Chicos, perdón por el retraso! Han pasado millón cosas! Sólo para que se hagan una idea, estuve escribiendo muy temprano de mañana, con una mano y un pie vendado, con el dolor de dos inyecciones, con una herida de clavo en mi pie, y mi cuerpo matándome del dolor. Larga historia XD eso y algunos otros inconvenientes que no me han permitido hacer el update mas pronto u.u
Por cierto, espero estén satisfechos con mi traducción, ya que personalmente odia los fics traducidos. Los hacen muy literal y pierden el encanto, asi que espero estar haciéndolo bien y que sea de su agrado!
Sin mas, el capi n.n
Lovino entrò a la cocina a toda velocidad. Tiró una bolsa de harina en un banco y se giró para ver con ojos furiosos a Feliciano. Feliciano tembló, abrazó los tomates contra su pecho. Lovino podía dar tanto miedo cuando quería.
"¿De qué se trata esa irritante melodía que has estado tarareando toda la maldita tarde?" preguntó Lovino irritado.
Feliciano se rascó la cabeza. "¿Eh? Ah, esa melodía…" Feliciano ni siquiera se había dado cuenta de que había estado cantando 'Auf Wiedersehen, Sweetheart' por lo bajo desde que abandonaron la cantina. Se encogió de hombros. "No es irritante, es bonita" de inmediato comenzó a tararearla de nuevo mientras depositaba los tomates en el gran, pero lastimosamente vacío, recipiente que les correspondían.
"Es estúpida. Para. Para ya."
"Pero…"
"Ya debes empezar a tomarte las cosas un poco más en serio. Feliciano" dijo Lovino, cambiando su tono a tanto condescendiente como frustrado. "No puedes seguir perdiéndote esas reuniones tan importantes por estar sentado y cantando lo que sea que esté en la radio. Esto no es un juego. Debes tomártelo en serio, como el abuelo Roma y yo." Lovino pegó un respingo cuando Roma entró sigilosamente en la habitación y le dio una palmada.
"¿Qué es todo esto que escucho sobre ser serio?" preguntó Roma mientras ponía la pequeña funda de naranjas junto a los tomates. "No escuches a tu hermano, Feliciano. Él es demasiado serio en cambio. Además tienes una hermosa voz igual que tu abuelo!" Lovino trató de protestar, pero Roma alzó una mano y dijo "¿Qué tal si cantamos esta? y empezó a cantar una altisonante versión de La Donna e Mobile de Verdi, su canzone favorita. Feliciano rió y aplaudió encantado mientras se unía al canto de su abuelo. Lovino, mientras tanto, se tapaba sus oídos y hacía muecas de fastidio.
*"La donna è mobile, Qual piuma al vento, Muta d'accento — e di pensiero."
"Abuelo, no seas ridículo!" Lovino se alejó de ambos luciendo indignado. "Y es en serio"
Feliciano rió de nuevo, y él y su abuelo sólo cantaaron más fuerte, con animos de molestar a Lovino.
"Sempre un amabile, Leggiadro viso, In pianto o in riso, — è menzognero."
"BASTA!" gritó Lovino. Mientras continuaban cantando, Roma tomó un gorro de chef de la bana y lo puso en la cabeza de Lovino. Se acercó a su lado derecho, mientras Feliciano se acercó a su lado izquierdo, y cantaron tan alto como sus pulmones les permitían mientras Lovino parecía estar al borde de un colapso por el coraje y no tratando de reír al mismo tiempo. "Aléjense! Paren! Ya basta! Déjenme en paz! Todos ustedes enloquecieron y no son mi familia, maledizione!"
Feliciano y Roma, aun cantando, persiguieron a Lovino por toda la cocina y hasta la sala, donde el inmediatamente se detuvo y todo quedó en silencio. Feliciano levantó la vista, solo para encontrar a Antonio, su cómplice e informante español, en el borde de la puerta, sonriéndole a Lovino de forma divertida. Lovino se tornó rojo de repente, se sacó el gorro de la cabeza y miró con disgusto al español. "Qué demonios miras, bastardo?"
"Antonio!" gritó Roma feliz, cruzando la sala y abrazando al joven de cabello oscuro. "Ah, gracias al cielo" Esperaba verte pronto!"
"Saludos, Roma! Es bueno verte también!" respondió Antonio, quien lucía un poco cansado y sin arreglar, aun así, su sonrisa era tan amplia y genuina como siempre. Él era alegre y amigable y siempre traía algo que obsequiarle cada vez que visitara, lo cual era más seguido últimamente.
"Antonio! Me trajiste algo? Eh, eh, me trajiste?" preguntó Feliciano ansioso, corriendo hacía Antonio y saltando alrededor de él emocionado. Antonio rió y alborotó el cabello de Feliciano. Lovino solo se cruzó de brazos y lanzó miradas asesinas desde la cocina.
"Claro que sí, Feli! Esta vez te traje…." Antonio hizo una pausa dramática antes de meter la mano en el gran bolso que llevaba colgando de su hombro y rebuscar. Feliciano esperó impaciente antes de que Antonio le diera su presente. Un balón de fútbol. Feliciano pegó un respingo y prácticamente le arrancó el balón de las manos a Antonio.
