Feliciano se encontraba recostado en un amplio campo de césped bañado por el sol, Ludwig estaba a su lado, sonriendo; un rayo de luz anaranjada hacia que su cabello tornara a color oro. En un suave movimiento tomó a Feliciano, acercándolo hacia él con brazos cálidos, fuertes. Feliciano contuvo la respiración, y corrió sus dedos por el dorado cabello de Ludwig. Se estremeció cuando sintió los labios de este recorrer su cuello. Alrededor suyo todo era silencio…. Como si no existiera nadie más en todo el mundo. Feliciano hizo su cabeza para atrás y gimió despacio. "Ludwig..."
Un sonido ensordecedor resonó en sus oídos y Feliciano abrió los ojos de par en par, disgustado por la suave luz que entraba por la ventana. Le tomó un par de minutos recordar donde estaba, y cuando lo hizo, pudo escuchar la agitada respiración de Lovino rompiendo el silencio de la habitación. Se dio media vuelta para observar como Lovino cojeaba de la puerta al armario, tomaba el tomate de vidrio que Antonio le había dado, y lo tomaba firmemente en su mano, sólo para arrojarlo con toda su fuerzas al segundo después. Feliciano lo miró confundido y se obligó a sentarse, dejando atrás los últimos vestigios de sueño. "Lovino, ¿Qué estás haciendo?"
Lovino ni siquiera lo tomó en cuenta. Sólo se hincó de rodillas, con linterna en mano, y empezó a buscar entre los pedazos de vidrio roto hasta encontrar algo. Levantó el pequeño objeto hacia la luz y lo observó con fijeza, sin moverse, casi sin aliento, antes de cerrar su mano sobre el y llevarlo a su pecho. Sin pensarlo, rió con amargura. "Bastardo."
Feliciano se levantó de la cama, confundido y preocupado. "¿Qué es eso?"
"Nada. No es nada. Absolutamente nada." Lovino se llevó las manos a su cabeza brevemente. "oh. Dios, no es nada…., en verdad."
Feliciano se arrodilló alado de él, tomando su mano y abriéndola para ver que contenía. Adentro se encontraba un anillo de plata, sencillo. Feliciano lo tomó y lo sostuvo ante la luz, sin que Lovino reclamara, con cuidado examinándolo entre sus dedos. Había letras en el interior. Feliciano leyó en voz alta, aunque estaba en otro idioma. "Maite Zaitut. ¿Qué significa?"
"Nada." Lovino repitió con firmeza. "Sólo olvidalo." Le arrebató el anillo de las manos y lo guardó en su bolsillo violentamente. "Sólo olvida que lo viste, y yo lo olvidaré también, y ambos olvidaremos que esto alguna vez pasó." De alguna manera Feliciano sintió que ya no hablaba del anillo.
"¿Qué olvide lo que pasó? Lovino, ¿Qué pasó?"
Lovino sacudió la cabeza y se puso en pie. "Nada." Repitió.
"¿Qué hora es¡ ¿Por qué llegas tan tarde? ¿Y Antonio? ¿Dónde está? El abuelo dijo que te habías lastimado el tobillo, ¿estás bien? Parece que estuvieras a punto de caer.."
"Feliciano," dijo Lovino mientras cojeaba de vuelta a su cama. "es hora de dormir."
Feliciano asintió si muchas ganas, dándose cuenta que Lovino no hablaría más por ahora. "¿Al menos me dejas curarte el tobillo? Puedo ponerte vendas…? Lovino respondió, pero el sonido fue ahogado por una almohada. "¿Cómo dices?"
"Dije, que Antonio ya lo hizo. Ahora, duérmete."
Feliciano sonrió. Rápidamente barrió los vidrios rotos y los desechó, un poco decepcionado mientras lo veía caer en el tacho. Era una lástima que Lovino hubiera tenido que romper algo tan hermoso sólo para descubrir que contenía. Maite Zaitut. Tendría que averiguar que significaba. Feliciano suspiró y se trepó a su cama, esperando poder regresar al mismo sueño del cual se había despertado.
El viento helado acompañaba a Feliciano mientras caminaba por la fría brisa matutina. El invierno hasta ahora había sido bastante templado, y aunque el día anterior había estado bastante caluroso, la temperatura había cambiado abruptamente en la noche. Feliciano incluso podía ver la nieve coronando las montañas. Junto con la nueva brisa, nubes oscuras se habían apoderado del horizonte, y Feliciano las miraba intranquilo mientras caminaba por la carretera. Nunca le habían agradado las tormentas de invierno; con la lluvia congelante, la luz cegadora de los rayos y los truenos que hacían eco en las montañas y regresaban aún más potentes. Cuando Feliciano era niño, Roma solía decirle que los truenos eran los Dioses luchando, y eso lo asustaba aún más.
Feliciano estaba bastante seguro de que Ludwig no lo estaría esperando tan temprano, pero aun así se dirigió al árbol de siempre. Cuando distinguió aquella silueta de cabello rubio y uniforme militar a la distancia, su corazón dio un vuelco, y corrió.
"!Ludwig! Ludwig, ¡viniste!" Feliciano se tropezó al mismo tiempo que llegaba al árbol y reía sin aliento, Ludwig atrapándolo para que no cayera.
