Capitulo 12 parte 3
Y continuamos en el Sengoku… ahora es más interesante que la época actual.
El sol ya brillaba sobre el horizonte, era una hermosa mañana en la época Sengoku. Un apuesto y joven monje, de profundos ojos azules y negros cabellos, se disponía a salir con rumbo al norte, para incrementar su poder espiritual que le permita desarrollar mejor su trabajo de Hoshi exorcista exterminador de yōkai. Este pendiente lo tenía desde hace tiempo, cuando se dedicó a perseguir al engendro demoniaco que había maldecido a sus ancestros. Ahora, ya libre de semejante carga, y con una nueva familia, se prepararía para la larga vida que lo esperaba.
Su esposa lo despedía en la puerta de su hogar. Estaban a la espera de su primer hijo, se notaba en su figura la redondez de su vientre, aunque sólo contaba con 4 meses de embarazo. Iba a ser un bebé grande y saludable. Junto a ellos esperaban un mapache mágico y un joven Hanyō de cabellos plateados y grandes ojos ambarinos.
¡Keh! Apúrate ya Miroku, no tenemos todo el día — espetó Inuyasha un poco desesperado, pues su amigo ya llevaba como cinco minutos dándole a su mujer las últimas palabras de despedida, indicaciones… y no dejaba de abrazarla, como si no quisiera irse.
Tranquilo, sabes que no voy a regresar mañana — su amigo lo miró ofendido.
Cariño — Sango se dirigió con ternura a su esposo, hablándole muy suavemente mientras aun estaba acurrucada entre sus brazos —, no te preocupes más y váyanse ya. La anciana Kaede y Lin estarán conmigo, y cualquier cosa que ocurra Shippou o Kohaku irán a buscarte. Así que… — se soltó delicadamente de su abrazo y le dio un suave empujón para animarlo a avanzar — salúdame al maestro Mushin.
¡Keh! Vámonos — el peli plateado jaló a su amigo por el cuello de la túnica… el kitsune y el joven pusieron los ojos en blanco.
Adiós Excelencia — dijo Lin muy sonriente en lo que la anciana Kaede agitaba la mano a forma de despedida —, adiós señor Inuyasha.
¡Te extrañaré! — dijo muy melodramático el ojiazul alejándose de su adorada mientras se dejaba llevar por el Hanyō —. ¡No me olvides!
Hachi se transformó. Ambos camaradas subieron a su lomo y tomaron rumbo al templo del anciano maestro Mushin.
Miroku… Sango no se va a morir sin ti — le reprochó Inuyasha entre divertido y enojado.
¡Pero yo sí! — respondió el aludido conteniendo un poco las lágrimas y despidiéndose de su esposa agitando la mano.
¡Keh! ¡No seas tan exagerado! — el ojidorado casi se ríe de la cara de su amigo —. Todos la vamos a cuidar, no tienes porque inquietarte.
¿Cómo voy a dormir ahora sin mi amada a mi lado, sin su calor? — y, haciendo un exagerado movimiento, Miroku casi se inclina a llorar sobre Hachi. El tanuki puso ojos de puntito y le brotó una gotota anime ante el desequilibrado comportamiento de su jefecito.
¡No seas ridículo! — esta vez el Hanyō no pudo controlarse… "Miroku es la mar de dramático… el rey de la comedia" pensaba mientras se reía de la conducta del monje.
No te burles de mis sufrimientos — el monje se puso serio y lo miró con enfado.
Lo… siento — Inuyasha recuperó un poco la compostura aspirando una bocanada de aire —. Lo que mas vas a extrañar es su cuerpecito, ¿verdad canijo? — y le dirigió una breve mirada pícara —. ¡Ya guarda un poco la compostura, así no incrementarás tu poder espiritual! — esto último lo dijo con su tono habitual de voz.
Mmm… — suspiró el ojiazul, al parecer meditó en estas palabras —. Tienes razón, debo controlarme para concentrarme en el entrenamiento, o no podré mejorar mi nivel.
