La Charla.

El tío Alphard siempre había sido su tío favorito; nunca lo presionaba para que terminara siendo el Black aristócrata que sus padres esperaban, además de que siempre parecía tener ese no sé que para romper con las reglas que iba tan bien con él. Pensándolo bien, su tío Alphard era su preferido porque usualmente veía en él un reflejo de lo que podía llegar a ser en un futuro.

Sirius siempre se preocupaba por él, sobretodo porque a su edad lo veía muy débil. Desde que Andrómeda le avisara acerca de su estado, la ansiedad se había apoderado de él y cuando pudo separarse de Eve aprovechó para subir hasta la habitación en la que lo tenían. Lo encontró acostado en su cama, con el dosel corrido y los ojos cerrados, pensó que dormía por lo que luego de un breve vistazo decidió salir, aunque no lo hizo ya que la voz del anciano lo detuvo.

–Quédate – lo escuchó decir. El hombre se acomodó en la cama para sentarse, mientras que el muchacho se acercaba a él y se sentaba cerca de él.

–Entonces… ¿No te están matando lentamente? –le preguntó Sirius con una sonrisa a su tío, este también le sonrió.

–No que yo sepa –le contestó, Sirius asintió con la cabeza. –Es raro que estés aquí en esta época – el muchacho apretó los labios y arrugó la nariz.

–Digamos que tenia que hacerle un favor a alguien –Alphard se le quedó viendo.

–Pues debe ser importante –Sirius vio el suelo avergonzado, si bien no era lo que mas quería hacer, la muchacha se lo merecía, después de todo lo que él le había hecho pasar. Se revolvió el cabello nervioso y volvió a ver a su tío, se veía mal, realmente demacrado. Pensó en decirle algo que lo hiciera reír, algo que lo animara al menos un poco y de repente recordó lo que James había dicho.

–En palabras de James soy "El príncipe encantador que va a socorrer a la dama en peligro" –Los dos se rieron de aquello, aunque su tío terminó con una fuerte tos. El joven Sirius Black se le quedó viendo preocupado.

–Estoy bien –le aseguró Alphard mientras intentaba moderar su respiración.

–Me gustaría no tener que dejarte con ellos –El hombre se recostó en la cama y se le quedó viendo a su sobrino.

–Escapa mientras puedas –le dijo con una sonrisa –Ha pasado mucho tiempo y ya no puedo hacer nada contra esto –Sirius se quedó pensativo escuchándolo, ¿Seria aquel su destino si se dignaba a hacer todo lo que su familia mandara? ¿Quería de verdad verse reflejado en su tío?

–Te dejaré descansar –soltó el muchacho distraído mientras se levantaba de la cama, su tío le sonrió al verlo irse, sabia que quizás una idea se sembrara en la cabeza de su sobrino en aquel momento.

Al cerrar la puerta tras él, otra se abrió y del baño que se encontraba frente a la habitación de su tío, salió Eve acomodándose un mechón de cabello que se había escapado de su moño. Sirius se fijó bien en ella y se dio cuenta de que su nariz estaba roja y se preguntó si la chica estaría llorando. Eve se le quedó viendo cuando se dio cuenta de su presencia.

– ¿Esta bien? –le preguntó por su tío, aunque más por cortesía que por otra cosa, ya Narcissa le había informado previamente del estado de salud del tío preferido de Sirius. El muchacho asintió con la cabeza, pero no pudo resistirse a preguntarle a ella.

– ¿Tu estas bien? –Eve bajo la mirada avergonzada.

–Es solo alergia –soltó torpemente, sin darse cuenta de que el muchacho no le había preguntado por su roja nariz, Sirius le sonrió incomodo.

– ¿Casualidad que fuera luego de hablar de tu padre? –la joven Ravenclaw levantó la mirada con los ojos muy abiertos.

