Capítulo 5
Todos felicitaban a la feliz pareja. Había un ambiente cargado de alegría. Los nuevos esposos recibieron las felicitaciones y los regalos con agradecimiento; a pesar de que tuvieron una relación muy conflictiva en el pasado, por las malas costumbres de él, tenían por delante un futuro lleno de amor, esperanza…y otras cosas propias de un matrimonio.
¡Felicidades Sango! — dijo uno de los invitados, mientras abrazaba a la novia.
Gracias señor Takeda — respondió la aludida un poco sonrojada por la efusividad del hombre.
Por favor, llámame Kuranosuke — el joven le guiñó un ojo sin dejar de sonreír — o "el niño de la nariz sucia".
¡Amigo mío! — dijo Miroku al notar la presencia del terrateniente, porque había estado un poco distraído recibiendo las felicitaciones de todas y cada una de las jovencitas de la aldea — sabía que no faltarías. Sango, amorcito, te presento a mi amigo Kuranosuke — se dirigió a su amada con tono solemne, presentándole al hombre como si ella no lo conociera, lo que le causó a la castaña una leve y disimulada carcajada por la gracia de su marido.
Felicidades Excelencia — dijo el aludido igual de amable — Lo supe desde el principio… tiene una bella y gentil esposa.
Lo sé amigo, lo sé. — contestó el ojiazul con una gran sonrisa, abrazando a su mujer con ternura — Y eso me recuerda… quiero presentarle a una linda joven, así que acompáñame por favor.
"¿En qué estás pensando?" le preguntó Sango con la mirada, un tanto extrañada por esa amabilidad… y no porque Miroku no lo fuera, sino porque en realidad no conocían muy bien al terrateniente Takeda. "Ya lo verás" obtuvo por respuesta de la pícara mirada de su esposo. El monje llevó a Kuranosuke en donde se encontraba una familia, una pareja un poco mayor y una doncella que acababan de ir a felicitarlos.
Señores ¿me permiten? — el ojiazul se dirigió cortésmente a la pareja, los cuales asintieron con un movimiento de cabeza. Después le habló a la señorita — Shima, hermosa niña, quiero presentarte a mi amigo… el terrateniente Kuranosuke Takeda.
Mucho gusto — dijo éste haciendo una caballerosa reverencia, saludando a los señores de igual manera. "De verdad es una chica linda" pensó al momento.
El gusto es mío — contestó la muchacha agradeciendo la cortesía. "Se ve que es muy gentil y caballero" hizo una observación mental, sonriendo tímidamente.
Con permiso, — dijo Miroku después de inclinarse también a forma de despedida, en lo que le arrimaba un "asiento" al terrateniente, como no queriendo la cosa — siéntanse como en su casa y gocen de la fiesta... atenderé a otros invitados.
Y se alejó dejando a Kuranosuke con Shima y su familia, mientras pensaba sin disimular una sonrisa "¡Pero que buen amigo soy!" Inuyasha esperaba impaciente la hora del banquete, acomodado en su lugar asignado en la mesa de honor, junto a los novios por ser el padrino. Sango le prometió un platillo especial para él… sólo por eso se había quedado sentado, mirando ansioso a la pareja que terminaba de recibir las felicitaciones y buenos deseos de toda la concurrencia. "Si no se apuran me serviré yo solo mi bocado", se dijo mentalmente, bufando un poco. La última en felicitar a los esposos fue Lin, que lucia monísima con su traje chino.
¡Excelencia, señorita Sango! ¡Muchas felicidades! — dijo la chiquilla sonriendo mientras los abrazaba — Ahora pondré el regalo del Señor Sesshōmaru en su habitación, espera que sea de su agrado.
La pequeña salió corriendo en dirección a la cabaña de la anciana Kaede, después de pedirle a Shippou, Kohaku y Hachi que la ayudaran. Inmediatamente se les sirvió a todos los invitados de comer (no se exactamente que podría comerse en esa época, así que imagínenlo ustedes). A Inuyasha le sirvieron un jabalí para él solito… "Si así me van a atender siempre que se casen otra vez" pensó muy feliz y empezó a devorar con ganas.
No olvides tus modales Inuyasha — le recriminó Miroku, aunque en realidad casi se ríe en su cara pues el ojidorado había perdido toda su elegancia.
¡Keh! ¡Al diablo los modales! — espetó de mala manera — Ya cumplí y ahora… no molestes y déjame comer. — y arrancó un gran trozo de carne, el cual tragó casi entero, sin masticarlo demasiado — Además… ¡esta delicioso Sango! — dijo al volver a dar otro mordisco grande, después de relamerse un poco.
Gracias Inuyasha, — le respondió la aludida, también divertida con la actitud de su amigo — pero procura comer decentemente o me ensuciarás el traje… no quiero tener que cambiarme hasta más tarde.
Su amado la abrazó y le dio un pequeño beso en la oreja mientras le susurraba algo.
¡Jijiji! — se rió la castaña, mirando a su esposo con un poco de picardía — Ya verás como terminas hoy.
Dejen sus intimidades para ustedes solitos, — les dijo Inuyasha terminando con su cuarto gran trozo de jabalí, mirándolos con reproche — no quiero ni pensar lo que van a hacer.
