Capítulo 3.

Gracias por su paciencia, me da gusto ser de su agrado. Por aquí verán un cambio muy sutil… levemente sutil, en Sesshōmaru, pero sólo por un breve lapso de tiempo, y eso porque reconoció algo importante… sin la ayuda de ellos, del grupo de Inuyasha, posiblemente hubiera vuelto a perder a Lin en las sucias manos de Naraku… ese es mi punto de vista. Recordando una vez más que tanto la historia original como los personajes y caracteres relacionados son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi, que utilizo sin fines de lucro. Diviértanse.

Ni bien se había acercado Inuyasha a la puerta cuando una pequeña entró gritando muy feliz:

¡Ya llegó el Señor Sesshōmaru! — anunció por todo lo alto.

El de ojos dorados vio a Lin, confundido por su presencia. "¿Qué diablos hace ella aquí?," pensó anonadado "y… ¿a qué vino ese? Bueno al menos no tendré que ir a buscarlo". La chiquilla lo observó atentamente, como si lo viera todo el tiempo.

¡Qué bueno que ya se encuentra mejor señor Inuyasha! — le dijo dedicándole una gran sonrisa — El Señor Sesshōmaru vino de visita, le dará mucho gusto verlo.

Él se turbó ante estas palabras, y salió corriendo seguido de los demás. Ahí estaba Sesshōmaru, junto con Jaken, igual que siempre. No había cambiado en nada, salvo quizás que había crecido unos cuantos centímetros. Los demás lo saludaron con una reverencia y Lin lo abrazó hasta donde lo alcanzaba (las rodillas).

Sesshōmaru, que gusto volver a verte — exclamó Miroku mientras se enderezaba, hablándole en tono solemne.

Esperamos que puedas acompañarnos en la boda — completo Sango en el mismo tono respetuoso de su amado, como si se tratara de la persona más importante de los alrededores.

El Daiyōkai los miraba fijamente, sin cambiar la expresión de estatua griega, como si no pensara en hablar. Posteriormente como que se le dibujó una leve sonrisa momentánea y desvió la vista, al parecer encontraba más interesante todo lo de su alrededor. Sin embargo se dignó en contestar, después de acariciar los negros cabellos de Lin, de forma casi imperceptible.

No puedo perdérmela. — dijo el Inugami, con ese tono grave y varonil que lo caracteriza, sin pizca de emoción, y después fijó la vista en su hermano — Inuyasha… tengo entendido que deseas un favor de mi parte.

¿Eh?, — el aludido abrió los ojos de más, pues se había concentrado en mirar al mayor con un poco de molestia — mmm… sí — respondió, no muy seguro de haber oído bien.

"¡Diablos!, ¿cómo lo supo?" pensó sin salir del todo de su asombro, mientras sus amigos le lanzaron una mirada de duda. "¿Es psíquico o qué?".

Pues veras… — tartamudeó brevemente — me gustaría que me ayudaras a…

"¿Cómo se lo explicó?" se devanaba los sesos y parecía querer comerse las garras, sólo ante la presencia de su gran hermano se mostraba nervioso… bueno, ante Aome también, aunque ese nerviosismo era por otros motivos.

Tengo que agradecer por lo que hiciste, Inuyasha— le interrumpió Sesshōmaru, volviendo a sonreír levemente ante el azoramiento del menor, pero sin mostrar en su voz algún cambio.

De no ser porque todos lo vieron mover los labios nadie creería que del Daiyōkai salieran palabras semejantes, hasta el pobre Jaken se petrificó de oír a su amo decir… esas cosas. El Hanyō se quedó en shock. "¡¿Qué, cómo?" se sintió alterado y casi se le va la quijada al piso, "¿Sesshōmaru dando las gracias?"

¿Eh? — tartamudeó — ¿Agradecer… de qué? — dijo con incredulidad, queriendo limpiar sus orejas.

