8.
Pov. Jacob.
Sus ojos entrecerrados escudriñando el pasto que teníamos debajo nuestro. Pensativa, concentrada. Y mis ojos solo para ella, para no perderla otra vez.
La miré interesado en saber qué estaba pensando. Enterró sus dedos en la tierra inquieta y luego volvió a mirar mis ojos.
Nunca creí, jamás pensé, que unos ojos rojos escarlata de vampiro serían los que me atarían a mi condición de lobo…
-¿Qué ocurre?-solté.
-Estoy tan confundida.-suspiró volviendo a evitar mi mirada.
Tanteé con mi mano hasta encontrar la suya. Me pregunté cómo resultaría mi piel abrasadora sobre la suya, que era tan fría como el hielo.
-Pero todo va a estar bien.-le aseguré.
-Me suena a película.-resopló y sonreí.
-¿Qué es lo que va a salir mal?-le pregunté y me preocupé de no retirar mi mano de la suya. Ella tampoco hizo el intento.
-¿Qué soy?-preguntó cautelosamente después de unos segundos de cavilación.
Me encogí de hombros.
-Eres tú.-contesté con naturalidad. Sonrió y la imité.
Como no añadió nada, pero vi que no estaba conforme con mi respuesta, seguí hablándole.
-¿Qué importa lo que seas? No eres de ellos. Y yo te quiero.
Traté de dedicarle la mejor sonrisa que pude. Me miró unos segundos mordiéndose el labio.
Seguía sin decirme nada al respecto. Me pasé mi otra mano por el pelo frustrado.
Ahí me di cuenta de que Ronnie no me decía que también me quería.
Mi mano soltó la suya de forma automática, por la sorpresa, y un poco por el temor.
-¿Qué pasó?-se preocupó Ronnie.
-Tú…-la miré. ¿Era eso lo que le preocupaba?
-¿Qué pasó, Jacob?-repitió cuando me quedé callado.
-Tú, no me quieres.-dije tembloroso.
Ronnie alzó las cejas y sonrió indulgente.
-Si no te quisiera, ya me habría ido.-aseguró, bastante convincentemente.
Le creí y sus palabras lo fueron todo para mi. Me incliné tomando sus manos y la besé.
Se sorprendió unos segundos más tardes y se alejó con ese aspecto anonadado que me hacía reir. Yo sonreí satisfecho, más contento que ninguna persona que haya pisado este mundo.
-Jacob.-rió Ronnie.
-¿Qué?-reí con ella.
Ella sacudió la cabeza y se levantó.
-Vamos.-dijo sin soltar mi mano izquierda.
-¿Dónde iremos?-pregunté incorporándome también.
-A mi casa.
Arrugué la nariz y cuando jaló de mi mano, no me moví ningún centímetro.
-¿Por qué? No creo que sea buena idea.
Me observó, evaluándome.
-Pero yo quiero que ellos sepan…
-¿Por qué?-insistí, molestándome.
-Porque ellos tienen que saber que estás imprimado…
Sonreí y sacudí la cabeza, tirándole yo su mano y acercándola a mi.
-Yo ya se los he dicho.-le confié.
Hizo un mohín divertido.
-¿Cuándo?
-Creo que fue cuando te habías desmayado.-conjeturé.-Cuando me fui, te oí gritar.
Ronnie se quedó pensando y asintió.
-Ya veo.
Esperé unos segundos a que dijera qué quería ahora. Me echó un vistazo y puso un poco de su cabello rojo detrás de su oreja.
-¿Qué es lo que te preocupa?-pregunté, colocando mi mano en su barbilla para hacer que su mirada no se me escapara.
Me miró, sin tratar de evitarme. Tranquila, o fingiendo estarlo. Si lo fingía, era muy buena.
-Nada, Jake. Enserio.
No le creía, y me estaba matando el no saberlo. Pero todo a su debido tiempo.
-¿Me puedes llevar a La Push?-preguntó titubeante.
