El Otro Black.

Apenas dos días faltaban para el regreso al colegio y Eve no había conseguido más que su conversación con Sirius en la cocina. Solía intentar conversar con él la mayoría del tiempo pero todo se complicaba debido a que el muchacho pasaba parte del día en su habitación, y ya era conocido por ella que no le gustaba ser molestado mientras estuviera en ese lugar. No estaban durando lo suficiente, para ella, aquellas vacaciones de navidad.

Luego del almuerzo, los tres jóvenes que habitaban en ese momento Grimmauld Place, se encontraban en el salón. Sirius, sentado cómodamente en el sillón, leía de nuevo la última carta que su amigo James le había enviado aquella mañana; de no ser por que Eve lo estuvo molestando desde el desayuno, no estaría ahí sentado, al parecer a la muchacha le bastaba con ver que era lo que él hacia. Por otro lado, Regulus y la joven McKay se entretenían, sentados en la alfombra, jugando una partida de snap explosivo. No le sorprendía al mayor de los Black que, al no recibir atención por su parte, la chica se sintiera al menos por un momento atraída por su hermano. Regulus no parecía molesto por aquello tampoco, de hecho, dentro de él, esperaba que Eve notara el visible fastidio con el que Sirius se mantenía a su lado.

Lo que quizás ninguno de los dos notaba era que, para la muchacha, la "conquista" que pretendía llevar a cabo se había convertido en poco menos que una obsesión, sentía muy dentro de ella que si no conseguía el amor de Sirius, su vida no estaría completa y en el tiempo que había compartido con los Black, aquella se había vuelto su meta principal.

Eve se volteaba de vez en cuando a mirar a Sirius, con esperanza de que sus miradas chocaran y de pronto el chico se convenciera de que ella era (como en las novelas muggles) su amor verdadero, pero eso nunca pasó; se dejó vencer por Regulus en varias ocasiones, maquinando en su cabeza un plan para quedarse a solas con el mayor de los Black, pero nada salio como ella pensó.

–Me encantaría salir a dar un paseo antes de la cena –soltó para luego suspirar y mirar inquisitivamente a Sirius, pero este no le prestó nada de atención, si quería salir pues… ¡Que lo hiciera!

–Puedo ir contigo –se ofreció un sonriente Regulus, Eve abrió y cerró la boca varias veces buscando como refutar lo dicho por el joven, pero no consiguió ningún motivo para que no fuera él quien la acompañase si Sirius ni siquiera parecía haberla escuchado.

El más pequeño de los Black estaba encantado con el hecho de que su hermano ignorara olímpicamente a la muchacha y con un rápido movimiento se levantó del suelo, extendió la mano hacia Eve para ayudarla a levantarse también y ella la aceptó con una sonrisa que la hacia parecer apenada.

–Buscaré mi capa –le avisó en voz baja.

El muchacho la vio salir del salón y segundos después salió también hacia su habitación. Afuera nevaba, por lo que decidió usar además de la capa, unos guantes y un pasamontañas de color negro, regalo de Andrómeda, ya que según ella, él necesitaba aprender a usar ropa como la de los muggles, y al parecer lo monocromático era cosa de muggles. Bajo las escaleras hasta el recibidor, donde ya se encontraba Eve junto a su madre, que lo veía con mala cara.

–Entonces… un paseo rápido –le avisó Walburga a su hijo, el muchacho asintió con la cabeza y para evitar la mirada de la señora Black se apresuró hacia la puerta, se volteó esperando a Eve, pero la muchacha estaba como pegada al suelo, mirándolo fijamente.

– ¿Es apropiado lo que estoy vistiendo? –le preguntó, Regulus la miró, la capa de la muchacha era bastante simple y de color verde esmeralda, pero, al fijarse bien, el muchacho notó que la capa parecía brillar, como si tuviera pequeños cristales en ella. En el mundo muggle, aquello no seria del todo bien visto, o al menos eso era lo que él pensaba, nunca había visto a un muggle brillar de aquella manera. Pensó en como explicarse, pero no quería hacer sentir mal a la chica.

–No te entiendo querida –dijo Walburga confundida.

–Los muggles notaran que soy diferente ¿cierto? –le preguntó directamente a Regulus, él asintió lentamente y su madre soltó un bufido.

– ¡Muggles! Todos ellos deberían desaparecer –exclamó molesta, Eve le tocó el brazo derecho conciliadoramente.