"Con cuidado." Dijo Ludwig, pero sus labios sonrieron levemente.
"Estaba preocupado de que no regresa-" Feliciano se detuvo. "Estaba preocupado de que estuvieras muy ocupado."
"Estoy ocupado… pero no lo suficiente para no venir." Ludwig se encogió de hombros impotentemente. "Sólo una cosa me impediría venir."
Esas palabras hicieron que Feliciano se estremeciera, llenándolo de horror. No quería preguntar cuál sería esa cosa… no quería pensar en eso hoy. Hoy, quería olvidarse de los peligros, de lo que es correcto, y lo que no. hoy, sólo quería estar con Ludwig. Miró hacia abajo y notó con una sacudida, que Ludwig aun lo sostenía de los brazos. Ludwig se dio cuenta igual, y bajo sus manos de inmediato, su rostro volviéndose rojo. "L-lo siento, yo…"
"Ven conmigo." Feliciano no dio tiempo a que Ludwig terminará su oración, pensara demasiado y terminara avergonzado. "Quiero enseñarte un lugar." Tomó la mano de Ludwig , dio media vuelta, y empezó a caminar a través del campo. "Te gusta caminar, ¿cierto? Eso es bueno, ya que está un poco lejos. Ah, pero no te preocupes, llegaremos antes del mediodía… ¡No voy a llevarte a las montañas, Ludwig!"
"Eh… ¿A dónde vamos?" pregunto Ludwig intentando esconder su sorpresa.
"!Si te dijera no sería sorpresa!"
"¿Es sorpresa?"
Feliciano rió alegremente. "!Lo es ahora!" de hecho Feliciano no estaba seguro de a dónde iban. Pero estaba seguro de que encontrarían el lugar perfecto. Un lugar donde nadie pudiera encontrarlos, donde solo ambos existieran. Un lugar lo suficientemente lejos, que para cuando hubieran ido y regresado, hubieran pasado todo el día juntos.
Usualmente este campo estaría bien podado, pero últimamente no había habido tiempo para esas labores. El césped verde se alzaba hasta sus rodillas, volviéndose amarillo cuando el sol ocasionalmente se asomaba entre las oscuras nubes. Feliciano estaba aliviado de ver que las más oscuras permanecían a la distancia.
La mano de Ludwig permanecía calida y firme en la suya, mientras caminaban lado a lado, y se preguntaba si también hoy se perdería de ir a la tienda. Y en verdad, eso esperaba. Después de todo, ¿Cómo podría no preferir pasar el día paseando por el campo, cogido de manos con Ludwig? Se sentía como si pudieran seguir avanzando… avanzando hacia las montañas, lejos de todo y todos…, y nunca regresar. Le echó un vistazo a Ludwig, sólo para encontrarlo mirando también. Ambos apartaron la mirada rápidamente.
"El clima ha cambiado bastante." Dijo Ludwig de manera atropellada.
"Dicen que habrá una tormenta antes de primavera." Feliciano se detuvo al recordar que aquella oración era el código que había usado el día anterior. Nerviosamente miró a Ludwig, pero este pareció no notar nada inusual.
"Así parece. ¿Tienes frio?" preguntó Ludwig.
Feliciano negó con su cabeza y sonrió feliz ante la preocupación de Ludwig. "No, estoy bien."
Ludwig asintió. "¿Y…cómo estás? Después de lo de ayer, me refiero. ¿Estás bien, Feliciano?"
Feliciano recordó de pronto los eventos en la pequeña plaza y deseo no haberlo hecho. Se suponía que hoy debía olvidarse de todo. "Pues…sí. Gracias por haber estado ahí para…. Pues… gracias por haber estado ahí." Como Ludwig aún no había soltado su mano, Feliciano se aferró con más fuerza.
"No quería verte así. Tú…. No deberías tener que ver cosas así." Feliciano sintió su corazón saltar, sin embargo mantuvo la mirada en el piso bajo sus pies. El silencio reinó después de eso, por unos minutos. "No todos somos así, ¿sabes?" dijo Ludwig al fin, casi susurrando.
"Lo sé. Por supuesto que tú no eres así." Si Feliciano estaba seguro de algo, más allá de cualquier duda existente, era que Ludwig era uno de los mejores que había conocido, ciertamente. Compararlo por un momento con esos policías en la plaza, cuyo trabajo era torturar y matar, era impensable. "Eres un buen hombre, lo sé."
Ludwig lo mira a prisa, luciendo algo indignado. "Siempre he podido controlar las cosas. Pero aparentemente no soy lo suficientemente fuerte para controlarlo todo…"
"Pero que cosas dices, Ludwig… Nadie puede controlarlo todo, sin importar cuan fuertes sean. Ni siquiera mi abuelo Roma, y eso que él es el hombre más fuerte que conozco. Una vez un tractor se averió en el campo, y él lo empujó todo el camino de vuelta, conmigo y Lovino encima, gritando para que fuera más rápido."
"Suena parecido a mi abuelo."
Feliciano siempre era feliz escuchando así sea las losas más pequeñas de la vida de Ludwig. Trató de imaginarse al abuelo de Ludwig… si sería alto y fuerte, y apuesto, como él, o si sería tan diferente como Roma era de Feliciano. "Tal vez nuestros abuelos serían amigos si se conocieran."
