Capítulo 2.
Inuyasha se dirigió lentamente a la aldea, acercándose a donde se encontraban sus amigos, guiado por su olor, con la firme convicción de poner en práctica su plan. Si no estuviera tan cansado lo haría ahora mismo, pero…
¿No es el señor Inuyasha el que viene ahí? — preguntó Kohaku mientras señalaba en la dirección por donde el ojidorado se acercaba.
Pues sí, — dijo Shippou – y no tiene muy buen aspecto, se ve todo mojado, sucio y fatigado… como te dije, todo un triste perro sin dueño.
Por suerte para el kitsune el Hanyō no lo escuchó, de tan agotado que se sentía, si no ya sabemos que le hubiera ocurrido. Sango salió corriendo y Miroku fue tras ella, pensando en que su amigo requeriría una mano firme como la suya, no la tierna y delicada mano de su amada, aunque a veces era demasiado pesada, eso le constaba muuuy bien (sabemos las razones de haberlo comprobado jajaja).
¡Inuyasha!, — dijo Sango mientras se acercaba para darle un abrazo de consuelo — ¿Te encuentras bien?
Él no le contestó. Por respuesta por poco se cae sobre ella, desvanecido de cansancio y, si no fuera porque Miroku llegó justo a tiempo para salvar a su amada, Sango hubiera sentido todo el peso muerto de Inuyasha.
Sabía que nada bueno pasaría, ¡pero que bestia tan bestia es! — dijo el monje tomándolo firmemente — Si que necesitas un buen descanso amigo, y alimentarte bien… — le habló suavemente cerca de la oreja, como esperando que lo escuchara, para después hacer un gesto de sufrimiento al tratar de enderezarlo — ¡pero que estoy diciendo, si pesa como media tonelada!
Shippou y Kohaku se acercaron a ayudar a Miroku, quien por poco no la cuenta también, es que Inuyasha, con todo su peso, sí que era un tipo de peso (en pocas palabras… ¡cómo pesan los que se dejan caer así!), y juntos lo llevaron al interior de la vivienda, la choza de la anciana Kaede. Mientras lo acostaron cerca del fuego, Shippou comentó:
Será mejor que reserven comida porque cuando se despierte… — se calló cuando Inuyasha soltó un sonoro ronquido, señal de que por lo menos descansaría uno o dos días enteros.
Tendremos tiempo de sobra, no te apures. — contestó Miroku después de sonreír un poco ante el ruidoso dormir del peli plateado — Y ustedes chicos me ayudarán — miró a los pequeños, sin cambiar el rostro alegre.
¿A qué? — preguntaron al mismo tiempo.
Pues a conseguir comida para el "regimiento"… digo para Inuyasha. — bromeó mientras Sango preparaba un poco de té — Y aprovecharé para llevar las primeras invitaciones.
En ese momento hizo su aparición la anciana Kaede, que llegó junto a una linda pequeñita de negros cabellos y grandes ojos capuchinos, Lin, la cual, al ver a Inuyasha dormido y haciendo semejante ruido, preguntó como se encontraba.
Parece que ya se va a componer, — le dijo Kohaku sonriendo al verla llegar — y nosotros iremos con su Excelencia a buscarle comida y a llevar las invitaciones de la boda.
Excelencia, ¿ya tiene decidida la fecha para su boda? — le preguntó Lin a Miroku, mirándolo fijamente, con la linda sonrisa que generalmente adorna su bonita cara — ¿De verdad invitarán al Señor Sesshōmaru?
Por supuesto, — Sango fue la que respondió, sirviéndoles la bebida caliente — no podremos olvidarlo en un día tan especial. Y, para que veas que no va a faltar, tú misma puedes darle la invitación en cuanto regrese a verte.
¡Síiiii! – contestó Lin muy emocionada y contenta. — Se pondrá muy feliz.
De vuelta al futuro… en donde nos quedamos.
