4.

Una excepción a la regla.

Pov Jacob.

Coloqué mi frente entre mis manos, que estaban apoyadas sobre mis rodillas y sacudí la cabeza. Sentía la mirada de Embry sobre mí, estupefacto. Deseaba de verdad que dejara de observarme.

-Pero Jacob.-comenzó nuevamente.-¿Estás completamente seguro?

Asentí levemente una sola vez.

-Te lo demostraría, transformándome en lobo.-repuse.-Pero no quiero que los demás se enteren.

-No podrás contenerte de no transformarte.-comentó el pesimistamente.

-Ese es el apoyo que buscaba.

Embry rodó sus ojos y me golpeó en el hombro.

-¿Pero estás seguro? –preguntó por enésima vez.

-¡Te digo que sí, Embry!

Él suspiró y sacudió la cabeza.

-¡No logro comprenderte, Jacob!

Suspiré yo esta vez y sin más, me levanté de la arena.

-Tengo que buscarla.-le anuncié.

-¿Buscarla?-repitió anonadado.-¿Asi? ¿Sin… transformarte?

-Asi.

Me di media vuelta y me dirigí hacia el bosque. No sabía dónde más ir de todas maneras. A pie no podía ir a Canadá nuevamente, y no podía soportar la idea de transformarme y causar una revolución entre la manada.

Esto de ser lobo a veces era tan difícil. ¡Todos iban a enterarse de lo que había ocurrido allá en Canadá!

Por suerte cuando ocurrió, no había nadie en fase.

Iba llegando al bosque cuando Embry llegó a mi lado.

-¿Sabes que cuando me transforme lo sabrán, no?-comentó para asegurarse.

Me detuve en seco.

-Mierda.-se me escapó la palabra y giré hacia mi mejor amigo.-¡No lo había pensado! ¡Mierda, no!

Embry hizo una mueca.

-No puedo hacer nada…

-¡Embry! Tienes que ayudarme.

-¡No puedo Jake! Tus problemas no son los mios.

Lo observé con los ojos entrecerrados. Y mis manos habían comenzado a temblar.

-¡Embry…!

-¡¿Qué quieres que haga, eh, Jacob? Que no me transforme, ¿No? Eso no es justo.-replicó enfadado.

-Lo que no es justo es que seas tan egoísta.-le espeté con frialdad.

Todo mi cuerpo ya estaba temblando, hasta que de repente no pude contenerme más.

Una corriente de fuego recorrió mi cuerpo completo, me doblé en dos y escuché el rasguido de mis pantalones. Caí sobre mis cuatro patas a la vez que él caía sobre las suyas y me eché a su cuello.

Pero no estábamos solos. Dentro de mi cabeza los escuché a todos, sorprendidos por la repentina aparición y la pelea. Por suerte Sam no estaba. No podía retenernos en ese caso.

¡Jacob, Embry! Paren ya dijo la voz de Leah dentro de nuestra mente. Dejen de comportarse como niños.

Mantente al margen, Leah dijo la voz de Quil y supe que venía hacia aca. Pero no me distraje de los mordiscos y garras de la pelea. Entonces una nueva voz se unió.

¡JACOB! ¡EMBRY! DETENGANSE, AHORA.

La voz del alfa. Esa no podíamos ignorarla. La pelea se acabó de forma súbita y de los árboles aparecieron Quil y Sam a la vez. Le lancé un gruñido a Embry y él me enseñó sus dientes.

Jacob volvió a advertir Sam.

¿Qué ha ocurrido? Intervino Quil y de forma inevitable Embry y yo tuvimos una serie de imágenes que se transmitieron a todos los que se hallaban en fase.

Una serie de aullidos resonaron por todo el bosque.

Se habían enterado.

Yo mismo solté un aullido, de resignación. Pena. Vergüenza. Todo a la vez.

¿Qué ha ocurrido?

¿Cómo pudo haber pasado?

Esto es ilegal ¡Esto en antinatural!

Pero es puro. Es verdadero…

¡Esto no pudo haber pasado!

Todas las voces resonaban dentro de mi cabeza. Reposé mi estómago sobre la tierra y apoyé el hocico sobre mis patas delanteras, exhausto.

Todo le ocurre a Jacob. Replicó la voz molesta de Leah. Comentario esperado de ella.

Jacob. Interrumpió Sam haciendo que todos callasen ¿Sabes dónde está?

No tengo idea. Repuse.

Sam quedó dubitativo.

¡LLAMEN A TODA LA MANADA! Exigió, y escuché cómo alguien aullaba llamando a los demás que no se encontraban con nosotros.

Muchos más llegaron. Muchas más voces dentro de mi.

Todos, escuchen. Comenzó Sam. Hay una especie de problema.

