El E.V.R.

Pov. Ronnie.

-No puedes decirlo enserio.-mascullé mientras sentía cómo los ojos me picaban de pena y melancolía.

Estaba jugando. Estaba segurísima de eso, aunque Dan sonreía satisfecho. Había metido el dedo en la llaga, lo sabía y yo también, y debía concedérselo. Liam. De nuevo aquí, a mi lado, con su hermosa sonrisa dedicada a mi, su cabello medio ondulado tratando de aplastárselo contra la nuca, sus ojos cafés mirando los míos como nunca ningún chico me había mirado antes.

Te equivocas me interrumpió una voz de pronto mientras me planteaba todo esto no sin cierta agonía.

Increíble cómo te olvidas de la gente, ¿verdad? Dijo otra voz que me dejaba inmóvil.

Claro que hay otra persona que te mira de esa manera, e incluso más profunda.

Y está ahora ahí tirada por intentar salvarte, Ronnie.

Y haría lo que sea por mi me dije yo y mis ojos se desviaron al cuerpo inerte de mi lobito.

-Ron.-sonrió Dan.-Yo creé este ejército de vampiros. Yo logro controlar sus sueños, sus dones. Y sé hacer muchas cosas más. Y puedo traer a Liam. Confía en mí, Ronnie.-susurró con ojos llenos de ambición al ver los míos.

No lo escuches retumbó otra voz dentro de mi mente, una voz parecida a la que sería de Gabriel.

Empecé a temer que estaba verdaderamente perdiendo la razón.

Y bueno, si era así, ¿Qué importaba? Qué más daba, la verdad. Quizás si decía que sí, salvarían a Jake y a Liam de pasada. Y ya sabía todos mis secretos, este trato era mucho mejor que el anterior. Lamentablemente tuvo que morir Gabriel para llegar a este punto. Suspiré internamente. No sabía qué hacer. No tenía ni idea, porque en realidad, estaba atrapada entre la espada y la pared. Y literalmente estaba así, pues Dan seguía sosteniéndome de la garganta afirmando mi espalda contra la dura muralla detrás de mí.

Si muere Dan, las pesadillas se irán volvió a susurrarme esa voz parecida a la de Gabe.

Me estremecí y Dan lo notó.

-Hey.-musitó sin retirar su vista expectante de la mía.-Ronnie, puedo hacerlo. Confía en mi. No sé quién te metió esa idea en la cabeza de que yo era el villano en esta historia, pero te juro que no los soy.-trató de parecer convincente. Pero estaba aplastando mi garganta. Y Gabe estaba muerto. Y sus ojos resplandecían a mentiras. A tontas, enormes y oscuras mentiras.

Y aun así… los ojos de Liam…

Tragué veneno, que se había acumulado en mi garganta por defecto.

-¿De verdad puedes?-susurré ya casi al borde del abismo. Iba a echarme casi a llorar.

-Puedo hacer lo que tú quieras, Ronnie.-respondió él con voz tentadora.

Y nos miramos a los ojos. Y en sus ojos podía imaginar perfectamente a Liam. Y podía rogarle que dejara a Jacob… Y podía quedarme con él.

-Yo…-comencé, resignada. Le eché una última mirada al lobo, cerré los ojos, pensé en silencio y con un nudo en la garganta: "Te amo" y me rendí:-Acept…

-Por favor. Ronnie, puede que sea atractivo, pero este vampirito extraño suda mentiras. No puedes creerle.-se mofó una voz femenina.

Una voz femenina muy conocida y que sonaba demasiado cerca.

Dan se dio vuelta bruscamente y con asombro. Sin darse cuenta me aplastó más la garganta y yo ya no lograba emitir sonido.

Pero aún podía verla.

Bajita, sonriente y con pose desafiante estaba mi querida hermana adoptiva Alice.

¿Alice?

¡ALICE!

-¿Quién eres tú?-ladró Dan. Vi como recorrió la sala con la mirada, y los otros tres vampiros que habían aquí estaban completamente inmovilizados por tres de mis personas favoritas en el mundo: Emmett, Jasper y el mismísimo Carlisle Cullen.

"¡Chicos!" pensé como en un llanto interior "¡Están aquí!"