"Sí! Qué felicidad! Esto es perfecto porque perdí la que tenía, bueno, de hecho Lovino la perdió y ha sido imposible conseguir otro! Además he querido uno de estos recientemente porque…." Feliciano sintió un agudo dolor en su cráneo cuando Roma lo golpeo en la cabeza " Es decir… gracias, Antonio!"
"De nada, Feliciano. Y…también tengo algo especial para Lovino!" Lovino no se movió. Sólo le echo una mirada desde la otra habitación.
"Lovino, mi corazón!" dijo Roma "Deja de ser un pequeño bastardo maleducado y ven aca"
Lovino cruzó la sala de mala gana, con sus brazos aun cruzados y su cara con una mueca de desagrado. Antonio volvió a buscar en su bolso y sacó un pequeño objeto rojo, que lanzó en el aire, atrapó y extendió hacia Lovino. Lovino sólo le echó una mirada.
"Un puto tomate?"
"Cuida esos modales, jovencito" pronunció Roma molesto.
Lovino se rascó la cabeza y miró a Roma "Por qué querría yo un maldito y estúpido tomate? Feliciano compró toda una funda hoy."
"No seas grosero y toma el tomate"
"No quiero el tomate!"
"Que tomes el puto tomate, Lovino!"
Lovino gruñó. Arranco la fruta de la mano de Antonio. Y de inmediato puso una cara de confusión. Sus ojos rápido se encontraron con los de Antonio, quien simplemente le guiñó.
"Antonio, un millón de disculpas" dijo Roma avergonzado "Amo a mis nietos como a mi vida, pero a veces pueden ser tan malcriados como la mierda"
Antonio rió y le dio una palmada a Roma en la espalda, "Venga, Roma, No hay nada por qué disculparse. Debería ser yo quien me disculpe por tanto atraso en mi llegada. Las rutas de viaje se han puesto peores en los últimos meses."
"Claro, claro, yo entiendo. Supongo que tienes información para mi, no?" Antonio asintió y sacó un montón de documentos de su bolso. Roma lo llevó a la mesa, donde pusieron los documentos donde empezaron a examinarlos y a comentar su contenido con máxima urgencia. Una vez más, Feliciano se aburrió y se dejó caer en el sofá a lado de la escalera, lanzándose el balón de mano en mano. Unos momentos después llegó Lovino, quien se tiró pesadamente en el sofá. Feliciano se inclinó a coger el tomate, pero Lovino fue Más rápido y lo alejó del alcance de su hermano.
"Lovino!" se quejó Feliciano "Déjame ver… Quiero saber qué es! Porque….no es un tomate, verdad?"
"No" murmuró Lovino, mirando al rojo objeto en su mano "Es duro, como si fuera de vidrio, o algo así" Lo agitó y traqueteó levemente. "Creo que puede abrirse, pero no sé cómo"
"Oh….! Dijo Feliciano, fascinado "Y por qué te daría Antonio algo tan asombroso como eso?"
"Asombroso? Ni siquiera sé lo que es!" Lovino llevó el objeto con forma de tomate a su oído y lo agitó de nuevo. "Estúpido bastardo español" Esto me va a volver loco….!"
Feliciano se encogió de hombros, y de nuevo se fijó en su balón, echando una mirada ocasional a donde se encontraba Roma y Antonio discutiendo. Se preguntaba a que decisiones llevaría esa información esta vez y a quienes involucraría. Como les afectaría. Unas cuantas frases llamarón su atención. Cosas como "Planear un aterrizaje" y "aviones alemanes en la cercanía" y "Hay que reunir más información", pero la mayoría sólo le paso de un oído para salir por el otro. Feliciano solo rezaba para que lo que fuera que pasará no hiriera a su abuelo, o a Lovino, o a Antonio. Ni a Ludwig. Cerró sus ojos momentáneamente, y cuando los abrió vio como Antonio miraba en su dirección y le guiñaba a Lovino. Lovino sólo hizo una mueca displicente, frunció el ceño y aparto la vista, enojado. Aun así Feliciano puedo notar una pequeña y finísima curvatura en el borde de sus labios. De que se trataba todo eso?.
Tan sólo minutos después parecía que los asuntos que discutían Roma y Antonio habían terminado. Había sido un tiempo corto, y Feliciano esperaba que eso fuera una buena señal. Roma y Antonio intercambiaron documentos y cuando se levantaron de sus asientos Feliciano y Lovino fueron a su encuentro. Antonio levantó su bolso y guardo dentro todos los documentos en desorden. "Estaré en el pueblo unas semanas, Roma. Así que te mantendré informado."
"Sí, sí, claro. Eso, y por favor siéntete libre de pegarnos una visita siempre que puedas. Nuestro hogar es tu hogar, mi amigo!"
"No te preocupes. Seguro estaré de vuelta!". Sonrió Antonio al decir esas palabras y abrazar a Feliciano fuertemente "Cuídate mucho, Feli!"
"Vuelve pronto, Antonio!"
Antonio asintió y cuando volteó hacia Lovino, este retrocedió. Antonio solo rió un poco y se inclinó hacia él, susurrándole algo en el oído que hizo que Lovino abriera sus ojos como platos y que sus mejillas se tornaran de un profundo color rojo. Cuando Antonio se separó volvió a mirar a Lovino, esta vez con una expresión de felicidad, deleite, y algo más que Feliciano no sabía bien que era. Roma en cambio, rápidamente agarró del brazo a Antonio y lo llevó hasta la puerta, le dio un forzado beso de despedida en la mejilla antes de despedirse. "Hasta la próxima! Oh, y dime, Antonio, te caen bien los eunucos?"