Por tu ayuda para destruir a Naraku. — respondió tranquilamente el gran demonio, como si fuera lo más obvio, sin perder la seriedad — Creo que me enseñaste… me enseñaron — volvió fugazmente la vista a los demás — que hay cosas más importantes… no sólo el poder, la gloria o la venganza. — está vez fijó un poco más las doradas pupilas en la pequeña pelinegra, parecía brotar ternura de ellas al mirarla (¿Ternura, él?)

Eee… yo… — el de plateados y alborotados cabellos no salía de su sorpresa, y los demás no habían osado interrumpir la "charla" porque… ¿cuándo Sesshōmaru se había dignado en hablar más de diez palabras con ellos?

Y, por cierto… — esta vez como que el tono del de larga cabellera platinada se hizo un tanto divertido — te agradezco también por hacerme una lesión cerebral con Tessaiga… así fue que empezó todo mi camino hacia la gloria — y sus orbes parecieron fulgurar, con una chispa de alegría momentánea, antes de volver a su acostumbrada expresión indiferente.

El de grandes ojos dorados lo miró como si estuviese loco de verdad. Los otros se mostraron sorprendidos por sus palabras, menos Kohaku, porque el joven exterminador conocía parte de esa historia. Después el Hanyō miró alternativamente a Lin, al Daiyōkai, y nuevamente fijó la vista en la jovencita, con expresión de sorpresa, en tanto la chiquilla le sostuvo la mirada y sonrió ampliamente, sin haberse separado mucho de su Señor.

¿Quién eres y qué le hiciste a Sesshōmaru? — exclamó al final, un tanto grosero por la irreverencia de la pequeña.

¡PAAF! Inuyasha recibió un golpe en la cabezota, dado "generosamente" por su hermano (quién sabe como porque nadie notó el movimiento). A todos los presentes les brotó una gotita anime en lo alto de sus cabecitas… no se podía pedir que los hermanos se dieran un abrazo fraternal.

Bueno, — dijo sobándose el chichón, dedicándole nuevamente al gran demonio una mirada como las que comúnmente acostumbran a darse — esa ya es una reacción más normal. Además — añadió enderezándose, retomando también la seriedad que lo caracteriza — también debo darte las gracias, sin ti no hubiéramos derrotado a Naraku.

Pertenecemos a un gran linaje… — le expresó el Inugami con un poco de dureza, como recriminándole algunas cosas ocultas, desviando la vista hacia la lejanía — Además ese maldito… — momentáneamente los ojos le brillaron de rabia, un poco enrojecidos ante el recuerdo del engendro, para volver a su tono habitual, como si nada lo afectara — ¿Qué se te ofrece?

"Definitivamente Sesshōmaru ha enloquecido" pensó Inuyasha al oír lo último. Bueno, tal vez ahora se entenderían, o tal vez ni siquiera… aún así, se arriesgó a pedirle el favor.

Sí, tienes razón. — le habló hoscamente, esperando que con esa actitud consiguiera lo que quería — En fin, sin rodeos… ¡Mátame de una buena vez! — casi se le pone enfrente, en pose de brazos abiertos, esperando el golpe contundente — Siempre has deseado hacerlo y…

¡PAAAAAAF! Esta vez Inuyasha recibió un puñetazo en plena cara, que lo lanzó unos cuantos metros hacia atrás. Todos se quedaron con una expresión entre sorpresa y dolor, con la típica gotita anime brotando en su frente. "¿Qué diablos pensó ese loco?" se dijo Miroku internamente, moviendo la cabeza de un lado a otro; "¡Más que bestia!" pensó Shippou, con ojos de rendija mirando el vuelo de su amigo; "La falta de Aome afectó su cerebro" Sango cerró los ojos ante el trancazo del Hanyō, ocultando el rostro en el hombro de su querido monje; Kohaku no supo ni que pensar y Kirara… maulló muy despacito, en señal de resignación. Sólo Lin sonrió y dijo en un susurro:

Pobre señor Inuyasha, va a necesitar un calmante.

