Let me die.
''Por pensar solo en mi, por pensar solo en mi, por no darte mas de lo que tengo''
Llegaron en el momento en el que Tori estaba a punto de cerrar los ojos, su cuerpo estaba débil y se sentía vulnerable. Cuando la tomaron de los brazos y piernas para ponerla sobre la camilla y llevarla a la ambulancia que la había estado buscando desde la noche pasada, estos empezaron a arder, tenían unas heridas a lo largo de los mismos, eran como tajos extensos y grandes. Obligó a su mente a despejarse pero no lograba hacerlo, se acuerda haber despertado en medio de la pesadilla que había vivido a noche y ver a Beck con una pequeña navaja en las manos. Su cuerpo empezó a temblar: sentíamiedo al recordar la noche pasada y el clima había cambiado rotundamente, hacía muchísimo frío, Tori podía sentir como los pelos del cuello y brazos se le erizaban por el viento que chocaba contra su cuerpo y por la baja temperatura.
No se dio cuenta que había entrado en la ambulancia hasta que giró la cabeza y vio todos los aparatos que había a su alrededor, minutos después, esta arrancó yendo directamente hacia el hospital. Tori no estaba dormida, estaba lo bastante despierta por más que intentara dormir. Los médicos intentaban entablar una conversación pero la castaña no podía hablar. Principalmente, los médicos solían hablar con los pacientes para que estos no se durmieran y se mantuvieran despiertos hasta llegar al hospital con los médicos más especializados en todo esto tipos de cosas, movió la muñeca para llevársela al estómago cuando sintió una punzada y soltó un pequeño grito, después de aquello su mano empezó a doler. No habían examinado a Tori porque, lo único que importaba ahora era que no se durmiera, su respiración era pausada y estaba cansada, no había que ponerla aun más cansada.
Los médicos le tomaron la muñeca y ella se mordió el labio, le dolía. Sentía como un clic cuando estos se la movían para examinarla, un dolor se impregnó por toda su muñeca hasta los dedos. Con la otra –que estaba completamente bien, ni una herida. Tan solo sucia–, se apretó la remera para no gritar, su labio había empezado a sangrar y el sabor de esta –era como un hierro– le daba asco.
Lo único que lograron hacer sobre la muñeca fue colocarle una venda que sea ajustada de tal manera que el dolor no sea tan fuerte. El hospital estaba a una hora y media del bosque en el que estaba perdida pero, el viaje duró mucho menos o eso le pareció a ella.
Al bajar de la ambulancia, su padre estaba a su lado sosteniéndole la mano que no estaba lastimada, tenía unas ojeras impresionantes, eran bolsas negras y sus ojos estaban rojos, odio verlo de ese modo entonces, cerró los ojos, escuchó gritos diciendo que no se durmiera, abrió los ojos de repente y su padre tenía las manos en su cara, movía los labios diciendo algo, Tori no podía entenderlo, tampoco podía leerlos. Su respiración había mejorado y eso era algo bueno.
…
Jade había aparecido por esa habitación unas cuantas veces pero cada vez que entraba, Tori se hacía la dormida tanto como con los doctores, su padre y Cat. No quería hablar con nadie porque sabía que le iban a hacer las típicas preguntas y no quería responderlas. No deseaba hablar con cualquier persona sobre lo sucedido porque le traía malos recuerdos, y las lágrimas se acumulaban en sus ojos cuando los momentos se recopilaban en la cabeza y pasaban como si fuera una película. Tal vez, algún día, podría tener el valor de contarle a su padre quién era la persona que causaba esto y hacer algo al respecto pero ese no era el momento. Jade y Cat sabían perfectamente quién hizo esto, más bien: quiénes.
Miraba hacia la pared cuando sintió la mano de alguien agarrar la de ella y unirla, conocía esos dedos al igual que la mano que enrollaba la suya. No giró la cabeza porque no quería verle, había estado metida tanto en sus pensamientos, en sus ideas, en si misma que no notó cuando abrió y cerró la puerta, menos el sonido de sus zapatillas chocar contra el piso.
— ¿Puedes irte? Quiero volver a dormir. —Dijo Tori mirándole, Jade tenía una expresión de enojo en su cara— Por favor.
—No estuviste durmiendo, tan solo cerrabas los ojos pretendiendo dormir para que nadie te preguntara algo… Ya que, supongo, no quieres hablar con nadie porque no vas a decir una mierda —dijo y cruzó los brazos—, ¿me equivoco?
Tori se quedó callada. Al parecer, la conocía más de lo que pensaba que la conocía, tensó la mandíbula y giró la cabeza hacia la otra pared para ignorar su cara. Había estado en esa camilla desde hace unas cuatro horas, tendría que dejar de fingir estar durmiendo porque seguramente su padre estaba preocupado detrás de esa puerta.
