Feliciano se sintió completamente agradecido por el calor de la ardiente chimenea apenas atravesó la puerta. También estaba agradecido de que Antonio y Roma estaban ocupados hablando en la mesa… tal vez su abuelo no notaría su tardanza. Feliciano dejó su canasta en un lado de la mesa y corrió a sentarse a un lado de Lovino en el sofá por las escaleras. Era el lugar perfecto para escuchar discretamente la conversación. Lovino lo miró de lado. "Llegas tarde," susurró bajo "de nuevo."
Feliciano miró al piso. "Es que, era una hermosa tarde, disfrute el recorrido."
"¿Hermosa?" su tono era dudoso. "Pero si el día estaba congelante, maldición."
Feliciano se movió incómodo. "Me gusta el frío."
Lovino entrecerró sus ojos. "No es verdad." Feliciano empezó a jugar con uno de sus botones. "¿Y dónde están las compras? ¿No se supone que ibas a la tienda?"
Feliciano no alzó la mirada. Lo último que necesitaba era levantar sospechas en Lovino. "Sí pero…yo...uhm…me retrasé."
"¿En seirio?" Lovino aun sonaba dudoso "¿Haciendo qué?"
"Recogiendo flores." Feliciano echó una mirada nerviosa a donde se encontraban Antonio y su abuelo Roma, pero ellos estaban perdidos en su conversación.
"Este es el tercer día seguido en que no vas a la tienda. No soy idiota, Feliciano, sé que algo sucede."
Feliciano miró las manos de Lovino con interés. "Veo que no estas cargando tu anillo." Lovino entrecerró sus ojos, pero no respondió.
"…la cuarta redada de bombardeos hirió a civiles el mes pasado." Las palabras de Antonio lograron captar la atención de Feliciano. "Estas redadas están volando cerca de la base alemán aérea más cercana, que es la razón por la cual la misión de los americanos es de vital importancia para nosotros. Es obvio que los alemanes están valiéndose de sus contraataques contra los ingleses. S[olo la noche de ayer sus Heinkels mataron a cien civiles."
Feliciano sintió su cuerpo paralizarse, su mente nublarse. Sus puños se cerraron en el borde el sofá, y un retorcijón oprimió su estómago. "¿Qué es un Heinkel?" preguntó a toda voz. El cuarto se silenció de inmediato al tiempo que Antonio, Roma y Lovino lo observaron. Antonio le echó una mirada dudosa a Roma, quien asintió con la cabeza.
"Es un avión alemán," explicó Antonio. "Un bombardero."
"Entonces, ¿son estos Heinkels los que tiran bombas? ¿No la Mrs. Schmitts?" Feliciano no estaba seguro de siquiera haber pensado en lo que estaba preguntando. Sólo quería saber que Ludwig no estaba involucrado. No había manera de que estuviera involucrado.
"¿Los qué?" preguntó Antonio. "Los…¿Messerschmitts? ¿A eso te refieres?"
"Sí, a un Messerchsmitt Bf 109."
Un silencio sorprendido reinó de nuevo. Lovino fue el primero en hablar. "¿Cómo demonios sabes lo que es un Messeschmitt, Feliciano?"
"Yo… hum…" el abuelo Roma, Lovino y Antonio lo miraban confundidos. Feliciano no los culpaba, puesto que él nunca había mostrado ningún interés en este tipo de charlas ni nada parecido. "Lo escuché en algún lado."
"Los Messerchmitts solo son aviones de combate, no bombarderos. Sólo atacan a otros pilotos."
"¿No a civiles?"
"No." La sensación corriendo por el pecho de Feliciano era de puro alivio. Casi hasta ríe. Pero Antonio continuó. "Cómo sea, cabe la posibilidad de que los Messerschmitts hayan estado escoltando a los Heinkels, sobre todo ahora que los contra ataques de los ingleses han estado disminuyendo."
"Humm. Ese podría ser un problema para los americanos." Dijo Roma pensativo,
"Eso mismo," afirmó Antonio, empezando a sonar preocupado. Feliciano lo miró, empezando a sentirse nervioso. La sensación de alivio ahora era reemplazado por algo parecido a las náuseas. "Definitivamente tendremos que echarle un vistazo a eso. ¿Dónde escuchaste a gente hablar de Messerchsmitts, Feliciano?"
Oh no. Feliciano quedó en blanco. Solamente lo quedó viendo, invadido por el pánico. "No me acuerdo," susurró finalmente. Pero siguió hablando de inmediato. "Y yo… yo sólo me preguntaba,, si ellos, los alemanes, intentaban matar civiles… ¿qué era lo que intentaban hacer? Pudo haber sido un error, ¿cierto? Casi puedo asegurar que lo fue." Ahora todos lo miraban como si hubiera enloquecido.
