18.

Pov. Ronnie

-No entrarás ahí.

-Sí que lo haré. Sí. Sí lo haré.

-No, Ronnie. Basta.

-¡Tengo que hacerlo!

-No vinimos a eso, ¿Está bien? Céntrate.

Miré a Jacob con tal reproche, que en su rostro serio apareció una sonrisa. Siempre se reía cuando ponía cara de reproche.

-No es divertido.

-Sí que lo es.

Suspiré con frustración.

-Jake, déjame entrar, te lo suplico.-Miré la casa de colores pálidos que teníamos delante.-Tengo una corazonada. Alguna pista encontraremos allí, de…

-Esto no es un juego, Ronnie.-me interrumpió él.

-Ya lo sé, ¡Pero es una corazonada!-insistí.

No iba a ganar esta pelea, yo lo sabía. Jacob jamás me dejaría entrar a la casa que en algún momento era mi hogar. Es decir, comprendo sus razones: si yo llegaba a atacar a alguien de mi familia, sería eternamente desdichada. Pero lo que yo le decía era cierto: Algo me decía que tenía que entrar. ¡Pero si él no me dejaba, de ninguna forma iba a poder escaparme y entrar yo sola!

Además, sería mucho más fácil que me descubrieran.

-Gracias por cooperar.-resoplé mirándolo a los ojos y cruzándome de brazos.

-No hay por qué.

Sostuvo la mirada hasta que yo la desvié, y en ese momento él trató de envolverme con sus brazos y tomarme entre ellos para llevarme. Anticipé su movimiento y en dos segundos no estaba junto a él.

Empecé a reírme.

-¿Olvidabas que soy más rápida?

-Tiendo a hacerlo.-replicó.

No sé cómo lo hizo, pero terminó atrapándome. Me llevó casi colgando de sus brazos hasta bien adentrados en el bosque, y me mantuvo ocupada todo el tiempo cazando. Pensé que quizás estaba tratando de mantenerme sin sed para entrar a la casa, pero no fue así. Me llevó aun más adentro, y me dijo que se durmiera.

¿Estaba loco?

-Estas demente. No voy a dormir.-le aclaré.

-Vamos, acompáñame.-me pidió él mientras se apoyaba atrás en un árbol.-No me gusta dormir cuando tú estás por ahí…

-Traducción: No quieres que me devuelva a mi casa y entre a hurtadillas.

Jacob soltó una carcajada.

-Quizás. Pero fuera de ese tema, quiero que duermas. Si sigues conteniéndote, caerás desmayada.

-¿Es que Edward te entrenó antes de mandarte para acá?-le pregunté seriamente. Aun estaba un poco molesta porque no me dejara ir.

-¿Tan molesta estás?-inquirió él.

No pude ser pesada. No. Jake me miraba un poco triste, algo arrepentido. Tenía, irónicamente, un rostro de cachorro abandonado y solo, que simplemente yo no podía ignorar. A la vez, yo sabía que lo que más le importaba era mi seguridad… Después de todo, estaba imprimado. ¿No podíamos ir a la policía a ver los papeles de mi caso o algo así? ¿Era demasiado necesario entrar a la casa?

Acepté… Dormiría también.

Él se alegró y se recostó al instante en la tierra. Lo imité dubitativa. Sonará divertido, pero nunca me agradó dormir en el bosque. Lo digo ya que antes de vivir con los Cullen, pasé 5 meses en el norte de Canadá "durmiendo" en cada bosque que me encontraba.

Jacob se sumió en su sueño enseguida. No fue lo mismo conmigo.

Cuando me aseguré de que él no despertaría y yo no iba a dormirme, me fui.

"Lo siento Jake" pensaba mientras corría todo el trayecto que Jacob hizo para alejarnos tanto. "Pero tengo que ir"

Llegué rápidamente.

Ahora que Jacob no me acompañaba, sería más fácil meterme. Yo era mucho más ágil y pequeña, podía entrar por cualquier lado. Pero primero, tenía que ocupar mi conocimiento.

No podía entrar por el piso de abajo. Estaba repleto a morir de alarmas anti-robos.

