Capítulo 7.
El sol se levantaba ya en el horizonte, e iluminaba con sus cálidos rayos una pequeña cabaña, en una aldea cercana a un fluido arroyo. Dentro de ella se encontraba una joven y feliz pareja de recién casados. Él, un monje apuesto y varonil. Ella, una hermosa y valiente exterminadora. Tuvieron una noche de bodas apasionada. Ahora descansaban muy juntos, para conservar el contacto y el calor de sus cuerpos. Sin embargo, aún había mucho quehacer.
Miroku se desperezó lentamente mientras abría sus oscuros ojos azules. Sango seguía dormida, acurrucada a su lado. Contempló extasiado la bien formada figura de su esposa, cubierta únicamente por una fina sábana blanca. Iba a estirar su "mano maldita" para tocarla cuando recordó… "Mejor no, hay cosas que hacer," pensó con una sonrisa en los labios… había sido la mejor noche de su vida "tenemos una vida juntos por delante". Se levantó con cuidado para no despertarla y se vistió en silencio. Su ropa de costumbre era lo mejor.
Tenía mucho trabajo pendiente. Salió de la cabaña. Sabía que el pequeño Kohaku no se había quedado con ellos. Había decidido darles más intimidad, por ello se fue donde la anciana Kaede. "Que inocente es Kohaku, se parece tanto a su hermana." meditó nuevamente el monje, sin cambiar el gesto alegre "Ya lo educaré". Y entonces se percató de que lo esperaban. Un joven relativamente más alto que él, de larga, desordenada y abundante cabellera blanca, y ojos ambarinos, lo vio con cara de exasperación cuando salió.
Te tardaste. — le soltó Inuyasha en cuanto hubo salido — ¿Qué… no dormiste bien? Hueles muy… — se apartó un poco, haciendo gesto asqueado.
"¡Claro!" pensó nuevamente Miroku en cuanto escuchó esas últimas palabras, aunque al principio se sorprendió. "El sensible olfato de Inuyasha puede olerlo todo… ¡Jajaja!" se carcajeó internamente por el gesto de su compañero.
Amigo, no querrás que te de detalles… — le contestó con una mueca levemente burlona — ¿o sí?
Al ojidorado le dio un escalofrío en la espalda y se sonrojó. "Este Miroku pervertido, seguramente que se pasó de bestia con ella…" pensó dirigiéndole una mirada salvaje por su descaro "¡Keh!, bueno, ya es su esposa y no me importa".
Tranquilo — continúo el ojiazul, de forma un tanto más seria al ver la expresión de asco y vergüenza en el rostro de su amigo — lamento haberte hecho esperar. Gracias por tu ayuda desinteresada.
¡Keh! Lo hago sólo por la comida, — respondió secamente el de largos y plateados cabellos en tanto descendía el rubor de sus mejillas — ya lo sabes.
Como digas — el de corta coleta volvió a sonreír brevemente en tanto le palmeaba un hombro a su amigo.
Sango le había prometido a Inuyasha un jabalí entero para el día siguiente, como había disfrutado en la ceremonia principal. Por ahora llevarían al maestro Mushin al templo donde Miroku había crecido a su cuidado, debido a que el anciano monje se había embriagado el día anterior en el banquete de bodas, costumbre en él; e irían a traer algunas cosas más para la gran comida de la segunda fiesta, que ella, Sango, ayudada por Lin y otras jóvenes de la aldea, prepararían para los amigos especiales.
Y hablando de la dichosa recién casada… en ese momento salió cubierta únicamente por una túnica sencilla en color rosado claro, que remarcaba su lindo y bien formado cuerpo, y saludó a Inuyasha de forma amable; por cierto que el Hanyō se percató que ya no llevaba el traje de exterminadora debajo de la ropa (¡que anda viendo Inuyasha!). "¡Esa Sango tan… como si no conociera a su pervertido marido!" pensó al instante.
