Lamento la demora! DXX abajo doy una mejor excusa u.u por ahora solo lean el capi que es lo que les interesa XD y sorry si hay errores o lo traduje muy literal, pero es que quería subirlo rápido para que puedan leerlo n.n

Disfruten!


"¿Tendrás cuidado, abuelo?"

"Siempre lo tengo, mi pequeño. No desesperes. Estaremos bien."

Feliciano asintió miserablemente y miró la canasta en sus manos. Había estado tan feliz de ver a Antonio la otra tarde, ahora deseaba que nunca hubiera aparecido. Cuales quieran fueron las noticias que trajo, había llevado a esta importante misión, en la cual, una vez más, todos ponían en peligro sus vidas. Algo a lo que él ya debería estar acostumbrado. "Ya lo sé, abuelo. No pierdas de vista a Lovino, por favor."

"No necesito que me vigilen, idiota." Dijo Lovino de mal humor mientras caminaba hacia la puerta. Roma alcanzó el abrigo de Lovino, poniéndoselo para que cubriera la pistola que se notaba en su bolsillo. "Ni siquiera es una misión peligrosa."

"Toda misión es peligrosa," dijo Roma en tono serio. Agarrando a Lovino de los hombros y haciendo que lo mire a la cara. "¿Entendido?"

"Sí, lo que sea."

"¿Qué fue eso?"

Lovino suspiró y rodó sus ojos. "Entendido, abuelo. Toda misión es peligrosa."

"Buen chico. Ahora tú, Feliciano, ve a la tienda, compra algo de leche, habla con el informante, y para cuando regreses verás que ya todo esto habrá acabado. ¿Sí?" Roma sonrió como para darle seguridad.

Feliciano asintió, aunque no se sentía muy seguro. Había hecho esto muchas veces antes….pero ahora algo era distinto. "Muy bien. Por favor vuelvan a salvo."

Roma rió y desordenó su cabello. "Me pequeño y tonto Feliciano. La de hoy ni siquiera es una misión de combate! Sólo adquirimos información, lo cual es tu especialidad, ¿no? De hecho, ¡deberías venir con nosotros!"

Feliciano sabía que su abuelo bromeaba, pero aún así lo molestó un poco. Él también se estaba poniendo en riesgo. Él era parte de esto también. Él no era un niño. "Te traeré información del pueblo, mejor. Haré mi trabajo, abuelo."

"Sé que lo harás. ¿Recuerdas la clave?"

"Dicen que habrá una tormenta antes de primavera." Recitó Feliciano. "¿verdad?"

"Perfecto." Roma se agachó y besó la mejilla de su nieto. "Te veo en la noche, Feliciano,"

"Adiós, abuelo. Adiós, Lovino." Lovino también le dio un beso, acompañado de una inusual sonrisa. Se dieron media vuelta y marcharon, mientras Feliciano veía como Lovino y Roma caminaban por aquel sendero que llevaba a las montañas, lejos del pueblo y más allá. Feliciano se obligó a darles la espalda y caminar por el conocido sendero hacia el pueblo, el sol del mediodía tornaba los campos dorados a su alrededor.

Un estrujón de nervios se juntó en su estómago mientras caminaba por la pequeña plaza pública. Parecía que todos estaban aprovechando el agradable clima cálido, pues toda una multitud de gente llenaba la tienda cercana, haciendo bastante ruido y bromeando. Sus nervios se hicieron más fuertes mientras se acercaba a la desconocida cantina. No era una de aquellas de las que visitaría si de él dependiera. Era una popular cantina tanto con los alemanes como con aquellos a quienes no les molestaba su presencia, es decir, uno de los lugares más peligrosos para un miembro de la resistencia. Pero así mismo era el lugar menos sospechado para tener una reunión con otro miembro de la Resistenza. Feliciano abrió las puertas abriéndose paso entre la multitud, y escaneó las mesas buscando a su objetivo. Casi de inmediato lo encontró, tal como lo habían descrito… sentado en una mesa afuera de la cantina, en la calle, cargando sombrero, leyendo un periódico. Feliciano camino rápido hacia la mesa, se inclinó y murmuró en tono de conspirador.