"¿Eh? ¿Eunucos? No tengo nada en contra de ellos. ¿Por qué?"
"Porque si vuelves a mirar así a mi nieto… te voy a castrar"
Los ojos de Lovino se abrieron aún más y su boca se abrió en protesta "Abuelo!" exclamó sonando avergonzado.
La cara de Antonio se puso pálida como el papel y hasta olvido su sonrisa de siempre. Sin embargo Roma solo río con ganas. Ante la escena, Antonio suspiró aliviado y rió también.
"Pero ahora sí, en serio…" dijo Roma mientras terminaba de reír y le daba una palmada en la espalda "Lo digo en serio" echó una Mirada asesina a Antonio antes de continuar "Muy en serio".
La sonrisa de Antonio de nuevo desapareció y retrocedió casi por instinto "Sí, bueno…hum….Nos vemos pronto, Roma"
"Por supuesto!" Roma sonrió feliz y le hizo de la mano. Pero cuando los ojos de Antonio se desviaron hacía Lovino, Roma hizo cierto gesto de cortar algo por abajo de la cintura, algo que por algún motivo hizo que este se despidiera a toda prisa y se retirara. Roma lo vio irsw. Después de eso se dio media vuelta y dijo con una palmada "¿Quien quiere pasta para la cena?"
"Oh, yo, yo, yooooo!" gritó Feliciano mientras corría a la cocina.
"Fui adoptado. Juro que fui adoptado. Renuncio a esta familia" murmuraba Lovino mientras arrastraba los pies con desgano detrás de su hermano.
Un rato más tarde, Feliciano caminaba lentamente hacía el roble, no muy seguro de si Ludwig estaría allí o no. Él había dicho que iría, y Feliciano esperaba desesperadamente que fuera así, pero aun así no podía estar seguro. Feliciano sentía que conocía a Ludwig a la perfección, como si lo conociera de toda la vida, como si siempre lo hubiera conocido. Claro, tenía que recordarse que solo le había hablado dos veces, y que era poco probable que Ludwig tuviera pensamientos iguales sobre él. Después de todo las dos veces que se habían encontrado había sido por pura casualidad. Entonces, ¿podía estar seguro de que Ludwig aparecería si él se lo pedía? Apretó fuertemente la canasta entre sus manos, esperando que al pasar por el roble no tuviera que caminar solo hasta la tienda igual que cada día. Pero mientras se imaginaba lo peor, no pudo evitar mirar hacía el árbol y darse cuenta , con rebosante alegría, que había alguien parado bajo la sombra del mismo. El corazón de Feliciano dio un salto en su pecho, y se abalanzó corriendo lo que le faltaba.
"Buon pomeriggio, Ludwig!" saludó en alto, sin aliento, pero con su voz alegre, salvaje.
Ludwig asintió. Tenía las manos atrás de su espalda, parado derecho y alerta, bien vestido en su inmaculado traje gris. No sonrió, pero sus ojos parecieron brillar. "Guten tag, Feliciano"
"Guten Tag," repitió Feliciano. "¿Buen día?"
Ludwig asintió de nuevo. "Sehr gut."
Feliciano frunció un poco el ceño "Esa no la conozco"
Los labios de Ludwig se curvaron hacía arriba levemente "Quiere decir, muy bien."
Feliciano se sintió como a punto de explotar. "Grazie!"
"De nada."
"No, no," dijo Feliciano negando con la cabeza, "Dices 'prego'." Ludwig sólo asintió "Dilo, Ludwig!"
"Oh, uh…"
"¡Dilo!"
"Prego!" gritó Ludwig como si estuviera respondiendo a una orden.
"Sehr gut! ¿No es esto divertido, Ludwig?" Feliciano buscó entre las cosas de su canasta y sacó el balón de futbol que Antonio le había dado. "Un amigo mío me regaló este balón. ¿Quieres jugar?" Arrojó el balón al piso y dio unos pasos hacía Ludwig. Una vez más, Ludwig parecía a Little thrown.
"¿Cómo dices? ¿Quieres jugar futbol? Pensé que querías una lección de idioma."
Feliciano sonrió, encogiéndose se hombros."Giochiamo a calcio" Ludwig siempre se veía algo incómodo en su presencia. Pero si jugaban futbol tal vez se sintiera mejor. Bueno, Ludwig solía jugar futbol. Le gustaba el futbol. Quizás se sentiría más cómodo si pateara un balón. Pero, que brillante idea, pensó Feliciano, muy seguro de que esta era, sin duda, una de las mejores ideas que se le habían ocurrido. Sonrió mientras se pasaba el balón de mano en mano, "Muéstrame que tan bueno eres!"
Ludwig alzó una ceja, escéptico. "No creo que puedas igualar mi nivel".
Feliciano sonrió levemente. "Ya veremos." Rápidamente echó el balón a piso y lo pateó con todas su fuerzas hacía Ludwig, quien alcanzó a atraparlo en el último segundo mientras volaba en dirección a su pecho. Ludwig retrocedió unos pasos antes de recuperar el equilibrio. Miró a Feliciano, pareciendo tan sorprendido como impresionado. Feliciano esperaba. Ludwig abrió su boca, sólo para cerrarla y abrirla otra vez, como si pensará en una respuesta. Entonces miró el balón. Feliciano podía ver claramente su cerebro pensando. Después de unos momentos, él cuidadosamente se quitó su chaqueta, la dobló y la puso sobre el piso.
