Capitulo 4: Un maldito caso de error de identidad
—¿En vampira? —grito—. ¿Es una especie de broma de mal gusto?
Ame sacude la cabeza.
—No es ninguna broma, Hina, sino un problema muy serio. —Se gira hacia Naruto—. ¿Cómo puedes haberlo fastidiado? Se supone que eres mi padrino. ¿Y ni siquiera te das cuenta de que no soy yo?
Naruto gime, se dobla y luego se pone a escupir en la acera. Qué atractivo. No me puedo creer que hace cinco minutos me pareciese un guaperas sexi. Alguien con quien me apetecía enrollarme. Ahora mismo preferiría besar al guardián de la cripta.
—Sois exactamente iguales—protesta—¿Cómo iba a saberlo? —Y cierra la mano formando un puño—. Lucifent me va a matar.
—Bueno, técnicamente ya estás muerto, ¿no? —le digo con mi tono más dulce. Ya estoy cansada de este juego.
Él se gira y me lanza una mirada siniestra.
—Me lo tomaré como que no fuiste a clase el día que explicaron las figuras retóricas.
Yo arqueo una ceja.
—¡Chicos, por favor! —nos interrumpe Ame—. Dejad de discutir. Esto es grave. No importa el porqué, sino que ha ocurrido. Y tenemos que hacer como si no hubiese pasado. Hinata no se puede convertir en vampira. Tiene la eliminatoria de hockey sobre hierba la semana que viene.
Para que conste, el hockey sobre hierba sería la menor de mis preocupaciones si de verdad me fuese a convertir en vampira. Yo pensaría en algo más general: como si todo el rollo ese de dormir durante el día y cazar humanos por la noche pudiese ser un impedimento para acceder a las universidades a las que planeo ir.
Naruto escupe otro lapo a la acera. Puaj.
—Mmm…, ¿te importaría dejar de escupir? —pregunto mientras me retiro para dejar espacio entre yo y su zona de pulverización—. Me está dando mucho asco.
Él levanta la cabeza y dice:
—Estoy intentando eliminar cualquier resto de tu sangre de la boca. No te hicieron análisis. ¿Quién sabe qué tipo de enfermedades puedes tener? —dice mirándome horrorizado mientras se limpia la cara—. No tienes sida, ¿verdad?
Será… Este tío me está cabreando de verdad. Yo no le pedí que me diese un muerdo en la yugular. Se lo tendría bien merecido si tuviese alguna extrañan enfermedad contagiosa.
Ame pone los ojos en blanco.
—Por favooor. Si Hina es pura como la nieve, Naruto. Totalmente virgen, con uve mayúscula. Así que, a menos que tenga alguna adicción oculta a la heroína de la que no me haya hablado, creo que estás limpio. Y además—añade con una sonrisa burlona—estoy bastante segura de que no es una heroinómana. Después de todo, no tiene ese aspecto esquelético y chic, ¿verdad?
—Vaya, muchas gracias, Ame. —¿Además también hay que hablar de cuánto miden mis caderas? Esto se pone cada vez mejor.
—Bien—dice Naruto—. Nada de enfermedades. Bueno, al menos es algo. Pero aun así. ¿Una mordedura no autorizada? ¿Sabes cuánto se va a enfadar Lucifent? Me va a matar… me va a dar una paliza. En estos tiempos nadie convierte a alguien en vampiro en contra de su voluntad. No es apropiado y podrían demandarte.
—¿Puedo demandarte? Genail. —Revuelvo en mi bolso en busca de un lápiz. Esto quiero anotarlo—. ¿Por qué? ¿Por negligencia médica? ¿Por agresión con colmillos mortales? —digo, y levanto la mirada—¿Cuánto crees que me concedería el tribunal por eso?
Ame frunce el ceño.
—Deja de portarte como una perra. ¿No ves que el pobre Naruto está hecho polvo?
—¿Qué deje de portarme como una perra, yo? ¿Por el bien de Naruto? —La miro con descrédito—. ¿Hola? Ese tío se acerco a mí y me mordió sin motivo alguno.
—Tenía un motivo—contraataca Naruto con mal humor—. Solo te confundí con Ame. Es un maldito caso de error de identidad, eso es todo.