Ludwig se encogió de hombros, pero no lucía muy convencido. "Quien sabe."
El césped iba reduciendo su tamaño al mismo tiempo que se acercaban al borde, cada vez más corto bajo sus pies. Montones de árboles adornaban el paisaje en frente de ellos, las montañas se alzaban en la distancia, y las pequeñas colinas a los lados eran verdes, parchadas de rojo y amarillo y morado. Ludwig permaneció callado casi siempre, dejando que Feliciano divagara al andar, señalando partes del recorrido al pasar, y mientras empezaban a ascender por colinas. El tanque que había estado varado en la carretera por un año ya, las afueras del pueblo en la distancia, granjas y sembríos haciéndose cada vez más pequeñas conforme subían.
Con su cabeza dando vueltas, su estómago haciéndose nudo, y la adrenalina corriendo por su cuerpo, Feliciano sentía los peligros y preocupaciones derretirse detrás de él mientras caminaba lejos de todo con Ludwig. Se sintió casi soñando cuando observó ambas manos aun sujetas… Ludwig no se había soltado. Hizo que Ludwig sostuviera su canasta antes de inclinarse y recoger una flor. De ahí, con cuidado la colocó en la chaqueta de Ludwig. "Ese es un giglio bianco." Ludwig sonrió, y Feliciano se sintió aún más feliz.
"Lirio blanco."
"Esatto!" exclamó Feliciano, sonriendo también. Empezó a enumerar los nombres de las flores que reconocía mientras pasaban. "Y ese es un agno casto, y esas son valeriana rossa. Y, oh, aquí, estas las tenemos en el jardín." Feliciano arrancó una ramita de romero y la colocó junto al lirio. "Se llama rosmarino."
"Son para el recuerdo." Murmuró Ludwig. Feliciano lo observó confundido. "Sale en Hamlet, una obra de Shakespeare." Explicó.
"!Oh!" exclamó Feliciano entendiendo. "Sí, Roma nos leyó eso un par de veces. "Para que tú, amor, recuerdes." Sonrió pensativo. Su abuelo siempre solía leerles obras de Shakespeare. Aunque eso era antes, antes de que la guerra empezara y hubiera cosas mucho más importantes que hacer. "Bien pues, Ludwig, así no me olvidarás!"
"Feliciano, no necesitó una rama de romero para recordarte. Nada jamás podría hacerme olvidarte." Feliciano rió contento al mismo tiempo que Ludwig se aclaraba la garganta, rápido cambiando el tema. "¿Seguro no tienes frio?" preguntó de nuevo.
"No es tanto mientras caminas." Feliciano miró a Ludwig extrañado. Él ya había hecho esa pregunta. "O…¿o es que tú tienes frio?
"No. tus inviernos son bastante templados comparados con los míos."
"¿En serio? ¿Acaso llueve bastante, como en Inglaterra? ¿Tienen mucha nieve? ¿Ah? Oh, Ludwig, ¡mira! ¡Detengámonos aquí!" Feliciano avistó un pequeño matorral, rodeado de árboles, que lucía como una pequeña isla oscura en medio de un mar de verde claro. Rápidamente arrastró a Ludwig con él. Era menos brillante bajo el follaje de los árboles, pero rayos dorados lograban filtrarse entre las hojas, dando acabados de sombra y dorado. Fue en eso cuando finalmente Feliciano soltó la mano de Ludwig, sólo para empezar a recoger hojas y caminar perezosamente. "¿Lo extrañas?" preguntó con curiosidad, mientras torcía una rama entre sus dedos. "¿Tu hogar?"
"Desde luego. Y mucho. Extraño a mi abuelo, y a mi hermano." Ludwig seguía a Feliciano a corta distancia mientras esquivaban las ramas más bajas de los árboles. Parecía como so hoy estuviera simplemente dispuesto a seguirlo donde fuera.
"¿Y a tus amigos?"
Ludwig se rascó la nuca nervioso. "Nunca he tenido muchos amigos."
Feliciano estaba sorprendido. "¿En verdad?"
Ludwig sacudió la cabeza. "Gilbert siempre era el popular. Por lo general la gente parecía asustarse de mí, o algo. Supongo que no habló lo suficiente…." Ludwig se encogió de hombros. " La verdad no lo sé."
Feliciano encontró extraño aquello. A él todo le daba miedo usualmente… y aun así, Ludwig no lo asustaba en absoluto. Se agachó y arranco otra ramita de los arbustos. "Yo tampoco soy muy bueno haciendo amigos. Aunque en mi caso, no es porque no hable… más bien creo que ese es el problema. Es decir, siempre intento ser gentil con las personas, pero al final siempre terminan diciendo 'Cállate' o '¿Por qué eres tan irritante? O 'En verdad no te pareces en nada a tu abuelo, ¿cierto?' … o si no, simplemente me miran extraño y se van. Aunque tú nunca lo haces, claro. Nunca me dices que me calle."
"Eso es porque no quiero que te calles."