No me pidas tonterías. — le habló Sesshōmaru al verlo caído, con su tono habitual de calma, aunque con un deje de ironía, sarcasmo y molestia — ¿Prefieres morir a enfrentar tú realidad? ¡Qué patético! — y lo miró con una mezcla de pena y asco, ante eso que podía llamarse cobardía — Si en verdad esa extraña mujer te ama volverá, de donde quiera que se haya ido. — volvió a mirar a la lejanía, recobrando la expresión indiferente, como si no hubiera hecho nada malo — Es mejor que sigas vivo… Dudo que le agrade regresar y recibir la noticia de tu muerte.

Inuyasha se levantó con dificultad, con un ojo morado y el labio partido, lanzándole a su hermano una mirada cruel, como queriendo imitarle. "¡¿Él, dándome consejos y lecciones de moral?" pensó airado "¡Claro!, si la tiene aquí en la aldea, vivita y coleando gracias a nosotros, viviendo de arrimada… además de venir cuando se le de la gana, para molestarme".

Es fácil para ti decirlo, pues la tienes aquí segura, tranquila y feliz. — le respondió señalando a Lin, casi escupiendo las palabras con rabia — Además la podrás ver cuando quieras. Eso no es problema, ¿verdad? — ironizó.

Imbécil… — por un leve instante parecía que el gran demonio le rebanaría el cuello de un zarpazo — ¿Crees que eres el único que sufre y ha sufrido?... pobre idiota… Se hubiera ido de mi lado, — le explicó parcamente sin perder la calma, volviendo a mirar a la pequeña pelinegra con ternura por un segundo, para después lanzarle una mirada feroz e intimidante al Hanyō — por mis descuidos y obsesiones, sin posibilidades de recuperarla. — volvió la vista a la lejanía, por enésima ocasión, como mirando hacia el horizonte — Lin es muy importante para mí y se que con ellos — inclinó brevemente la cabeza hacia los demás — estará segura.

Jaken seguía petrificado, y hasta pareció endurecerse más ante la nueva observación de su amo, en torno a la pequeña Lin… la niña había cambiado ese frío corazón de yōkai, de una manera asombrosa. Inuyasha quedó pasmado y sus amigos volvieron a poner expresión de "¿What?". ¿Qué el gran demonio estuvo a punto de perder a Lin? Eso era algo que debían saber.

Pero si quieres morirte… muérete. — continuó el gran demonio, mirando una vez más a su hermano — Sin embargo no me lo pidas de esa manera, así no acabaré con tú vida… no vale la pena molestarme en matar a alguien que se quiere dejar morir por no superar su dolor.

Al de alborotados cabellos de plata le dio un tic en la ceja… después de mostrarse accesible lo minimizaba, Sesshōmaru no había cambiado, siempre se burlaría de él y lo haría menos. Le volvió a dar mucho coraje pero no supo que contestarle. En el fondo, aunque no quisiera admitirlo, el Daiyōkai le restregaba la verdad en la cara… que estaba actuando como un cobarde. Al parecer Sesshōmaru pudo notar el debate mental de Inuyasha y volvió a dibujarse una sutil sonrisa en sus finos labios, por un breve lapso de tiempo, para adoptar su expresión indiferente por enésima ocasión, dispuesto a retirarse de la aldea, considerando que, en realidad, no tenía ya nada que hacer en ese pobre lugar.

Esa mujer volverá… no te ahogues en ese pozo de lágrimas. — le dijo como afirmándole, como si supiera lo que ocurriría en un "futuro", mientras comenzaba a andar, con su larga cabellera ondeando al compás de una suave brisa.

Lin y Jaken, ya reanimado por la pequeña niña, siguieron al Inugami. Al levantar el vuelo suavemente, entre las copas de los árboles cercanos, con sus acompañantes sobre el lomo de Ah-Un, su dragón, habló de nuevo sin volver la vista a ellos, que lo miraban absortamente:

Ten cuidado Inuyasha — dijo el gran demonio, con ese tono grave y varonil que lo caracteriza.

¿Qué?, — contestó el aludido, atontado por lo que último que escuchó — ¿de qué? — preguntó como volviendo a Tierra.