–Debemos ser fieles a nuestras leyes, el estatuto del secreto debe mantenerse –le dijo con una pequeña sonrisa. –Ya vuelvo.

La muchacha subió lo más rápido que pudo las escaleras y al cabo de unos cinco minutos, volvió a bajar con una tunica negra y orejeras. Los dos se despidieron de la señora Black y salieron de la casa, el aire frío les dio de golpe en la cara, no tardaron mucho en llegar a una plaza cubierta de nieve, en la que algunos niños batallaban, los unos contra los otros. Decidieron dar varias vueltas alrededor de la plaza, ya que su cometido era estirar un poco las piernas, y se mantuvieron en silencio hasta que Regulus estuvo lo suficientemente seguro de lo que debía hacer.

–Eve… he querido hacerte una pregunta desde hace algún tiempo –la muchacha se le quedó viendo, expectante y aunque el muchacho tenía la decisión tomada desde que salieran de la casa, no pudo evitar dudar por un momento – ¿Eres feliz con la idea de casarte con Sirius? –le preguntó nervioso.

–Claro que lo soy –le contestó la Ravenclaw con una sonrisa, como si aquella pregunta le pareciera de lo más rara. El mas joven de los Black la vio como si estuviera loca.

–Él ni siquiera te presta atención –Eve se le quedó viendo, ofendida.

–Sirius es así y cuando se de cuenta de que no tiene otra salida, tendrá que aceptar que pasara su vida junto a mi –le dijo molesta, Regulus también se molestó.

– ¿Y no preferirías pasar tú tiempo junto a alguien que si quisiera hacer todo por ti? –La muchacha aun no entendía a donde quería llegar el Slytherin con aquello, pero él no lograría hacerla cambiar de opinión.

–Él lo entenderá, Regulus –le dijo exasperada, intentando caminar mas deprisa y adelantándose por varios pasos; el muchacho la alcanzó y la tomó por el brazo derecho, le dio la vuelta y quedaron frente a frente.

–Sirius no es tú única opción –Eve frunció el ceño confundida, sabia muy bien que se podría arreglar un matrimonio con cualquier sangre pura que conociera, pero el mayor de los Black era su mayor y más deseada opción.

–Quizás no la única, pero si la más apropiada –le dijo irguiendo el cuello con otra idea en la cabeza – ¿Acaso no quieres que sea parte de tú familia? –le preguntó con cierta molestia en la voz, aunque la risita que Regulus soltó la desorientó nuevamente.

–Lo que más me gustaría es que formaras parte de mi familia –Aquello ya tenia un poco mareada a la muchacha, quizás el hermano de su prometido era mas complicado de lo que parecía.

–Regulus… estoy intentando comprenderte y no me ayudan tus comentarios –el chico tomó el rostro de Eve entre sus manos y de repente la muchacha lo vio asustada ¿Qué era lo que le pasaba?

–Eres educada, paciente, simpática y amable… Quisiera que fueras más que una hermana para mí – luego de escucharlo, la joven se alejó de él, negando con la cabeza, no podía aceptar lo que el muchacho decía, era imposible. El trato entre los Black y los McKay no incluía nada de eso y ella lo sabia. Se había obligado a si misma a "enamorarse" Sirius y sólo por un capricho de su hermano, eso no podía cambiar.

–Estas confundido, Regulus –le dijo intentando convencerse. Él se le quedó viendo con el ceño fruncido.

–Mereces más de lo que te ofrecen… y yo también soy un Black –Eve se apretó las orejeras con fuerza, intentando no escuchar al muchacho, aquello parecía demasiado; Regulus siempre le había agradado, por la manera en la que se comportaba con ella, pero nunca pensó que fuera por ningún otro motivo que no fuese su inevitable unión familiar.

– ¿Podemos regresar? –le preguntó viendo el suelo, para ella, la conversación no seguirá. El muchacho soltó un resoplido, pero asintió con la cabeza y comenzó a caminar de vuelta a Grimmauld Place.

Eve lo siguió sin levantar la cabeza y al llegar, se apresuró a subir a su habitación, evitaría todo lo que pudiera el contacto con Regulus Black, no dejaría que él volviera a mencionar el tema y no tampoco buscaría provocarlo; lamentaba mucho tener que hacerlo, pero si debía ser grosera con él, lo seria. Él no era el Black que le habían prometido desde que tenía uso de razón, él no era el Black por el que se estaba esforzando tanto.