Y por primera vez sin soñar, mis ojos se anegaron en lágrimas. Ya sea por verlos o porque Dan estaba triturándome la garganta.

-Oh, mi nombre es Alice.-respondió Alice dulcemente a la pregunta del furioso Dan.-Y tú eres Daniel Gray, mordido por un semi-vampiro en el norte de Alaska, que gracias al clan de vampiros que reside allá te enteraste de todo y trataste de retar a Aro Vulturi a un duelo por el control de los vampiros de todo el mundo. Claro que él te pasó a uno de sus vampiros de la guardia. Ganaste por tener tu don, el de la electricidad. Te ofrecieron ser parte de ellos pero te negaste, porque sabías que no te darían lo que te prometieron y decidiste vengarte. Un día, mientras te alimentabas, alguien te interrumpió y dejaste a la víctima a mordida, por lo que se convirtió en un vampiro un poco extraño. Lo investigaste, examinaste y descubriste todo lo que puedes hacer con Ronnie y todos ellos.-señaló a los vampiros capturados por mis familia.-Y optaste por la idea de hacer un ejército. Sabías lo de los problemas con ejércitos de neófitos en el sur y supiste que los vulturis vendrían a ti enseguida si sabían lo que estabas tramando. Pan comido, ¿no? No tenías que hacer el trabajo sucio. Pero te empezaste a obsesionar con tus víctimas, los pequeños neófitos que morían los tratabas de traer a la vida, no descansabas hasta recuperar alguno que se te escapó. En este caso, Ronnie. Perdiste tiempo por eso y lograste domesticar tu pequeño ejército. Ninguno volvió a la vida tampoco. Por eso te obsesionaste con Ron. Sería la última vampira que se escapara de tus manos. Sería la clave para derrotar al clan Vulturi. Y aquí estamos, ¿no?-Alice rio con dulzura. Yo la miré con los ojos como platos.-Parece que una chica de 15 años te venció, Daniel Gray.

Daniel la miraba fijamente. Por varios segundos. Por minutos incluso. Procesando, sin soltarme.

Finalmente, abrió la boca.

-Eso ha sido un poco espeluznante, ¿sabes?-comentó.

-Tiene un punto.-rio Emmett y su risa me hizo añorar todo lo que había dejado en Forks.

El cariñoso de Carlisle, el misterioso de Jasper, la alegría de Alice, las sonrisas que Rosalie me dedicaba al verme. A Edward y Bella, a la maternal Esme y al juguetón de Emmett. ¿Por qué los había abandonado por todas estas tonteras? A mi Jacob… ¿Por qué los tuve que arrastrar todos hasta acá?

Alice inclinó la cabeza con una sonrisa de suficiencia muy típica en ella.

-¿Qué piensas hacer ahora, Dan?-preguntó Alice avanzando con saltitos hacia nosotros.

Mátalo, mátalo, mátalo, mátalo sufrían mis pensamientos.

-Tengo a esta chica todavía entre mis manos. Y créeme que quizás sus cuerdas vocales no sean las mismas después de esto.

Mátalo, por favor.

-Deja a Ronnie en paz y quizás podamos darte una oportunidad.-sugirió Carlisle. El amable de Carlisle.

¿Una oportunidad? ¡Dejen de bromear y destrócenlo pero ya!

-No sean imbéciles. Estas son las opciones, ¿sí? Opción número uno.-Dan parecía estar pasándolo genial.-Mato a Ronnie cortándole rápidamente la cabeza.

No me agrada esa idea. Pensé con un escalofrío. La muerte. Siempre le he tenido miedo a ella.

¿Hay otra vida si ya soy un vampiro? Es decir, ¿no estoy ya lo suficientemente muerta?

-La segunda. Ustedes se van y ella vive. Y llévense al chucho. No lo necesito.

Ese chucho es mi novio, bastardo.

-La tercera: llamo a mis vampiritos extraños como dices tú y los asesinan a todos. Incluyendo a Ronnie, el chucho y todos ustedes.

-¿Nosotros también?-masculló incrédulo uno de los vampiros, el que Emmett sujetaba.

-No seas imbécil.-suspiró Dan exasperado.