– ¿Por qué no nos dejamos de tonterías y simplemente bajamos a despedirnos? –le preguntó molesta, el muchacho se hincó de hombros para darle a entender que no le importaba y la chica se encaminó por el pasillo seguida por él, luego bajaron las escaleras y se dirigieron hacia el salón, nuevamente, para encontrarse con el padre de la muchacha.

–Walburga piensa que es una buena idea que te vayas con ellos… ¿Estas de acuerdo? –le preguntó el Señor McKay al verla llegar, a Eve le brillaron los ojos pero simplemente asintió una vez con la cabeza. El hombre se le quedó viendo a su hija por un intenso momento a los ojos y luego sacudió la cabeza para volver a ver a la Señora Black.


Ya era casi la media noche del día de navidad y Sirius se movía inquieto en su cama sin poder dormir, deseaba estar de vuelta en Hogwarts con sus amigos, que probablemente aun seguirían despiertos y riendo por alguna tontería. Se sentó al borde de su cama con la cara entre las manos, luego se revolvió el cabello fastidiado y se levantó, buscaría la manera de preparar algo de té y luego volvería a la cama.

Bajó las escaleras descalzo y se dirigió a la cocina, le sorprendió ver que al parecer la chimenea se encontraba encendida, por lo que pensó en dos opciones: la primera, que los elfos habían olvidado apagarla, cosa que parecía muy improbable, y segunda, alguien mas en la casa no podía dormir y, con su suerte, ya se imaginaba quien podía ser.

Vio a la muchacha sentada frente a la chimenea con los pies sobre la silla, y sus brazos abrazando sus piernas, parecía estar pensativa y él no pudo mas que cuestionarse si quería estar allí con ella. Pasaron varios minutos, pero al final decidió que si no iba a poder dormir, al menos no se mantendría despierto y solo.

– ¿Alguna pesadilla? –preguntó acercándose a la joven, que dio un respingo al escucharlo y se levantó para quedar de pie, rígida. Sirius soltó una risita y ella lo vio con mala cara.

– ¡No deberías hacer eso!–le reclamó.

–Lo lamento, sólo buscaba una manera de que vieras que estoy aquí –Eve soltó un resoplido y volvió a su posición anterior.

–No podía dormir –murmuró mientras veía de nuevo el fuego crepitar. De repente Kreacher apareció frente a ella con una taza humeante.

–El té que la señorita pidió –le dijo ofreciéndole la taza, luego se fijó en Sirius y su mirada pasó de cortés a fría. – ¿Quiere el señorito que también le traiga una taza? –le preguntó entre dientes.

–Si la envenenas tengo a la señorita Evelyn como testigo de que fuiste tú –soltó el muchacho, el elfo desapareció y Eve lo reprendió con la mirada.

–Sólo te ofrecía té –lo regañó, Sirius la ignoró y tomó una silla para posicionarla junto a la de ella, cuando se sentó, Kreacher volvió a aparecer con otra taza y se la entregó. –Gracias Kreacher, te llamare si necesitamos algo mas –le dijo la muchacha con una pequeña sonrisa, el elfo hizo una reverencia y desapareció. Los dos le dieron un sorbo al té, pero ninguno comentó nada al respecto.

–Tengo una teoría acerca del gran Señor McKay –dijo el Gryffindor luego de unos minutos de silencio, Eve lo miró con curiosidad.

– ¿Y cual será? – preguntó, Sirius se acomodó en la silla para estar frente a ella.

–Creo que es un padre que esta secretamente enamorado de su hija y por eso le molesta tanto el prometido de ella –Gracias a la práctica que tenia por sus amigos logró decir aquello sin reírse y con toda la seriedad que pudiera aparentar, pero la muchacha si soltó una corta risa y luego arrugó la nariz.

–Eso lo dudo mucho –le dijo en voz baja, mientras volvía su mirada hacia la taza que tenia en las manos. Sirius se la miró fijamente por varios segundos.

– ¿Quieres saber de donde salió mi teoría? –Eve volvió a verlo y asintió una vez. –Pues por como te miró anoche cuando dejamos la casa de mis primas –la muchacha volvió a reírse.