"¿Y eso importa?" preguntó Lovino de mal humor.
"Sólo me preguntaba."
"Parece que su objetivo era la fábrica de municiones," dijo Antonio. "Pero desde luego, seguro sabían que la baja de civiles era inevitable. Ellos ya sabía que la perdida de algunos civiles
"¿pero no fue a propósito, verdad?" Feliciano preguntó desesperado. "seguro que ellos no quisieron matar gente deliberadamente… ¿por qué harian…? No lo harian. No tendría ningún sentido, ¿o si?"
"Lo tenía para ellos durante la guerra de Bretaña." El tono de Lovino era acusatorio y disgustado. "¿Alguna vez has oído del 'bombardeo terrorista'? Preguntale a Antonio sobre Guernica." Feliciano no entendóa de que hablaba Lovino. No quería entender. Lo único en lp que podía pensar era que estaban hablando del grupo de Ludwig. Gente de su país los que habían hecho esas cosas. Feliciano sacudió la cabeza algo mareado.
"No puedo… no entien-"
"No siempre sabemos lo que los alemanes…" comenzó Antonio.
"Suficiente." Dijo Roma de repente. Echó una mirada hacia Antonio y habló suave. "Este tipo de conversaciones lo afectan fácilmente."
Feliciano no sabía que lo enfurecía más. Que su abuela Roma lo tratara como un niño, o que esta vez estaba en lo cierto. "Sólo quería saber."
"Está bien, Feli," dijo Roma en tonotranquilizador. "No te angusties por cosas así. Son cosas que no tienes que oir. De hecho, no creo que sea una buena idea que las escuches."
Feliciano cerró los puños. Lo único en lo que pensaba era en Ludwig… Ludwig, quien eratan noble tan bueno… "Quiero escuchar, en serio, yo…"
"No," dijo Roma firme. Luego sonrió amable. "Estás cansado, Feliciano. ¿Tomaste alguna foto hoy?"
El estómago de Feliciano se contrajo, para luego darse cuenta de que no había forma de que su abuelo supiera sobre las fotos. "Unas cuantas…"
"¿Por qué no vas a revelarlas de ahí escuchamos un poco de radio antes de la cena?"
Feliciano asintió de buena manera. No había nada más que hacer, después de todo. Y ellos obviamente no lo iban a dejar oir como terminaba la conversación. Cogió su cámara de la canastay se dirigió al cuarto de a lado, aun escuchando las voces a sus espaldas.
"¿Se encuentra bien?"
"Es este tipo de charla. Lo perturba."
"Entiendo, pero creo que deberías preguntarle que es lo que oyó de los Messerschmitts, Roma, Ese tipo de información de vital ahora."
"Lo haré." Dijo Lovino. Feliciano tomó una linterna y se dirigió al sótano. No deseaba oír más.
"Feliciano."
Feliciano no se volteó cuando Lovino entró al oscuro sótano después de é su atencipon depositada en el rollo en frente de él, sumergiéndolo en el liquido de revelación. "Hola, Lovino."
"Muy bien. Cuéntame," Su voz como una orden.
"¿Cómo dices..?"Feliciano agradecía que su rostro no se distinguiera entre tanta oscuridad.
"No eres tu mismo últimamente. Olvidándote de las compras, llegando tardea casa. Tu interés repentino en las conversaciones del abuelo sobre la causa. Algo está pasando."
"No sé de que hablas." Esto no estaba bien. Feliciano solía decirle todo a Lovino. Se sentía horrible tener que mentirle sobre esto. Lovino se acercó más y Feliciano alzó la mirada, distinguiendo su silueta.
"Entonces explicame algo. "comentó despacio. "El chocolate que me diste la otra vez."
Feliciano contuvo la respiración. Podía sentir sus manos empezar a temblar. ¿Pero que podía saber de eso Lovino? "¿Qué hay de eso?"
"No pensé mucho en ello cuando me lo diste." Lovino se acercaba mientras hablaba. "Pero es extraño, ¿no? Es decir, no ha habido chocolate aquí desde inicios de la guerra."
Feliciano se puso de piedra. Lovino sabia que algo no encajaba. Y no iba a rendirse.
"No, es que…yo…"
"'Dónde lo conseguiste?" Lovino interrumpió a Feliciano, parándose a pocos pasos de él, lo suficientemente cerca para ser iluminado en la tenue luz. Eran momentos como este en los que Feliciano deseaba ser bueno mintiendo.