"Hace calor en esta época del año, ¿no?" El hombre sólo alzó la vista un segundo antes de continuar con su lectura. Feliciano se maldijo e intentó otra vez. "Es decir, ehm…., ¿no es acaso muy frio el invierno?" su expresión se notó disgustada, pero no alzó la mirada. Feliciano se volvió a maldecir. Desgraciadas frases en clave que tenía que decir, nunca podía recordarlas. "Eh, es decir…. Era algo sobre el clima…. Eh…, frio, calor, clima extraño…oh, ¡ya recuerdo! ¡Dicen que habrá una tormenta antes de primavera!...¿ O no?" Feliciano empezaba a temer que estaba hablándole al hombre equivocado. Pero entonces el hombre suspiró largamente y puso el periódico sobre la mesa.

"Por un demonio, que suertudo eres de que yo soy aquel a quien buscas. De otra manera créeme que estarías en problemas."

Feliciano rió aliviado, sentándose en el asiento de al lado. "Lo lamento. Siempre me distraigo y pienso en otras cosas, asi que suelo olvidarme de las claves que siempre son tan difíciles que no recuerdo y…." Feliciano paró de hablar cuando sintió algo rozar su rodilla. Se agachó un poco y tomó el pequeño sobre que el hombre le entregaba, escondiéndolo furtivamente en su bolsillo.

"La localización de nuestro mayor objetivo, más los nombres de los oficiales que serán nuestro blanco. Muy importante…. Dime, ¿En verdad te confían esta información?"

Feliciano frunció el ceño, molesto por la insinuación. "Soy dedicado a la causa."

"Muy bien entonces. Sólo intenta recordar la clave la próxima vez, ¿si? Y mantén eso a salvo." Feliciano asintió de mal humor. Un mesero apareció a lado de ellos, con una taza de café humeante en una bandeja, el hombre dejó unas cuantas monedas en la mesa mientras se levantaba. "Mi amigo aquí tomará el café. Me temo que debo irme."

Feliciano asintió de nuevo y agradeció al mesero. Dio un vistazo a su alrededor, cuidadosamente. La mayoría de los clientes era gente del pueblo, pero podía ver varios soldados alemanes sentados en la cantina. Rezaba porque nadie hubiera visto el sobre. Quería marcharse desesperadamente, pero sabía que hacerlo de inmediato levantaría sospecha. El sobre se sentía como una bomba en su bolsillo. Pero se calmó un poco cuando notó, con una sonrisa, que la melodía que sonaba en la cantina era 'Auf wiedersehen, sweetheart'. Así que se recostó contra su silla y escuchó la letra mientras soplaba la humeante bebida y trataba de calmar sus nervios. Al menos había conseguido una taza de café, después de todo.

"¿Feliciano?"

Feliciano saltó e hizo una mueca mientras café caliente salpicaba sus dedos. Alzó la mirada sorprendido de ver a Ludwig, quien lo miraba con una expresión confundida. Un escalofrio recorrió el cuerpo de Feliciano al mismo tiempo que una ola de nervios, calor, esperanza y miedo atacaban sin piedad.

"Lu-Ludwig….! Cómo…."

"¿Qué haces en esta cantina?" Ludwig habló con fuerza, la sorpresa era evidente en su voz.

"Oh... yo….." rápidamente miró a su alrededor, pero no puedo ver a su informante en ninguna parte. Esperaba desesperadamente que Ludwig no hubiera visto nada. "Sólo estoy… tomándome un café. Escuché que este lugar tiene el mejor café desde que inició la guerra." Al menos eso era verdad. Los lugares donde iban los alemanes siempre tenían lo mejor. Trató de mantener la compostura y sonrió alegremente para Ludwig. "¿Me acompañas?" Ludwig negó con la cabeza y dio un rápido vistazo a la estancia. Se ajustó el cuello de la camisa pareciendo incómodo.

"No creo. De hecho justo estaba yéndome."

"Oh…" dijo Feliciano decepcionado. "Tengo que pasar por la tienda, ¿quieres..?"

Ludwig lo interrumpió. "Creo que… a lo mejor deba acompañarte a casa, Feliciano."

Feliciano sintió una mala sensación respecto a eso. "¿A mi casa? ¿Por qué?" Siguió el recorrido que le indicaba la mirada de Ludwig e inmediatamente se encogió en su asiento, en shock, casi de manera inconsciente. No muy lejos, apenas al otro lado de la plaza, un pequeño puñado de soldados alemanes en enfermantes uniformes oscuros marchaban hacia el centro del pueblo. Aun desde la distancia, Feliciano pudo reconocer las identificaciones en sus brazos que le habían enseñado a distinguir. No eran de la Wehrmacht, la armada militar. Era la policía secreta. Su sangre pareció helarse en sus venas y apenas podía respirar. En todo lo que pensaba era en el sobre. Tenía su sentencia de muerte en el bolsillo. Muchos de los peatones trataron de alejarse discretamente, otro observaban a los alemanes con una mezcla de miedo y fastidio, otros miraban al suelo con resignada aceptación. Feliciano no podía moverse.