—Escuchad, chicos—continúo—. No sé a qué tipo de jueguitos retorcidos os gusta jugar a los niños góticos y, a decir verdad, creo que no quiero saberlo. Así que largaos a pasear por cementerios, desead estar muertos, e idos a navegar en vuestra barca gótica. Pero yo me marcho de aquí. —Miro a mi hermana—. Ame, ya te buscarás la vida para volver a casa. Ya no estoy de humor para desmelenarme en la pista de baile.
Me doy la vuelta y me piro hacia el coche. Pero Ame viene detrás de mí y me agarra por el hombro para darme la vuelta. Tiene los ojos como platos y aterrados y su cara empolvada está más blanca de lo normal. (¡Que ya es decir!)
—Hinata, escúchame—grita—. Esto no es un juego. Naruto es un vampiro. Y si te ha mordido entonces tú también te vas a convertir en uno. Tienes que tomarte esto en serio.
Yo pongo lo ojos en blanco.
—Ame, cielo. Mi querida e ingenua gemela. Sé que esto puede ser un golpe muy fuerte para ti, pero los vampiros no existen.
—Yo también lo pensaba. Pero sí existen. Y Naruto es uno de ellos, definitivamente—insiste Ame—. Naruto, demuéstraselo.
Resoplo y me doy la vuelta de mala gana. Esto va estar bien.
—Sí, Naruto, demuéstramelo.
Naruto suelta un suspiro profundo y demasiado exagerado. Como si estuviese cansado de que todo el mundo le pidiese que demostrase su don de criatura de la noche. Estoy segura de que se lo piden mucho.
—Vale—masculla. Mete la mano en su mochila y saca una navaja del bolsillo—. ¿Quieres hacer los honores? —pregunta mientras abre la hoja de la navaja y me la entrega.
—Creí que ya he tenido demasiados honores por hoy, tío.
—Lo haré yo, lo haré yo—dice Ame interrumpiéndonos con nerviosismo.
—¿Qué vas a hacer exactamente? —pregunto mientras Naruto le da la navaja a mi ansiosa hermana.
—Clavarle la navaja, por supuesto—dice Ame como si nada.
Por supuesto.
Cuando Naruto levanta la camisa y muestra su estómago (y su tableta de chocolate, no puedo evitar fijarme) me pregunto cómo habrán amañado este truco. ¿Una hoja retráctil? ¿Una bolsa de sangre dentro de la punta?
—¿Sabéis que? Creo que, después de todo, me gustaría hacerlo—anuncio. Así podré entenderlo mejor. Luego puedo dejarlos en evidencia y seguir con mi noche.
Ame se encoge de hombros y me da la navaja. Paso la yema del dedo suavemente por la punta. ¡Ay! Me sale una pequeña gota de sangre del corte. Está muy afilada. Mmm.
Escucho un leve gemido y levanto la mirada. Naruto me está mirando el dedo como si fuese un postre y él fuese un náufrago que lleva un mes entero comiendo solo arroz. Nunca he visto tanta lascivia en unos ojos y es bastante inquietante.
—¿Te importaría limpiarte el dedo? —dice con voz entrecortada y rebosante de pánico.
—¿Por qué?, ¿te molesta? —pregunto agitando el dedo en cuestión—. ¿Quieres chuparlo o qué?
—Hina, no te burles del vampiro—me reprende Ame.
A ver, tengo que admitir que Naruto imita muy bien a un vampiro. Creo que incluso le he visto un poco de saliva en la comisura de los labios mientras miraba en trance mi dedo sangriento, siguiéndolo con los ojos como un perro a un premio.
—Vale, lo siento—digo despreocupadamente. Me llevo lentamente el dedo a la boca con gran solemnidad. Naruto jadea y por un momento parece que se va a desmayar.
—Eres cruel—me increpa Ame—. De verdad, Hinata.
Me río. Se toman esto demasiado en serio…
—Vale, vale—digo—. El dedo malo sangriento ya ha desaparecido. Volvamos a los de la puñalada.
Naruto, que parece haberse recuperado un poco, se vuelve a levantar la camisa. Vaya, me pregunto cuántas flexiones tiene que hacer para tener ese cuerpo. Una pena que sea un capullo. SI pudiese hacerse un trasplante de personalidad o algo así sería perfecto.
