticas aventuras. Ahora, sentado en la alfombra persa que compró su tatarabuelo, intenta levantar una torre lo más alta posible. Le cuesta mantenerse en pie para colocar bien las piezas y por quita vez esa mañana toda la estructura se viene abajo.

El niño infla los mofletes con indignación, no le gusta que eso pase. Coge con sus manitas rechonchas la pieza más grande y la tira con enfado. El bloque de madera resuena al golpear el suelo y acaba llegando a los pies de Narcissa Malfoy, quien observa a su hijo con diversión. Echa una mirada a la cuna donde Draco duerme abrazado a su peluche favorito y se levanta de la silla recogiendo el bloque. En un par de pasos está al lado de Eirian quien la mira desde abajo como si fuera una imagen celestial.

Narcissa era la única capaz de calmar a su hijo cuando este se enfadaba porque sus juegos no salían como quería. La joven se acuclilla frente al niño y le mira a sus grandes y saltones ojos rojizos. Su pelo rubio solo hace brillar con más intensidad el escarlata de la mirada de Eirian, quien por alguna razón nació con ese color tan extraño.

La madre le da a su hijo el bloque de madera mientras juega con el cabello recién cortado del pequeño. Eirian ríe, suelta el bloque intentando atrapar la mano de su madre. Al final tratando de atraparla rueda hacia atrás y queda bocarriba a merced de Narcissa que no duda en atacarlo y empieza a hacerle cosquillas en todo el cuerpo.

Las risas se contagian y madre e hijo no paran de jugar, incluso Draco despierta haciendo un mohín de llanto pero al escuchar las risas empieza a balbucear y hacer pompas con la boca mientras se sacude tratando de ver de dónde viene ese sonido tan divertido.

La escena llega a su fin abruptamente cuando la chimenea expulsa con una llamarada esmeralda a Bellatrix Black, quien carga con Elizabeth antes de soltarla para que camine a su lado. A pesar de tener la misma edad que el primogénito de los Malfoy ya es capaz de caminar sola, aunque no demasiado bien.

Narcissa se levanta en el acto, a pesar de que la invitada es su propia hermana y su sobrina, no puede evitar ponerse entre medias de ella y Eirian. Bellatrix nunca ha sido una persona confiable y Narcissa lo tiene muy claro. Recuerda perfectamente los juegos de su infancia, cuando Bella intentaba dibujarle una serpiente en la espalda, con un cuchillo. Narcissa aun siente el ardor en el hombro, de no ser por sus padres ahora mismo su espalda estaría llena de cicatrices en lugar de solo un tajo cerca de la clavícula. Pero Bellatrix simplemente quería ver si quedaba bien el dibujo, esa fue su escusa.

—Bella, siempre es un placer. —saludó con cordialidad y buenos modales tal y como su madre le había enseñado. —Hola, Liz. ¿Qué tal estas? —su tono se suavizo al dirigirse a la niña aunque no se sentía nada cómoda con su presencia.

—Di hola a tu tía, Elizabeth. —apremió Bellatrix mientras miraba fijamente a Eirian quien se resguardaba tras su madre mientras la agarraba con fuerza. Su tía le daba pavor.

—Hola, tita Cissi. —exclamó Elizabeth mientras corría y gateaba para abrazar a su tía. Narcissa la cogió en brazos y la abrazó. La sensación de incomodidad se desvaneció al notar los brazos regordetes de la niña tratando de asirse a su camisa. —Mami me ha regalado una mascota. —gritó con alegría mientras sonreía a Narcissa quien la depositó en el suelo para levantarse.

— ¿No me digas? ¿Y qué te ha regalado? —preguntó con una sonrisa radiante mientras sus ojos se desviaban hacia su hermana con alarma.

—Una serpiente—la última palabra no fue más que una serie de silbidos agudos y molestos, pero Narcissa había pasado el suficiente tiempo cerca del señor tenebroso para deducir que era. Miró a su hermana aterrada, muy pocos podían hablar esa lengua y que su sobrina lo hiciera no auguraba nada nuevo. Y peor era que Bellatrix no pareciera sorprendida.

—Habla…

—Parsel. Lo sé. Estoy orgullosa de mi niña. No como tú. Eirian sigue sin dar muestras de la más mínima muestra de magia. —cortó Bellatrix mientras miraba con despreció a Eirian que ahora trataba de esconderse entre las piernas de su madre mientras Elizabeth trataba de llegar hasta él, en una versión pobre del escondite.

—Es muy joven. —Se escudó mientras daba un paso al frente para encarar a su hermana. Provocando la caída de Eirian y Elizabeth uno sobre el otro, ambos se rieron y se levantaron para jugar con los bloques.