Parecía como si Ludwig siempre supiera que exactamente que decir para hacer el corazón de Feliciano contraerse y sus rodillas temblar. Rápidamente se volteó, intentando ocultar la boba sonrisa que se había extendido en su rostro, y continuaba recogiendo ramas. Llegó hasta un árbol donde la rama estaba muy alta, así que saltó varias veces, sus dedos extendiéndose para alcanzar la rama a sólo centímetros de distancia. Pronto su estómago se contrajo cuando escuchó las pisadas de Ludwig detrás de él. Podía respirar la familiar esencia que emanaba de la chaqueta de Ludwig, podía sentir su presencia a sólo centímetros de su espalda. Era casi como una descarga eléctrica. Ludwig se empinó, rozando con su brazo el hombro de Feliciano, y arrancando la pequeña rama del árbol, para después depositarla en la temblorosa mano de Feliciano. Feliciano sólo la observó, sintiéndose mareado, de repente sintiendo esa abrumadora necesidad, el desesperado deseo de tocar a Ludwig. Se dio media vuelta, casi tambaleando. Ludwig estaba tan cerca suyo. Pero no era suficiente. Feliciano se empinó igual y colocó la rama en la camisa de Ludwig, dejando sus dedos reposar sobre su pecho un poco más de lo debido. Ludwig alzó una ceja.
"Pronto tendré una jardinera en mi camisa."
Feliciano rió al mismo tiempo que se obligaba a bajar las manos y mirar el piso. Trató de inhalar hondo, trató de recordar cómo. Tomó un paso nervioso hacia atrás y tembló.
"¿Seguro que no tienes frio?" preguntó Ludwig.
"No,! dijo Feliciano, de pronto escondiendo sus temblorosas manos en sus bolsillos.
Ludwig parecía no muy convencido, sin embargo. "Tu chaqueta no se ve muy cálida."
"Tan solo es más frio bajo los árboles, eso es todo…" ¿Por qué Ludwig seguía preguntándole si tenía frio?
Feliciano escuchó un forcejeó, y alzó la mirada para ver sorprendido como Ludwig se quitaba la chaqueta. Poniéndose rojo, extendió la mano, chaqueta en ella, observando sus pies todo el tiempo. "Toma."
Oh… porque quería darle su chaqueta. Feliciano se mordió el labio. Era un gesto tan cursi… como algo que haría el abuelo Roma para impresionar a las chicas del pueblo. Y aun así, Feliciano sintió como su mundo giraba, su pecho quemaba, y sus labios formaban una sonrisa incontenible. El insistente gesto lo había llenado de una felicidad casi ridícula.
Y entonces miró la chaqueta. El gris militar, las decoraciones en el pecho, las líneas en los hombros, las insignias en el cuello. El lirio y el romero, el Águila y la esvástica. Su estómago se contrajo. ¿Podria ponérsela? ¿y qué significaría eso? Antes de que pudiera aclarar su mente, Ludwig dio un paso al frente, y puso la pesada chaqueta sobre sus hombros. Feliciano pegó un respingo, inhaló profundo, llevando con el aire la tibia esencia. La chaqueta se sentía pesada, y era demasiado ancha para sus hombros. Se rió cuando al pasar los brazos por las mangas, sus manos no llegaban al fondo. Sin dejar de sonreír, miró a Ludwig. Ludwig lo miró de vuelta, sus ojos celestes brillaban. Y Feliciano supo que estaba bien. Porque en ese momento no era una chaqueta militar. Era la chaqueta de Ludwig.
"Ya casi llegamos, Ludwig." Dijo Feliciano, aun sin saber a dónde iban. Aun así, sólo sujetó la ,mano de Ludwig de nuevo y lo sacó de la sombra, hacia el sol y sobre la verde colina. Siguieron subiendo al mismo tiempo que el sol se elevaba y el frio iba desapareciendo. Feliciano no estaba seguro de dónde provenía el calor que sentía: si del sol, la chaqueta, o la mano de Ludwig sujetando la suya inmóvil.
No les tomó mucho hasta que Feliciano encontró un destino aceptable. Un edificio en ruinas asentado en la cima de la montaña. El techo de la vieja estructura, que alguna vez fue una iglesia, se había derrumbado hace ya mucho tiempo. Sólo unos pocos pilares y remanentes de bloques de piedra quedaban, esparcidos en el suelo. Césped y hierbas crecían entre las ranuras de los bloques y se enredaban alrededor de las ventanas.
Feliciano saltó encima de unas cuantas ruinas cercanas, al mismo tiempo que Ludwig lo sostenía de la mano. Apuntó hacia los campos que se extendían bajo ellos, las casas, los caminos y edificios que a la distancia se veían como un pueblo de muñecas. "Mira, Ludwig, ahí está nuestro árbol de roble."
"Sí, es muy hermoso." Dijo Ludwig, sin mirar el paisaje, alzando la vista a Feliciano. "Ten cuidado."
"No seas tonto, Ludwig, me estás cogiendo de la mano, no me voy a caer. Y si así es, me atrapas." Feliciano caminó por encima del muro derrumbado, sosteniéndose de la mano de Ludwig, hasta encontrar un sector donde altos escombros bloqueaban la luz solar. Feliciano sonrió y miró a Ludwig, quien se veía algo preocupado. "Cuéntame más de tu país, cuéntame más de donde vivías."