Así es Excelencia — intervino Hachi con seriedad —, para superarse debe evitar caer en los deseos carnales.
Además… — continuó el peli plateado con un tono más irónico — ahora es cuando Sango debe descansar más, le hará bien que no estés atosigándola.
¡PLONC! Por bocón recibió un buen golpe en la cabeza con el báculo.
¡Más respeto grosero! — Miroku volvió a ver a su amigo con enfado —. ¡No creas que soy tan animal y no la trato con delicadeza!
¡Keh! Pues casi te pasas todo el tiempo sobre ella — Inuyasha se sobó la cabeza y también miró al monje con molestia —. Yo sólo digo lo que veo.
Bien… de ahora en adelante seré más discreto — meditó cruzándose de brazos… (si como no).
Eso espero — le espetó el ojidorado —, porque me purga que seas así de insaciable. ¡Hasta yo he tenido sueños cochinos… por tú culpa y la de Sango! — y enrojeció salvajemente al decir estas palabras.
¿En serio? — su interlocutor le lanzó una pícara mirada de sus azules pupilas —. No nos culpes por tus deseos eróticos — dijo un poco más serio.
¡Keh! No me "burro confundas" contigo, cochinote — recuperó el gesto hosco —. Ojalá el entrenamiento mejore tu comportamiento.
Inuyasha, Inuyasha… — el monje habló con tono de solemnidad — no me niegues tus más íntimos apetitos — posteriormente sonrió de forma pícara —. Creo que no esta bien que los ocultes.
¡Keh! — el aludido volvió a enrojecer momentáneamente —. ¿Qué te importa lo que me imagino?
Pues entonces sigue tu propio consejo y guárdalos para ti — concluyó Miroku sin dejar de observarlo con expresión de burla disimulada —. No me digas nada más ni me critiques.
Bueno, me voy — recuperándose de su sonrojo se dispuso a bajar de un salto. Hachi tenía sus grandes mejillas enrojecidas, había escuchado la conversación y se mostraba avergonzado —. No te apenes mapache… ya conoces lo sucio que es tu amo — dijo el Hanyō al tiempo que descendió rápidamente para internarse en la espesura del bosque.
¡Salúdame a Koga — le gritó su amigo a modo de despedida, agitando la mano para decirle "adiós" —, y no vayas a pelear con él!
Inuyasha tomó camino rumbo al Este, a la región que actualmente habitaban los lobos… bueno, el clan liderado hasta ahora por Koga. La boda celebrada el día anterior entre el joven Comandante y Ayame, la nieta del Gran Sabio de las Montañas, abría el camino para la unificación de las manadas y que, por sugerencia del anciano lobo gris, pensaron en instalarse en dirección Oeste, en un lugar alguna vez habitado por ellos, con la venia del Gran General Perro, el Gran Señor Inu no Taishō. Pero, para que ello fuera una realidad, era necesario que el actual "dueño" de esa región, el hijo mayor del General, el Gran Señor Sesshōmaru, concediera su autorización. Y… Koga no le había dejado al Inugami una buena impresión aquella vez en que coincidieron, por lo tanto sería Inuyasha quien hablaría con el Ōkami para que se moderara ante su hermano Daiyōkai y así obtuvieran su permiso. Sólo esperaba que pudiera recibirlo.
En su puesto de vigilancia habitual se encontraban Guinta y Hakkaku, ambos tenían ojos de sueño. Al ver llegar al Hanyō lo saludaron con un gran bostezo.
¡Ajum! — dijo Guinta terminando de desperezarse —. ¿Qué te trae por aquí nuevamente?
¡Keh! — contestó "amablemente" el saludo —. No es visita de cortesía… Vengo a hablar con Koga sobre un asunto importante. Espero no interrumpirlo en nada.
Pues no — intervino Hakkaku después de haberse frotado los ojos para despertarse bien —, se levantó desde hace un buen rato y le dieron la gran noticia de su próxima misión.