Ya lo verás — y ascendieron un poco más rápido mientras Lin les decía adiós con la mano.

Inuyasha sintió un susurro en el aire diciendo su nombre.

En la época actual…

Aome se sentía preocupada. Dos días habían pasado desde que vio agua en el pozo. ¿Qué podía hacer por su amado? ¿Cómo transmitirle paz y tranquilidad? ¿Cómo hacer que él sintiera seguridad? Pero entonces, como si siempre hubiera sido tan simple, recordó: "¡El Árbol Sagrado! Es el punto de reunión entre nosotros, el lugar donde nos conocimos". Salió corriendo de su habitación, bajó las escaleras y se dirigió al templo hasta donde se encontraba el árbol.

Bien Inuyasha, yo estoy aquí a salvo, no olvides que te amo y, aunque no me lo hayas dicho, se que tú también me amas. — dijo muy lentamente, mirando con las pupilas temblorosas el sitio donde se distinguía una marca familiar, como si el Hanyō se encontrara escondido detrás del follaje — Espérame por favor y no cometas locuras, volveré al Sengoku para estar a tu lado… esta vez para siempre.

Su hermano Sota la había discretamente y escuchó su monólogo. "¡Pobre de mi hermana!," pensó conmovido "aun extraña al "Orejas de perro". Haré algo para que se sienta mejor".

Al día siguiente, antes de dormir, Aome nuevamente entró a donde estaba el pozo, siguiendo un presentimiento de su corazón. Levantó la tapa para abrirlo, pues el abuelo ya ni se había molestado en sellarlo con sus pergaminos, y… estaba vacío. "¡Inuyasha ya estás mejor, tú corazón ha dejado de llorar!" pensó muy contenta.

¡Hermana! — la llamó Sota desde afuera — Ven por favor, tengo algo para ti.

¡Voy! — le contestó y salió después de colocar nuevamente la tapa en su lugar. Rápidamente llegó con su pequeño hermano — ¿Qué es eso? — preguntó extrañada al ver que llevaba una caja bellamente envuelta…con unos hoyos en los costados.

Ábrela. — le dijo el pequeño dedicándole una gran sonrisa — Espero te ayude a sentirte mejor. Lo compré con mis ahorros.

"¿Qué será?" pensó Aome, recordando que Sota había estado muy sospechoso esa mañana y, al ver el contenido del regalo, no pudo evitar que una lágrima de felicidad resbalara de sus ojos.

¡Sota, gracias! — exclamó emocionadísima, pues de la caja salió un cachorro blanco que le ladró contento y lamió su cara — Te llamarás "Inuyasha" — dijo muy feliz.

Volvamos al momento en que dejamos el periodo Sengoku…

La alta figura se elevaba más rápido mientras se alejaba. Parecía flotar entre nubes y su cabellera plateada ondeaba al viento.

¡Adiós! — dijo Kohaku mientras agitaba la mano, despidiéndose de Lin — ¡Los esperamos pronto!

Sango y Miroku se despedían también e Inuyasha… aun no se recuperaba del shock.

¿Qué habrá querido decir con eso? — dijo finalmente, en cuanto lo perdieron de vista.

No lo sé, pero hazle caso y supera ya esto; — opinó el ojiazul como respuesta, dirigiéndole la vista y hablándole de forma amable — a la señorita Aome no le gustaría verte así.

¡AAAAHHHH! — gritó Shippou en ese instante.

Ambos voltearon rápidamente para ver que es lo que había asustado a su pequeño amigo. Un enorme monstruo, salido de quien sabe donde, era el causante del escándalo. La castaña se abalanzó sobre su amado monje, seguida del kitsune y su hermano, pues no iban armados por haber salido precipitadamente de su hogar (¿a quién se le ocurriría armarse tan temprano?).

¡Yo te protegeré Sango! — dijo Miroku al momento de sostenerla y poner su mano donde no debe… con suerte para él que ella estaba asustada — ¡Inuyasha haz algo! — volvió a ver al ojidorado al tiempo que esquivaron un golpe del engendro.

