Capítulo 8 parte dos.

Nuevamente en el Sengoku… en donde nos quedamos.

En medio de un claro del bosque, cerca de un enorme árbol que dividía el tiempo, se celebraba una reunión especial y extraña. Los invitados eran monstruos en una boda… de exterminadores de monstruos.

Un imponente Daiyōkai, de piel clara, ojos ambarinos fríos como el hielo, rostro de finas facciones de estatua griega, sentado en un lugar privilegiado en esa extraña reunión, observó por un momento la discusión sostenida entre su medio hermano Hanyō y un pestilente Ōkami. Varias féminas lo observaban con atención, por su gran atractivo. Una pequeña de cabellos oscuros y lindos ojos cafés lo miraba fijamente, y después dijo:

Señor Sesshōmaru, ¿no va a comer? — le sonrió con sinceridad — Ese jabalí fue hecho especialmente para usted.

Tal vez más tarde. — fue la respuesta que le dio dirigiendo su mirada a ella y dulcificándola un poco — Es por ello que nos retrasamos — y no pensaba decir nada más, desviando nuevamente la mirada hacia su hermano, pero sin mostrar emoción alguna.

Oiga señor Jaken, — ahora Lin insistió con la pregunta al pequeño demonio verde sentado con ellos — ¿pues de dónde venían? ¿Qué ya había comido el Señor Sesshōmaru?

No me molestes Lin, — le espetó Jaken un poco enojado — ¿no ves que al amo no le gusta la comida humana? — "Aunque este jabalí puede que si se lo coma" pensó mirando de soslayo a su amo.

¿Pues qué come? — quiso saber ella y miró nuevamente al gran demonio, esperando una respuesta — ¿Qué es lo que le gusta Señor Sesshōmaru? A lo mejor puedo prepararlo, ya me enseñaron a cocinar.

El Daiyōkai volteó a verla con un poco de curiosidad reflejada en sus ojos ambarinos, y se le dibujó una pequeña sonrisa en sus facciones (sutil como la de "La Gioconda" de Leonardo da Vinci). Pero sólo un momento antes de volver a su habitual indiferencia y desviar la mirada una vez más.

Dragones. — fue la respuesta, sin pizca de emoción — Pero no podrás cocinarlo, me gustan al natural.

¡Oohh! — exclamaron Lin y Kohaku, que se había sentado con ellos.

¿Entonces regresó a China por un dragón? — continuó emocionada la chiquilla — ¡Qué bien! ¿Volveremos allá? — preguntó con una gran sonrisa.

En otra ocasión. — respondió Sesshōmaru sin volver a mirarla — Iremos ahora un poco más allá.

¡Que emoción! — concluyó Lin y se levantó de su lugar — Vamos Kohaku, quiero jugar con los zorritos y la niña vampiro (Shiori). Venga con nosotros señor Jaken, y cuéntenos todo — lo jaloneó del pequeño traje.

Kohaku contestó con un "Sí", y le dedicó una reverencia al Daiyōkai cuando se levantó. Jaken protestó… al final se fue con ellos después de recibir un golpe en la cabeza y una mirada severa de su Señor. "¡Ay nanita!, mejor voy con los mocosos o la próxima vez el amo me manda a volar" se dijo internamente sobándose los chichones y apurando el paso.

No muy lejos de donde se encontraba el Inugami, Inuyasha y Koga platicaban, ya un poco más serenos, sobre la muerte de Naraku y lo que le ocurrió a Aome después. El Hanyō ya había hablado con sus amigos sobre eso, pero omitió algunos detalles, principalmente el beso, para que Shippou no lo estuviera fastidiando. Al Ōkami le contó todo más ampliamente, tal vez para que el lobo se diera cuenta que no tenía ninguna esperanza con su amada pelinegra y no la volviera a molestar en un "futuro", cuando ella regresara para quedarse definitivamente a su lado. Eso no se lo permitiría. Sango les había servido la comida, seguida de Miroku, quien por ningún motivo quería despegarse de su esposa, sobre todo después de lo que el Comandante opinó de su "suculenta" mujercita.

Lo bueno es que ese desgraciado recibió su merecido. — dijo Koga mientras engullían los platillos, él, sus acompañantes e Inuyasha — Bestia, agradezco tu ayuda para vengar la muerte de mis camaradas.

¡Keh! No me lo agradezcas. — respondió el aludido tomando su cuarto trozo de jabalí asado — Te lo prometí y lo cumplí. Además recuerda que recibí gran ayuda. Ese malnacido merecía morir así.