Vuelvo a mirar el cuchillo. ¿Cómo se retrae? No noto ningún muelle.
—Hazlo rápido—dice él—. No tenemos toda la noche.
—Vale. No quiero que te pille el sol de la mañana y te conviertas en polvo y todo eso—digo resoplando—. Venga. Vamos allá. —Echo hacia atrás el cuchillo y luego se lo clavo el estómago con todas mis fuerzas.
—¡Ay! —Grita del dolor y se retuerce, con el cuchillo todavía saliéndole del abdomen, de cuya herida brota una sangre oscura.
—Mmm—Uau. Parece de verdad. ¿Cómo conseguirán que salga toda esa sangre del cuchillo? ¿Y cómo se le queda la navaja pegada al estómago si es retráctil?
Ah, y ¿por qué se comporta como si le doliese de verdad?
—Uy…
Miro a Ame, que observa la escena con una mirada fría. ¿Qué demonios está pasando aquí?
Vuelvo a mirar a Naruto. Ahora está de rodillos, se está sujetando el estómago y tiene una expresión de agonía. Tiene las manos casi moradas de sangre y sigue gimiendo de dolor.
El miedo me invade el corazón como si de una brisa helada se tratase. ¿La he cargado? ¿Será que la hoja no se retrajo cuando se suponía que tenía que hacerlo? ¿Habré apuñalado de verdad a un tío en el estómago?
—¿Estás bien? —pregunto preocupada. Vaya pregunta estúpida. El charco de sangre sirve de respuesta.
En lugar de responderme, Naruto se desploma sobre la acera en posición fetal, apretándose el estómago. En un ataque de pánico, me arrodillo e intento girarlo para poder examinar la herida. Está sangrando de verdad. Me moriría de asco si no estuviese tan asustada.
—Oh, Dios mío, creo que está herido de verdad—chillo, girándome para buscar a mi gemela. ¡Necesita una ambulancia!
Me giro hacia Naruto y busco una forma de detener la hemorragia. ¿Debería extraer la navaja o dejarla dentro? Respiro con dificultad y sollozo mientras se me pasa toda mi vida por delante.
Yo, Hinata Hyuga, acabo de apuñalar a alguien en el estómago. Y ahora podría morirse. Y yo seré la responsable. Me van a acusar de asesinato. Me meterán en la cárcel y tirarán la llave. ¿Existe pena de muerte en Tokyo? Oh, Dios mío. ¿Por qué me ofrecería para coger la navaja? ¿Qué me poseyó para acuchillar en el estómago a un adolescente ingenuo que se cree un vampiro? Estúpido, Hinata. Ha sido realmente estúpido.
Me caen las lágrimas por las mejillas mientras me agacho junto a Naruto.
—¿Estás bien? —le pregunto sollozando—. ¿Puedes oírme? —Me acerco más—. ¿Ves alguna luz blanca? Si la vez, te ruego que no vayas hacia ella. Tengo tanta… quiero decir, tienes tanta vida por delante…
—¿No te lo había dicho? —De repente Naruto abre los ojos, se incorpora y empieza a reírse como un histérico—. ¡Ya estoy muerto!
Veo horrorizada cómo agarra la navaja y se la saca con toda la facilidad de la herida. Entonces, por arte de magia, el corte empieza a encogerse delante de mis ojos. Observo hipnotizada como si un hilo invisible cosiese la piel hasta que no queda más que una leve cicatriz.
—¡Dios mío! Es verdad que eres…—Doy un salto hacia atrás, horrorizada—. ¡Dios mío!
—Lo siento—dice riéndose—. Tenía que devolverte lo del dedo ensangrentado.
Me doy la vuelta y me encuentro con Ame. Ella también se está partiendo de risa, tanto que casi está llorando. Ni que esto fuese lo más divertido que hubiese visto desde Shrek 2.
—¡Jolín! —dice riéndose—. Deberías haberte visto la cara, Hina. ¡Era todo un poema!
La miro a ella y luego a Naruto. No me puedo creer esto. Sencillamente no me lo puedo creer.
