Capítulo 8.
Una hermosa joven castaña, ataviada con un bello traje tradicional chino en seda blanca con destellos dorados, y que enmarcaba maravillosamente su buena figura, aún se encontraba con un rubor en sus mejillas pensando en el apuesto y varonil monje que le había robado el corazón con su profunda mirada azul y su atractiva voz; él ya era su esposo, eso sí, sin dejar algunas de las mañas por las que la había hecho sufrir. Aunque ahora volcaba toda su pasión en ella. Y eso le gustaba.
Gracias Lin. — dijo Sango a la pequeña niña de cabellos negros y grandes ojos cafés que la había ayudado arreglarse — Espero que su Excelencia no se ponga "cariñoso" antes de tiempo. — y nuevamente se sonrojó de sólo pensarlo… "No vaya yo a acabar como mi amado Miroku… y no me importe en donde este para desatar mis pasiones ¡jajaja!" rió en su interior — Lin, — le dedicó una mirada dulce a la pequeña — cuando te cases debes educar al que sea tu esposo para que se porte bien — concluyó sonriente.
Pero falta mucho para eso. — contestó la chiquilla mientras salían de la habitación, ubicada en la cabaña de la joven pareja — Yo no tengo prisa — y ella también le sonrió a la feliz "novia".
Kohaku llegó en ese momento. Nuevamente conduciría a su querida hermana mayor a la fiesta, porque su Excelencia… perdón, su cuñado, ya esperaba allá mientras recibía a algunos de los invitados.
Hermana, te ves muy linda — el chico la miró con los ojos muy abiertos como platos, sabía que su querida hermana siempre había sido muy bella, tanto física como espiritualmente, y que por ello alguna vez su progenitor hubiera pensado en que sería más conveniente que la enseñaran a ser ama de casa — no me sorprende que su Excelencia se haya enamorado de ti, ni que sea… — se sonrojó un poco — algo excesivo. — Después miró a la jovencita y, volviendo a sonrojarse, le dijo: — Te ves bien, ¡qué lindo kimono!
¡Gracias! — respondió la aludida dirigiéndole una mirada de su ojos achocolatados y una linda sonrisa — Tú también te ves muy guapo.
El pecoso muchachito dijo "gracias" un poco más apenado, mientras Sango le plantaba un gran beso en la mejilla y notaba su aturullamiento. "Mi hermanito ya está creciendo, pero no dejaré que Miroku lo maleduque", pensó la joven castaña y lo abrazó con cariño.
Kohaku, tú siempre tan adulador… y tan tímido. — le dijo mientras lo abrazaba. — Vamos para allá antes de que Miroku se alucine más — y salió con los dos amiguitos, encaminándose al área de la recepción.
La fiesta, como ya mencionamos, la habían hecho cerca del árbol sagrado; a los aldeanos no les agradaría mucho tener varios monstruos cerca. Y era irónico pensar que los esposos, siendo exterminadores de monstruos (Hoshi y yōkai taijiya, respectivamente) tuvieran amigos de ese tipo. Para comodidad y tranquilidad en la aldea, Miroku y la anciana Kaede implementaron una pequeña barrera espiritual alrededor de la misma para evitar algún ataque; y sólo por que se los pidieron, ya que el ojiazul sabía que eso era imposible… los únicos peleoneros tal vez serían Inuyasha y Koga, si es que este último llegaba.
No habrá ningún problema, — había dicho sonriente la pequeña Lin a alguno de ellos, que la escucharon y la vieron asombrados — el Señor Sesshōmaru no permitirá que algún monstruo se porte mal.
Y así parecía. El rumor entre esos seres era que el nuevo Gran Señor de las Tierras del Oeste, el hijo de Inuno Taisho, Sesshōmaru, se había auto nombrado protector especial de esa aldea (ya sabemos porque). ¡Ay de aquel monstruo que se atreviera a desafiarlo!
El claro se veía hermoso. Lin decoró las mesas y algunos de los arbustos con flores blancas. Shippou, Kohaku y Hachi le habían ayudado. Hasta Kirara, que se veía monísima con un lindo y pequeño moño rojo sobre su oreja (obra de la pequeña pelinegra), andaba de mesa en mesa checando que todo estuviera en orden. Miroku recibió a los primeros invitados, y veía ansioso a lo lejos, en dirección a su cabaña, por si su bella esposa se acercaba.