Bien, eso facilita las cosas — interrumpió el ojidorado con su modo habitual, grosero y sin educación —. ¿Qué esperan para llamarlo?
No es necesario que hagan eso Bestia — Koga llegó en ese momento —, te olí llegar (jajaja eso suena chistoso) — se le veía desvelado y su larga cabellera negra, la cual la traía suelta, muy alborotada —. ¿Qué puedes decirme tú que yo no sepa?
Sarnoso… es bueno verte alerta — Inuyasha le lanzó una mirada de burla en sus dorados ojos y habló en tono burlón —. ¿La pasaste bien anoche?
¡Qué te importa Bestia! — el lobo se sonrojó un poco de los pómulos y miró con enfado a su interlocutor —. Habla de una buena vez a que viniste — casi le muestra los colmillos.
¡Keh! — el Hanyō también lo miró enojado e imitó esa cara dura —, a que moderes tu carácter, Sarnoso — y agregó con ironía —. Si por mí fuera… Sesshōmaru puede mandarte a volar otra vez. Estoy aquí para tratar de ayudarte un poco en tu tarea.
El Ōkami pareció meditar en esas palabras… tomaría el desinteresado ofrecimiento de la Bestia, pues no quería que el Daiyōkai le diera otra paliza. Eso sería una vergüenza para su especie. Suficiente era para él que Naraku lo hubiera humillado.
OK. Entonces sígueme — el Comandante habló con un poco de seriedad y retomó el camino por donde llegó —. No olviden vigilar bien — le espetó a los muchachos antes de irse.
Inuyasha se fue con el carnicero al interior de la madriguera. Por todos lados se veían huesos tirados… los restos de la fiesta del día anterior. Uno que otro lobo parecía briago.
¡Muévanse bola de haraganes! — Koga le gritó a algunos mientras pateaba a otros que se encontraban en el suelo —. ¡Aquí estorban el paso!
La pestilencia a sarnoso era horrible, en opinión del Hanyō. Sentía que los ojos le daban vueltas y la cabeza le iba a explotar… ¿por qué mierda se dejó convencer por el inútil de Miroku? Se las cobraría muy caro en cuanto volviera a verlo. Ayame apareció a la entrada de lo que era el aposento principal, al escuchar el tono de mando de su ahora esposo. También traía la roja cabellera suelta, aunque se veía mucho mejor que su marido.
¡Hola Inuyasha! — lo saludó con una sonrisa radiante —. ¿Qué te trae hoy por aquí? — instintivamente miró a su alrededor, y se fijó en sus compañeros borrachos —. ¡Estos machos no entienden nada! — dijo con enfado y le dirigió a su consorte una verde mirada ofendida antes de permitirle entrar —. Koga… ¿por qué les consentiste tomar tanto?
Ya habrá tiempo para ponerlos al tiro otra vez… ayer tenían mucho que celebrar — contestó el aludido al tiempo que mandaba a "volar" a otro de sus subordinados. Hizo a su esposa delicadamente a un lado y se dirigió al Hanyō —. Adelante Bestia.
El ojidorado entró tapándose un poco la nariz, no pudo disimular su aversión. "Si la fiesta afuera fue un caos… aquí huele peor que cuando Miroku se estrenó" pensó el pobre un poco mareado de tanta hediondez, dejándose caer pesadamente al suelo.
¡Jah, discúlpame Bestia! — Koga se percató del desagrado de Inuyasha y le pareció chusca la expresión de su cara —, pero es que mis cosas privadas las trato… en privado — se acomodó en su sitio favorito, no muy alejado de su invitado —. A ver, dime que tengo que hacer con tu hermano.
¡Agggh! — el semidemonio resopló con agitación, todo le daba vueltas —. Sarnoso, deja que se me pase un poco — apretó fuertemente los párpados.
Ayame también había notado la cara de asco del peli plateado y, antes de sentarse al lado de su amado, le ofreció al Hanyō una bebida extraña.
