Let me die.

''Tu me das, las cosas que yo quiero cuando menos me lo espero''

Habían pasado semanas de todo aquello y Tori se sentía de la misma manera que a principios de año cuando tuvo que ingresar al Instituto de nuevo, nunca sintió una depresión como cuando perdió a su madre hasta ahora. Perdió a su papá y a dos "amigos" porque de alguna manera, Cat la escuchó cuando nadie lo hacía, seguía sin creer de sus palabras del todo. Y Jade, lo mismo ella había una de las razones por la que dejó marcas alrededor de su brazo y no le había perdonado pero sí estuvo cuando necesitó alguien.

No sabía qué hacer con su vida en ese momento. No iba a perdonarlos, no ahora, tal vez jamás lo hacía… No era algo fácil de lograr, directamente ir y decirle: "Los perdono." La vida no funcionaba de esa manera, nunca fue de ese modo.

Hace cuanto que no iba a la biblioteca, al entrar vio a la misma señora que antes solía ver todas las mañanas, sus ojos celestes resplandecían más que lo normal. Una sonrisa se extendió por el rostro arrugado de la mujer, era una sonrisa vaga pero, lo era. Le hizo una seña con la mano para que se acercara, y Tori obedeció.

—Hace mucho tiempo que no te veía por aquí, Tori . —La mujer hablaba en susurros por más que, en esta parte de sala, no hubiera nadie leyendo, estudiando o finalizando un trabajo a última hora. —Una chica pasó toda la semana pasada preguntando por ti, diciendo que pensaba que te hallarías por este lugar… —Volvió a sonreír con más fuerza que la anterior vez.

— ¿Qué aspecto tenía?

—Tenía unos ojos azules y una estatura de dos centímetros más que tú. —La señora se acomodó los lentes y escribió algo en un anotador. Tori le agradeció y se alejó de ella. Caminó por los pasillos hasta llegar a la sala de libros que a ella le gustaban.

Los libros habían sido un refugio desde que tenía once años, tenía un estante con todos los libros que había leído desde corta edad. Tori tendría que salir del Instituto porque sus clases acabaron hace unos quince minutos pero no quería llegar a casa y encontrarse con su padre y su sorpresa de feliz cumpleaños… Hoy, no era un gran día para celebrar ya que, traía recuerdos. Recuerdos que dolían y mucho. Robert, su madre y Tori solían pasar su cumpleaños viendo películas y comiendo helado por la noche; al día siguiente, unos parientes de parte de la madre de ella venían a visitarla y celebraban en familia. Después de la muerte de Lynn, nunca más se festejó uno. Digamos que ella tenía el poder para que todo siempre estuviera alegre y divertido, era el puente que unía las distancias entre las familias pero cuando ese puente se derrumbó, se cayó, se desapareció del mapa, las distancias se volvieron más largas y así, las visitas de familiares se volvieron escasas y ahora, ya no existían en su vocabulario.

Cat solía contarle como celebraba su cumpleaños y era de la misma manera por más que su padre no esté con ella en ese momento. Tal vez, no tenía el poder que Lynn poseía sobre las personas y su humor, Tori siempre había deseado ser como ella pero, más bien era muy parecida a su papá: solitaria, apagada al estudio y siempre siendo cerrada sobre las cosas.

Siguió caminando y caminando pero ningún libro le llamó la atención, tal vez porque no sentía las ganas para leer en ese momento, solo quería sentar y pensar, pensar, pensar hasta que sus ideas se aclararan quería saber que tenía que hacer con su vida en ese momento. Un mensaje de texto le llegó y empezó a vibrar dentro de su mochila, así que lo sacó para que dejara de hacerlo, desbloqueó la pantalla y era un mensaje de texto de Cat, quería borrarlo pero no lo hizo. Lo abrió y decía: "Como me ignoras en el celular, en el teléfono de tu casa y en cada lugar del Instituto espero que por acá no lo hagas… ¡Feliz Cumpleaños! Capaz no la estés pasando bien, me siento culpable, lamento haberte arruinado este día, a pesar de todo yo si te quiero…"

Recibió otro mensaje al cerrar este, no iba responderlo… Ahora. Era de Jade, lo abrió y también le felicitaba por su cumpleaños y le decía que realmente se arrepentía por todo lo que le había hecho pasar y que se merecía lo mejor y más.

—Si tan solo me mereciera lo mejor y más nada de esto estaría pasando. —Susurró Tori, nadie estaba en ese sector por lo cual no podían escucharla y no dirían que estaba loca por charlar sola. Ahora, en ese momento, quería llegar a casa y con una taza de café en la mano mirar películas y películas hasta que sea hora de cenar pero, después pensó en qué su padre estaba en casa esperándola y sus ganas se desvanecieron.

Empezó a sonar su teléfono y lo contestó sin saber quién era para que dejara de hacerlo, la voz de su papá sonó al otro lado de la línea, su tono estaba lleno de preocupación, pena y tristeza. No se habían hablado, por más que él intentase, desde hace unas tres semanas.

