Capítulo 6

Nos concentramos en la época actual… por ahora.

Por fin había llegado el sábado. Aome, muy nerviosa, miraba el reloj cada minuto esperando a que dieran las dos de la tarde, afortunadamente faltaban cinco minutos. Había estado removiéndose en el sofá donde se había sentado, como si fuera león enjaulado, haciendo que Sota y su abuelo la quedaran viendo, pero sin atreverse a importunarla; la señora Naomi parecía absorta en su mundo, remendando algunos calcetines. Al sonar la campanita del reloj, anunciando la hora indicada, la chica se levantó de golpe y se despidió de su familia.

¡Ya me voy! — dijo mientras corría hacia la puerta.

¡Que te vaya bien hija! — le respondió su mamá, levantando la vista para verla, dedicándole la sonrisa de siempre.

¡Nos vemos hermana! — concluyó su hermano, suspirando disimuladamente.

¡Cuídate hija, y no permitas que nadie abuse de…! — iba a decir el anciano hombre, pero ella le dedicó una significativa mirada como diciéndole "No te apures, son negocios", para después poner sus ojos en blanco por un segundo.

Aome caminó deprisa. Para esa ocasión "especial" llevaba puesto un hermoso vestido blanco con pequeñas flores rojas estampadas. Era su vestido favorito, el que su madre le había comprado antes de cumplir quince años; le llegaba a media rodilla y era una tela muy fresca. Llevaba unas sandalias blancas no muy altas que combinaban a la perfección con el vestido y su cabello azabache iba adornado con una hermosa diadema roja.

Era un perfecto día de primavera. Bajó las escalinatas del templo lo mas rápido que pudo, rezando para que no la estuviesen esperando pero... mala suerte, una limusina color blanco perla la estaba estacionada enfrente de las escaleras y un hombre de apariencia amable se encontraba afuera de ésta, a un lado de la puerta. Vestía con un traje oscuro, de buen corte, que lo hacía ver más joven de lo que era.

Señorita Higurashi, — saludó el señor en tono respetuoso — Me da mucho gusto verla, pensé que tardaría en bajar.

Era un caballero apuesto y Aome juró haberlo visto en otro lado… tenía un aire familiar a…

Discúlpeme por haberlo hecho esperar — contestó la joven un poco apenada, y el rubor coloreó sus mejillas.

No se preocupe, acabo de llegar… pero conozco a las mujeres, les gusta darse su tiempo. — le tomó delicadamente de la mano y abrió la puerta del coche, sonriendo de forma educada — Las damas primero si me hace el honor...

"Que amable es, a pesar de que… ser rico" pensó la pelinegra.

Gracias — contestó Aome aún enrojecida.

Al entrar no dudó en pensar que aunque por fuera esa limusina parecía normal por dentro era bastante espaciosa. El caballero se sentó enfrente de ella, y con una señal de su mano el coche arrancó. La muchacha no se había percatado de que tenía un chófer, elegantemente vestido, hasta que el vehículo se movió.

Bueno señorita Higurashi, — habló una vez más el caballero sin borrar la sonrisa, al ver que la joven estaba bastante apenada — supongo que está sorprendida por la invitación que le mandamos. Y por favor no se sienta mal… nadie va a hacerle daño — agregó en tono amable y cordial.

Eee… pues sí. — respondió la aludida, sintiéndose más confiada… hasta se le bajó el rubor — Apenas pasó la primera etapa del concurso y no entiendo como se enteraron… además la redacción sólo se publicó en la gaceta escolar.

¡Ah sí! Lo que pasa es que mi hijo mayor estudia en el Instituto, — respondió el caballero sonriendo más ampliamente — y… nos la mostró. Al abuelo le pareció interesante.

¡Ah! — Aome pareció un poco perturbada… ¿A un anciano le había parecido interesante? — Disculpe pero… ¿cómo se llama su hijo?

¡Es verdad, que maleducado soy! — respondió el hombre visiblemente apenado ante su olvido — Disculpe mi falta de cortesía… mi hijo se llama Shinosuke y mi nombre es Takahashi Daisuke. Un verdadero gusto señorita Higurashi — le tendió la mano a modo de saludo.

