Capítulo 13 parte uno.
Antes de que cayera la noche sin luna en la pequeña aldea cercana al Árbol que divide el tiempo, se recibió la visita de un ser extraño, que llegó moviéndose rápidamente y levantando polvo a su llegada. Los aldeanos se sorprendieron y espantaron al ver a un lobo demonio cerca de la cabaña de la anciana Kaede. Tenía pieles en varias partes de su cuerpo y una larga cabellera oscura, sus azules ojos brillaban como zafiros.
¡Bestia! — gritó Koga frente a la puerta de la choza, esta vez traía atado el cabello como de costumbre —. ¡Sal de donde quiera que estés!
De la vivienda asomó una pequeña niña de grandes ojos achocolatados y negros cabellos, vestida con una linda túnica floreada, que lo saludó con una sonrisa. La chiquilla le pareció familiar.
¡Hola señor lobito! — dijo Lin como si lo conociera de años —, el señor Inuyasha no tarda en regresar — y luego lo miró extrañada —. ¿Para que lo buscas?
En ese momento también se presentó la mujer del monje, la exterminadora… ya se le notaba el embarazo.
¡Koga, me da gusto verte! — Sango le dedicó una bella sonrisa y salió de la cabaña —. Creo que es mejor me acompañes y esperes a Inuyasha fuera de la aldea… a los pobladores les incomoda un poco tu presencia — y le indicó amablemente que la siguiera —. Por aquí por favor.
Está bien — dijo el lobo un poco brusco —, porque si no puede darme hambre.
Lin, dile al señor Inuyasha que lo buscan en el Árbol Sagrado — la castaña se despidió de la pequeña mientras avanzó con el Ōkami.
¡Sí! — respondió la aludida y, muy obediente, volvió a meterse.
Caminaron por el sendero que conducía fuera del pueblo, rumbo al árbol que divide el tiempo. Koga observaba detenidamente a Sango y recordó que la mujer tiene un aspecto exquisito… ahora que esperaba críos se veía más apetitosa. Pero es exterminadora… aunque tal vez no podría. No, era mejor no pensar en eso; ni Ayame ni la Bestia se lo perdonarían, y que decir del monje, el marido de esa mujer, era capaz de buscarlo hasta el fin del mundo si se atrevía a hacerle daño. Además… él no había ido a comer humanos.
¿Cómo esta Ayame? — le preguntó la castaña mientras llegaban al árbol.
¿Eh? — contestó el lobo saliendo de sus pensamientos —. Ella esta bien — respondió tranquilamente a la pregunta formulada.
Me alegro, me la saludas mucho — agregó la joven sin borrar la sonrisa —. Bueno — dijo en cuanto llegaron al pie del árbol —, esperemos aquí. Inuyasha fue con la anciana Kaede a traer hierbas medicinales. Seguro que cuando detecte tu aroma vendrá corriendo — disimulo una risita traviesa.
Pues ya que — espetó Koga con tono de fastidio —. Por cierto — trató de hacer plática sonando un poco más amable —, ¿a dónde fue el monje?
Mi querido esposo fue a prepararse más — contestó Sango sonriente —, debe incrementar su nivel espiritual y su categoría para poder tener discípulos — y su mirada brilló al evocar a su amado.
¡Ah! — dijo el Ōkami un tanto sorprendido. Así que el monje podría ser más peligroso de lo que ya era. "Que bueno que ya casi soy vegetariano" caviló sin atreverse a interrumpir los pensamientos de la mujer.
Mira, ya viene Inuyasha — volvió a decir la castaña después de un minuto o dos de perderse en su mundo de ensueño, y señaló el sendero por donde el Hanyō se acercaba a paso veloz.
Realmente, con la cercanía de la puesta del sol, el olor de la Bestia era más de humano. El fino olfato del lobo percibió el sutil cambio de la peste habitual.
¡Sarnoso! — gritó Inuyasha a lo lejos —, te dije que estuvieras más tarde. No creo que Sesshōmaru llegue a esta hora.
Eso no me importa Bestia — le contestó el otro también con un grito —, sólo necesito que me recuerdes los puntos que me mencionaste. Yo esperaré por su llegada.
Si serás tarado — le espetó el ojidorado en cuanto llegó donde estaban parados.