Aome estaba en su cuarto, teniendo frente a ella su cuaderno y un lápiz en la mano, dispuesta a escribir todo lo que la anciana Kaede le había contado sobre la relación de Inuyasha y Kikyō, en aquellos lejanos cincuenta años antes de su llegada, eso fue el principio de todo. Así que ni tarda ni perezosa empezó a darle forma a su trabajo (para mayores detalles vean el OVA 2 de Inuyasha). Se pasó al menos dos horas sin separarse de la mesa, como para no perder la concentración y el hilo de la historia.
Continuaré mañana, — dijo mientras bostezaba — me levantaré temprano y terminaré… — se estiró y se dejó caer en su cama — ¡Qué narración tan interesante!, y, si no le gusta al profesor, me como un zapato. — habló muy convencida de ello, y se acomodó dispuesta a dormir — ¿Qué estarán haciendo Inuyasha y los demás?... — pensó un momento, tratando de imaginar los sucesos en el tiempo que dejó atrás — Espero que el monje Miroku al fin haya formalizado las cosas con Sango… — hizo un gesto soñador, como mirando a la exterminadora llorar lágrimas de felicidad ante el cumplimiento de dicha petición — Me encantaría estar presente en su boda, y me apuesto lo que sea a que mi amiga le dará un hijo a ese pervertido en menos de un año. ¡Jajaja!, seguramente el monje Miroku se pondrá tan feliz que pedirá más de uno… — se dio la vuelta en la cama, tratando de controlar su imaginación morbosa — ¿Cómo estará Inuyasha? Me imagino que igual o peor que yo… — como que lo dudó un momento, soltando un suspiro — o tal vez ni se siente mal… ¡Qué cosas pienso!, — se reprendió sacudiendo la cabeza — se que debe sentirse triste, pero espero que no demasiado como para cometer una locura… — volvió a bostezar profundamente — que sueño tengo, voy a dormir.
Y, con dulces pensamientos, cayó en un bello y profundo sueño.
Y… nuevamente en el Sengoku.
Dos días después, en un lugar conocido, unos ojos ambarinos se abrieron perezosamente… el olor de un buen desayuno hizo reaccionar por fin a Inuyasha, y sí se sentía más que hambriento, tanto que era capaz de comerse todo un jabalí del tamaño de Cho – kiu – kai (cap. 129 del anime).
Al fin despiertas dormilón. — le dijo Sango ofreciéndole amablemente un tazón de arroz — Come despacio para que no te caiga de peso.
¡Comida! ¡Muero de hambre! — tomó el tazón e, ignorando el comentario de Sango, empezó a comer haciendo honor a lo que realmente es, una bestia.
¡Cuida tus modales Inuyasha! ¿Con qué ejemplo le enseñas a los niños? — lo reprendió Miroku, entre severo y divertido ante el apetito voraz de su amigo Hanyō.
¡Keh, no molestes Miroku! ¿Qué no ves que muero de hambre? — le dirigió una mirada fea, haciendo caso omiso a su molestia — ¡Hace días que no pruebo bocado, y me pides que cuide mis modales! ¿Qué niños? — todo esto lo dijo atragantándose con grandes bocados de arroz y pescado asado que la castaña le ofreció, la cual también lo miraba entre divertida y severa, y no sabía si reírse de él o regañarlo de igual manera que su amado monje.
¡Pues nosotros, tonto! – le recriminó Shippou, mientras Kohaku y Kirara lo veían con gestos de asombro.
El Hanyō parpadeó un poco sorprendido al fijarse bien en los demás, y hasta dejó momentáneamente de comer. Se le había olvidado por completo que Kohaku también estaba ahí, y lo más importante…
¿Cuándo se casan? — preguntó al ojiazul, lanzándole una mirada escrutadora, retornando a su serenidad habitual — O… ¿no me digas que ya lo hiciste, eh? Si de eso pides tu limosna, pervertido — le dijo viéndolo con el ceño fruncido.
¡Ja,ja,ja! — el aludido soltó una carcajada breve — Por mi hubiera sido desde hace seis días, pero respetamos tu dolor. — le palmeó suavemente un hombro — Además recuerda que eres el padrino.
¿Yoooo? ¿En serio?... — volvió a atragantarse un poco, y se limpió sin disimular con la manga de su Hitoe — pues que honor, gracias.
Por nada — le contestó sin dejar de sonreír, en tanto los demás continuaban comiendo.