"¿Shinosuke Takahashi?" pensó Aome, y recordó un detallito de hacía una semana atrás. Sus amigas le habían mencionado alguna vez de un tal Takahashi, un apuesto e inteligente joven que estudiaba el último año del Instituto. Y, lo mejor de todo, es el rico heredero de la SHONY. A pesar de ese detalle el joven decidió estudiar ahí, no le gustaba presumir su fortuna; además, como siempre decía, eso le pertenecía a su abuelo.

*************** Flash Back *******************

Después del primer parcial, Aome y sus amigas estaban observando el cuadro de honor, en el cual figuraban los que habían obtenido las mejores calificaciones del periodo, de todos los cursos.

¡Qué bien, estoy en el cuadro de honor! — les dijo feliz a sus amigas mientras observaban la lista, señalando su nombre con el dedo — Es un verdadero logro.

¿Ya vieron quien es el mejor del Instituto? — señaló Ayumi, fijándose en el primer nombre, llamando su atención — Takahashi Shinosuke… estudiante del último grado, con un promedio excelente.

¡KYAAAA! — exclamaron las otras dos al unísono, visiblemente emocionadas con la noticia.

¡Es verdad! — dijo Yuka, como si quisiera arrancar el nombre del joven y llevarlo con ella — Y nos han dicho que es apuesto y rico... heredero de un gran imperio — completó en tanto Eri asentía sin disimular su emoción.

Aome observó con más detenimiento la lista, revisando las calificaciones obtenidas. "De verdad que es un chico inteligente" pensó en cuanto regresaron a su salón "Es bueno que aun haya muchachos como él, que no solo están pensando en chicas".

**************** Fin del Flash Back *****************

Mucho gusto señor Takahashi. — saludó nuevamente Aome al caballero, correspondiendo el gesto — Perdón pero… ¿por qué le interesa tanto mi cuento a su abuelo? — preguntó dudosa… era raro que a un hombre maduro le llamara la atención una historia de amor y aventuras.

Verás, — contestó el señor Takahashi con una gran sonrisa — al abuelo le recuerda sus lejanos tiempos de juventud.

Aaahhh… — Aome volvió a ruborizarse, aun no le quedaba claro — ¿Así que su abuelo es el gerente de la SHONY? — preguntó como para cambiar el tema, no queriendo ser grosera.

Sí, pero es muy reservado, casi nadie lo conoce. — terminó diciendo el señor Takahashi sin borrar la sonrisa amable. — Mira, ya hemos llegado — le señaló hacia afuera.

El auto se detuvo y la joven se percató que estaban a las afueras de Tokio. La vista hacia la ciudad era hermosa, aunque se notara la tenue contaminación de la zona capitalina.

Adelante señorita Higurashi, — dijo el señor Takahashi tomándole nuevamente la mano para ayudarle a bajar — sígame por favor.

Salieron del auto y no pudo evitar un "¡Aahh!" de asombro. Estaba enfrente de una enorme mansión, de mármol blanco aperlado con los bordes de las puertas y ventanas en color dorado y, al centro del majestuoso edificio, se podía divisar una cúpula de cristal que sobresalía a más de dos metros del techo. Para rematar la perfección del lugar, la mansión tenía una vista privilegiada hacia la montaña sagrada para los japoneses, el monte Fujiyama.

Veo que la mansión es de su agrado, ¿le gusta? — preguntó el buen hombre al ver la expresión de la chica. — El abuelo tiene un gusto exquisito.

Si… es hermosa — contestó ella, con sus achocolatados ojos abiertos como platos.

Caminaron por la vereda que conducía hacia la entrada principal, un hermoso camino con lindas flores que lo bordeaban. El jardín también era bellísimo, sobre todo con los árboles de cerezo en flor.

Entraron al inmueble y Aome siguió sorprendida. Le pareció que el vestíbulo de entrada era tan grande que podría haber metido su casa en él. Las paredes de mármol blanco estaban iluminadas con resplandecientes lámparas, el techo era alto, y una magnifica escalera de mármol a su derecha conducía a al piso superior.

Pase por favor — le dijo el señor Takahashi mientras Aome seguía observando todo embobada.

La condujo a una sala cómoda y acogedora con tres enormes sofás que hacían juego con las paredes… se veían muy acogedores. Enfrente de los mismos se encontraba una pantalla de plasma de 40 pulgadas, marca SHONY (obvio), y una chimenea de madera oscura que contrastaba con el blanco aperlado de lo demás.

Espere aquí por favor, — indicó el hombre con su tono amable y cordial — avisaré al abuelo de su llegada.

