Sherlock apretó su mano, sonriendo débilmente, John sintió un agudo pinchazo de dolor al verlo así, el tiempo había pasado tan deprisa…

- Vamos, no pongas esa cara- dijo Sherlock, sin borrar la sonrisa – ha sido maravilloso-

John le sonrió, era cierto, su vida había sido maravillosa, resolviendo casos, salvando vidas, jugando al héroe, la mente brillante de Sherlock Holmes no tendría igual jamás.

- Al menos esta vez, cuando me entierres, sí estaré muerto- bromeó Sherlock.

- Ojalá no fuera así- respondió John, bajando la vista – Sherlock, hay algo que quiero decirte, al menos ahora, antes de que te vayas, tienes que saber que…-

- No me lo digas- contestó Holmes.

- Pero es…-

- Imagino lo que puede ser, aunque me cuesta creerlo- siguió Sherlock – John, siempre supe que eras especial, único, no hace falta que me expliques, lo sé, comencé a sospecharlo después de que ese hombre te visitara, él no parecía…normal, sus ojos, John, eran los ojos de un viejo, y me di cuenta…de que los tuyos eran iguales-

- Sherlock…-

- Te quise mucho- dijo Holmes, con la respiración cada vez más pesada – quiero que lo sepas, siempre te quise, eres mi mejor amigo-

Los ojos de John se llenaron de lágrimas, entonces escuchó ese sonido, el doctor había llegado por él, Sherlock se iría pronto.

- Jamás voy a olvidarte- prometió John, besando dulcemente la frente de Sherlock - ¿me oyes?, nunca-

Sherlock sonrió, sus ojos poco a poco fueron cerrándose, John sostuvo su mano hasta que sintió que la vida le abandonaba, Sherlock se había ido, esta vez para siempre, le dedicó una última mirada y salió del hospital, el tiempo de John Watson se había acabado.

El doctor le esperaba en la calle de enfrente, la TARDIS también, el doctor le tomó del brazo con amabilidad, guiándolo hasta el interior de la nave.

- Ábrelo- dijo el doctor.

John Watson respiró hondo por última vez y abrió el reloj, sintió que la vista se le apagaba y de repente la energía comenzó a correr por todo su cuerpo, llenando cada hueco, cada parte de él, dejó que esa energía lo invadiera, estaba listo para cambiar.

Cuando todo acabó se sintió aliviado, de nuevo joven, el doctor le miraba con gesto serio, tendiéndole un espejo, sintió que se volvería loco cuando Jim Moriarty le miró desde su reflejo.

- Esto…esto tiene que ser una broma- dijo, lanzando el reloj y escuchándolo romperse - ¡no puede ser!-

Y de nuevo los tambores, golpeando su cabeza, bom bom bom bom, bom bom bom bom, BOM BOM BOM BOM, James gritó, agazapándose como fiera herida.

- Son tan fuertes- gimoteó – tan fuertes, ¿por qué los sigo escuchando?, ¿por qué?-

- Tu vida está ligada a la de Sherlock Holmes- dijo el doctor, acercándose a él – estás atado a él mientras suenen los tambores, este es su verdadero propósito-

- Llévame- dijo James, con los ojos llenos de lágrimas – llévame de regreso, doctor-

El doctor no respondió, Jim pudo escuchar cómo echaba a andar la TARDIS, fue un viaje veloz, la nave aterrizó con su característico ruido.

- ¿Qué hay afuera?- preguntó James.

- Londres- respondió el doctor, encogiéndose de hombros – Jim aún no conoce a Sherlock Holmes, debe estar construyendo su red criminal-

- ¿Por qué haría algo como eso?- protestó Jim – como John amé a Sherlock, deseaba lo mejor para él, que estuviera feliz y…-

- Y es más feliz cuando tiene un caso, ¿verdad?-

- Lo haré por Sherlock, ¿verdad?, todo, absolutamente todo es por Sherlock-

- Juega bien tus cartas, James, suerte-

James Moriarty salió a encontrarse con una gris y gastada Londres, echó a andar sin un rumo en específico, haría lo que fuera necesario, lo haría por amor, por Sherlock, así tuviera que ser su amigo o su enemigo.