¡Cálmate Miroku, ya no se va a ir! — le dijo secamente Inuyasha notando la ansiedad de su amigo, encontrándose nuevamente junto a él por ser el padrino — A menos que… te pases más de la cuenta ¡Jajaja! — se carcajeó al final de forma un tanto irónica.
Muy gracioso Inuyasha. — el aludido lo miró con algo de molestia en sus ojos azules — Sólo quiero que éste aquí a mi lado para recibir a los invitados juntos… como debe de ser.
¡Keh! ¡No te vas a morir sin ella! — le espetó Inuyasha — O… ¿tal vez sí, puerco, mañoso y calenturiento? — agregó con un poco de sarcasmo, y lo vio muy fijamente, entre burlón y hastiado — De plano contigo Miroku, dale una noche de descanso.
¡Tengo una meta que lograr!... — exclamó solemnemente el monje, haciendo un movimiento con el brazo como si estuviera en una reunión de diputados — además, es un pacto entre esposos. Ya te veré, recuerda mis palabras. — y miró nuevamente a Inuyasha, esta vez con picardía.
"¡Keh! Mugre Miroku, ya va a darme sus clasecitas de…" pensó el Hanyō y fulminó a su amigo con las doradas pupilas en tanto se cruzaba de brazos para mostrar su enfado.
No te esponjes Inuyasha, — le sonrió Miroku al notar su enojo — tú tranquilo por ahora.
¡Keh! — fue su respuesta — El que no debe esponjarse eres tú…. Ya viene tu querida esposa, — y señaló al camino — aunque se puso un perfume extraño yo conozco su olor. Y además… creo que se ve rara — como que enfocó mejor.
Oye, no huelas a mi querida mujercita — le reclamó el ojiazul.
Y dirigiendo su mirada azul al lugar señalado vio… ¡ah! lo que vio. Nuevamente la visión lo dejó con la bocota abierta. "Un vasito para las babas" pensó Inuyasha al notar la expresión de su amigo, carcajeándose internamente. Sango, acompañada de Kohaku y Lin, venía caminando por el sendero, parecía un ángel. El traje chino delineaba bien su figura, y su cabello, peinado en dos colitas no muy altas, se agitaba con la brisa suave y su caminar.
¡Sango, amor mío! — exclamó Miroku y salió disparado a alcanzar a su esposa — ¡Te ves como una diosa! — la abrazó delicadamente cuando llegó donde ella estaba, plantándole un suave beso en los labios.
¿Verdad que sí? — dijo Lin muy sonriente — Bueno Kohaku, — continuó tomando al aludido de la mano — vamos hacia allá y dejemos a su Excelencia con su esposa, porque van a estar muy ocupados.
Kohaku dijo "sí" sonrojándose otra vez, y siguió a Lin con rumbo a la fiesta mientras Miroku levantó a Sango en brazos.
Miroku cariño, ¿qué haces?, — dijo ella entre divertida y severa, poniendo delicadamente los brazos alrededor del cuello de su amado — vas a estropear tu traje y el mío.
Haremos nuestra entrada triunfal, — dijo él, y la miró con sus profundos ojos azules haciendo que se sonrojara otra vez. "¡Que inocente es aún mi querida esposa!" pensó sonriéndole — es nuestro día también — concluyó tierna y pícaramente.
Y la llevó así hasta el lugar de la recepción, seguidos muy de cerca por el padrino. "¡Keh!, ese Miroku se va a ganar un buen bofetón, lo conozco y no va a poder detener su mano maldita antes de que termine esto" pensó Inuyasha mientras veía detenidamente el traje de Sango y cómo le ajustaba en esa parte donde el mañoso de su amigo perdía la cordura. Y volvió a rememorar a Aome. "¿Cómo le quedaría un traje como ese? ¡No pienses en ello!" se sonrojó un poco, lo bueno es que nadie notó eso. Y ya con los novios, empezó la fiesta.