Ambos se lanzaron miradas retadoras pero no se dijeron nada más, como esperando a que ocurriera algo revelador. Sango los observaba con diversión. "Este par nunca va a cambiar" pensó para sus adentros tratando de no reírse en la cara de esos dos. El sol se ocultó en la lejanía e Inuyasha adquirió al instante su apariencia humana. Ojos oscuros, melena negra, manos normales sin garras y pequeñas orejas ocultas entre sus cabellos.
Dime una cosa Bestia — le soltó Koga después de asombrarse un poco por la transformación, no es que fuera un cambio tan drástico pero no había tenido la oportunidad de verlo bien —, ¿por qué tu hermano viene precisamente en estás noches?
¡Keh! ¿Tú por qué crees, eh? — contestó de malos modos el interpelado —. Sabe que así no puedo olerlo y no sé exactamente en que momento está aquí. Además… tengo la impresión que mi humanidad le causa gracia.
El Comandante abrió los ojos de más. Si él fuera el Inugami no dudaría en burlarse de su pequeño hermano… ¿o tal vez no?
Perdóname Inuyasha — intervino Sango con seriedad —, pero no creo que Sesshōmaru se burle aun de ti. Eres tú el que todavía no se acepta como humano.
¡Keh! No me digas que ya lo conoces bien — el aludido la miró enojado —. El muy altanero no ha cambiado en nada… tal vez sólo con esa niña.
Como sea — la castaña también lo miró con molestia —. Te consta muy bien que ya no ha peleado contigo por ningún motivo, él no es de los que ataca sin razón aparente. Y eso que tú sigues siendo… algo grosero.
¡Keh! Sólo le he dicho sus verdades — espetó el semidemonio y se cruzó de brazos, aún fulminando a su amiga con sus negros ojos —. Y si no me ha agredido es porque sabe que así no puedo darle mucha batalla.
¿Lo ves? — razonó Sango hablándole aun con seriedad —. Si fuera como antes posiblemente ya habría buscado la forma de acabar contigo… seas humano o no — y también se cruzó de brazos sin inmutarse ante la dura mirada de su amigo.
El lobo había escuchado asombrado la disertación entre los compañeros y no sabía que pensar. Cualquiera diría que un Daiyōkai de la categoría del Gran Sesshōmaru no permitiría que un ser inferior como Inuyasha le faltara al respeto, aunque fuera su medio hermano. Pero, al parecer, la pequeña niña que solía acompañarlo había "dominado" su corazón de fiera.
¡Keh! — continuó después de un segundo, como queriendo desquitarse con alguien… ese alguien sería su amigo el monje, puesto que a la exterminadora no la golpearía aunque se hubiera pasado de la raya —. Pero el Sarnoso no está aquí para oír "alabanzas" sobre mi "Gran Hermano" — ironizó un poco y volvió su mirada oscura a Koga —. Pon atención torpe, él puede llegar en cualquier momento.
Adelante Bestia humana — le espetó el lobo igual de irónico —. Si llega me daré cuenta… por lo menos huele mejor que tú.
¡Keh! Ya me las pagarás Sarnoso — lo fulminó con sus oscuros ojos mientras en su frente brotaba un signo de enojo, pareció que por un momento sacaría a Tessaiga de su funda.
Cuando quieras Bestia — contestó el Comandante lobuno y adoptó posición de batalla, sonriendo abiertamente con sarcasmo… la Bestia no sería problema como humano.
Perdón — les interrumpió Sango con una sonrisita de "no empiecen otra vez a discutir", agitando las manos para pedir calma. Los dos muchachos la miraron —, ¿qué no le ibas a explicar…?
¡Sarnoso, no te distraigas! — Inuyasha recuperó la compostura —. Préstame atención.
Soy todo oídos — también Koga se serenó.
Bien — el Hanyō aspiró una bocanada de aire para comenzar —. Uno, no le digas "perro"; dos, hazle una reverencia; tres, háblale con respeto; y cuatro, espera su respuesta — concluyó.
Uno, no decirle "perro"; dos, hacerle una reverencia; tres, hablarle con respeto; y cuatro, esperar su respuesta — el lobo contó con los dedos para no perder ni un punto importante.
¡Si sabes contar Sarnoso! — se burló el de oscuros ojos.
Ya cállate Bestia — rezongó el aludido olfateando un poco el aire —, me parece que ya viene.