"Bien entonces. Lass uns Fußball spielen" y Ludwig pateó el balón.
Hasta ahora, Ludwig no estaba impresionado. Arrojó el balón en su rodilla, luego a su tobillo, y finalmente lo elevó un poco antes de patearlo acertadamente hacia Ludwig, quien intentaba defender el roble que les servía como arco, u objetivo, como quieran verlo. Feliciano alzó los brazos, celebrando, y gritó "Otro gol a los italianos! Esos son 6 a mi favor, Ludwig. Voy ganando. En verdad jugaste esto profesionalmente en Alemania?"
Ludwig frunció el ceño y pateó el balón de vuelta. "Lo hice. Pero no como arquero."
"¿Y por qué dejaste de jugar? Preguntó Feliciano mientras corría a atrapar el balón. "¿Qué pasó?"
Ludwig hizo una pausa y corrió su mano por su cabello, el cual le caía sobre los ojos. El corazón de Feliciano latió más rapido ante ese gesto. De alguna manera lo encontraba adorable.
"La guerra pasó. Y yo me uní a Lutwaffe,"
"Luttwafe es la fuerza aérea." Dijo Feliciano orgulloso. Estaba seguro de que estaría hablando alemán fluido en poco tiempo. Ludwig asintió, y casi, casi, sonrió.
"Sehr gut."
"¿Qué te gusta más? ¿El futbol o volar?" Feliciano retrocedió unos pasos, tirando el balón en los aires y volviéndolo a atrapar. Ludwig pausó de nuevo. ÉL siempre parecía pensar sus respuestas antes de darlas. Feliciano se lo había notado y pensó, que a fin de cuentas, era una buena estrategia,
"Son muy diferentes"
"Pero escogiste volar en vez del futbol" dijo Feliciano curioso. Ludwig dio unos pasos incomodos.
"Elijo mi país sobre el futbol."
"Ludwig, no sería grandioso si en vez de toda esta guerra, pudiéramos mejor jugar futbol? Imagínalo. Alemania, Italia e Inglaterra podrían tener un equipo en lugar de un ejército. Podríamos jugar partidos para decidir quién gana. Así no tendríamos que ir por ahí matando gente. Ludwig, ¿por qué no podemos hacer eso?" Ludwig parecía paralizado. Feliciano volvió a preparar el balón. "Aunque si tu estuvieras en el equipo alemán dudo que ganaran." Sonrió y pateó el balón.
"Oh, ¿en serio?" Para sorpresa de Feliciano, esta vez Ludwig pudo atrapar el balón e inmediatamente se acercó a Feliciano, mirándolo de cerca. Feliciano abrió los ojos en sorpresa y retrocedió un paso inconscientemente "Ve a pararte bajo el árbol". Feliciano estaba seguro de que no era la intención de Ludwig parecer escalofriante, pero ciertamente fue fácil ver que ahora era un oficial. Negársele no parecía una opción.
"Okay…digo…eh….Sí, señor" Feliciano corrió hacia el árbol, dándose media vuelta sólo para ver a Ludwig jugando con el balón. Tirándolo en el aire, atrapándolo en la punta de sus dedos, dándole giros, de ahí pasándolo a través de sus hombros, para luego atraparlo con la otra mano. Feliciano lo observaba con la boca abierta, fascinado.
"¿Te crees mejor arquero?
"¿Cómo dices?" Feliciano inclinó un poco su cabeza mientras continuaba observando, anonadado. Ahora Ludwig hacía girar el balón en su rodilla. ¿Cómo hacía eso?
"Veamos si puedes detener un gol mío, italiano!" Ludwig hizo unas piruetas con el balón entre sus piernas. Lo lanzó al aire para luego patearlo tan fuerte que pasó rozando a Feliciano y estrellándose contra el árbol. Feliciano estaba casi seguro de que su corazón ya no latía. Ludwig sonrió. "¿Cuál era esa frase que usaste enantes? Oh, sí… ¡Otro gol para los alemanes!".
Feliciano aun no encontraba fuerzas para moverse. "Por favor, no me mates".
"Vamos, Feliciano" dijo mientras recuperaba el balón y lo ponía en su posición original. "Qué paso con toda tu confianza?"
"Eso era antes de casi ser decapitado por un balón!"
Ludwig se alineó, listo para patear de nuevo. Lo único que Feliciano hizo fue protegerse con sus brazos y gritar "Dio mi salvi!", en el momento en que Ludwig enviaba el balón hacía el árbol.
Cinco goles más aterrizaron contra el árbol, y Feliciano estaba seguro de tres cosas, Uno- él era el pero arquero en Italia. Dos- muy pronto habría un agujero en su árbol favorito. Tres- Cuando Ludwig sonreía, no había una persona más hermosa en toda la Tierra.
"Creo que uno más y gano, ¿cierto?" preguntó Ludwig mientras se alineaba para el séptimo gol. Feliciano decidió que ya era suficiente.
"De acuerdo, ya basta" corrió hacia Ludwig y le arrebató el balón de una buena patada.
Ludwig sólo parpadeó un par de veces y lo miró sorprendido. "Oye, eso va contra las reglas!".