Los monstruosos invitados llegaron con regalos extraños: Rollacan; el dios Mono y sus monitos; varios zorritos mágicos, amigos de Shippou; Jinenji y su madre; Shiori y su mamá; Soten, la descendiente de los Relámpago; el anciano Totosai; la pulga Myoga; el clan pantera (o gatos leopardo, como los conocimos en México); el Maestro de las Pociones; Hachi, quien ya estaba ahí de todos modos… A todos se les dio un lugar, una mesa con algunas botanas, principalmente arroz, pescado y trozos de carne delicadamente servidos y sazonados, (aparte de que Aome había llevado muchas cosas de comer antes de irse), mientras llegaban todos. La atención de los novios para con los que estaban ahí acompañándolos era excelente, agradecieron los regalos y la novia se llevó muchos halagos, por lo hermosa que lucía. Así que el rubor de sus mejillas no bajaba, y más porque su amante esposo apoyaba dichos halagos.
Inuyasha se había acomodado en una mesa, no muy apartado del centro de la fiesta, mientras ya se saboreaba el suculento jabalí que le habían prometido. "¡Keh!... ¡Ya denme de comer antes de que lleguen el Sarnoso de Koga y Sesshōmaru!" pensaba el de plateados cabellos mientras seguía con su ambarina mirada el recorrido de los novios saludando a todos los invitados. "Otra vuelta más y me sirvo yo solo".
Observó que Miroku estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para mantener su autocontrol (como cuando fue al Monte Hakurei y hacía el esfuerzo para tocar los atributos de su amada, y no podía, jeje), pues Sango lucía taaan hermosa con ese lindo traje que le sentaba tan bien a su esbelta figura. "¡Keh!" volvió a pensar Inuyasha mirando con más detenimiento la cara de su amigo, tratando de no soltar una carcajada burlona, "a ver cuanto aguanta sin manosear". Y entonces olfateó… un olor familiar "Ya llegó" hizo gesto de resignación al comprobar de quien se trataba.
¡Señor Sesshōmaru! — gritó Lin mientras corría para saludar al imponente Daiyōkai, que descendía suavemente en el sendero — ¡Ya lo esperábamos! — y lo abrazó por las piernas en cuanto él se acercó un poco más.
Sesshōmaru lucía como siempre. Su larga y plateada cabellera ondeaba al viento suave. Su mirada fría no expresaba nada. Su rostro de estatua griega… Sin embargo, por un momento a la pequeña le dirigió una mirada de ternura con sus ambarinos ojos.
Te ves bien. — dijo cuando la miró. — Nos desviamos un poco — concluyó sin volver a mirarla.
Miroku y Sango se aproximaron y lo saludaron amablemente, agradeciéndole por sus obsequios; y Sesshōmaru fue conducido por Kohaku y Lin, junto con Jaken, el cual llegó montado en Ah – Uh, a una gran mesa bien adornada y con diversas botanas.
Cariño… — le susurró el monje a su esposa en cuanto el gran demonio blanco se alejó un poco, — ¿crees que él coma aquí?... ¿Qué comen esos yōkai?
No lo sé, — respondió ella encogiéndose un poco de hombros — pero por lo menos Lin comerá bien antes de irse otra vez con él por dos días.
La llegada de Sesshōmaru causó revuelo entre las invitadas femeninas. Toren, la mayor de los leopardo, fue a saludarlo antes de que él ocupara su lugar.
¡Cuánto tiempo si verte, Sesshōmaru! — y le sonrió en forma coqueta — ¿Sigues igual de frío que desde que te conozco?
Por toda respuesta, el Daiyōkai la miró un segundo y saludó con un leve gesto de la mano izquierda, y continuo andando con su elegancia habitual.
Eso lo explica todo — volvió a decir Toren mientras se reunía nuevamente con sus hermanos.
Los niños, que habían estado jugando con Shippou, Lin y Kohaku, también lo vieron pasar con los ojos abiertos como platos, y sobre todo porque Lin le habló con tanta familiaridad. Shiori sólo atinó a exclamar "¡Aahh!" mientras los zorritos mágicos casi se desmayan de la impresión.