Pensó en lo egoísta y estúpida que estaba actuando en ese momento. Tanto como su padre, Jade y Cat también estaban preocupados. Habían entrado varias veces en esas cuatro horas y siempre le hablaban.
—Tu padre está detrás de esa puerta —la señaló, el enojo se notaba en su voz— muriéndose de angustia y tú, siendo una persona completamente egoísta ¿entiendes eso? —Hizo un mohín con las manos, tenía las cejas fruncidas. —Todos nos preocupamos.
— ¡Lo sé! ¿Podrías callarte? Sé perfectamente que estaban preocupados pero no quería tener que lidiar con interrogatorios por parte de ustedes. —Le miró y sintió su corazón rompiéndose en pedacitos. Tenía los ojos cristalinos, se pasó una mano por la nariz y Tori quiso tocarla pero Jade la ignoró.
—Sé que te asusta, y por eso nunca dices nada, sé que piensas en las consecuencias de toda esta mierda que está pasando pero sé que en algún tiempo va a terminar pero solo si le pones un fin. —Su mirada atravesó la de ella, se acercó hacia su camilla pero solo se quedo mirándole. Tocó la sábana, pasó la mano por el brazo de Tori hasta llegar a su hombro donde dejó la mano con delicadeza un tiempo antes de dejar que caiga, negó con la cabeza y volvió a alejarse.
—Jade…
—Te quiero como nunca quise a alguien y no quiero verte de esta manera pero, no puedo entender cómo sigues viviendo cada día de este modo…
Tori se quedó en silencio.
—Llamaré a tu padre para que venga a verte.
Tori se le quedó mirando por unos segundos hasta que después desvío la mirada. Sabía que Jade trataba de controlarse porque cualquier otra persona que hubiera sido igual de atenta que Jade la hubiera mandando al diablo. Se tocó la muñeca cuando sintió otra punzada más, era la quinta en una hora, le dolía muchísimo pero no quería tomar ningún calmante, quería irse a casa.
Salió por la puerta y a los dos minutos, su padre entró en la habitación, tenía los ojos rojos y unas bolsas bajo sus ojos, eran peores que las de hace cuatro horas, sintió una opresión corriendo por su pecho, sintió un peso en el mismo. Se sentía culpable. Robert le besó la frente y dijo algo que Tori no pudo descifrar, estaba llorando.
Era una mierda, una mierda de persona.
— ¿Qué sucede, cielo?
Quiero morir, se dijo.
—Lo siento tanto papá. El silencio se percibía en la habitación, todo parecía incómodo. Ambos se miraban fijamente y contenían la respiración, así que ni el respirar se escuchaba. Uno tenía las manos en los bolsillos del pantalón y otra se abrazaba a sí misma porque el aire que entraba por la ventana le daba frío, esa era la escena. La chica cerró la venta y la trabó, y entonces solo quedaron ellos. Todo se volvió raro, Tori se dio media vuelta y se sentó en la cama dándole la espalda a Jade , el contacto visual había terminado.
Se escuchaban los pasos de Jade chocar contra el piso también como las respiraciones volvían a ser normales, era el día siguiente al que volvió del hospital, le habían dado el alta el mismo día que le encontraron solo que a la tarde. Le dolían las piernas como el infierno, era como unas pequeñas punzadas a lo largo de estas, su muñeca había calmado con los calmantes que el Doctor le había recetado.
Hubo un momento en el consultorio del médico que solo quedaron Jade y ella por petición de la misma. Le preguntó cómo le estaba llendo con la psicóloga y si estaba haciendo efecto en su forma de pensar o ser, ella le contestó que todo estaba mejorando pero lo que no sabía era que la cicatriz que su mente había creado estaba en proceso de ser eliminada cuando aquella noche todo volvió a ser como era hace meses atrás: las ganas de correr a un baño, abrir el grifo de la ducha o el lavamanos, buscar entre los maquillajes –que eran usados para tapar los golpes– una pequeña navaja para terminar con su vida en ese momento pero nunca fue tan valiente para hacer eso, sabía que nunca podría dejar a su padre pero también sabía que si lo hacía, él estaría viviendo sin un peso sobre sus hombros.
Cuando la mano de Jade se posó en su hombro, un escalofrío le recorrió desde la cintura hasta el cuello erizándole los pelos del mismo, su mirada se aflojó un poco pero no se giró, se quedó inmóvil mirando hacia la pared en donde había un cuadro familiar.
Recordó cuando Jade le comentó sobre Beck y que ella no era la madre del hijo de él, y le entró curiosidad. Sabía que podía ser cualquier estudiante del Instituto porque Beck era uno de los zorros más conocidas del Colegio pero en ese momento, Jade estaba con ella. Pensó en lo extraño que sería tener un hijo siendo tan joven, preocuparte por un niño, preocuparte por tu hijo siendo una adolescente, y Beck es de esos chicos que les encanta salir a las fiestas y por lo que sabía seguía saliendo, seguía emborrachándose.