"Eh…alguien me lo dio, y…"
Lovino extendió su palma, y a Feliciano le tomó unos segundos reconocer que había en ella. Cuando lo hizo, contuvo la respiración. Estaba paralizado. La envoltura naranja escrita en alemán era una prueba acusatoria. Feliciano de inmediato lamentó el tonto impulso que lo llevo a conservar ese envoltorio. Tragó saliva. "Lo encontré."
"Pensé que te lo habían dado."
"Me olvide. Es decir, lo olvide. Es decir. No lo sé. Yo no…" Feliciano alzó la mirada aterrado. Pero Lovino lo lo estaba viendo a él. Estaba con la vista fija en las manos de Feliciano. Su expresión era precariamente iluminada, pero se veía lo que podía ser confusión, e ira. Feliciano se sintió mareado. Sus manos empezaron a temblar incontrolablemente. Despacio, contra su voluntad, siguió el recorrido de la mirada de su hermano, hacia las fotografías que sostenían sus temblorosas manos. La prueba contundente estaba en ellas. "Lovino, yo…"
"Nunca…nunca espere…" Lovino sacudió la cabeza, en shock, casi sin habla. "¿Es esta una misión?" preguntó suavemente, sus palabras entrecortadas. "¿Una misión de la que nadie me dijo?"
Feliciano deseó saber que decir. Pero no lo sabía. Asi que solo dijo la verdad. "No. no es una misión."
Lovino levantó la fotografía, sosteniéndola a la altura de Feliciano. "¿Ves ese saco?" sonaba calmado. Demasiado. "¿Ves los símbolos en ese saco que llevas puesto?" Feliciano intentó rehuir la mirada, pero Lovino puso la imagen en frente de él. "¿Sabes lo que significan?"
"No pensé en eso, ¡no estaba pensando en eso! Sólo hacía frío y entonces Ludwig…"
"¿Ludwig?" la voz de Lovino se escuchaba contenida.
"Así se llama." Susurró Feliciano.
"Su nombre. El del soldado alemán de quien tienes una foto… y cuyo saco estas usando."
Feliciano no sabía que decir. No sabía lo que Lovino quería que dijera. "No es un soldado, es un piloto."
Lovino rió amargamente. "Oh, ya veo. Ahora todo tiene sentido. Pero realmente me vale una mierda a que sección de la armada pertenezca. ¿Es alemán, no?"
"Sí." Susurró Feliciano cerrando sus ojos. no podía mentir más.
"Y tiene una fotografía de él porque…"
"Porque él es… mi amigo."
La ira de Lovino finalmente explotó. Feliciano entrecerró los ojos mientras Lovino gritaba. "Feliciano, tú… ¡completo idiota! ¿En qué demonios estás pensando? ¿Te has vuelto completamente loco? Dime qué es lo que sabe. ¿qué le has dicho?"
Feliciano abrió los ojos de par en par. El rostro de Lovino retorcido de furia. "!NO! no, no es así. ¡Lo juro! Él es… simplemente muy amable, Lovino, aunque se vea atemorizante, no lo es, él es…"
"¿Has perdido el juicio?" gritó Lovino. Feliciano siguió hablando.
"…y no hablamos de la guerra o de la causa, ni de nada de eso, sólo me gusta estar con él y…"
"Por Dios, Feliciano, detente, no sabes lo que estás diciendo…"
"Y es honorable y bueno, y honrado, y le gusta pasar tiempo conmigo y…creo que me enamore." Un sonido ensordecedor llenó la habitación. Por un momento, Feliciano pensó que Lovino iba a golpearlo. En vez de eso, sólo lo miró, sacudió la cabeza y cayó en la silla más cercana.
"Feliciano…, tú,… pedazo de idiota." Susurró Lovino, con los ojos muy abiertos.
"Lo siento. No pude evitarlo."
"Oh, Feli." Lovino se inclinó hacia el frente, con la cabeza en las manos. "Sabía que habías estado actuando diferente últimamente. Me hubiera dado cuenta antes si no hubiera estado…" se detuvo en seco y cambió el tema. "¿Al menos me dirás como lo conociste?"
Feliciano hablo bajo, mientras miraba el piso. "Mientras iba al pueblo, la otra semana, un soldado furioso intentó golpearme, pero Ludwig lo detuvo."
"¿Sabe que eres Resistenza?"
"!Claro que no!"
Lovino miró a Feliciano intensamente. "¿Sabes lo que él haría si lo supiera?"