Shippou, ¿quién es? — le preguntó Soten curiosa al pequeño Kitsune sin quitar la vista de Sesshōmaru — Preséntamelo… se ve que es amigo de ustedes — dijo un poco emocionada.
Es el hermano mayor de Inuyasha. — le contestó el aludido, mirándola con un poco de asombro — Pero no te hagas ilusiones, es mucho para ti — concluyó (¿celoso Shippou?).
¿Su hermano? — cuestionó la joven Relámpago, y le lanzó una mirada furtiva a Inuyasha — Pues no se parecen mucho. Y la edad no me preocupa.
Es su medio hermano, — continuó el zorrito — como ves es un verdadero y poderoso yōkai. ¡Y no seas tan lanzada! Seguro te mirara como si fueras basura... yo se lo que te digo. — y se sonrojó — ¿O es que ya piensas… cosas de adultos?
¡Shippou! — Soten le dio una pequeña descarga eléctrica con un pequeño tridente, haciendo que se le erizara la colita — ¡Cómo voy a pensar en tonterías!... Sólo quiero conocerlo, ¡es tan apuesto!
El aludido Hanyō había observado todo con el fastidio reflejado en su cara. "¡Keh!, cuanto alboroto…" pensaba teniendo la cara apoyada en su mano, guardándose un bostezo de aburrimiento, "ni que fuera un dios". El dios Mono llevó a los monitos a presentarle sus respetos a Sesshōmaru.
Inugami - sama, me alegra verlo tan saludable. — dijo el superior inclinándose profundamente — Muchachos, por favor — y los monitos también se inclinaron.
A Inuyasha le salió una gotita anime al ver tan profunda reverencia. "¡Keh! Ahora si va a sentirse un dios". Sesshōmaru los miró de soslayo y únicamente dijo:
Inugami - sama era mi padre.
El menor de los peli plateados se azotó de la impresión, ¡quién lo hubiera creído que de verdad estaba emparentado con esa gran personalidad! Se levantó lo más rápido que pudo, agradeciendo que nadie le prestará atención por el momento.
Bueno, — continuó el dios Mono enderezándose — aún así eres su sucesor, así que te saludo como se debe.
El gran demonio inclinó un poco la cabeza en señal de agradecimiento (raro en él), y por fin ocupó su lugar.
La comida fue servida y también a Sesshōmaru le tocó un suculento jabalí. "¡Keh!, si no se lo come él me lo como yo" pensaba el Hanyō al contemplar disimuladamente los movimientos de su hermano Daiyōkai, y el poco interés que mostraba éste por la comida, cuando otro aroma, un poco más pestilente, llegó al fino olfato de Inuyasha. "Ya llegó el Sarnoso" se dijo internamente y volvió la vista hacia dónde el olor se hacía más fuerte. Koga llegó como siempre, envuelto en una nube de polvo. Se detuvo a tiempo y saludó:
¡Hola!, ¿como están? — dijo mientras sacudía el polvo de sus pieles y de su negra y larga cabellera oscura — Lamento la tardanza.
¡SARNOSO! — fue el saludo de Inuyasha mientras se abalanzaba hacia Koga con su garra levantada. (Cuándo no, esos se ven y se agreden).
¡BESTIA! — también le gritó Koga con el puño en alto.
"¡Ay no," pensó Shippou mirándolos de lejos, con los verdes ojos un tanto salidos de sus órbitas "se van a pelear!". ¡PAAFF!, los puños de ambos golpearon la mejilla del otro y, sin previo aviso, se estrecharon la mano como si fueran buenos amigos. "¡Uf, menos mal!" suspiró el kitsune por lo bajo.
¡Sarnoso, hace tanto tiempo que no te veo! — dijo Inuyasha sonriente.
Lo mismo digo, Bestia. — respondió Koga con una sonrisa también — Si me permites voy a saludar a los esposos.
Adelante, pero no tardes que te quiero contar…
Si Bestia, con pelos y señales.
Miroku y Sango se acercaron muy sonrientes, pues notaron la llegada del lobo, especialmente porque es el Ōkami es muy discreto… una de sus virtudes.