Eee… si, descuide — dijo la jovencita, aun anonadada por todo lo que veía.

Al quedarse sola, Aome paseó discretamente por la sala y observó detenidamente algunos de los cuadros que colgaban de las paredes. Parecían hechos por un gran artista, desconocido para ella, pero que mostraba muy buena técnica. Una foto encima de una repisa llamó su atención y se acercó para verla mejor. Se sobresaltó un poco al mirarla de cerca. Los rostros de los cinco niños retratados se le hacían familiares, el mayor no sobrepasaba de doce años. "Que raro" pensó ella "Todos se me hacen algo…, pero no recuerdo haber conocido a ningún miembro de esta familia antes".

El abuelo la espera, señorita Higurashi. — el señor Takahashi entró nuevamente a la sala y se dirigió a ella con ese tono cordial con el que la había tratado, sin dejar de sonreírle — Sígame por favor.

Gracias — respondió la aludida volviéndose a él, un poco ruborizada porque la "cacharon" chismoseando.

Al abuelo le dará gusto verla otra vez, aunque no lo demuestre — el buen hombre hizo como si no hubiera visto nada indebido.

¿En serio? — se volvió a sorprender ante ese comentario, no había tenido el gusto de conocer al anciano dueño de esa importante empresa… que ella recordara.

Él es así. — el señor Daisuke se encogió levemente de hombros, como disculpándose por algo — Es por aquí — le indicó el camino.

Atravesaron un pasillo y se detuvieron enfrente de una gran puerta de madera negra, que ostentaba un letrero de "Privado" bellamente escrito. Notó que era la misma perfecta caligrafía de la invitación. También pudo observar un escudo labrado en la misma puerta… seguramente el escudo familiar, el cual mostraba una "T" sobre una luna en cuarto creciente. Era un hermoso contraste con la pulida madera.

Abuelo… aquí esta la señorita Higurashi. — habló el señor Takahashi abriendo la puerta, saludando con cortesía y respeto — Iré a pedir que traigan algo para que se refresque, como indicaste, mientras está lista la comida. Pase por favor señorita.

Salió y cerró la puerta en cuanto la muchacha penetró a la habitación. Si Aome no estuviera tan nerviosa hubiera contemplado mejor el lugar. Era una sala circular, grande y hermosa, con las paredes del mismo mármol blanco, aunque se notaban más pulidas y brillantes. Sobre varias estanterías reposaban lo que parecían ser trofeos y medallas, y en una urna de cristal, ubicada al centro de las mismas, se encontraban dos armas antiguas… como las que se utilizaban en el Sengoku. Atrás de un gran escritorio hecho de la misma madera negra de la puerta, y que estaba colocado en la posición principal del estudio, había un ventanal en el que se podía ver claramente el "Fuji". Todo se veía inmenso y la pelinegra se sintió diminuta. De verdad que el anciano dueño de la SHONY era una persona bastante excéntrica que a leguas se notaba no escatimar en gastos por decoración de interiores.

Mujer… cuanto tiempo sin verte — se escuchó una voz profunda proveniente del asiento que estaba enfrente del inmenso mueble.

Ésta se sorprendió. Había escuchado esa voz en otro lugar. En ese instante el ocupante de ese sofá giro el mismo y… Aome no pudo contener una exclamación de asombro, abriendo más sus ojos achocolatados "¡No puede ser, no es posible!, Él aquí… yo pensé que…" tragó saliva como para pasarse algo.

Ahí, frente a ella, se encontraba uno de los seres a los que menos pensaba encontrar en su época. Sus ojos seguían mostrando esa indiferencia característica, y estaba vestido elegantemente con un traje claro que hacia contraste con el oscuro sofá y la daban un aire sobrio y magnífico.

Se... ¡Sesshōmaru! — tartamudeó Aome, sintiendo que se desmayaría de la impresión.

Así que aquí es a donde venias cuando tu olor se perdía… — respondió con calma el aludido, sin inmutarse en lo más mínimo por la presencia de la joven, como si ella no estuviera en estado de shock — quien lo hubiera creído.

Así era, sus largos cabellos plateados caían sobre su espalda y su estola adornaba elegantemente su hombro derecho; seguía siendo igual de apuesto, como siempre, aunque con un aire de madurez en el rostro. La expresión de estatua griega no había cambiado y el brillo ambarino de sus ojos tampoco.