"Vamos, Feliciano, hay que irnos." Feliciano podía oír a Ludwig hablar alado suyo, pero apenas si entendía las palabras. Sólo observó cómo los policías andaban, y por primera vez notó a los dos hombres que marchaban delante de ellos. Su respiración se detuvo en seco, un escalofrío recorrió si cuerpo. Él conocía a esos hombres. Supo de inmediato que eran miembros de la resistencia. un horror nauseabundo lo invadió por completo cuando se dio cuenta de lo que sucedía. El terror que surgió en su pecho era casi irreal, pero aun así no pudo moverse, ni siquiera cuando veía a los miembros de la SS caminando hacia el centro de la plaza. Los dos partidistas arrastrando los pies, encorvados, sucios y en precario estado, con rifles apuntados a su espalda. Feliciano sintió ganas de vomitar, y entonces todo comenzó a suceder muy rápido. Uno de los soldados gritó en alemán. Una ola de pánico se alzó entre los presentes. Ludwig aun hablaba. Feliciano aun no lo oía. Alguien gritó. Los policías llegaron hasta el centro de la plaza y tiraron a los prisioneros sobre sus rodillas. La calle daba vueltas a su alrededor. Y de repente sintió la mano de Ludwig agarrarlo fuerte y tirar de él, obligándolo a caminar. Alejándolo de la conmoción que los rodeaba. "Sólo sigue caminando y no mires atrás."

"¿Qué les van a hacer?" preguntó Feliciano en tono chillón y alarmado. Sabía que la pregunta era inútil, pues ya conocía la respuesta.

"Sólo no voltees, Feliciano."

Atrás suyo y en todas partes, los murmullos continuaban. La policía gritó palabras irreconocibles en alemán, que eran rápidamente traducidos por algún italiano. Y aunque Feliciano trató de no escuchar, las palabras 'traidor' y 'Resistenza' y 'tortura' y 'muerte', resonaban en sus oídos, y casi hicieron que sus rodillas se vencieran delante de él. Podía sentir la culpa y pánico que se alzaba a su alrededor. Nada parecía real, nada se sentía real. Lo único real era la mano de Ludwig sujetándolo del brazo, llevándolo cada vez más rápido y más lejos de la aterrada multitud, de la policía secreta, de los condenados a muerte, y esos gritos…. Esas malvadas palabras.

Feliciano se dejó arrastrar fuera del pueblo y hacia una pequeña y estrecha callejuela vacía. Casi de inmediato el ruido se detuvo, y el sol desapareció detrás de unos edificios. Pero Ludwig no paró la marcha. "Sigue andando, Feliciano." Repitió, esta vez sonando casi desesperado. Feliciano intentó mantener el ritmo trató de no pensar en los hombres que habían dejado en la plaza atrás de ellos. Pero cuando el primer disparo hizo eco en las paredes, gritó, tropezó, y cuando Ludwig se volteó a ayudarlo, Feliciano simplemente se aferró a él, tirándose fuertemente, sin pensar, contra su pecho. Estaba temblando. Esto no podía ser real. Este tipo de cosas no sucedía… no a la mitad de un día soleado, no enfrente de todo el pueblo. Cerró sus ojos, trató de esconder su rostro en la chaqueta militar de Ludwig, sintiendo su pecho alzarse con cada respiración. Entonces Feliciano sintió los brazos de Ludwig abrazarlo, lentamente, con inseguridad. Uno lo colocó alrededor de su cintura, y el otro sobre sus hombros, dejando su mano descansar sobre la cabeza de Feliciano.

El siguiente disparó desgarró el aire, y Feliciano lo sintió como una estaca en su pecho… porque ese hombre estaba luchando por lo mismo que todos ellos. Por lo mismo que él. Ese hombre podría haber sido Roma. Podía haber sido Lovino. Podía haber sido él mismo. ÉL era uno de los que morirían por Italia. Cuando Feliciano abrió los ojos, vio la línea de decoraciones militares que adornaban el pecho de Ludwig. Se sobresaltó. Luego de eso, lentamente se dio cuenta de que estaba llorando, y de que Ludwig le acariciaba el cabello.

