Capítulo 12 parte 2.
Nota: Algo corto tal vez, pero era necesario separarlo… diviértanse.
El tiempo pasó en la época Sengoku, a la par con el tiempo actual. Aome e Inuyasha habían tenido contactos frecuentes en esencia, sobre todo desde que el Hanyō dejó de salir muy seguido a acompañar a sus amigos. Encontraba muy aburrido el ir de "cacería" por monstruos que, en su opinión, no eran la gran cosa.
La continua presencia de Sesshōmaru en las cercanías de la aldea había ahuyentado a los otros yōkai… ya sabemos la razón del porque se presentaba en el lugar; ninguno de esos seres se atrevería a enfrentar la ira del imponente Daiyōkai, los pocos que habían osado burlarse del gran demonio blanco habían sido eliminados por el mismo de una forma bastante cruel. Varios, los que quedaron en pie, se habían dispersado y alejado a una distancia más que prudente.
Kohaku ya desempeñaba mejor el trabajo de exterminador, apoyado por su querida hermana Sango y por su cuñado, el monje Miroku. Aunque el ojiazul seguía empleando algunas de sus charlatanerías, las que le dan en momentos de apuro buenos resultados, no se podría decir que su poder espiritual no era digno de un monje exorcista y exterminador de espíritus y demonios.
Por cierto que, en todo este tiempo transcurrido, el cuerpo de la bella exterminadora había cambiado con el embarazo. Los primeros tres meses no presentaron mucho problema en lo referente a sus habilidades de yōkai taijiya pero, en cuanto notó que el traje ya no se le veía como antes por el pequeño abultamiento de su vientre, tuvo que admitir con resignación que ya no podría ser igual. A parte de eso, la pobre no contó con una madre amorosa que le explicara todo lo concerniente al desarrollo del embarazo, así que por un momento le pareció una tragedia en su vida el tener que reducir su actividad para dedicarse únicamente al hogar. Sus caderas se redondearon un poco más y que decir del paulatino aumento de su pecho, preparándose para la futura lactancia. Ahora usaba la túnica un poco más holgada y hasta llegó a sentirse como una "pelotita". A veces el ser mujer puede tener ciertas desventajas, sobre todo en una época tan dura como el Sengoku… pero el amor de su esposo la reconfortaba bastante.
Claro que su amante marido había estado muy al pendiente de sus necesidades, antojos, caprichos, etc. y, si no podía cumplir con algo, el último recurso era un… masaje anti estrés (jajaja). Por supuesto que el cambio de la silueta de su adorada no le incomodaba en absoluto. No perdía la oportunidad de sobarle amorosamente la "pancita" mientras se dirigía al fruto de sus entrañas con una voz más que infantil (Imagínenlo diciendo "¿On' tá bebé?" con la oreja apoyada en el gran vientre de su esposa, ¡jijiji!). En una palabra, ahora Sango era más que consentida y Miroku estaba "insoportablemente atento". En opinión de Inuyasha, su amigo era el peor mandilón que conocía.
Al faltar una semana para la boda de Koga, el comandante más joven del clan de los lobos, los amigos acordaron en ir a congratularse con él por tan magnifico acontecimiento y, para ello, tomaron sus debidas precauciones. Sango no asistiría… en el estado en que se encontraba sería un bocado más que tentador para una gran manada de lobos acostumbrados a la carne humana; ahora le resultaba más difícil moverse con su habilidad característica. Inuyasha había ido a ver a Guinta y Hakkaku para confirmar su asistencia a la ceremonia. Los encontró en su puesto de vigilancia y les pidió "amablemente" (si como no, ya conocemos de su amabilidad) protección para sus amigos en caso de que las manadas se alborotaran (para Shippou y Miroku, él no la necesitaba). Y al fin… llegó el gran día.
Amorcito — dijo Miroku al despedirse de Sango con un abrazo apretado. Ella se quedaría con la anciana Kaede, Lin y Kohaku —, no te preocupes por nada… cuídate… descansa… no te esfuerces… — y le daba pequeños besos con cada una de sus palabras.