Aquí todos son unos idiotas. Pensé aún más exasperada.

Alice rodó los ojos cruzándose de brazos.

-Dan, no estás en posición de poner órdenes ahora, ¿okay? Lamento decepcionarte, pero este es tu fin y acabarás en el infierno.

Dan entrecerró los ojos. Abrió la boca para replicar, pero la cerró cuando Alice se llevó dos dedos a la boca y soltó un silbido que retumbó en las paredes.

Un segundo más tarde, los ojos de Dan se abrieron como dos grandes platos cuando todas las enormes ventanas cristalinas de su palacio estallaron.

Y de ellas venían como mínimo nueve lobos del mismo tamaño que Jacob enseñando sus enormes colmillos.

Dan gritó y me soltó, porque Alice había aprovechado su asombro y se tiró a su garganta.

Caí en el suelo de un golpe muy duro. Perdí la consciencia cuando me golpeé brutalmente la sien en una salida de piedra que había en el suelo.

(…)

Pov. Jacob.

Olía asquerosamente a humo. Humo que se pegaba en mi nariz y me hacía toser incontroladamente, pero a la vez, inconscientemente. Era asqueroso. No podía respirar.

Entonces, abrí los ojos.

Primero que todo, ¡diablos! Sentía todo mi cuerpo como si toda mi manada de La Push hubiese decidido pasar por encima de mí tres veces, y además un tractor los hubiese seguido. En otras palabras: sentía que cada hueso que tenía se había convertido en polvo óseo.

Me dolía hasta desviar la mirada.

Veía todo empañado. Y sentía brisa helada sobre mi piel hirviente. Cuando me miré a mi mismo, con la vista empañada noté que llevaba encima sólo una manta de polar que me cubría por completo, excepto los pies. Y me castañeaban un poco los dientes, algo que no me sucedía desde que era un adolescente normal.

La brisa cambió de dirección. Iba directo a mi cara.

Y, ¡PUM! El humo me cortó la respiración de nuevo.

Comencé a toser ahogado tratando de ver de dónde venía este humo. Y lo vi. Al fondo, como a 100 metros más allá, una mansión enorme ardía en un humo medio teñido de púrpura. Un humo que reconocí al instante: cenizas de chupasangres.

¿Qué había pasado?

Tratando de moverme lo menos posible, porque gemía al girar la cabeza un centímetro, traté de averiguar dónde estaba. Era obvio que eran las faldas de un bosque vírgen, pero no había nadie a mi alrededor. ¿Dónde estaba?

No podía quedarme aquí. Porque… Por Ronnie. Ella me necesitaba.

¡Ronnie! Gemí en mi interior como si ella me pudiese escuchar.

Ronnie, dime que no ardiste con ellos.

Ella estaba bien, ¿verdad? Ella era una guerrera y había podido con todos ellos, ¿a que sí? ¿Cuándo había perdido la consciencia? Ella mató a Dan, ¿no es así?

Agarré mi pelo con las manos con un sentimiento parecido a la agonía. ¡Ronnie! ¡Ronnie!

Ella era todo lo que me importaba en ese momento.

Unos murmullos flotaron hasta mi oído. Los capté enseguida. Mi oreja era como la de un lobo incluso al no estar en la fase.

-Parece que despertó.

-Ve por él. Necesita… ya sabes.

-Lo sé.

-Yo me quedaré con ella.

-Quizás si le echamos agua…

-Recuerda que la última vez pasó así como tres días seguidos. Y quien sabe cuánto no durmió cuando estaba con el lobo.

-Jacob nos puede ayudar.

-¿Qué no te dije que fueras por él?

-Está bien.

Tragué saliva. Hablaban de ella, de Ronnie. Ella estaba aquí.

De unos árboles, se coló una cabeza rubia. El doctor Carlisle Cullen.

-¿Cómo te sientes, Jacob?-preguntó con esa típica voz de doctor en práctica mientras se acercaba a mi.

-Como si me hubiesen aplastado todos los huesos.-gruñí.