"Lo siento" dijo Ludwig suavemente. Su voz se escuchaba diferente a esta distancia. Su corazón latía rápido cerca de los oídos de Feliciano. Olía como a ropa limpia, aceite de motor, y campos bajo el sol. Se sentía firme, y cálido, y fuerte. Se sentía seguro, a pesar de que Feliciano sabía que era lo menos parecido a estarlo. Y por primera vez, se preguntó que pensaría Ludwig si supiera que Feliciano no era diferente de esos hombres asesinados en la plaza. "Vamos, Feliciano. Déjame llevarte a casa."

"Pero debía comprar leche…"

"Seguro tu abuelo entenderá. Vamos."}Feliciano dejo que Ludwig lo alejara del pueblo, agradecido de dejar el molesto ruido y terror detrás, y cambiarlo por las pacificas carreteras y el campo, y el brillante sol y los cielos azules, y ese aroma que lo envolvía todo. Pero los disparos y los gritos aun resonaban en su mente. Los rostros de esos hombres no lo dejaban en paz. No los conocía bien. Ni siquiera sabía sus nombres. Pero los había visto hablando con su abuelo en la cantina, los había visto riendo y cantando con los demás miembros de la resistencia. no eran los primeros en morir, a lo largo de los años muchos miembros habían muerto, pero nunca lo había presenciado, nunca como ahora. Y había sido demasiado doloroso.

Ludwig caminaba en silencio a su lado, al mismo ritmo, algo separado de él, pero aun así sus brazos rozaban ocasionalmente. Ninguno de los dos había roto el silencio desde que dejaron el pueblo. "¿Qué cosa hicieron, Ludwig?" preguntó Feliciano finalmente. "¿Qué hicieron mal? ¿Cuál fue su error?"

El rostro de Ludwig se contorsionó, pareciendo en conflicto y apenado. "Ellos… ellos eran conspiradores en contra de la armada alemana. Eran nuestro enemigos."

Feliciano sintió una daga en su pecho. Enemigos. La situación reciente en la plaza había sacado ciertas cosas a relucir. Y ahora eran diferentes. Eran dolorosamente claras. Ludwig era su enemigo. Y si él alguna vez descubría que Feliciano era parte de la resistencia, sólo Dios sabía cómo iría a acabar. Ludwig era leal a su país. Seguramente eso sería más importante para él que algunas tardes que pasó con un insignificante italiano de pueblo. A lo mejor, Feliciano había sido a penas una interesante distracción, y cuando descubriera la verdad, Ludwig lo arrastraría en frente de la Gestapo sin ninguna compasión. Acusándolo de traidor. Y lo que era peor era que su mayor miedo no era la muerte, sino que Ludwig solo pensara en él como en el enemigo. Tragó saliva dolorosamente.

"¿Y se lo merecían? ¿Crees que lo merecían?"

"No importa lo que yo crea."

"!Claro que importa!" Feliciano se paró en frente de Ludwig, obligándolo a detenerse. "¿Por qué siempre crees que lo que piensas no importa? Claro que importan. Tus pensamientos y opiniones importan. ¿Qué crees, Ludwig? No me refiero a lo que se supone que debes pensar. Esos hombres sólo hacían lo que pensaban era mejor para su país. Igual que tú. ¿Crees que merecían la tortura y morir?" Feliciano sabía que estaba hablando demasiado. Pero no podía evitarlo. Un pánico silencioso comenzó a crecer. Porque si Ludwig en realidad pensaba como dijo…. Si supiera lo que Feliciano era entonces…

"No" dijo Ludwig inmediatamente, sorprendiendo a Feliciano con la velocidad de su respuesta. "Ser torturado…, ser ejecutado públicamente… NO, no se lo merecían."

Feliciano suspiró aliviado. Se cubrió la cara con las manos y lágrimas comenzaron a caer. Lovino siempre decía que lloraba demasiado. Pero Feliciano no podía evitarlo. Cuando estaba feliz, reía. Cuando estaba triste, lloraba. Siempre dejaba que el mundo conociera sus emociones, aunque se empezaba a dar cuenta de lo peligroso que eso era. Pero no podía ocultar esto. No se suponía que el día fuera así. Se suponía que debía terminar su café, ir a la tienda, comprar leche, luego encontrarse con Ludwig bajo el árbol, luego ir a casa junto a Lovino y su abuelo, y luego…

"Feliciano."