Por cierto Miroku, — dijo Inuyasha un poco después, al tomar el té, recordando el plan drástico que tenía en mente, y le pareció que ese era el momento de pedirlo — ¿podrías hacerme un gran favor después? — y le dirigió una mirada suplicante.
Esa mirada preocupó un poco al monje. ¿Qué le había pasado por la cabeza? Definitivamente Inuyasha nunca volvería a ser como antes, la ausencia de la señorita Aome le pesaría demasiado.
Bien amigo, ¿en qué puedo ayudarte? — le dijo sin cambiar el tono alegre — Dime que puedo hacer por ti.
¿Podrías sellarme nuevamente en el Árbol Sagrado? — preguntó con ese tono tan inusual en alguien como él — Con un conjuro, o con alguno de tus pergaminos sagrados.
Sinceramente eso era lo último que se le hubiera ocurrido que le pediría. ¿Volver a sellarlo? ¿Huir de su realidad?
Creo que eso que me pides es imposible para mí. — contestó con seriedad, mirando fijamente al ojidorado — Y, aunque mi poder espiritual fuera mayor, tampoco lo haría.
¿Por qué? — dijo Inuyasha con desesperación, casi abalanzándose sobre el ojiazul — Prefiero no sentir el paso del tiempo sin ella a mi lado, a seguir sufriendo.
Sango miró a Inuyasha con tristeza mientras que Kohaku, Kirara y Shippou lo miraban con asombro.
¡No creí que fueras tan cobarde! — le recriminó Shippou al fin, recobrándose de la impresión — Pero eso te pasa porque nunca quisiste sincerarte con ella; si le hubieras dicho que le amabas, Aome volvería.
No es así Shippou, — le contestó Miroku porque el ojidorado se mostraba muy conmocionado como para decir algo — la señorita Aome cumplió con su misión aquí; su vida debe continuar en su mundo
Sango abrazó a Inuyasha y le dijo en tono suave:
Miroku tiene razón, querido Inuyasha. — noten que ya no lo llamó Excelencia, porque debe de haber más confianza entre ellos — Lo que hicieron no fue en vano, y siéntete bien porque, a pesar de todos los problemas que nos causó Naraku, la protegiste y así pudo realizar la labor por la cual ella llegó aquí — y le sonrió con timidez, mirándolo con cariño.
Ciertamente Inuyasha, — confirmó el ojiazul — y no creó que lo mejor para ti sea huir por medio de ser sellado nuevamente. — le dedicó una mirada de comprensión — La señorita Kikyō te selló porque cayeron en las mentiras de Naraku, y te odio. Y tú quedaste con la idea de que te traicionó, que por eso también llegaste a tenerle profundo rencor. — explicó muy ampliamente — Pero yo no te odio, ni tengo porque; y la señorita Aome no te traicionó, se cumplió lo que tenía que cumplirse... hecho eso, era lógico que volviera a su tiempo.
¿No se dan cuenta que no me siento tranquilo sin ella? — dijo Inuyasha desesperado.
Se soltó del abrazo de Sango y dejó el plato, levantándose precipitadamente de la mesa, mirándolos con enfado, como si necesitara que le dijeran todo eso.
¡Que bestia tan necia eres! ¡Si quieres morirte muérete, cobarde! — le dijo Shippou enojado — ¿No te lo dije Kohaku? Éste está peor que un perro sin dueño — y se alejó del ojidorado a una distancia prudente, esperando una reacción más normal (saben a que me refiero)
Pero Inuyasha se sentía frustrado e impotente. Creyó que Miroku podría ayudarle, y nada. "¿Por qué pensé que este monje charlatán me ayudaría?" se reprendió mentalmente "Ellos no me entienden, no saben lo que siento... Lo último que puedo hacer es pedirle a mi hermano que me mate para ya no sufrir más." Estaba decidido.
Si no puede ayudarme… sólo conozco a alguien que no se negará, porque desde siempre ha querido eliminarme. — dijo sin preámbulos, retornando su tono altanero — Haré su sueño realidad y me olvidaré de todo esto.