Buen día Inuyasha. — le dedicó una sonrisa — Buen día amor. — dijo dirigiéndose a su esposo, hablándole con mucha ternura — ¿Por qué no me levantaste? También tengo muchas cosas que hacer.
¡AHGGG, Sango! — intervino el ojidorado antes que el monje pudiera responder, al quedarse como menso viéndola con ojos desorbitados — ¡Hueles horrible! — y volvió a apartarse.
¡Inuyasha, que dices! — la pobre castaña se sonrojó intensamente.
De verdad que la noche anterior había sido muy… ella le dirigió a su amado esposo una mirada de sus bellos ojos cafés como diciéndole "¿Ya ves qué te pasaste de bárbaro?… Inuyasha huele todo."
¡Jajaja! — se rió Miroku y abrazó a Sango con pasión contenida, pasando por alto su bochorno — No le hagas caso a Inuyasha amorcito. Está celosín.
¡¿Yo? — dijo con fastidio el aludido, fulminando a su amigo con sus ojos dorados — ¡Keh! No digas tonterías.
Miroku no soltó a su amada y la besó por todos lados que pudo, controlándose un poco pues ni modo que la desnudara frente al peli plateado, mientras le susurraba al oído… "Mmm… fue maravilloso, mejor vámonos a bañar juntos otra vez", como si Inuyasha no estuviera presente. El pobre Hanyō enrojeció ante semejante muestra de… no sabía si salir corriendo.
Cariño… basta… me haces cosquillas… — Sango trataba de soltarse del agarre de su esposo, pero no parecía realmente esforzarse mucho — Miroku… Inuyasha te está esperando.
¿Inuyasha? — dijo el ojiazul aún besando a su esposa, y su mano bajó a sus redondas caderas — Que se vaya solo.
¡PAF! Una pequeña cachetada de Sango lo hizo apartarse un poco, aunque esta vez no fue tan fuerte como las que acostumbraba darle cuando llegaba a ese punto. El ojidorado puso sus ojos de puntito en tanto le brotó una pequeña gota anime.
¡No delante de las visitas! — le reclamó mientras se sonrojaba aún más — Ve a hacer lo que debes hacer.
Esta bien cariño, — dijo el manolarga, soltando al fin a su mujer y sobándose la mejilla — tienes razón. Me apuraré para regresar temprano y… ya sabes lo que sigue — lo último se lo dijo nuevamente al oído, mirándola tierna y pícaramente con sus profundos ojos azules.
Muy bien, — contestó la joven mientras aún seguía sonrojada — pero apúrense ya.
Inuyasha vio todo con su habitual gesto de molestia, pero a la vez algo divertido. "A éste no se le va a quitar lo mañoso… o yo respeto al chaparro". Las caras de sus amigos reflejaban cansancio y satisfacción. "¡Vaya nochecita que han de haber pasado!... y lo que le falta a Sango." Se rió en su interior "El pervertido de Miroku no va a ceder hasta que ella quede embarazada. Le voy a ganar al enano".
Oye Miroku, — le espetó nuevamente después de que la castaña dijo lo último — esto no me compete… recuerda que tú me lo pediste canijo, así que no lo voy a hacer yo solo.
Lo siento Inuyasha. — le contestó el aludido poniéndose serio — Vámonos ya.
Sango les dijo adiós con la mano mientras ellos se alejaban con rumbo a la casa de Kaede.
¡Keh! Pervertido, no tienes decencia. — soltó Inuyasha viendo a Miroku con el reproche dibujado en sus ambarinos ojos, en cuanto se adentraron un poco por la aldea — ¡Aprende a controlarte!, esta bien que ya es tu mujer pero… mídete.
Perdón. — el aludido se sonrojó un poco — Es que fue tan… — de solo recordarlo le brillaron los azules ojos, con ese brillo de perversión que a veces le había brotado cuando se perdía en su cochambroso mundo — Ya te veré cuando la señorita Aome regrese — concluyó mirando fijamente a su interlocutor.