Efectivamente, al dirigir la mirada al cielo vieron al Inugami envuelto en su estola, descendiendo suavemente junto al Árbol Sagrado. Jaken, montado en Ah – Uh, se detuvo a su lado. Generalmente los dos hermanos evitaban encontrarse. Por supuesto que Sesshōmaru sabía que Inuyasha perdía sus poderes en las noches sin luna… y que mejor no olerlo, para ninguno de los dos.
Al gran demonio blanco no le gustaba entrar en la aldea. Sabía que su imponente presencia y atractivo sobrenatural causaba pánico a los pobres aldeanos, que reconocían en él a un terrible y poderoso ser. El sirviente iba a traer a Lin donde la anciana Kaede o con Sango, para después irse con ella a lugares lejanos y maravillosos. La pequeña siempre contaba cosas sorprendentes.
Jaken — el Daiyōkai dio la orden implícita que el sirviente sabía lo que significaba.
Sesshōmaru miró primero a su medio hermano… "su pobre apariencia humana" pensó ocultando una sonrisa en su expresión de estatua; después al Ōkami, que se quedó boquiabierto al verlo llegar de esa forma tan majestuosa y, a lo último, a la mujer. Así que ya se le notaba el embarazo. Lin le había platicado emocionada sobre ese acontecimiento tan poco relevante para él. Sango se sonrojó un poco cuando notó que el gran demonio fijó la vista en ella por un segundo más. Ama a su marido, pero no podía negar que ese yōkai es muy atractivo a pesar de ser tan… altivo e insensible.
Eee… — tartamudeó la castaña y desvió sus pupilas cafés de perfecto perfil del Daiyōkai —, creo que me voy a ver a Lin para que se apure — y se fue seguida de Jaken, encaminándose lo más rápido que podía por el sendero que conducía a la aldea.
Inuyasha — habló pausadamente Sesshōmaru sin siquiera voltear a mirar a su medio hermano, sólo observaba a su sirviente y a la exterminadora alejarse por el camino —, así que este pobre lobo te pide ayuda para hablar conmigo.
Los dos se quedaron sorprendidos, ninguno había dicho nada… sobre nada. "No me cabe duda," pensó rápidamente Inuyasha al tiempo que miraba a su gran hermano y después a Koga, "es psíquico".
¿Qué esperas Sarnoso? — le espetó al lobo por lo bajo, éste aún parecía en shock.
¿Qué? ¡Ah! — reaccionó Koga —. Perdón.
Habla — dijo el Daiyōkai sin cambio en sus finas facciones de estatua griega, sin inflexión en su voz, y sin dirigirle la mirada, la cual divagaba hacia el horizonte, al parecer observando algo interesante a la lejanía.
Perdone Gran Señor — el Comandante lobuno habló lo mejor que pudo, dándole un poco de gravedad a su tono e inclinándose respetuosamente —, vengo a solicitar para nosotros los lobos su permiso de ubicarnos en la región Oeste… en donde alguna vez su señor padre nos permitió vivir — y levantó un poco la vista para ver la reacción del Inugami, pero Sesshōmaru seguía como si nada.
Inuyasha fulminaba con sus oscuros ojos la alta e imponente figura blanca de su consanguíneo. No sabía si la indiferencia que mostraba se debía a que no le importaba en absoluto lo que hicieran los carniceros o a que no les daría el permiso. Su actitud le desquiciaba.
¡Keh! ¡Con un demonio, di algo! — le espetó al cabo de treinta segundos en espera de una respuesta.
El lobo es más sensato que tú — le soltó el Daiyōkai después de mirarlo de soslayo, sin cambio en su profunda y pausada voz, aunque internamente le pareció gracioso el enfado de su medio hermano —, aprendió muy rápido. Eres buen maestro Inuyasha… pero mal ejemplo.
¡Keh! — rezongó tragándose insultos peores —. ¡Al diablo tus lecciones y contéstale al Sarnoso!
Koga le lanzó a Inuyasha una mirada significativa que bien podría decir "Si algo sale mal te mató Bestia", más no se atrevió a levantarse para no provocar al gran demonio.
Muy bien lobo — Sesshōmaru se dirigió tranquilamente al Ōkami pero sin dignarse a volver la vista —, sabes lo que te conviene — y como que ironizó levemente —, no como mi… "pequeño hermano".