-He tratado de acomodarte los huesos rotos y ha estado bien, pero aún no se curan por completo.-me informó, tocándome con sus manos congeladas en los omóplatos, las costillas y una muñeca. Fue sólo ahí cuando noté que las llevaba vendadas con tiras de prendas rotas.-Es por eso que te duele. Te diste unos buenos golpes antes de que llegáramos, ¿no? Y unos bien bruscos cuando llegó tu manada.

-¿Sam está aquí?-pregunté con sorpresa olvidando la imagen de cuando fui golpeado contra la pared por uno de esos malditos vampiros.

Carlisle asintió.

-Con Jasper, Alice y Emmett.-respondió.-Están…-me miró a los ojos.-Vigilando a Ronnie.

-Ronnie.-susurré bajando la mirada y la volví hacia él.-¿Cómo está? ¿Bien? Ella… ¿Se salvó? Por favor, dígame. No recuerdo. Me desmayé.

Él me miró con cierta compasión. Cierta. Algo ocurría. Algo malo. O quizás no y estaba imaginando cosas.

-Deberías verla.-me dijo finalmente levantándose y extendiéndome una mano para ayudarme.-Vamos, te necesita y tú a ella. Trata de no moverte mucho porque los huesos podrían curarse de forma errónea. Eso es.

Me llevó así débil como me encontraba hacia un claro que había más adelante. Allí estaban todos, formando un círculo. No sólo los vampiros: Sam, Jared, Paul, Embry y Quil también estaban acá. Seth y Leah también. Todos se giraron cuando llegué. Le hice una inclinada de cabeza a Sam, que me la devolvió con rostro serio. Nuestro saludo y mi agradecimiento. Por todo.

Al centro, estaba ella. Su cabello rojo estaba tendido en la tierra como ella, que mantenía los ojos cerrados y muchas magulladuras por todos los brazos, cara, supuse que en todo su cuerpo. Respiraba como un niño recién dormido.

Inconsciente. Desmayada.

Todos se apartaron para que me acercara. Me arrodillé junto a ella con un gemido de dolor pues mi rodilla sufrió una enorme punzada al hacerlo.

-Ronnie…-musité cerrando los ojos y posando una mano sobre su brazo inmóvil.

-Se desmayó.-explicó Alice tratando de ayudar.-No sabemos cómo. Pero nada la despierta.

-Se va a despertar sola.-murmuré y deslicé mi mano hasta su helada mejilla.

-Eso es lo que creímos.-suspiró la vampira de cabello corto.

-¿Cómo llegaron aquí?-inquirí mirándolos a todos.-No es nada, pero estamos en Inglaterra. No es que los lobos sepan volar, ¿a que no?

Jasper puso los ojos en blanco. Bueno, si el vampiro no tenía sentido del humor no era mi culpa, ¿verdad?

-Somos su E.V.R-respondió Emmett como si fuese lo más evidente de la vida. Sonreía.

-Oh, sí. ¡Todo tiene sentido ahora! Gracias.

-Él habla del Escuadrón de vampiros de rescate.-rio Alice por lo bajo.-Era un juego que venían haciendo Jasper y Emmett en el avión.

-¿Entonces vinieron en un avión?

-Así es.-Carlisle asintió.-Alice vio todo lo que ocurriría. Tratamos de apresurarnos lo más que pudimos.

-¿Y ustedes?-me dirigía hacia Sam.

-Cuando entraste en fase supimos todo.-fue su respuesta serena.

Los miré fijamente, aun sin retirar mi mano de mi Ronnie.

-¿En avión también?-inquirí.

-Sí.

Suspiré. Bajé la mirada a mi vampira. Tomé con cuidado su cabecita y la reposé entre mis piernas.

-¿Qué hay de Dan?-mascullé segundos después.-¿Qué demonios hicieron con él?

-Está muerto.-informó Jasper con un dejo de satisfacción.-No queda nada más que cenizas de todos los vampiros que habían ahí…

-Déjalo ahí.-lo interrumpí cerrando los ojos.-No quiero saber más. Con que se fue al infierno es suficiente.

Hubo un momento de silencio, en el que acaricié el cabello de Ronnie con los ojos cerrados como ella. Sentía que en cualquier momento ya me iba a desmayar.

-¿Saben?-dijo Alice.-Creo que ya es hora de irnos a casa.

No podía estar más de acuerdo.