No te preocupes y bébela toda — le dijo mirándolo profundamente con algo de seriedad —. Te aliviará el malestar.
¿Qué diablos es? — la olfateó con algo de desconfianza —. Huele raro.
Una combinación de hierbas medicinales. Te bajará el mareo y estarás mejor — ella le dedicó una pequeña sonrisa antes de dejarse caer junto a su querido Comandante y aferrase a su musculoso brazo, apoyando la cabeza en el hombro de él.
Tómatela ya Bestia — le soltó Koga bufando un poco para disimular el bochorno que le provocó la acción de su mujer —, Ayame no va a envenenarte.
Inuyasha tomó el té muy despacio, tratando de adivinar cuales eran sus ingredientes. Los esposos no le quitaron la vista de encima, el lobo se veía muy formal y la loba disimulaba una risita. La verdad el dichoso menjurje sabía mejor de lo que olía. En poco tiempo se le pasó el malestar.
Muchas gracias Ayame — le dijo con amabilidad a la loba en tanto dejaba el tazón en el suelo, limpiándose la boca con la amplia manga de su Hitoe —. Tenías razón, ya no me duele tanto la cabeza.
Es lo que le di a Koga en la mañana — dijo ella sonriendo —, porque despertó muy mareado.
Ayame — el aludido se sonrojó un poco más ante esta confesión —, no le digas nuestras cosas a esta Bestia.
El ojidorado le lanzó al de negra cabellera una momentánea mirada de conmiseración, como queriendo decir "Descuida, mi amigo el monje fue peor que tú".
No te preocupes Sarnoso, eso es normal — observó después de un segundo —. Pero no vine a que me platiques tus intimidades — agregó en su tono de habitual descortesía —, como bien dices no me interesan para nada.
Entonces ve al grano Bestia — dijo Koga recuperando también los malos modos —. No me agrada la perspectiva de volver a ver a tu hermano… si de verdad vas a ayudarme dime que tengo que hacer.
¡Keh! Muy bien, pero no olvides que depende de ti — le contestó el semidemonio mirándolo fijamente con sus ojos dorados —. Sólo te diré unas cuantas cosas al respecto… tú sabrás que hacer después.
Empieza — el lobo lo miró del mismo modo, sus claras pupilas azules reflejaban el rostro del Hanyō.
Por un breve instante se escuchó únicamente la respiración de los tres. Ante el sonido del silencio la loba parecía querer decir algo, más en ese momento…
Primero, y esto es muy importante… — Inuyasha se puso serio como pocas ocasiones — nunca le digas "perro" aunque lo es. Es mejor que le llames "Señor".
Pero… — iba a interrumpir Koga cuando Ayame le apretó el brazo para que se callará.
Segundo… — continuó el peli plateado sin cambiar el gesto adusto — no lo mires fijamente, de preferencia hazle una reverencia.
¿¡Qué! — exclamó el lobo con perplejidad.
Guarda silencio — le espetó su esposa al tiempo que lo miraba con enfado y le oprimía más el brazo hasta dejárselo casi morado.
Tercero… háblale con claridad y respeto — el ojidorado siguió con su perorata, pero se interrumpió un momento para ver si el lobo diría algo más… esta vez Koga no hizo ni un movimiento, únicamente torció un poco más el gesto de enfado. El Hanyō por poco se suelta la carcajada ante esa cara tan larga — Cuarto… — rápidamente retornó a la seriedad — si te contesta que "hagas lo que quieras"… posiblemente significa un "sí", pero con reservas. Tal vez les ponga condiciones. Si no te contesta… puede que tengas que volver a intentarlo en otra ocasión. Y si te mira con furia… — aparentó un temblor de miedo — mejor no insistas y confórmense con lo que tienen. Si haces algo indebido puedes quedar peor que la primera vez que te golpeó.
¿Fue el Gran Señor Sesshōmaru quien te dejó malherido el día de la boda del monje y su mujer? — interrumpió Ayame mirando inquisitivamente a Koga —. Pues… ¿que hiciste para molestarlo? Porque Guinta y Hakkaku no supieron explicarme con claridad que paso.