¿Cuál? Interrumpió Seth. Alguien lo hizo callar.

Jacob está imprimado. Pero no es solo una simple imprimación.

Cerré mis ojos. Y el momento pasó por mi mente dándoselo a saber a toda la manada. Justo lo que temía.

Un nuevo barullo explotó dentro de mi cabeza.

¿Quién? ¿Cómo?

¿Eso es siquiera posible?

¿Saben dónde está? ¿Su nombre? ¿Su edad?

¿Es… eso? ¿De verdad lo es?

¡SILENCIO!

Nadie podía desobedecer al Alfa. Todo quedó en sumo silencio.

No podemos comenzó Sam con su voz autoritaria. Matarla.

¡Pero es…!

Nunca mataremos un objeto de imprimación de uno de nosotros. Zanjó el Alfa. Aunque sea una de los fríos.

Pov Ronnie.

Estaba aburrida haciendo zapping en la súper televisión que en mi nuevo hogar tenían, cuando Alice entró sonriente por la puerta de entrada.

-¡Eh, Ronnie! ¡Tenemos una sorpresa para ti!

Giré la cabeza sorprendida. ¿Cómo? Si solo había llegado hace… ¿unos días?

-¡Ven!

Se precipitó escaleras arriba y la seguí con curiosidad. Arriba estaban todos, raramente.

-¿Qué pasó?-pregunté alzando mis cejas.

Alice abrió una puerta que tenía detrás, con una sonrisa amplia en el rostro. Y mostrando una pieza que hace un día era una asquerosidad.

Era digno de ver cómo se había transformado.

Una pared era un completo ventanal, desde el techo hasta el piso, que era de madera. Mostraba el río, y el bosque. Las otras paredes eran verdes y naranjas.

Enfrente del ventanal, un sillón, morado por completo y con aspecto de que te hundirías cuando te dejases caer en él. Más allá, un escritorio con un computador, y arriba, una repisa llena de libros que yo había querido toda mi vida. Mis ojos se agrandaban cada vez más al verlo todo.

Al centro había una alfombra, verde. En la esquina, junto al escritorio, una lámpara de pie, ya encendida. Di unos pasos adentro, anonadada. A mi izquierda había unas puertas blancas con manillas doradas. Abrí una y estaba el armario más enorme y lleno de ropa que jamás había visto.

Lo cerré y me di vuelta hacia la puerta, donde todos me miraban, sonrientes y expectantes.

-¿Te gusta?-Preguntó Esme.-Lo hemos hecho con Alice y Rose. Bella también ayudó un poco.

-Es grandioso.-dije sinceramente.-¿De verdad es para mi?

-Sí. Todos aquí necesitan su cuarto, ¿A que si?-preguntó Emmett alegremente.

Me gustaba mucho Emmett. Su carácter era muy parecido al de mi hermano mayor. Y eso por alguna razón no me deprimía.

-Supongo que tienes razón.

-Ah, Ronnie.-exclamó de pronto Edward y desaparecío. Volvió al segundo con algo entre sus manos.-Bella quiso que te diéramos esto.

Supe al instante lo que era. Una guitarra. La tomé entre mis manos y la saqué de su empaque con cuidado. Era hermosa, negra y blanca. De aspecto muy caro. Pero si hay algo que aprendí de todos ellos, era que eran increíblemente ricos…

-¿Cómo saben que… tocaba guitarra?-murmuré aun con ojos solo para la guitarra.

-Edward lee tu mente ¿Te acuerdas?-Rió Alice.

¡Cierto!

-Dile gracias, Edward, de verdad.

-Lo haré.

-También sabíamos lo mucho que te gustaba leer.-intervino Alice.-Y te dimos todas esas colecciones de libros.

-¡Son lo mejor!

Todos me miraban contentos. Pegué la mirada en el suelo, y un segundo más tarde, cuando la subí, sólo quedaba Alice.

-¿Súper, no crees?-comentó y asentí.

-Estupendo.

Me senté en el sofá y Alice hizo lo mismo.

-A todos les encanta tenerte aquí.

-¿A todos?-repetí con cuidado.

-A todos.-me afirmó con seguridad.

Sonreí inevitablemente. Alice sonrió conmigo al verme.

-¿Irás al instituto con nosotros?-preguntó de pronto.

Lo medité unos segundos. Instituto. Llevar una vida normal. Con humanos.

La garganta me estalló en llamas, haciendo que me llevara una mano automáticamente a ella. Alice lo notó y vi el arrepentimiento en su rostro.

-¡Lo siento Ronnie!

Sacudí la cabeza.

-No, no. No te preocupes.-traté de que se sintiera mejor. De todas formas estaba resultándome lo de controlar mi sed.-Pero supongo que no podré ir al instituto.-puntualicé.

