"Querido Severus:

Hace mucho que no sé de ti. Eso no es del todo cierto. Te he vista. Nuestra relación nunca ha sido fácil, pero nunca imagine que acabarías espiándome. Te seré sincera, en un principio sentí el impulso de llamar a James, incluso de salir yo misma a capturarte. No lo hice. No fui capaz. Algo en tu mirada me dijo que no estabas allí en una misión "oficial".

No me viste, pero yo si pude ver tus ojos. Te dije muchas veces en el pasado que esos ojos que a todos les parecían fríos eran dos ventanas claras a tus pensamientos si sabías mirar. Y vi algo que no esperaba ver. Pase las horas siguientes pensando en tu visita. No pude dormir aquella noche. Ni la siguiente.

Una parte de mi sentía miedo, esperaba oír en cualquier momento el atronador eco de la puerta de entrada haciéndose añicos mientras los pasos rápidos de los mortifagos subían escaleras arriba. No había sentido tanto miedo como en esos días, porque una parte de mí no estaba segura. Una parte de mi creía que estabas en aquel seto por motivos demasiado oscuros para tratar de imaginarlos.

Lo admito, dude de ti. No me faltaban ni me faltan motivos para dudar de ti. Aun así lamento tener que dudar de quien fue mi mejor amigo. Pero no es fácil confiar en alguien que me ha hecho tanto mal.

Y con esos pensamientos y la angustia agarrotándome las extremidades fui a pedir consejo al único que sería imparcial. No podía decírselo a James, te habría buscado y te habría cazado. Y tenía la descorazonadora idea de que tal vez no intentaría detenerle. Yo tampoco podía juzgarte ni juzgar tus actos de forma racional. Acudí a Dumbledore porque era el único que me daría una opinión sin prejuicios.

No sé qué esperaba escuchar de los labios de nuestro antiguo director pero sentí algo muy parecido a la calma tras contarle todo y oír su respuesta. Esperaba y no esperaba que dijera lo que dijo, me hizo darme cuenta de la importancia de ciertos asuntos.

Lo siento, estoy divagando porque me cuesta centrarme en el tema que quiero tratar. Severus, fuimos amigos desde antes de que ingresáramos a Hogwarts. Tú me enseñaste las virtudes de la magia y que no debía temer mi poder. Lástima que yo no pude enseñarte a no prejuzgar según la casa o la sangre. Siempre creí que cambiarias, al fin y al cabo después del incidente estuviste dos años pidiéndome perdón. Eso me hizo pensar que podrías llegar a cambiar, pero te uniste a los mortifagos y nos separamos completamente. Nuestra amistad no podía seguir el camino que habías tomado. Pero no quería romperla, rece porque algún día recapacitaras y creo que lo has hecho. Al menos tengo la opinión de un gran mago de que es posible que hayas recapacitado.

Esa es la principal razón de esta carta. Una de las razones al menos. La otra, la verdad es que tarde en darme cuenta de lo que sentías. Siento mi tardanza. No puedo corresponderte, amo a James más de lo que creía posible más incluso de lo que llegue a odiarlo en su momento, pero puedo tenderte de nuevo mi amistad. Nunca la perdiste a pesar de tus actos y decisiones. No solo quiero que volvamos a ser amigos como en el colegio, quiero que formes parte de mi familia. Quiero. No, deseo poder volver a llamarte amigo. Poder tomar un té en mi casa contigo sin que intentes matarme o que James intenta matarte. Quiero recuperarte, Severus. No quiero morir sabiendo que mi mejor amigo está luchando en mi contra. No quiero morir sin que estemos del mismo lado. Y no quiero que mueras sin que te hayamos perdonado. Ambos debemos perdonarte, Sev. Tienes que perdonarte a ti mismo y yo tengo que perdonarte por lo que has hecho. Y no puedo hacerlo por carta.

Estoy esperando otro hijo, niña según la señora Bathilda, y sería un honor que aceptases ser su padrino. James está de acuerdo, o al menos no intentara colgarte de nuevo de un árbol durante la ceremonia y si lo hace puedes estar seguro que él irá detrás.

Sé que no era lo que querías oír, tal vez sí, pero sentía que merecías una respuesta clara. Si crees que nuestra amistad no es suficiente y solo te traerá más dolor, lo entenderé. Pero espero que aceptes, y que seas el padrino de Petunia Prince Potter. Siempre me gustó el apellido de tu madre. También quiero que conozcas a Harry, es un niño muy juguetón y alegre. Y no te lo creerás pero el otro día le enseñe una foto tuya de cuando íbamos a tercero y sonrió. No suele sonreír a caras extrañas.