¿Qué? — el aludido dirigió una mirada algo preocupada a sus amigos, como recuperándose de la impresión de ver un monstruo frente a ellos, a esa hora de la mañana, ¿cómo no había notado su presencia? — ¡Ah, sí! ¡Tessa…! — exclamó con fuerza, sin embargo la Tessaiga seguía siendo la misma espada oxidada, aparentemente inservible — ¡No puedo transformarla! ¿Por qué? ¡AAAHHH! — gritó angustiado mientras caía al suelo, tapándose la cara, como si quisiera llorar.

¡¿QUE ACASO NO TIENES GARRAS? — le recriminó Shippou mientras todos lo veían desesperadamente… hasta el enorme ser se quedó estupefacto por su reacción poco habitual, como si esperara algo más espectacular para enfrentarlo (jejeje).

¿Eh? ¡Es cierto, ahora recuerdo! — y cambió su expresión de angustia por la de confianza en sí mismo, recordando que antes se defendía únicamente con sus filosas garras — ¡Prepárate basura! — recuperó su tono altanero, lanzándose sobre el engendro — ¡Te iras directo al infierno!… ¡SANKON TESSÔ!

El monstruo trató de huir ante el cambio repentino de Inuyasha pero… fue demasiado tarde para salvarse (pobre, todos mueren tarde o temprano).

Monstruo tonto, — dijo el Hanyō con voz triunfal, saltando sobre los restos del demonio — ¿creíste que escaparías?

Poco a poco los demás recuperaban su respiración normal cuando… ¡PLAAF!, un golpe los hizo sobresaltarse nuevamente.

¡Excelencia! — gritó Sango visiblemente molesta, porque el aprovechado manolarga hizo de las suyas ante su temor — ¡Ya le dije que no haga eso delante de Kohaku! — y se sonrojó.

Sanguito, mi amor… perdón. — dijo Miroku mientras se sobaba el cachete, aparentemente apenado — Sólo deseaba protegerte, además no puedo…

¡Pues deberías aprender a controlarte! — le espetó, sin perder el rubor de las mejillas, mirándolo de forma molesta — Espera hasta que nos casemos, no falta mucho — bajó el tono de su voz y desvió la mirada.

Kohaku los miraba anonadado en tanto los otros le dirigieron una cara de "Nunca aprenderás Miroku", y la típica gotita anime brotó de sus frentecitas. Regresaron a la cabaña, Sango iba adelante con su hermano, Shippou y Kirara, mientras Miroku aun sobaba su mejilla.

Este si me dolió más. — comentó el ojiazul más para sí mismo, y después retomó la interrumpida charla con el de plateados cabellos — Inuyasha, amigo mío, haz caso de los buenos consejos. Puede que difieras con Sesshōmaru en muchos aspectos, pero no negarás que tiene estilo… y razón.

¡Keh! No quisiera aceptarlo, pero le haré caso. — contestó como rezongando ante lo evidente — No se en que pensaba.

Volvieron a acomodarse en sus lugares para continuar con su interrumpido desayuno. La exterminadora les llenó el plato una vez más, para disfrutar el delicioso guisado de cerdo, acomodándose nuevamente al lado de su amado… disculpándole de esa forma su falta de cordura.

Y hablando de otras cosas… — dijo el ojidorado mientras tragaba vorazmente su platillo, ocasionándole un gesto de desagrado al monje, volteando a ver a Kohaku — ¿A qué se refería Sesshōmaru con volver a perder a Lin? Tú debes saber algo.

Bueno señor Inuyasha, — contestó el joven exterminador, después de pasarse el bocado que se había llevado a la boca — es una larga historia de cuando fuimos al infierno para…

¡¿Qué que? — Sango pareció sorprenderse y hasta hizo el intento de levantarse, siendo detenida delicadamente por Miroku, el cual tuvo que sentarla tomándola de la cintura (y de otro lugar) — ¿Cómo que fueron al infierno? — preguntó asombrada, mirando a su hermano con sus bellos ojos abiertos como platos — ¿A qué?