Feliciano agitó su cabeza obstinadamente. "No, no. el nunca me heriría, lo sé, él…"
"¿Tienes idea de lo que la Gestapo…"
Feliciano se negaba a oir. "Te lo dije, ¡es un piloto! No es de la Gestapo, ¡él no es así!"
"¿En que pensabas, Feliciano…?
Feliciano refused to listen. "I told you, he's a pilot! He's not Gestapo, he's not like that!"
"No lo se, no lo sé, no estaba pensando. Y no me importa, por favor solo deja de preguntarme esto, no tengo respuestas. Sólo lo amo y quiero estar con él, y eso es todo lo que sé, y Oh, Dios… por favor, por favor, no le digas al abuelo, él…"
Lovino se puso en pie sin prisa. "Feliciano. No creo que sepas cuan serio es esto."
Feliciano se puso pálido, mientras sus manos empezaban a temblar de nuevo. Le aterraba pensar que haría su abuela si se enterara. "Per favore, Lovino. No le digas."
"Claro que no le diré. Lo mataría." La culpabilidad se apoderó de Feliciano. "Pero nunca más veras a ese alemán, entonces."
Feliciano entró en pánico, sintiendo su corazón hundirse en el vacío. Sacudió su cabeza, intentando alejar las devastadoras palabras de Lovino. "No."
"No estoy jugando, Feli, ¡Esto no es un juego!"
"No puedes detenerme." Dijo Feliciano. Su voz intentando sonar amenazante. En el fondo sabía que estaba rogando. Rápido se deshizo de sus crecientes lágrimas. "No poder impedir que lo vea."
Lovino lo miró más calmado, y dio un paso al frente, acercándose a Feliciano, y poniendo una mano sobre su hombre suavemente. Feliciano se apartó. "Feli, debes ya saber que no estaremos aquí por siempre. Tienes que haber sabido que esto iba a terminar. Es decir ¿qué creías que iba a pasar?"
El corazón de Feliciano se aceleró y su mente se puso en blanco. Siempre había sabido que Ludwig no estaría por siempre. Pero pensó que estaría más tiempo. Y nunca se había imaginado que Lovino sería el que acabaría todo. "Por favor." Feliciano se preparó para suplicar, llorar, gritar. Para decirle a Lovino que se equivocaba, para correr, para hacer cualquier cosa que terminara esta pesadilla y le permitiera volver a Ludwig de nuevo. Pero antes de que pudiera decir algo mas, el abuelo Roma abrió la puerta, caminando hacia ellos.
"Vengan, chicos, "Pensé que escucharíamos la radio antes de cenar!" Feliciano rápidamente ocultó su cara bañada de lagrimas, y guardó las fotos incriminatorias en su chaqueta. Roma se detuvo de pronto, pasando sus ojos de Lovino a Feliciano. "¿Sucede algo?"
"No" dijo Lovino rápido. "Ya casi subíamos."
.
Feliciano despertó cuando aun estaba oscuro. Miró hacia la dirección de Lovino, escuchando nada aparte de su respiración. La noche anterior, nadie había dicho más sobre Ludwig. Pero Feliciano ya había tomado una decisión. No iba a dejar que Lovino lo detenga. No dejaría que nadie lo detenga, lo aparte de Ludwig. Y si eso significaba que debería salir de casa antes de que nadie despertara, y esperar bajo el árbol toda la mañana hasta que Ludwig apareciera, entonces eso haría.
Feliciano se vistió en silencio, con cuidado, mirando con desconfianza el oscuro amanecer. Odiaba la oscuridad. Peor no había opción. Paso de puntillas a lado de Lovino, sin que se levante, y luego atravesó el corredor, saliendo directo por la puerta principal. Se ajustó mas su chaqueta para protegerse contra el frio, y se dirigió hacia el roble de siempre.
Mientras caminaba rápido, en un intento de calentarse un poco, Feliciano miraba con desconfianza a las nubes de tormenta visibles en el horizonte. Se estaban acercando más, aunque aun debían quedar algunos días antes de la tormenta. Se dirigió hacia la carretera, más allá del tanque roto, y por sobre el campo, agradecido de que nunca nadie se aventuraba en esa explanada, mucho menos cerca de su árbol de roble por esos días. De esa manera tendría completa privacidad para soñar despierto y esperar a que Ludwig llegara. Pero mientras Feliciano se acercaba al árbol, se puso pálido al comprobar que ya había alguien sentado bajo su sombra. Confundido y asustado, comenzó a disminuir el ritmo, sin saber si debía dar media vuelta e irse, o seguir andando y ver quien era. ¿Alguien de por ahí? ¿Un granjero a lo mejor? ¿algun miembro de la resistencia haciendo tiempo hasta visitar a su abuelo? Feliciano dio un paso más y pegó un respingo, no muy seguro de haber visto bien-. Su corazón dio un salto, sintió fuego correr por sus venas, y corrió.