Excelencia — lo interrumpió una sonriente Lin —, usted es el que no debe preocuparse. Nosotros la cuidaremos muy bien, a ella y al bebé.
Se te agradece pequeña — el ojiazul también sonrió y esta vez le plantó a su esposa un gran beso, como si en él se le fuera la vida y quisiera dejarla con ella. La castaña lo abrazó muy fuerte también… hasta donde le permitía la redondez de su vientre.
Inuyasha hizo un momentáneo gesto de asco y enojo ante la romántica escena. "Este par me purgan con sus cursilerías" pensó con molestia.
¡Keh! Miroku ya apúrate — espetó el ojidorado con una mirada fulminante hacia sus amigos —. Ni creas que voy a permitir que una manada de lobos inútiles acaben con tu vida.
Lo sé amigo — el aludido dejó de besar a su mujer y le dedicó al peli plateado un gesto de disculpa. La soltó delicadamente —. Adiós a todos, nos veremos en la tarde. Gracias anciana Kaede por cuidar de mi esposa — y se despidió gentilmente de los demás.
Montaron sobre Kirara, con Shippou sobre el hombro de Inuyasha, y se elevaron rápidamente.
Bien Kirara — dijo Miroku acariciando la oreja de la pantera —, con rumbo al Este… hasta que percibas el olor a lobo.
¡Keh! Ya conozco esa peste — rezongó Inuyasha mientras la nekomata tomaba el rumbo indicado y lanzaba un rugido en señal de entendimiento.
El transcurso del viaje fue tranquilo.
Por cierto Miroku — Shippou se dirigió al ojiazul como recordando algo importante —, ¿qué me dijiste que le regalarías a Koga?
Bueno… no se si sepa leer — contestó el aludido un tanto serio, como si estuviera preocupado por ese detalle.
¡Keh! Es tan inculto — opinó Inuyasha con tono un poco burlón.
Aún así — continuó el ojiazul, ignorando el comentario de su amigo —, estoy seguro de que podrá entender las ilustraciones.
¿Ilustraciones? — el kitsune pareció intrigado —. ¿Le vas a regalar dibujos?
Algo por el estilo… si — sonrió Miroku con un poco de pena —. Le obsequiaré "El manual del amante perfecto".
¡¿Qué! — sus amigos abrieron la boca con sorpresa.
¡Keh! — el peli plateado lo miró entre burlón y enojado —. Y… seguramente tú lo escribiste, ¿verdad?
Por supuesto — confirmó el ojiazul poniéndose serio una vez más —, son los sabios consejos que deseo compartir con él, en estos casi 7 meses de mi feliz matrimonio… Le serán de utilidad para tratar a su futura y bella esposa como es debido.
No puedo imaginar que sea tan maníaco como tú — le espetó el kitsune entre enojado y divertido, haciendo el típico gesto con ojos de puntito. "Sólo a Miroku se le ocurren estas cosas" pensó al instante. Kirara gruñó brevemente, como si estuviera de acuerdo con los pensamientos del pequeño zorro.
Bueno… no sabemos que tan "voraces" puedan ser los lobos — el aludido pidió calma con las manos y volvió a sonreír —. Y, como hizo sufrir mucho a la señorita Ayame, debe portarse como un buen marido.
¡Keh! No creo que ese Sarnoso llegue a ser de tu calaña… tan enfermo y depravado — volvió a decir el Hanyō —. Ya casi llegamos — rezongó al olfatear el aire —, apesta a lobo.
Se aproximaban a la guarida de los lobos, ubicada cerca de una gran cascada. Al lo lejos notaron la gran cantidad de carniceros que se reunían para asistir a la ceremonia de unión entre el más joven Comandante de los clanes con la hermosa nieta del Gran Sabio de las Montañas. Con este matrimonio terminarían varias diferencias que en algún momento los habían enfrentado entre ellos. Al kitsune le dio un escalofrío ver a tantos de esos seres reunidos, él ya había estado allí en alguna ocasión y no le agradaba recordarlo.
Y… ¿si nos quieren comer? — preguntó visiblemente asustado.
No te preocupes — Miroku le contestó seriamente —, si acaso vemos que las cosas se ponen… "peliagudas"… simplemente montamos en Kirara y nos vamos — la aludida asintió con un gruñido.