Terminare diciendo que mereces ser salvado. Aunque tú hayas perdido la esperanza. Lo mereces.

Al fin y al cabo eres y siempre serás mi pequeño Príncipe Mestizo

Atentamente. Lily Potter"

Snape respiró hondo. Cerró los ojos con fuerza mientras arrugaba la carta sin querer. Rápidamente trató de alisar el pergamino sin muchos resultados, ya estaba lleno de dobleces. Miró taciturno la lechuza que había traído la carta de Lily. La rapaz le observaba con unos grandes e inexpresivos ojos ocres. Ladeó la cabeza mientras se afilaba el pico.

Snape suspiró con fuerza mientras le mostraba el brazo a la lechuza para que se subiera encima. El animal no dudo en saltar al antebrazo del joven, que le llevó hasta la ventana y la soltó para que se marchar. No tenía respuesta para esa carta. No podía pensar claramente. Y tener la mirada de aquellos ojos tan oscuros no le ayudaba.

¿Por qué todo era tan complicado? No debía serlo. Él era un mortifago. Había hecho esa elección. Ella pertenecía a la Orden del Fénix. Debían ser enemigos. Llevaban años sin hablarse, ella tenía que odiarle por lo que hizo durante el colegio. Y sin embargo, Lily aún tenía fe en él.

Su antigua mejor amiga tenía más fe en él, que el mismo. La vida no era sencilla. Snape no era sencillo. Desorientado cerró la ventana una vez se aseguró que la lechuza se había perdido en el cielo sin incidentes. Se apoyó en el marco y se dejó caer hasta el suelo. Su cabeza golpeo una vez la pared, luego otra, y otra más. Cada vez más seguidas y con más violencia.

Era incapaz de pensar claramente. Un último golpe hizo que se detuviera, se quedó mirando las manchas de humedad que se extendían, como un mapa abstracto de una tierra lejana, en el techo. Durante las horas siguientes no dejó de mirar aquellas manchas. Cada claroscuro de verdor en contraste con el gris polvoriento original. Cada ondulación de la pintura abombándose por el tiempo, el frío y el calor. Cada nimio detalle fue grabándose en las retinas de un Snape atormentado.

Varios años de dudas, agolpándose en lo más profundo de su mente. Cientos de noches en vela, a la luz de un candil y con un viejo tomo de pociones en el regazo. Así había sido su vida desde que había querido unirse a los mortifagos. Noches sin dormir con datos insignificantes tratando de hacer huir la culpa y las dudas.

Estudiar la complejidad de la poción multijugos para no tener que pararse a pensar en lo que estaba haciendo. Para no querer admitir que en el fondo esa no era su vida, el no encajaba. Y ahora una simple carta de una persona demasiado importante para él, había roto todo su autocontrol.

Vio claramente lo que se había obligado a pasar por alto. Era una marioneta. Una simple y vulgar marioneta en manos de un experto titiritero. El Señor Tenebroso, Bellatrix, Lucius, todos usando a su padre, esa mancha en la tradición pura de su familia, como si fuera una afrenta que debía limpiar.

Snape no era una persona que pensase que hay que tratar a los niños de forma especial, pero no podía sentir lastima de sí mismo al darse cuenta de cómo su primera noche en Hogwarts fue su primer clavo en su propio ataúd.

Se vio rechazado y marginado por ser un mestizo. Y desde ese instante, el rey de la manipulación cayó en su propio juego. Acabo bailando al son que ellos dictaban para sentirse integrado. Para que las burlas y bromas de James fueran las únicas. Para que alguien le defendiera, o le tratara como a un igual.

No se dio cuenta de que ya tenía a alguien que le trataba bien. Demasiado cuenta recapacito sobre quien valía realmente la pena. Demasiado tarde para poder retroceder. Ya había hecho una decisión y tenía que acatar las consecuencias de esa decisión. Y aun determinado a ese propósito de cumplir el destino que el mismo se había marcado por estupidez, Lily seguía tratando de salvarlo.

No sabía porque. ¿Una trampa? El Señor Tenebroso no sería tan sutil. ¿Entonces qué ocurre? ¿Por qué tiene esa carta en la mano?

Tiene dudas. ¿Justificadas? Tal vez.

¿Qué hacer?

La decisión que tomo siendo un adolescente volvía a abrirse delante de él. Podía volver atrás. Le daban esa oportunidad de volver y enmendar el error. Dar con la respuesta adecuada. Pero, ¿La merece realmente? ¿Merece una segunda oportunidad?