Miroku y Sango se rieron con ganas de la cara del Hanyō, el cual se había sonrojado de solo imaginar la nochecita que le esperaba al matrimonio. En ese momento llegó Kohaku, se sentó junto a su hermana y dijo en tono de sorpresa:
¡Qué gran regalo el del Señor Sesshōmaru!
¿Y qué es? — preguntó el monje con curiosidad… la cara de su cuñadito indicaba que era algo grande de verdad.
Un secreto para usted — le contestó amigablemente el muchacho, sonriendo con timidez, pero a Sango se lo contó al oído.
¿En serio? — ella abrió los ojos como platos al escucharlo — ¡Qué buen regalo!
Mi amor ¿qué es? — volvió a preguntar el curioso ojiazul… la expresión de su adorada indicaba que era algo fabuloso — Entre nosotros no debe haber secretos — enfatizó muy amoroso.
Pero este tal vez sea mi primer y único secreto. — respondió la joven con una mirada coqueta, hablándole con cariño — Es una gran sorpresa para ti, espera y ya verás — y sonrió muy satisfecha de dejar a su hombre un tanto en ascuas.
La fiesta estuvo muy animada. Todos se divirtieron y brindaron por la felicidad de los novios. Kuranosuke Takeda pidió permiso a las padres de Shima para visitarla más seguido… le salió muy bien a Miroku hacerle de "Cupido", y Hakitoki Houjo, el ancestro del amigo de Aome, también los invitó para su enlace matrimonial con "Aome" (ver cap. 139). Al oírlo Inuyasha se sorprendió… "¿Coincidencia en el nombre o este tarado se lo cambió a ella?" pensó algo anonadado "¡Keh! No me importa" recuperó su "amabilidad". Y cayó la tarde...
La fiesta fue un éxito, — dijo Kohaku mientras terminaban de colocar los regalos en un rincón de la vivienda — ¡qué ceremonia tan bonita!
Los esposos aun no pasaban a su habitación.
Bueno, en dos días es la siguiente con nuestros otros amigos — contestó Miroku acomodando el último regalo.
¡Keh! Sigo pensando no asistir con ese Sarnoso de Koga y Sesshōmaru cerca — soltó Inuyasha con grosería, cruzándose de brazos.
No empieces otra vez… — suspiró el monje.
Todos habían ayudado a limpiar el área del templo, y la novia se había ido a cambiar en el baño de su habitación.
OK., te di mi palabra — le dijo al fin el peli plateado, adoptando un tono más complaciente — soportaré al Sarnoso… lo extraño aunque no lo crean (claro que te creemos). Y Sesshōmaru… bueno, pudo haber sido peor.
Así me gusta. Y ahora, si me disculpan… — continuo Miroku sonriendo una vez más, encaminándose a su habitación — aún hay un regalito que quiero ver… y no me refiero a mi esposa, — agregó al notar sus expresiones — sino al regalo de Sesshōmaru.
Y es que todos lo quedaron viendo con ojos de rendija, incluido Kohaku, pensando en que ya empezaría con sus perversiones, pero lo siguieron aclarado el punto... Inuyasha también sentía curiosidad, ¿qué podría obsequiar un Daiyōkai? Sango todavía no estaba allí.
¡Será para la consumación de nuestro amor! — exclamó sorprendido el ojiazul al ver el presente — ¡Qué belleza!
El Hanyō se quedó de a seis y al zorrito se le escapó un "¡Órale!" de asombro. "¿Quién hubiera creído esto de él?" pensó Inuyasha. Un hermoso y gran futón (creo que así se llaman sus "camas", no estoy segura) cubierto de seda decoraba la habitación.
Eee… — dijo Kohaku enrojeciendo un poco, notando que a su cuñado se le dibujó una expresión de… — me retiro para no estorbar. Que descansen.
Voy a buscar una ramita "de tenme acá". — agregó Shippou y salió con Kohaku, percibiendo también el lado maníaco de su amigo el monje — Duerman bien.
Pues… veré si ya puso la marrana. — concluyó Inuyasha dándose cuenta de lo mismo, tratando de alejarse antes de que viera algo que no debía ver.
Sango se presentó al otro lado de la puerta del baño, cubierta con una bata sencilla y luciendo su hermosa figura. Parecía muy decidida a darle rienda suelta a los bajos instintos de su amado, aunque se notaba un poco colorada también… sería su primera vez, y tenía que ser la mejor de todas. Notó la presencia de su amigo pero prefirió pasarlo por alto.
Miroku… cariño, vamos a bañarnos juntos — le dijo un poco tímida, pero a la vez amorosa, sin acercarse a los dos hombres.
Pórtate bien — susurró el ojidorado antes de salir.
¿Bien? — el monje frotó brevemente sus manos mientras le brillaron las azules pupilas —Posiblemente sea más bestia que tú... ¡Voy mi amor! — dijo igual de meloso y, abalanzándose decididamente sobre la castaña, la tomó entre sus brazos y entró con ella al baño.
Inuyasha huyó despavorido al escuchar un tronado beso y una risita nerviosa de la muchacha.