¡Keh! — contestó — No digas estupideces, no soy tan cursi ni estoy tan urgido.
Pero no pudo evitar sonrojarse al pensar en Aome vestida con una batita como la de Sango. Sacudió la cabeza "No pienses en ello". Miroku sonrió al ver su sonrojo, pero prefirió no ahondar en el tema.
Así que ese día estuvieron muy ocupados. Miroku e Inuyasha llevaron al maestro Mushin al templo, auxiliados por Hachi, y se dirigieron a varias aldeas vecinas a realizar "trabajos especiales" (Miroku y sus charlatanerías) para conseguir cosas para la fiesta. Sango fue efectivamente auxiliada por otras jóvenes para la elaboración del banquete y otras cosas. Los niños también estuvieron ayudando, Kohaku, Shippou y Lin estuvieron muy al pendiente de lo que podría hacer falta. Por cierto que Sesshōmaru le había conseguido a Lin, ignoramos como, un nuevo kimono en suave tela blanca estampada con flores rojas y unas sandalias como las de Sango. La pequeña ya nunca más andaría descalza.
La noche llegó y los amigos regresaron. Ahora se encontraban cenando ya con la anciana Kaede y Lin en la cabaña de la feliz pareja. Sango preparó unos deliciosos pescados asados con arroz frito y verduras al adobo bien sazonadas. A Inuyasha le toco triple porción. Disfrutaron de la cena y platicaron las peripecias del día y sobre la fiesta del siguiente.
Por cierto Kohaku… — le dijo Miroku al hermano de su esposa — no olvides que tienes una habitación en casa.
Excelencia es que… — Kohaku se sonrojó — no quiero estorbarles en su nueva vida.
Hermano, no me estorbas. — le contestó Sango mirándolo tiernamente y sonriéndole mientras retiraba el plato vacío de él — Ya habíamos hablado de eso.
Además — continuó el ojiazul — somos familia, puedes llamarme cuñado.
Bueno es que… me da pena ser irrespetuoso…— el joven pecoso se apenó aun más. El monje le sonrió también — Trataré — concluyó más rojo que un tomate.
Así me gusta. — siguió diciendo el de negra coleta, palmeándole la espalda amablemente — Como esposo de tu hermana mayor tengo mucho que enseñarte de la vida.
¡Keh! Miroku no vayas a pervertirlo. — le soltó Inuyasha sin dejar de comer su pescado, masticando con la boca abierta — Él sigue siendo un chico inocente.
Todos le lanzaron una mirada fea… principalmente su querida mujer, mientras Kohaku enrojeció hasta alcanzar el color del traje del Hanyō. Lin también le dirigió unas palabras en tono de reproche.
Por favor Excelencia, Kohaku es un buen chico — dijo a modo de defensa por su amigo.
¡No me malinterpreten!, — se defendió el aludido, agitando una mano pidiendo calma — le enseñaré lo que "no debe de hacer".
Ante el ocurrente comentario se relajaron y soltaron una sonora carcajada. La cena terminó en calma y alegría.
Lin y la anciana Kaede se fueron a su cabaña, después de despedirse amablemente de todos. Kohaku y Shippou, junto con Kirara, habían ido a arreglar la habitación del primero mientras la señora de la casa terminaba de limpiar el lugar. Miroku e Inuyasha estaban acabando de tomar té después de hablar trivialidades… bueno, sólo Miroku porque Inuyasha ya no quería más té. Sango continuaba limpiando, se podía decir que, aparte de ser muy buena exterminando monstruos, le había salido lo hacendosa, y pasó cerca de ellos; claro que el pícaro de su apuesto marido no dejaba de mirar el movimiento de su cadera con sus azules ojos brillando de… el Hanyō lo miró de reojo "¡Aggh!, ¿qué estará pensando este manolarga?" se dijo internamente adivinando las perversas intenciones de su amigo y, en cuanto su amada volvió a pasar, le dio una pequeña nalgada, a sabiendas que ya no lo cachetearía. Ella se sobresaltó un poco, pues no se esperaba eso de su amado, menos tan cerca de su amigo ojidorado.