"Ludwig ¡Ludwig! ¿Cómo así….?" Feliciano estaba en shock. Era peligroso para Ludwig andar po ahí a estas horas… si un miembro de la resistencia cargaba un arma y viera a un soldado alemán solo en la carretera antes del amanecer… "¿Qué haces aquí tan temprano? Aun ni siquiera amanece…"
Ludwig alzo la mirada, mirándolo con ojos rojos a través de cabello despeinado. Se recostó contra el árbol, con las ropas inusualmente arrugadas, y su apuesto rosto cansado y agotado. Lucía exhausto. "Feliciano."
Una ola de miedo y confusión corrió a través de Feliciano. Nunca había visto a Ludwig así. Nunca había imaginado que el fuerte, y serio piloto alemán pudiera lucir así. La preocupación lo inundó, y cayó de rodillas a su lado. "¿Pasa algo? Ludwig, ¿Qué sucedió?"
"Lo siento, feliciano." La vos de Ludwig sonaba baja y ronca. "Lo siento tanto. No debería estar aquí, yo…"
"Ssh… Suficiente. Esta bien." Feliciano estiró una mano y acarició su espalda, sin saber muy bien que hacer. Dolía ver a Ludwig así. "Luces malanochado…"
"No he dormido. Vine aquí apenas…" Ludwig cerró sus ojos dolorosamente t corrió una mano por su inusual cabello desarreglado. "Mein gott, seré reportado por esto."
"¿Apenas que? ¿Viniste aquí apenas qué..?
Ludwig intentó sonreír. "Fue una mala noche, Feliciano. Eso es todo. Fue una mala noche." Su voz se rompió temblorosa. "Yo sólo… necesitaba…" miró sus manos, con la vista perdida, y sus ojos oscuros y vacíos. Sus siguientes palabras fueron un murmullo. "Tenía que recordar que aún existía algo inocente en el mundo." Feliciano entrecerró los ojos. Inocente. Se recostó contra el árbol también, y muy inseguro tomó la mano de Ludwig. Ludwig soltó un suspiro, y la sujetó fuerte.
Feliciano no sabía que decir. No había nada que decir. Solo sostuvo la mano de Ludwig y trató de tragar a pesar del nudo en su garganta. Con una mala sensación recordó la conversación de Antonio y su abuelo la noche anterior. Desesperadamente esperaba que esa no fuera la razón del descontento de Ludwig ahora. Se dio cuenta que probablemente ese era el motivo. Y aun asi, era tan fácil olvidar las cosas terribles cuando Ludwig estaba justo en frente de él.
Ludwig se inclinó hacia el frente, con la cabeza en una mano. "no podía quedarme en la base. No después de esto. No después de nuestra misión la otra noche. No podía estar junto a ellos. Y no podía pensar de ningún otro lugar a donde ir que no fuera este. Quería olvidar todo. Quería… sólo quería…"
"¿Estar lejos de todo?" Ludwig alzó la mirada a Feliciano, casi sorprendido. Feliciano entendía, porque él se sentía igual. Quería alejarse de todo. De las acusaciones de Lovino, de las devastadoras conversaciones de su abuelo y Antonio, y de absolutamente todo. "¿Pero sabes que, Ludwig? Cuando estoy contigo, es como si nada más existiera."
Ludwig hizo una pausa, sus ojos pareciendo entender. "Exacto."
"Así que no pienses en eso, Ludwig. No pienses en ellos. Solo olvida, y quedate conmigo." Feliciano quería decir algo que solucionara todo. Se preguntaba si existía alguna manera de solucionar todo. "¿Te gustaría que cante para ti? Preguntó. De inmediato se arrepintió. Que cosa más ridícula había dicho, Ludwig no seguro no…
"Sí." Respondió Ludwig de inmediato, mirando a Feliciano con ojos que atravesaban la piel.
"Muy bien. Esta canción me recuerda a ti. Aunque probablemente no te guste." Ludwig lo miró curioso. "Está en inglés." Explicó Feliciano.
"¿Por qué habría de no gustarme?"
"pensé que no te gustaban los ingleses."
"Sólo porque son mis enemigos no quiere decir que no me agraden."
Feliciano no sabía si reir o ponerse a llorar por eso. Así que sólo cantó, mirando hacia el nublado cielo gris, las palabras de una canción que se habían convertido en su pan de cada día.