Tú eres ¿el dueño de la SONHY? — preguntó Aome.

Por toda respuesta Sesshōmaru la miró brevemente con esos ojos dorados, fríos y penetrantes. "Lo tomare como un sí" pensó la chica. Era una más de las cosas en las que no había cambiado, seguía siendo de pocas palabras.

Eee… ¿qué es lo que querías hablar de negocios conmigo? — continuó hablando la muchacha, un poco abochornada ante esa mirada fija en su persona —Ahora entiendo porque el Sr. Takahashi dijo que recordabas tu pasado con la historia.

A mis nietos les interesó, — respondió el Daiyōkai con la misma indiferencia, sin mostrar nada de emoción por ello — por eso tomé la decisión de hablar contigo.

Cuando dices nietos te refieres a… — la chica pareció dudar un poco, pensando imposible que ese ser tan poderoso e inmutable hubiera tenido... hijos.

La descendencia de Lin — fue la parca respuesta que le dio el Inugami, sin cambiar su expresión de estatua griega.

Aome soltó una exclamación y se llevó las manos a la boca, sorprendida. "¿Será posible que él?..." Su mente voló muy lejos ante esas palabras, volviendo a abrir de más sus enormes ojos. "no, no pudo haberle hecho eso… ¿o si?".

No es lo que crees — parecía que el Daiyōkai había leído sus pensamientos porque la veía escrutadoramente.

La pelinegra se sonrojó otra vez, avergonzada de habérsele ocurrido semejante cosa. "Menos mal", suspiró internamente. Decidió fijar la vista en los ojos dorados de Sesshōmaru y se acordó de Inuyasha, con la excepción de que el Hanyō la miraba con unos ojos que reflejaban amor, o sea "ojos de borrego tierno".

Eee… — continuó después del breve lapsus, desviando momentáneamente la vista de las pupilas doradas, sin que le bajara el rubor — entonces ella…

Hablemos de negocios, — la interrumpió el gran demonio después de sonreír muy sutilmente, como adivinando una vez más hacia donde habían ido los recuerdos de la joven, aunque no cambió el tono grave y varonil que lo caracteriza — para eso te hice venir.

En ese momento llamaron a la puerta y, sin esperar respuesta, entraron en el estudio dos individuos: un ser verde parecido a una rana acompañado por una doncella, la cual portaba una bandeja con dos hermosos vasos de cristal, cuyo contenido parecía ser una bebida refrescante.

Aquí están las bebidas amo bonito — dijo el extraño ser, haciendo una reverencia profunda ante su Señor.

¡Jaken! — exclamó Aome, sorprendiéndose nuevamente — No pensé que siguieras vivo también — dijo como disculpándose, pues el aludido pegó un brinco al oír su grito.

Sí, era el sirviente de Sesshōmaru, aunque él ya se veía más anciano… ¿cuántos años podrían tener ambos? Siendo yōkai… posiblemente muchos.

¡¿Tú! — exclamó Jaken, sorprendiéndose también de verla ahí. Afortunadamente no perdió el equilibrio.

Jaken… — Sesshōmaru le lanzó una mirada asesina, hablándole en tono de dureza para que cerrara el pico — ve por Shinosuke.

Si amo bonito — dijo el sirviente sin quitarle la vista a Aome.

Salió de la oficina seguido de la doncella, que había dejado en la mesa dos vasos con jugo. "El tiempo si pasó por él," meditó Aome sin dejar de observarlo hasta que lo perdió de vista "o tal vez ya esta cansado, ¡pobrecito!" Siglos de servicio fiel al Daiyōkai debían de ser muy pesados. Minutos después el pequeño demonio regresó, seguido de un joven alto y bien parecido, de piel clara, cabello negro bien peinado, algunas pecas en el rostro y grandes ojos cafés, rasgo característico de Lin y... de ella; además a la joven le resultó familiar su rostro, como si lo conociera aunque en realidad jamás se había cruzado con él en el Instituto. El gran demonio le hizo a su sirviente un gesto con la mano para que se retirara (pobre no lo quieren jijijiji). Jaken salió arrastrando las patitas.

Dile a la señorita Higurashi lo que me dijiste — dijo Sesshōmaru sin voltear a ver a su "nieto", desviando la vista hacia las estanterías, perdiendo toda la atención en ellos, como si ya nada fuera de su incumbencia.