Tampoco por la chimenea. No me importaría entrar por la chimenea, pero mis abuelos se habían encargado de poner una estufa eléctrica y sellar el agujero.

Me quedaban todas las piezas del segundo piso y la mía, que era la única que quedaba en el tercero. Pero seguramente esa estaba cerrada…

Pero también era de noche. Probablemente mi hermano y mis padres estén durmiendo… Sería peligroso entrar por sus cuartos. Al menos, eso es lo que Jacob me habría dicho.

"Estarás orgulloso de mi" reí para mis adentros, y en lo más profundo, solo deseaba que no se despertase.

No pude entrar por el baño, (Había olvidado que la ventana era muy pequeña) ni por el estudio de mi papá (la ventana estaba cerrada), así que tuve que tomar mi última opción o me devolvería: Mi cuarto.

Es extraño. Es decir, no lo esperaba. Pero la ventana estaba abierta.

Chirrió un poco cuando la abrí. Caí sigilosamente sobre la alfombra verde. Y lo observé todo.

Estaba exactamente igual que antes. Nada había cambiado, nada de nada. Es como si yo siguiera ahí, más o menos. Pero solo era que ellos, nadie, se había atrevido a tocar mis cosas.

Mi guitarra, mis cuadernos, mis fotos, mi cama. Verlo todo de nuevo era increíble y me dejó unos instantes inmóvil. Pero al volver a la realidad, crucé el cuarto con valentía y abrí la puerta.

Estaba todo oscuro, pero yo lo veía todo muy claro. Bajé las escaleras y miré por el corredor las cuatro piezas de las que hablé antes.

Al fondo, la de mis padres. Ni podía permitirme acercarme a ella. Tampoco a la siguiente, que era la de mi hermano. Cuando observé las dos restantes, el baño y el estudio, casi llegué a creer que Jake tenía razón y que yo no tenía nada que hacer. Pero lo pensé mejor.

El estudio no era una mala idea, de todos modos.

Estuve allí en un segundo, y no hice ningún ruido ya que la puerta estaba abierta. El lugar estaba hecho un desastre, lo que me pareció raro ya que mi padre era muy ordenado. Había papeles revueltos por todo el escritorio y un enorme calendario que ocupaba gran parte de la pared. Eran cosas que no había visto antes. En un mural, algo llamó mi atención. Una foto.

Era una foto mía. Me acerqué con sigilo, admirada. Ya ni me acordaba…

La verdad es que la transformación me había cambiado: los ojos verdes que ahora eran rojos escarlata, el pelo rojo se había intensificado y era más largo, la piel sí que se había aclarado. Me quedé unos buenos minutos mirándola, y por culpa de eso fue que no me di cuenta que alguien no estaba en su cuarto.

Alcancé a esconderme detrás del librero antes de que mi padre entrara al estudio.

Aguanté la respiración automáticamente y lo observé anonadada. Verdaderamente se veía diferente. Más cansado, algo le faltaba a sus movimientos y a su mirada. Lo miré embobada mientras él revolvía unos papeles y anotaba algunas cosas. Dejó todo aun más revuelto. Luego, también anotó algo en el calendario. Parecía un policía… anotando cosas de un caso que lo tenía estresado.

Lo observé en todo momento, con tristeza…

"Te extraño…"

Antes de irse, se quedó quieto un segundo. Se acercó a su mural y me di cuenta de que estaba mirando mi foto. Se me partía el alma verlo. Y al parecer a él también verme a mi.

Era su forma de decir, "Yo también te extraño".

Finalmente se fue y yo salí de mi escondite, algo aturdida. Una parte de mi cuerpo me decía que lo siguiera y le dijera que estoy aquí, otra que fuera y respirara el aroma de su sangre y otra… La otra parte me decía que tenía que permanecer en silencio e irme de aquí.

Primero, tuve que ver los papeles que ahora había encima, la curiosidad me carcomía. Algunos no eran más que mapas y otros noticias impresas de internet. Fueron dos lo que llamaron mi atención.

Uno era una lista. Me quedé más rato mirándola porque tenía mi nombre en ella junto a varios más.