"Este hermoso día ha terminado,
Es hora de partir,
Te besaré de nuevo, así de nuevo.
No dejes las lágrimas rodar,
Con amor verdadero, te voy a esperar,
Auf wiederswhen, sweetheart. (hasta la vista, corazón.)"
Feliciano se quedó en silencio. Las nubes de tormenta en el horizonte ya eran casi visibles en cielo gris. Bajo la mirada, nervioso, sólo para encontrar a Ludwig mirándolo absorto.
"¿Eso te recuerda a mi?"
Feliciano se mordió el labio inseguro. Quizás había dicho demasiado. "Sí."
"Es lo que siempre me dices. 'Auf wiedersehen, sweetheart.'" Feliciano jugaba con su mano libre en el bolsillo de su chaqueta, pero Ludwig sólo sonreía. "Tu voz es muy hermosa."
"Danke." Feliciano se preguntó por qué de pronto se sentía tan nervioso. De alguna manera las cosas se sentía diferentes esa mañana… su hombro presionado contra el de Ludwig, su mano ardiendo en el toque de Ludwig. El aire frio y silencio a su alrededor, el olor de césped fresco y húmedo en el aire de la mañana.
Ludwig miró al cielo que se aclaraba por atrás de Feliciano. "¿Qué haces aquí tan temprano?" preguntó como si acabase de darse cuenta.
Feliciano odiaba tener que mentir últimamente, tener que encontrar otra explicación a parte de la verdad. No estaba acostumbrado, y era agotador. No quería hacerlo más. "Sólo importa que estoy aquí." Tembló, una brisa particularmente fría pasando.
"Tienes frío."
"Sí."
Feliciano de alguna forma esperaba que Ludwig le diera su chaqueta otra vez. En ves de eso, pasó un brazo a su alrededor, atrayéndolo más cerca, y Feliciano sintió su corazón acelerarse. Despacio, dubitativo, recostó su cabeza sobre el pecho de Ludwig, en su familiar calor y escencia. Ludwig tenía su brazo firme alrededor de la cintura de Feliciano, y Feliciano seguía sosteniendo su mano, con el pulso rápido, la respiración entrecortada, llena con un sentimiento poco conocido, que lo llenaba de ansias. Se sentaron ahí, perdiendo noción del tiempo, sintiendo al otro respirar, y nada más existía en todo el mundo.
"Necesitas dormir." Dijo Feliciano, casi con miedo de romper el silencio.
"Lo sé. Lamento mucho haberte molestado." Feliciano podía sentir su voz tan cerca de su oído.
"No es así. Estoy muy feliz de que hayas venido verme cuando estabas triste. Porque eso significa que pensaste que podría hacerte feliz, y eso me hace feliz, y no creo que tu pudieras molestarme, Ludwig, nunca, ni siquiera en un millón de años." Ludwig no respondió pero su respiración se hizo mas lenta. Feliciano gentilmente acarició con su pulgar los dedos de Ludwig, y respiró profundo en su chaqueta. "¿no sería increíble, Ludwig, si nos conociéramos por un millón de años?"
"Sería la cosa mas hermosa que podría imaginar." Feliciano sintió los labios de Ludwig presionando en su cabello y tembló, pegando un respingo. El frio viento pareció desaparecer, y lo único que él podía sentir era el pecho de Ludwig, cálido, y elevándose con cada respiración. La cosa más hermosa que podría imaginar…
"¿Recuerdas, la tarde de ayer…?" las palabras ya había sido dichas antes de que Feliciano las pensara. Intentó bajar la voz, pero Ludwig ya lo había oído.
"¿hmm?" Feliciano respiró profundo, ahora tendía que continuar.
"Pues, recuerdas que ayer… me dijiste que te viera aquí." Feliciano estaba un poco inseguro de que preguntar. La conversación de ayer había sido tan fugaz e incomprensible, que Feliciano no estaba seguro si al menos había entendido bien de que hablaban. Miró sus manos nervioso. "Dijiste que me explicarías algo… dije que esperaría por ti. Yo no… Lo siento, pensé…"
Feliciano sintió como Ludwig río de repente. "Oh, Feliciano. ¿Me estas diciendo que aun no lo sabes?"
Feliciano alzó la mirada y miró a Ludwig confundido. ¿Qué se suponía que debía saber? Contuvo su respiración mientras Ludwig soltaba su mano y se enderezaba, recorriendo con sus dedos la mejilla de Feliciano, tomándolo de la barbilla, inclinando su cabeza, hasta que podían verse directamente a los ojos. Feliciano recordó la primera vez que había mirado en esos ojos, la manera en que había pensado que eran lo más azul que había visto en su vida.