"De acuerdo, pero solo si te detienes y bajas ahora mismo, antes de que te pase algo."
Feliciano rió y dejó que Ludwig lo ayudara a bajar. Se sentó en la arruinada pared y le indicó a Ludwig con señas que hiciera lo mismo. "¿Entonces?"
"Pues…" comenzó Ludwig mientras se sentaba. "Es pequeño. Y muy parecido a lo que tienes aquí… fincas, y campos y árboles. Y es bastante antiguo también… me parece que hay castillos que datan del sigo quince… También hay una cantina, a la que solía ir todos los domingos con mi familia después de la misa." Ludwig sonrió a penas. "Toda nuestra vida ha sucedido en esa cantina. Y todos se conocen. Nos hemos conocido toda la vida. Es cálido y agradable. Es maravilloso. Es casa."
"Me gustaría conocer eso algún día." Un bajo, ahogado sonido, rompió la quietud de la mañana. El familiar sonido de bombas en la distancia resonó en las montañas, pero Feliciano lo ignoró por completo. "¿Podemos ir algún día, Ludwig?"
Ludwig cerró sus ojos por un momento. "Sí… podemos ir, algún día." En ese instante el sol atravesó las nubes, elevándose por sobre las ruinas atrás de ellos, brillando cálidamente, iluminando el verde césped, las arboledas, los parches de color, los amplios campos, y las casas colina abajo. Observando el hermoso paisaje, Feliciano podía entender el amor de Ludwig por su hogar; su necesidad de lucha por protegerlo, servir en su nombre. Feliciano lo entendía perfectamente.
"Apuesto a que tu pueblo es hermoso así como este, Ludwig." Dijo Feliciano en un suspiro. Lindo, hermoso, glorioso… al igual que este día, que el quería durara por siempre. "!Oh, ya se! ¡Le tomaré una foto de recuerdo! Y luego te la daré, ¿si?" Feliciano rápidamente sacó su cámara de la canasta que Ludwig sostenía. La alzó y la apuntó hacia la impactante vista en frente de ellos. Ludwig se inclinó para tener un mejor ángulo.
"¿Y eso?"
"La cámara de mi abuelo, ¿no es genial?" la cámara en sí era para situaciones especiales en las que tuviera que tomar fotos de posiciones estratégicas. Feliciano sin embargo, gustaba de tomar fotos de pájaros y flores y chicas lindas. "Lovino me enseño a revelar las fotos y todo. ¡Sonrie!" Ludwig no sonrió, pero Feliciano le tomó la foto de cualquier manera. "Bien, ahora tomame tú una."
Feliciano presionó la cámara en la mano de Ludwig, tratando de no pensar en la ironía de darle a un alemán una cámara que se suponía debía ser usada en su contra. Sólo sonrió, casi riendo cuando la foto fue tomada. "La revelare hoy y te las enseñaré mañana." Feliciano esperó que Ludwig le devolviera la cámara, pero solo la examinó entre sus manos, observándola con cuidado. Y aspi fue hasta que Feliciano le echó una mirada confundida.
"Esta es una buena cámara. Una de las mejores, de hecho."
"¿En serio? Realmente no sé mucho al respecto… aparatos como eso suelen confundirme. Ni siquiera puedo hacer que la radio funcione como se debe… casi siempre término oyendo gente gritando en ruso. Y la primera vez que me dejaron usar un teléfono, termine teniendo una conversación de media hora con un hombre en Dublín. Era muy amable pero seguía llamándome Fred." Ludwig rió, y Feliciano sintió su corazón acelerarse. Muy raras veces oía esa maravillosa, profunda risa.
"Bien, en todo caso es una excelente máquina." Ludwig regresó la cámara a la canasta. "Y tú eres un extraño, maravilloso hombre, Feliciano. Tú eres…" Ludwig lo observó, de esa manera que confundía a Feliciano, lo fascinaba, y lo ponía nervioso, todo al mismo tiempo, haciendo que el mundo a su alrededor se detuviera. "Haces que me cuestione todo lo que alguna vez creí saber."
"Hum… ¿Lo siento?" dijo Feliciano, sin saber si esa era la respuesta correcta.
"No lo hagas." Ludwig sonrió, y Feliciano no pudo contener su alegría, tanto que estaba casi seguro de que explotaría de felicidad pronto. No era posible sentirse así solo por estar sentado, hablando con alguien, y de hecho, Feliciano no podía recordad ningún otro momento en el que se hubiera sentido más feliz. Había sido un espléndido día. Se preguntó si así era como Lovino se sentiría alrededor de Antonio si tan solo se calmara un poco… lo que le recordó…
"Ludwig," dijo Feliciano mirándolo. "Maite Zaitut." Ludwig pasó de blanco, a rojo, a pálido, y hasta pareció que iba a caerse. Empezó a tartamudear una respuesta, pero Feliciano lo interrumpió primero. "¿Sabes lo qué significa?" Ludwig hizo un pausa, cerró los ojos, y exhaló prolongadamente.
"Oh...ya veo." Sacudió su cabeza casi riendo. "¿Cómo así preguntas?"
"¿Sabes lo que significa? Creo que podría ser catalán…."
"Casi. Es vasco. Un dialecto español."