Feliciano se obligó a remover sus manos de su cara, esperando que Ludwig no notara sus evidentes lágrimas. Ludwig se veía tan mal como Feliciano se sentía. Ludwig miró al suelo, luego al horizonte, y finalmente arriba al cielo. "¿Cómo dices 'cielo' en italiano?" preguntó- Feliciano no respondió, pero observó a Ludwig en silencio. Un breve silencio se hizo presente, pero Ludwig continuó. "Nuestras clases de idioma, ¿recuerdas? No te habrás olvidado, Feliciano. Me gustaría saber cómo decir 'cielo' en italiano."

"Oh…" dijo Feliciano tratando de pensar correctamente. "Se dice 'cielo'. Es igual."

"¿Y nube?"

"…Nuvola" respondió Feliciano algo confundido.

"Nuvola. Suena bonito." Ludwig le sonrió, y el corazón de Feliciano dio un salto en su pecho. "En alemán se dice 'Volke'. ¿Puedes decirlo?"

Para cuando llegaron al roble, las constantes preguntas de Ludwig casi hicieron a Feliciano olvidar los desagradables incidentes de la mañana. No mucho después, cuando estaban sentados contra el árbol de roble, con el sol descendiendo por el cielo, fue cuando Feliciano había olvidado todo por completo, excepto a la persona que tenía sentada delante de él.

"no, Ludwig!" gritó aguantando la risa. "Lo dices muy fuerte. Es más suave. Así. Albero*"

Ludwig intentó de nuevo. Su rostro lleno de determinación. "Albero."

Esta vez Feliciano no contuvo la risa. Ludwig no tenía esperanzas. "o, mio dio. ¡No! Tienes que presionar tus labios aquí…" se inclinó hacia al frente y gentilmente posó sus dedos los labios de Ludwig. Por unos segundos su mirada se perdió en la boca del alemán y la textura que sentía al tocarlos. Luego retiró la mano dubitativamente. "Ascolti, escucha. Albero."

Ludwig frunció el ceño, y frustrado se recostó contra el árbol. "!Eso es lo que digo!"

"No, claro que no. ¡Suena como si estuvieras gritando!"

"! Y tú como si lo estuvieras cantando !"

Feliciano se encogió de hombros y sonrió. "Muy bien. Entonces inténtalo de nuevo, como si estuvieras cantando."

Ludwig lo miró como si estuviera desquiciado. Alzó sus ojos al cielo, suspiró, y repitió. "Albero"

"!Esatto!" gritó Feliciano encantado. " ¿Ves? ¡Puedes hacerlo!"

"¿Por qué ustedes, italianos, deben decir todo como si estuvieran en medio de una ópera?"

Feliciano rió sonoramente. " !Lo dices como si fuera malo! ¿Pero no sería hermoso que la vida fuera como una ópera? Con la gente haciendo cosas tan dramáticas e impulsivas por el otro. Las óperas siempre son tan hermosas y románticas."

"Pero siempre terminan en tragedia." Aclaró Ludwig. Feliciano se sintió algo derrotado, y bajo la mirada a su canasta. "P-pero con un montón de romance y cantos antes." Añadió rápidamente. Feliciano sonrió con amargura.

"¿No crees que todo el cante y romance hace que el final valga la pena?"

"Tal vez…. Algunas cosas simplemente valen el riesgo."

Las palabras de Ludwig enviaron una corriente eléctrica recorrer su cuerpo, dejándolo sin aliento, y sin palabras. Valer el riesgo…. Él pensó que sabía lo que ponía en riesgo. Que Ludwig descubriera que era Resistenza y lo entregara. Pero era mucho más que eso. Ahora se preguntaba por cuánto tiempo más podría seguir viéndolo. Se preguntaba por cuánto tiempo más Ludwig se encontraría ahí. Se preguntaba cuantos pilotos alemanes morían en cada misión. Y de pronto se dio cuenta de cuan corto era el tiempo que podría pasar con Ludwig. Feliciano podía sentir las lágrimas formarse de nuevo. Parpadeo varias veces y apartó la cara, esperando que la brisa secara sus ojos.

"Estas inusualmente callado de repente."

La vos de Ludwig sacudió a Feliciano de sus pensamientos. Se forzó a sonreír, pero sin atreverse a mirar a Ludwig. Dolía demasiado. "Sólo me hacía unas preguntas…., es decir, realmente me gusta estar contigo, como ahorita. Desde luego, estoy seguro que debes tener muchas ocupaciones pero, pareces desocupado en las tardes…. ¿quiere decir que vuelas en la noche?"

"Usualmente peleamos en el día. Pero últimamente hemos estado contrarrestando a los británicos en misiones nocturnas,"

"O sea que durante el día… ¿a tus superiores no les importa dónde estás?"