"Feliciano."
Feliciano se congelo, abriendo sus ojos nervioso. "¿Sí?" su voz no más alta que un murmullo.
Ludwig miró el cielo, la tierra, cerró sus ojos y respiró profundo. Entonces abrió esos ojos azules, calmados. "Estoy tan enamorado de ti."
Las estrellas pudieron haber caidose del cielo y Feliciano se hubiera dado cuenta. El piso pudo haberse roto bajo sus pies y no se hubiera movido. No había nada, nada en absoluto en todo el mundo, que pudiera haberlo impactado más que las palabras de Ludwig. "Oh." Fue todo lo que pudo decir.
Ludwig ya no lucía inseguro. Lucía aliviado. Sus dedos eran tan suaves en la piel de Feliciano. "por eso debía estar aquí esta mañana, Feliciano. Porque tu cambias el mundo a mi alrededor. Haces que todo brille cuando lo único que hay es gris, y feo y malo. Te llevas todo lo malo que hay adentro mio, hasta que no queda nada más que tú."
Feliciano no podía moverse. Estaba capturado por los azules ojos de Ludwig y sus palabras estremecedoras. Era más de lo que alguna vez soñó escuchar y casi estaba inmóvil de la incredulidad. Abrió su boca e intentó responder, peor no podía formar las palabras. Con el silencio de Feliciano, los ojos de Ludwig se llenaron de duda, luego pánico. Bajó su mano y empezó a alejarse.
"Lo siento. Fui muy directo, yo…" Feliciano se obligó a moverse y presionó sus dedos contra los labios de Ludwig, haciéndolo callar. Ludwig pegó un respingo, su expresión conteniendo esperanza, y al mismo tiempo incertidumbre. Sus manos temblaban. Pero toda duda había escapado de la mente de Feliciano. Lo que había dicho Ludwig… la mirada de sus ojos… Feliciano no sabía que hacer con este sentimiento que de pronto lo embargaba. Todo lo que él quería. Todo era demasiado increíble. Demasiado irreal. Demasiado correcto. Ya no podía sentir nervios… no ahora que sabía como se sentía Ludwig. No ahora que se daba cuenta que él se sentía igual.
"Ludwig." Dijo Feliciano suavemente, dejando su mano caer al hombro de Ludwig. Se sentía extrañamente tranquilo, aun cuando su corazón latía furiosamente en su pecho. "¿Cómo digo 'besame' en alemán?"
Ludwig no respondió enseguida, pero cuando lo hizo, su voz era temblorosa. "...Küss mich."
"Küss mich." Feliciano repitió las palabras despacio, su mirada dirigiéndose a los labios de Ludwig. Espero, temblando con ansías, esperando a que Ludwig respondiera. No esperó mucho. Ludwig lo miró por varios momentos, luego puso una mano atrás de su cuello, y Feliciano olvidó como respirar. Su estomago llenándose de incomodas mariposas. No se movió mientras veía a Ludwig acercarse, pero cerró los ojos cuando sus labios se encontraron. Y el mundo desapareció. El suave toque de los labios de Ludwig era suave, cálido, amable. Cuando Ludwig se alejó, Feliciano de inmediato lo tomó de la camisa, atrayéndolo de nuevo. "No pares." Susurró antes de juntar sus labios una vez más. El pecho de Feliciano ardía, mientras Ludwig gemía despacio contra sus labios, y lo agarraba mas firme de la cintura.
Sí. Así. Justo así. Finalmente, así. Feliciano se inclinó en el vertiginoso, inescapable presencia de Ludwig abrazándolo, la sensación de como sus respiraciones se juntaban, rodeado por el aroma y toque y arrebatadora presencia de él. Cuando Feliciano entreabrió sus labios y sintió la lengua de Ludwig contra la suya pensé que podría morir, derretirse. Fundirse con Ludwig… por completo. Porque eso era lo que esto era., al fin. Como nada que hubiera sentido antes. Completo. Feliciano se aferró del hombro de Ludwig, presionando mas el beso, y Ludwig respondió, acercando tanto a Feliciano que este apenas podía respirar. Los dedos de Ludwig recorrían los cabellos de Feliciano, hasta llegar a su nuca, lo cual hizo que soltara un gemido contra los labios de Ludwig. Un pequeño temblor corrió por su columna, su piel quemaba a pesar del viento helado. Nunca quería que esto acabara. Nunca quería que Ludwig se apartara.