-Eso creo yo también.-suspiró ella. Entonces se levantó.-¿Quieres que te deje sola?

-Un ratito a solas no me vendría mal.-admití pensándomelo.

-Nos vemos.-dijo sonriente y se marchó, cerrando la puerta.

Me levanté del cómodo sofá morado y me dirigí a la estantería de libros. Estaban las colecciones de Harry Potter, las crónicas de Narnia y El Señor de los Anillos; el último ya me lo había leído en mi antigua vida, sólo que no lo recordaba muy bien. Incluso hubo un momento en que dudé si me lo había leído o no, pero descarté la idea de mi mente y cogí el primer libro de la serie de J.K Rowling, Harry Potter y la Piedra Filosofal. Me eché sobre el sofá nuevamente y me sumergí en libro.

Debió de pasar mucho tiempo. No sé exactamente cuánto, pero ya había acabado el libro sin moverme casi ningún centímetro. No había notado el paso del día a la noche. Debían de ser de madrugada, lo que confirmé mirando un reloj digital que había en el escritorio. Las 3.23 am.

Salí de mi cuarto dubitativa; no escuchaba nada. Agudicé más mi oído. Nadie.

Busqué en las habitaciones de todos pero no encontré a nadie. Bajé de una carrera las escaleras y tampoco había ningún alma. Me extrañé. ¿Dónde estaban?

Entonces alguien entró por la puerta. Eran Edward y Bella.

-¡Ronnie!-sonrió Edward.

-Hola… Hola Bella.

-Hola.-ella también sonrió aunque estaba un poco nerviosa ante mis ojos rojos. Le devolví la sonrisa.

-¿Dónde están todos?-pregunté sentándome a una velocidad increíble en el sillón frente al televisor. Bella pestañeó confusa.

-Salieron de caza.-repuso Edward.-Pero yo salí ayer.

Asentí. Lo entendía.

-No estás molesta por…-me echó un vistazo.-Por no haberte invitado ¿cierto? Fueron a verte pero Esme dijo que estabas muy concentrada leyéndote un libro. No quiso molestarte.-dijo todo esto rápidamente y me sorprendí.

-¿Fueron a verme?

-¿No lo sentiste?-preguntó extrañado.

No contesté. Por otra parte, les hice un gesto de despedida y subí las escaleras hasta mi cuarto.

No, no había notado que alguien había ido a verme. Eso era extraño, para alguien como yo, que me distraía hasta el posar de un pajarito sobre una rama. Era algo de vampiros, según me había explicado Carlisle el día que llegué.

Hum…

Escuché voces abajo. Todos habían llegado de su excursión de caza.

Pero no quise bajar. Me dije a mi misma que no quería darles qué pensar sobre mi extraño comportamiento.

Ocultar cosas era difícil.

Al día siguiente todos se fueron temprano al colegio, y Carlisle a trabajar. Esme se quedaba trabando en casa, le gustaba diseñar cosas. Ella era muy maternal conmigo… Era imposible no querer mucho a Esme como una madre. Era mi nueva mamá.

Pasé la mayor parte del día conversando con ella. Me contó cada una de las historias de la familia. Me contó su historia de humana, también. Me contó sobre la historia amorosa entre Edward, Bella, y un muchacho llamado Jacob.

-Edward creía que dejando a Bella ella estaría mucho mejor.-relataba. La historia me fascinó.-Ya sabes, esa historia te la dijo Edward. Pero cuando la dejó durante el año pasado y parte de este año, alguien cuidó de ella. Ese es Jacob. Pero un día hubo un malentendido… Que hizo que Edward quisiera suicidarse.

-¿Los vampiros podemos morir?-pregunté. Yo creía que no…

-Solo de una forma… Con fuego. Pero entre los nuestros, existen unos vampiros de nombre Vulturi, ellos viven en Italia… Se encargan de mantener 'la paz' entre nosotros.-hablaba de ellos con amargura. Era obvio que no les gustaban para nada esos vampiros… incluso a mi me resultaron escalofriantes.-Pero no lo hacen bien-añadió.-Y si algún vampiro causa disturbio… Lo matan.

-Y Edward…

-Él intentó que ellos lo mataran. Pero tras una… incómoda charla, los dejaron a todos con vida. Bella tuvo que ir a salvarlo, junto a Alice… Después de eso Edward y Bella quedaron juntos.-sonrió.-Pero Jacob sigue enamorado de ella. Y dice que peleará por ella.

-No conozco a Jacob.-comenté.

-Llevas sólo unos días aquí.-rió Esme.

Sonreí.

-Es cierto.