En la época actual…
Aome le ayudaba a su abuelo a limpiar el templo y sus alrededores. Era un soleado día de domingo. Muy temprano comenzaron con sus quehaceres; se sentía muy contenta porque el maestro de lectura la felicitó. Su redacción había recibido la nota máxima, A+, y el profesor le insistió en que se inscribiera al concurso anual interinstitucional de redacción fantástica.
********** Flash Back *********
Higurashi, tienes mucho talento, hasta parece que tú hubieras estado ahí. — "Si supiera que de verdad estuve ahí" pensó Aome divertida, tratando de disimular su emoción, en cuanto el profesor mencionó las calificaciones y le comentó lo del concurso — Es muy detallista y la historia es interesante.
Gracias maestro, — contestó la chica, está vez sin guardar lo que sentía — participaré en el concurso y continuaré con mi historia.
Sus amigas la felicitaron y hasta la invitaron a "Wacdonald's", lo que fue sorprendente hasta para nuestra amiga, porque generalmente eran ellas las que le sonsacaban hamburguesas.
¿Así que contarás toda la historia real? ¡Qué emoción! — dijo Ayumi con esa sonrisa suya tan simpática — Y lo mejor es que todos sabrán sobre tu novio, el rebelde Inuyasha.
¡Síiii! — dijeron Yuka y Eri levantando las manos, ensordeciendo momentáneamente a la de negros cabellos — Pero dinos una cosa Aome, ¿de verdad crees que regresarás? ¿No dices que el pozo ya no funciona? — le cuestionó la de cabellos cortos, fijando sus pupilas en ella.
Se que volveré cuando sea tiempo, estoy segura. — dijo la aludida tomando su bebida — Pero basta de hablar de mí. — las miró con severidad antes de darle una mordida a su hamburguesa — ¿¡Qué, a ustedes sólo les interesa hablar de chicos, o mi vida amorosa es mucho más interesante que otras!
Ellas enrojecieron, y Ayumi empezó a decir incoherencias.
********** Fin de Flash Back *********
Pero algo la había puesto a pensar, así que, en cuanto terminó de asear el patio y regar el Árbol Sagrado, su sitio favorito para relajarse y otras cosas, entró al sitio donde se encontraba el pozo. No había regresado ahí desde que volvió de la oscuridad. Sólo por curiosidad levantó la tapa que su abuelo había puesto (con todo y sus inservibles sellos), y se sorprendió al encontrarlo… llenó de agua.
¡Abuelo! — gritó mientras salía corriendo de ese lugar — ¿Tú le echaste agua al pozo? — le dijo en cuanto llegó cerca de él.
Pero, ¿qué dices? — le contestó el anciano al verla de cerca — ¿Quién querría echarle agua a un pozo viejo y lleno de huesos?
Pues ven conmigo para que lo veas — le dijo tratando de controlar su agitación.
Y, tomándolo de la mano, lo arrastró hasta el pozo. Al llegar ahí, el abuelo se sorprendió con lo que vio… le sorprendió ver sus pergaminos benditos regados por todas partes.
¡Aome, mira lo que has hecho! — lloró con sus cascadas brotando de sus temblorosas pupilas — ¡Seguramente los seres de la otra época vienen por ti y no aprecias mis esfuerzos!
La chica le puso esa simpática cara con ojos de puntito y su típica gotita anime. Mirando a su abuelo llorar se acercó a levantar los sellos.
Lo siento, — le dijo con voz de estar arrepentida — no era mi intención preocuparte.
Nuevamente iba a colocar la tapa en su lugar, pero pensó… "¿Será agua normal o…?", y, tomando un poco de esa agua en su mano, la observó detenidamente y se dio cuenta de que no era así. Volvió la vista al interior del pozo, visiblemente consternada.
Inuyasha, ¿acaso lloraste por mí? — susurró — No vayas a cometer locuras. Dame un motivo para volver a estar contigo.
Nota: Empecé con los capítulos relativamente cortos, pues tenía las ideas un poco revueltas. Y así como los subí al principio, con algunas mejoras por supuesto, así los dejé. Aun con ese detalle, espero sigan siendo de su agrado. Sayo y arigato.