¡Qué gusto verte Koga! — saludo el ojiazul — Me alegra que hayas podido asistir. Que bueno verlos chicos… como siempre con tantas energías — continuó diciendo amablemente porque en ese momento llegaron también Guinta y Hakkaku, sacando la lengua.
¡Koga! — dijeron los aludidos a su Comandante — ¡No vayas tan rápido!
¿Y Ayame? — interrumpió la castaña, al notar que la pelirroja prometida loba de Koga no llegó con ellos — No la veo — dijo un poco preocupada.
Emm… bueno, — el Ōkami se sonrojó un poco — está algo ocupada para finalizar su preparación y no pudo venir. Por cierto monje, — observó un poco más serio — déjeme decirle que su mujer es suculenta.
Sango se sonrojó muchísimo ante esa observación tan abierta. "¡Keh!," pensó Inuyasha, mirando con molestia a su "amigo lobo" "¿qué dice este Sarnoso?; miserable, como ya no está Aome y no te basta con tu prometida te fijas en las mujeres de otros".
¿Verdad qué si? — fue la respuesta de Miroku mientras abrazaba a su esposa, tomándola suavemente de la cintura — No me canso de decírselo — y le plantó un besito en la oreja derecha mientras su mano bajaba hacia la redonda cadera de ella.
Por supuesto que esa caricia no le hizo a la exterminadora ninguna gracia, porque no eran ni el lugar ni el momento adecuado. "Lo sabía, este manolarga ya no se aguantaba" el Hanyō puso cara de conmiseración ante lo que se aproximaba, al darse cuenta de que sus predicciones fueron acertadas… ¡PAF!
¡Miroku! — le dijo Sango mientras le soltó el golpe — ¡Ya te dije que no delante de las visitas! ¿Qué van a pensar? — y el tono de su piel enrojeció aún más.
Koga, Guinta y Hakkaku se quedaron con los ojos y la boca bien abiertos de la sorpresa, mientras que a Inuyasha le cambió el gesto, apareciéndole una gotita anime en la frente y ojos escrutadores de puntito en la cara. "Eso para mi ya no es novedad" pensó un tanto irritado mirando a sus amigos.
¡Qué te amo demasiado! — le contestó su marido mientras se sobaba la mejilla — Y que mi mujercita me da… todo lo que quiero — y volvió a abrazarla, pero ahora sí se contuvo, consiguiendo que el rubor de la piel de su esposa se intensificará un poco más… parecía que se había asoleado en exceso.
Bueno… — dijo Koga interrumpiéndoles un poco apenado — perdón, yo hice la observación porque su mujer se ve muy apetecible para comer, y usted monje… — continuo diciendo — no se queda atrás. ¡Qué buen platillo serían!
¡Oh! — se sorprendió Miroku y apretó un poco más a Sango, porque al lobo le brillaron los ojos de hambre… de hecho los tres parecían hambrientos — Se me había olvidado que alguna vez comiste humanos… Lo siento, no venimos incluidos en el menú.
No, creo que el atrevido fui yo. — se disculpó el Comandante — No debí decir eso.
Bueno, — continuó el ojiazul y caminó delante del Ōkami sin soltar a su amada ("No se le vaya a antojar comerla… no señor, a mi mujer sólo yo la como" fue su pensamiento) — acompáñenme muchachos por favor, se sentarán con Inuyasha y ya les serviremos sus sagrados alimentos. — les dedicó su amable sonrisa — Esperemos sean de su agrado. No tardamos.
Y ni tardo ni perezoso Koga ocupó su lugar, seguido de sus acompañantes. Los esposos se retiraron para traerles sus platillos.
Bien Bestia, cuéntamelo todo. — comentó al sentarse al lado de Inuyasha, hablando como siempre le hablaba, cruzándose de brazos — Aunque apestes a perro lo soportaré, porque quiero saber como fue el final de ese maldito.
¡Keh! Tu olor a lobo es el horrible. — le soltó Inuyasha con su tono habitual, altanero y grosero — Pero antes dime una cosa Sarnoso, ¿por qué dijiste que Sango es suculenta?... ¿sólo porque la viste como comida? ¡Habla o voy a pensar mal de ti! — y lo miró de forma dura con los ojos dorados echando chispas — Eso querías hacer con Aome, ¿verdad?