¡Keh! — intervino Inuyasha poniendo su mano derecha en el mango de Tessaiga — ¡Ay de cualquier lobo apestoso que quiere probarme, se arrepentirá!
Inuyasha, recuerda que no venimos a pelear — el monje le interrumpió sin cambiar la seriedad —. Solamente en caso necesario tendremos que defendernos; pero no vayas a utilizar a Tessaiga.
Pero… — Shippou se escondió atrás del peli plateado y habló con una vocecita muy aguda — si ellos…
¡Keh! De todos modos — ladró el Hanyō tronándose maliciosamente los dedos —, si los tarugos quieren batalla la van a tener.
Tranquilícense los dos — les dijo Miroku en son de mando, y le lanzó al semidemonio una mirada un tanto retadora (el pequeño zorro aún seguía escondido) —. Nuestra seguridad depende de lo "bien" que te comportes Inuyasha. En dado caso, recuerda que la señorita Ayame te ofreció garantía. Sopórtalo aunque sólo sea por eso.
¡Keh! Esta bien, ya me calló — respondió el aludido con fastidio.
Llegaron al acceso principal y fueron recibidos por Guinta y Hakkaku.
Muy buen día — saludó Miroku en tono cordial.
Adelante — les dijo Guinta por parca respuesta, teniendo el rostro serio —. La ceremonia va a comenzar y no debemos perderla.
Cuando los otros lobos vieron llegar a un humano (Miroku, aunque monje exterminador, no dejaba de ser… un suculento humano), un kitsune, una nekomata y un híbrido, se les abrió el apetito; varios no pudieron disimular y hasta salivaron con la boca abierta. Pero Hakkaku les recordó las palabras de la futura esposa de Koga, la nieta del Gran Sabio de las Montañas, con las que amenazó en castigar al que se atreviera a tocar a alguno de sus invitados especiales… por lo tanto, mejor cerraron el hocico. Además, cualquiera que hiciera enojar a la mujer del Comandante se ganaría algo más que la furia de él. Y también… el Hanyō no se veía nada amistoso enseñando disimuladamente los colmillos, con los dorados ojos centellantes.
Nuestros amigos se ubicaron en un sitio poco alejado de la zona central en donde se llevaría a cabo el rito, pero que permitía observar bien lo que ocurriría. Shippou se acomodó muy junto a Inuyasha, con la pequeña Kirara a su lado… su esponjosa colita no paraba de temblar y estaba erizada.
La ceremonia comenzó en cuanto los protagonistas de ella aparecieron para tomar sus lugares. El Gran Sabio de las Montañas la prescindiría por ser el más anciano de todas las fieras. Koga entró después de que el viejo lobo se acomodó en una especie de templete… bueno, salió de la guarida principal para acceder al sitio de la reunión. El Ōkami vestía sus garras de costumbre, aunque parecía rodeado por un aura de energía que lo hacía verse impecable. Y a su lado, tomada de su brazo, iba Ayame. Aunque también se veía como siempre, está vez soltó su roja cabellera; con la felicidad que emanaba lucía más bonita de lo que ya es. Llegaron al lugar donde se encontraba el Gran Sabio.
Bien — comenzó diciendo el longevo lobo en cuanto los aullidos y murmullos se silenciaron ante la presencia de los tres —, todos aquí seremos testigos de que esta unión simboliza la amistad entre nosotros, la fraternidad y el compromiso. Todos somos la misma especie, es por ello que debemos trabajar juntos y unidos como una gran familia…
El silencio era más que respetuoso, todos los presentes escuchaban con atención las palabras cargadas de sabiduría.
La unión entre estos jóvenes representa todo eso — continuó el Gran Sabio sin perder el tono solemne —. En Koga, nuestro Comandante, depositaremos nuestras esperanzas de guía, conductor y protector de todos los clanes. Y Ayame representa la fuerza reproductora de la naturaleza, las nuevas generaciones venideras, el cuidado de nuestras tierras.
Hasta los más jóvenes parecían comprender el significado de todo el ritual.