Los cuatro levantaron la vista en dirección a la mesa de Sesshōmaru, él cual se percató de ello pero ni se inmutó. Divagaba su mirada hacia el árbol sagrado, como si estuviera recordando algo o alguien. Por cierto… no quedaban sobre su mesa más que los huesos de lo que apenas un minuto antes era un jabalí entero. El menor de los peli plateados parpadeó al notarlo "¿A que hora se lo comió?" pensó extrañado "No lo vi hacer nada". Y al parecer los lobos también se asombraron porque se quedaron con la boca abierta por un breve instante. El Daiyōkai pareció relamerse los labios un poco, de gusto.

Bueno, volvamos a lo nuestro — dijo secamente Inuyasha, desviando la mirada de su hermano para concentrándose en su propia mesa.

Y estiró la mano para tomar un bocado más… el mismo trozo que Koga tomó.

¡Sarnoso, este jabalí es mío! — se levantó bruscamente — ¡Devuélvemelo!

¡Ni lo sueñes Bestia! — le respondió Koga con furia y también se levantó — ¡Yo lo agarré primero, no pienso dártelo!

Se vieron fijamente, gruñéndose y acercando sus rostros, mientras forcejeaban con el pedazo de jabalí entre las garras. A pesar de que Koga es un yōkai puro no podía quitarle el pedazo al Hanyō; por algo Inuyasha es descendiente de un Daiyōkai, el lobo es de segunda categoría. Tiraban con todas sus fuerzas sin dejar de gruñirse y sacando chispas por los ojos (azules y doradas respectivamente).

¡Koga! — dijeron al unísono Guinta y Hakkaku — ¡Tranquilízate! A Ayame no le va a gustar saber que te peleaste.

¡Apártense inútiles! — les gritó, y sin dejar de ver furiosamente a Inuyasha le espetó — ¡Prepárate a perder Bestia, cerrarás tu gran bocota!

¡Keh! ¡El que se va a callar eres tú, Sarnoso!

Y comenzaron a golpearse. El pedazo de jabalí iba de una garra a otra (recuerden sus peleas en el anime). Miroku y Sango observaron alarmados como esas bestias salvajes hacían… lo que siempre acostumbraban hacer desde que se conocieron.

No se alarmen, — les dijo la exterminadora a sus invitados — no se harán mucho daño — y corrió con su marido hacia donde estaban los peleoneros.

¿Qué pasa? — preguntó el monje cuando se acercó.

Como Koga e Inuyasha no estaban dispuestos a ceder, Guinta la contestó:

Es… por un suculento pedazo de carne — y se sonrojó apenado, junto a Hakkaku.

¡Por favor Inuyasha! — Sango levantó la voz para que su amigo la oyera — ¡No peleen! ¡Tenemos un poco más! — pero ninguno quería ceder.

¡Toma Bestia idiota! — dijo el Ōkami, golpeando al Hanyō en el rostro.

¡Keh! ¡Sarnoso miserable! — espetó al tiempo que él también tiraba un golpe directo al rostro del lobo, el cual se preparaba para defenderse, y entonces…

¡PAAAF!... Inuyasha cayó al suelo como cuando Aome le decía "¡Osuwari!".

Todos, incluido Koga, que se quedó como petrificado al ver al ojidorado en el piso, se sorprendieron. "Eso fue… un claro "Osuwari" de la señorita Aome" pensó Miroku mientras abría la boca. "¿Aome?" pensó Inuyasha tratando de reponerse de la sorpresa al enderezarse.

¿Aome? — preguntó incrédulo — ¿Qué diablos estás haciendo Aome? — gritó acercándose con paso firme al Árbol Sagrado para observarlo, como si supiera que Aome estaba ahí.

Los demás, incluido el Comandante lobo, que aún no se quitaba la cara de asombro, lo miraban con los ojos abiertos como platos, no entendiendo muy bien el porque de su actuar.

Al otro lado del tiempo… Aome estaba ahí.

Retornemos a la época actual… casi en ese mismo instante.

La chica de negros cabellos se había extrañado al escuchar claramente su nombre al otro lado del árbol del tiempo, y hasta se olvidó del pequeño "Inu" para acercarse con cuidado al mismo. "¿Escuche bien?" se preguntaba. "¿Inuyasha estás ahí?... ¿dijiste que me amabas?", y casi abraza al Árbol Sagrado cuando el ladrido de su mascotita la hizo volver a la realidad.

Lo siento "Inu", me distraje. — le dijo regresando hacia donde el perrito la esperaba moviendo la cola. — Bien, vamos a jugar un poco.

¡Hermana! — gritó Sota al llegar en ese momento.

Aome llamó a su hermanito agitando la mano y lo invitó a jugar con ellos. Estuvieron un rato así, jugando con el cachorro con una pelota azul, mientras, del otro lado del tiempo, Inuyasha y Koga platicaban sobre Naraku.