¡Ya supéralo Bestia! — le contestó viéndolo con la furia reflejada en sus ojos azul claro — Sí… me quería comer a Aome, por eso me la robe. Y si siguiera con esa dieta me devoraría sin dudar al monje y su mujer; sobre todo a la mujer porque ellas son más sabrosas, su carne joven es suave. Aunque… — continuó, después de lanzarle una mirada furtiva a la pareja — no serían presas fáciles.
OK. Eso espero. — le espetó nuevamente Inuyasha, cruzándose también de brazos — Porque eso de que quisiste que Aome fuera tu mujer por encima de mí… y ahora pensaba que también querías robarte a Sango. Qué… ¿no es suficiente para ti tu loba prometida? — dijo un tanto irónico.
"¡Koga!" pensaron con angustia Guinta y Hakkaku cuando vieron a su Comandante lanzarle una mirada asesina a su interlocutor.
¡Ay Bestia como fastidias! — contestó desafiante — Lo que haya entre Ayame y yo es mi asunto; y si — continuo un tanto más sereno — me enamore de Aome pero… eso ya no importa ¿Sufres todavía por ella? — y cambio su mirada por una de ¿compasión? hacia Inuyasha.
El peli plateado se sonrojó brevemente, ¿cómo es que el lobo se había enterado de sus sufrimientos? Volteó rápidamente buscando a Shippou y le lanzó una mirada asesina de sus ambarinos ojos cuando lo vio, como diciéndole "Ya verás chaparro hablador, ya arreglaré cuentas contigo". El pequeño kitsune casi se desmaya del susto.
¡Keh! — contestó por fin Inuyasha, poniendo gesto de solemnidad — No te lo voy a negar Sarnoso, sufrí por ella… aún la extraño.
Koga levantó una ceja mientras pensaba "Al fin este idiota reconoció sus sentimientos por ella, ¡que pena que ya se fue!"
Pero se que volverá cuando este lista… porque los dos nacimos para amarnos — continuó el ojidorado y terminó mirando serenamente a su interlocutor, ya sin sonrojarse.
¡Bestia, que cursi! — Koga casi se ríe en su cara, aunque no disimulo la mueca burlona — Lo bueno es que lo admites, porque en realidad yo ya lo sabía, por tu comportamiento; lo malo es que Aome ya no está. ¿Qué te hace pensar que volverá? — y lo miró muy fijamente con sus azules ojos.
Búrlate lo que quieras Sarnoso, Aome volverá. — Inuyasha le sostuvo la mirada sin perder la serenidad — A ella no voy a perderla nunca… estamos conectados aun en la lejanía del tiempo.
En la época actual…
Una joven de cabellera azabache terminaba de limpiar el área pública del templo en su casa. Aome regó el árbol sagrado (siempre lo cuidaba muy bien) y llevó a "Inu" con ella, a la sombra del árbol, para practicar las lecciones de obediencia canina. Ese era su lugar favorito para recordar a sus amigos del pasado, especialmente a ese Hanyō que le robó el corazón. Recordó también la visita al dueño de la SONHY y la plática que ya había tenido con Shinosuke sobre "negocios" (y muchas chicas la habían visto con envidia por hablar con el guapo y reservado heredero de la SONHY). Aún había tantas cosas por hacer antes de retornar con Inuyasha.
Muy bien "Inu" — le sonrió al cachorro mientras se sentaba en la banca cercana, — este es el mejor lugar. Sólo te pido que nunca vengas a hacer tus "necesidades" aquí o tendré que castigarte.
El perrito ladró, movió la cola y alzó las orejas. Llevaba su collar rojo que resaltaba entre su pelaje blanco.
Buen chico. — le volvió a sonreír — Y antes de empezar la lección te…
Aome sintió algo raro en ese momento. Le había parecido escuchar claramente, aunque en la lejanía, la voz de Inuyasha, del otro lado del árbol, diciendo que la ama, que ellos nacieron para amarse. "¿Acaso estaré soñando?" pensó mientras observaba el ramaje agitarse al viento.
Nota: Cortamos aquí… viene la conexión entre Aome e Inuyasha, no se la pierdan porque será muy tierna.