Feliciano estaba asombrado. "¿Por qué nunca me dijiste que hablas vasco? Eso no es justo, Ludwig, así es lógico que aprendas tan fácil el italiano cuando a mí el alemán se me hace tan difícil…"
"No hablo vasco." Lo interrumpió Ludwig. "Es sólo que mi hermano y yo teníamos un amigo que era español, y él sabía todos esos dialectos. Antes de la guerra, nos enseñó unas cuantas palabras."
"Oh." Feliciano casi sintió vergüenza. A lo cual no estaba acostumbrado. "Pero entiendes 'Maite Zaitut'?"
Ludwig se puso rojo de nuevo. "Bueno pues, quiere decir… aunque puedo estar equivocado, claro… quiere decir 'te amo'." Tradujo apuradamente. Feliciano no estaba seguro de haber escuchado bien.
"Oh…" Feliciano miró hacia el cielo. "Te amo… ¿en serio?"
"Sí." Ludwig se movió incómodo y arregló su cabello como si de un tic se tratara.
"Oh." Así que Antonio amaba a Lovino. Feliciano no estaba realmente sorprendido. Aunque eso seguro explicaba muchas cosas. Y además era bastante obvio, si lo pensaba. No había dudas de por qué Roma estaba preocupada. Tal vez temía que Lovino escapara con Antonio a España. Dejo de pensar en eso y le echó una mirada a Ludwig, quien no apartaba los ojos del suelo. "'¿Cómo dices 'te amo' en alemán?"
"Bien, pues…es.." Ludwig quedó rígido y tomó una inhalación profunda. "Ich liebe dich." Respondió Ludwig tan despacio que Feliciano apenas pudo oírlo.
"¿Disculpa?"
Ludwig miró hacia los campos, luego apretó su mano en un puño y finalmente se giró para estar cara a cara con Feliciano. "Ich liebe dich."
Feliciano se paralizó, capturado por esos ojos más claros que el cielo. Ludwig estaba tan cerca. Tan cálido. Tan real. Tan todo… "Ti amo." Ludwig se sonrojó aún más y Feliciano tartamudeó un poco, tratando de excusarse, ya que se dio cuenta que lo decía en serio. Lo decía en serio, como nada que hubiera dicho antes. "E-en italiano es 'Ti amo'."
"Ti amo."
Feliciano se estremeció al oír esas palabras, aunque sabía que Ludwig tan solo repetía. Un silencio familiar se posó a su alrededor, cargado de esperanza y tensión, confusión e incertidumbre. Fue abruptamente cortado que un rugir potente atravesó el cielo. Feliciano alzó la mirada, y vio como varios aviones sobrevolaban en formación triangular por sobre sus cabezas. Aun no se había acostumbrado al hecho de que últimamente había aviones sobrevolando a cada hora.
"Esos son nuestros." Dijo Ludwig, con una pequeña muestra de orgullo y alivio en su voz.
"Wow." Dijo Feliciano, observando a los aviones desaparecer en la distancia tan rápido como aparecieron. "¿Es así como se ve tu avión, Ludwig?"
"Sí,"
"¿Cómo se siente volar en uno de esos?"
"Es como…" Ludwig pausó por un momento, buscando las palabras adecuadas. "No hay palabras. Ni en ingles ni en alemán ni en español. Es… indescriptible."
"Lo amas. Amas volar." Era obvio cuando Ludwig hablaba de algo importante. Sus ojos brillaban con más intensidad y su rostro se emblandecía. Era absorbente.
"Lo es todo para mi."
Todo. Feliciano asintió y sin notarlo arrancó una rama que crecía en la pared. Escuchaba el gentil sonido del viendo silbando entre la hierba mientras el sonar de los aviones desaparecía por completo. Entonces respiró profundo, habiendo decidido algo. Algunas cosas simplemente valen el riesgo… "¿Tienes una novia, Ludwig?" Estaba bastante seguro de que Ludwig ya la hubiera mencionado de haberla tenido, aun así Feliciano no encontraba otra forma de preguntar lo que quería saber.
"No." dijo Ludwig firmemente. "La única chica en mi vida es mi Messerschmitt."
"¿Quién es Mrs. Schmitt?"
Ludwig casi rió. "No, no. me refiero a mi avión. Es un Messerschmitt Bf 109. Su nombre es Greta, y es una ella."
"¿Tu avión se llama Greta?"
"Sí."
"Greta Schmitt."
Esta vez Ludwig si rió, y con ganas. "Sólo Greta. Todos nombramos a nuestros aviones… Son muy especiales para nosotros."
"Oh. Pero entonces no hay ninguna chica…especial, ¿cierto?" Feliciano estaba consciente de que se metía en aguas peligrosas, pero no se iba a detener.
Ludwig respondió despacio. "No."
"¿Cómo así?"
Los ojos de Ludwig parecieron alarmarse, mirando aprensivamente a Feliciano. "¿A qué te refieres?"
"!Nada!" dijo rápidamente, inclinándose hacia atrás, alarmado. Así que Ludwig en verdad podía ser intimidante…" NO quise… es decir, es sólo que.. tú eres tan agradable y todo, así que pensé que tendrías novia… Lamento si te moleste, realmente no lo pensé bien."