Juntos garantizan nuestra existencia en este mundo — finalizó el anciano lobo.
Nuevamente los lobos aullaron y aplaudieron por lo que nuestros amigos tuvieron que taparse los oídos para no quedarse sordos (porque algunos son lobos como los conocemos y otros, como Koga, tienen apariencia humana).
Ahora — dijo el Gran Sabio elevando la voz para silenciar una vez más a las manadas —… Koga, por favor, ya sabes tu juramento.
A pesar de haber aceptado su palabra de matrimonio, el Ōkami aún se mostraba un poco avergonzado ante su futura consorte. Inuyasha parecía más desesperado que el lobo y no le quitaba la vista de encima. "¡Keh!" pensaba el ojidorado como si tuviera ganas de estar frente a la pareja para meterle unos zapes al indeciso macho ", ¡déjate de cosas y di lo que tengas que decir!... Espero no ponerme así cuando me case con Aome" se dijo al final. Después de todo, sólo Miroku podía ser cursi enfrente de una bola de… invitados. Armándose de mucho valor, pero ruborizado en extremo ante esa tierna mirada esmeralda, Koga tomó firmemente las manos de Ayame y, posteriormente de atragantarse un poco, le dirigió las siguientes palabras:
Ayame… — tartamudeó el joven Comandante tratando de sostener su mirada azul sobre la de ella — sé que en algún momento dude de lo prometido… pero… hoy aceptó lo que dije y… — volvió a atragantarse pero no se detuvo — delante de todos los clanes te tomo por mujer… por la unificación de las manadas. Y porque… — suspiró sonoramente — me he dado cuenta de que eres… excepcional — ya no pudo seguir hablando, pues ella se abalanzó sobre él.
¡Koga! — le dijo en cuanto lo abrazó… lágrimas de felicidad salían de sus verdes ojos —. Por supuesto que sabía que lo recordarías tarde o temprano… aunque no es sólo por eso que me uno a ti, sino porque te amo — y, sin darle tiempo a su amado lobo de decir nada más, le plantó un tierno beso en los labios.
Los demás carniceros volvieron a armar un barullo ante esa profunda muestra de amor.
¡Keh! Los sarnosos son unos… escandalosos — dijo Inuyasha por lo bajo al instante en que él y sus amigos tapaban sus oídos una vez más ante la potencia del ruido.
¡Qué miedo! — susurró Shippou con vocecita temblorosa, cerrando también los ojitos.
¡Silencio! — el Gran Sabio volvió a levantar la voz para hacerse oír mientras Ayame aún seguía abrazando a Koga; éste, ya un poco más sereno, correspondió el abrazo —. Con este matrimonio deben terminar las peleas y discusiones entre nosotros… ¡Qué viva el amor! — concluyó y todos los lobos presentes aullaron al unísono.
Un poco después del concierto de aullidos, los invitados fueron a presentar sus respetos a los nuevos esposos y jefes, ahora, de todos los clanes. Nuestros amigos esperaron hasta que pasaran todos para felicitar a la feliz pareja. A Koga aún no se le bajaba el rubor y tuvo que soportar algunas chanzas de sus compañeros, sobre todo de Guinta y Hakkaku, a los que puede considerar como sus más íntimos camaradas.
Muy bien Koga — le dijo Guinta al final, con una sonrisa pícara después de felicitar efusivamente a Ayame —, pórtate bien o te golpearán… ahora tendrás que ser "el más dulce" de los esposos.
¡Ya cállate! — le espetó su Comandante mirándolo con enojo.
No te esponjes Koga — intervino Hakkaku con más calma, él también se había acercado y abrazaba a Ayame —, tienes por esposa a la más linda de las manadas.
Gracias muchachos — les respondió la loba con una sonrisa —. Koga, no te enojes y disfrutemos del momento — le dijo suavemente a su marido al tiempo que le tomaba delicadamente el rostro y le plantaba un beso en la mejilla, haciéndolo sonrojar aún más.