Encontramos a Shippou e Inuyasha, sentados sobre una rama de su árbol favorito, en las afueras de la aldea. Platicaban de sus amigos. Kohaku prefirió ir a dormir con la anciana Kaede y Lin, no quería enterarse de nada... aunque tuviera habitación propia.
Por lo menos Miroku ya no tendrá ningún motivo para ser mujeriego — decía Shippou, fijando sus verdes pupilas en el Hanyō.
¡Keh! Pero creo que lo manolarga no se le va a quitar, — respondió Inuyasha sin mirarlo, observando la luna a la lejanía — con eso de que Sango tiene "las mejores caderas de toda la región"… Si antes de casados la manoseaba… ahora creo que va a estar peor.
Oye, ¿de verdad crees que ella le de veinte hijos? — preguntó preocupado el kitsune.
¡Qué va! Ni que Sango fuera coneja.
Pues eso si pero… — siguió dudándolo un poco.
Lo que si creo es que en menos de tres meses ya le dará esa feliz noticia — agregó el ojidorado en tono resignado — Ese Miroku no va a ceder hasta salirse con la suya.
¿Tres meses? — el pequeño zorro lo miró un tanto incrédulo — A mi se me hace que por lo menos en cuatro... no creo que Sango sea tan inconsciente — hizo la inteligente observación.
Miroku no la va a dejar descansar ni un día… bueno ni una noche. — concluyó Inuyasha zanjando el tema, guardándose una expresión de asco y dirigiendo esta vez la dorada mirada al kitsune — Oye enano… apostemos el tiempo en el que Sango quede embarazada.
¿Qué pretendes, eh? — dijo el zorrito un poco reservado.
Si yo gano me vas a respetar chaparro.
¿Y si yo gano? — cuestionó Shippou observando detenidamente el rostro duro del Hanyō.
Pues yo te respetaré — contestó Inuyasha en tono solemne. "¡Ja!, como si pudiera obligarme" pensó divertido.
Mmm… — ante tanta insistencia el jovencito cedió — OK., cuatro meses contra tres. Es un trato de hombres.
Chocaron las manos en señal de trato cerrado. Un poco más noche Shippou se rindió al cansancio e Inuyasha volvió a pensar en Aome. "Cuando nos casemos no seré tan cursi… ni tan bruto", y se sonrojó un poco ante sus ideas... imaginándose lo que harían, como en ese momento seguro estaban haciendo sus amigos. Sacudió la cabeza de forma brusca para alejar esos pensamientos de su mente. "Mejor me llevó al chaparro con la anciana Kaede y me iré al árbol sagrado a dormir".
Paseo por el tiempo… a la época actual.
Aome estaba muy contenta. Su redacción pasó la primera etapa y se publicó en la gaceta escolar. Ya pensaba en la segunda etapa.
¡"Inu", mi cuento ganó! ¡Estoy tan emocionada! — dijo mientras entraba a casa, pues llegaba de la escuela. Casi saltaba de felicidad.
El pequeño "Inu" ladró de contento, como si entendiera la felicidad de su dueña. Quien sabe porque pero al parecer Aome tiene un encanto especial con los perros… como si les hablara en su idioma.
Aome — la llamó su madre saliendo de la cocina, dedicándole una amplia y encantadora sonrisa — te llegó una carta. Parece ser una invitación formal a algo; tal vez una ceremonia.
"¿Una invitación a una ceremonia?" pensó la chica un tanto extrañada y hasta cambió la expresión de alegría "Pero si la premiación será hasta que termine la tercera etapa y sólo ha pasado la primera".
Gracias mamá — contestó recuperándose de la primera impresión, retomando su gesto alegre — Voy a mi cuarto a leerla.
Y subió las escaleras seguida de "Inu", quien meneaba la colita, y Buyo, avanzando con su pereza habitual. Ambas mascotas se echaron en la alfombra de la habitación de la muchacha. Una vez ahí examinó detenidamente el sobre y observó que era una caligrafía excelente. Y sí, era oficial debido a que traía un sello. "¡Que raro!," pensó mientras se tumbaba en su cama dándole la vuelta a dicha carta, "una invitación de parte de…"
¡El gerente y accionista mayoritario de la SONHY! — se le escapó la exclamación en voz alta, sorprendida por su descubrimiento, y lo abrió presurosa.
La invitación decía lo siguiente: "Señorita Higurashi: Tengo el honor de invitarla a una comida de negocios el día sábado a las dos de la tarde. Una limusina pasará por usted. Le conviene."
¿Negocios? ¿Limusina? ¿Me conviene? — se preguntó Aome, con los ojos abiertos como platos, completamente intrigada — ¿Quién será el gerente de la SONHY? Y… ¿por qué me hará una invitación de negocios?
No sabía lo que le esperaba….
Nota: Aquí esta la conti, algo cortita para la emoción, les dejó de tarea adivinar quien es ese hombre, y los que ya la leyeron en el otro foro… ¡shhh! Para que siga siendo sorprendente.
P.D. El capítulo sólo tratara de Aome y su misteriosa invitación. Sayonara