El semidemonio miró con furia al poderoso y altivo yōkai, sus oscuros ojos lanzaban chispas. Él únicamente lo observó de soslayo una vez más y se le dibujó una breve sonrisa, la actitud del Hanyō le divertía.
¡Señor Sesshōmaru! — Lin llegaba corriendo por el sendero, y eso distrajo la atención del Daiyōkai —. ¡Ya estoy lista!
La niña traía el cabello levantado en dos lindas colitas y se veía muy coqueta. En cuanto llegó con de su Señor lo abrazó efusivamente hasta donde lo alcanzaba… las rodillas. Jaken venía sacando la lengua. Sesshōmaru se concentró en la pequeña, como si los otros dos no estuvieran ahí. Inuyasha puso cara de aburrido pero sin dejar de observar a su hermano con enojo. Koga se enderezó lentamente pero no hizo nada más.
Bien — le dijo con una entonación más suave al tiempo que le acariciaba la cabeza con delicadeza, dedicándole también una mirada sincera —. Sube en Ah – Uh, enseguida los alcanzo. Jaken — volvió a su tono habitual al dirigir una mirada momentánea al pequeño demonio — ya sabes hacia donde vamos.
¡Sí! — respondió la jovencita y se dispuso a obedecer.
Si amo bonito — contestó el aludido al mismo tiempo y siguió a la chiquilla.
¡Adiós señor Inuyasha, adiós señor lobito! — Lin se despidió amablemente de los presentes.
Los dos montaron en el dragón, el cual se elevó con un rugido ahogado.
En dos días estaré de vuelta — esta vez el Daiyōkai fijó la fría y dorada mirada en el Ōkami, el cual se intimidó un poco al verse en esos ojos que no reflejaban emoción alguna, tan semejantes pero tan diferentes de los de la Bestia. La voz del Inugami era de completa indiferencia —. Pero no vengas a esta aldea, búscame en la región Oeste — esta vez el tono se hizo un poco molesto —. Así hablaremos con calma y sin interrupciones — y le dirigió a Inuyasha una leve pero significativa mirada endurecida.
¡Keh! — el Hanyō entendió perfectamente el significado del gesto y bufó molesto. La verdad, aunque no quería admitirlo, admiraba a su gran hermano y le había llegado a tener… un poco de temor en ciertos momentos —. A mí no me importa lo que les pase a los lobos.
No sabes mentir Inuyasha — Sesshōmaru sonrió esta vez un poco más abiertamente por una fracción de segundo antes de retomar el gesto adusto que acostumbra, y se elevó suavemente; ya en el aire, les dio la espalda en cuanto su estola se desenrolló con elegancia —. Sigue jugando con tu amigo lobo — agregó con un toque de ironía antes de tomar velocidad.
Otra vez los dejó con la bocota abierta.
¡Toco madera, no es mi amigo! — le gritó el aludido hasta casi desgañitarse —. ¡Lo aborrezco! — y su furiosa mirada siguió el súbito movimiento que hizo el gran demonio blanco para alcanzar a Ah - Uh, quien ya se había alejado un poco.
¡PLONC! Koga lo golpeó en la cabeza con el puño cerrado.
¡Animal, por poco lo echas a perder con tu bocota! — le gritó mirándolo con el enfado reflejado en sus ojos azules.
¡Keh! Te conseguí lo que muchos quisieran — el semidemonio se sobó la cabeza y también miró al lobo con enojo —. Por lo menos hablará contigo, tarado.
Pudo haberme dicho algo aquí si no hubieras intervenido, idiota — espetó Koga, y volvió a ver de reojo hacia el cielo. Sesshōmaru ya no estaba ahí —. Es muy rápido — observó un poco sorprendido.
¡Keh! Pues claro… es mucho mejor que tú — le soltó Inuyasha mirando fugazmente hacia la misma dirección —. Ya te esperan en tu casa Sarnoso — en cuanto dejó de sobarse se cruzó de brazos y siguió viendo al Comandante con mala cara —, ¿qué esperas para largarte?
En eso… Shippou se apareció por ahí, asomándose cuidadosamente tras el Árbol Sagrado.
¿Ya se fue Lin? — preguntó en un susurro sin dirigirse a nadie en particular.
