6.

No entiendo nada.

Pov Ronnie.

-Soy un bicho raro.-escupí cruzándome de brazos mirando a Edward.-Y esa es la respuesta.

-Carlisle cree que puede ser una transformación mal creada.-murmuró él pensativo.

-¿Qué importa que sea?-pregunté molesta.-¡No cambia en nada! ¡Cada vez lo controlo más!

-Pero eso está mal, Carlisle dice que deberías ''dormir'' siempre que lo necesites.-me interrumpió.-Porque ya ves…mientras más días pasas sin dormir, más tiempo te demoras en volver a despertar.

Las palabras de Edward hacen que un escalofrío recorra mi espalda.

-Pero no quiero dormir.-mascullé con la voz ronca.

Él se carcajeó.

-Sonaste como una niña pequeña.

Iba a replicar, decirle que no me parecía para nada divertido, pero oí algo abajo. Una moto.

-¿Quién anda en moto?-pregunté pues había visitado anteriormente el garaje y allí no había ninguna.

-Jacob.-contestó el naturalmente.

Me bajé de la cama pensativa.

-Nunca lo he visto.-medité.

-Él ya se va.-repuso Edward.

Salgo del cuarto y sin ánimos me voy a mi cuarto. Cierro la puerta.

Contarle todo a Edward no fue lindo. Que cada vez que caía inconsciente las pesadillas me embargaban, que la mayoría de ellas se trataban de que todo había sido irreal. ¡Pero no eran reales! Aunque no podía recordármelo nunca.

Me cambié de ropa pensando en que ellos no dormían nunca. Conozco el sentimiento, por supuesto. Y la verdad me gustaría ser como ellos.

Resulta que ni siquiera soy normal en esta estúpida nueva vida.

Estaba molesta, muy molesta.

Salí de mi habitación y me topé con Alice.

-He visto que ibas a cazar.-me dijo titubeante.

-No he cazado como por 4 días.-repuse. Mi garganta era un calvario.

-¿Quieres ir sola?

-¿No te importa que sea un medio vampiro o lo que sea que soy?

Alice resopló.

-Ronnie, por favor.

Suspiré.

-¿Qué?

-¡Ninguno de nosotros cree eso!-exclamó.

-Edward lo cree.

Ella frunció el ceño.

-Edward es un idiota. ¿De verdad que quieres ir sola?

-¿Me has visto cambiando de opinión?

-No…

-Creo que iré sola.

Y desparecí.

Corrí mucho por el bosque, demasiado. Quería alejarme y a la vez volver, pero eso solo hacía que avanzara más rápido.

Seguí avanzando y empecé a aminorar mi paso. Algo estampado en la tierra había llamado mi atención. Una huella. Una huella enorme.

Incliné la cabeza hacia un lado para darle sentido.

Oso, puma, lobo. Esos tres animales eran candidatos pero la huella aun así seguía siendo de un tamaño demasiado grande para aquellos animales.

Me puse de cuclillas observándola.

Y entonces escuché un sonido a mi lado. Me levanté de un salto, desprevenida, y más asustada aún cuando lo que vi más allá eran unos lobos enormes.

Tres lobos enormes. Uno gris, uno negro, uno color arena. Me miraban.

Había algo extraño en la escena.

Los animales no me desafiaban ellos huían de mi. ¿Qué los hacía diferentes en este caso?

El lobo de pelaje oscuro, el más enorme, casi más alto que un caballo modificado genéticamente, se inclinó sobre sus patas delanteras y me enseñó sus dientes. Los otros se apresuraron a imitarlo.

Retrocedí un paso, atemorizada. ¡Eran la misma clase de lobos mutantes que me encontré en el norte de Canadá!

Podían hacerme daño.

No había terminado de pensar esto cuando uno de los lobos se lanzó sobre mí. Alcancé a derrapar hacia a un lado y caer de rodillas pero me levanté de un salto pues el lobo ya se lanzaba otra vez a mi cuello y esta vez los otros lobos decidieron ayudarlo. Uno por mi izquierda, el otro por la derecha y el primero adelante mío. Unos dientes alcanzaron a rasgarme la chaqueta que me prestó Alice, también rompiendo la polera manga larga que tenía debajo. Con un codo golpeé a un lobo en el hocico, con todas mis fuerzas (que no eran pocas, lo puedo asegurar), provocando un chasquido y un aullido de su parte. Cuando se aparto corrí, y corrí por el espacio que había dejado y los otros lobos me perseguían. ¡Eran igual de rápidos que yo! Seguí corriendo y eché un vistazo atrás mío para ver a qué altura los tenía. No debí hacerlo.

No miraba, por lo que algo impactó sobre mi (Más bien yo sobre él) chocando brutalmente. Caímos al suelo y rodamos, agujereándome la ropa y ensuciando mi dura mejilla. Cuando abrí los ojos, el enorme lobo rojizo estaba sobre mí.

Traté de apartarlo con mis manos, ya atormentada del miedo pero era demasiado pesado. Sabía que los otros lobos ya estarían detrás de él y me atacarían. Y fue entonces el lobo se retiró.

Me levanté de un salto justo para ver su rabo desapareciendo por unos árboles. Un rasguido de viento y del mismo lugar salió un muchacho.

¡Un muchacho!

Respiraba agitada a pesar de que no necesitaba el aire y retrocedí un paso cuando él avanzó hacia mí, justo después de hacerle un gesto con la mano a los lobos, algo que podía decir: "Todo irá bien"

Al verme retroceder, cayó de rodillas.

-No.-murmuró.

Tragué veneno, que se acumuló en mi boca por instinto, por defensa propia, y aparté la mirada. Pero mis ojos se desviaban y volvían a posarse en sus ojos negros.

Tenía la piel tostada, el cabello muy corto y negro, los ojos del mismo color. Miraban los míos con tal profundidad que me incomodaba e intrigaba al mismo tiempo. Retrocedí otro paso involuntariamente. No tenía planeado echar a correr, pero tenía los nervios a flor de piel. No controlaba muy bien lo que estaba haciendo.

-Eres vampira.-comento con voz ronca, y se aclaró la garganta tras su comentario.

-Uh.

No sabía qué hacer, ¡No sabía qué decir!

¡¿No podía nadie aparecer, y decirme que estaba ocurriendo?