Capitulo 2: El pub Colmillo.


El pub Colmillo resultó ser más o menos lo que me había imaginado, aunque, la verdad, tampoco es que tuviese demasiadas expectativas para el lugar. Dado que está en un edificio que durante el día sirve como lugar de reunión para los Caballeros de Colón, los empresarios tampoco podían hacer mucho para hacerlo más gótico por las noches y poder sacarlo todo a tiempo para el brunch de veteranos de las seis de la mañana.

Y no es que no lo hayan intentado. Colgaron de las vigas luces de colores intermitentes y sábanas blancas del suelo al techo para cubrir las ventanas. Y detrás de estás sábanas pusieron ventiladores para que se moviesen con el aire. Los proyectores de diapositivas situados al otro lado de la sala arrojaban imágenes escalofriantes e indescriptibles sobre el fondo blanco de las sábanas.

Delante del escenario, que estaba ligeramente elevado, habían colocado la guinda del pastel: una jaula de bondage. Al menos supuestamente se tenía que parecer a eso. Creo que se limitaron a coger algunas verjas de alambre y a pintarlas de negro con un espray.

Detrás de la "jaula" hay un pinchadiscos de barba desaliñada hurgando entre los discos. Unos altavoces enormes emiten música electrónica, industrial y gótica a todo volumen. Incluso tienen una de esas horribles máquinas que echan humo, con lo que empiezo a toser en cuanto pongo el pie dentro.

Al resto de la gente que hay en el pub parece no importarle ni la cutrez ni el humo. Vestidos de negro integral, como si de uniformes se tratase, se balancean al ritmo de la música haciendo un baile que me recuerda a cuando metes el pie en el barro y se te queda atascado. Sacan el pie lenta y meticulosamente y luego parece que se les queda atascado también el otro pie, obligándolos así a repetir todo el proceso desde el principio.

—¡…clase! —me grita Ame al oído.

—¿Eh? —¿Qué quiere decir con lo de "clase"? Oh, Dios mío… ¿Habrá visto a alguien conocido del instituto? Jo, me moriría de vergüenza si alguien conocido me pillase aquí de esta guisa y se enterasen mis compañeras del equipo de hockey sobre hierba. Me machacarían para siempre—. ¿Qué has visto a alguien de clase?

—No, ¡he dicho que esto tiene clase! —corrigió Ame. Ah. ¡Uf! No es que esté de acuerdo con su afirmación, pero al menos no tendré que esconderme detrás de una de esas sábanas ondeantes.

—Voy a buscar algo de beber—dice Ame señalando una barra pequeña e improvisada situada junto a una pared. Y a diferencia de las barras de los pub de verdad, por supuesto, esta solo sirve refrescos. Qué mal. No es que sea alcohólica pero en este caso una cerveza podría ayudar a aplacar el dolor.

—Tráeme un Red Bull—le digo. Quizá una megadosis de cafeína me ayude. Ame asiente y desaparece entre la niebla.

Encuentro una pared e intento pasar inadvertida mientras me pregunto por qué demonios habré accedido a esta tortura. Llevamos aquí cinco minutos y ya tengo un dolor de cabeza horrible. Por no hablar de la peste de la muchedumbre, que me da ganas de vomitar. En serio, ¿Qué te cuesta echarte un poco de desodorante en los sobacos antes de ponerte a sudar en la pista de baile?

Intento buscar el lado bueno a la situación.

Vale, intenta tener una buena actitud, Hinata. Ame ha hecho muchas cosas por ti. No seas egoísta y déjate llevar. Quién sabe, ¡hasta puede que te diviertas!

Sí, claro. Eso no se lo cree nadie. Como mucho conseguiré fingir que me lo paso bien.

—Buenas noches.

Oh, no. Un tío. Dirigiéndose a mí. Pensé que Ame había dicho que aquí todo el mundo era gay. Levanto la mirada, dispuesta señalarme la camiseta, cuando de repente me encuentro con los ojos más bonitos que he visto en mis dieciséis años de vida. Son del color de los zafiros, literalmente. A ver, he visto muchos ojos azules, pero ninguno como estos.

Y lo que es aún mejor: los ojos están en una cara igualmente impresionante. Hago un inventario rápido: piel suave, pómulos marcados y pestañas negras como el carbón. Pelo corto y de un rubio parecido al amarillo. Normalmente no me van los chicos de cabello de ese color, pero a este tío le queda total. Parece un Brad Pitt de pelo corto. Y mejor todavía: a diferencia del resto de los chicos del pub, que van vestidos de góticos, él no lleva puesto nada negro. Solo una sencilla camiseta blanca ajustada y unos vaqueros de tiro bajo. Y tampoco lleva lápiz de ojos, gracias a Dios.

Recorro visualmente el lugar, convencida de que Brad debe de estar hablándole a otra persona, no a mí. Alguna supermodelo situada a mi derecha, quizá. Pero no veo a nadie a mí alrededor. Mmm.