Luego Esme se fue a hacer lo suyo. Me quedé sola en el primer piso, mirando con mucho aburrimiento la TV. Faltaba una hora para que el resto llegara.

Entonces caí en la cuenta de qué podía hacer. Hace días que no cazaba…

Esme no se daría cuenta… Estaría aquí en un abrir y cerrar de ojos. Salí de la casa y corrí hacia el bosque.

Me interné mucho, para que no ocurriera ningún accidente. Ya en el corazón del bosque, me desconecté de mi cerebro e inhalé para que el olor a sangre acudiera a mi…

Más adelante y un poco a la derecha, sentí el aroma de un puma. Los carnívoros eran más apetitosos que los herbívoros, por lo que aproveché la situación. Me acerqué agazapada a los arbustos donde el animal estaba, éste aun no sentía mi presencia. Pero entonces el viento cambió de dirección.

A mi llegó un nuevo perfume. Mil veces más delicioso que la sangre del animal, mil veces más apetitoso, que me hacía estallar la garganta mil veces más fuerte. Y me dirigí hacia él instintivamente.

Me sentía muy cerca, pero atrás de mi escuché un chasquido de una hoja al ser pisada. Me giré gruñí, mía la sangre era mía. Pero no alcancé a girarme para atacar cuando algo me empujó por la espalda haciéndome caer.

Un dejà vu vino a mi. Y no era agradable.

Esto era igual a cuando fui transformada. El susto me hizo volver a la normalidad. Y gemí, igual que la última vez.

No lograba pararme, pero dejé de intentarlo cuando la voz de Edward me susurró al oído:

-Tranquila Ronnie, soy yo.

Suspiré aliviada. Y detrás, escuché la voz de Alice.

-¿Qué? ¿Jugando al montoncito?-se burló y de pronto sentí más peso: Se había tirado encima.

-Sal...no puedo…respirar…-fingí y ellos rieron.

-No la matemos.-dijo Edward y ambos salieron de encima.

Me limpié de tierra la ropa nueva que me había puesto después de levantarme y los observé avergonzada.

-Lo siento, Edward, Alice…Yo no…-comencé a disculparme.

Sabía que el aroma que se había interpuesto en mi camino era de algún humano desafortunado…Que había estado a punto de asesinar.

-Tranquila Ronnie…Todos cometemos un error alguna vez.-Trató te tranquilizarme Edward, dándome un abrazo.

-Además…-Alice me echó un vistazo tranquilizador.-No lo has matado. Y te llevaremos a casa.

Asentí, sin fuerzas.

-Vamos.

Edward vio mi aspecto débil, y me colocó sobre su espalda. Cerré mis ojos, pues me sentía muy debilitada y me pareció que no era solamente porque no había alcanzado a cazar.

Llegamos a la casa donde había una revuelta. Agudicé mi oído pero no abrí mis ojos.

-Creo que huyó, ¡No sabes lo mal que me siento!-decía la voz preocupadísima de Esme.

-Tranquila, cariño…Quizás ella no quería quedarse de todos modos…-Carlisle seguramente la estaba abrazando.

-La chica no se marchó de esa forma.-aseguraba Emmett.

-Es cierto, Emmett.-concordó Rosalie.

-¿Alguien ha visto a Edward y Alice?

En ese momento entramos a la casa, lo supe porque escuché muchas voces distintas diciendo:

-¡Ronnie!

-¿Qué ha pasado?

-¡Ahí está…!

-Fue de caza…Y Alice la vio cazando a un humano.-la voz de Edward yo la escuchaba un poco lejana, a pesar de que yo seguía encima de él.-Pudimos detenerla.

-¡Oh, Ronnie!-Esme sonaba entre aliviada y arrpentida.

-Tranquila, Esme.-murmuré y mi voz sonó enferma.

¿Enferma?

-¿Qué le ocurre?-preguntó Carlisle percepivamente.

Escuché un suspiro que reconocí como mío un segundo más tarde.

-No alcanzó a cazar.-respondió Alice inseguramente.

-Eso no la pondría en ese estado.-intervino alguien que no alcancé a identificar.

-Llévala arriba.

Alguien nuevo, o quizás Edward, me tomó en sus brazos y subió las escaleras. Después me depositó en un lugar muy cómodo, que reconocí como mi sofá nuevo. Abrí mis ojos.

-Edward.-lo llamé atemorizada. Él se acercó a mi, con rostro preocupado.

-¿Qué es, Ronnie? ¿Lo sabes, no? No puedo leerlo en tu mente…

-Sí hay algo que no les he dicho…-empecé a confesar, y Edward se acercó aun más.

-¿Qué Ronnie?-me presionó.

-Cada…-pero de pronto mi vista de convirtió toda negra y perdí la conciencia.