"Los oficiales están permitidos a cierta libertas. Y soy uno de los mejores pilotos, además. Mientras continúe haciendo bien mi trabajo, no les importa que haga con mi tiempo libre." Cuando Ludwig lo dijo, no sonó jactancioso. Sonó como un hecho. "Me gusta pasear por este lado del campo. Me recuerda a mi hogar."

"¿Y vas a ir esta noche también?" preguntó Feliciano, tratando de sonar desinteresado, conteniendo un montón de emociones que amenazaban con sobrellenarlo. "¿Vas hoy a…." Feliciano no sabía que palabra usar. "….a pelear?"

"Sí." Contestó Ludwig suavemente. "También iré hoy."

"Ten cuidado…. Y regresa a salvo, ¿sí?" Feliciano sabía que era una cosa tonta de decir, pero lo decía en serio. Sus ojos se negaban a secarse, y trató de ocultarlo jugando con su canasta. No estaba muy seguro de lo que buscaba, simplemente necesitaba algo que hacer con sus manos. Lo primero que sacó de la canasta fue su pequeña bandera blanca, y sintió que el rojo de sus mejillas podría quemarlo. La guardó inmediatamente de vuelta, esperando que Ludwig no la hubiera visto.

"¿Por qué cargas eso?

No era su día de suerte. "Oh, pues… la mayoría de los alemanes no hablan español ni italiano. Pero una bandera blanca se entiende en todos lados." Feliciano recordó a los hombres de la SS, y se preguntó si funcionaría en ellos. "Ludwig, ¿cómo digo 'me rindo' en alemán?"

Ludwig pareció a duras penas sorprendido, me respondió de todos modos. "Supongo que podrías decir 'Kamerad'"

Feliciano sonrió débilmente, "Supongo que nunca antes lo has dicho, ¿cierto?"

Ludwig alzó una ceja. "Pues, no, no en ese contexto. No. y no creo que nunca lo diga."

Feliciano sintió una pequeña ola de vergüenza y miró al césped. "debo parecerte tan tonto."

"No." Ludwig lo dijo con tanta intensidad que Feliciano casi se asusta. Ludwig se sonrojó ante su propia respuesta y miró sus manos. Feliciano lo miró.

"Apuesto a que no le tienes miedo a nada." Dijo Feliciano. Después de todo, Ludwig era un piloto de ataque. Se ponía en las situaciones más peligrosas a diario. ¿Cómo podría entender él sus ridículos miedos?

"Todos siente temor alguna vez. Si no hay temor, no hay coraje."

"Nunca lo había pensado así."

"Creo que podrías ser muy valiente si fuera necesario."

Feliciano alzó la mirada, en shock. Nunca nadie le había dicho algo así antes. Sonrió, su estómago con pequeños nudos. "Danke."

"Bitte schön" dijo Ludwig mientras examinaba el césped. "Tu alemán es bastante bueno."

"No, ¡no lo es realmente!"

"Es mejor que mi italiano."

"¿No es acaso una asombrosa coincidencia que ambos hablemos español? Imagínalo, de otra manera nunca hubiéramos podido hablar, y nunca hubiera sabido que existía un amable, maravilloso piloto alemán llamado Ludwig, con quien es muy agradable hablar, que le gusta como canto, t tiene unos ojos azules tan hermosos." A penas terminó se preguntó si a lo mejor había dicho demasiado. El silencio se hizo presente excepto por el ulular de la brisa. Una vez más los ojos de Ludwig lo atraparon en un trance irrenunciable. Feliciano estaba sorprendido por la mirada que había en ellos. Como si Ludwig estuviera luchando consigo mismo, una mirada que él ya había visto antes. Y de repente Feliciano fue sacudido por la comprensión de cuan seriamente peligrosa era toda esta situación. Peligrosa para su familia. Para su vida. Para su corazón. Sí, sólo Dios sabía cómo terminaría esto. Pero Feliciano sabía que no tenía otra opción más que seguir adelante y descubrirlo. Porque le era simplemente imposible alejarse.

"Tengo que irme." Dijo Ludwig de repente, cortante. "La regla es que debo regresar para la puesta del sol."

"Oh…" susurró Feliciano, decepcionado. Era igual que ayer. Pero entonces Ludwig levantó su mano, dudoso, y lentamente la colocó sobre la mejilla de Feliciano. Y Feliciano estuvo seguro de que su corazón se detendría ahí mismo, en ese instante.