Eh… sí — respondió el aludido visiblemente contrariado ante su actuar, aunque dulcificó un poco su mirada azul al dirigirla a su ahora esposa… tenía que admitir que, aunque se había "enamorado" de Aome, Ayame también era una linda mujer y, sobre todo, ella sí lo amaba. —. Entonces… — le dijo al abrazarla una vez más por los hombros cuando distinguió… un aroma conocido y maloliente, en su opinión.
Muchas felicidades Koga… — les saludó el monje Miroku con amabilidad y una sonrisa sincera — señorita Ayame. Reciban también felicitaciones de parte de mi amada esposa, y este pequeño presente — y le entregó a la aludida un paquetito envuelto.
Sarnoso, te felicito — dijo Inuyasha sin guardar la ironía —. Sabía que eras un lobo de palabra y cumpliste con ella. Ayame, muchas felicidades… porque al fin lo hiciste reaccionar.
Koga se puso visiblemente serio. ¿Quién había invitado a la Bestia estúpida?
Gracias señor monje, gracias Inuyasha — la loba contestó con una sonrisa, ignorando a propósito el tono grosero del ojidorado.
Gracias monje… Bestia… — respondió el lobo casi al instante de su consorte, pero él y el Hanyō casi se taladran con la mirada.
Miroku le puso a su amigo una mano en el hombro en lo que su gesto también se ensombrecía un poco, un movimiento brusco de parte del peli plateado generaría un caos.
Koga, por favor — le espetó Ayame lanzándole a su marido una mirada de molestia —. Inuyasha no vino a pelear, vino a celebrar… recuerda que lo invitamos.
¿¡Qué! — el Ōkami pareció sorprendido —. ¿Por qué habría yo de hacer algo así? — dijo tan molesto como ella… casi le muestra los dientes.
Como un favor muy especial y en agradecimiento — le respondió fulminándolo con su verde mirada… será muy Comandante pero ahora la loba es la jefa —. No olvides lo que ellos hicieron por ti… y por todos nosotros.
Koga se quedó boquiabierto ante el reproche. Después la furia bajó y sus azules ojos volvieron a ser serenos. Recordó que de verdad, y aunque le costara un poco admitirlo, habían sido Inuyasha y compañía los que cumplieron su venganza por la muerte de sus camaradas… todos los que fueron masacrados por el maldito de Naraku.
Lo siento — se dirigió a su esposa en un tono más cortés y luego miró a los amigos —. Agradezco su presencia, así que disfruten la fiesta.
No te preocupes, fue una linda ceremonia — observó Miroku volviendo a sonreír y, llevándose a Inuyasha por el hombro, se dirigió al área donde se habían acomodado — Vamos amigo — le dijo casi regañándolo.
Oye Miroku… no me jales así — se quejó el Hanyō.
Al pequeño Shippou le había parecido mejor quedarse oculto en ese rincón donde se habían sentado, muy junto a Kirara. Dijeran sus amigos lo que dijeran, le daba mucho miedo estar cerca de tantos carniceros, y nada lo haría cambiar de opinión.
La fiesta fue muy ruidosa porque los lobos se carcajeaban y aullaban ante cualquier chistecito. Lo que más disfrutó Inuyasha fue el exquisito jabalí asado que les sirvieron, aunque se percataron que por allí… había carne humana; eso hizo que a Shippou se le erizara más la colita y volviera a ocultarse tras el ojidorado, dejando inmediatamente de comer. El Gran Sabio se acercó a donde ellos estaban.
Quiero agradecerles lo que hicieron por nosotros — les dijo con ese tono solemne que suele tener —. Ayame nos contó todo y Koga lo ha confirmado — por un breve instante cerró los ojos —. El fin de ese demonio terrible y la destrucción de esa joya maldita ha traído la paz a estas tierras.
Descuide — le contestó Miroku en tono cortés —, cumplimos con nuestro deber. Ese Naraku también tenía cuentas pendientes con nosotros.
Aún así… les agradezco en nombre de todos — volvió a mirarlos sin perder la serenidad —. Por cierto — ahora se dirigió a Inuyasha —, comunícale a tu Gran hermano que, si nos lo permite, nos restableceremos en la zona que su padre nos asignó hace mucho tiempo.