¡Cariño! — le dijo sonrojándose nuevamente — ¡No delante de las visitas! Ya te lo dije — pero esta vez no lo golpeó como antes acostumbraba, desviando momentáneamente la vista y continuando con sus quehaceres.
¡Keh! Si ya vas a empezar con tus mañas Miroku… — ladró Inuyasha en su tono grosero habitual, mirando a su amigo con molestia — mejor dime que tienes cosas que hacer.
Por toda respuesta el ojiazul le volvió a dirigir una tierna, apasionada y pícara mirada a su esposa en cuanto la castaña lo miró una vez más, pues ese tono coloradito en sus mejillas la hacía ver taaan "suculenta" para él… Sango continúo limpiando, después de ruborizarse en extremo, ocultando una sonrisita. Para el ojidorado no pasó por alto lo evidente… ese par eran…
¡Chaparro vámonos!, — le gritó a Shippou en el preciso instante en el que el pervertido monje se abalanzó sobre su mujercita para besarla con pasión desenfrenada — que este insaciable ya va a empezar con su cosas.
¡Cariño… cálmate! — fue la respuesta de Sango, entre asustada y divertida, tratando de alejarse de Miroku — Vamos a despedir a nuestros amigos como es debido.
Adiós Inuyasha, que te vaya bien. — contestó el aludido sin soltar a su esposita — Tengo cosas que hacer — y continuo besando y acariciando a su amada, como si el peli plateado no estuviera ahí.
"¡Agghh, pero qué bruto es Miroku!" pensó el pobre ojidorado con una gota anime en su frente y con cara de desesperado, sin saber si correr por el kitsune o abandonarlo a su suerte "¿Que no puede esperarse para que nos…?" Y tal parecía que lo que más le gustaba al maniaco era la defensa trasera de su adorada castaña, porque bajó directamente su mano derecha a ese lugar para hacerle "cariñitos" (Ese pervertido no aprende).
Ya basta amor. — ¡PAF! golpe directo a la mejilla, pero sin mucha fuerza, nada más la suficiente para hacerle entrar en razón — ¡Espera!
Sango se alejó a una distancia prudente de su fogoso marido. "Ya casi le quita la ropa, no le importa que yo este aquí" volvió a pensar Inuyasha cambiando el gesto de espanto por una cara con ojos de puntito escrutadores hacia su amigo, el cual ya se estaba sobando el cachete.
Oye Inuyasha, — la exterminadora le dirigió una mirada comprensiva al notar su gesto, sonrojándose una vez más — dile a Shippou que puede quedarse a dormir con Kohaku. Y… si gustas tú también.
Miroku… me das nauseas. — fue la respuesta un tanto brusca del ojidorado — No te apures… no pienso quedarme aquí — miró a su amiga sin borrar el gesto de reproche y se encaminó a la habitación de Kohaku.
El ojiazul se abalanzó nuevamente sobre su esposa, después de dirigirle a su amigo peli plateado una sonrisita disimulada de burla… no iba a perder su tiempo preocupándose por la opinión de un brusco y un tanto amargado Hanyō… mejor entregarle todo su amor y pasión a su hermosa mujercita.
¡Espera, no aquí!... ¡Me haces cosquillas! — fue lo último que escuchó de Sango, la cual se rió un poco antes de que Miroku la hiciera callar con un beso tronado.