¿Qué pasa chaparro, acaso te preocupa? — el de oscuros ojos le lanzó una significativa mirada mientras ponía un momentáneo gesto picaresco —. Tiene menos de tres minutos que se esfumaron.
¡Qué pena! — dijo el kitsune soltando un suspiro —. Le iba a pedir un recuerdo que pudiera utilizar para mis trucos ahora que regrese a clases — y suspiró nuevamente.
¿Acaso te enamoraste ya enano? — se burló abiertamente el Hanyō —. Pues ándate con cuidadito, porque dudo que Sesshōmaru acepte tenerte como hijo adoptivo.
¡No me molestes! — el pequeño zorro le dirigió a su amigo una verde mirada rabiosa.
Bueno, mejor me voy — interrumpió Koga después de mirar a ambos camaradas con un poco de incredulidad, la conversación entre ellos se le hizo… algo que no le interesaba —. Ayame se puede preocupar… Ahí te ves Bestia.
Y nuevamente, levantando polvo como era su costumbre, se fue con velocidad, a pesar de ya no tener los fragmentos de la Shikon no Tama.
Ese mugre Sarnoso… se hace el importante — dijo Inuyasha al tiempo que él y Shippou cerraban los ojos por la ventisca que provocó el Ōkami.
¡Cof, cof! — tosió el kitsune en cuanto la polvareda cesó —. ¿No puede ser más discreto?... Todos los lobos son unos egocéntricos.
Se sacudieron un poco de tierra y regresaron a la aldea. Alcanzaron a Sango, quien salía en ese momento de la choza de la anciana Kaede, junto a su hermano Kohaku y llevando a Kirara en su regazo.
¿Cómo les fue? — preguntó la castaña a Inuyasha.
Ya no los alcanzaste, ¿verdad? — el jovencito se dirigió al mismo tiempo a Shippou, el kitsune sólo negó con la cabeza.
¡Keh! Por lo menos Sesshōmaru le dará al Sarnoso una oportunidad para hablar — contestó el semidemonio al cuestionamiento de su amiga —, así que puede decirse que le fue bien.
Me alegro por Koga — sonrió la joven y, sin más preámbulo, abrazó al kitsune, dándole en la mejilla el acostumbrado beso de las buenas noches —, eso es bueno para él. Que descansen — y también abrazó por un segundo al Hanyō, el cual enrojeció un poco avergonzado ante esa acción.
¿Me puedo dormir contigo Sango? — antes de dejarla avanzar dos pasos, el zorrito habló en tono esperanzado, poniendo una carita tierna de chico que no rompe un plato.
Inuyasha lo miró levemente con enojo mal disimulado. "Chaparro abusón," pensó al instante "como no está Miroku quieres que te consientan".
No te lo recomiendo — indicó la castaña sin borrar la sonrisa amable y cariñosa —, en mi estado no me acomodó bien y podría aplastarte… Pregúntale a Miroku, la siguiente semana que vayas a verlo, como le fue en cuanto cumplí los tres meses y medio — y se ruborizó un poco al recordar a su cónyuge —. Pero si a Kohaku no le molesta, puedes dormir con él — agregó mirando a su hermano.
Por mí no hay problema — el pecoso también sonrió.
Adiós Inuyasha — se despidió Shippou para irse con los hermanos —. Pórtate bien con la anciana Kaede.
Zorro abusivo — fue la dulce despedida del Hanyō —. Te aprovechas porque no está el maníaco de Miroku.
Shippou le mostró la lengua y se subió al hombro del joven exterminador. Sango iba pensando en cosas serias, acariciando suavemente el lomo de Kirara, mientras caminaban hacia su cabaña. "Tengo la impresión de que hay más de un niño en mi interior", y suspiró hondamente al recordar a su amante marido una vez más. Recostada en su "cama" palpó su redondo vientre mientras imaginaba la cara de felicidad que se le dibujaría a su esposo si sus sospechas fueran ciertas. "Si un bebé lo haría feliz… dos de un tirón lo pondrán loco de contento".
Nota: El nacimiento de las gemelas debió haber sido un acontecimiento por todo lo alto. Mandé fuera a Miroku para que las recibiera con mayor emoción… y también para que le diera reposo a Sango… jajaja. La región Oeste no tendrá mucho que ver por aquí, pero si en el fic de Sesshōmaru porque son sus dominios. Saludos.