—Tori , ¿estás bien?

—Si, ¿por qué?

Su padre tosió del otro lado del teléfono. Tori realmente quería perdonarlo y que todo sea como antes pero la vida no era así. Nunca fue sencillo y ahora no iba a dejar que lo fuera.

—Es sólo que… me preocupé, pensé que cuando salías del Instituto vendrías para casa pero no fue así. —Su voz se cortó.

Tori reprimió las lágrimas que amenazaban en salir. No iba a soltar ni una lágrima por aquel hombre que llamó papá millones de veces, no lo merecía, nadie merecía las lágrimas de nadie porque así no era la vida. Pasar llorando porque algo no salió como quisiste, si que la vida está llena de hipocresía.

Tori tomó aire una vez, y otra para tranquilizarse y alejar las ganas de llorar. Dicen que es la mejor manera de descargarse pero, tal vez, era la manera más débil de afrontar las cosas.

—Me quedé en el Instituto porque tenía que buscar un libro.

—Oh, está bien. Yo, me voy ahora al trabajo, te veo después supongo.

—Adiós, Robert.

No esperó que respondiera y cortó la llamada telefónica, odiaba ser de esa manera, odiaba llamarlo "Robert" cada vez que él quería hablar, después de aquellas semanas no volvió a llamarle papá y eso la estaba matando, tal vez no tenía la mejor relación de padre-hija pero tenía lo que se llamaba vínculo, un pequeño y raro vínculo que siempre los mantenía unidos pero Tori no fue quien arruinó lo poco que quedaba de familia, fue su padre.

Era otro puente roto por una persona, al parecer de esto estaba creada la familia, de puentes rotos, puros puentes de la misma manera, siempre iba a hacer así.

Tori dejó el libro que había tomado y salió de ese pasillo lleno de estos, fue directo hacia la puerta, anhelaba llegar a su casa lo más rápido posible para imaginar que su madre todavía seguía ahí mirando con ella las películas, una manera de tenerla cerca, de sentir que su alma todavía seguía flotando por las paredes como un fantasma.

La mirada de Tori iba perdida por la calle que se pasó de su casa y tuvo que regresar unas cinco cuadras, cuando llegó el auto de Robert no estaba. Se había ido al trabajo como lo dijo, Tori pensó que capaz lo mencionó para que así ella fuera a su casa y él pudiera darle el regalo que quería. Aunque más que nada, deseaba hablar con ella, tener una conversación que no se base en sí y en no. La puerta estaba abierta, como de costumbre y cuando entró a su sala de estar todo estaba de la misma manera que está todos los días de todas las semanas pero más limpio. No solían hacer limpieza y tampoco tenían a alguien que fuera a ayudarles con la misma, Lynn solía hacer eso pero después de que ella murió millones de costumbres y cosas desaparecieron.

Su madre se había muerto cuando ella era pequeña, si que la necesitaba en todo su proceso de adolescencia… Tal vez, esa fue una de las razones por la inseguridad que sentía en su cuerpo y en sí misma como persona. No tenía una madre que le aconsejara sobre las cosas que una chica entrando a la adolescencia podía preguntar, estaba parada sola en el medio de la nada. Tenía a su padre pero él era un hombre y Tori siempre necesitó a una mujer como modelo y no lo tuvo. Los recuerdos que tiene son todos muy vagos en sí porque, Lynn murió cuando Tori tenía diez años, hace ocho años que vive con su padre y ahora, prácticamente, vivía sola porque también lo perdió a él. Subió a su habitación y dejó su morral tirado ahí. Buscó películas en uno de los cajones que estaban en su armario y sacó unas diez de estas, iba haciendo sorteo al azar. Se levantó ya que, estaba en cuclillas y Jade permanecía parada contra la puerta del baño, tiró las películas en su mano por el susto que le agarró.

—Feliz cumpleaños, Tori.

Los ojos de Tori observaron toda su habitación y después la ventana, la bendita ventana que siempre estaba abierta y que Jade adoraba para entrar como una salvaje, sabiendo que hay una puerta.

Cat apareció por la de su habitación con una pequeña torta en la mano y unas dieciocho velas prendidas. Tori se tragó el nudo que empezó a formarse en su garganta, no podían estar haciendo esto ahora mismo. Cruzó sus brazos por su pecho y ellos empezaron a cantarle la canción del feliz cumpleaños, Tori seguía totalmente inexpresiva y como siempre, tenías que pedir los tres deseos.

"Que la vida me trate bien una vez en la vida."

"Que las cosas se arreglen con papá."

"Vivir en paz."

Esos fueron los tres deseos Tori susurró para ella misma cuando sopló las velas, Cat y Jade se quedaron paradas mirándola. No sabían si ir a saludarla o no, estaban vacilando, Tori también. No sabía si incitarlos a que vayan a saludarla o no.

Capitulo super largo...amenme ok no jejejej, dejen sus reviews, cada vez mas cerca del final

- Rebe