Con su permiso abuelo. — contestó el muchacho en tono respetuoso, inclinándose levemente ante su "abuelo" — Antes que nada mucho gusto señorita Higurashi. Tome asiento por favor, así no se cansará. — se dirigió a nuestra amiga pelinegra en un tono más cordial, sin llegar a ser demasiado informal con la chica.

Ella le hizo caso y se dejó caer suavemente en otro asiento, que se encontraba junto al escritorio, como puesto ahí para las visitas… aunque dudaba que el Daiyōkai recibiera muchas visitas, así fuera por negocios.

Perdone mi atrevimiento por esto pero a nosotros, es decir a mis primos, a mi hermana y por supuesto a mí, nos pareció una buena idea hacer una historia sobre su cuento, o mejor dicho una caricatura/anime, y lanzarla a la televisión. — detuvo la charla un momento y, tomando uno de los vasos, se lo entregó a la chica — Por favor, tome su jugo, es delicioso y fresco. — tomó el otro para sí mismo y continuó con la plática — La SHONY tiene los medios para hacerlo.

Aome se quedó en shock… "¿Un anime con sus aventuras?" se repitió mentalmente mientras le daba unos cuantos tragos al jugo, el cual le pareció verdaderamente delicioso.

Pero… todavía no esta completa — balbuceó visiblemente anonadada.

No se preocupe, por ahora sólo lanzaremos su primera temporada. — dijo Shinosuke, el cual también bebió del otro vaso sin que Sesshōmaru se inmutara por ello… claro, eso no es para un ser como él — Conforme usted vaya avanzando lanzaremos las demás; de todas formas hay que preparar todo, principalmente los dibujos... y buscar a los Seiyūadecuados.

Aome no sabía que contestar, nunca se había imaginado que algo así pudiera pasarle.

Esto…yo — tartamudeó, y decidió terminarse el jugo para darse tiempo a razonarlo.

Entonces… ¿acepta el trato? — Shinosuke sonrió abiertamente, mostrando una dentadura perfecta que lo hacía ver tan adorable— Recibirá un porcentaje de las ganancias, respetaremos su autoría, ¿verdad abuelo?

El Daiyōkai se limitó a asentir con la cabeza, sin dignarse en mirarlos. El muchacho sonrió más que complacido y también se acabó su bebida.

Está bien, acepto — dijo Aome por fin, sintiéndose muy emocionada.

"Nuestras aventuras en televisión…" pensó un poco extasiada, recuperando su sonrisa angelical después del lapsus de duda, "es como un sueño, ¿quién lo hubiera creído de Sesshōmaru?".

¡Perfecto! — exclamó el joven — Le avisaré con tiempo cuando empezaremos con los preparativos. Bueno, me retiro. — le dedicó una respetuosa reverencia a la pelinegra, y una más profunda al gran demonio — Tal vez quieran recordar algo… iré a comprobar que todo siga en orden.

En ese momento entró corriendo una pequeñita que dijo alegremente:

¡Abuelito, ya está la comida!, ¿vas a venir?

Por supuesto, — el aludido miró brevemente a la niña de soslayo, con un deje de… ¿ternura? — únicamente terminaré unos asuntos pendientes.

Aome volvió la vista a la niña, y no pudo guardar una exclamación de asombro:

¡Lin!

De verdad que era el vivo retrato de la chiquilla que había cambiado la forma de ser del Daiyōkai… el mismo cabello azabache, los grandes ojos cafés y la tierna sonrisa.

¿Diga? — respondió la pequeña fijándose en ella por primera vez — Oiga, ¿cómo sabe mi nombre? — se extrañó cuando vio a Aome.

Pues… — tartamudeó al contestar — tú abuelo me lo dijo — "¡Diablos, que tonta! Si ni me conoce" pensó la pelinegra sonrojándose levemente.

¿En serio?, — Lin la miró un tanto suspicaz — esta bien. — concluyó al final con una gran sonrisa y, dirigiéndose a Shinosuke, quien observó todo aguantándose la risa, le dijo — Primo, debes llama a Rumiko para que venga a comer.

Ya voy, pero tú llama a Kotaru y Kohaku. — respondió el aludido llevándose por los hombros — Con permiso abuelo… señorita Higurashi.

Pero… — la pequeña parecía querer quejarse.

Vamos ya, — insistió el joven sin dejar de sonreír — es una orden.