Su mirada se atenuó y suspiró, mirando al piso. "No, lo siento. Yo, simplemente… n-no tengo una novia."
"¿Y por qué? Preguntó Feliciano con cuidado."
"Porque bueno…" dijo poniéndose en guardia de nuevo, muy lejos de lo relajado que estaba en la mañana, y muy lejos de su usual autocontrol. "No es nada, solo olvidalo.!
El corazón de Feliciano empezó a latir nervioso. "Pero.. suena como si hubiera una razón. Por favor, sólo dime."
"Por favor, Feliciano." Sus ojos se veían como intentara no entrar en pánico. "Sólo olvidalo, si?"
"No quiero olvidarlo. Hay algo importante que quieres decir, pero que no lo dices. ¿Qué es?"
Ludwig no respondió en seguida. "Nunca lo entenderías." Dijo finalmente.
"Tal vez…" un pequeña esperanza, una pequeña sospecha empezó a correr por su cabeza, latiendo en su pecho con fuerza. "Tal vez podría entender….si me dijeras."
El silencio fue absoluto cuando sus ojos se encontraron. Feliciano sentía como si estuviera al borde del abismo y no se pudiera mover, inhábil de alejar la mirada, con su respiración acelerándose y el aire llenándose de tensión alrededor de ellos. ¿Cómo es que el tiempo siempre parecía detenerse cada vez que Ludwig lo miraba de esa manera? Finalmente Ludwig apartó la mirada, con una expresión dolorosa reflejada. "Tal vez te lo diga… otro día."
Feliciano se relajó al mismo tiempo que exhalaba aliviado. "Oh" aun así, estaba lleno de frustración y decepción una vez más. Ni siquiera sabía que estaba esperando oir, pero seguro no era esto.
"Te lo explicare, ¿Sí? Es sólo…" Ludwig se inclinó hacia el frente, con sus codos en las rodillas y dejando reposar su cara entre sus manos. "Tengo que pensar."
"No importa, Ludwig. Puedo esperar. No me molesta esperar, de hecho." Con una mano temblorosa Feliciano puso su mano en la de Ludwig, de alguna manera esperando que él se negara. Pero inmediatamente Ludwig sujetó con su mano con fuerza. "Esperaría por siempre."
Las horas pasaron volando, como si fueran segundos, al punto de que Feliciano notara con disgusto que el sol ya estaba descendiendo. No quería que eso pasara. No quería que el día acabara. Nunca quería abandonar ese lugar. En verdad, estaba empezando a amar esos lugares… sitios mágicos en medio del campo, donde sentía que el mundo se detenía, y lo único que importaba era el césped bajo sus pies y el cielo sobre su cabeza. Sitios como pequeñas arboledas y el roble y campos dorados a su alrededor. Sitios en donde podía sentarse y hablar con Ludwig como si estuvieran en otra parte, en un lugar donde solo ellos dos existían, donde no eran enemigos y donde había guerra ni Resistenza, y donde nunca se pusiera el sol, para que Ludwig no tuviera que irse.
"No iras a la tienda hoy tampoco, ¿verdad?" La voz de Ludwig sacó de su ensoñamiento a Feliciano.
"No." Feliciano no sabía que diría su abuelo ahora que no había ido en tres días seguidos a la tienda. Y tampoco sabía como podría explicarlo. Y tampoco estaba sorprendido de que realmente no le importara nada de eso.
"Es mejor que regresemos."
La familiar sensación de depresión se asentó en el estómago de Feliciano. "Claro."
Ludwig se puso de pie despacio, ayudando a Feliciano a hacer lo mismo de mala gana. Comenzaron a caminar de vuelta despacio, en silencio. No necesitaban hablar. Era una de las primeras veces en la vida en que Feliciano estaba completamente cómodo caminando a lado de alguien en silencio. Y asi fue mientras atravesaban los arrozales, bajaban la colina, llegaban a la explanada, y empezaban a disminuir el ritmo mientras se acercaban al conocido árbol de roble. Fue recién cuando llegaron al árbol que Feliciano habló. "Oh... creo que perdí tu flor…" mientras bajaba la mirada y se quitaba la chaqueta de Ludwig.
"Está bien, aun tengo la otra que me diste." Feliciano lo miró sorprendido. "La flor roja… la del otra día." Le explicó Ludwig. "La tenías en el bolsillo."
Los ojos de Feliciano parecieron comprender. Su pecho se llenó de alegría, por el hecho de que Ludwig hubiera guardado algo tan pequeño como eso. "¿Aun la tienes?"
"Desde luego. La tengo conmigo en mi avión, Greta. Es mi amuleto de la suerte."
Pero esa alegría se tornó en dolor cuando alzó la mirada y miró a los ojos a Ludwig. Porque sabía que Ludwig lo dejaría de nuevo, y Feliciano no sabía si volvería a verlo. Y si lo hacía.. ¿Volvería herido? Quien sabría. Se deshizo de la chaqueta de Ludwig, sintiéndose frío de inmediato. Vacío. Le extendió la chaqueta casi sin ganas. "Ten cuidado esta noche. Regresa por mí. Por favor. Mañana."
Ludwig asintió, sus ojos oscuros y en conflicto. "Sí. Feliciano. Mañana." Y entonces comenzó a alejarse. Y algo dentro de Feliciano cobró vida.