Feliciano sonrió inocentemente. "A veces es divertido romper las reglas, Ludwig. Además… no puedes ganar si no atrapas el balón!" Feliciano rió alegremente y se alejó con el balón, llevándolo hacia el campo. Miró hacia atrás esperando que tal vez Ludwig estaría caminando hacia él. Pero sorprendentemente Ludwig le estaba siguiendo el juego, ¡Ludwig lo estaba persiguiendo!. Su corazón latía, su cabeza daba vueltas, y Feliciano seguía llevando el balón lejos de su alcance, profundo entre la alta hierba y riendo casi aliento. En eso Ludwig le dio alcance y se las arregló para quitarle el balón de los pies. Ludwig sonrió ampliamente. Una sonrisa genuina. La primera que Feliciano hubiere visto en sus labios, y lo cautivó. Lo dejo sin aliento. Ese corto lapso fue suficiente para que Ludwig se llevara el balón por completo y le gritara:
"Tendrás que hacerlo mejor que eso, Feliciano"
Feliciano sonrió y fue tras él. Corriendo y riendo, el sol los iluminaba, y la hierba le rozaba las piernas. Eventualmente alcanzó a Ludwig y en un salvaje, inesperado y glorioso momento, sus piernas se entrelazaron y ambos cayeron al suelo exhaustos, sin aliento, riendo a carcajadas. El balón voló y cayo en la hierba, olvidado por los dos. La risa de Ludwig era profundo, incluso seria, pero muy diferente de su voz cuando hablaba. Era un sonido maravilloso que hizo que Feliciano sintiera nudos en su estómago. Era hermoso. Era como una parte olvidada de Ludwig liberándose. Casi sin aliento, pero aun riéndose, Feliciano se volteó hasta quedar cara a cara con Ludwig, a sólo pulgadas de distancia. Se veía tan diferente ahora. Su cabello caía desaliñado sobre sus ojos y su camisa se había arrugado al tenderse en la hierba. Los ojos de Ludwig se encontraron con los de Feliciano, quien no desvió la mirada. Por largos momentos, pareció como que el tiempo se había detenido mientras descansaban de esa manera. Su risa iba lentamente desvaneciéndose, hasta que Feliciano sólo oía el sonido de sus respiraciones. Una ansiedad poco familiar se extendió por su pecho, y le tomo unos segundos darse cuenta de la razón. Quería tocar a Ludwig. Quería extender su brazo y sentir su piel. Era una sensación que casi dolía. Justo cuando Feliciano extendía su temblorosa mano sin pensar, Ludwig de repente desvió la mirada y pegó un respingo. "O, verdammt"
"Hum….?" Preguntó Feliciano, aprovechando el momento para retirar su mano y tratar de normalizar su respiración. ¿En qué había estado pensando?.
"Oh, no es nada. Es sólo…." Una expresión de vergüenza curzó la cara de Ludwig mientras tomaba una posición de sentado. "Es que…. Traje algo para ti y…"
"¿En serio?" lo interrumpió Feliciano. Su corazón acelerándose mientras se sentaba. "¿Qué es? ¿Qué me trajiste? ¿Es un regalo? ¿Me va a gustar?"
"No es mucho…Por favor no te entusiasmes." Feliciano casi echó una risilla. ¿Acaso Ludwig se estaba sonrojando? Metió la mano en su bolsillo y sacó una maltratada barra en un envoltorio igualmente maltratado. "Perdón, creo que lo aplaté. En todo caso, eh…, toma. Espero que te guste el chocolate."
Feliciano no podía creerlo. Tuvo que retractarse de pegar pequeños chillidos de emoción cuando tomó la barra. "Cioccolato! Ah, que felicidad! No he tenido chocolate desde antes de la guerra! ¿Dónde conseguiste este?"
Ludwig sólo se miró las manos. Sus mejillas aun rojas. Tan alto y fuerte como era, aún así parecía casi un niño pequeño. "Nos enviaron un poco entre nuestros suministros esta semana. Realmente no me gusta mucho, así que pensé…"
"Gracias, Ludwig! Danke, Grazie!" Feliciano abrió la envoltura de inmediato y le dio un mordisco. Sus ojos se cerraban ante el delicioso sabor del chocolate derritiéndose en su boca. Una de sus comidas favoritas y que había sido simplemente imposible de conseguir por años. Trató de saborearla lentamente. Probarlo de nuevo era asombroso. "Mmm, esto es delicioso! ¿No quieres?" Feliciano abrió los ojos y notó que Ludwig lo estaba mirando, con intensidad y sus mejillas aun rojas. Sin embargo desvió la mirada.
"No, gracias"
"Muy bien. Aunque, no te importa que guarde un poco para Lovino? Por qué a él le gusta mucho el chocolate también, y creo que le vendría bien ya que esta tan irritable últimamente. Creo que Antonio lo hace feliz pero no creo que quiera admitirlo. ¿No es eso extraño?"
Feliciano le dio otra mordida al chocolate mientras esperaba la respuesta de Ludwig.
"Quien es Antonio?"
"Nuestro amigo. Es español. Fue quien me dio el balón de futbol…. Y a Lovino le dio un tomate de vidrio y luego miró a Lovino de forma extraña y mi abuelo Roma amenazó con castrarlo." Ludwig se sorprendió mucho con lo último.
"Amenazó con…"
"Castrarlo. Ludwig, ¿cómo dices chocolate en alemán?"