"¡Aggh!, de verdad que Miroku es peor de lo que creía…" Inuyasha puso los ojos levemente en blanco, imaginando a su amigo cual hambriento lobo sobre la dulce exterminadora (igual que salieron varios en el anime de Ranma ½) "como si aún peligrara su vida quiere comerse a Sango… ¡qué bruto!... aunque ella tiene la culpa por permitirle abusos". Entró en la pequeña habitación del joven exterminador, la cual estaba sencillamente amueblada. En un rincón yacía el arma del muchacho y el Hiraikotsu de su hermana. Kirara ya dormía plácidamente en los brazos de él.
Chaparro, mejor quédense ya aquí… — les dijo en cuanto los dos niños voltearon a verlo al notar su presencia — porque ese pervertido calenturiento ya empezó con sus "cosas"... Kohaku, vas a tener que acostumbrarte al maníaco sexual de tu cuñado.
El chicuelo se sonrojó de sólo pensarlo. Su Excelencia… su cuñado no es una mala persona, pero si es tan explícito a veces… más bien dicho, la mayor parte del tiempo.
¡Ahhh! — suspiró levemente poniendo gesto de resignación… pensar que su hermana ama demasiado a su marido… por algo se casó con él.
Bueno, — dijo Shippou enrojeciendo también — eso es normal en Miroku… ¡pero que ansías las suyas de ser padre! — se cruzó de brazos moviendo la cabeza negativamente, cerrando momentáneamente las verdes pupilas — Por cierto Inuyasha, — volvió a mirar a su amigo — ¿tú también te quedarás?
¡Keh! ¡Por supuesto que no! — fue su brusca respuesta, moviendo también la cabeza — El aroma del "amor" en el aire me marea… Se me hace que alguien va a perder una apuesta — miró al kitsune con la burla reflejada en sus dorados ojos, con un tono acorde a ello — Por cierto Kohaku, ¿por qué el arma de Sango está aquí? — esto lo preguntó de forma más amable.
Eee… — el pecoso volvió a sonrojarse — Es que mi hermana la dejó aquí para no matar a su Excelencia… digo a mi cuñado, cuando quiera pasarse de… ¡qué vergüenza! — quería ocultarse bajo las sábanas.
¡Keh! Si bien que le gusta que su marido sea… cariñoso — observó el Hanyō con ironía — que no se haga. — ambos niños enrojecieron aún más… a veces los adultos no saben guardar sus… — En fin… me arriesgaré y pasaré como si nada, — explicó para despedirse, dirigiéndose a la puerta — y me iré al Árbol Sagrado a dormir. Que descansen.
¡Buenas noches señor Inuyasha! — dijo Kohaku guardándose un bostezo.
¡Buenas noches Inuyasha! — concluyó también Shippou, bostezando sin mucho recato.
"Me encarreraré y pasaré sin ver." pensó Inuyasha al salir de la habitación. "Ese Miroku salvaje…" volvió a molestarse de tan sólo imaginarlos en medio del comedor… afortunadamente los dos amantes ya no estaban ahí. "Menos mal que Sango lo obligó a ser decente" se guardó un suspiro de alivio, y se fue con paso rápido al árbol sagrado.
¡Al fin!, — se dijo a sí mismo, encaramado en su rama favorita — a veces Miroku es tan insoportable… pero de eso pedía su limosna el muy canijo, desde hace mucho.
Entre el follaje admiró a la luna en menguante. Ya no era más que un pequeño pedazo. "Mañana seré humano por una noche…" meditó "¡Qué fastidio!" Súbitamente volvió a pensar en Aome, cubierta únicamente con una sencilla bata como la de Sango, mientras él hacía exactamente lo mismo que Miroku.
¡Qué cosas estoy pensando! — se sonrojó y se reprendió con dureza — La culpa la tienen ese par de cochambrosos… — sacudió la cabeza para despejarse — Mejor pensaré en otras cosas para estar descansado, mañana… quien sabe — se dijo en tono calmado, acomodándose para dormir.