Créeme Ayame que eso no fue nada — intervino el de plateada cabellera, con un tono de falsa compasión… y se abstuvo de mencionar que él había acabado de noquear a su esposo —. Y si que lo dejó malherido, porque de otro modo sería "bien herido".
Koga fulminó al Inuyasha con sus ojos azules, sabía perfectamente el final de tan bochornosa historia; sus muchachos le habían dicho que la Bestia acabó de golpearlo después que el Señor Sesshōmaru lo lanzó contra el árbol. Luego miró a su esposa con más serenidad.
¡Qué se yo porque! — dijo como justificándose por ese mal rato —. Lo que me molestó es que me haya quitado mi almuerzo… por eso le dije "perro".
¿"Tu almuerzo"? — le recriminó el Hanyō —. ¡Era mi jabalí!
"Era" — le dijo su interlocutor con énfasis retador —. Desde el momento en que lo soltaste, cuando te azotaste contra el piso, dejó de serlo — agregó un poco burlón y, como rememorando el simpático incidente, preguntó con curiosidad —. Por cierto… ¿qué te pasó? Recuerdo que Aome te mandaba a comer polvo de forma semejante.
Ese es asunto mío — contestó empleando el mismo tono de énfasis, pero casi queriendo partirle el hocico por lengua suelta —. Lo que estuvo mal es que te atrevieras a decirle "perro" y recordarle que es mi "hermano". Son cosas que detesta — "Y yo también" pensó más se abstuvo de decirlo.
Bestia… ¡pero si es más "perrucho" que tú! — por poco se le sale un aullido sonoro tipo carcajada.
¡Koga! — la pelirroja le reprochó visiblemente disgustada —, ¡no seas grosero!
¡Keh! — el Hanyō se levantó enojado, si fuera un Inugami en su totalidad ya le habría hecho ver a ese Ōkami corriente lo que era sentir la furia de su especie —. Sarnoso, yo no soy cualquier perro — más se guardó las ganas de sacar a Tessaiga… estaba en terreno enemigo y no llevaba en realidad las de ganar, pues una de las ventajas del lobo es que, con o sin fragmentos de la Shikon no Tama, era bastante rápido y confiaba plenamente en sus instintos —. Ya te dije lo que debes hacer y no me importa si lo haces bien o no — agregó maleducadamente —. En dos días Sesshōmaru se presentará en la aldea donde vivo… en las noches de luna nueva siempre va por esa niña que lo acompañaba. Si tienes suerte… tal vez acceda a tu petición. Delante de ella nunca te mataría al menos que desearas lastimarla — y disimulo un suspiro de fastidio —. Y me verás nuevamente… con mi frágil aspecto humano.
Me encargaré de "educarlo" — intervino Ayame antes que Koga, la pareja también se había levantado —, para que las cosas salgan bien. El abuelo confía en ti Koga — miró amorosamente a su lobo y hasta le masajeó cariñosamente el brazo que le había apretado —, debes hacerlo.
No te preocupes — el aludido tomó delicadamente una de sus blancas manos y también la miró con ternura, aunque habló con solemnidad —, no voy a defraudar a nadie.
"Espero que no se haya vuelto tan cursi como Miroku," Inuyasha se guardó una expresión de asco ante el comportamiento del Ōkami… varias veces se había pasado de empalagoso con Aome "eso sería el colmo".
¡Keh! Bueno, ya cumplí — dijo el ojidorado encaminándose a la puerta —. Lo demás… es cosa tuya. Y no se molesten, ya conozco la salida.
Te acompaño — el Comandante se apartó de su consorte y se encaminó con él —. De todos modos tengo que levantar a los muchachos… bebieron mucho ayer.
Salieron de la cueva y Koga les gritó a todos:
¡Ya es hora de despertarse, buenos para nada!