Los dos salieron dejando a Aome en shock nuevamente "¿Lin? ¿Kohaku?" su expresión volvía a reflejar absoluta incredulidad "Eso significa que ellos son los descendientes de… ¿Lin y Kohaku?".

Así es, — dijo Sesshōmaru, como leyéndole el pensamiento (nos parece que es psíquico) — aunque ya han pasado muchos años de esos acontecimientos.

El gran demonio se levantó del sillón donde estuvo sentado y la muchacha pudo notar que era más alto de lo que recordaba, y mucho. ¿Cuánto medía?, ¿dos metros, dos metros y medio? Ahora resultaba más intimidante, y se explicaba el porque de tan gran mansión, y el hecho de que casi nadie lo conocía en persona… cualquiera se desmayaría con solo verlo, por lo atractivo y fuera de lo normal que sería para todas las personas. Sesshōmaru no se percató de que Aome lo observaba con curiosidad, caminó elegantemente hacia la ventana y ahí se quedó viendo hacia el Fujiyama. "¿Acaso esta recordando algo?" pensó la joven. Imitó el movimiento del Daiyōkai y se dedicó a contemplar la habitación con más detenimiento.

En la urna de cristal que estaba situada entre los estantes, se encontraban guardadas las dos espadas antiguas de Sesshōmaru. La pelinegra las reconoció al verlas de cerca, Tenseiga y Bakusaiga, ésta última tenía su funda... la primera brillaba tenuemente con un resplandor azulado; seguramente hacía mucho que no las usaba con libertad. En los estantes se encontraban diplomas, títulos y trofeos de todo tipo. "Así que Sesshōmaru se graduó en muchas cosas… robótica, electrónica, ciencias de la comunicación, negocios…" meditó al leer el motivo por el que los había recibido "De seguro estudió on – line porque el ir a una escuela… los mata a todos de un susto, y a las mujeres de un paro cardíaco de lo guapo que es… ¡jajaja!" se carcajeó internamente al pensar incoherencias. Pero fueron unas medallas del lado derecho las que llamaron su atención. En ellas se leía "General", "Comandante", "Sargento", y recalcaban "1era. Guerra Mundial" y "2da. Guerra Mundial". Aome se asombró. ¿Cómo es que él había participado en pleitos humanos?, era mejor no comentar nada porque Sesshōmaru no aclararía nada. Él es así, parco al hablar.

Decidió apartarse un poco del mobiliario y dirigirse a donde el gran demonio estaba parado, esperando la señal para ir a comer. El silencio es algo que nunca le ha gustado a la chica, así que empezó a desesperarse un poco por la indiferencia de su anfitrión. Un destello dorado le hizo volver la vista. Vio que el resplandor provenía de la mano derecha del Inugami. "¿Qué podrá ser?" Se acercó con cuidado hasta llegar a su lado y se sorprendió al ver de qué se trataba.

Tú… ¿te casaste? — preguntó incrédula.

Sesshōmaru la vio de reojo y luego bajó su mirada ambarina hacia su mano derecha. Una hermosa argolla matrimonial, con un diseño sencillo y sobrio, pero de muy buen gusto, brillaba en el dedo anular.

Si — respondió sin pizca de emoción, volviendo a ver al Fuji.

¿Con quien? — volvió a preguntar, esta vez con un deje de curiosidad, tal vez esperando una respuesta… por primera vez.

Algún día lo sabrás. — fue la respuesta, tan cortante como siempre — Vamos a comer que mis nietos esperan.

Dicho esto caminó hacia la puerta y la abrió, esperando a que Aome pasara para salir y cerrarla. "Es caballeroso cuando se lo propone.", pensó ella saliendo lo más rápido que pudo, un tanto intimidada por el tono grave en la voz del Daiyōkai "Inuyasha es tan brusco… la mayoría de las veces", y se sonrojó por estos pensamientos. Sesshōmaru la miró de soslayo, y los ojos le brillaron con un deje de diversión por un momento.

Sentada en el comedor de blancas paredes, como el resto de la casa, en una mesa enorme, también de madera negra, Aome disfrutaba de exquisitos platillos. En la gran mansión de Sesshōmaru tenían un buen chef de cocina internacional (¡que envidia!). Había exquisitas pastas, ricas ensaladas, buenos guisados y riquísimos postres. El señor Takahashi se había retirado por cuestiones de negocios. "Alguien tiene que ver los negocios, esta usted en su casa" se disculpó con Aome, y Sesshōmaru… el Daiyōkai no comía delante de los demás, no le agradaba mucho la comida humana, y siempre había sido de pocas palabras.