Ludwig parpadeó un par de veces, su cara aun con un poco de pánico. "Schokolade"
"Schokolade" repitió Feliciano. " ¿No es acaso gracioso que suene igual? Chocolate, cioccolato, shokolade. Nunca hubiera imaginado que traías chocolate en tu bolsillo. Desearía tener algo que darte… pero no tengo nada interesante en mi bolsillo" Feliciano en verdad deseaba que tuviera algo que darle a Ludwig en retorno. Sólo para asegurarse buscó en su bolsillo. Se encontró con un trozó de alambre, y una pequeña flor roja, ahora maltratada, que había recogido antes. "Bien, Ludwig. Puedes tener esto." Feliciano le extendió la flor y Ludwig la tomó con reserva. "En italiano flor se dice fiore."
"hum…" dio Ludwig mientras examinaba la flor algo perplejo. "Grazie." Tras esto frunció un poco el ceño y se arregló el cabello hacia atrás impacientemente. Después de eso miró a Feliciano con una expresión confundida. "Por qué…eh…" Parecía como si no estuviera seguro de preguntar, pero igual lo hizo. "¿Por qué quieres aprender alemán?"
De hecho, Feliciano no lo sabía. Nunca había pensado al respecto hasta antes de conocer a Ludwig. "Porque… eh…" –Porque era una excusa para verte otra vez- fue lo que vino a su mente. Trató de pensar en algo más. "Porque yo…." Pero no se le ocurrió nada. "… quería verte de nuevo." Termino esa oración muy quedamente. Feliciano nunca había sido bueno mintiendo.
"Puedo preguntar ¿Por qué?" Los ojos de Ludwig no apartaban la mirada de la flor mientras la giraba entre sus dedos.
"Me agradas." Feliciano nunca pensaba antes de hablar.
"Pero…" Ludwig se detuvo y pausó por un momento. Obviamente pensando en sus próximas palabras como él siempre hacía. Sacudió su cabeza, pero una leve sonrisa se dibujó en sus labios. "Tú me agradas también. Feliciano."
Feliciano sonrió ampliamente. No recordaba cuando fue la ultima vez que se había sentido tan extremadamente feliz. Esas cinco palabras eran las mejores que él había oído. Pero entonces Ludwig suspiró y miró hacia arriba. Atrapando la mirada de Feliciano con esos ojos demasiado azules.
"Aunque esta probablemente no sea una buena idea."
Feliciano iba a empezar a preguntar por qué, pero se detuvo. Sabía perfectamente por qué. "Cierto. Probablemente no lo sea. Pero no me importa."
Ludwig alzó una ceja sin desviar la mirada. "No eres como ninguna persona que haya conocido."
"Escuchó eso muy seguido. Eso es… ¿algo malo?"
Ludwig hizo una pausa y sacudió su cabeza lentamente. "No. No es algo malo en lo absoluto." El silenció se hizo presente entonces, y Feliciano miró a la tierra bajo sus pies, aun sonriendo para si mismo- Ludwig aclaró su garganta, arreglándose el cuello de la camisa, y sentándose derecho. "Me disculpo."
"¿Por qué?" preguntó Feliciano confundido.
"No es que…, es decir…." Ludwig inhaló profundo y se terminó de arreglar el cuello. "No estoy acostumbrado a hablar tan abiertamente. Por favor no te ofensas pero no debí pasar toda la tarde jugando futbol contigo, no es un uso aceptable de…"
"¿Quieres que te cante una canción, Ludwig?"
Fue cuestión de segundos que Ludwig dejar de hablar e hiciera silencio. Una mano aun en el cuello de su camisa. La otra apretando la pequeña florecilla roja. Despacio levantó la mirada hacia Feliciano- "Dices las cosas más extrañas…".
Feliciano se encogió de hombros. "Eso también lo escucho bastante. Pero parecias molesto, y cuando Lovino se molesta siempre le canto una canción. A veces se enoja y me grita y tira cosas, aunque a veces también lo hace sentir mejor aunque él no lo diga. ¿Entonces te canto una canción?."
"Sí" dijo Ludwig sorprendido de su propia respuesta. "Es decir… claro. ¿Por qué no?" Ludwig jugaba con el tallo de la flor entre sus dedos. Feliciano sonrió al observar las manos de Ludwig. Tan grandes y fuertes, pero que manejaban la flor con tanto cuidado. Hizo una pausa por un segundo. Inhaló prfundo. Y comenzó.
*"Tutte le genti che passeranno, (Y toda la gente que pase)
oh bella ciao, bella ciao, bella, ciao, ciao, ciao.
Tutte le genti che passeranno,(Toda la gente que pase)
Mi diranno «Che bel fior!»" (Me diran –¡Qué Hermosa flor!-)
Feliciano se calló por unos segundos, Preguntándose si cantar una canción revolucionaria a un alemán era una buena idea. Pero si Ludwig reconocería la canción, o la letra, él no lo sabía. Él sólo miró con intensidad a Feliciano. Su expresión indescifrable. Feliciano continuó.
"E se io muoio da partigiano, (Y si yo muero, cual partidista)
o bella ciao, bella ciao, bella, ciao, ciao, ciao.
E se io muoio da partigiano,
tu mi devi seppellir." (Tú me deberás enterrar.)