C. Davis (13/09/2009)

R. White (2/10/2009)

Ronnie (16/10/2009)

L. Parker (3/11/2009)

S. Foster (29/11/2009)

H. Coleman (17/12/2009)

J. Walker (5/01/2010)

T. Thomson (2/02/2010)

B. Lewis (2/03/2010)

D. Wright (14/05/2010)

G. Hunter (13/06/2010)

K. Hills (1/08/2010)

M. King (31/08/2010)

E. Allen. (21/09/2010)

F. Wilson (16/10/2010)

La lista acababa ahí. Observé con detenimiento todos los nombres, un poco conmocionada. Estaba segura de qué se trataba esta lista. La miré de reojo. El último no estaba escrito desde el computador, éste era a lápiz y con una letra muy atolondrada. Si no me equivocaba, mi padre recién lo había puesto allí. Me fijé en algo más: su fecha… Era la misma que la mía.

Miré esto un poco angustiada. Si esto era lo que yo creía…

El otro papel era una carta. Estaba cortada por arriba y por abajo, rota. Se leía algo así:

"…demasiados, es verdad. Concuerdo contigo, pero tu hija fue casi la única que no fue… Sabes lo que quiero decir. Me refiero a que quizás estás mezclando muchos casos juntos. No eres detective, Joe. Puede que no estés haciendo las cosas correctamente al intentar acabar con el caso… La policía se rindió, ¿Crees que puedes seguir tú con esto aun?

La verdad no debería molestarte, tienes razón. Ya casi es diecisiete. Podríamos…"

La carta ahí terminaba. Me quedé completamente quieta releyéndola una y otra vez, enternecida, enfurecida, triste y curiosa. Todo a la vez. ¿Así que se habían rendido con mi caso, eh? Y al parecer el resto de las personas le decían a mi padre que también lo hiciera.

Pobre papá. La verdad es que quizás sí debe dejarlo. Nunca me encontrarán de todas formas…

Hay otra cosa que me llamó la atención de la carta. "Ya casi es diecisiete. Podríamos…"

Diecisiete…

Dieciséis de Octubre del Dos mil nueve…

Se me cayó el alma a los pies y me acerqué al calendario. El cuadrito con el número dieciséis decía "UN AÑO" y el diecisiete decía…

Decía "CUMPLEAÑOS RONNIE"

-No puede ser…-susurré pestañeando muchas veces y me llevé las manos a la frente.

¡Fui atacada un día antes de mi cumpleaños número 16!

La rabia que contenía se soltó por todo mi cuerpo y casi tomo el calendario y lo rompo en dos ahí mismo. Pero tuve que contenerme. Seguía atando cabos sueltos.

¿No anotó hoy a un chico atacado o desaparecido o lo que sea?

Volví a dejar caer mis manos y me reí para mi misma.

"Mañana es mi cumpleaños" pensé con ironía.

De pronto, una ruido escandaloso se soltó por toda la casa. Una sirena increíblemente ruidosa: Una alarma anti-robos. Y justo después de ella, escuché un "¡Mierda!" murmurado por nada más ni nada menos que Jacob.

Suspiré frustrada, tomé los dos papeles (la carta y la lista) y le quité el pestillo a la ventana, abriéndola y posándome en el alféizar.

Jake ya estaba en la calle. Se dio la vuelta justo para verme caer sobre el pasto.

Pov. Jacob.

No sabía que iba a poner en marcha la alarma. Maldije por lo bajo desesperado y corrí, pero al llegar a la mitad de la calle vacía, escuché algo chirriar y me giré justo para ver a Ronnie caer elegantemente sobre sus pies en el césped. Llevaba dos hojas en sus manos.

Le hice unos gestos para que corriera y en dos segundos la tuve conmigo. La sostuve de las muñecas con el ceño fruncido y ella me miró arrepentida.

-Dime que…-comencé pero me quedé callado. Ya eran muchas las casas que estaban prendiendo sus luces y la alarma no se detenía.

-No hay tiempo, hay que correr.-urgió Ronnie.

No tenía que repetirlo más veces. No la solté más de su muñeca y corrimos a la mayor velocidad de nuevo hacia el bosque.