Tranquilízate hermana, — el pecoso le sonrió un poco, mientras el Hanyō se quedó con la boca abierta y el zorrito parpadeó sorprendido — el Señor Sesshōmaru nos protegió y defendió a ella y a mí. — dijo muy solemne, y se llevó otro bocado — Es una larga historia — volvió a hablar al terminar de masticar — pero, en resumidas cuentas, tuvo que ir allá para mejorar el Meido, porque fuimos secuestrados; él fue a rescatarnos y el alma de Lin se perdió en ese lugar… por lo que entendí, ya había sido traída del mundo de los muertos una vez.

Y… ¿cómo es que la niña sigue con vida aun, eh? — interrumpió Inuyasha bruscamente, volviendo a Tierra — Utilizó a Tenseiga ¿no?, — dijo un tanto irónico, recordando el poder de la espada de su hermano, de la herencia paterna — ¿cuál sería el problema entonces? Esa arma de por sí es poderosa, no entiendo.

En realidad… — Kohaku negó con la cabeza — no pudo revivirla nuevamente con su espada. — Inuyasha volvió a sorprenderse al oír la afirmación, no creía que la Tenseiga tuviera límites… así hasta parecía que Tessaiga era insuperable — Eso afectó bastante al Señor Sesshōmaru, su rostro cambió en una mueca de dolor y, al parecer, no fue lo único que se quebró en su interior. Su madre le dijo…

"¿Dolor?" Inuyasha pensó imposible que el arrogante y altanero de su orgulloso hermano mayor fuera a sentir dolor… nunca demostraba que algo o alguien le preocupara, hasta ahora. Sin embargo las últimas palabras le sorprendieron más.

¿¡SU MADRE? — volvió a interrumpir el relato del jovencito, levantando bastante la voz — ¡¿Esta viva su madre? Pensé que… — la mirada que le lanzaron los demás hizo que se callará súbitamente.

Continua Kohaku — le dijo Sango, sin percatarse todavía de lo que le hacía su futuro marido, pues la historia era interesante.

Muy bien. — contestó el pecoso y continuó hablando — La madre del Señor Sesshōmaru (los japoneses son muy respetuosos) pudo rescatar del infierno la pequeña alma de Lin, después de hablar con él de una manera muy dura. — tembló un poco al recordar las palabras de la Gran Señora — El señor Jaken lloró a nombre del Señor Sesshōmaru, pues sabía que se sentía muy triste, pero no se permitiría derramar ni una lágrima por su gran posición — volvió a sonreír levemente, como recordando el llanto del pequeño demonio verde.

"Sesshōmaru… ¿triste?" Todos pusieron cara de asombro, tratando de imaginar el rostro de estatua griega con expresión de desconsuelo.

En cuanto ella revivió, casi se le dibuja una gran sonrisa. — dijo el chiquillo un poco más emocionado, dándole énfasis a ese momento — Y regresamos a tierra con el Meido mejorado, aunque el Señor Sesshōmaru parecía más feliz de tener a Lin viva, a su lado. ¡Es una gran persona, además de ser poderoso! (más detalles capítulo 9, Kanketsu- hen)

¡Sesshōmaru no es tan malo después de todo! Y vaya que si cambió. — observó Sango con una lágrima en sus pupilas cafés — ¡Y no me toques así antes de la boda! — ¡PLAAF!, el cachetadón para Miroku no se hizo esperar, porque al fin la muchacha se percató de donde estaba la mano de su mañoso prometido — ¡Abusivo! — le reprochó bastante enfadada, apartándose de él.

¡Amor mío, no te enojes! — dijo nuevamente sobándose la mejilla por… enésima ocasión — era un masaje para el estrés.