—Tú… Quiero decir… Pensé que…
Vaya, he perdido por completo la capacidad de hablar. Puede que tenga que pasar el resto de mi vida muda e ir por ahí con una pizarra, escribiendo todo cuanto tiempo ha podía decir, con anterioridad a que un vampiro me dejase tonta al sacarse un cuchillo del estómago.
—Disculpa—dice Naruto mientras se pone de pie y vuelve a meter la navaja ensangrentada en la mochila, sin limpiarla—, pero dijiste que querías pruebas.
Siento que voy a vomitar.
—Entonces de verdad eres…
—¿Un vampiro? —pregunta levantando una ceja—. Sí.
—Y eso significa…—En este momento se me está revolviendo el estómago. Como si estuviese en un barco en medio de una tormenta. O como si estuviese en una montaña rusa.
—Que mi mordedura te ha infectado. —Suspira, poniéndose serio otra vez—. Por desgracia, también sí.
Me inclino y vomito.
—Puaj. —Ame se aparta para evitar mi pota—. Hinata, eso es asqueroso.
—Vaya, siento haberte ofendido—digo con mi tono más sarcástico, y me limpio la boca con la mano—. Supongo que no me estoy tomando tan bien como te esperabas el hecho de que me hayan convertido por error en una maldita vampira.
Ame se encoge de hombros.
—Lo entiendo perfectamente, Hina. Pero eso no significa que quiera que me salpiques con tu vómito.
Yo pongo los ojos en blanco y luego miro a Naruto.
—Entonces… espera—digo—. Estoy confundida. Siempre pensé que para convertirse en vampiro tienes que beberte la sangre de uno de ellos. Y tú lo único que hiciste fue morderme.
—Maldito sea Hollywood y sus falsas primitivas—dice Naruto cansinamente. Se mete la mano en la boca, saca algo y lo sostiene en alto para que pueda verlo. Es un colmillo de porcelana medio llena de un líquido rojo—. Mediante nuestras encuestas posmórtem hemos averiguado que a la mayoría de la gente lo de beber de su padrino les parece un poco perturbador. Además—añade—, aunque nuestra piel se cura fácilmente, cortarse una muñeca para que el aprendiz beba de ella puede dejar cicatrices. Y nadie quiere ser un vampiro con cicatrices. —Me acerca el diente para que pueda examinarlo de cerca—. Así que creó estos implantes hace unos años. Un invento endemoniadamente fantástico, la verdad. Solo tengo que pincharme el dedo, meto unas cuantas gotas de sangre en el implante y luego se lo inyecto al aprendiz. —Se encoge de hombros—. Podríamos utilizar una jeringuilla, por supuesto, y en realidad probablemente sería más fácil y más higiénico. Pero los estudios también muestran que a nuestros aprendices les gusta el romanticismo de la vieja escuela de ser mordidos en el cuello.
No sé si me impresiona más que haya sitios de Internet que vendan aparatitos para inyectar sangre o que estos tíos les pidan a sus víctimas que rellenen formularios de sugerencias.
Naruto mete la mano en la mochila y saca una cajita de plata.
—El principal fabricante de suministros para vampiros se llama . Bolsas de sangre, afila colmillos, armaduras, ese tipo de cosas. —Abre la caja y mete el colmillo entre el forro de terciopelo.
Joder, hoy en día se puede comprar de todo en internet.
—Vale, lo pillo—digo—. Pero déjame preguntarte una cosa. Si me he convertido en vampira, ¿cómo es que no me siento como tal?
—¿Acaso sabes cómo se siente un vampiro? —interrumpe Ame, por desgracias con mucha razón.
—Bueno, para empezar no estoy desando beberme tu sangre—digo lentamente—. Y… ¿a ver? —Me meto la mano por el cuello de la camiseta y saco el crucifijo que llevo colgado. Naruto se aparta de un salto—. Y la cruz no me debilita ni me quema ni nada. —Pienso durante un momento—. Y, definitivamente, me comería un trozo de pizza de queso con ajo para desayunar en cuanto salga el sol.
En realidad lo último suena bastante asqueroso, pero no pienso admitirlo delante de ellos.
—¿Podrías… por favor… apartar eso? —me pide Naruto resollando.