¿¡Qué! — el ojidorado se sobresaltó y casi se atraganta el último trozo de jabalí que tenía en la boca —. ¿Qué tiene que ver Sesshōmaru con ustedes? — por un poco y lo escupe.
El Gran Señor Sesshōmaru, el hijo del Gran General Inu no Taishō, es ahora el Gran Señor de la región Oeste — respondió el lobo ignorando esa falta de modales (de hecho los lobos tampoco tienen modales) —. Por ello debemos consultarlo y solicitar su aprobación… Ya Koga se encargará personalmente de verlo.
¿Cómo es eso? — preguntó Shippou con curiosidad, asomándose con cuidado detrás del hombro de su amigo peli plateado, pues éste se había quedado en shock… el Ōkami volvería a encarar a su hermano Daiyōkai y no le tenía un grato recuerdo de la primera vez.
Verán… hace muchísimos años — dijo el anciano lobo mirándolos muy fijamente—, después de que el clan de los pantera atacarán la región oriental, sufrimos muchas bajas — desvió la vista un segundo, como recordando esa época tan lejana de su juventud —. Aún así nos unimos al Gran General. Posteriormente de la derrota de esos felinos se nos permitió instalarnos en aquella región… Sin embargo se inició la división de los clanes, por ello nos dispersamos y cada manada tomó un rumbo diferente.
Entiendo — el joven monje intervino, al parecer había comprendido el significado de la petición —. Ahora que volverán a unirse es necesario regresar a habitar aquella región. Bien — se mostró sonriente —, creo que sí, Inuyasha podrá hacerle el comentario a su querido hermano.
¡Keh! Ya lo conoces… — el aludido pareció ladrar al reaccionar — ¿De verdad crees que me escuche?
Sesshōmaru ya se comporta como un Gran Señor — le respondió Miroku sin cambiar el gesto de confianza —, te escuchará. No falta mucho para que vaya por Lin.
Poco tiempo después de esta conversación se retiraron del lugar. Una gran pandilla lobuna puede ser insoportable y varios de esos seres se habían embriagado con extrañas bebidas; Guinta y Hakkaku les habían ofrecido un poco pero ellos se abstuvieron de probarla, alegando que habían comido demasiado y estaban llenos (en caso del ojidorado esa era una mentira descarada… se le apeteció más jabalí). Además, Inuyasha y Shippou se quejaron porque la pestilencia a lobo se había vuelto insufrible para sus olfatos. Muy corteses se despidieron de los esposos y, rápidamente, salieron disparados sobre Kirara.
Bueno, hemos cumplido — suspiró Miroku ya un poco más tranquilo —. Espero que Koga modere su carácter con Ayame… — su tono sonó preocupado —, y a la hora de hablar con Sesshōmaru como Comandante del Clan de los Lobos.
¡Keh! Eso espero porque si no… — dijo Inuyasha un poco burlón — se ganará una buena tunda y las esperanzas de todos los sarnosos se irán al caño.
Creo que antes de que hables con tu hermano… — le dijo su amigo — debes darle a Koga una buena lección de educación.
¡Keh! — le espetó — ¿Y yo por qué?
Pues… porque eres experto en tratar situaciones conflictivas con Sesshōmaru — el ojiazul no disimuló una sonrisa —, ¿quién mejor que tú? — posteriormente se dirigió al kitsune, esta vez hablando un poco duro —. Shippou, ya cálmate por favor — porque el zorrito aún se mostraba tembloroso, ahora sobre su hombro.
El Hanyō le lanzó una mirada furibunda al monje. Después se puso a pensar que en realidad tenía razón. Así que decidió regresar al siguiente día para hablar con el lobo… si es que lo encontraba consciente.
Nota: Tal vez la boda de Koga y Ayame no fue de lo más romántica y dulce, pero el Ōkami es así, tan seco y poco gentil como el Hanyō… y la relación de los lobos no es algo que toco del todo en mi fic porque no es la historia de ellos la que quise relatar, y ahorita no es lo que deseo escribir. Sesshōmaru tendrá varias apariciones más, pero tampoco será de lo más mencionado, pues no es la finalidad de esta historia el relatar su vida… recuerden que tengo un fic especial para él. Saludos.