-¡Claro!
Antes de que ella dijera algo, me solté de su mano y corrí hacia los árboles donde me había escondido antes. Me aseguré de que no me viera o persiguiera, y me quité los pantalones para amarrarlos en la cuerda de cuero que tenía en mi tobillo. Luego, dejé que la corriente tibia recorriera mi columna vertebral, y un segundo después era un lobo. Justo en el instante en que Ronnie asomó su cabeza por los árboles, curiosa.
-¿Jacob?
Antes de acercarme, dejé que todo lo que había pasado en la última hora inundara mis pensamientos. Todos los de la manada estaban esperando lo que había pasado. Y los informé antes de que me golpearan con todas sus preguntas.
Me alegro de que haya salido bien, Jake me dijo Sam.
Vamos a ir a La Push le informé.
¿La vas a traer para acá? ¿Es que la imprimación te soltó un tornillo, Jacob? Interrumpió Paul, con su humor y tonos de siempre.
Ella no le va a hacer nada a nadie gruñí.
Claro ¡Claro! Defiéndela. Ojalá nunca me imprime. Lo único que hace es volver locos a nuestros...
¡PAUL!
Paul había olvidado que Sam también estaba imprimado. Él notó que había metido la pata. Reí, aunque como lobo solté un ladrido.
-¿Qué es lo que te causa tanta risa?-preguntó Ronnie divertida.
Estaba a mi lado, no lo había notado. Choqué mi hocico contra su cabeza y rió.
-¿Qué pretendes?
Me incliné sobre mis patas delanteras, esperando que entendiera el mensaje.
Me observó por unos segundos y vi cómo comprendía. Se rió.
-Lobos locos.-comentó.
No pueden hacerle nada Le dije a Sam. Más bien, le advertí a Sam.
Ronnie se subió a mi lobo de un salto y abrazó mi cuello peludo.
-Como si no pudiera llegar antes que tú corriendo.-se burló poniéndome a prueba.
No te preocupes Jacob me dijo Sam dentro de mi cabeza Tienen la orden de no hacerle nada.
Bien. Gracias Sam.
Siempre, Jacob.
Y entonces, antes de que Ronnie se preguntara por qué no me movía, empecé a correr a toda mi velocidad hacia nuestro lugar del territorio.
Pov. Ronnie.
-Es muy linda tu casa.-le dije a Jake cuando nos detuvimos en el borde del bosque frente a la casa de mi familia.-Gracias por llevarme. Hay que ir mucho más seguidos.
Me había mostrado todo La Push, la playa de First Beach, su casa, su padre. Algunos de sus amigos que también estaban en la manada, Quil y Embry, que estaban impresionados y también contentos de conocerme. Estuvimos en una roca sentados mientras Jake me contaba sobre la manada, sobre lobos que escuchaban sus pensamientos, sobre todo. Y luego le pedí si podíamos volver, porque yo estaba un poco preocupada por lo que pensarían en casa. Estaba siempre dispuesto a hacer todo lo que yo le pedía. Llegué a preguntarme qué pasaría si le pido que se aleje de mi.
Bueno, eso no iba a pasar de todas formas. Me gustaba Jake…
Él sonreía, complacido.
-De nada, Ronnie.
Levantó mi mano helada, dura y pálida y la besó.
Me gustaba cómo iba avanzando esto.
Me puse de puntillas y besé su mejilla.
-¿Nos vemos?-sonreí y él, como siempre, me devolvió la sonrisa.
-Hecho.
Solté su mano y un segundo después ya estaba en la puerta de la casa. Edward me abrió.
-Tienes que contarme todo.
Miré por encima de mi hombro, pero Jake ya no estaba. Volví a girarme y solté un suspiro apesadumbrado.
La preocupación que le estaba ocultando al hombre lobo afloró y entré a la casa.
-¿Qué pasó, Ronnie?-intervino Alice más preocupada.
-Tengo que saber qué soy, Alice.