Feliciano pausó de nuevo, y se preguntó si debía continuar- Pero Ludwig pareció notarlo y dijo quedamente. "Continua." Y feliciano así lo hizo.
"E seppellire lassù in montagna, (Y entierrame alto en la montaña)
o bella ciao, bella ciao, bella, ciao, ciao, ciao.
E seppellire lassù in montagna,
sotto l'ombra di un bel fior." (Bajo la sombra de una bella flor.)
Feliciano canto en un tempo mucho mas lento del que generalmente se oía. Una suave, gentil y menos ruidosa versión de la familiar melodía. Las palabras se oían tan diferentes ahora, cuando las cantaba despacio, suavemente; en vez de gritándolas con pasión mientras bailaba en un cuarto repleto de salvajes partidistas. Ludwig escuchaba en silencio, aun cuando Feliciano canto el ultimo verso tan suavemente que casi pareció perderse con la briza.
"È questo il fiore del partigiano, (Y esta es la flor del partidista)
o bella ciao, bella ciao, bella, ciao, ciao, ciao.
È questo il fiore del partigiano,
morto per la libertà." (Quien murió por libertad)
Las últimas palabras parecieron extinguirse- Feliciano no se atrevía a mirar a Ludwig. De alguna manera esto se había sentido diferente a cuando lo cantaba con Lovino, a con su abuelo Roma, o con cualquiera de La Resistenza. Se sitió como si le estuviera mostrando una parte de su alma a Ludwig. Era maravilloso. Era atemorizante. Sólo después de un prolongado silencio, Ludwig respondió despacio. "¿Qué era eso?"
Feliciano tragó saliva. "Es sólo una pequeña canción italiana."
"¿Y de qué trata?"
Feliciano se mordió el labio pensando como describirla. Opresión… muerte… libertad. Entonces miró las manos de Ludwig y lo que sostenían.
"Es… es sobre una flor." Feliciano se obligó a mirar a Ludwig, y quedó inmediatamente paralizado por su mirada. Ludwig lo miraba como si nunca en su vida lo hubiera visto antes. Como si pudiera mirarlo por siempre.
¡¿Qué es 'Bella ciao'?"
"Significa 'adiós, hermosa'" Feliciano se sitió aliviado cuando Ludwig apartó la vista al fin. Mirando arriba, notó que el cielo se volvía rosa, y el sol se escondía detrás de nubes anaranjadas. De repente se sorprendió de cuánto tiempo había pasado. "Nos hemos quedado hasta tarde" dijo, esperando que su voz no se escuchara tan temblorosa como él creía. "No he podido ir a la tienda. Mi abuelo estará molesto."
"Me disculpo por distraerte, y demorarte" Ludwig exhale y cerró sus ojos. Parecía como si estuviera luchando consigo mismo.
"No te disculpes, por favor. Prefiero haber estado contigo aquí." Y era verdad. Feliciano no podía recordar la última vez que se había sentido tan lleno de alegría. Y así se sentía mientras jugaba futbol, o cantaba, o miraba el cielo oscurecerse poco a poco, acompañado de una suave briza.
De repente un distante, casi callado rugido rompió la tranquilidad de la tarde. El familiar sonido de distantes bombas hacía eco en las montañas. Todo parecía detenerse alrededor de ellos. Sólo el distante e intermitente sonar de las bombas en la distancia perturbaba el silencio. Las nubes dejaron al sol descubierto, y Ludwig abrió los ojos y miró directo en los de Feliciano. Esta vez ninguno de ellos se molestó en quitar la mirada, ni siquiera moverse. Cómo si toda la tarde sus ojos hubieran sentido una extraña atracción hacia los del otro. La tibia briza de la tarde los acariciaba gentilmente, y Feliciano tenía la impresión de que si no se movía pronto, el bien podría nunca más moverse; sentado en el abierto campo, y perdiéndose en los azules ojos de Ludwig en frente de él. Pero fue Ludwig quien rompió el silencio. "Tengo que irme".
Feliciano suspiró. Desde luego, sabía que Ludwig tendría que irse en algún punto. Pero se dio cuenta de que no quería que se fuera, No quería que nunca se fuera, "Te vere mañana entonces, ¿no?"
Ludwig hizo una pausa. Sólo le tomo unos segundos responder. "Sí, me veras."
"Ah, bien" dijo Feliciano. Los ojos de Ludwig Volvieron a mirarlo, El pecho de Feliciano se tensó de manera extraña. Se sentía feliz de poder ver a Ludwig de nuevo mañana, aunque al mismo tiempo lo invadía una desconocida sensación de abandono, de espera. Todo lo que quería era abrazar a Ludwig y nunca dejarlo ir. Tragó saliva con dificultad y forzó sus labios a sonreír. "Auf wiedersehen."
"Bella, ciao" Ludwig estuvo ahí por unos instantes, puso la flor en su bolsillo, y se perdió en el sol poniente de la tarde, deteniéndose solamente para recoger sus chaqueta, en el piso cerca del roble. Feliciano solo se sentó, paralizado. Su corazón latiendo rápido y su mente pensando a toda velocidad cosas inconexas. Pero l más importante de todo, ¿En verdad Ludwig lo había llamado hermoso?