–Siempre hace eso –le aclaró, Sirius levantó la ceja derecha.

– ¿Y eso no te parece raro? –le preguntó, la Ravenclaw negó con la cabeza. Se quedó pensativa, no sabia si debía comentarle al muchacho sobre cosas que se guardaba solo para ella pero bueno, quizás aquello sólo fuera una aclaratoria para él.

–Supongo que como eres mi prometido tienes derecho a entenderlo –el mayor de los hijos de Orion Black la miró curioso. –Me parezco a mamá… ese es el gran problema –empezó en voz baja –Ella quiso irse, ser americana y pues lo hizo. Nos dejo a papá y a mi para cumplir su sueño- la muchacha arrugó la nariz y empezó a jalar un mechón de su cabello, incomoda. –Aparentemente me parezco a ella y supongo que eso le disgusta a veces –.

– ¿Ser americana? –Eve soltó una corta carcajada y eso medio alegró a Sirius, lo menos que quería era hacer sentir mal a la muchacha.

–Ser libre, hacer lo que quisiera lejos de esta sociedad mágica que la tenia tan atada –le contestó con una sonrisa. El Gryffindor la observó sin entender muy bien ¿acaso no era eso lo que todos querían?

– ¿Y no quieres eso? –le preguntó, ella negó con la cabeza.

–Lo que para ella son ataduras, para mi son responsabilidades… no puedes escapar de tus responsabilidades, o bueno, al menos no debes hacerlo –Sirius asintió con la cabeza, ya entendía un poco mas lo que quería decir la muchacha. Aunque también veía en ella que simplemente no quería repetir lo mismo que su madre. Y también entendió el porque de que buscara siempre la aprobación de su padre para hacer las cosas.

–Pues aquí estamos… cumpliendo con nuestras responsabilidades ¿no? –ella le sonrió y asintió con la cabeza.

–Quizás tu no, pero yo disfruto de cumplir con esto –Sirius se echo a reír, claro, para ella el estar ahí seguramente era de lo mas divertido.

– ¿Y por qué no podías dormir? –le preguntó recordando el porqué de su llegada a la cocina.

–No podía dejar de pensar en como te cazaría mañana –soltó ella con humor, pero Sirius la vio incomodo.

–Interesante –dijo en voz baja, Eve se acomodó para quedar frente a él.

– ¡Es en serio! Debes ayudarme, ¿Cómo hago para gustarte? –le preguntó seria, el pobre muchacho miró el suelo avergonzado ¿Por que Eve tenia que ser tan insistente?

–Sería bueno si no preguntaras ese tipo de cosas –Eve bajó la mirada, dándose cuenta de el ridículo que hacia.

–Lo he intentado todo – susurró. Sirius se le quedó viendo con una pequeña sonrisa.

–No has intentado no intentar –la chica se echo a reír.

–No, eso no lo he intentado –aceptó. Decidió entonces ver de nuevo a Sirius y cuando la mirada azul se cruzó con la suya verdosa, no pudo evitar ni siquiera con una de sus manos que un bostezo saliera de su boca. El muchacho se levantó y dejó su taza en la mesa.

–Creo que ya tenemos sueño –Eve asintió con la cabeza e hizo lo mismo que él.

–Por lo que veo todo lo que hacia falta era hablar un poco –Sirius asintió con la cabeza y le ofreció su brazo derecho.

– ¿La acompaño hasta su habitación señorita? –le preguntó y la muchacha casi se lanza sobre él, contenta.

Tal vez aun no conseguiría que Sirius se enamorara de ella, pero tenia muy claro que algún sentimiento albergaría el muchacho por ella, si no fuera de ese modo, no tendría ningún tipo de atenciones como aquella. Seguiría intentando hasta que el joven Black la aceptara, hasta que tuviera claro que aquel no solo seria, como ya lo había escuchado llamar, un matrimonio "ventajoso" o una simple unión de linajes. No, ella lograría enamorar en algún momento a Sirius Black.