5.

Pesadillas.

Pov Jacob.

Frené la moto y me bajé apoyándola sin cuidado sobre una gran roca. Antes de llegar a la puerta ya me habían abierto.

-Hola, Jacob.-saludó el doctor Carlisle.

-Carlisle.-lo saludé con un gesto de la cabeza. Él se hizo a un lado para dejarme pasar, y lo hice.-Me dijeron que Bella estaba aquí…

-Está en la sala…Pasa si quieres.

Pasé y la vi, viendo la televisión con su novio a un lado, cogidos de la mano.

Lo más impresionante de todo era que ya no me importaba. Ya no habían celos, ni ira, ni nada de eso. Ahora sólo era… ella.

La chica del bosque Canadiense, ella era mi preocupación. Ella debía estar bien ahora. No yo…

-Jacob.-saludó Bella con alegría.

-Jacob.-escupió Edward por su parte.

Claro. El chupasangre ya había leído mis pensamientos.

Bella notó el tono de estupefacción de su novio. Se preocupó.

-Jacob, ¿Qué…?

Pero Edward se levantó, me tiró de un brazo y me llevó al cuarto continuo.

-¿Dónde están? ¿Qué harán?-comenzó con las preguntas atropelladoramente.

-Ha sido un poco descortés de tu lado dejar a Bells así.-comenté yo ignorándolo.

-¡No puedes llegar a darle una noticia así!

-Pero ella debe saberlo.-repuse en mi defensa.

-La herirás.

-Estoy seguro de que ella sabía que esto podía pasar.-repliqué.

Él vaciló.

-¿Tu manada lo respeta?-preguntó cambiando un poco el tema.

Asentí secamente.

-Tratarán de no asesinar a ninguna sanguijuela hasta encontrarla.-bromeé yo.

-¿Encontrar a quién?-preguntó Bella desde la puerta. Ambos la miramos.

-Okay. Puedes decírselo.-suspiró Edward mientras ella se acercaba.

-¿Qué cosa, Jacob?-insistió.

-Eh, ¿Nos dejas solos?-le salté a Cullen.

-Creo que estaría bien.-aceptó y tras besarle la frente a Bella, se largó.

Ella se cruzó de brazos mirándome, esperando.

-Bells.-suspiré y me senté en una silla que ahí había. Ella relajó su postura y se sentó junto a mi.

-¿Qué es Jacob? Me preocupas.-dijo colocando su mano sobre mi brazo. La miré mientras me armaba de valor y se lo dije:

-Estoy imprimado.

Las palabras no creí que saldrían jamás de mi boca. Bella parecía creer lo mismo, a juzgar por el rostro que colocó…

Hubo un silencio en el que no nos dejábamos de mirar. Luego Bella murmuró:

-De… ¿De quién?

Retorcí mis manos.

-No lo sé. Sólo la he visto una vez y ella huyó.-admití y Bella enarcó las cejas.-En Canadá.

-¿Huyó?-repitió ella.-¿No sabes dónde está? ¿Su nombre?

Sacudí la cabeza.

-Pero, ¿Porqué?

-Estaba como lobo.-revelé sin entusiasmo.

-Así quién no.-comentó Bella.

-Pero no es sólo eso…-proseguí. Ahora venía la parte más complicada. Cerré los ojos.-Ella es vampira.

Bella me miró con los ojos como platos. Fijé mi mirada en el suelo.

-¿Eso ocurre?-preguntó anonadada.

-Soy el primero.

Bells abrió su boca para decir algo, pero un grito desgarrador bloqueó sus palabras y nos sobresaltó a ambos.

-¡¿Qué demonios es eso?.-asustado, me levanté de mi asiento de un salto.

-¡Edward!.-llamó ella con temor.

En un segundo él estaba junto a ella.

-Es ella, iré a ver qué ocurre.-murmuró a Bella y de pronto ya no estaba.

-¿Quién? ¿De que habla?-intervine.

-Jake… creo que es mejor que ya te vayas.-dijo Bella.-es tarde.

-¿Y tu?-prestañeé.

-Edward me llevará.

Asentí.

-Qué pesadilla.-comenté y tras abrazar a Bella, me fui de aquella casa donde yo ya no tenía nada que hacer.

-O-

Pov Ronnie.

Me hallaba en mi cuarto.

No era el cuarto que los Cullen me dieron, sino mi antiguo cuarto, mi cama de cobertor azul, mi baúl con mi ropa, mi librero, las cosas desparramadas por el suelo…

Mis recuerdos conservaban este lugar muy empañado, pero ahora se veía tan real. Lo observé conmovida.

Estaba dentro de mi cama en estos momentos. Saqué la ropa de encima de mí y me levanté. Todo seguía exactamente como lo recordaba.

Salí de la habitación con temor. Debían de ser las nueve de la mañana. El cuarto de en frente era de mi hermano, la puerta estaba cerrada. Me acerqué sigilosamente y la abrí, haciendo chirriar la puerta. Adentro no había nadie.

Había solo un revoltijo de cosas, lo usual. Salí, cerrando la puerta y luego me dirigí al baño.

Sin mirarme en el espejo, abrí el grifo de agua y me lavé la cara. Luego cogí la toalla y la restregué contra el rostro para secarme. Luego observé mi reflejo.

¡Mis ojos! ¡Eran del verde que solían ser antes! Mi pelo rojizo ya no era tan perfecto… Mis facciones eran humanas.

Con la punta de mis dedos recorrí todo mi rostro, estupefacta.

¿Podía ser…? ¿Podía ser que todo había sido sólo un mal sueño?

Una pesadilla…

Salí del cuarto de baño distraída.

¿Era asi? Tenía que verificarlo.

Una musiquita captó mi atención. Venía del piso de abajo.

Bajé las escaleras como un rayo; era la televisión. Estaba encendida, pero no había nadie viéndola. Y justo cuando me preguntaba quien la había encendido, escuché unos ruidos detrás de mi, en la cocina. Con curiosidad entré, pero deseé no haberlo echo.

Un grito salió de mi garganta ante la escena. Estaban mis padres ahí estaba yo ahí, pero no era yo ni ellos…Era mi versión vampira y sus cadáveres.

Mi yo vampira me enseñó los dientes teñidos de rojo y mi mirada aterrada se desvió a los cuellos de mis papás: ambos tenían dos marcas y un goteo de sangre caía de ellos.

La Ronnie asesina se acercó un paso y el miedo se apoderó de mí y me dejó paralizada. Pero cuando estuvo a punto de saltar sobre mí, un grito salió de mi garganta.

Me senté sobre donde quiera que estuviese, gritando y con la respiración extremadamente agitada. A mi alrededor todo estaba oscuro. Me coloqué de cuclillas sobre la cama, como pude adivinar que era. Y recordé dónde estaba.

¡Diablos, me la había creído otra vez!

Suspiré con mucha tristeza acumulada dejándome caer de nuevo sobre la cama y oculté mi rostro entre las rodillas.

A mi lado oí una respiración y alcé la mirada. Allí estaba Edward, con seriedad en el rostro.

No fui capaz de sostenerle la mirada. Él suspiró.

-Debiste habernos dicho.-me regañó aunque con suavidad.

Sacudí la cabeza para aclarar ideas.

-¿Cuánto tiempo?-susurré.

-Tres días.

-¡Eso es más que la última vez!

Edward hizo una mueca.

-¿Por qué te pasa eso, Ronnie?.-preguntó preocupado.

-¿No lo saben ustedes?-le pregunté yo con voz temblorosa.

El me miró fijamente y pude adivinar la respuesta.