Horas después Feliciano estaba tumbado, mirando el techo, incapaz de siquiera pensar en dormir. Su mente a toda velocidad con un sinfín de pensamientos, hermosos y terribles bellos y atemorizantes. Sublimes y deprimentes. Y todos y cada uno eran sobre Ludwig. Era tan extraño sentirse así… algo que él nunca había sentido., pero de alguna manera muy familiar. Le gustaba. El silencio del cuarto casi lo envolvía, roto solo por el rugir del viento soplando silencioso en la ventana, y la irregular respiración de Lovino. El cuarto era grande, aún así siempre podía notar el cambio en la respiración de Lovino cuando este quedaba dormido. Era obvio que su hermano seguía despierto en su cama, en el lado opuesto de la habitación."
"¿Lovino?"
"Hmm?"
Feliciano apretó la sabana entre sus dedos. "¿Qué piensas de Antonio?"
Se escuchó que Lovino pegaba un respingo, que rápido ocultó con una toz. "¿Por qué demonios me preguntas algo así?"
"Bueno…¿no te… agrada?"
Lovino soltó un bufido. "¿Agradarme? ¿Ese bastardo español? ¿Por qué demonios me agradaría?"
"Bueno, a mí me agrada. Y al abuelo también. Y yo pensé que tú igual. Tal vez incluso un poco más que nosotros." Feliciano esperó en silencio una respuesta de Lovino.
"Pues no."
"Ah. Bien, entonces." Silencio de nuevo. Feliciano se mantuvo quieto, acostado, escuchando el sonido de su hermano dando vueltas y acomodándose en la cama a lado de él. Espero un rato hasta que el disgusto de Lovino se calmara.
"¿Lovino?"
"¿Qué?" dijo Lovino velozmente, sonando frustrado.
Feliciano conocía a su hermano. Sabía cuándo estaba mintiendo, cuando exageraba, y cuando trataba de ocultar la verdad diciendo todo lo contrario… que era exactamente lo que estaba haciendo ahora. "¿Alguna vez has pensado en decirle a Antonio que… no te agrada?" Lovino no respondió.
"¿Lovino?"
"Duérmete, Feliciano." Feliciano asintió. Trató de centarse en el el sonido del viento, y se acurrucó entre las sabanas. Sus pensamientos aun veloces en su cabeza, persiguiéndolo. Espero hasta que creyó que ya era suficiente. "¿Lovino?"
"Por un demonio, ¿qué mierda quieres, Feliciano?"
"Te agrada Antonio, y quieres decírselo, pero te preocupa que pasará cuando lo hagas. No es que te culpe, después de todo el abuelo Roma amenazó con castrarlo y eso, pero tal vez… quizás si tú le explicaras…"
"Feliciano" dijo Lovino con un tono más calmado esta vez. Feliciano miró hacia la cama de su hermano, pero sólo alcanzó a ver la silueta de su espalda iluminada por la luz de la luna que se filtraba por la ventana. "A veces tenemos sentimientos que nunca podremos expresar. A veces tenemos secretos que se deberían quedar así. A veces…." Lovino hizo una pausa, como si buscara las palabras correctas. "A veces hay cosas que simplemente no valen el riesgo."
Feliciano no respondió. Cerró sus ojos y reflexionó en las palabras de Lovino. Era cierto. Él nunca sería capaz de expresar lo que sentía; el confuso pero maravilloso, atemorizante pero emocionante, sentimientos que lo sobrellevaban cuando estaba con Ludwig-simplemente mirándolo, hablándole, sentado a su lado, pensándolo. Y cierto, algunos secretos se deberían quedar así. ¿Quién sabría lo que Ludwig pensaría si supiera la profundidad de todo lo que Feliciano sentía y deseaba?. ¿Si supiera que Feliciano deseaba tocarlo, deseaba besarlo, deseaba abrazarla lo más cerca posible y nunca dejarlo ir? Feliciano se enfrentaría al ridículo… al rechazo… y a mucho más. Ludwig era un soldado alemán. Feliciano un miembro de la resistencia. El riesgo era enorme. Tortura, ejecución, la destrucción de su familia, por no decir de la entera resistencia. Lovino estaba en lo cierto. ¿Cómo podría eso valer el riesgo?.
Pero detrás de los parpados de Feliciano, Ludwig era la única visión que contemplaba…-arreglando su cabello, retirándolo de sus ojos; sonriendo cuando acertaba un gol. Mirándolo intensamente con ojos más azules que el cielo. Confundido y perplejo en el uniforme del enemigo… sonriendo y riendo en la hierba bajo el sol. Todo en lo que Feliciano podía pensar era en él, en Ludwig. Todo lo que quería era estar con él.
Si Ludwig no valía el riesgo, nada lo haría.
Nota de parte del autor: dice que siente haber puesto la traducción en la historia. Pero que pensó que era importante que supieran la letra mientras leían.
Notas de moi: la canción a la que hace referencia "Bella ciao" es muy hermosa, porfavor se las recomiendo! Les dejo un link para que s den una idea.. pero cantado mas lento por Felicano sabrían que hermosa melodía es! Esa canción me hace feliz.. me hace sentir parte de la Resistenza! Jejej XD link:
!http : / / w ww . youtube . com/ watch?v= 0FPqsL2E8x0 (sin espacios) espero les guste
Segundo: Partidista, un partidista es eso, alguien de la resistencia, en algunas partes lo traducen como guerrillero, pero no, es un miembro de la resistencia. n.n
Sin mas acklaraciones, hasta la proxima!
Un review me haría muy feliz por cierto n.n
Ja!