"¿Estarás bien regresando a casa?"

"Yo…yo…." Por primera vez en su vida, Feliciano estaba seguro de que no recordaba cómo hablar. La mano de Ludwig era pesada pero cálida, gentilmente apoyada en su mejilla, alejando cualquier otro pensamiento que pudiera querer interrumpir esa sensación. Tragó saliva y se obligó a responder. "Sí." Fue todos lo que pudo decir. Ludwig retiró su mano, dejando a Feliciano con una sensación de vacio. Cuando Ludwig se levantó, Feliciano tuvo que contenerse y resistir el impuslo que le decía que se levantara y lo detuviera. Que no lo dejara ir. Tenía miedo de dejarlo ir. Miedo de lo que podría significar. "Me veras aquí mañana también, ¿cierto? Claro que sí. Dí que sí. Tienes que decir que sí."

"Trataré. Ya es tarde, deberías volver a casa. Tu hermano y abuelo estarán preocupados." Ludwig se alejó unos cuantos pasos del árbol. "Bella, ciao."

"Bello."

Ludwig se detuvo, pero no se volteó. "¿Cómo dices?"

"Eh, pues…es 'bello'. 'Bella' es femenino. Y yo no soy mujer, Ludwig."

Ludwig se dio media vuelta, despacio, luciendo confundido, triste, y algo emocionado al mismo tiempo. Feliciano de pronto sonrió que había dicho más de lo que quiso. "No, no lo eres." Ludwig sonrió apenas. "Mis disculpas. Bello, ciao."

Esto hizo que el corazón de Feliciano doliera. Lo hizo sentir feliz y emocionado, y asustado, y solitario, e inseguro, y al mismo tiempo tan increíblemente maravilloso. Lo hizo sentir de más maneras de la alguna vez hubiera imaginado sentir. "Auf wiedersehen, sweetheart." Susurró impulsivamente, sin saber si Ludwig lo había oído o no. Lo siguiente fue ver como Ludwig se alejaba a través del campo, dejando a Feliciano sentado solo contra el árbol, sintiendo como si el mundo se acabara porque Ludwig se iba otra vez. El viento empezó a coger velocidad, y se sentía correntoso a su alrededor. No se movió sino hasta que Ludwig se hubo alejado completamente, caminando en dirección de la carretera, y perdiéndose se vista.

Feliciano corrió todo el camino de vuelta a casa, tratando de vencer a la creciente oscuridad, pero para cuando hubo llegado a su patio delantero, ya estaba completamente oscuro. ¡Maldición, qué tarde era!. ¿Cómo se suponía que debía explicar semejante atraso a su abuelo? A medio camino se detuvo, una corriente de terror corriendo por su espalda. Las luches estaban apagadas. La puerta estaba cerrada. El pulso de Feliciano se incrementó hasta que creyó oírlo sonar en sus oídos, sintiéndose enfermo por el miedo que corría por sus venas. Pero cuando finalmente pudo moverse, corrió.

Feliciano abrió la puerta delantera de par en par y corrió hacia el interior de la casa. "¿Abuelo? ¡abuelo! Lovino, ¿estás ahí?" No hubo respuesta. Corrió hacia la vacía cocina, a través del pasillo, chequeó las habitaciones, y corrió por las escaleras hasta llegar al ático. Todo estaba vacío. Corrió desesperado hasta la sala, su respiración acelerándose, con un poco de sudor en su frente y sintiendo nuevamente que todo era irreal. Su mente giró como un torbellino de miedo y pensamientos horribles. Su abuelo y Lovino debieron haber regresado hace horas. ¿y si habían sido capturados? ¿Y si la Policía Secreta los tenía? ¿Y si estaban siendo torturados ahora mismo? ¿O si serían ejecutados en la plaza en la mañana igual que los partidistas que vio hoy? Feliciano no sabía que pensar. Una ola de frio y pánico amenazó con poseerlo y dominarlo.

Su respiración se detuvo cuando escuchó la puerta delantera siendo abierta, se dio media vuelta, encontrándose a su abuelo entrando a través de ella. Sus rodillas temblaron de alivio, pero aun así se lanzó de inmediato a los brazos de su abuelo. Estaba tan aliviado. "!Abuelo! pensé que te habían atrapado, "Pensé que iban a torturarte! ¡Pensé que te dispararían! Pensé… pensé que estabas muerto…. Mi Dios, ¿Dónde está Lovino? ¿Lo atrapó la SS? Oh, mi Dios, ¿Qué vamos a hacer?"

