7.
Ya se había alzado de nuevo, pues no volví a retroceder. Me miraba de una forma tan extraña… tan profunda. Evité de nuevo sus ojos y clavé los míos en la tierra.
Como si hubiesen recibido una orden, los lobos enormes se empezaron a marchar, a desaparecer entre los árboles.
Cuando no quedó ninguno el chico se acercó a mi. Me impresionó lo grande que era, y traté de calcular su edad. ¿18? ¿19?
-¿Cómo te llamas?-me preguntó él, seguramente tenía sus propias dudas.
Vacilé, pues hasta ahora no había dicho ninguna palabra.
-Ronnie.-respondí secamente y un poco temerosa.
Me recordé a mi misma que era increíblemente fuerte, rápida y que nada podía dañarme en lo más mínimo, pero no sirvió de nada.
-¿No sentiste el olor?
La pregunta me tomó por sorpresa.
-¿Olor?-repetí, sin encontrarle ni pies ni cabeza a su pregunta.
-El olor que los vampiros nos huelen…
Suspiré con frustración. No, no lo había sentido.
Sacudí la cabeza.
-¿Quién eres?-pregunté cuando en realidad quería preguntarle ¿Qué eres?
-Me llamo Jacob.-contestó y abrí mis ojos de par en par.
-¡Eres el hombre lobo!-exclamé repentinamente.
-¿Cómo me conoces?-él alzó las cejas, curioso.
-Edward y Bella me contaron que…
-¿Conoces a los Cullen? ¿Y a Bella?-me interrumpió asombrado.
Asentí.
-Vivo ahí, con ellos.
Jacob se rio, aunque me dio la impresión de que para sí mismo.
-¡Hay mucho que aclarar!
Yo estaba de acuerdo.
Ya no le tenía miedo, él no me iba a hacer nada. Sin apresurar los movimientos me senté en el suelo de tierra y le hice ademán de que me imitara. Lo captó al vuelo.
-Empieza tú.-dijo sentándose en frente de mi.
-¿Imprimación?-repetí anonadada.-¿Qué es eso?
Ya le había contado mi historia. Mi transformación, mi estancia en Canadá, cómo conocí a la familia de Edward, cómo me enteré de quien era él.
-¿Y no estabas enamorado de Bella?-me interrumpí a mi misma mi relato.
-Termina tu historia primero.-insistió él.
Seguí, contándole que me había "desmayado", que ellos pensaban que no era una vampira completamente. Que aunque había encontrado a más vampiros, me sentía apartada nuevamente.
-Eso explica muchas cosas.-había comentado él pensativo y yo lo observé curiosa.
Y tras todas las preguntas que había hecho ("Pero, ¿bebes sangre?" "¿Segura que no sentiste mi olor?" "¿Cómo es eso de que sueñas que eres humana?") él había empezado su propia historia.
Me contó todo su problema amoroso entre Bella y Edward. Me contó cuando se hizo un lobo y finalmente empezó a hablarme de la imprimación. Ahí es cuando yo había saltado con la pregunta.
-Es…muy complicado.-admitió él y lo vi fruncir el seño.
-¿Qué es?-insistí intrigada.
-Es… una cosa de lobos.-comenzó y me miró directamente a mis ojos.- cuando uno de nosotros, ve a esa persona…todo cambia. Es como como si ese fuera su centro del universo especifico, como si esa persona lo fuera. Ya no es…-titubeó bajando la mirada.-El centro de la tierra lo que te sostiene.-continuó.-Es ella. Y serías cualquier cosa por ella. Lo único que quieres… es que ella sería feliz.
Me quedé muda. No separé mis ojos de la tierra, pensando en las palabras que me acababa de decir.
-¿Es amor?-me atreví a preguntarle.
-Es…Es algo asi.-pareció quedarse corto.
-¿Te imprimaste de mi?-murmuré muy bajo. Aun así me escuchó.
Con el rabillo del ojo lo vi asentir.
-Por eso es que estaba tan sorprendido, toda la manada lo estaba. Cuando te vi ahí en Canadá, sabía qué eras. Pero cuando te diste vuelta…-soltó.-¿Imprimarse con una vampira? Nunca antes había pasado.-parecía asombrado.-Pero lo que me contaste de ti aclara todo.
-Espera.-interrumpí mareada.-¿Qué tiene que yo sea… lo que sea que soy?
Jacob alzó las cejas.
-Pensé que sabías que los hombres lobos matábamos vampiros.-dijo como quien no quiere la cosa.
Mordí mi labio contrariada.
Él siguió antes de que yo añadiera nada.
-Tú no eres completamente vampira. A veces duermes, y no sientes nuestro olor. Claro, bebes sangre… Pero…pude imprimarme de ti.-dijo al final.
Y yo suspiré.