El beso gradualmente fue disminuyendo, y Feliciano abrió sus ojos, encontrando los azules irises de Ludwig mirándolo de vuelta. Perdió sentido del tiempo mientras permanecían así, con sus miradas encontradas, sus labios apenas rozando. El cabello de Ludwig topando su mejilla y su mano aun tibia y firme en el cuello de Feliciano. "Ich liebe dich, Ludwig," Ludwig se sobresaltó un instante, y lo besó de nuevo, intensa y arrebatadoramente, más feliz de lo que alguna vez recordaba haber estado en su vida.
Un repentino, ensordecedor rugido atravesó el cielo y Feliciano saltó, rompiendo el beso mientras daba un respingo. Sorprendido y mareado, siguió la mirada consternada de Ludwig hacia donde cinco avionetas atravesaban el cielo, el sonido rompiendo el silencio del amanecer.
"Esos… no son nuestros." Ludwig frunció el ceño, su expresión entre sorprendida y confundida.
"¿Qué?" Feliciano se sintió mareado, sorprendido de la repentina intromisión de la realidad. Trató de normalizar su respiración. Ludwig se enderezó y observó los aviones con una mirada de entendimiento.
"Mustangs."
Feliciano estaba aun casi anestesiado, pero su paralizo con el tono alarmado. Cuando una explosión ensordecedora se escuchó a corta distancia, se alzó humo de inmediato. Feliciano finalmente volvió en si. La mañana se volvió fría y real de nuevo. "¿Qué son?" preguntó, el temor alzándose en su pecho.
"Americanos." Un montón de emociones cruzaron los ojos de Ludwig. Feliciano estaba horrorizado por como lucía. Por lo que podía significar. "No…, por que ahora…" Ludwig corrió una mano sobre su frente en un gesto exhausto, y trató de ordenar su desarreglado cabello hacia atrás con frustración. "!Verdammt!"
Feliciano volteó la cabeza entre la distante columna de humo ascendente y la expresión frustrada de Ludwig. "Ludwig, ¿qué sucede? No entiendo.."
"Debo irme. De inmediato." Ludwig se pudo de pie y Feliciano hizo lo mismo, la confusión el pánico apoderándose de él. "Los americanos están aquí."
Los americanos.. "¿Y eso que significa?" Ludwig hizo una pausa, mirando a Feliciano detenidamente, con una mirada desesperada, desgarradora. Feliciano entendió de inmediato. Ludwig decía adiós. El piso tambaleó bajo sus pies peligrosamente. "No…"
"Feliciano…" la voz de Ludwig se quebró.
Feliciano agitó la cabeza. "!No!"
Ludwig dio un paso al frente y tomó a Feliciano contra su pecho en un fuerte, desesperado abrazo. Feliciano lo abrazó como si se estuviera ahogando y Ludwig fuera oxigeno. El beso fue ardiente, amargo, hermoso. Pero muy pronto había acabado. Feliciano se abrazó a Ludwig con todas sus fuerzas, pero Ludwig lo apartó despacio.
"Hasta mañana, Ludwig." Feliciano tuvo que escupir las palabras. Todo era muy repentino, muy cruel, muy devastadoramente injusto.
Ludwig puso una expresión dolorosa. "No se si…"
"!Hasta mañana!" gritó Feliciano, resistiéndose a que Ludwig termine esa oración. Ya no podía contener sus lagrimas un segundo más.
Ludwig tomó a Feliciano de la nuca y se inclinó, presionando un feroz beso en sus cabellos. Feliciano tembló al oir la vox grave susurrando en su oído. "Ti amo, Feliciano. Por siempre." Y entonces se fue. Feliciano solo se quedó ahi, solo y vacío. Abandonado. En shock. Demasiados pensamientos volaban por su mente, demasiadas emociones corrían por su cuerpo. Cuando el mundo dejo de girar sin sentido a su alrededor, cuando pudo sentir de nuevo su corazón acelerándose dentro de su pecho, cayó de rodillas. Se sentía paralizado. Esto no era lo que debería haber pasado. No se suponía que él consiguiera lo único que había querido desde hace tanto, solo para que le fuera inmediatamente arrebatado.
Feliciano perdió cuenta de cuanto tiempo estuvo sentado de esa manera, recostado contra el viejo roble, mirando al cielo con ojos vacíos, demasiado devastado como para querer llorar. Solo cuando el sol se encontraba en lo alto, mas allá de las nubes de tormenta, pudo empezar a moverse. Una repentina preocupación formándose en su pecho. Ludwig sabía que los americanos habían llegado. Había una reunión en la cantina. Feliciano corrió.
Continuara…