—Elizabeth ya ha demostrado grandes dotes mágicas. Y nuestra familia siempre ha sido propensa a un despertar muy temprano. El Señor Tenebroso no está contento, habla mucho de lo decepcionado que estaría si la familia Malfoy estuviera empañada por esa vergüenza. No cree conveniente que una familia con semejante carga deba formar parte del movimiento. No podemos dejar que mancilléis la reputación de magos puros, y menos si engendráis un Squib. —Cada palabra que decía, parecía escupirla con repulsión. Asqueada de estar en presencia de un Squib.

—Mi hijo no es un Squib y no te permito que hables así de él en mi presencia. —Narcissa encaró a su hermana, le hervía la sangre ante las palabras de Bellatrix.

—El Señor Tenebroso no opina lo mismo. ¿Quieres que le diga qué opinas que se equivoca? —preguntó maliciosamente. Narcissa titubeó, miró a Eirian jugando y un asomo de duda surgió. Ni siquiera notó como su hermana se guardaba rápidamente la varita cuando la volvió a mirar.

—Yo… yo no he dicho eso. Pero no hables de mi hijo así. —la voz de Narcissa se volvió pesada y cansada. Se alejó de su hermana y fue a comprobar que Draco estuviera bien. El bebé estaba apoyado en el borde de la cuna, mirando con curiosidad lo que pasaba. Sus ojos grises escrutaban cada rincón de la habitación sin detenerse mucho tiempo en ningún sitio.

—Hay una forma de que se confirme que tú hijo tiene dotes mágicas. —propuso Bellatrix acercándose a su hermana y apoyando su mano en el hombro de ella, en el mismo sitio en el que hacia tantos años había dejado su impronta.

— ¿Qué método? —La voz cansada de Narcissa era apenas un susurró.

—Un hechizo. Un hechizo revelador. Se debe hacer en dos partes y por dos personas distintas. La primera, un pariente cercano pero no directo, debe realizar un hechizo de aumento energético. Es como abonar una simiente. Hace que el potencial mágico se revele más rápidamente aunque solo para discernir si el sujeto es o no un mago. Pero este hechizo tarda en hacer efecto y debe aguardarse una semana antes de realizar el segundo. Este debe realizarlo el padre de la criatura y mostrara el aura mágica del pequeño como un escudo rojo brillante. Si Eirian no tiene magia y es un simple Squib el hechizo no tendrá efecto. —explicó Bellatrix palmeando la espalda de su hermana.

—Hazlo.

— ¿Cómo dices? —preguntó Bellatrix mientras sonreía victoriosa.

—Haz el hechizo, luego dale las instrucciones a Lucius de cómo debe realizar el segundo y lárgate. —espetó Narcissa golpeando la mano de Bellatrix y cogiendo en brazos a Draco. —La semana que viene te enviare un vociferador para que te quede bien claro que mi hijo es un mago, un poderoso mago. Ahora termina con el hechizo, no te quiero en mi casa. —Narcissa se alejó encorvada y salió de la habitación dando un portazo.

La sonrisa de Bellatrix se ensanchó aún más sin poder creerse lo fácil que había resultado. Su señor estaría complacido de que el plan saliera a la perfección. Se dio la vuelta y vio a Eirian tumbado en el suelo con la boca tapada con la mano de Elizabeth que estaba sentada sobre él, mirándole con frialdad.

—Elizabeth ya puedes volver a casa, dile al Señor Tenebroso que el plan ha salido bien. — la niña miró con inocencia a su madre, una falsa inocencia que se desintegro cuando sonrió y asintió. Antes de levantarse e ir gateando hasta la chimenea donde las llamas la arrastraron a su interior donde dio vueltas hasta desaparecer. —Es un verdadero orgullo para mí. Será la bruja más poderosa de la Tierra dentro de unos años. Sin embargo tú estarás condenado a una vida mediocre en algún cuchitril. Diría que lo siento pero la verdad es que mi hermana necesita una lección. No te preocupes, no te dolerá. No queremos que tu madre entre en la habitación y cambie de opinión.

Eirian la miraba sin poder decir ni una palabra, sus ojos rojos estaban anegados de lágrimas, hipaba cada pocos segundos, presa del pánico ni siquiera era capaz de moverse. Solo notaba como se había orinado encima y pensaba en el castigo que le daría su padre por hacerlo de nuevo. No comprendía lo que hacía su tía, sólo pensaba en el castigo por mojar sus pantalones nuevos.

—Clausus Magicae in Aeternum. — pronunció Bellatrix, una potente chorro de luz añil surgió de la varita y envolvió el cuerpo de Eirian como si fuera una burbuja. Bellatrix frunció el ceño y arremetió con fuerza para que la burbuja se hiciera más pequeña pero lo hizo. Empezaba a irritarse cuando el hechizo se desvaneció y empujó a Bellatrix hacia atrás, casi tirándola. Enfurecida abofeteó al niño hasta dejarlo inconsciente antes de volver a intentarlo. Esta vez el hechizo hizo lo que debía haber hecho antes. —Clausus Magicae in Aeternum.