—Ho…hola—digo con una voz infantil de pito. Odio mi voz. Parece que tengo diez años. Ame y yo somos gemelas idénticas pero ella tiene una voz sensual y áspera. Quizá sea por el tabaco, pero si tengo que elegir entre un posible futuro cáncer de pulmón y una voz de pito, podéis llamarme Minnie Mouse.

En lugar de contestarme, el tío extiende el brazo y me pone la mano en la mejilla, ejerciendo una ligera presión. Tiene la piel fría, pero su tacto me quema. Estudia mi cara y luego recorre mi cuerpo con los ojos haciéndome sentir desnuda bajo su mirada. Percibo un escalofrío involuntario y noto como se me pone la piel de gallina en los brazos. Uau. No me acuerdo de la última vez que un chico me puso la piel de gallina. ¡Quizá no me haya pasado nunca!

Sé que debería estar preguntándome por qué se me ha acercado este tío en un pub y, evidentemente, le parece algo normal tocarme de una manera tan íntima, pero no consigo pronunciar ni una palabra de protesta.

—Soy Naruto—dice con una voz peligrosa y entrecortada y con un marcado acento inglés—. Creo que me estabas esperando.

Se me cae el alma a los pies. Maldita sea, sabía que se había equivocado de chica. Probablemente tiene una cita a ciegas y me ha confundido con ella. (Aunque no consigo entender por qué un chico de su calibre tiene que recurrir a una cita a ciegas. ¡Cualquiera con buena vista lo agarraría nada más verlo!) Pero espera un segundo. Si ni siquiera conoce a su cita, ¿qué tipo de relación tienen? Evidentemente todavía no son pareja, lo que para mí implica que yo estaría jugando limpio. Miro a mi alrededor para asegurarme de que no hay ninguna tía loca y posesiva dispuesta a sacarme los ojos por meterme en su territorio. Pero el horizonte parece despejado.

—Hola, Naruto—digo, pero tengo que gritar a causa de la música—. Yo soy Hinata.

Él inclina la cabeza y me mira confuso. Luego se lleva un dedo a la oreja y me sonríe. Ah. Ya entiendo. No me oye por la música. Y justo cuando estoy a punto de repetir en voz más alta mi presentación me agarra la mano y me lleva hacia la puerta del pub.

Siento el corazón en el pecho latiéndome con fuerza. Si digo que ahora mismo me va mil millones de latidos por minuto me quedaría corta. ¿Adónde me lleva? ¿Debería seguirle o soltarme? Busco a Ame en el pub, al menos para decirle que volveré pronto, pero no la veo por ninguna parte.

Salimos al aire fresco de la noche. Aquí afuera hace bastante frío, incluso para ser mayo en Nuevo Hampshire. El portero del pub nos mira con recelo durante un momento antes de girarse para seguir ligando con la preciosa rubia menor de edad que está a su derecha. Naruto me hace bajar las escaleras principales sin soltar mi mano temblorosa.

—Mmm, ¿adónde vamos? —pregunto, y me paró en seco. Después de todo, por muy mono que sea, no sé absolutamente nada sobre él. Y el Pepito Grillo de mi cabeza me advierte de los peligros de seguir a un desconocido al exterior de un pub por la noche.

Él se da la vuelta y me sonríe otra vez, y mis defensas se desmoronan. Seguro que alguien con una sonrisa tan bonita no puede ser peligroso, ¿verdad?

—Ahí dentro es un poco difícil oírte—dice al fin. ¡Uau, me encanta su acento! —.Pensé que podríamos salir afuera para charlar.

Vale, charlar. En plan de conversación. Hablar es bueno. Hablar no implica hacer nada que mamá no aprobaría. Pero no es que me importe lo que aprobaría o no mamá, me recuerdo a mí misma. A ver, tengo dieciséis años; casi soy oficialmente adulta. Definitivamente tengo que salir de esta rutina de santurrona en la que estoy metida todo el tiempo.

—Entonces… ¿vienes por aquí a menudo? —pregunto, intentando entablar conversación. Pero me doy cuenta demasiado tarde de lo tópica que suena la pregunta. Él se ríe ligeramente y yo siento como se me calienta la cara. Esa es otra de las desventajas de tener la piel clara y pecas. Me pongo como un tomate y no hay forma de ocultarlo. Esperemos que la oscuridad que nos rodea suavice un poco este rojo de camión de bomberos.

Quiero decir algo más para compensar mi estúpida pregunta, pero al parecer la lengua no me funciona correctamente. ¿Qué demonios me pasa? Mi cerebro me dice que debería estar muerta de miedo, pero mi corazón me dice que me deje llevar. Después de todo, ¿con qué frecuencia se te acerca un tío tan guapo en un pub y se pone a hablar contigo? A ver, puede que le pase muy a menudo Paris Hilton, por ejemplo, pero a la pobre de la menda nunca le ocurre.