Los lobos que estaban más cerca se levantaron y rápidamente le presentaron sus respetos… o sea que le dedicaron una reverencia, mientras metían el rabo entre las patas en señal de sumisión.
¡Muévanse ya! — habló a todo pulmón, golpeando a los desafortunados que tuvieron la brillante idea de echarse la siesta a la puerta de los aposentos principales.
¡Keh! — observó Inuyasha con ironía —. Con ese carácter de mierda no entiendo como eres el "Comandante".
El lobo se entretenía dándoles coscorrones a los retrasados que pillaba a su paso.
A veces hay que ser duro con ellos — mencionó Koga un poco amable, terminando de golpear a dos lobos que estaban despatarrados con la lengua de fuera —. ¡A un lado, par de huevones!... Pero en general no soy tan injusto — le dedicó a su invitado una mirada algo divertida —. Lo que pasa es que estos jóvenes se toman las cosas a la ligera… — y volvió a subir el volumen de su voz — ¿Qué no me oyeron inútiles?
Me imaginó que tú… no fuiste así cuando eras un cachorrillo — el ojidorado también lo miró entre divertido y burlón, hablándole con sarcasmo.
Pues aunque lo dudes Bestia — el Ōkami recuperó la seriedad —, yo sabía cual era mi papel en la manada; por eso soy Comandante.
Llegaron al lugar donde se encontraban Guinta y Hakkaku, los cuales se cuadraron frente a su líder.
Sin novedades Comandante — dijeron al unísono.
Bien — dijo él con calma —, vayan por los mellizos para su relevo.
El joven de peinado punk continuó en posición de "firmes" en tanto su compañero y amigo inseparable fue a cumplir con la orden de su jefe.
Bueno Bestia, la noche sin luna estaré por tu aldea — Koga dirigió una mirada entre seria y agradecida hacia Inuyasha —. Te agradezco…
¡Keh! No me lo agradezcas — le interrumpió el aludido con su tono habitual de "no me importa lo que pienses" —. Únicamente me ofrecí a explicarte como debes hacer las cosas porque no quiero que Sesshōmaru acabe contigo y se jacte después de haberme hecho un favor... pero ya sabes que puede suceder si no lo haces bien.
Ya sabía yo que no te preocupabas por mí — esta vez la mirada del Ōkami se hizo divertida… el Hanyō podía llegar a ser muy gracioso en su opinión. Le dio unos pequeños golpes en el hombro —. Anda ya Bestia, que apestas.
¡Keh! Pues tú no hueles precisamente a rosas — le espetó y se alejó rápidamente sin volver la vista atrás.
Ya un poco lejos, miró de reojo y vio que Koga aun estaba allí, con la oscura cabellera ondeando a la brisa.
Sarnoso… espero de verdad que no la riegues — murmuró con tono de preocupación mientras continuaba su camino —. No me gustaría para nada que Sesshōmaru te dejara peor que la vez anterior.
Nota: Inuyasha y Koga mostraron en el anime una relación un tanto más cordial que en el manga, pero sabemos que en el fondo llegaron a apreciarse. Por ello, aunque aparentaban que no se soportaban, terminaron siendo casi como amigos; recordemos que el Hanyō le juró al Ōkami que ellos (Inuyasha y compañía) vengarían la muerte de todos los lobos asesinados por Naraku, en ese triste capítulo del Kanketsu cuando Kikyō al fin es asesinada por el engendro, quien a su vez despoja al lobo de los fragmentos de la Shikon no Tama que traía en las piernas. Es una pena que en el manga no le dieron un final más amable a la suerte de Koga. Y que bueno que para el anime le proporcionaron una pareja… Ayame.
P.D. Se que el título Inu no Taishō significa "Gran General Perro" o "Gran Señor Perro", por lo que en realidad no es el nombre propio del padre de Inuyasha y Sesshōmaru, más en varias historias, sino es que en muchas, lo utilizan como su nombre. Yo también lo uso así, porque sonaría redundante decirle a Sesshōmaru el nuevo "Inu no Taishō". Saludos.