—Así que mi pregunta es—digo ignorándolo a propósito y agitando el crucifijo mientras lo veo bailar de un lado a otro para evitarlo—: ¿cómo arreglamos esto? —inquiero.
—¿A…arreglarlo?
—Sí. Detener la transformación o algo. Invertirla. Tiene que haber una forma de hacerlo. ¿Verdad? ¿Quizá chupar la herida para extraer el veneno como cuando te pica una serpiente de cascabel?
Me doy cuenta de que Naruto está intentando decir algo, pero que no es capaz de formar las palabras. Ah, sí, el crucifijo. Lo guardo debajo de la camiseta de tirantes. El metal parece estar un poco más caliente justo donde hace contacto con mi piel, pero no me incomoda. Aun así, no es una buena señal.
—Gracias—dice Naruto jadeando—. Como intentaba decirte, no hay, manera de invertirlo.
—Respuesta incorrecta—digo haciendo ademán de volver a sacar el crucifijo.
—¡Espera! —grita.
Me detengo con la mano en la garganta.
—Puede… pude que haya una manera. No estoy seguro. No lo sé. Pero quizá lo sepa Lucifent.
—¿Quién es ese Lucifent?
—Mi jefe. El líder del Círculo. Es un vampiro de trescientos años. Si alguien lo puede saber, ese es él.
Yo asiento.
—Vale. Pues vamos a hablar con él.
—No podemos. Bueno, no ahora mismo. Está cenando.
—Sí, pero esto es una emergencia. ¿No podemos simplemente acercarnos al restaurante en el que está y…? Ah…—digo. Me cuesta tragar saliva—. ¿Ese tipo de cena?
Naruto asiente.
—Puaj.
—Hinata, tienes que intentar abrir tu mente—dice Ame—. La gente diferente tiene costumbres diferentes y ridiculizarlos…
—Entonces, ¿cuándo va acabar de, ejem, cenar?
Naruto se queda pensativo.
—Puedo llamar a su secretaria y preguntárselo. Quizá tenga alguna cancelación para mañana por la noche o algo así. ¿Por qué no nos vemos en el cementerio de San Patricio mañana a las ocho de la tarde? Te esperaré en la lápida del centro.
—¿Mañana? —exclamo—. Pero ya habrán pasado veinticuatro horas desde ahora. Mañana tengo que ir a clase.
—Pues vete—dice Naruto encogiéndose de hombros.
—Pero ¿no me freiré con el solo o algo así?
—Mira—dijo soltando un suspiro de exasperación, como si yo fuese una molestia. Joder—. Para una transformación completa en vampiro hacen falta siete días. No debería pasarte nada. El solo no debería molestarte demasiado durante las primeras veinticuatro horas. Sin embargo te sugiero que te pongas un poco de protector solar, por si acaso.
Vale. Protector solar en instituto. Esto va a ser divertido. O no.
¡H-hola! ¿Cómo están sus vidas mortales? XD
¿Les ha gustado el capitulo? Quiero saber, quiero saber, quiero saber…
Espero les haya gustado, me demoré mucho escribiéndolo, notarán que está vez está mucho más largo. He usado ocho Hojas para esto -.-U
Me he dado cuenta que este capítulo simplemente trata de la conversación entre Hinata, Ame y Naruto (Sunny, Rayne y Magnus), así que tampoco estuvo de lo más genial. Pero de que es largo es largo *-*
Tengo que anunciarles algo muy bueno:
¡He descubierto que hay dos libros más además de "Chicos que muerden"! Cool ¿verdad? XD, cuando termine de escribir este, subiré los otros.
Aun tengo que comprarlos -_-U
¡Respondamos Reviews!
Ivy C. Poison: Holis :3, me da gusto que te parezca interesante. Me alegran mucho leer comentarios como este _. Gracias por el consejo del estrés, lo tomaré mucho en cuenta :)
Hinata12Hyuga: ¡Aaaah! ¡Amo verte siempre a ti comentando! XD, me encanta responderte :3. Concuerdo contigo, yo tampoco se a quien echarle la culpa por todo este rollo *-*. Espero verte comentando nuevamente por aquí ;)
¡Nos leemos!
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(¸.•´ (¸.•` ¤ Nagisa Del Mar