Cerrando su ambarinos ojos se durmió, recordando los bellos momentos que había pasado con la pelinegra de su adoración, mientras sentía que ella le acariciaba las orejas con ternura y le hablaba palabras dulces. Y el amor flotaba en el aire.
Al otro día, nuevamente cuando el sol salía por el horizonte, Inuyasha llegó a la cabaña de sus amigos. "Espero que por lo menos ahora sí se hayan bañado temprano…" pensó recordando el amable y "oloroso" recibimiento del día anterior "porque el excesivo olor del "amor" me va a asfixiar". Encontró a su amigo afuera de la cabaña, con aspecto muy fresco, verdaderamente recién bañado, pero con la señal de una cachetada en el rostro… eso significaba que pretendió pasarse de listo.
¡Keh! ¿Y ahora qué hiciste? — dijo con fastidio el ojidorado — ¿No te basta un momento en la noche? Eres un… — le dirigió una mirada asqueada.
Sólo quería ayudarle tallándole la espalda, — respondió Miroku con aire de inocencia — y… lo demás que se pudiera.
Insaciable — le espetó Inuyasha cruzándose de brazos.
Sango salió en ese momento, pues escuchó la voz de su amigo ojidorado. Había levantado su larga y castaña cabellera en su acostumbrada cola alta, y se había puesto una túnica más gruesa que la del día anterior. Le lanzó a su "ardiente" marido una mirada enojada de sus ojos cafés. Él se agachó apenado.
Miroku… en serio amor, — le dijo un tanto comprensiva pero sin cambiar el gesto de enojo — no seas tan "goloso" y controla un poco tus impulsos… sobre todo delante de las visitas. — concluyó. Volvió la vista al Hanyō y le dedicó una sonrisa sincera — Buen día Inuyasha, gracias por ayudarnos.
¡Keh! Ya sabes que es por la comida. — le respondió un poco brusco — Y no quieras hacerte la inocente, — agregó sarcástico — si bien que ya querías… darle "eso" a este depravado manolarga que tienes por marido.
¡Inuyasha, no seas grosero! — la castaña se sonrojó ante esa grosera observación — Si Aome estuviera aquí no te permitiría ese lenguaje tan vulgar. — puso las manos sobre su cadera, lanzándole esta vez una mirada de enfado.
El sonrojado fue otro. Claro que Aome ya lo habría mandado al suelo con un "¡Osuwari!" si lo hubiera escuchado expresarse de esa forma. En ese tipo de temas la pelinegra era muy sensible.
Lo siento, en serio. — contestó un poco más amable — Pero es que Miroku me enferma con sus manías sexuales explícitas — y le dirigió a su amigo una mirada dorada y escrutadora.
Ya te veré Inuyasha, — respondió el monje haciéndose el ofendido — ya te veré.
El aludido peli plateado volvió a sonrojarse ante el comentario del ojiazul y desvió la mirada ambarina por un segundo.
¡Keh! ¡Ya no molestes y vámonos! — fue su respuesta al tiempo que volvía sobre sus pasos. — Para que desayunemos en cuanto acabemos.
Cariño, no fastidies más a Inuyasha y vayan a arreglar el lugar. — concluyó Sango guardándose una risita ante el bochorno momentáneo de su amigo, hablando en tono gentil y dándole un pequeño abrazo a su esposo — Dense prisa — le indicó regresando adentro.
Arreglaron el claro cercano al Árbol Sagrado. Colocaron sillas (no se si allá en Japón usen sillas, sobre todo en la época Sengoku), usaron algunas sábanas como toldo, aunque el follaje de varios árboles cercanos era grueso y daba mucha sombra, y pusieron las mesas en donde se colocarían los platillos. Kohaku y Shippou los ayudaron, al igual que Hachi, que llegó justo a tiempo. Terminaron y desayunaron rápidamente los platillos que la exterminadora les preparó con mucho cariño, no demasiado porque el banquete sería por todo lo alto… a pesar de las protestas del fastidioso y hambriento Hanyō, para continuar con su trabajo. Los platillos fueron acomodados en su lugar y todos fueron a arreglarse.