Bien Sota, — dijo Aome algo cansada de correr, pero muy sonriente — vamos ahora a ver los avances de "Inu" en la escuela.

Adelante — dijo el chicuelo y se sentó en la banca cercana.

El pequeño cachorro ladraba de contento… le encantaba jugar con su "amita" y el hermano de ésta, y parecía entender lo que decían.

Ahora "Inu", — se dirigió Aome al cachorro, hablándole con cariño — muéstranos lo que ya has aprendido. Así que… "Osuwari" — y el perrito se sentó sobre sus cuatro traseros mientras meneaba la cola y sacaba la lengua, con carita de sentirse muy orgulloso de sí mismo.

Ese fue el momento en que Inuyasha se azotó, como siempre que la pelinegra le decía esas palabras, dejándolo muy mal parado ante Koga.

Buen perro. — sonrió la muchacha, acariciando las orejas y la pequeña cabeza de su mascota.

Entonces la joven escuchó más claramente la voz de su amado Hanyō, hablando a través del Árbol, y que le decía "¿Qué diablos estás haciendo Aome?". Volvió la vista tratando de localizar la fuente del sonido. "Estoy segura de que Inuyasha está del otro lado… ¿podré hablar con él?" pensó. Esta vez, sin soltar al perrito ni dejar de acariciarlo, volvió a acercarse al gran árbol.

Inuyasha, ¿estás ahí? — dijo mientras Sota la miraba extrañado.

"¿Dónde esta el "Orejas de Perro"?" pensó el muchachito, mirando a su hermana con un poco de preocupación. Como ya no escuchó nada más regresó donde su hermano, fingiendo indiferencia para que él no le preguntara nada. De todos modos Sota sabía ser reservado y, si ella no deseaba hablar, no la presionaría.

Eee… ¿en qué íbamos? — preguntó la pelinegra — ¡Aahh! Ahora "Inu" se hará el muerto. — colocó al cachorrito en el suelo una vez más — Adelante "Inu", haz el "muertito".

El cachorro obedeció nuevamente y Aome lo levantó mientras lo acariciaba otra vez.

¡Muy bien! — dijo Sota aplaudiendo con ganas, y también le dedicó unos cuantos mimos al perrito.

"Inu", haz progresado — observó su dueña muy contenta en tanto el cachorrito gemía de felicidad.

La chica volvió la vista una vez más en dirección al Árbol Sagrado, como para asegurar que no había sido su imaginación… pero escucharon la voz de su mamá que los llamaba para que fueran a bañarse.

¡Vooy! — dijo Sota y salió disparado hacia la casa — ¡No tardes demasiado hermana, o el abuelo querrá exorcizarte! — le gritó llamando su atención.

Así que, sin más remedio, Aome le lanza una mirada tierna al árbol y le gritó:

¡Tengo que irme Inuyasha!... Te amo — y se fue con el pequeño perro sin dejar de acariciarlo — Vamos "Inu", ¡a bañarse!

Y del otro lado, en el instante en que nos quedamos…

Inuyasha, acercándose al árbol y observándolo detenidamente exclamó:

¿Aome? ¿Qué diablos estás haciendo Aome?

De repente, tomando una posición perruna, puso una cara de puro placer y agitó las orejas de gusto, eso mientras Aome acariciaba a su cachorrito; después giró sobre sí mismo, echado en el suelo, y se quedó cerca del árbol, moviendo la patita, cuando el animalito se hizo el "muerto" a petición de su ama. Parecía un perro consentido por su dueña. Se lo estaba pasando muy bien, sintiendo como propias las caricias que la pelinegra dedicaba a su mascotita. Todos lo vieron con cara de "¿Qué le pasa a éste?", y una gotita anime les brotó en la frente.

En ese momento el trozo de jabalí, que se había elevado algunos metros, pues hasta Koga se olvidó por un instante de él, volvió a caer. El lobo reaccionó después de ver con cara de "¿What?" al Hanyō, cuando éste se azotó en el piso, y nuevamente se abalanzó sobre la carne mientras gritaba triunfante:

¡Es mío!

Pero… el pedazo se le escapó de entre las manos y ni cuenta se había dado en que instante Sesshōmaru se levantó de su lugar y se lo comió, a una velocidad que ya hubiera querido el propio Koga con todo y fragmentos de la Shikon no Tama. El Ōkami se quedó boquiabierto ante esa acción, mientras el Daiyōkai le dirigió una mirada penetrante de sus ambarinos ojos al tiempo que le decía:

Esta carne es mía — y se alejó con elegancia, dejándolo sorprendido.