Al parecer, ciertas mañas de Miroku no cambiarán ni porque formalice su compromiso. No se habían percatado que Inuyasha se petrificó, a forma similar a la de Jaken, del puro asombro. "Sesshōmaru… ¿feliz?" su cerebro pareció colapsarse ante esa información tan… anormal sobre la conducta del Daiyōkai "En serio que esa chiquilla lo había cambiado…un poco". Hasta que Shippou dijo, al notar la posición de su amigo peli plateado:

Creo que la historia le cayó como bomba a Inuyasha.

Regresemos al futuro… un poco más delante de donde nos quedamos.

Aome estaba muy contenta. Se percató de que la paz había vuelto al corazón de Inuyasha, esos dos están más que conectados, a pesar de la lejanía en el espacio - tiempo. Además tenía muchas cosas que hacer y en las cuales ocuparse: la escuela, sus tareas, la novela (primera temporada del anime para la primera etapa del concurso), el ayudarle a su abuelo por los achaques de la edad, los quehaceres del hogar, y ahora…

Bueno mi pequeño "Inu" — le dijo con cariño al cachorro que Sota le regaló — tienes que ser bien portado, por lo tanto te llevaré a tomar clases de obediencia canina.

Le había puesto un lindo collar rojo, con una plaquita en la que decía su nombre y otros datos, para así evitar perderlo, y en ese momento lo levantó en brazos, dispuesta a salir con él. El cachorro era blanco como la nieve, no de raza muy fina pero de buena apariencia, una "ternurita" que ya quisiera Inuyasha ser (jejeje). Ladró como si entendiera lo que Aome decía.

¡Buen perro, así me gusta! — le sonrió grandemente la pelinegra, casi plantándole un beso al animalito — Y ahora vamos para allá, — le señaló la puerta, encaminándose con el pequeño — mis amigas quieren conocerte y nos acompañarán a tu escuela.

Sus tres revoltosas amigas llegaron al momento en que descendía por las escalinatas del templo, y se fueron juntas, alabando lo bonito que era el cachorrito y el lindo detalle que había tenido su hermano para con ella. Mientras caminaban platicaban otras cosas de suma importancia para las chicas, aunque nuestra amiga no encontraba eso tan interesante como sus compañeritas.

Oye Aome, — le dijo Eri de repente, después de contarse el último chisme sobre uno de los compañeritos y sus fallidos intentos de conquista femenina — por cierto Houjo – kun me preguntó ayer por ti. — la miró con suspicacia — ¿No crees qué mientras regresas con Inuyasha podrías…?

¿¡PERO QUE DICES! — la aludida casi las mata con el gritó que pegó, deteniéndose en seco. "Inu" levantó las orejas asustado (pobrecito, casi le da un infarto por su grito) — Lo siento "Inu" — bajó la voz y abrazó al cachorro.

Tranquila Aome. — le dijo Yuka a una distancia prudente, tratando de suavizar el ambiente, porque cuando Aome se enojaba daba miedo — Sólo es una sugerencia. Puedes salir a pasear, divertirte un poco… él siempre ha estado enamorado de ti, desde que empezamos la secundaria.

Ayumi aceptó el comentario afirmando con la cabeza, pero no se mostraba muy convencida, y miró a su amiga con cierto miedo.

Miren chicas… tengo tantas cosas en que ocuparme, que no puedo perder mi tiempo con Houjo – kun, ni hacer que pierda el suyo. — Aome reanudó la marcha y acarició a "Inu", después de soltar un breve suspiro — ¿Por qué no sale alguna de ustedes mejor con él? Creo que les gusta — terminó con una mirada inquisidora hacia sus amigas.

¡¿Eehh? — exclamaron las tres al mismo tiempo, enrojeciendo momentáneamente — ¿Cómo crees?

Son tan insistentes con el tema — les dijo un tanto sarcástica.

¿Por qué no le das una oportunidad? — terminó diciendo Ayumi, parecía haberlo meditado — Tal vez si hablas con él sobre…

Creo que tienes razón. – le interrumpió Aome, como entendiendo lo que quería decir su simpática amiga – Me parece que es tiempo de aclararle a Houjo – kun algunas cuantas cosas.