Vamos hacia la parte de atrás del edificio, donde hay un aparcamiento y una sola farola que desprende una luz amarillenta sobre los vehículos. Naruto se detiene y me sonríe. Yo me apoyo en los ladrillos del edifico y le devuelvo una sonrisa tímida.

¿Y ahora qué? Espero que no esté esperando una conversación intelectual, porque creo que no sería capaz de mantenerla en este preciso instante.

Sin embargo parece lo último que se le pasa por la cabeza es entablar una conversación, ya que se acerca un paso más y frota la rodilla contra el interior de mi muslo. Aquel contacto físico repentino me provoca una ligera sensación de náuseas en la boca del estómago. Pero en el buen sentido de la palabra, si es que es posible.

Vuelve a tocarme la cara, esta vez recorre mi pómulo con un suave dedo. Sus ojos buscan los míos, como si pudiese ver el interior de mi alma. Todo aquello es tan inquietante, peligroso y sexi que juro que voy a caer desmayada.

—Eres preciosa—susurra—. Y tan inocente.

Yo frunzo el ceño. Dios, odio cuando la gente dice eso. En fin, técnicamente soy inocente, inocente con mayúsculas. Pero lo que más me fastidia es que sea tan fácil de adivinar a primera vista. Como si llevase una uve gigante en la frente o algo así. Ame y yo somos gemelas y a ella nadie le dice que parece inocente. Oh, no.

—No soy tan inocente. —digo, dándome cuenta de que estaba citando un verso de una canción de Britney. Debería mantener la boca cerrada hasta que encuentre algo inteligente, ocurrente o interesante que decir.

—No es un insulto—murmura él mientras me pasa el dedo por la oreja y recorre el lóbulo—. A mí me parece muy, pero muy atractivo.

¿He mencionado ya lo buenísimo que está? ¿Y lo excitada que estoy yo? ¿Y que soy incapaz de responder a cualquier cosa que me diga?

—Vaya. Bueno… gracias, supongo. —Y me río con mi estúpida risa, la que me sale siempre que estoy nerviosa. Parece el rebuzno de un burro y no me gusta nada.

Él se inclina más y su boca está tan cerca que puede sentir su aliento en mi cara. Huele a menta y a algo especiado que no consigo identificar.

—¿Estás segura que quieres hacer esto? —me pregunta buscando de nuevo mi cara.

Yo arrugo la nariz, perpleja. ¿Si estoy segura de que quiero qué? Desde el principio de este encuentro algo me dice que me estoy perdiendo una parte de la información realmente importante. Por la forma en que me mira tengo la sensación de que me está preguntando si estoy segura de querer besarle. Y la respuesta a esa pregunta es: Claro que sí.

—Estoy segura—susurro con la esperanza de que me salga una voz ronca como la de Demi Moore. Como la de Ame—. Muy, muy segura.

Él sonríe.

—De acuerdo, entonces, hagámoslo.

Cierro los ojos y lo siguiente que siento son sus labios rozando los míos. Noto escalofríos por todo el cuerpo y la piel de gallina regresa con más fuerza que nunca. Y no es que sea una experta en besos (de hecho me da un poco de vergüenza admitir que solo me he enrollado con tres chicos en toda mi vida), pero hasta yo puedo decir que esto es impresionante, un beso de los que recuerda toda la vida. La forma en que presiona sus labios contra los míos, como si estuviese muerto de hambre y llevase días sin comer. Como si desease algo que solo le puede proporcionar mi boca. Separo los labios y no puedo contener un gemido de placer. Espero que no piense que soy una guarra por dejarle besarme así. En fin, apenas lo conozco. Pero hay algo en todo esto que me gusta.

Entonces separa sus labios de los míos y me va dando besos hasta llegar al cuello. Me encanta que me besen el cuello. Por alguna razón me pone a cien. La ligerísima presión de sus labios rozando mi…

¡Aaaay!

—Pero ¿qué rayos…?—digo mientras me aparto de un salto, horrorizada.

Dios mío. ¿Acaba de morderme?


¡Ta-dan! ¡Uf! Logré terminar el tercer capítulo.

¿Les ha gustado? Sinceramente a mí me encanta como narra Mari en sus historias, así que estoy satisfecha con esto.

Hinata12Hyuga: ¡Hola linda! Qué bueno encontrare nuevamente por acá ;). Estoy muy de acuerdo en tu opinión sobre Ame, a pesar de que el nombre me lo tuve que inventar, ya que en realidad, se llama Rayne. Igualmente ella me encanta XD

shironeko black: ¡Hola! Agradezco tu comentario. ¡Obviamente continuaré actualizando! XD

P.D: Espero que ahora si se pueda leer.


¿Reviews? :3