"Feliciano, para, para, ya calmate." Su abuelo lo tomó de los hombros, haciendo que lo mirara. "Vamos, respira. Tu hermano está bien. Todos están bien".

Feliciano asintió en silencio, intentando disipar el miedo aun presente en su cabeza. "Pero es que… es tan tarde y estaba preocupado…."

"Sabes que demoro a veces. ¿Sucedió algo?" roma le dio aquella mirada que siempre usaba cuando sabía que algo estaba mal. Feliciano por su parte, sabía que era inútil tratar de esconderlo. Respiró profundo antes de hablar.

"Hoy en la plaza…. La policía alemana, la SS, ellos… pues… habían dos hombres y…e-entonces…" Feliciano no pudo terminar la oración. Roma suspiró y volvió a abrazarlo.

"Oh, Feli. Lo siento tanto. ¿Acaso viste..?"

"No, Lud… digo, m-me aleje del pueblo c-cuando los vi acercándose. P-pero oí…. Oí todo lo que decían, y escuché disparos y…" Feliciano rápidamente se secó las lágrimas que volvían a brotar de sus ojos. "Pero te traje esto." Sacó el sobre que le habían dado en la mañana y se lo dio a su abuelo. "¿Ves? Hice mi trabajo, tal como dije que haría…"

"Eres un buen chico, Feli. Lo hiciste bien." Roma agarró el sobre y le dio una palmada a Feliciano. "sé que es difícil a veces. Pero tú sabes por qué lo hacemos."

"sí, abuelo. Por una Italia libre." Feliciano rompió el abrazo, sintiéndose culpable de repente. Si tan sólo su abuelo supiera con quien había pasado toda la tarde, no sería tan amable. De hecho asustaba a Feliciano tan sólo pensar como reaccionaría. La situación en la que Feliciano se metía más cada día era realmente peligrosa, imposible. Y lo peor es que no tenía ninguna intención de parar. Incluso en ese momento, sólo podía pensar en ver a Ludwig de nuevo.

Su abuelo le sonrió una vez más, confiado, ignorante.

"Vamos, Feliciano. Prendamos las luches y hagamos la cena."

Feliciano asintió, siguiendo a Roma hasta la cocina. Entonces recordó algo. "Espera. Abuelo, ¿dónde está Lovino?

"Estará aquí pronto. Se demorará más porque se hirió el tobillo." Respondió su abuelo al mismo tiempo que seleccionaba la pasta y tomates que irían a usar.

"¿Se hirió el tobillo?" preguntó, la preocupación llenándolo nuevamente.

"Oh, pero no es nada, realmente." Cogió un cuchillo de la pared y empezó a picar los tomates en trozos pequeños. "Sólo se resbaló de una roca, el muy tonto. A veces le pasa eso. Pero como ya estábamos tarde quería llegar a casa rápido y ver que estuvieras bien, así que deje que Antonio lo ayudara." Roma se detuvo, incluso detuvo el cuchillo en el aire. Congelado. Sus ojos se abrieron de par en par y su rostro mostró desagrado. "hum… tal vez esa no fue la mejor idea.., ahora que lo pienso."

Feliciano contuvo su risa al mismo tiempo que le pasaba un sartén a Roma. Se sintió un poco mal por Antonio, pues sabía a lo que se estaba exponiendo sólo por atreverse a darle una ayudadita a Lovino. Nuevamente su mirada se posó en las manos de su abuelo, y se preocupó por Antonio por un motivo totalmente diferente. "Eh.. abuelo…" Se acercó y tomó el cuchillo de sus manos. "Yo me encargo de los tomates, ¿sí?"


Continuará…


*Albero: árbol.


Bien, un capi mas que termino! Se que mis updates no son muy regulares pero ha habido inonvenientes. Todo el mes será así, pero con suerte en septiembre podre volver a subir regularmente como siempre XD

A los que m dijeron que m recuperara d mi calamitosa situación de la vez anterior, gracias! Son unos amores en verdad ayudo mucho n.n

Agradezco los reviews de todo stedes, si¡ e hacen sentir ganas de seguir con esto n.n

Y algo mas, si les interea me gustaría que leyeran un gerita mio… es más corto y mucho menos wow q este, pero aun así me haría muy feliz que lo lean. Se llama: ¿Qué es amor, Italia? Aki el link:

.net/s/7130684/1/Que_es_amor_Italia

Ciao minna, los amo, aurevoir, hasta la próxima!

Alla prossima! auf wiedersehen! XD

Review?