¡Quieras o no!

La mañana el primero de Septiembre, Sirius se levantó con sentimientos en conflicto en su cabeza. Por un lado, deseaba con todo su corazón el alejarse de aquella casa tan aburrida y pasar todo el curso junto a sus amigos haciendo "travesuras"; pero por el otro, no deseaba encontrarse con la joven Mckay, aun no le había enviado ningún tipo de disculpa y es que la verdad no sabia muy bien como hacerlo, ¿Pediría disculpas por decir la verdad? No, pediría disculpas por no ser más… delicado.

Por suerte los elfos habían arreglado su baúl, por lo que no debía hacer nada más que vestirse antes de la hora pautada por su madre para salir, y así lo hizo, para ese tipo de ocasiones Sirius solía ser bastante puntual.

Caminaba apresuradamente con su túnica azul zafiro ondeando tras él, seguramente los señores Potter ya habían llegado al andén y deseaba poder saludarlos, ya hacia rato que su madre y su hermano habían quedado atrás. Traspasó la barrera y llegó al anden 9¾, el montón de gente no evito que viera el desordenado cabello de su amigo, así que empujo su carrito hacia él.

-Al fin llegas Canuto- Le dijo a manera de saludo James al verlo, la Señora Potter le ofreció una sonrisa.

-¿Buen Verano?- Le preguntó con cariño.

-Algo así- Le contesto Sirius con una mueca, el Señor Potter al verlo le dio unas palmaditas en la espalda.

-No me hagan recibir tantas cartas este año- Les pidió cansado, esos dos jóvenes habían logrado que su caligrafía mejorara notablemente, ya que siempre debía enviar cartas para interceder por ellos cuando alguna travesura se había salido de control.

-No prometo nada- Le dijo James con una sonrisa picara en el rostro, sonrisa que se borró al ver cierta cabellera pelirroja subir al tren. –Ya Lunático esta esperando a que subamos- Le avisó a Sirius, ya tenía ganas de subir él también. Sirius lo vio extrañado pero medio asintió con la cabeza, se volvió a ver a los señores Potter.

-Espero verlos pronto- se despidió con un movimiento de cabeza y siguió a James, que ya había subido su equipaje al tren.


-¿No son muchas ranas de chocolate Lunático?- le preguntó Sirius a su amigo, quien acababa de comprar unas treinta ranas de chocolate a la Señora del carrito, él joven Remus Lupin soltó una risita.

-Nunca serán suficientes Sirius- le contestó, su amigo decidió no replicar ya que al verlo, tan enfermizo, prefería dejarlo hacer lo que quisiera.

-Debemos planear la próxima luna llena!- exclamó contento James, si algo le emocionaba de ir a Hogwarts era, principalmente, sus salidas no autorizadas. Peter lo vió con algo de susto primero pero luego soltó una risita, mientras estuviera con ellos estaría a salvo.

-No se si sea buena idea- Le dijo Remus con el ceño fruncido, odiaba poner en peligro a sus amigos. Sirius le sonrió, ya no había nada que pudiera detenerlos.

-Vamos Lunático… No dirás que ahora no podemos disfrutar de nuestras habilidades- le dijo sentándose a su lado, Remus sacudió la cabeza.

-No seas aburrido- le reclamó James lanzándole una rana de chocolate que le dio un suave golpe en la cabeza, Remus se le quedó viendo con una sonrisa.

-Soy prefecto, no puedo dejarlos hacer estupideces- Les advirtió destapando la rana y metiéndosela en la boca. James se carcajeó, desde el curso anterior habían nombrado a su amigo Prefecto y no es como si su influencia en él hubiera cambiado.

La puerta del compartimiento se abrió y por ella se asomó quien hacia delirar a James. Lily los vio con mala cara hasta que llegó a Remus, a quien le dedico una sonrisa.

-Hora de nuestras rondas- le avisó para luego cerrar la puerta tras ella.

-Deberías hablarle bien de mi- El joven Merodeador le sonrió con cansancio a su amigo.

-Quizás ayudaría el que dejes de meterte con Snape- James frunció el ceño al igual que Sirius.

-Eso no lo prometo- le dijo antes de que el muchacho saliera del compartimiento.


Rato después ya se habían aburrido de estar ahí, quizás los regañarían pero… Querían estirar un poco las piernas.

Salieron del compartimiento dejando a Peter solo, y comenzaron a caminar buscando con quien divertirse un rato, pero algo no salió como Sirius lo esperaba. Lo que había olvidado desde que vio a James llegó de pronto.

Su mirada se cruzó con la de Eve y el muchacho se sorprendió al pensar que la chica tenia los ojos hinchados, pero… Aquello no era posible ¿cierto? Él no era causante de esos ojos, estaba seguro de que seria algún problema de la chica, según su madre el señor Mckay solía molestarse con su hija por cosas tontas y probablemente esa era la causa.

Se apresuró a empujar a James para que volvieran al compartimiento, pero la voz de la muchacha llamándolo lo detuvo. Se dio media vuelta y la vio acercarse a él.

-Hola Eve- la saludó fastidiado, ella le lanzó una mala mirada.

-Intente que esto funcionara por las buenas- le dijo en forma de regaño, Sirius frunció el ceño ¿Qué quería decirle con eso?

-Pues… por las buenas no será- le replicó cortante, ella soltó un resoplido.

-Lo quieras o no, yo seré tu esposa y te exijo un buen trato- Sirius sonrió de repente, si, la muchacha parecía haber enloquecido.

-Este bien Señorita Mckay- se burló como James lo había hecho en el Callejón Diagon, exagerando sus modales, exagerando al máximo su acento ingles.

-¡No te burles de mi!- le reclamó Eve roja de rabia, había decidido que Sirius no se merecía su cortesía por lo que no dejaría pasar ningún otro desplante de su parte. Sirius la miro extrañado, así que esa era la verdadera Eve.

-¿Ahora te molesto?- le preguntó.

-Si, me encantaría no verte, ni escucharte, pero como estudiamos en el mismo lugar he decidido poner ciertas reglas a mi mente para no apuñalarte con una pluma- le explicó, Sirius siguió pensando en las rarezas de la chica, que normalmente se comportaba sumisa y complaciente y que de pronto había "sacado las garras".

-Bueno, espero que las sigas- le dijo cansado de aquella conversación, se dio media vuelta y se metió en su compartimiento antes de que la muchacha dijera cualquier otra cosa.