"Espera, no."
Ludwig se detuvo en seco y se dio media vuelta, luciendo preocupado por el tono casi de pánico en la voz del italiano. "¿Qué ocurre, Feliciano?"
Feliciano apretó sus puños, intentado recordar como respirar. ¿en verdad había dicho eso? ¿Y en verdad iba a decir lo que seguía? No tenía opción. No podía dejar que otro día terminara como todos los anteriores. "Nunca más te vayas así."
Ludwig frunció el ceño algo confundido. "Se hace tarde, Feliciano-. Sabes que me tengo que ir."
"Pero no así. Por favor no solo digas adiós y te alejes… y…" no pudo dejar de decir lo que estaba hablando. "No quiero que te vayas, Ludwig. No quiero que vayas a batalla. No quiero que cambien tu base. No quiero que regreses a Alemania. Quiero que te quedes aquí, conmigo, para siempre." No podía alzar la mirada. No podría soportar saber de que forma lo estaría mirando.
Y desde luego las lágrimas vinieron. Feliciano ni siquiera se molestó e detenerlas. No sabía lo que decía, no sabía lo que pasaba. Lo único que sabía es que no podía parar. "Lo siento, Ludwig, en verdad. No sé lo que estoy diciendo, pero… sólo sé que si vuelves a decir adiós y a alejarte no podré soportarlo. No podré. Porque cada vez que lo haces siento que estoy muriendo y duele tanto…" y al fin se atrevió a alzar la mirada. Ludwig lo miraba con una expresión indescifrable, casi como molestó, pero aun así Feliciano no se detuvo. "Por favor no te vayas sólo así esta vez…, por favor quedate… y…y… necesitó… Te necesitó. Sólo a ti. Te necesito cerca y…"
Feliciano cerró los ojos con fuerza, enojado consigo mismo al no saber que quería decir, o como decirlo. Pegó un respingo cuando sintió los dedos de Ludwig, fríos, contra su mejilla. Rogó que no se separaran, y entonces abrió los ojos. Ludwig lo miraba con intensidad, sin apartar la mirada. Sus dedos se sentían como fuego helado mientras recorrían el rostro de Feliciano, directo a su cabello. Feliciano sintió que estaba a punto de perder el control y caerse, pero Ludwig se le adelantó, tomándolo firme, acercándolo y juntando sus cuerpos. La sensación era impactante, cálida, perfecta. Sí, así. Justo así. Cerca, más cerca… justo de esta manera. Esto era lo que él quería. Ludwig se agachó, e inclinándose susurró en su oído, con los labios tan cercanos a su piel que Feliciano casi estaba al límite del autocontrol.
"Te dije que te explicaría…."
"Que tú…¿qué?" Feliciano apenas podía concentrarse en las palabras o en su significado. Todo lo que pensaba, todo lo que sentía, eran los brazos de Ludwig a su alrededor, sus dedos en su cabellos, y sus labios susurrándole al oído…
"Hace un rato. Dije que lo explicaría. Alguna vez. No ahora." Ludwig hablaba de una manera contenida, sin dejar salir todo lo que quería decir, y abrazando a Feliciano aún más fuerte. Feliciano aprovechó y se apegó más él.
"Dime, Ludwig…" apretó el frente de la chaqueta de Ludwig con manos temblorosas, acercándose más y inhalando el olor de su cabello. "Dime…" podía escuchar su ritmo cardiaco… ¿por qué era tan preciso cuando el de Feliciano estaba acelerado como un tambor?
"Encontrémonos aquí mañana."
"Aquí estaré, Ludwig." Feliciano intentó esconderse en la curva en el cuello de Ludwig, para bloquear el cielo y el mundo y todo aquello que no fueran los dos. Sólo los dos en el mundo. "Prometo esperarte. Siempre esperaré por ti." Ludwig se enderezó y se alejó, aun cuando Feliciano trató de impedirlo. Sus ojos aun parecían confusos, en conflicto, pero más calmados de alguna manera. Feliciano deseaba que siempre se pudiera sentir así, en perfecta sincronía, pero la conocida sensación de devastación lo envolvió de nuevo, ahora que Ludwig partía. Tragó saliva con dificultad. "Auf wiedersehen, sweetheart."
"Bella, ciao." Ludwig permaneció quieto un momento antes de dar media vuelta y caminar hacia la carretera. Feliciano hizo lo mismo, mirando hacia el cielo, con ojos húmedos, mientras las nubes de tormenta acrecían. Estaba confundido, sin aliento, impactado. Y nunca más podía ver a Ludwig partir.
Hey! Uno mas yay! se que no hay excusa para tanta demora… u.u y en verdad apreciare si hay gente que aun me lee XDD
Por cierto, a los que leen mis otras historias no escribiré en un buen tiempo… porque estoy en trimestrales y ocupada full tiempo u.u
Algo mas, muchas gracias a todos aquellos q m impulsaron a seguir escribiendo nwn en serio! Me tome un tiempito y de poco en poco al fin lo termine YAY! espero les agrade nwn
Como ya saben, updates lentos u.u gomen, pero de que hay update hay update!
Asdadsdaddss review?