La comida fue deliciosa, — dijo la joven mientras le servían el postre — gracias por invitarme.

No hay porque — contestaron cinco voces al unísono.

Los "nietos" de Sesshōmaru eran muy simpáticos. Shinosuke era muy atento, tenía 18 años y estaba por terminar el Instituto, ese era su último año; Rumiko, de 14 años, era casi como Aome, pero usaba unas lindas gafas y ella era la dibujante de algunos cuadros. Ellos dos eran hijos del señor Daisuke. Los otros tres eran sus primos, hijos de Akane, hermana menor del señor Daisuke. Kotaru y Kohaku eran gemelos, tenían 10 años y estudiaban en una primaria particular, y la pequeña Lin, el vivo retrato de la anterior, contaba con 7 años y también iba a la primaria con sus hermanos. Todos tenían un aire de Lin (la original) y Kohaku (el original). Hablaron sobre lo maravillosa que era la novela de Aome, las fabulosas aventuras en la época Sengoku y, por supuesto, de las grandes hazañas del "abuelito" Sesshōmaru; sabían que era un poderoso Daiyōkai, y eso parecía hacerlo más especial ante sus ojos. Hubiesen continuado hablando, pero la profunda voz del gran demonio los hizo detenerse cuando dijo:

Es tarde. La señorita Higurashi debe retirarse, la esperan en casa.

Si abuelito, además tenemos que salir — contestó Lin en tono de obediencia.

"Bueno," pensó Aome al levantarse junto a los demás, "en la escuela podré hablar más con Shinosuke… cuando tratemos de negocios"… la voz del "abuelito" Sesshōmaru no podía ser desobedecida.

El chofer te llevará — continuó el Inugami sin voltear a verla (así es él de frío).

Se dirigieron hacia la entrada, acompañando a la pelinegra. Incluso Sesshōmaru estaba ahí… sus "nietas" le insistieron en que fuera a despedirse de su nueva amiga. Aome, ya dentro del auto, les dijo "adiós" a los niños.

Que le vaya bien señorita Aome, — dijo Lin muy amable — y cuide a "Inu" — pues también habían platicado del pequeño cachorro... a la chiquilla le gustaban los perros.

Esperamos poder visitarla pronto — dijeron los gemelos al unísono, con traviesas y pícaras sonrisas en sus rostros… eran un verdadero dolor de cabeza para Jaken.

Yo me encargaré de los dibujos, no se preocupe — le dijo Rumiko con toda su amabilidad.

Gracias, y llámenme por mi nombre. — contestó Aome igual de sonriente y educada — Ahora somos amigos.

No le cabía duda… era bueno saber que algunos de sus conocidos tenían descendencia que trascendió más allá del Sengoku porque, indirectamente, también eran parientes de Sango al ser Kohaku su hermano. En ese momento se acordó de algo.

Espere — le dijo cortésmente al chófer — deme un minuto.

Bajó del coche y se dirigió hacia donde estaba el Daiyōkai… a la luz de la tarde se veía tan imponente.

¿Volveré algún día? — le preguntó esperanzada, poniéndole cara tierna.

Si tú quieres… lo harás — fue la respuesta del Daiyōkai sin pizca de emoción, sin siquiera tomar la molestia de verla.

¡Sí! — dijo Aome muy contenta… sus esperanzas no eran en vano, lo supuso desde que sintió la tranquilidad en el corazón del Hanyō.

Regresó al auto que en ese momento arrancaba. Se despidió agitando la mano y se fue.

¡Vámonos ya a ver a la abuelita en el cielo! — le pareció escuchar que gritaba Lin, antes de que el vehículo tomara velocidad.

Cuando ya se encontraban lejos, Aome volteó justo para ver como la silueta de un enorme perro blanco se perdía entre las nubes.

Nota de autora: ¿Qué tal eh? Me imagino que, los que no me han leído en el otro foro, se sorprendieron de la aparición del Gran Sesshōmaru en la época actual… todavía tendrá mucho que ver en las dos épocas… así que no le perderemos mucho la pista, aunque la historia de este fic no se centra en él. Sigan divirtiéndose.