Los otros veían a Inuyasha con cara de sorpresa y ni le habían prestado atención a Koga. El lobo pareció despertar cinco segundos después de que el gran demonio le quitó su "presa". Sólo Guinta y Hakkaku se percataron de lo que había hecho Sesshōmaru y de la reacción de su Comandante.

¡Koga!, — le dijeron nuevamente al unísono — no pelees con él, sabes que es peligroso.

¡Cállense, no es más que un perrucho! — espetó por toda respuesta, e indignado fue tras el Inugami — ¡Oye, no te creas que por ser hermano mayor de la Bestia puedes…!

Y, quien sabe como, el lobo fue azotado contra el Árbol Sagrado, sacando a Inuyasha de sus ensoñaciones. Todos vieron al Ōkami caer desfallecido junto al Hanyō. Éste reaccionó rabiosamente y, agarrándolo por las pieles, le gritó y lo zarandeó.

¡Méndigo Sarnoso hijo de tu loba madre! — lo sacudió con furia, pues no se había dado cuenta de que no reaccionaba — ¡Me lo estaba pasando rete bien y tú echas todo a perder!

¡Koga! — volvieron a decir con angustia sus acompañantes — ¡Ayame nos va a matar!

¡Tranquilízate Inuyasha!, — habló por fin Miroku, tratando de que su amigo soltara al pobre lobo — ¿no ves que ya lo noqueaste?

¡Pobre Koga!, — intervino Sango en cuanto el ojidorado notó que de verdad el Ōkami se había desmayado — ¿qué pudo haberle pasado?

¡Keh! Si nada más le pegué tantito — dijo Inuyasha por lo bajo, tratando de minimizar el asunto, como si no le importara el estado de su rival.

Pues… — dijo Hakkaku bastante avergonzado — el Señor Sesshōmaru lo atacó.

¡¿Cómo? — exclamaron al unísono los tres amigos mientras colocaban a Koga en el suelo, y observaron que Sesshōmaru seguía en su lugar, como si no se hubiera movido.

Pero si yo no vi nada. — continuo Miroku volviendo su atención al herido — Sango, creo que es mejor traerle algún remedio para sus heridas, la anciana Kaede tiene algunas hierbas — concluyó mirando a su esposa.

Muy bien — dijo la aludida y se fue lo más rápido que pudo hacia donde la buena mujer.

No se apuren, — el ojiazul se dirigió a los demás invitados, que habían visto casi todo el pleito y su desenlace (excepto el ataque de Sesshōmaru, es tan rápido), y se veían algo consternados en su mayoría, pues intuían lo que un Inugami podía ser capaz de hacerle a los que osen retarlo — él se pondrá bien. — dijo refiriéndose a Koga, mientras les dedicaba a todos sonrisas — Disfruten por favor lo que queda de la fiesta — y se fue a alcanzar a su mujer, encargándole a Hachi, su sirviente tanuki, que atendiera a los demás.

Los niños si habían notado la mayoría de las acciones… cómo se había levantado Sesshōmaru, cómo se comió la carne y cómo había lanzado rápidamente a Koga hacia el árbol sin despeinarse ni un poco y sin esforzarse en lo más mínimo. Le aplaudieron con ganas.

¡Muy bien Amo Sesshōmaru! — le dijo Jaken acercándosele cuando regresaba a tomar asiento — Usted siempre me sorprende… Ningún yōkai esta a su altura.

Cállate Jaken. — dijo por toda respuesta, con ese tono tan frío e indiferente que lo caracteriza, consiguiendo que el verde y pequeño demonio cerrara el pico y temblara tantito — Lin, nos iremos en cuanto el monje regrese — continuo sin cambiar de expresión, aunque a la pequeña le habló con más suavidad.

¡Si! — respondió la niña muy emocionada, pues en ese momento también se acercó al Daiyōkai — Es usted maravilloso; ese lobito es muy malo con el señor Inuyasha.

Lo hice por la carne. — respondió sin cambiar de expresión — La comida no se juega.

Así que Lin se despidió de sus amiguitos. Los esposos regresaron con las hierbas medicinales para Koga. Guinta y Hakkaku, muy apenados, y disculpándose, se fueron con él llevándolo como si fuera un costal. Sesshōmaru partió igual que como llegó; Lin montada en Ah – Uh, junto con Jaken, diciendo "adiós" con la mano. Los invitados se retiraron al caer la tarde. Después de todo, el día terminó bien… menos para un pobre lobo.

Nota de la autora: No me negaran que fue lindo que Aome e Inuyasha pudieran comunicarse de forma indirecta… el Árbol Sagrado seguirá ahí para ellos, antes de que la pelinegra regrese al Sengoku.