Miroku volvió a ponerse el tradicional traje de novio. Inuyasha… con sus mismas garras, lo mismo que Shippou, y Kohaku también volvió a utilizar su traje tradicional. El ojidorado sacó a rastras de su cabaña al ojiazul, mientras Sango se iba a cambiar.
Espera animal, la vida no se acaba… — le dijo llevándoselo a la fuerza, pues el mañoso quería ver el arreglo de su amada — además no debes de llegar tarde, es tu fiesta y eres el anfitrión.
¡Te esperare la vida entera! — gritó desde afuera, con un cómico gesto de drama telenovelero, dejándose llevar por el ojidorado.
Lin estaba ahí para ayudar a la novia a vestirse y peinarse. La pequeña lucía una nueva túnica de seda azul y lindas flores moradas, regalo de Sesshōmaru (¿también?), llevando los negros cabellos recogidos con una banda de la misma tela de la túnica. Lucía realmente preciosa y se veía muy emocionada porque el Señor Sesshōmaru iría a la fiesta, le había prometido llevarla a un lugar sorprendente después de estar un rato en ese sitio. Le entregó un paquete a la castaña y le dijo:
Este regalo se lo mandó el Señor Sesshōmaru… es especialmente para usted. — sonrió muy feliz — ¡Le va a gustar!
Gracias Lin,… — dijo la joven novia tomando la caja — ¡pero que amable es Sesshōmaru! — exclamó cuando abrió el paquete y vio su contenido.
Era un hermoso traje tradicional chino, como el que había usado Lin en la boda oficial de hace dos días, claro que en talla más grande y de hermosa seda blanca con destellos dorados (los trajes chinos tradicionales creo que son como los que utilizaba Shampoo en el anime de Ranma).
¡Póngaselo hoy mismo! — agregó la niña sin ocultar la emoción — Si gusta puedo ayudarle con eso también.
La castaña aceptó la oferta, así que cambió el traje tradicional por el nuevo vestuario. Lin le levantó la larga cabellera en dos colitas al tiempo que hacía una observación:
Señorita Sango… ¡qué hermosa se ve!, parece una princesa… — y la veía con la admiración reflejada en sus achocolatadas pupilas — Por eso su Excelencia es tan mañoso con usted.
Sango sólo se limitó a sonreírle, dejándola hacer. Se sonrojó al tiempo que pensaba en que su ardiente, apasionado, manolarga, maniático, pervertido y cariñoso marido no la dejaría en paz hasta cumplir con el dorado sueño de ser padres.
Admirándose en el espejo, en cuanto la chiquilla concluyó con su labor, volvió a recordar las palabras que le dirigió Inuyasha en la mañana, ruborizándose aún más. Miroku, ese monje apuesto y varonil, descarado y mujeriego, del que se enamoró y que la hizo sufrir, ahora es su esposo y sólo pensaba en ella, en nadie más. Y, lo mejor de todo, a Sango le gustaba que él fuera así, únicamente con ella.
Nota de la autora: No me pidan lemon porque en lo personal no me gusta describir eso, por algo mis fics son para todos (aun tengo 14 años y quiero conservar mi inocencia, lo siento pero tendrán que imaginarlo). Sólo les digo que habrá una pequeña pero tierna conexión entre Inuyasha y Aome en lo que sigue. No dejen de leerlo. Gracias por comprenderme.
P.D. La amabilidad de Sesshōmaru… es únicamente porque Lin se lo pidió, pues la chiquilla quería darles a los esposos buenos obsequios. Si alguien pensó que modificaría su frialdad en exceso… sólo por peticiones "razonables" de la niña es que hace este tipo de cosas. Seguirá igual de frío e indiferente con todos porque él es así.
